Notas Iniciales: ¿Consideran correcto su amor?
Capitulo 11. "Felino Herido"
Habia un rastro de melancolía aleteando en el aire, una superficial caricia parecida a la respiración acompasada de Todomatsu durmiendo a su lado cerca, muy cerca, de su rostro. Sus hermanos mayores yacían de lado contrario al sexto y Jyushimatsu -justo como el menor había solicitado- se mantenía recostado a la orilla en que Ichimatsu pasaba las noches, de pronto sintiéndose un invasor y además intrigado por lo que el cuarto Matsuno podría estar haciendo mientras todos gastaban las horas en un extenso sueño que prometía mantenerles adormecidos en sus fauces por mucho más tiempo. Jyushimatsu no había podido dormir, aunque el calor corporal del sexto le ofreciera acurrucarse contra el contacto para caer inconsciente al reino de los sueños, simplemente no fue capaz de cerrar ambos parpados en honor al cansancio. La noche siempre la consideró un generoso espacio para gozar despierto el sin número de sombras diluyéndose entre sí para enseguida convertirse en una sola bruma y esa noche en especial se percibía más activa debido a la falta de presencia en el extremo contrario del futon, la ausencia que para él jamas sería ignorada pues él no era Ichimatsu sin importar que en esos momentos ocupara su lugar. Donde estuviera él estaría su derecho a pertenecer al lecho de ensueño, a donde fuera le acompañarían las cuerdas atadas a ellos como familia, por eso Jyushimatsu decidió hacer caso a los susurros incansables que adornaban el espacio, se levantó del sitio dejando a Todomatsu en la misma posición para avanzar a gatas hacia la madera tibia y después a la puerta antes de que perturbara el descanso de cualquiera de sus otros hermanos a quienes miró de reojo sólo para asegurarse de que ninguno se había percatado del movimiento que ejerció en dirección a la salida. Al no percibir más que ligeros ronquidos, eligió adentrarse por completo a el silencioso pasillo, cerrando la puerta corrediza suavemente tras su espalda. Todomatsu tendría que perdonarlo sino despertaba al día siguiente junto a él, en esos instantes las voces no hacían más que nombrar al cuarto de ellos con insistencia.
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Ichimatsu se dejó contemplar el abismo que en aquellos segundos de inmovilidad aturdía la habitación, hipnotizado por el silencio y el frío que ocupaba el espacio indescifrable cual perímetro fácilmente se confundía con las espesas sombras. Molesto, se preguntó el motivo por el que la visión humana estaba tan limitada pues seguramente el felino frente a su figura percibiría la ínfima cantidad de objetos entre la oscuridad siquiera abriera los ojos, y pensarlo volvió a crear un hueco doloroso en su estomago. Mientras más lo pensaba más indigno se descubría de pertenecer a ese reino que tanto anhelaba pues un humano como él poseía demasiadas debilidades cargando sobre sus hombros, aunque tuviera un par de piernas largas y dos brazos con pulgares y otros dedos componiendo sus manos no se creía con poder suficiente. No podía trepar paredes, no tenía garras y -aunque ahora sus dientes estuviesen afilados- desde pequeño se había dado cuenta que estaba atrapado en ese cuerpo con imponencia de fachada, a menos que se uniera a la sociedad no podría sobrevivir una sola noche en la ajetreada hilera de edificios, no sin cuatro patas y la habilidad para saltar varios metros desde una superficie alta. Se miró una de las palmas con las cuales había estado abrazando sus rodillas, cerrandola en un puño al comprender que continuaba siendo humana, tensó la mandíbula apretando los dientes sin medir sus fuerzas. Ya debería haberse resignado pero aún actualmente no era capaz y las palabras que le había dicho Karamatsu en aquella lejana época volvieron a su cabeza, resonando en forma de un eco insoportable que se repitió una y otra y otra vez estresando su psiquis.
