Skip Beat no me pertenece.

Historia basada en el videoclip de Fuwa Sho.


ÁNGELES Y DEMONIOS.


El paraíso era el hogar de ángeles de gran bondad.

El infierno eran las cadenas que encerraban a los demonios, su hogar...

La tierra era el lugar del medio, en donde se libraron batallas...

Las batallas mas grandes que se libraban eran por amor, amor por los suyos, por el ser amado...

El mal corrompía a todo ser y cuando su amiga peligraba, ella tuvo que sacrificarse...


Un demonio es un ser sobrenatural descrito como algo que no es humano y que usualmente resulta malévolo.

Un ángel, un ser lleno de bondad, un ser de luz...

Pero los papeles cambian.

Ya nada seria igual, no después de que un ángel estuviera a punto de caer por culpa de un demonio.

Desde que se conocieron, todos sabían que les esperaba.

La tragedia ya estaba escrita, desde antes que se conocieran...


K es el señor todo poderoso que nos gobierna, todo el poder proviene de él, es la fuente de la maldad que corroe nuestro ser. Es un ser sin corazón que a lo largo del tiempo nos ha acorralado.

Solitario, no pide compañía, no busca problemas, los problemas llegan a él. Algunos hablan de un romance que quedo olvidado en el tiempo. Un amor prohibido. Nadie habla del amor prohibido de K, es un tema vetado.

De K aprendí a no detenerme ante nada, es difícil para mi pero es la vedad. Le debo tanto que siento que lo odio.

Lo odio tanto que siempre le lleve la contra y eso me llevo a ser solo un instrumento para que el consiguiera lo que tanto espero, corrompe mas a un ángel.


El paraíso es el hogar de ángeles de gran bondad, capaces de sentir y vivir libremente, ayudando a quienes lo necesitan, poseen belleza, buenos diferentes a los seres de oscuridad como lo soy yo.

El infierno es mi cárcel personal, he estado atrapado por muchos siglos, hasta el día en el que pude ser libre de mi encierro pero aun sigo prisionero por mi naturaleza.

Hay una tercera parte, en la cual nos podemos encontrar, ángeles y demonios. La tierra es en donde la conocí, sin saber lo que podría suceder.


Aun recuerdo el día en que un ángel me enamoro, no fue hace mucho tiempo. He intentado mantenerme alejado, pero jamás anda sola, no desde que me atreví a confesarle mis sentimientos... En esa ocasión, ella alagada y horrorizada al mismo tiempo me lastimo mucho al poner en dudas mis sentimientos, sentimientos buenos que jamás podre volver a sentir, nunca debí sentir algo así...

—¿Cómo puedes esta seguro que es amor ese capricho repentino que sientes por mi? Nuestra naturaleza lo prohíbe.

Estoy consciente de que es prohibido, pero aun así, lo prohibido alimenta a un demonio.

Su nombre es Mimori... El ángel que me ha enamorado, a mi, a Fuwa Sho...


La próxima caída de un ángel.

Recuerdo el día en el que Mimori se escapo de su amiga, fue algo increíble, mas que amiga parece ser de esas doncellas que había en la antigüedad, una dama de compañía encargada de preservar la virtud de una joven; con su aspecto esa mujer es digna de ser un demonio. Pobre Mimori, tener que soportarla. Creo que se llama Kyoko y seria mejor como demonio.

Ese día Mimori me dijo que podríamos vernos siempre que quisiéramos, que su amiga se encontraba muy pensativa ultima mente y que al parecer ella también se había enamorado de alguien. Pobre imbécil, lo compadezco.

—Sho-chan, nos veremos pronto—. Dijo dándome un beso de despedida.


AL OTRO DÍA.

En el mismo lugar, al siguiente día, allí se encontraba una rubia pero la rubia equivocada, no era el ángel rubio que yo esperaba, sino Kyoko que me miro con un odio tan puro como real.

