Chishio, Ase ken Namida.

Los sueños que comparten un mismo corazón

Capítulo 11:

A pesar de las mil diferentes maneras en que podía llegar a provocar a Zoro por el hecho de encontrarse los dos en la ducha, completamente desnudos, y mirándose cara a cara, Robin no podía pensar en nada más que, simplemente, estar junto a él. Acariciarle y poder sentirle. Ni siquiera quería pensar en todos aquellos momentos tan parecidos que ocurrieron en el pasado, su pasado, porque la intención de Robin no era rememorarlos, ni intentar hacérselos recordar a Zoro. Lo que Robin quería era que Zoro volviera a enamorarse de ella y que luego, si no hubiera recordado el pasado que compartían, contárselo de principio a fin. Las partes buenas y el error que cometió al abandonarle pensando en que sería lo mejor para el kenshi.

Robin colocó sus manos sobre el pecho de Zoro ejerciendo una ligera presión para hacerle retroceder hasta que se volviese a encontrar bajo aquel chorro de agua. Sin apartar la mirada de aquellos ojos azules, Zoro se dejó hacer.

La sensación de aquella agua tan refrescante podía ser suficiente para aplacar el calor que existía en este país pero Zoro no podía sentir que el calor que llenaba y cubría su cuerpo estuviera siendo afectado por la ducha. No era posible porque este calor iba más allá de algo físico.

Las manos de Robin se fueron deslizando por la húmeda piel de Zoro mientras ascendían con gran calma pero con firmeza hacia su rostro con el único objetivo de llegar hasta su cabello. Pero el poder tener otra vez su rostro entre sus manos era una sensación demasiado vital para ella para pasarla por alto.

Por un ínfimo momento Zoro estaba seguro que había visto un manto de tristeza cubrir aquellos zafiros, por supuesto no reaccionó a su visión de la misma manera en que ella tampoco se dejó arrastrar por sus recuerdos. Era el momento actual lo que tenía importancia y sus acciones pero no por ello no le había tenido que parecer adorable la manera en que Robin había arrugado ligeramente la nariz cuando sus pulgares realizaron movimientos gemelos por el contorno de los labios de Zoro.

Sus ojos permanecieron abiertos mientras aquellos delicados dedos entraron en contacto con su cabello empapado por aquel chorro de agua bajo el que le había colocado Robin. Suaves movimientos recorrieron toda su cabeza mientras se introducían por cada posibilidad que le permitía tanta agua. No había necesidad de ocultar que estaba disfrutando del suave toque de Robin y si no, los movimientos de su propia cabeza siguiendo el son de aquellas caricias serían prueba suficiente.

Entonces aquella cascada de agua se terminó cuando Robin cerró el grifo. Grandes gotas de agua se deslizaban desde su rostro por todo su cuerpo. Para ella era un visión de lo más agradable y sensual pero no se detuvo en permanecer en un estado contemplativo y cuando sus manos abandonaron la cabeza de Zoro notó el ligero gesto de reproche en el rostro de Zoro.

En las manos de Robin apareció un bote de champú al mismo tiempo que sus labios formaban una sonrisa traviesa. Sin aguardar por un permiso, que tal vez pudiera llegar como seguramente se quedaría en la garganta de Zoro, dejó caer sobre una de sus palmas un buen chorro de aquel champú, cuyo aroma rápidamente fue llenando la habitación. Un aroma que siempre llevaba pegado a su piel Robin desde que consiguió salir de la oscuridad en la que su vida se había convertido. Cuando por fin empezó a comprender la manera en que tendría que regir su vida pudo conseguir tiempo para si misma. En ese tiempo había podido tener un baño como jamás pudo tener y asearse no sólo la suciedad que cubría su cuerpo sino también la que se le había introducido en el fondo de su vida. Una vez limpia y aseado comprobó que su cuerpo desprendía un ligero aroma que no podía identificar al principio. Eso fue su primera búsqueda y una marca que le quedó hasta el día de hoy. Aún recuerda como Zoro pudo notar el aroma de su cuerpo sin ni siquiera dedicarle un vistazo, al estar su mente ocupada en otros menesteres, pero a pesar de todo haber dicho las palabras exactas.

El aroma de lila que dijo que podía sentir le traía a la mente buenos y agradables recuerdos. A pesar de que se encontraba ante la tumba de Kuina de ninguna manera le venían los recuerdos de la amistad que compartieron. Resultaba extraño que aquel aroma le produjera algún tipo de reacción en Zoro. Más tarde, cuando sus vidas concurrieron juntas, supieron que fue el propio Zoro quien se sintió atraído por aquel aroma. Por Robin.

La lila ha sido desde tiempos inmemoriales la flor consagrada a todas las primeras emociones o sentimientos sobre el amor. Que mayor prueba necesitarían para poder creer que Zoro se había enamorado de ella que el haberle dicho que su cuerpo tenía un delicioso aroma a lilas. Un aroma que ni siquiera ella misma había sabido determinar. Seguramente porque su vida había sido arrancada del amor.

Hasta él. Hasta Zoro.

Las manos de Robin se posaron sobre la cabeza de Zoro y empezaron a masajearla mientras iba formándose una gran capa de espuma. Podía ver el rostro serio de Zoro pero en sus ojos se reflejaba con gran claridad lo que le gustaba sentir las manos de Robin. Ella siempre le tenía una sonrisa en su rostro mientras seguía su labor con gran meticulosidad pues no podía tener suficiente de aquellas sensaciones que obtenía junto a Zoro.

De sus labios surgió una pequeña y burbujeante risa cuando sus dedos rozaron la parte posterior de las orejas de Zoro y él no pudo evitar ladear la cabeza siguiendo aquel contacto. Era la viva imagen de un cachorrito. Por supuesto no lo dijo en voz alta pues sabía cual sería la reacción de Zoro y no tenía ganas de que todo esto terminase tan pronto. Aún quedaba mucha piel por recorrer.

De él… y de ella.

Con eses pensamientos en mente apartó sus manos de la cabeza de Zoro y, para alegría de Robin, pudo notar como aquella pérdida le molestó al kenshi. Poco a poco, pero iba acercándose a él, y él hacía lo propio acercándose a ella. Aunque no fuera muy consciente de ello.

Robin colocó sus manos cubiertas de espuma en el escaso espacio que había entre sus cuerpos a la altura de sus pechos. Con una media sonrisa alzó un poco más las manos hasta que de un soplido hizo que aquella espuma golpease el cuerpo de Zoro.

