Capítulo 12
Reencuentro
Yazin se abrazaba con su viejo amigo y preceptor Orgul. Tras la derrota de Toqtamish en terek, Orgul no sabía nada del príncipe, por lo que se encontraba feliz de verse nuevamente con el
- Orgul ... han pasado cinco años desde que estuvimos aquí juntos en Constantinopla ... pensé que no te volvería a ver pero los dioses han sido benévolos con nosotros
- Salud mi joven príncipe ... despues de la derrota en Terek pensé que habías muerto a manos de Timur Lenk pero cuando este me dijo que te había dejado con vida con tus amigos cristianos, supuse que te volvería a ver aquí en esta ciudad
- ¿Timur? ¿como es que te lo encontraste?
- Frente a Moscú ... tu hermano buscó refugio en la corte del príncipe Vasili y lo seguí hasta allí. Timur le puso sitio a la ciudad pero tras conversar con Vasili, levantó el sitio y me puso al frente de cien de sus hombres con la misión de venir aquí
- ¿Que decis?
Yazin mira el barco y era cierto ... mongoles se encontraban en cubierta, descansando tras el largo viaje
- No entiendo ...
- No se que misión han recibido del príncipe pero tal parece que convenció a Timur ... como sabían que yo conocía Constantinopla me mandaron a mi
- ¿Tienen algún mensaje para el emperador Manuel?
- No ... creo que el ya sabe lo que tenemos que hacer ya que me dijeron que solo me presentase y el me daría caballos para poder llegar
- ¿Adonde?
- A Atenas
Adrinópolis, corte del Sultán Otomano
Bayazid se encontraba en su trono y rodeado por sus ministros, visires y comandantes, discutiendo el avance de los cruzados y la estrategia que seguirían ante tal amenaza
- Sostengo que es hora de que nos movilicemos con lo que tenemos en Bulgaria y detengamos a los húngaros antes de que se apoderen de Vidin. ¡Es necesario no perder ninguna ciudad frente a los cristianos! - decía uno
- ¡No! - replica otro - debemos reunir al mayor contingente antes de marchar ... los cruzados son decenas de miles y necesitamos a las tropas de Asia
Alejo Niceas, quien se encontraba presente se acerca al Sultán con una carta y se la entrega. Bayazid la lee y ordena silencio
- Hermanos en la fe - dice después de leerla - tal parece que tenemos amigos entre los cristianos de Italia ... he aquí una carta del duque de Milán, Galeazzo Visconti ... el me informa que las fuerzas cruzadas, mayormente francesas se encontraban en Viena al momento de escribir esta carta ... lo que significa que en este momento ya deben de estar en Hungría y tal vez en Buda
- Mi señor - dice un visir - ¿hemos de dar fe a las palabras de un infiel cristiano? ¿no estará tratando de confundirte?
- No ... los Visconti no son precisamente nuestros amigos pero son enemigos de Venecia, Florencia y Génova y es por ello que siempre ha buscado un acercamiento conmigo ... los detalles que me da son muy precisos ... dice que la fuerza cruzada son mas de diez mil franceses, cerca de mil ingleses y mas de seis mil mercenarios alemanes, polacos y bavaros ... uhmmm ... están comandados por nobles de Francia entre los que están Juan de Borgoña, el condestable Eu y el mariscal Boucicaut
- Pero no sabemos donde estarán ahora, mi señor - dice otro
- Eso es fácil de saber - interviene Alejo Niceas - los cruzados estuvieron en Viena en Junio ... por la velocidad de su desplazamiento, estimo que deben estar acercándose a la frontera búlgara ... creo que lo que ellos quieren es invadir Bulgaria e ir a nuestro encuentro
- ¿Quereis decir, Alejo Niceas, que aún no debemos movilizarnos? - le pregunta Bayazid
- Mi señor ... dejemos que ellos se agoten ... si fuera Segismundo, nos provocaría para buscarlo, pero los franceses son arrogantes ... querrán buscarte a ti ... si son ciertas las informaciones sobre su número, se internarán fácilmente en Bulgaria y eso es lo que nos conviene ... será como que ellos solos vayan a una trampa
- ¿Y si los búlgaros se les unen? - pregunta un general
- Es un riesgo ... no dudo que consigan aliados pero estoy mas seguro que se ganarán enemigos ... cuanto mas avancen, mas vituallas necesitarán y para eso saquearán lo que encuentren a su paso ... su invasión a Bulgaria nos permitirá separar a los enemigos de los traidores
Bayazid levanta la mano en señal de silencio y mira a Alejo Niceas
- Reconozco que lo que dices es cierto - dice el Sultán - pero es muy arriesgado dejar que los cristianos se adentren tanto en Bulgaria y perder las plazas mas importantes
- Mi señor ... fijaos como meta Tirnovo ... Vidin está bajo el mando de Ivan Stratsmir y su lealtad no me parece muy confiable ... lanzar el ejército a territorio aún controlado por el podría ser peligroso para nosotros ... dejad que se acerquen en dirección a Tirnovo y ...