"No eres un gato, Ichimatsu"
Era cierto, no lo era y era eso lo que más le envenenaba la moral. No era un gato y estaba seguro que jamas podría serlo, por eso algo debió haber sucedido el día en que nació, alguien -una entidad, un dios o lo que fuera encargado de traer almas al universo- debió equivocarse. Matsuno Ichimatsu no tenía idea de qué hacer con ese cuerpo que tan maliciosamente le fue concedido, no sabía de qué manera manipularlo, por tal motivo se había confinado a una orilla en cualquier habitación sin ejercer alguna actividad contemporánea, perturbada por mera apatía de aquellos que eran sus hermanos sanguíneos quienes -a su vez- desconocían cuánto lamentaba haber nacido en semejante anatomía inaccesible. ¿Por qué no podía cambiar esta despiadada realidad que se cernía a sus extremidades cual virus de una enfermedad extraña? Cuyos efectos se tragaban sólo lo mejor de sus instintos existenciales. No lo aceptaba, no lo haría aún si pasaran los siglos; él no era Matsuno Ichimatsu, él era un ser libre encadenado al suelo, incapaz de saltar, maullar y amenazar con sus garras. Ahora mismo era menos que un invalido sin ambiciones para luchar, un parásito sin necesidades reales por las cuales vivir. Muchas veces había atentado contra su propia vida por esta misma razón siendo frustrado en el camino por aquellos que no comprendían el castigo al que le sometían, cada una de sus circunstancias no estaban donde debían estar, sus acciones eran incorrectas y seguía este sendero porque no tenía otra opción, mas sin embargo, esto no dejaba de lastimarle. Pero entonces se dio cuenta de algo que le había ayudado a superar la horrenda fatiga de yacer en el sitio equivocado: su especie -a la que tanto envidiaba por su fortuna- siempre fue presa de esas criaturas con superioridad sobrevalorada a la cual él estaba sometido, ellos les dañaban sin una razón en concreto y a veces hasta por diversión enferma como la que había sufrido el gato delante suyo. Ichimatsu, al poseer la fuerza promedio de estos seres lampiños, podía defender a su propia especie en el acto, hacerles pagar a los presuntos agresores por sus injustificadas fechorías, así lo había decidido desde que entró en la etapa de la adolescencia y vivenció la muerte de su orgullosa amada, por eso no pretendía rendirse pasara lo que pasara, en realidad ni siquiera le importaba la opinión de sus hermanos, mucho menos el punto de vista del maldito Karamatsu.
De pronto una vibración en el suelo le hizo levantar la cabeza y mirar a la puerta cuando la escuchó ser corrida, descubriendo en el centro de ésta la silueta sonriente de Jyushimatsu que pareció ensanchar el gesto al verle ahí entre la oscuridad.
—Eres tú— reconoció Ichimatsu devolviendo la mirada con pesadez, inquieto por la manera en que se estrujaron sus entrañas como victimas de una presión monstruosa.
—Vine porque estaba preocupado— correspondió el menor acercándose con suaves pasos a la silueta de su hermano.
—No tenías que hacerlo, dije que yo me encargaba.
—¿No te sientes solo?
—M-Me gusta estar solo— replicó lanzando un chasquido luego de notar su lengua acalambrada, no llegaba a entender por qué se sentía nervioso tan repentinamente si Jyushimatsu siempre hacía lo que quería, incluyendo el venir a interrumpirle en sus obsesivos pensamientos.
—Podrías necesitar ayuda cuando el gato despierte. Yo soy muy rápido, mientras tú le atiendes en su despertar yo correré a traer todo lo que tú me pidas.
—Eres un entrometido—. Ignorando su rechazo, Jyushimatsu se tomó la libertad de sentarse a un costado de Ichimatsu con la mirada fija en el felino, atendiendo la forma en que su barriga se inflaba y desinflaba como efecto de su profunda respiración. La quietud en la atmósfera era abrazadora, rellenada solamente por el oxigeno filtrándose en los poros de ambos Matsuno hasta que Ichimatsu recordó un detalle de gran importancia con el cual interrogar la gratificante presencia su acompañante. —Oye, ¿no te importa?
—¿Qué cosa?
—¿No deberías estar allá arriba esperando el amanecer?
—¿Por qué?