Los dos vieron aquella espuma deslizándose por el torso de Zoro mientras dejaba tras de si un pequeño reguero blanco indicando el camino que había tomado. Finalmente la espuma se detuvo evitando caer hasta el suelo. La sorpresa que se llevaron los dos fue pareja al comprobar que había detenido el avance de la espuma.

Tal vez Zoro estuviera actuando de manera fría y distante con Robin pero no había ningún lugar a dudas de que su cuerpo tenía otra cosa en mente.

Sus miradas pasaron de aquel montículo de espuma a los ojos del otro… y Zoro aprendió que en este mundo existía algo que podía provocarle un escalofrío que recorriese todo su cuerpo. La sonrisa maliciosa de Robin era la causante… y la acción que presagiaba fue un detonante.

Sintió los dedos de Robin recorrer toda su longitud desde la base siguiendo la palpitación con suaves movimientos que lograban alterarle la respiración. Cuando su mano se cerró justa bajo la cabeza de su miembro logró arrancarle un gemido que negaría haber dado. Con su mano cerrada, agarrando todo lo que podía de aquel sexo, Robin siguió ascendiendo hasta que se llevó aquella espuma que había tenido el atrevimiento de cubrir algo tan bello y ocultárselo a Robin. Después de tanto tiempo, ¿cómo se atrevía a negárselo?

Mientras Zoro recuperaba el control de su respiración veía como Robin estaba echando algo nuevo en sus manos. Parecía ser… gel de ducha. De la misma manera en que aquel bote había aparecido en sus manos volvió a desaparecer dejando únicamente la muestra de su paso el haber dejado un buen chorro en las palmas.

Entonces aquellas delicadas manos que se posaron sobre el pecho de Zoro empezaron a acariciarlo con sensuales y delicados movimientos. Cada porción de piel iba a recibir las atenciones de aquellas manos. Durante el paso por su pecho pudo sentir como de duros tenía los pezones pero a pesar de que no podía detenerse con ellos, si les dio un pequeño pellizco al pasar por encima. Aquellas manos siguieron su camino descendente a través de los duros abdominales del kenshi que parecían de granito durante el contacto de Robin. Zoro no sabía cuales iban a ser las intenciones de Robin cuando sus manos terminaron por llegar hasta su pelvis y quedaron atrapadas en el espacio que había entre el cuerpo de Zoro y su miembro erecto. Ella sabía que por la mente de Zoro debían estar pasándole miles de ideas y pensamientos pero estaba segura de que el que iba a hacer no se encontraba entre ellos.

Para sorpresa de Zoro aquellas manos volvieran tras sus pasos hasta llegar nuevamente hasta su clavícula. Las caricias que recorrieron el cuello de Zoro le provocaron tales sensaciones placenteras como las que había sentido cuando le cogiera el miembro. Y no pudo evitar mostrarlo, por lo que ahora Robin sabía que el cuello era una zona muy sensible para Zoro… aunque si lo que ella decía era cierto, entonces ella ya lo sabía de antemano.

Pasando por uno de sus hombros colocó el brazo de Zoro delante de su cuerpo para que ella pudiera recorrerlo con ambas manos sin tener que moverse de su posición. El mismo movimiento fue para el otro brazo al que rápidamente terminó por cubrir de aquel gel corporal.

Los ojos de Zoro se abrieron un poco más de lo normal cuando Robin entrelazó los dedos de sus manos con las de él. Bajando las manos acercó su cuerpo hasta que sintió el contacto de sus cuerpos por medio de sus pechos. Robin le sonreía enigmáticamente cuando le hizo colocar las manos a su espalda sobre cada nalga correspondiente. Allí liberó su presa.

Una vez más sus manos regresaron a aquellos abdominales que prometían intensos momentos. Para sorpresa de Zoro se fue arrodillando ante él y no pudo evitar la enorme palpitación que recorrió su miembro. Era una pena que no pudiera verle el rostro a Robin porque se estaba perdiendo una de sus más divertidas sonrisas. A pesar del tiempo transcurrido y de que la vida pareciera haber querido mantenerles apartados por los ingenuos deseos que una vez habían regido la vida de Robin, ella sabía que no había nada en el mundo que se pudiera comparar a provocar a Zoro.

Sin poder evitarlo, Zoro estaba aguantándose la respiración como si estuviera previniendo la próxima acción de Robin. Hoy iba a aprender que nunca podrá estar seguro de las acciones de ella.

Las manos de Robin recorrieron los músculos que había bajo la piel tensa de las piernas de Zoro. Podía notar como temblaba cuando sus manos se introducían por el interior de sus muslos. Su toque seguía siendo único porque si de algo podía estar segura era que Zoro a pesar de todo lo que pudiera llegar a decir… jamás se acercaría a otra onna. Puede que no la recuerde, puede que ya no pueda amarla… pero pudo ver en sus ojos que él no había cambiado y seguía siendo el mismo del que se había enamorado hacía ya tanto tiempo atrás.

Sigue siendo el mismo de siempre… sigue siendo su Zoro.

Mientras se ponía en pie sus manos recorrían sus piernas, cruzando por aquellas nalgas duras hasta llegar a su cintura. El calor que sentía a través de su piel haría palidecer a las altas temperaturas de Arabasta, no había nada más caliente que el contacto de dos cuerpos que se desean con tanta intensidad como los de ellos.

Ahora sus manos estaban enjabonando la espalda de Zoro pero Robin no estaba solamente atenta a las acciones de aquella parte de la anatomía del kenshi. Mientras sus manos recorrían cada centímetro de aquella poderosa espalda, no perdía el tiempo en acercarle contra su propio cuerpo. Sus senos se aplastaban contra el pecho de Zoro mientras sentía el miembro duro, erecto y palpitante hacer contacto con la humedad de su propio sexo. Separaba ligeramente sus piernas para que sus cuerpos pudieran amoldarse de la manera en que sabía que eran capaces de hacerlo. Una prueba más de que habían nacido el uno para el otro.

Los brazos de Robin se habían deslizado bajo los de Zoro entrelazándose en su espalda cerca de su cuello y atrayéndole hacia ella. Más cerca, mucho más cerca… nunca tendría suficiente de él y lo sabía, incluso Zoro estaba siendo consciente de ello.

Sus labios se acercaron todo lo posible sin llegar a hacer contacto. Se habían detenido justo a la distancia de un susurro, del murmullo de sus voces… de sus jadeos que buscaban darse a conocer… gemidos que quieren hacer sentir la fuerza y pasión que aquellos cuerpos estaban logrando provocar.