La alocución de Niceas es interrumpida cuando dos hombres entran arrastrando a alguien que el griego reconoce ... era Kemal
En Atenas, el duque miraba por el balcón los preparativos de sus tropas. Alseci y Schelotto pasaban revista a los soldados, en su mayoría florentinos y bizantinos con los cuales habían entrenado tanto tiempo. Ettore se aparta algo preocupado y lanzando un suspiro le pide a sus pajes que lo ayuden a ponerse su armadura. Fue en ese instante que entra la duquesa Carmesina y pide a los pajes que se retiren. El duque asiente y se queda a solas con su joven esposa quien le ayuda a ponerse la armadura
- No sabía que fuerais diestra en esto - le dice el duque al ver la facilidad con que la joven ajusta las partes de la armadura en el cuerpo de su esposo
- Lo aprendí de Irene - dice Carmesina - la he ayudado incluso cuando se prepara a entrenar ... nunca la entendí ya que no es fácil que un fragil cuerpo pueda llevar algo tan pesado
- Su estilo de pelear no responde al uso de armaduras ¿porque lo hace?
- Dice que la forma de pelear en Europa es distinta a la de Asia ... hay que protegerse mucho el cuerpo por el uso de armas pesadas y ballestas ... la verdad no me gusta hablar de esos temas con ella
- Al menos os ha enseñado a diferencia mía ... no he tenido mucho tiempo para vos
- Os entiendo y no os reprocho nada ... como princesa en Constantinopla, las mujeres tenemos mucha participación en la vida política del imperio ... recordad que una emperatriz llamada justamente Irene, gobernó el imperio y estuvo a punto de casarse con Carlomagno ... eso es algo que no permitis mucho en Occidente
- No creo que sea el momento para hablar de ello ... tan solo dejadme deciros que me enseñasteis muchas cosas de política bizantina y gracias a ello, Atenas es ahora próspera
- Gracias ... pero nada se hubiese hecho solo con mis consejos si vos no fuerais capaz de grandes cosas
- Menos la de ser César ... se que eso os ha decepcionado
- Por favor ... Ettore ... olvidad mis palabras ... en todo este tiempo he reflexionado mucho y se que esperar a un César para el imperio es un sueño imposible ... el imperio ha durado demasiado tiempo y hasta Roma cayó y un día será el turno de Constantinopla ... tan solo espero no vivir para ver ese día
- No hableis así ... me extraña ... hasta hace un año, vos esperabais que alguien pudiera restituir la gloria del imperio
- Vos lo dijisteis ... hace un año ... ahora me he dado cuenta que las cosas no son como las pensaba ... Maese Alseci, Irene y el joven Nestor me han enseñado mucho y ahora tan solo deseo que Atenas tenga la oportunidad de vivir en paz
- ¿Realmente lo creeis así?
- Esposo mío ... pactád con el duque de Neopatria y los venecianos ... que no os acusen de ser traidor a la cristiandad pero no os pido que entreis en guerra con el Sultán ... se que Alseci os aconsejará bien pero no os dejeis provocar ... regresad y regresad con bien ... regresad a mi
Carmesina lo besa por largo rato para luego desprenderse de el y salir ocultando una lágrima. El duque no esperaba esa manifestación de aprecio ya que en los últimos meses habían estado algo distanciados ... la última vez que estuvieron juntos fue un mes atrás y eso casi obligado
La duquesa sale enjugándose las lágrimas y entra a una habitación donde la esperaba Irene
- ¿Se lo dijisteis? - le pregunta Irene
- No ... no pude ... no quise preocuparlo mas ...¡Oh Irene! no he sido una buena esposa con el y siempre lo he presionado para que sea un César pero ahora que parte con el ejército después de tanto tiempo tengo miedo de perderlo ...
Irene no contesta y se sigue acomodando su armadura
- ¿Aún pensais en esa idea de ir? - le pregunta Carmesina
- Si ... al menos se que podré protegerlo y contaros como se comporta vuestro querido duque Hipólito
- ¡No hableis así! ¡no hay nada que me ate a Hipólito ya!
- ¿Asi? ¿vuestros suspiros cada noche es por el o por vuestro esposo? no me tomeis por tonta, princesa ... se lo que pasa por vuestra cabeza y aún el gallardo duque tiene un lugar en vuestro corazón
- Por Dios que sois atrevida ... ¿acaso ese valor lo obteneis de la armadura y la espada?
- Siempre os he hablado con la verdad y gracias a ello estais de pie y no de esclava en Macedonia ... debo irme
- Esperad ... ¿no le direis nada al duque?
- Pues ...
- ¡Prometedlo! dejad que lo haga yo misma a vuestro regreso
- Esta bien ... os lo prometo ... no le dire al duque que esperais un hijo de el y lo protegeré para que regrese sano y salvo a vuestros brazos
Irene sale y se encuentra con Alseci afuera
- Si fuerais otra no os dejaría partir - le dice Alseci - pero se que os podeis cuidar sola
- Gracias Maese Alseci ... ¿el duque?
- ya sale .. pero creo que alguien desea hablaros
Irene ve acercarse a Aristos y por el gesto que traía era un mal vaticinio sobre su humor
- Aristos ...
- ¿Que os habeis creido? ¿sois acaso general o caballero para salir en campaña cuando se os ocurra?