—¿Y Mimori?

—Aléjate de ella ¿Me oíste? Es por el bien de ella. Los demonios no son buenos compañeros.

—¿Cómo puedes estar tan segura?— Oh, su miada, había algo que nadie sabía. ¿Ella también había amado a un demonio? Imposible.

—Sólo se que eres malo para ella. Mimori esta por caer y no lo digo por estar por convertirse en un ángel caído, lo digo porque esta por perder sus alas. Perdió al humano que debía proteger y todo por ti. Es mejor que desaparezcas.

—¡Eso nunca!— Me estaba enojando. ¿Quién se creía esta mujer?

—NO PUEDES SER TAN EGOÍSTA PARA DEJARLA CAER—. Me grito con sus ojos celestes llenos de lágrimas.

—No lo entiendes, la amo. Tú eres la única que no comprende.

—La estas matando—. Dijo en un susurro.

—Nunca haría eso.

—Aléjate de Mimori o te arrepentirás...

Se alejo de donde estaba. Su amenaza fue real y estaba seguro que seria capaz de cumplirlo. Era más una promesa de muerte.

Después de que ella se fue, escuché esa voz que tantos decían temer, la voz tenebrosa de aquel ser.

—¿Le harás caso? Un demonio no mide las consecuencias, toma lo que necesita y tú necesitas a ese ángel que te prohíben ver.

El que hablaba no era otro que que un sujeto de cabello rubio, alto y de ojos verdes, con una mirada tenebrosa y en ese momento me hice a la idea, aquel sujeto no era otro que "K".


Con Kyoko.

—Maldito Shoutaro, demonio de poco cerebro, ojala muera pronto y ojala deje pronto a Mimori, mi amiga, que todo rastro de él desaparezca de la faz de toda existencia, lo quiero ver volverse polvo, ser nada. No quiero perder a mi amiga y menos por un demonio, no le puede pasar lo mismo que me pasó a... mi. No puede estar detrás de todo esto, no puede ser él, "K" no debiste volver.


¿De cuántas maneras se puede destrozar un corazón y esperar de él que este siga latiendo?


Por mas raro que sonara, hasta un demonio tenia un corazón. Puede que tuviera un corazón, pero mi corazón nunca fue puro, no hasta que en un momento de soledad la desee a ella. En un momento en el que el mismo mundo se negaba a mi existencia, yo existía, teniendo que alejarme de todos, era el comienzo de la primera batalla y yo ya sentía que había perdido la guerra, una guerra que no termina y la que yo mismo comencé.

Las batallas mas épicas del mundo y de lo desconocido por la mente humana fueron a causa de funestas pasiones que al poco tiempo de nacer tuvieron su fin, pasiones provocadas por mujeres, amantes a distancia que tienen en contra el espacio y tiempo.

Mi guerra personal fue a causa de un bello ángel, un ángel que de cierto modo cambió mi punto de vista del mundo, aunque todo lo que me rodeaba era oscuridad, ella estaba allí y eso era lo importante. Siempre estaba cuando la necesitaba. Ella desconocía mi verdadera naturaleza y por eso la tuve tanto tiempo cerca de mi, influenciado por un amor egoísta que solo la quería para mi.

Estuve a punto de destruirla por completo, la luz en mi eterno tormento me hacía sentir vivo, valorar mi existencia y no solo ser un demonio sin corazón. Sigo siendo el mismo de siempre, aunque pasaran siglos de aquellos...

Ahora en nuestros lugares se encuentran Sho y Mimori... Mimori no es tan fuerte como lo fue Kyoko en su momento, ella tuvo la sensatez de dejarme marchar.

Pero mi historia se remonta a mucho tiempo atrás, en ese momento no me aceptaba a mi mismo, no podía verme ami mismo, sentirme prisionero de un cuerpo... Una noche paseando por el oscuro planeta llamado tierra no se me ocurrió otra idea que el mirar el cielo estrellado, en el campo se veían perfectamente, muy distinto a lo que era la gran ciudad...