La media sonrisa de Robin fue el presagio de lo que iba a ocurrir.

Entonces para ¿sorpresa?, ¿decepción? o, ¿incredulidad? de Zoro percibió antes de sentir, muchísimo antes de ver, como el cuerpo de Robin, aquel cuerpo que empezaba a necesitar tocar, saborear y vivir se estaba alejando de él.

Zoro no sabía lo que decir, o si tenía el derecho a decir algo, a expresar la profundidad de las sensaciones que aquel acto por parte de Robin le estaba provocando. Tenía que hacerse recordar que aquella onna era una desconocida para él, que cualquier cosa que estuviera sintiendo por ella simplemente era debido a que se trataba de una onna terriblemente reijin, kannouteki y iroppoi. Pero por alguna razón no se sentía tentado en buscar excusas para poder acercarse a ella, para poder tocarla, acariciarla y ¿por qué no? ¡Besarla!

Notó como si le dilataron apreciadamente las pupilas de Robin cuando posó sus manos sobre aquellos delicados hombros. Sin decir ni una sola palabra intercambió las posiciones con ella. Robin tampoco dijo nada dejándose llevar por su contacto. Era como si el calor de aquellas manos contra su piel pudiera conseguir hacerla olvidar cualquier otra cosa que existiera en el mundo, a su alrededor… y únicamente poder verle a él.

A Zoro. La persona que amaba con todo su ser.

De pronto se encontraba bajo el chorro de agua que intentaba apaciguar el terrible calor que recorría su cuerpo. Tal vez podría haber tenido alguna posibilidad pero los tiernos contactos de las manos de Zoro impedían que tuvieran efecto.

De igual manera a la que Robin había hecho previamente con él, ahora era el turno de Zoro para lavarla. Sus dedos se entrelazaban por el sedoso cabello de Robin mientras el agua discurría cubriéndolo con aquella humedad. Como si en vez de estar lavándole el pelo estuviera acariciando a la onna que amaba, Zoro le apartaba con gran delicadeza el cabello que le cubría el rostro echándoselo hacia atrás y dejando a la vista toda la belleza de su rostro.

Inmersa en las deliciosas sensaciones que aquel ínfimo contacto estaba produciéndole, Robin había cerrado los ojos para sumergirse en su totalidad. Lo malo de esto era que le negaba a Zoro el poder contemplar la uruwashii de sus ojos azules, pero antes de que Zoro pudiera pedirle que los abriera por él, la propia Robin sintió la necesidad de hacerlo casi como si hubiera sido capaz de sentir el pensamiento, el deseo de Zoro por poder ver sus ojos.

La cabeza de Robin se dejaba arrastrar por aquellas caricias a las que estaba siendo sometida, pero lo hacía con todo el placer del mundo. Entonces de improviso el agua dejó de caer sobre ella. Sin apartar su mirada de las profundidades que se alzaban en los ojos del kenshi, Robin sintió como aquellas manos recorrían su cabello echándoselo hacia atrás para escurrirle algo de toda aquella agua.

Cuando sintió las manos de Zoro abandonarla pudo comprender el reproche que él había sentido cuando ella también había retirado sus manos de su cabello. No podía ser nada o podía serlo todo, pero Robin sentía como sus cuerpos se reconocían a pesar del tiempo transcurrido y no tenía necesidad de provocar estas sensaciones porque ellos mismos se les habían adelantado.

La idea de que sus propios cuerpos aún fueran conscientes de a quién le pertenecía aquel calor que se les estaba retransmitiendo a través del contacto de sus manos lograba hacer inmensamente feliz a Robin. Eso quería decir que, si bien ella aún recordaba el pasado conjunto que vivió con Zoro, a pesar de todas sus negaciones de una manera más allá de la inconsciencia Zoro también la recordaba… pero conociéndolo sabía que podía llegar a ser muy cabezota y testarudo… además de que esa sabía el horrible peso que ella le había hecho cargar sobre sus hombros. No tenía ninguna duda de que lo que hizo había sido pensando en el bienestar de Zoro, pero que al final terminó resultando la acción más cruel que se le podía haber imaginado realizar. Y lo peor es que fue contra la persona que amaba, la más querida por ella en todo el mundo. Y a pesar de todo esto aún tenía la esperanza de que cuando Zoro la recordase pudiera llegar a perdonarla.

¿Estaría siendo demasiado optimista al respecto? ¿o debería empezar a hacerse a la idea de recibir la dolorosa caricia de la katana de Zoro?

La visión de aquel rostro que no dejaba de turbarle mientras varias gotas de agua se deslizaban de una manera tan provocativa lograba que Zoro no pudiera pensar en nada más que en Robin. Tal vez luego podría intentar averiguar la causa de su comportamiento con ella, ya que seguía pareciéndole imposible y absurdo la teoría que Robin esgrimía de que ya se conocían y de que habían sido aikouka.

Sin saber de dónde había sacado el bote de champú, y dándole completamente igual, Zoro empezó a lavarle el pelo a Robin con gran cuidado de no hacerle el más mínimo daño. Sus movimientos lentos y, casi podría llegar a asegurarse que, estudiados a conciencia lograban sacar unos dulces suspiros de aquellos labios tan tentadores. Unos labios que parecían estar llamando a los de Zoro. Aquello le trajo el recuerdo de apenas un minuto antes en el que parecía que Robin iba a besarle pero que justo al final cambió de opinión. O tal vez no se merecía ni un simple chuu.

Esto debería darle completamente igual, y así se lo estaba repitiendo una y otra vez pero nada parecía ser capaz de atravesar la capa de necesidad que había surgido en Zoro que buscaba sentir todos los contactos posibles con aquella onna. No la conocía pero no podía dejar de pensar en ella. Debía matarla pero, y había mentido de ello cuando lo habló con ella, le salvó la vida a costa de acabar con la de Mr. 1. Y todo, ¿por qué? Por un completo enigma que únicamente parecía traerle problemas.

Zoro pasaba sus dedos por la cabeza de Robin mientras la otra mano hacía lo propio en su nuca, el movimiento fue tan sutil que Robin no se percató de nada hasta que se encontró con la cabeza levantada y su mirada fija en los ojos de Zoro.