- lamento no haberoslo dicho pero se que os habriais opuesto
- ¡Por supuesto que si!
- Y yo no quise perder el tiempo en convenceros ... no estamos casados así que haré lo que me venga en gana e iré con el duque porque me necesita ... ¿acaso creeis que entrené todo este tiempo para seguir de mucama de la princesa?
- ¿y yo que? ¿acaso no os necesito y viva?
- No vamos a una batalla
- ¡Quinientos de los mejores hombres del duque y me decis que no van a pelear! ¿me tomais por tonto?
- No quiero discutir ... ¿no veis que haceis el ridículo con todos los soldados viéndonos? no temais que regresaré
- Irene ...
- Disculpadme por no haberoslo dicho ... vos me importais y os amo ... pero no me limiteis en lo que creo que es correcto ... vos sabeis muy bien que puedo defenderme sola y os aseguro que nada me pasará ... regresare Aristos ... os lo prometo
Irene monta su caballo y va a galope hacia la vanguardia en donde estaba el duque con Alseci y Schelotto ... Aristos se queda de pie a la puerta del castillo y permaneció ahí hasta que el último soldado se perdió de vista
Kemal fue arrojado a los pies de Bayazid quien se irrita por interrumpir su consejo de guerra
- ¿Que es esto? - pregunta furioso Bayazid - ¿Para que me traen esta carroña?
- Mi señor - dice el oficial - este hombre ha entrado a Adrinopolis y se ha identificado como enviado del emperador Manuel ... se atrevió a mostrarse con vestimentas de un yenni y reconoce haber servido en el ejército de su padre, el Sultán Murat al cual abandonó
- ¿Es un desertor? - pregunta Bayazid
Uno de los presentes se adelanta unos pasos y se inclina ante el hombre caido
- Kemal ... - murmura el hombre que el armenio reconoce
- Omar ... - musita Kemal al reconocer a su amigo y preceptor en el ejército antes de abandonarlo
- ¿Lo conoces, general Omar? - le pregunta el Sultán
- Mi señor ... el ... peleo en Kosovo ... a mi lado ... creí que había muerto en la batalla ... no lo entiendo
- ¿Un combatiente de Kosovo? ¿Y se presenta como enviado del emperador? ¡Ejecutadlo!
Los hombres lo levantan pero en eso Kemal hace un giro y los dos soldados caen derribados. Todas las lanzas apuntan a Kemal quien permanece inmutable, lo que atrae la curiosidad de Bayazid
- Detesto a los cobardes ... desertaste de mi ejército abandonando a mi padre en el campo de batalla ... pero sin embargo te presentas aquí haciendo un derroche de valor que no mostraste en Kosovo
- Mi señor - interviene Omar - déjame decirte que esto es una gran sorpresa pero el no es un cobarde ... yo lo entrené y era el mejor de mi escuadrón ... mientras lo vi luchar en Kosovo os juro que no vi a nadie mas valiente ... el no es un cobarde
- Uhmmm ... un armenio valiente ... ¿dices venir en nombre de mi amigo Manuel?
- Tus guardias me entendieron mal, señor - dice Kemal - yo dije venir de Constantinopla trayendo un mensaje importante ... venecianos y genoveses se han unido para luchar contra ti ... arrastran a todos los que se dicen cristianos para atacarte y lo harán mientras tu luchas contra los cruzados en Bulgaria ... su objetivo es esta ciudad
Todos murmuran y hacen gestos de preocupación. Bayazid bate las palmas y ordena salir a todos. Una vez solos, el Sultán mira al armenio y baja de su trono acercándosele
- Hay algo en ti que ... en fin ... me sorprendes armenio ... desertas pero ahora vienes a advertirme ¿eres amigo o enemigo? ¿sirves al emperador, a mi o a algún otro?
- Sirvo a mi conciencia ... a lo que creo ... y en mis amigos
- ¿Tus amigos?
- Mis amigos se preparan para una lucha que decidirá el destino de musulmanes y cristianos ... tu batalla no representa nada comparada con la que libraremos nosotros y es por eso que estpy aquí
- No te entiendo ¿que quieres?
- Quiero 300 hombres de tu ejército para defender Atenas
- ¿Atenas? ¿y que importancia tiene esa ciudad para que yo esté interesado en defenderla? Atenas es gobernada por un siervo de Roma y vasallo del emperador Manuel ... no enviaría tropas ni para defender Constantinopla ... ¿porque habría de darte algo para una ciudad sin importancia? convenceme y no solo tendrás lo que pides sino tambien tu vida
Kemal guarda silencio unos segundos y luego mira al Sultán
- Señor ... un día juré servir a la Sublime Puerta y a vuestro padre ... juro que jamás quebré ese juramento, solo que busqué cumplirla de una manera distinta ... pensé en un mundo donde musulmanes y cristianos puedan vivir en paz, algo que podría sonar imposible pero tal vez no lo sea ... en todos estos años aprendí que el Dios de cristianos y musulmanes es el mismo y está dentro de nosotros y eso es algo que otros quieren destruir ... no ansío imperios ni riquezas, tan solo ayudar a que otros puedan alcanzar la paz que tanto anhelamos ... eso es en lo que creo y todo eso representa Atenas
Bayazid no dice nada y Kemal continua
- Señor ... no me pregunteis como lo se, pero lo que se es que las tropas venecianas, guiadas por el duque Hipólito de Macedonia quieren Atenas y ahí se dirigirán ... si cae Atenas, caerá también vuestro imperio porque allí podría terminar el ideal de justicia y paz que trato de haceros entender ... ayudad a defenderla y vuestra recompensa sera mayor de lo que imagineis
- ¿Y que ganarás tu armenio? ¿haces esto por oro? ¿joyas? ¿una mujer? ¿un reino? ¿poder?