—Todomatsu se enfadará si descubre que pasaste la noche conmigo.
—No tenía alternativa, era necesario bajar.
—¿Ah?
—Es que me preocupaba mucho estar con Ichimatsu-niisan cuando despertara el gato.
—Son bajas las probabilidades de que él despierte a mitad de la noche, ¿sabes? Estaremos inmóviles todo este tiempo si no llega a despertar. ¿Aún así quieres quedarte?
Tal vez estaba exponiendo demasiados puntos negativos sobre la situación pero Ichimatsu no podía ignorar a sus instintos gritándole buscar una buena excusa para echar al quinto hermano de ese lugar, era muy peligroso para ellos dos quedarse solos en medio de la oscuridad aguardando una oportunidad de movimiento. Se había percatado que su relación con Jyushimatsu estaba por fuera de los esquemas fraternales y no quería romper este orden por cualquier circunstancia inesperada, principalmente porque él era como un perro que no recibió educación para echarse en la orilla sin hacer escándalo cuando había visitas.
—Si— respondió Jyushimatsu al instante, sin llegar a meditar un segundo la respuesta, la cual el cuarto hermano no esperaba fuese afirmativa.
—Entonces está bien— asintió con pesar para permitir que volviera a alzarse el silencio en el ambiente cual densidad era abrazadora, o quizás eran sus entrañas siendo presionadas una vez más para generarle un calor inusual en sus mejillas por Jyushimatsu y su presencia incandescente como los rayos del sol. Notaba que la calidez del cuerpo del quinto hermano le brindaba seguridad, mucha más de la necesaria, por eso era que temía, aún siendo su mejor amigo y su hermano no creía poseer la fuerza para dominarlo si alguno de sus impulsos giraban en su contra. Nunca se debe subestimar las reacciones de un perro sin correa después de todo, aún encontrándose muy lejos de su alcance.
—Acompañé a Choromatsu-niisan esta mañana, lo seguí a todas partes— inició Jyushimatsu de pronto, haciendo a las pupilas de Ichimatsu vibrar interesadas. —Nos viste juntos, ¿cierto? Iba a un encargo de su trabajo o eso dijo él pero yo sé que, aunque sea de verdad su trabajo, Choromatsu-niisan está jugando, es lo que dicen las voces... "Choromatsu-niisan está sumergido en las sombras, Choromatsu-niisan juega a ser el Pilar"
El cuarto hermano abrió sus ojos con intriga, por supuesto que no comprendía las palabras de Jyushimatsu, al menos no del todo ya que ambos surcaban planos distintos pero podía darse una idea. Si bien tenía conocimiento de aquellas voces debido a que el menor se lo mencionó alguna vez, entendía también que estas siempre hablaban en clave y era su deber darles un sentido concreto. Desde el principio nunca fue su intención que Jyushimatsu descifrara todo lo que las voces le susurraban al oído, por eso no lo presionaría al respecto, nunca -desde que dieron inicio a los juegos- jamas lo hacía. Colocó la barbilla sobre sus rodillas, pensándolo a profundidad, dándose cuenta que era su turno de dar información pero algo le distrajo de sus intenciones y eso fue la manera en que su acompañante se encogió sobre su sitio, abrazándose igual que si hiciera demasiado frío causando que una alarma de alerta se disparara en la anatomía del cuarto Matsuno.
—¿Qué tienes?
—Están inquietas, últimamente hablan sin cesar. Murmuran, murmuran y murmuran muchas cosas, es como si trataran de formar recuerdos en mi cabeza. No las comprendo, han estado así desde que llegué aquí, desde que vimos a mamá en esa habitación.
—¿Qué es lo que te dicen?
—Osomatsu-niisan...
Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Ichimatsu cuando vio a Jyushimatsu levantar la mirada al techo que les cubría y que -irónicamente- representaba el piso de su recamara aunque no tardó en notar que la mirada del menor estaba fija en un sólo punto, uno que parecía ocultar algo entre sus componentes de madera e inevitablemente se supo abordado por un sentimiento de terror inexplicable, mismo que trató disipar articulando palabras.