Lo siguiente parecía suceder a gran lentitud cuando el rostro de Zoro se acercó hacia el de Robin. Podía sentir las caricias que sus manos le estaban produciendo sobre su cabello y como el calor de aquellos labios se acercaba hacia los suyos. Aquellos labios que se detuvieron sobre los suyos y de donde podía sentir el cálido aliento de su boca. Tan cerca… tan deseable…

Fue entonces cuando vio la sonrisa ladeada de Zoro y supo que esto había sido su venganza por la misma acción que previamente ella misma le había hecho a él. Debería estar enfadada por su actitud pero lo más cercano que estaba a punto de hacer habría sido reírse por toda aquella absurda situación. A su pesar no pudo evitar recordar ciertos momentos del pasado tan parecidos a este que a punto estuvieron de ahogar aquellas incipientes risas con namida.

Por suerte para Robin tal vez Zoro se había dado de cuenta de lo que estaba a punto de sucederle…, o tal vez no, pero lo que importaba era que Zoro le colocó un poco de espuma justo sobre su nariz. Y por primera vez desde que había entrado en el baño, con la intención de hacer ver a Zoro que entre ellos existía mucho más de lo que se podía ver a simple vista tal y como ella le había asegurado, Zoro le dedicó una sonrisa. No una mueca, ni una media sonrisa… tampoco una de sus adorables sonrisas maliciosas que tanto le gustaba ver… ¡No! Esta era una de sus pocas sonrisas reales que… que nadie había visto en años… una sonrisa que le había asegurado que desapareció el día en que Kuina había muerto… una sonrisa que Robin logró recuperar.

Y aquí estaba de nuevo… otra vez en su rostro… otra vez para ella.

La emoción era suficiente para hacerla llorar pero en su lugar logró hacerla sonreír a ella también. Con un soplido logró quitarse aquella espuma y con una ceja arqueada le provocaba a ver que tenía a continuación para ella. Entonces la sonrisa de Zoro siguió su cauce natural hasta transformarse en aquella sonrisa tan maliciosa que lograba hacer que el cuerpo de Robin se calentase desde dos puntos clave.

Su corazón y su sexo.

Robin le cogió por las muñecas a Zoro colocándole las palmas de sus manos boca arriba y un 'brazo fleur' se las llenó de suficiente gel corporal para que cubriera su cuerpo tantas veces como deseara. El 'brazo fleur' desapareció pero Zoro siguió allí de pie mirando para los ojos de Robin como sino se hubiera dado cuenta de lo que había hecho Robin… pero antes de que pudiera decirle algo, aunque era una suerte pues no sabía que podría haberle dicho, Zoro posó sus manos sobre el cuerpo de Robin. Un rápido movimiento hizo que lo rodeara desde su torso, pasando por su vientre y terminando por su espalda. Las marcas fueron hechas y ahora era el turno para ofrecerle de lo que eran capaces sus manos en un cuerpo tan espléndido como el de Robin.

Suaves caricias sobre los hombros de Robin lograron arrebatarle algo más que un simple suspiro. Logró que su debilitado control se esfumara por completo y permitiese que su cuerpo tomase el mando de la situación. Si no puedes fiarte de tu propio cuerpo entonces, ¿de quién te vas a fiar?

Las manos de Zoro empezaron a deslizarse por cada brazo recorriéndolos en su totalidad hasta llegar a sus manos… a sus dedos y, una vez más imitando las acciones previas de Robin, entrelazó sus dedos con los suyos. Pero a diferencia de ella, Zoro no aprovechó la situación para poder sentir el contacto de sus cuerpos. Parecía que le era suficiente con poder tener sus manos entrelazadas.

Liberándolo de aquel contacto las manos de Zoro recorrieron el vientre firme y compacto de Robin mediante sensuales caricias circulares que iban aumentando el calor que estaba sintiendo. Sin poder evitarlo Robin puso sus manos sobre las de él y las dirigió hacia sus pechos que ansiaban las atenciones del kenshi.

La mirada de Zoro no era curiosa, ni siquiera parecía molesta por que Robin le hubiera guiado en sus acciones. Todo lo que mostraban aquellos ojos era un fuego tan profundo que urgía por una salida… y ambos sabían de que manera pretendía salir.

El suave tacto de sus pechos iba en contraposición a las rudas manos de Zoro que mostraban el arduo entrenamiento al que se sometía para la culminación de su sueño. A Robin siempre le habían gustado esas manos. Unas manos duras y peligrosas que sobre su piel, sobre su cuerpo se transformaban en delicadas transmisoras de placer. E incluso ahora, cegado por su ignorancia acerca de su pasado, Zoro la seguía tratando con suma delicadeza a pesar de que, actualmente, eran únicamente enemigos.

Aquellas manos lograron que sus pezones se pusieran erectos en el mismo momento en que sus dedos los atraparon sin misericordia. Los gemidos placenteros servían como combustible para Zoro y le hacía buscar más maneras de provocarla, eso si, todo ello durante este inocente baño. Masajeaba sus pechos uno por uno para dedicarles la atención merecida y varias veces tuvo que reprimirse y recordar que solamente estaba lavándola para evitar que fuera su lengua y sus labios quienes tomaran el control de aquellos pechos.

Una vez enjabonados las manos de Zoro sabían cual iba a ser su siguiente objetivo. La espalda de Robin. Pero esta vez Zoro no repitió los mismos movimientos que Robin había usado con él, sino que con lentos movimientos la volvió de espaldas a él. Robin, sin necesidad de que nadie le dijera nada, apoyó sus manos contra la pared del baño inclinándose levemente. ¿Todo en beneficio de…? Digamos que de ambos.

Desde sus hombros las manos de Zoro fueron descendiendo por aquella espalda tan delicada y preciosa, iba ofreciéndole dobles caricias. Primero una mano se deslizaba con gran sensualidad para acto seguido repitiese ese mismo movimiento por el mismo lugar la otra mano. Robin ya había dejado de intentar reprimir sus dulces jadeos porque sabía que si Zoro los escuchase sabría lo que estaba haciéndole y ese conocimiento serviría para que él mismo empezase a perder su propio autocontrol.

Finalmente sus manos llegaron hasta aquel trasero que había seguido por las calles de Rain Base y que tantos quebraderos de cabeza le había provocado. Podía recordar el momento en que Robin se había quitado la gabardina lo suficiente para ofrecerle un vistazo de su perfecto culo. Tan prieto en aquella minifalda. El recuerdo lo puso aún más duro de lo que estaba, y eso que ahora lo tenía delante suyo al natural. La mejor manera de saborear las cosas. Sin aditivos.

Cada mano tomó posesión de una nalga que empezaron a acariciar, aunque la acción realmente se suponía que se trataba de enjabonarlo, y de vez en cuando no podía evitar el agarrar un buen pedazo de aquella carne que le estaba haciendo la boca agua.