- No señor ... lo hago por las personas a quien quiero, por lo que creo y por mis amigos
- ¿Esos amigos tuyos permitieron que vengas a arriesgar tu vida aqui?
- Ni siquiera saben que estoy aquí ... nadie me lo ha pedido y como te dije ... lo hago por amistad
Bayazid hace sonar un gong y los guardias entran
- Llévenselo y esperen mis ordenes ... hagan que el general Omar venga aquí
Su orden se cumple y en unos segundos, Omar se hace presente
- ¿Mi señor?
- Omar ... ¿cuantos Yenni hay en Adrinopolis?
- Mil, mi señor ... hay mas en los destacamentos fuera de la ciudad
- Pues ... quiero que lleves al armenio a los cuarteles y que seleccione a trescientos hombres de su elección, solo entre los yenni ... que lleven todas las armas que quieran y quiero que tu los comandes
- ¿Yo señor? ... pero ... no debería ...
Omar calla al sentir la fría mirada del Sultán
- ¿Vas a enseñarme como he de manejar mi imperio, Omar? solo escucha y obedece ... lleva a esos hombres junto con el armenio y harán lo que el les diga excepto traicionarme ... si tan solo te lo insinua quiero que tu mismo lo mates ¿Has entendido?
- Si ... mi señor ...
- Ahora ve y cumple mis órdenes
Omar se inclina y comienza a retirarse
- Omar - la voz suave del Sultán lo sorprende y se detiene y mira a Bayazid quien lucía una mirada cansina, sentado sobre su trono
- ¿Mi señor?
- ¿Conoces mi harem? no ... claro que no ... verlo solo representaría la muerte para ti ... pero sabes que en su interior tengo una treintena de esposas ... algunas son princesas, hijas de reyes o sultanes ... las otras son las mujeres mas hermosas del imperio que me fueron entregadas o simplemente traidas a la fuerza para formar parte del harem ... todas ellas se casaron obligadas o deslumbradas por el poder del Sultán ... nadie se casó con Bayazid ... en las noches muy pocas recuerdan mi nombre ...
- Señor ...
- Formas parte de mi consejo de guerra y conoces la corte ... gente que me llena de lisonjas y se inclinan ante mi, pero se que algunos me odian y a la primera oportunidad me matarán para dejar que otro se siente aquí como yo hice una vez al hacer matar a mi hermano en esta misma ciudad ... los reyes de la tierra me envían regalos y votos de amistad pero se alegrarían si muriera o si perdiera una guerra ... como ves, estoy rodeado de gente que me aplauden y me reverencian, pero reverencian y aplauden el poder, no a mi ... no me quejo, yo sabía lo que representaba ser Sultán ...
Bayazid vuelve a bajar del trono y se acerca a Omar quien palidece
- ¡Y de pronto se aparece este armenio a jugarse la vida por venir aquí para pedirme algo inaudito! ... solo por amistad ... por sus amigos ... por lo que cree ... es por eso que le doy lo que pide y quiero que lo saques de mi ciudad lo mas pronto posible porque su sola presencia me descompone ... ahora ve y cumple mis órdenes
Omar se inclina nuevamente y sale pero alcanza a escuchar las últimas palabras del Sultán
- Te envío a ti porque quiero que cuando te encuentres con esos amigos suyos, quienes quiera que sean ... quiero que les digas que Bayazid, Sultán de los otomanos ... los envidia
Omar se va y Bayazid se queda solo. Espero unos minutos antes de que hiciera sonar el gong para que entraran los visires y generales quienes esperaron un largo rato antes de que el Sultán hablara
- Que se aliste el ejército ... enviad mensajeros para que haga un llamamiento a todos nuestros aliados y destacamentos de nuestro ejército en el imperio ... partiremos mañana al alba ... hacia Bulgaria
Hungría, inicios de agosto de 1396
Sandor Bathory, caballero de Hungría, gozaba de la confianza del rey desde que empezó a servir a la corte desde muy joven. Admiraba a Segismundo pese a que no era húngaro por su firmeza y habilidad para proteger al reino pero ahora se sentía francamente decepcionado. El comandaba una fuerza de 300 caballeros, diestros en la espada, veteranos de campañas contra los turcos y todos luchaban por amor a Hungría y a su pueblo. Es por ello que no podían creer lo que estaba sucediendo
El ejército cruzado, con los franceses a la cabeza, habían tomado la delantera gracias a su mayor movilidad y le llevaban dias de ventaja a Segismundo y al grueso del ejército húngaro. Valacos y transilvanos, dirigidos por Mircea el Viejo, les darían el encuentro en Bulgaria. Lo que los húngaros vieron azorados tras dos semanas de marcha, fue la devastación de su propia tierra, aldeas quemadas, hileras de campesinos colgados y mujeres arrastradas por los soldados para diversión de la tropa. Muchas aldeas se habían preparado para recibir a quienes consideraban sus héroes pero de pronto los vieron convertirse en sus verdugos
- Mi señor - decía un hombre arrodillado ante el rey - soy el principal de mi pueblo ... del cual ya queda muy poco ¡pido justicia! ... los recibimos con flores y alimentos pero somos un pueblo pobre y cuando empezaron a exigir mas no pudimos complacerlos ... unos soldados alemanes empezaron a entrar a las casas y sacar a las mujeres y cuando los esposos y padres quisieron defenderlas, los mataron a todos y se llevaron a las mujeres y todo lo que pudieron saquear
- Mi rey - interviene otro - los franceses entraron violentamente al pueblo como si fueramos enemigos ... exigieron sumisión y cuando les dijimos que respetábamos la majestad de nuestro rey Segismundo, nos embistieron ... debieron matar a cincuenta de nosotros y después ellos y sus pajes se llevaron lo que pudieron como si fueran saqueadores ... somos fieles súbditos de vuestra majestad ¿es esto justo?