Había escuchado ciertas cosas de los humano, como el pedir un deseo a una estrella fugaz y eso fue lo que hice... Una estrella fugaz cayo y un deseo le pedí, aun no la conocía pero desee con todas mis fuerzas que por siempre mi corazón la pudiera sentir, no importaba no conocerla, lo único que quiera era una razón y un simple deseo que pedí imitando a los humanos me lo cumplió.

Era como estar atrapado en un sueño, en vez de tenerla sentía que algo la alejaba mas y mas de mi, como si mi propio deseo fuese una falsa ilusión. Lo irreal era que en la oscuridad le podía sentir muy cerca de mi, lo que me hacia feliz.

La tuve en mis brazos, la tierra era un lugar en donde nos conocimos, nos amamos y nos veíamos a escondidas del resto. Mi error me costó muy caro, el no decirle la verdad de quien era alejó a aquel ángel de mi y la única testigo de eso fue una luna azul.

No basto con mis suplicas, mi arrepentimiento. Lo único que tengo en común con Kyoko es que ambos tenemos aun en nuestras mentes aquellos momentos vividos el uno con el otro.

Una vez ella me dijo: "Juro que mi amor, eterno será"... Aun intento descifrar que tanto me amaba y que tanto había de verdad y mentira en ellas. Quiero que ella regrese, lo que siento no es una obsesión, es la razón por la cual yo se bien que si no es por ella ya no podré existir. Me hace falta y lo que desconoce es que pronto la tendré a mi lado, como tenía que ser desde siempre...


Tal cual niña, en mi habitación mis rodillas abrasé, me sentía incomoda, algo me faltaba, algo me llamaba. Quise solo cerrar una puerta con la esperanza de que aquel vacío desapareciera. Con miedo enfrente mi realidad, no podía ignorar el llamado de mi corazón.

Descubrí tarde su identidad, todo en e era falsedad, hasta sus palabras de amor, en ese momento oculte lo que sentía y escape de él, con la firme determinación de que no lo vería jamas... Nunca quise herirte, la verdad es que no pude olvidarte. Las palabras parecían tan verdades y las promesas eternas... El peligro casi me costó mi propia existencia, es por eso que no pudo dejar a Mimori, no debo dejar que ella viva lo mismo.

Sho es tan malo para ella como tú lo eres para mi. Kuon, dime... ¿Por qué mentir? ¿Para qué destrozar a un ser que se ama? Ambos somos tan diferentes...

Una batalla entre ángeles y demonios, por el amor del cual debo huir y que tiene la fuerza para destruirme. Tú, mi amor... eres todo lo que tuve y tendré... La promesa de amor y muerte entre nosotros es eterna:

Se cortará aquella calidez,que parece irrompible,
Se romperá y tu pasado aflorara,
y a mi lado tu siempre estarás
Ya no me acecharan sombras de la soledad...


Un gemido desgarrador quería escapar de su boca, las lágrimas recorrían su rostro, sus ojos estaban perdidos en la nada.

El sufrimiento la invadía, había perdido, la había perdido. No podía creerlo. Esto debía ser una maldita pesadilla.

El maldito no le hizo caso la dejo morir, esto debía pagarlo y con sangre, vida por vida.

Él arrebato una vida y ella se cobraría, vengaría a su amiga.

Le daría un final a aquel funesto amor.

Funesto como el amor que alguna vez sintió por Kuon. Maldito Kuon, maldito fuese él y todos los demonios.

Siempre, por cada chica ingenua, tierna e inocente existía un demonio como ellos, como Fuwa Sho o como el mismísimo Kuon, ellos eran el mal de la existencia.

Hay consecuencias al romperle el corazón a un matón y Kuon lo era, un maldito matón que podía disfrazarse de una increíble bondad con la cual la arrastraba a su lado. Él le dijo que volvería a su lado, ella no quería.