Durante aquellas caricias no pudo evitar, seguramente porque eso mismo había sido su intención, que algunos dedos acariciasen la parte central de su culo. Aquello arrancó varios gemidos a los que reaccionó el sexo de Zoro con severas palpitaciones.

Robin notó como las manos de Zoro empezaron su descenso por sus largas piernas y supo que se había acuclillado para poder seguir con sus atenciones sin ningún problema. No solamente acariciaba sus piernas con ambas manos recorriéndolas con un movimiento que Robin le habría devuelto sobre el miembro de Zoro si en vez de estar lavándose estuvieran… Robin no se atrevía a dar voz a sus pensamientos por miedo a romper el momento actual. Pero Zoro seguía inmerso en sus propios pensamientos mientras le lavaba con mimo y cuidado los pies de Robin. Aquellos diez deditos lograron sacar una sonrisa a Zoro, una sonrisa perdida por Robin.

Recordando a lo que estaba, Zoro terminó con los pies para regresar a aquellas piernas tan sensuales. El baño se llenó de los sonidos que emitían los jadeos y gemidos de Robin cuando las manos de Zoro llegaron al interior de sus muslos. Poniéndose en pie y dándole la vuelta a Robin para tenerla cara a cara, Zoro la mantuvo contra la pared mientras una mano recuperó su lugar sobre uno de los pechos de Robin, que le dio la bienvenida con gran ansiedad, al tiempo que su otra mano no detuvo el movimiento que ejercía sobre el sexo de Robin al que acariciaba con sabios movimientos.

Aquellos dedos recibieron un beso por su buen hacer y ellos lo sintieron como una invitación para poder dedicar su atención a la última parte de la anatomía de Robin que les quedaba por lavar. Por supuesto que sabían de que manera debían tratarlo y los gemidos de Robin mostraban que, a pesar del tiempo transcurrido, aquellas manos, aquellos dedos, aún recordaban perfectamente el cuerpo de Robin. Una lástima que el propio Zoro no lo hiciese pero no se puede tener todo… por ahora.

Robin se estaba dejando llevar por aquellas sensaciones que casi se había olvidado de que se estaban lavando. Algo que le recordó Zoro retirando sus manos de su cuerpo totalmente enjabonado. Esta vez el gemido de reproche de Robin no podía ser justificado aparte de por lo obvio del momento.

Debía morderse su labio inferior para evitar ponerse a gritar.

Gritarle a Zoro para que volviera de nuevo a su sexo que ardía por sus atenciones.

Gritarle por haberse atrevido a detener sus caricias.

Gritarle por querer lavarse únicamente sabiendo lo que sus cuerpos les estaban pidiendo y que ellos podían escuchar con total claridad.

…pero sobre todo, Robin quería gritarse por haber causado todo esto… por haber sido tan débil en el pasado y por haber perdido tantos años de la compañía de Zoro. De su amor… de su protección.

Él solamente había pedido protegerla durante el resto de su vida porque la amaba pero ella, con una ingenuidad egoísta, creyó que lo mejor que podía ofrecerle era una vida lejos de ella, lejos de los peligros que siempre estarían acechando en su vida. A Zoro no le importaba nada de eso y había decidido permanecer a su lado aún con más ganas… pero, tras todos los años que vivió en continua persecución, llena de miedo por la facilidad de traición que mostraban las personas… ¡No! Robin no podía permitir que Zoro estuviera con ella porque a pesar de sus palabras de amor, a pesar de sus promesas de protección y fidelidad… al final pensaba que conocía cual iba a ser el resultado.

Traición. Abandono.

¿Por su propia culpa? ¿Por alejarle de su propio sueño? ¿Por puro agotamiento?

Tantas posibilidades y un solo resultado.

Soledad.

Así que ella cortó con el camino que sabía iba a llevar hasta ese final y decidió cortar cuanto antes y así evitar un daño mayor. ¡Se había equivocado! El daño resultó tan devastador como pensó que sería tras el paso del tiempo. ¿Cómo era posible con el poco tiempo que compartieron? Por eso se intentó hacer a la idea de que si tan doloroso había resultado ser en esos momentos, ¿no habría sido mucho peor si hubiera esperado a que el tiempo transcurriera hasta el momento de la esperada traición y abandono? Robin se había agarrado a ese pensamiento como a un clavo ardiente… y ahora, tras estos años, se encuentra de nuevo con Zoro para comprobar que sigue siendo igual que antes. De ideas fijas y enfrentándose a todo y a cualquiera que se interpusiera entre él y su sueño… de la misma manera en que le había prometido que haría con ella. Colocarla a la altura de su sueño, e incluso por encima de él. Robin había pensado que solamente eran palabras de un muchacho enamorado…

Ahora estaba claro que habían sido verdades… y por eso dolía tanto… por eso necesitaba recuperarle… aunque solamente fuera para poder disculparse a un Zoro que la recordase y de esa manera pudiera gritarle, odiarla, pegarla e incluso… matarla. Porque se lo merecía después de lo que le había hecho…

…después de haber matado a la persona que Zoro quería.

Zoro la atrajo hacia él y Robin no pudo evitar fundirse en su cuerpo mediante un simple, pero más que sentido, abrazo. A pesar de que no le gustaba, pues en parte sabía lo que podía estar pasándole por la cabeza a Robin con todo eso del pasado compartido, Zoro no rompió el abrazo y la dejó tener su momento.

Por supuesto que solamente le dio unos segundos para disfrutarlo, no obstante ya se habían enjabonado todo el cuerpo y ahora tocaba aclararse. ¿Cuerpo y mente? Eso se vería más adelante, por ahora era el turno del cuerpo.

El chorro de agua cogió inesperadamente a Robin y su grito de sorpresa le devolvió la sonrisa a Zoro… una sonrisa que, una vez superado el momento, fue acompañada por una propia de Robin.

Sin decir palabra… solamente con delicados movimientos de sus manos, se fueron aclarando sus cuerpos y borrando la marca de aquel gel y champú de sus cuerpos. A pesar de que, una vez más, volvían a recorrer sus cuerpos, en estos momentos era más una experiencia de inocencia que de lujuria como habían estado viviendo antes el baño.

Por supuesto que ninguno de ellos parecía ser capaz de poder entrar en contacto con el cuerpo del otro para que el mundo dejara de existir salvo ellos dos. Y ahora se trataba de un 'ellos dos desnudos y mojados', y esto último en todos los sentidos de la palabra.