Sandor no podía contener la indignación y se acerca al rey con el rostro iracundo
- Majestad ... déjeme adelantarme con mis caballeros y poner orden ¿esto es una cruzada o una expedición de rapiña en nuestra propia tierra?
- Sandor ... estoy tan indignado como vos pero lo que me pedis podría provocar un enfrentamiento ... bien conoceis a los franceses
- Majestad ... creía conocerlos pero ahora veo que no ¿es esto el comportamiento de la nobleza? esto no es el honor que tanto pregonan ... cuando recibí mi espada juré lealtad a los campesinos con la promesa de protegerlos ... ¿debo protegerlos de los musulmanes o de los cristianos?
- De esta expedición depende el futuro de Hungría y de todo el pueblo cristiano que tanto amas como yo ... sufro con esto pero no podemos dedicarnos a provocar a los franceses y correr el riesgo de que abandonen la expedición o que haya luchas entre nosotros ... pese a todo, no hemos podido reunir los suficientes hombres y Bayazid puede reunir la misma o mas cantidad de hombres que nosotros
- ¿Y que haremos? ¿pasar por encima de los cadaveres de nuestra gente mientras pensamos en su bienestar?
- ¡Cuidad vuestra lengua, caballero Bathory! ¡recordad que hablais con vuestro rey y se mas que vos de lo que le conviene a Hungría y cualquier error caerá sobre mi cabeza y no sobre la vuestra! ... compensaré a esta gente en lo que pueda por lo que han sufrido y despacharé a mensajeros para que alcancen a los franceses y les ordenen evitar estas cosas
Sandor se inclina ante el
- Perdonadme majestad pero no me uní a la cruzada para esto ... comprended mi indignación y preocupación ... el daño ya esta hecho y no existen muchas aldeas hasta la frontera búlgara ... ¿que sucederá cuando entren a Bulgaria? no respetaron ni a nuestro pueblo ¿que harán con los búlgaros? se supone que vamos como libertadores y si esto se repite, solo lograremos que los búlgaros prefieran a los turcos antes que a nosotros y perderemos aliados o la posibilidad de ganar otros
- No me deis lecciones de política Sandor ... se lo que pasará y mis enviados les dirán exactamente lo que os digo ... detendrán esta insensatez y recordad que debemos ahorrar energías cuando estemos ante Bayazid
Tesalia, territorio del ducado de Atenas
El pequeño destacamento armado del duque descansaban cerca a Fársala. Schelotto comandó un pequeño grupo de expedicionarios para rastrear la zona mientras el resto armaba un campamento. Era el primer campamento que levantaban ya que en los dos días de marcha casi no habían descansado y durmieron en el camino. Irene armaba su pequeña carpa ya que era obvio que no podría dormir con los demás hombres
En otra carpa ya armada, Alseci y el duque Ettore estaban reunidos
- Mi señor ... os pido que mejor busquemos abrigo en Fársala ... esta posición es muy vulnerable
- Vos mismo me dijisteis que llegar a Fársala en la oscuridad sería muy peligroso, además, el lugar de reunión no está muy lejos - responde el duque
Horas antes, un mensajero de Macedonia había interceptado al contingente y entregado un mensaje al duque. Hipólito dela Guardia no estaba muy lejos y deseaba parlamentar con Ettore
- No me parece que esto sea prudente ... Hipólito no es confiable
- No se arriesgará a una emboscada ... todos saben que he venido en son de paz ... quedaría mal ante toda Italia ... los venecianos no son tan ruínes de respaldarlo en caso de una traición
- Siempre y cuando no sea bueno para el negocio
- Además, estamos bien armados - continúa el duque - los que han atacado la aldea son solo un hato de bandidos ... una tropa mayor se haría notar ¿no os parece?