Amar era una tortura y sabía que Mimori había amado a Sho, pero no con las fuerzas que ella amó, amara y maría por siempre a Kuon. El ser mas cruel de toda la existencia y era así cómo lo amaba y era así como sentía que se perdía así misma.

El sonido que trataba de contener salió desde lo mas profundo de su ser. Un grito lleno de dolor, sabía que se acercaba el final. O más bien el comienzo de lo que sería su propio infierno personal.

Mimori había perdido sus alas, la oscuridad fue más fuerte que ella, un ángel no resistía esta clase de amor, no sin volverse un demonio. Lo que le ocurre a todo ser humano, el ser un mujer y amar de la forma que amo Mimori estaba mal visto, ella fue muy lejos. Mas allá de lo debido. Todo por amor y no lo resistió, no resistió el cambio, la dura etapa que consistía el dejar de ser un ángel para convertirse en un demonio. No pudo soportarlo y murió.

Por eso el grito de dolor, el llanto, la furia que se dirigía a un solo ser, que para su entender, nunca debió existir. Solo mancho algo puro, pero ella no era nadie para verlo de este modo. No claro que no, ella se encontraba de igual modo desde tiempo que para el resto había quedado en el olvido. Nunca dijo nada, pocos conocían su verdadera historia y ahora se atrevía a contarla de este modo.


Salió hecha una furia, no escuchaba razones, solo quería causar dolor así ver si el suyo propio mermaba. Encontró al demonio en el lugar en donde se veían a escondidas con Mimori, un antiguo castillo de estilo gótico, tenebroso para todo ser humano pero no para ella. Había conocido muchas cosas mas atormentadoras que esto.

Lo vio a lo lejos, él estaba pensativo... Puso sentir su presencia, como su entorno se tornaba pesado, Mimori no volvería, lo supo al ver el odio en el rostro de aquella vengativa mujer. Sin decir palabras, ella se acerco...

Sho pudo ver rastros de ceniza en el atuendo de Kyoko, él lo supo... eso era el único rastro que confirmaba la existencia de su amor prohibido. Ahora lo comprendía, el amor algunas veces era egoísta y él amó así, de forma egoísta y posesiva.

Kyoko se acerco lentamente, con lágrimas aun en sus ojos... Paso por paso, fue levantando sus manos para sujetar el cuello de aquel demonio y al encontrarlo solo tuvo que hacer una sola cosa, presionar fuerte, muy fuerte, él no se resistiría. Su razón para vivir ya no estaba, había muerto y aunque de forma involuntaria, había muerto por su mano... Fuwa Sho ya no tenía motivos para existir.

Las manos de Kyoko hicieron mas presión, consiguiendo quitarle la vida a Fuwa Sho y con una sonrisa macabra en sus labio contemplo con deleite como el cuerpo de aquel demonio se hacía polvo.

Sus alas oscurecieron, ella misma se convirtió en un demonio... El demonio que no creía en el amor.


En el castillo paso algo curioso, de la nada apareció el demonio rubio de ojos verdes que estaba esperando a por su reina, se acerco lentamente a ella abrazándola desde atrás, reconociendo su aroma.

Kyoko inicio un beso apasionado, dejándose llevar por completo, perdiéndose en aquellos labios prometedores que había extrañado en silencio y que ahora los tendría para siempre.

Se separo de él, desapareciendo ante Kuon con una sonrisa traviesa en sus labios. Él también sonrió, a su amada Kyoko le gustaba jugar. La siguió hasta el cuarto que siempre debieron compartir, en donde se amarían como tantas veces lo habían hecho en el pasado. Ahora no tenían escusas, eran iguales y esto sería eterno.

Valió la pena el esperar por ella, aunque para tenerla tuvo que corromper a un verdadero ángel porque ellos vivían en un mundo de ángeles y demonios.