El agua, con la ayuda de aquellas manos, terminó por hacer desaparecer hasta la más insignificante burbuja de espuma de sus cuerpos. Ni champú, ni gel… ni nada. Únicamente quedaban sus cuerpos limpios y preparados para lo que viniera a continuación.

En algún momento durante el aclarado sus cuerpos volvieron a entrar en íntimo contacto. Sus sexos… sus piernas… los senos de Robin con el pecho de Zoro… sus manos con sus espaldas para mantenerse lo más juntos posible… y finalmente los más esquivos…

Sus labios.

Sus rostros se acercaron lentamente pero seguros de saber el desenlace de esta acción. Sus ojos profundizaban en el alma del otro y por un momento Robin creyó ver una chispa en las pupilas de Zoro… un fogonazo…

¿Reconocimiento?

Cerrando los ojos cuando sintió como las namida iban a surgir, Robin deseó con todas sus fuerzas que realmente fuera reconocimiento… aunque fuera algo ínfimo y vago… pero la esperanza de que en su interior aún estuviera el Zoro que la conocía… que la amaba era, en estos momentos, lo más importante de su vida…

…no su sueño… no el Rio Poneglyph…

Recuperar el amor de Zoro.

Y como en un senjo no konto todo comenzaría con un seppun.

Los labios de Zoro y Robin se fundieron mientras se perdían en las intensas sensaciones a las que se veían arrastrados por un simple chuu.

Por un momento era incapaz de hacerse a la idea de estar besando a Zoro. Tanto tiempo había transcurrido en el que habían compartido un baño… seguido del sabor de sus cuerpos.

Robin notó como las manos de Zoro pasaron de su espalda hacia su torso en un conocido movimiento que la cogió por sorpresa. Momento elegido por Zoro para saborear la calidez de la lengua de Robin. Cogiendo el rostro de Robin entre sus manos la besó con una intensidad que, realmente, negaba el desconocimiento que tenía Zoro de ella. Sus lenguas se reencontraron tras tanto tiempo pero a pesar de ello, seguían recordándose como si no hubiera pasado ni siquiera unos minutos del último seppun compartido.

Esta sensación era lo que más echaba de menos… mucho más que el contacto de sus cuerpos… de sus besos incendiarios… Para Robin nada podía compararse con los gestos tan tiernos que Zoro le ofrecía cuando le acariciaba su rostro. Una simple caricia pero que para ella significaba más que el mundo entero.

Sus cuerpos necesitaban más y el contacto entre ellos no hacía sino aumentar la tensión de sus sexos. Les hacían ver lo que querían pero ellos estaban perdidos en los labios del otro. Nada parecía ser capaz de traerlos de vuelta del lugar en el que se encontraban. Nada… a excepción de sus ojos…

La mirada de Robin logró dejar sin aliento a Zoro que separando sus labios dejó lugar para que pudieran recuperar el ritmo normal de sus respiraciones. Pero aquella mirada le hizo recordar a Zoro el interés que tenía Robin en él… en ese Zoro que se suponía la conocía y… la amaba. Por una mirada semejante Zoro habría deseado que él pudiera ser esa persona, pero si de algo estaba seguro era que resultaba imposible e incomprensible el que alguien, incluso alguien como él, pudiera olvidarse completamente de una onna tan particular como era Robin. Reijin… Eigo… ¡No! Era imposible que pudiera olvidar a alguien como ella. La única explicación posible era que Robin se equivocaba de persona. No era de él de quien estaba koikomoru… y Zoro no podía dejar de pensar que era una pena. Onna como ella no había muchas… ¿la verdad? no había ninguna más. Ella era única y especial.

Y no era para Zoro.

Robin sabía lo que le estaba pasando por la cabeza a Zoro y eso le hacía aún más daño a su corazón del que ya estaba sufriendo. Su mano acariciaba con gran ternura la mejilla de Zoro, y su corazón saltó cuando él se dejó llevar por aquel gesto.

Sus labios la urgían a regresar de nuevo al seppun que compartían con los labios de Zoro pero se detuvo justo delante. Cuando no les separaba apenas su propio aliento. Lo que más quería era volver con aquellos labios… con aquel cuerpo que conocía tan bien, pero ese era el problema. Conocía el cuerpo pero la persona era otra. ¿Podría estar con esta persona, o estaría pensando en su Zoro?

El kenshi sabía muy bien de que trataban las dudas que podía ver en el rostro de Robin, en sus profundos intensos ojos azules. Si aceptase la palabra de Robin de que realmente se conocían y que por alguna extraña causa había sido capaz de olvidarla, entonces sabía que Robin no se sentiría tan mal por lo que quería hacer… pero si en cambio, seguía en sus trece de que era ella quien se equivocaba y ellos dos nunca se habían conocido… entonces no podrían estar juntos tal y como Robin quería. Simplemente serían dos personas disfrutando de un poco de placer por la atracción que sentían entre ellos.

Sexo… y no el amor que Robin proclamaba que sentían el uno por el otro.

¿Y ahora qué era lo que tenía que hacer Zoro acerca de todo esto?

Cuando Robin sintió alejarse el rostro de Zoro del contacto que tenía con su mano sintió como si su corazón se le fuera a detener en ese mismo instante. Con la misma mirada distante en sus ojos Zoro se alejó de ella y sin importarle lo que pudiera pensar de ella, dejó que aquellas namida, que tanto le suplicaban que las dejase mostrarse, brotaron sin control deslizándose por sus mejillas.

En el baño únicamente se podía escuchar el sonido de los pasos de Zoro y los sollozos liberados de Robin. Unos sollozos que no paraban de aumentar su intensidad al escuchar como los pasos de Zoro le alejaban de su lado.

Así permaneció perdida en sus lamentos que no notó nada hasta que una toalla le cubrió la cabeza. La sorpresa fue suficiente para detener su llanto. Alzando ligeramente una mano la llevó hasta agarrar aquella toalla. Volviéndose se encontró con Zoro a su lado.

Sus ojos seguían igual de indiferentes que antes. Y a pesar de ello sentía como si algo hubiera cambiado. No sabría poder explicarlo pero era una sensación que recorría su cuerpo. Una sensación que pugnaba con el cálido deseo que la embargó cuando, en silencio, Zoro empezó a secarle el cabello.

Se trataba de un gesto tan dulce, tan emotivo que logró devolverle las namida a su rostro, aunque ahora no eran de tristeza… pero tampoco de completa felicidad, sino de dura determinación por recuperar a su kenshi. A su Zoro.

La persona a la que ama.