Alseci asintió reconociendo que el duque tenía razón. Los reportes de las victimas indicaban que no eran mas de cincuenta los salteadores y todos mercenarios de Neopatria. Sabía que los venecianos no se expondrían a la repulsa general si usaba esos medios para deshacerse del duque Ettore
Aún así había algo que no le gustaba
- Bien - dice el duque - ¿me acompañareis?
- Si, mi señor ...
- Alistad entonces a cincuenta caballeros de escolta ... conozco bien mis tierras y se que el lugar de reunión está no muy lejos de aquí ... apostad diez cada cien metros y que cada diez lleve una trompeta en caso de alarma
- Veo que lo teneis bien pensado señor
- No soy ingenuo, maese Alseci ... se cuidarme
Alseci hace lo que se le ordena pero es interceptado por Irene
- Se lo que me vais a pedir pero la respuesta es no - le dice Alseci antes de que Irene diga algo
- Por favor, maese Alseci ... le prometí a la princesa que protegería al duque
- Se que sois muy capaz de ello pero no vamos a ir a pelear
- ¿Estais seguro? es muy arriesgado esto y lo sabeis ... el duque Hipólito puede intentar algo
- Lo se ... bueno, esta bien ... podeis acompañarnos
Una hora después salía el grupo, dejando a un oficial griego al mando y que esté listo para cualquier contingencia
Tras una media hora de marcha y dejando cada trescientos metros a los diez caballeros, el grupo llega a una aldea abandonada. Todos desmontan y miran a los alrededores
- Al parecer, aún no llegan - dice el duque
- Mi señor - dice Alseci - será mejor guarecernos, esto no me gusta
El duque asiente mientras Irene revisaba las casas asomándose por la ventana. En una sintió algo raro y se decide a entrar. Era una casa de adobe con dos habitaciones y cuando se encuentra en su interior es cuando siente un sonido característico, lo que la hace dirigirse a la otra habitación con la espada desenvainada
Al abrirla, Irene se queda muda de espanto ... aquel sonido era el zumbido de las moscas alrededor de los cuerpos. No pudo saber que eran ya que estaban despellejados y mutilados amontonados uno sobre otros mientras había uno clavado en la pared con los brazos extendidos
Irene abandona la habitación llena de repulsión y sale muy descompuesta de la casa
- ¡Mi señor duque! - alcanza a gritar - ¡es una trampa! ¡Huid ahora!
Alseci también sale de una de las casa ... había visto un cuadro similar
- ¡Montad ahora, mi señor! - grita Alseci - ¡Huid!
El duque corre hacia su caballo pero en eso, varias flechas salen de los techos y una de ellas le impacta en la pierna al duque. Siniestros ballesteros surgen de los techos y se alistan a disparar de nuevo
- ¡Sonad la trompeta! - ordena Alseci mientras con su escudo protegía al duque, pero una flecha impacta en el trompetero quien cae de su caballo. El grupo empezaba a ser diazmado mientras los gritos de Irene tratando de poner orden se hacían escuchar. Los ballesteros alistan nuevas flechas cuando el duque ya había alcanzado su caballo y una flecha impacta en el cuello del animal quien cae. Irene se da cuenta que sabían quien era el duque y ve que otro grupo cubría la única salida. De pronto, algunos ballesteros caen mientras otros caballeros aparecen y embisten a los de a pie que cubrían las salidas. Alseci sabía quien era
- ¡Schelotto! - exclama Irene pero no había tiempo para mas. Con la llegada de los refuerzos, consiguen sorprender a los atacantes y el grupo del duque consigue huir de la aldea maldita
El grupo cabalga a toda velocidad y es en eso que escuchan caballos detrás de ellos. Un grupo de caballería se lanzaba a su persecución
- ¡Tratemos de llegar al primer grupo! ¡que hagan sonar las trompetas! - grita Alseci
Algunas flechas caen a sus espaldas y matan a algunos caballeros. A lo lejos divisan al primer grupo y ante los gritos, hacen sonar su trompeta. la segunda trompeta también se hace escuchar y ya la alarma cundía en el campamento
- ¡Si nos refugiamos en el campamento estaremos a salvo! - grita Alseci
- ¡No lo creo! - le dice Schelotto cabalgando a su lado - ¡regresé porque descubrimos contingentes armados en los alrededores! ¡son muchos! ¡es un ejército!
- ¡maldita sea! ¡caimos en una trampa!
Los jinetes llegan al campamento pero se dan cuenta que los otros jintes ya no los seguían
- ¿Donde diablos están? - dice Schelotto
- ¿Para que perseguirnos? - le responde Alseci - se están reagrupando
Casi al terminar esas palabras, ven las siluetas de los jinetes reaparecer al trote, pero tras ellos, ven aumentar las cabezas y lanzas de los otros ... eran muchos
- ¡Montad los que puedan! - grita Alseci - ¡formad una barricada de lanzas frente a ellos! ¡recordad vuestro entrenamiento!
Alseci y Schelotto se ponen al frente de cien caballeros, mientras se formaba tras ellos una segunda linea de arqueros y después una barrera de lanzas en tres líneas. Irene se monta sobre un caballo y se une a Alseci
- ¡No Irene! ¡Esta vez no!
- ¡No os dejaré solo!
