Hellhound Co.
—Señor— llamó la joven Seras Victoria—, la señorita Hellsing está aquí.
Ella le vio suspirar, con el gesto resignado de cualquiera que tiene que lidiar con una insidiosa reportera, pero no iba a escapar ni poner excusas, la iba a recibir como había hecho desde que empezara el escándalo de la militancia del ex subdirector de la compañía a una facción neo nazi.
Seras entró primero y anunció, de nuevo, a Integra Hellsing, del Hellsing News, dolor de cabeza de cualquier empresario, novato o veterano, desde hacía tres generaciones. De hecho, cualquiera con conocimiento del tema, sabía perfectamente que la ruina de su familia se debía a Abraham Van Helsing, quien publicara en primera plana de su crecientemente popular diario, que el Conde era responsable del asesinato de una joven de buena familia.
No hubo juicio, juez ni jurado, pero la sentencia lo había llevado a la familia al exilio a una aún entonces casi rural Whitby.
—Buenas tardes, Alucard— dijo Integra dejando su abrigo en una de las sillas junto con su maletín.
—Buenas tardes, señorita Hellsing—respondió con el tono sarcástico que lo caracterizaba. Ella lo notó, pero prefirió ignorarlo, como hacía siempre que se encontraban.
—¿Estás de humor para una charla productiva? — preguntó.
—¿Te refieres a que si voy a darte detalles legales sobre el juicio de Walter?
—Eso sería productivo.
—El señor Dornez, anteriormente subdirector de Hellhound Co., se enfrenta a cargos por una supuesta afiliación a una facción neo nazi.
—¿Supuestamente?— preguntó mordazmente Integra.
—Supuestamente—repitió.
Su padre había aceptado la desgracia, dejándose llevar sin poner resistencia, pero él no, él había luchado y sobrevivido para levantar su propia compañía que creció a pasos agigantados, por lo que no le sorprendió encontrarse una tarde con una jovencita en la recepción, que deseaba una entrevista para su primer artículo.
Esa fue la primera vez que le vio. Necia y decidida, se había convertido en una constante en su vida, aunque con más frecuencia desde lo de Walter.
—¡Por favor! — exclamó sacando un cigarrillo de su bolsa, encendiéndolo sin preguntar si podía—¡Dame algo mejor que esa basura ensayada para la rueda de prensa! — ella hacía lo que quería y cuando quería.
—No te incumbe…
—¡La verdad! —interrumpió Integra señalándolo con el dedo índice —¡La verdad tiene que salir a la luz!
Enseguida abrió su maletín y sacó un montón de papeles que arrojó al escritorio. Él los miró apenas inclinándose al frente.
—¿Acaso es una casualidad que todos los reportes de actividad neo nazi son en las mismas que Hellhound Co. tiene filiales?
—Esta compañía no tiene relación alguna con esa facción, y las actividades adjudicadas a Walter, de comprobarse, son responsabilidad de él y de nadie más.
Integra resopló con el cigarrillo entre los labios dejando salir el humo. Apretó los puños y dio un par de vueltas frente al escritorio.
—¡Maldición! — se quejó —¿No entiendes que quiero ayudarte?
Alucard entornó los ojos manteniendo el silencio que había elegido tras su última declaración y eso no hizo otra cosa más que irritar más a la de por sí, poco paciente mujer que acabó por tomar sus cosas y salir del lugar.
Una vez en su auto, sintió la necesidad de encender otro cigarrillo, y así lo hizo.
Intentó acomodar las fotografías y los documentos que había recogido desordenadamente, no pudiendo evitar mirarlos detenidamente. Esa era la gran historia por la que un reportero podría esperar media vida y dedicarle la otra mitad a investigarla para publicarla y ganar el Pulitzer.
A ella no le importaba el Pulitzer, le importaba la verdad y saber que ella la había encontrado.
Hasta hacía unos años, la idea de las facciones neo nazis era risible, propio de paranoicos teóricos de la conspiración, pero con la tecnología y el resiente descubrimiento de las cuentas bancarias en paraísos fiscales gracias a un informático ocioso, algo empezó a tomar forma, algo que ella vio con horror mientras que Walter C. Dornez era acusado de neo nazi y que aparentemente Alucard se negaba a aceptar.
A menos que estuviese coludido con él.
Ese último pensamiento la molestó aún más.
Arrojó todo al asiento contiguo recargándose en el asiento, halando una bocanada del cigarrillo.
Recordaba cuando lo conoció. Su padre, en la cima de los medios de comunicación impresos, sin nada más que hacer, habiendo escuchado entre rumores un nombre vagamente conocido, la había enviado a presentarse ante aquél hombre, con la única encomienda de no dejarle olvidar lo que habían hecho con su abuelo y dejar en claro que podrían hacerlo de nuevo si no se ceñía a las reglas.
Por supuesto que ella no pasó el mensaje. Desde el momento en que le vio cruzar la puerta, tuvo la certeza de que no se podría derrumbar a un hombre como él con tanta facilidad con una noticia de dudosa veracidad.
No obstante, esto que sucedía con Walter y los neo nazis era un asunto aparte, y sin estar segura del porqué, no quería verlo hundido por eso.
El cigarrillo se acabó. Estaba por encender otro cuando alguien tocó la ventanilla del coche, se giró levemente, pero sin darle oportunidad para nada más, lo último que vio fue el fogonazo que hizo añicos el cristal.
Alucard resopló mientras el timbre anunciaba que había llegado al sótano. Estaba seguro de alcanzar a Integra, sino ahí, en su departamento, que no estaba realmente lejos.
Luego de pensarlo por unos instantes, había decidido que lo mejor era hablar con ella, hacerle comprender que se estaba metiendo en algo que él no tenía intenciones de resolver mediante juzgados, aún tenía su fiel Jackal para ajustar cuentas, por lo que era mejor que se mantuviera al margen.
Le extrañó que las luces titilaran, que la mayoría estuvieran apagadas. Caminó despacio, tanteando la culata del arma en el bolsillo de la chaqueta.
Lo que vio le heló la sangre, corrió hasta el auto abriendo la puerta. El cuerpo inerte de Integra cayó en sus brazos, manchando con su sangre sus ropas, manos y cara.
Reaccionó con el grito de alguien, un chico de largo pelo rubio y ojos azules con anteojos.
—¡Asesino! — gritó, y otro muchacho moreno le hizo coro.
Apretó tanto los dientes que parecieron chirriar, sin pensárselo, sacó la pistola y disparó dos veces.
Dejó el cuerpo de la chica en el asiento, reacio a aceptar la masa sanguinolenta en que se había convertido su cabeza, y tomando el maletín que antes ella le mostrara, decidió dejar todo atrás, el orgullo y la tragedia de la familia, la soberbia de su éxito personal.
Iba a buscar la verdad, pero no con la sutileza de Integra.
Comentarios y aclaraciones:
Fic No. 14: AU que contenga la muerte de un personaje importante
¡Lo logré! ¡Terminé! ¡No me la creo! Casi un mes después de la fecha original, pero dentro de la prórroga.
Me ha gustado bastante este reto, ha sido de lo más productivo, así que ya veré si me anoto para algo más.
¡Gracias por leer!