En la punta de su lengua se le quedó el llamarla baka por ponerse de nuevo a llorar, pero al ver sus ojos supo que aquellas ya no eran namida de tristeza y solamente por eso se contuvo.

Con sus dedos enjugó las namida que recorrían las mejillas de Robin. La belleza de su rostro, a pesar de la acción de las namida o incluso gracias a ella, resultaba de una intensidad que se le estaba grabando a su pesar en el corazón de Zoro. Ciertamente, si no conocía a Robin ahora le resultaría imposible olvidarla… pero si en verdad la conocía… ¿cómo pudo olvidarla? Esto era algo que a su pesar se estaba preguntando Zoro y comprendió que su idea de prohibirle hablarle sobre ese supuesto pasado compartido había resultado un grave error. Finalmente ella había logrado ser capaz de hacerle pensar en aquella extraña posibilidad… y, a su pesar, desear levemente que fuera cierta.

Sus dedos humedecidos por las namida de Robin se posaron sobre sus tiernos labios que bebieron de ellos. Luego hizo lo propio llevando aquellos mismos dedos a sus propios labios para saborear la mezcla de namida y rippu que ahora había en ellos.

Se trató de uno de los sabores más deliciosos que había tenido el placer de saborear… y no pudo evitar pensar si no era la primera vez que lo probaba. La única persona que pudiera darle una respuesta sería Robin y él se lo había prohibido.

En verdad él era el baka de esta historia.

Al quitarle la toalla de la cabeza pudo ver como le dejó todo su hermoso cabello oscuro todo alborotado. Sin poder evitarlo empezó a reírse entre dientes mientras mostraba su media sonrisa… a pesar de que hacía tanto que no había podido ver la sonrisa de Zoro o escuchar la alegría de su risa, tampoco es que le hiciera mucha gracia ser ¿la causante o el blanco? de ella.

Antes de darle la oportunidad de defenderse, Robin le quitó la toalla y empezó a secarle la cabeza con fuerza. Las protestas del kenkaku solamente servían para hacer reír a Robin y redoblar sus esfuerzos. Pero a pesar de todo Zoro logró agarrarla de las muñecas… y aún así Robin continuó secándole la cabeza.

¿?

A través de la toalla pudo ver que lo que había agarrado eran unos 'brazos fleur' que Robin usó de cebo para Zoro. Pero lo que más le volvió a llamar la atención de Zoro fue la sonrisa de Robin.

Su sonrisa… sus ojos… sin poder evitarlo Robin estaba introduciéndosele en el fondo de su ser. De su corazón… su alma… ¿su cuerpo?

Zoro le soltó aquellos brazos extra y se dejó hacer hasta que Robin tuviera suficiente con aquella toalla. Pero no fue el haber terminado de secarle el cabello, que así lo parecía, sino el estar bajo la mirada tentadora de Zoro.

Para Robin no había ninguna duda… nadie podría dedicarle semejante mirada sin que tras ella se ocultase la fuerza del sentimiento del amor. Sabía que estaba ahí y lo que debía hacer era hacerle ver… recordar…

La tierna caricia sobre la mejilla de Zoro fue el preludio de lo que tenía que venir. Absorto en aquella agradable sensación fue como ver en lentos movimientos como Robin acercaba su rostro al de Zoro. Sus labios reencontrándose en un nuevo y apasionado seppun.

Querido y deseado por ambos.

Robin entrelazó sus brazos en el cuello del kenshi mientras este se iba perdiendo en las profundidades de semejante seppun. Sin avisar, ni una palabra o gesto, Zoro la cogió en brazos sin dejar de besarla. Si Robin se dio cuenta de que ahora sus pies ya no tocaban suelo no lo hizo ver. Lo único en lo que parecía estar toda su atención y todo su interés era en los labios de Zoro… en aquel chuu y en el contacto de sus cuerpos desnudos. Piel contra piel.

Los pasos de Zoro los llevó hasta la enorme cama que presidía el dormitorio. ¿Cómo le fue posible encontrar la habitación correcta en la elección que tuvo que hacer entre cuatro puertas? Ni siquiera se detuvo a pensar y simplemente se dejó llevar por lo que quería hacer ahora mismo. Tal vez ese sea el motivo… para hacer lo correcto debería dejar de pensar las cosas tanto y simplemente hacer lo que le pide…

¿Robin? ¿Zoro?

Daba igual, lo único importante aquí era la sensación de tranquilidad, paz y plenitud que podía sentir por cada poro de su piel. ¿Era Nico Robin la causante de que sintiera todo eso? ¿Quería decir que realmente se conocen de antes y que fueron aikouka?

Zoro colocó con gran delicadeza a Robin sobre la cama. Su cuerpo limpio y renovado del que no quedaba ni rastro de aquella agua purificadora. La suavidad de su piel era como el canto de una ningyo: atrayente.

Se quedó allí de pie observando la uruwashii del cuerpo de Robin mientras ella le miraba con sus ojos entornados de una manera muy kannouteki que le ponía el vello de punta a Zoro… y, a pesar de sus esfuerzos, no era lo único que aquella onna lograba levantarle.

Con aquella sonrisa maliciosa Robin alzó una mano hacia Zoro que, para sorpresa de ambos, cogió entre la suya sin un mínimo atisbo de duda en su acción. Con sumo cuidado Robin lo atrajo hacia si y Zoro se postró al lado de aquella bijo.

Por unos minutos parecía que se iban a quedar de aquella manera, pero entonces Robin se giró hasta que su cuerpo quedó parcialmente sobre el de Zoro. Su cabeza apoyada sobre el pecho del kenshi. Acomodándose colocó su pierna derecha sobre la de Zoro.

Y cerrando los ojos se hundió en las profundidades del sueño… con la esperanza que una vez se hubiera despertado Zoro siguiera a su lado y más cerca de ella.

Lo último que sintió antes de caer dormida fue el leve contacto de los labios de Zoro dándole un seppun en la frente.

Robin se durmió con una sonrisa en sus labios.

Continuará en el Capítulo 12: Lo que ahora necesito

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Este ha sido el final del capítulo 11… un capítulo en el que había tanto que decir que al final… ¿se dijo lo suficiente? La verdad es que fue un capítulo tranquilo de transición en el que no ocurrió nada relevante y en el que únicamente se puede constatar… ¡¡qué no sabemos nada!! ;DD

Bueno, después de mucho tiempo no sé si esta clase de capítulos son los que se necesitan pero, ¿qué se le va a hacer? Lo que es, es y lo que ocurre pues ocurre.