—Me aseguré de estudiar a los otros el día de hoy— dijo capturando la atención de su hermano enseguida. —Mierdamatsu sigue igual de apartado del campo así que no es necesario preocuparnos por él en estos momentos pero Osomatsu-niisan es diferente, hay algo en su aura, no sabría especificar de qué se trata pero lo percibo. Es de quien más debemos cuidarnos.
—¿Qué hay de Totty?— cuestionó desentendiendo a su interlocutor. —Solías decir que es el más peligroso de nosotros seis. ¿Acaso mentías?
—Para nada, Todomatsu es peligroso. Si nos distraemos nos atacará por la espalda pero no se moverá a menos que ocurra algo llamativo, es por eso que debemos mantenerlo al margen mientras podamos. Si alguien de nuestros hermanos posee oscuridad, ese es él.
—Ichimatsu-niisan, ¿quieres detenerlo por ti mismo?
—He tenido suficientes enfrentamientos con él para saber cómo opera. Limítate a estar a su lado, no será difícil para ti hacerlo de cualquier modo, eres su favorito— sentenció antes de desviar la mirada hacia otra dirección, repentinamente negandole a Jyushimatsu el acceso a sus pupilas con una expresión que el receptor apenas pudo seguir. Mil voces exclamaban pidiendo una explicación mientras otras miles se desviaban a gritar el nombre de Ichimatsu sin cesar. Aquellos ojos celosos y esos labios flojos por la resignación crearon un nuevo hueco en la mente de Jyushimatsu, aturdido por el impulso de lanzarse sobre él, abrazarlo, aunque no comprendía por qué lo hizo antes de siquiera pensarlo, no importándole que la piel de Ichimatsu se erizara alertado, igual que un gato al que le han dado el susto de su vida. Su hermano era un gato, uno que ha recibido toda clase de maltratos, por eso no le daba miedo ser rasguñado a causa de su osadía, en realidad estaba pidiendo recibir el daño con el que cargaba esa alma herida. Quería su poder, deseaba su oscuridad.
"Ichimatsu-niisan, Ichimatsu-niisan, Ichimatsu-niisan"
—¿Qué demonios estás haciendo, Jyushimatsu?—. El cuarto Matsuno se estiró en el suelo, intentando safarse del intenso agarre del otro sobre su cuerpo, escandalizado por el sin número de posibilidades a los que podrían estar ligadas sus sorpresivas acciones.
"Ichimatsu-niisan, Ichimatsu-niisan, Ichimatsu-niisan"
—¡Jyushimatsu! ¡Basta! ¡Suéltame! Deja de...—; las palabras de Ichimatsu murieron apresadas en su garganta, desorientadas por la manera en que percibió la posición de sus cuerpos. Ambos en el suelo, Jyushimatsu encima suyo, enterrando su rostro en su estomago, frotando el pecho contra su entrepierna, despertandola de manera involuntaria. Estando consciente de ello, Ichimatsu fue receptor de una fuerte descarga eléctrica, sintiendo al frío golpear su piel, generar emociones desordenadas. Peligro, sólo eso podían gritarle sus instintos. Habia un peligro alto aleteando en el aire.