- ¡Proteged al duque! ¡esta herido y vos estais aquí para eso!
Irene se calla cuando el grito de guerra de los mercenarios les avisa que el ataque comenzaba
- ¡Arqueros a mi señal! - grita Irene levantando la espada - ¡Ahora!
Las flechas surcan el cielo mientras la propia Irene cogía un arco y lanzaba sus flechas. Varios jinetes enemigos caen pero el avance no se detiene y Alseci avanza con los suyos
- ¡Abrios en abanico! ¡No dejeis pasar a los jinetes! ¡si alguien pasa que los arqueros afinen el blanco!
Alseci puso su mente en blanco. Había vivido esa escena muchas veces pero jamás había dirigido a nadie en batalla. Solo había luchado siguiendo las órdenes de otros. Fue como un momento eterno antes de ver el rostro de su enemigo
El choque de la espada en su escudo casi lo derriba, pero el mandoble suyo decapitó a su oponente mientras los gritos de furia y agonía se mezclaban como otras veces había escuchado. Los mercenarios no se esperaban tal resistencia. Alseci y Basilio los habían entrenado bien y pese a la superioridad numérica, solo muy pocos pasaron y cayeron bajo las flechas de los arqueros griegos. Irene, montada en su caballo, corría de un lado para otro disparando sus flechas al estilo mongol. Solo uno llegó a alcanzarla pero ella lo abatió con su espada. Los vitores de los lanceros no se hizo esperar
Los jinetes mercenarios retrocedieron ante las flechas y el empuje de los jinetes griegos. Alseci y Schelotto reorganizaron a su grupo y se lanzaron al ataque. El desorden de los hombres de Hipólito fue mayor y huyeron en estampida. Aún al alcance de las flechas, cayeron varios mas antes de ponerse a salvo. Alseci ordena detenerse y no perseguirlos
- ¡Podemos alejarlos del campamento aún mas! - le grita Schelotto
- ¡No sabes cuantos mas hay! aprovechemos esta oportunidad y salgamos de aquí. ¡debemos buscar refugio en Farsala!
Los jinetes regresaron al campamento al galope. Al llegar, Alseci mira a su tropa "debimos perder mas de 25 ... ellos alrededor de 200 ... es una victoria"
- ¡Mirad allá! - grita Irene y Alseci se da cuenta. Alrededor de ellos se congregaban otros jinetes
- ¡maldita sea! ¡fue un señuelo! ¡mientras peleábamos, nos estaban rodeando! - dice Schelotto
- ¡Reforzad los flancos! - grita Alseci - ¡Lanceros y arqueros ubíquense!
Casi de improviso, una lluvia de flechas caen sobre ellos. Los que no alcanzaron a protegerse con los escudos, fueron asaetados, principalmente sus arqueros
- ¡Que los jinetes se preparen! - se oye una voz, era el duque Ettore quien, montado en su caballo, ordenaba a sus hombres
- ¡Señor! - le grita Alseci - ¡protegeos!
- ¡Son mis hombres y yo los metí en esto! ¿quereis que me escurra mientras otros mueren?
Ya no hubo tiempo de decir mas. De tres frentes fueron atacados y los jinetes griegos, esta vez fueron rebasados. Alseci ordena retroceder y se alinean con los lanceros mientras Irene los arengaba
- ¡Recordad a vuestros héroes griegos e italianos! ¡recordad al imperio y luchen como ellos! ¡recordad a la antigua Atenas y demuestren que no son menos que ellos!
la embestida fue terrible. Los lanceros pusieron una barrera de lanzas donde los jinetes mercenarios fueron atravesados cuando intentaron pasarla, mientras Alseci y Schelotto se batían a espada con los otros. Pese a la resistencia, los caballos pudieron mas y a punta de espada, los mercenarios abrieron huecos en las lineas atenienses. Irene se pone al lado del duque a quien había obligado a desmontar para evitar que lo identifiquen, cuando los primeros mercenarios llegaban a la parte defendida por ellos. Irene recibe el primer mandoble pero lo esquiva y mata a su atacante y luego lanza su cuchillo contra otro, matando al atacante del duque quien también daba cuenta de otro
- ¡Resistid un poco mas! - grita el duque - ¡los venceremos!
Así parecía ser. La presión de los mercenarios cede y comienzan a retroceder ante el empuje de los lanceros, pero en eso, Irene ve acercarse un tropel de jinetes con alguien enorme a la cabeza, arrollando a cuanto soldado encontraba y nada parecía detener su avance
Para Irene todo sucedió lentamente como si las imagenes llegaran con retraso a su cerebro, pero aún así no pudo hacer nada. El gigantesco jinete, cubierto de corazas oscuras, levanta una lanza y la arroja hacia ellos. Irene creyó que algo le quemaba por dentro, pero solo levantó su espada y detuvo otro ataque de un soldado de a pie a quien mata pero en eso se da cuenta que el duque yacía en suelo con la lanza atravesándole el vientre
- ¡Mi señor duque! ¡noooo! - grita Irene y ve con horror que el gigantesco jinete ya estaba sobre el y lo cogía de los cabellos para cortarle la cabeza. Irene no lo piensa dos veces y arroja su espada, y le acierta en las costillas, por lo que el gigante cae pesadamente, soltando al duque. Irene da un giro y golpea con sus nudillos de hierro la cara de un atacante y le quita su espada. Cuando se vuelve, ve al gigante aún de pie y frente a ella
- Maldito ... ¡¿porque no mueres?! - grita Irene y lo ataca. El gigante solo lo esquiva y la golpea con su maza que quiebra el escudo de la joven, derribándola. Un segundo golpe lo esquiva sobre el suelo y alcanza a patear la pierna de su atacante para derribarlo. El gigante cae y ella se pone de pie. Coge una espada y un cuchillo y se pone en posición de combate
- No me ganarás ... no lo harás ...