Veamos las reviews del anterior capítulo… me encanta que la gente pida más capítulos y los lean con tantas ganas, lo ¿gracioso? es que en el anterior capítulo poca gente se atrevió a dejar alguna palabra… supongo que será por el tiempo… y el tiempo que se tarda en escribir algo para dar ánimos o quitarlos ;P Ahora en serio…veamos que me han dicho el año pasado, ¡huy, para acordarse ahora! ;DD

StNuky: Fíjate que desde este día ya no he vuelto a nombrar tu fic, ahora se ha convertido en 'el fic que no puede ser nombrado' y, a pesar de que no te esté atosigando con mis peticiones y súplicas, ya tienes a punto el nuevo capítulo… aunque pensándolo bien lo tienes desde el año pasado y aún no lo has subido… ¡¿UN AÑO?! eso si que es tomarse su tiempo… (aunque yo no puedo hablar mucho acerca de este tema ;P)

Pues para que veas que al final no todo va a salir como uno quiere, pues ¿quién querría acabar desnudo en una cama con uno de estos dos? ¡¿o con los dos?! O.O

Ya sé uno de tus regalos de Reyes… ¡¡¡unas uñas nuevas!!! Ha ha ha ha ha… es lo que dijiste que iba a suceder, ¿verdad? Me pregunto cuando fue el día en que te quedaste sin uñas… ¿echarías 'mano' de las de los pies? ^^

Y para que veas que al final se obtiene todo lo que uno desea (o casi todo ;P) no podrás decir que llegó tarde, muy muy muy tarde, el último capítulo de 'Donde vive tu corazón', último en ser subido, no que fuera el último. ¡Menudo final más raro me habría quedado! n.n

Pues fíjate, ahora ni pasado, ni presente, ¿ni futuro?... bueno, futuro seguramente.. ¡Si!

Un inciso, ahora mismo estoy escuchando la soundtrack de 'Death Note', el corte de Kira y ¡¿qué quieres que te diga?! He terminado de ver el anime hace unos días, no sé si el haber estado enfermo fue un aviso o no, porque el final, la aportación de Near a la resolución no me gustó nada. L… y no se necesita añadir nada más.

Si para ti es interesante lo que pasa entre estos dos… pues menudo chasco te habrás llevado ;DDD

¿A qué te has estado dedicando todo este tiempo? Espero que trabajando intensamente en 'el fic que no puede ser nombrado'.^^

Gracias por los Besos… y para que veas que soy generoso (eh, eh… si tú ya sabes que hablo de ti… ¿o sería de la otra? A veces me complico la vida yo solito) te mando mi propia remesa de Besos y todos, todos para ti solita. ;)

P.D. Siempre todo para ellos dos… T.T ¡¡Pero se lo merecen todo!! ^-^

Gabe Logan: Pues al final si hubo suerte y finalmente e podido subir el capítulo. Ahora lo que me toca por hacer es romper con todo y cargar con vuestras quejas y protestas… si, si. Sé de lo que estoy hablando y seguramente no exagero para nada. Pero ya se sabe que las cosas siempre salen como uno quiere hasta que no lo hacen. ;DD

Espero que hayas disfrutado del capítulo… y ya nos leeremos pronto.

Christti: Besos y más Besos para mi lunátic- digo, lectora fiel, ¿o debería decir lectoras con tantas personalidades que se esconden en esa cabeza loca tuya? ;P

Y ahora, ¿en qué vespertina hora has terminado por leer el capítulo? Aunque tampoco es que me interese mucho (¡¡si que lo hace!!) y me parece que 'gracias' a ti la rebelión de las máquinas se va a adelantar unos años antes. *-* ¡Arigatou! Y no engañas a nadie, que tú no duermes en absoluto. Seguro que eres un sosias de L. ;DDD

¿Lo de Mihawk iba en serio? O sea, ¿lo nombraste para decir que si lo nombrabas aparecería o lo nombraste sin la intención de que pensase que lo había nombrado para hacerlo aparecer por haberlo nombrado? Mmmmm… mejor olvídalo y ya aparecerá. ;P

Únicamente debemos esperar a que no lo despierten porque tengo la ligera sospecha de que no es de los que les gusta el ser despertado de su sueño… fíjate, igualito a cierto kenshi que conocemos, ¿verdad? ^^

Supongo que la noticia recorrerá la ciudad por los cauces más normales… seguro que Cobra es de los primeros a los que les irán con el chisme… Si es que la gente cuando se aburre no hace más que cotillear de los demás. ;DDD

Tal vez si se diera cuenta pero pensaría que sería su imaginación pues, ¿para qué se podría quedar Robin en la habitación estando él desnudo en el baño? Mmmm… creo que habías dicho algo de que era baka, ¿verdad? ¿Te vale como respuesta? ;P

¿El nombre de este capítulo? Pues el que ponía en el aviso de continuará… justamente el mismo que poner aquí al lado del Capítulo 11:

¿No está lo suficientemente claro después de leer el capítulo? El nombre del capítulo es

Como no se cuantos Besos me has mandado yo te mandaré simplemente unos cuantos Besos para ti. ;) Y esa bromita la veía venir desde que se me ocurrió darte este nombre. Huy, ¿será qué la originalidad brilla por su ausencia…'intelectual'? ;P

Nah, unos cuantos Besos más. ^^

Hasta aquí por hoy (y por unos cuantos día más)

Ya sabéis, dejad reviews si os sentís con fuerzas para ello y mientras tanto disfrutad de los fics que más os gusten. Podáis decir el nombre del fic o no… ;P

'La leyenda de la isl-' AAAHHHH, ¡¡¡TABÚ, TABÚ!!! ;DDDD

Huy, que se me olvidaba otra vez… n.n

GLOSARIO:

Kenshi: Espadachín.

Onna: Mujer.

Reijin: Mujer hermosa.

Kannouteki: Sensual.

Iroppoi: Voluptuosa y sexy.

Uruwashii: Belleza.

Aikouka: Amantes.

Chuu: Beso.

Namida: Lágrimas.

Senjo no konto: Cuento de Hadas.

Seppun: Beso.

Eigo: Inteligente.

Koikomoru: Estar profundamente enamorado.

Baka: Idiota.

Rippu: Labios.

Kenkaku: Espadachín.

Ningyo: Mujer pez. Sirena.

Bijo: Mujer hermosa.

Y tras habernos dicho todo lo que teníamos que decirnos me despido de todos ustedes hasta el próximo capítulo. Disfruten y lean, lean de todo y vean también. ;P

Nos leemos. ^^