"Ichimatsu-niisan, Ichimatsu-niisan, Ichimatsu-niisan"
—Ichimatsu-niisan...— susurró con somnolencia, aturdido por la manera en que se encontraba dispersa su cabeza. Para él, en esos momentos no existía el tiempo, no había un espacio ni una ley de gravedad, se sentía flotando en una dimensión en la que no existía nada. Era como estar muerto sin un alma que pudiera levitar en esa inmensa nada, sumergidos en un sueño. Entonces Ichimatsu observó la manera en que el quinto en la linea de nacimiento se apartaba sin llegar a ponerse de pie con su inseparable bate en las manos, el cual levantó en alto amenazando con golpearlo sin clemencia y él supo a sus extremidades quedarse quietas, no responder a las ordenes de su cerebro por reaccionar a la agresión prometida; y vio la expresión de alegría de su pequeño hermano plasmada con naturalidad en la cara. Iba a matarlo, esa intención la tenía impresa en su sonrisa y en esos ojos fijos en él mas Ichimatsu estaba dispuesto a morir en sus manos, después de todo pensar que moriría le excitaba. Pero cuando el bate descendió y perforó sin piedad su cráneo, penetrando su carne y destrozando los tejidos musculares, él despertó para darse cuenta que había amanecido pues los primeros rayos de luz ahora atravesaban las ventanas del lugar, atrapándolo todo con su suave calor. Miró a su estomago cuando se dio cuenta de aquel sofocante peso inmovilizando su cuerpo para luego descubrir la silueta de Jyushimatsu recostado cómodamente dormido en este, se frustró al visualizarlo, se frustró porque su sueño se había visto tan real para que al final fuese una mentira y porque su adolorido miembro hormigueaba victima de la excitación que todavía lo asechaba. Necesitaba seguir fantaseando mientras el sueño continuase nítido en su cabeza pero sabía que Jyushimatsu no despertaría pronto y en consecuencia no se movería un céntimo para brindarle libertad de movimiento. Aunque no le molestaba para nada que lo usara como su almohada, el que se moviera regularmente hacía más complicado ignorar la dureza bajo sus pantalones, exigiendo alcanzar el orgasmo. Volvió a cerrar los parpados, intentando quedarse dormido otra vez.
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Cuando sus sentidos recuperaron la consciencia, Choromatsu se estiró con pereza sobre la esponjosa superficie del futon que ocupaba en compañía de sus hermanos, se levantó restregando sus ojos contra las palmas de sus manos y miró a su derecha verificando que Osomatsu, Karamatsu y Todomatsu seguían profundamente dormidos. Sin embargo, tampoco tardó en notar la ausencia de Jyushimatsu e intrigado salió fuera del futon, deslizándose con cuidado por las escaleras y avanzando por los pasillos hasta llegar a la habitación en la que habían dejado a Ichimatsu, encontrándolo a él y al quinto Matsuno atendiendo al gato con genuina entrega. Hizo una mueca, ignorando lo obvio y se adentró al cuarto, seguro de que lo mejor sería cuestionar por la salud del minino.
—¿Cómo está?
—No hay problema— respondió Ichimatsu observando con alivio la manera en la que su precioso huésped se llenaba los bigotes de la leche que bebía, esforzándose por vivir, lo cual logró arrancarle una sonrisa conmovida. —Sobrevivirá.
—Jaha~ se levantó con mucha hambre, estuvo mordiendo los dedos de Ichimatsu-niisan mientras yo corría a la cocina para traerle leche y sardinas. ¡Este es el tercer plato que le sirvo! Tendremos que comprar mucha leche y sardinas más tarde.
—Ya veo— asintió Choromatsu con obvio desinterés, atendiendo a algo más importante que las aventuras de sus dos hermanos con el gato. —¿Qué hay de ustedes? ¿Al menos durmieron un momento?
—Dormimos— contestó Ichimatsu escuetamente, ganándose una mueca de fastidio por parte de Choromatsu pues odiaba cuando era tan poco especifico, pero no tenía ánimos de replicarle al respecto ya que estaba aturdido aún por el reciente despertar.
—¿Jyushimatsu?—. Esta vez Choromatsu se dirigió al menor de los tres, convencido de que él si revelaría algo de valor sobre el tema.
—Yo dormí alrededor de algunas horas, no sé de Ichimatsu-niisan pero estoy seguro que se durmió unos minutos después de mi.
—¿Ah, si? Menos mal, creí que se habían quedado en vela toda la noche. A propósito, Jyushimatsu, necesito que me acompañes más tarde con Dekapan-sensei.— Con sólo esas palabras, el mínimo rastro de alegría se esfumó de la atmósfera que rodeaba al quinto Matsuno, alertando la atención de Ichimatsu al instante por la brusca manera en la que la energía de éste se volvió opaca. —Hay algo que quisiera consultarle respecto a ti, así que necesito que estés listo para salir en una hora.