Irene ataca primero con todas sus fuerzas pero el gigante para todos sus golpes. Ella lo patea en la coraza pero ni se inmuta. Un mandoble de espada es detenido por la mano del gigante quien la sostiene de la hoja y se la arrebata. Irene solo le queda lanzar su cuchillo que se clava por la abertura del yelmo pero el gigante solo se lo saca y derriba a Irene de un golpe. Ella queda aturdida mientras el gigante recoge su maza y la levanta contra Irene que recien se recuperaba
Irene creyó que había muerto. Al abrir los ojos ve al gigante con una flecha clavada en su brazo y mirando hacia una colina. Irene fija su vista en esa dirección y ve a un grupo de jinetes y al frente de ellos, uno levantaba su caballo sobre dos patas
- Por Dios ... no puede ser ... es ... ¡Yazin!
En la colina, Yazin y sus mongoles, quienes habían partido de Constantinopla, habían llegado y desenvainaban sus espadas junto con Philip quien los había acompañado desde Constantinopla
- ¡Hermanos! - grita Orgul - ¡ahi está el enemigo! ¡sobre ellos!
Los mercenarios estaban desconcertados mientras las flechas lanzadas por los diestros jinetes mongoles caían sobre ellos. Cuando empezaban a reaccionar, otra oleada de jinetes llegaba por otro lado. Alseci, quien, ensangrentado, seguía luchando, se da cuenta de lo que pasaba
- Esto ... es imposible ... son mongoles ... y ¡sipanhis!
Kemal, con sus trescientos yenni llegaban al campo de batalla y atacaban la retaguardia mercenaria, quienes decidieron que mas que luchar por el duque era mejor luchar por sus vidas y se dieron a la fuga. Los pocos que quedaron fueron arrollados por los sipanhis. Los mongoles ya pasaban las lineas mercenarias rebanando cabezas. Yazin solo tenía fija su vista hacia el gigante que luchaba en tierra y velozmente lanza su caballo sobre ellos, embistiendo a los mercenarios que se le pusieron enfrente. Yazin salta de su caballo y, con dos espadas desenvainadas, abate a cuantos se le acercaron, esgrimiendo una maestría superior a la que Irene le había visto antes. No tardó en estar frente al guerrero gigante quien al parecer lo estaba esperando
No hacía falta palabras. Un mazazo del guerrero es esquivado por Yazin quien le clava su espada en el vientre pero el guerrero ni se inmuta y sigue atacando. Yazin retrocede y solo su agilidad le salva la vida ya que esquiva los siguientes ataques. Un nuevo golpe le arrebata la espada. Yazin no sabría si moriría cuando Irene ataca al gigante con una porra y le golpea la cabeza. El yelmo sale volando y Yazin se horroriza. Podía reconocer en aquel rostro deforme , cubierto de heridas y sin un ojo, las facciones de aquel a quien derribó de las murallas de la ciudad de Constantinopla
- ¡Tallen! - grita y el alemán sonríe o al menos eso lo parecía ... Irene se pone a su lado esgrimiendo la porra y pasándole una lanza al mongol. El ni la mira y solo centra su atención en Tallen quien avanza para atacar. Sorprendentemente quien se le pone al frente es Irene, quien detiene la maza, enredando la cadena en la porra. Tallen trata de hacer fuerza con ella pero Irene, hábilmente usa la fuerza del alemán para lanzarse sobre el y hundirle mas la espada en el vientre. Yazin aprovecha y arroja la lanza que le da en el cuello a Tallen quien suelta la maza y trata de sacársela. Irene coge una espada y le corta la mano al alemán pero este parecía mas preocupado en sacarse la lanza. Yazin se da cuenta y corre hacia el y le patea con las dos piernas ambas rodillas
- ¡Ahora Irene! ¡la cabeza! - grita el mongol
Irene ya se había dado cuenta y de un mandoble le corta la cabeza. Un grito inhumano se escucha pero que no parecía salir de la boca de Tallen sino del interior de el mientras borbotones de sangre negra salían del cuello antes de caer pesadamente mientras esos borbotones seguían saliendo pareciendo que tenía mas que lo que un hombre tenía de sangre roja. Irene cae mientras Yazin la abraza sin dejar de mirar la cabeza de Tallen que para su horror, alcanza a dibujar una sonrisa
Alrededor de ellos, la pelea terminaba ... los mercenarios corrían dessperadamente mientras los últimos fugitivos era perseguidos por los jinetes
Fin del capítulo 12