—¿Iremos a sus oficinas?— quiso saber Jyushimatsu, expulsando con su voz un extraño acento de guardia, mismo que provocó que el cuerpo entero de Ichimatsu se tensara.
—Sabes que no tienes razón para tenerle miedo, es una buena persona y sólo quiere que te mejores. Has convivido con él por bastante tiempo, son amigos, ¿recuerdas?— intentó tranquilizar el tercer hermano, percatándose de la casi imperceptible manera en que su hermano había comenzado a temblar.
—Sé que Dekapan-akase no es malo, él me ha ayudado muchas veces.
—Entonces no tienes que asustarte, sólo le haremos unas preguntas, ¿de acuerdo?
Jyushimatsu bajo la vista, inseguro, pero -antes de que pudiera dar a Choromatsu una respuesta concreta a su solicitud- Ichimatsu no dudó un instante involucrarse en la conversación.
—No irá.
—¿Eh?—. Jyushimatsu miró confundido a su otro hermano, él no había enfrentado la mirada con el tercero, simplemente se enfocó a dar una respuesta definitiva, sin rodeos.
—¿Qué dices, Ichimatsu? A ti no te corresponde decidir que-
—He dicho que no irá, Jyushimatsu me prometió quedarse en casa para ayudarme a cuidar de nuestro inquilino, por eso no irá a verlo hoy. Se quedará en casa todo el día.
Las facciones de Choromatsu se contrajeron en una expresión disgustada ante las palabras del cuarto en la linea de nacimiento pero no opuso resistencia a lo que dictaba pues se había dado cuenta del sugerente agarre que Ichimatsu había fijado en el brazo de Jyushimatsu como si intentara evitar que se lo llevara a la fuerza, aunque no era urgente ir a ver al profesor Dekapan después de todo; ya tendría tiempo de sobra para llevar a su discapacitado hermano con un psiquiatra profesional para atender mejor sus males mentales. Giró sobre sus talones indicando con ello su salida, no sin antes asentir a las palabras del antisocial de su otro hermano menor.
—Está bien, por hoy te dejaré jugar un rato más pero el día de mañana quiero que te alistes.
Luego internó sus pasos a los pasillos, dejandoles solos en su forzado silencio. Pasaron algunos segundos para que Ichimatsu al fin soltara el brazo del menor sin despegar la mirada del suelo que tan hipnotizante le resultaba en esos momentos. Jyushimatsu lo miró.
—¿Por qué dijiste eso, Ichimatsu-niisan?
—No necesitas volver a ese lugar sino quieres...— dijo, sorprendiéndolo. —Yo me opondré si intentan encerrarte. Si un integrante de la familia se rehúsa nadie podrá obligarte a entrar, estoy seguro de que mamá tampoco lo permitirá.
Los ojos de Ichimatsu finalmente se alzaron, conectándose a los de su hermano cuya sonrisa parecía estarse desgranando, porque para Ichimatsu era tan fácil ver lo que el quinto sentía en su boca y en sus ojos petrificados con una máscara de eterno entusiasmo. Ichimatsu no lo había hecho por compasión, era porque Jyushimatsu siempre había estado a su lado y porque lo había aceptando como sabía que sus hermanos nunca lo habrían hecho, por eso era su turno de apoyarlo, de tenderle una mano por su felicidad, una que seguramente no era la mejor pero si tal le hacía sentirse seguro entonces no tenía razón para arrebatársela como Karamatsu se la arrebató a él cuando más necesitaba de su apoyo moral.
—Gracias, Ichimatsu-niisan— dijo Jyushimatsu cuando pudo deshacer el nudo que tan dolorosamente se había forjado en su garganta, reteniendo un gran arsenal de sollozos que trataban de dominar su voz. Agachó la cabeza, ocultando la expresión que se formaba en su cara, destrozada por los sentimientos que tan reducidos estaban por sus muecas de risa, y el cuarto hermano acarició su cabeza aceptando sus lagrimas en total silencio; nada era más triste que ver a su mejor amigo llorar pero él no derramaría una sola por respeto a esa desamparada criatura plagada de luz y calor.
