Mi boca sabia horrible, y al abrir los ojos la vista lo era también. Estaba acostumbrada a esto, una sala de hospital grande y blanca, muy luminosa. Un dolor en mi cabeza en mi pierna y en todo mi cuerpo.

El me miro cansado, estaba a mi lado con su cabello dorado su sonrisa encantadora que me habia enamorado totalmente su mirada penetrante, pero ahora estaba triste.

-Solo me dejaste una carta. – me miro con molestia.

-No tenia otra opción. – murmure cansada. – solo espero que me disculpes.

-Las cosas no funcionan de esa manera. – hizo una mueca de dolor. - ¿Sabes siquiera lo que es despertarse y que la chica que se suponía que debería estar a tu lado no este y solo deje una carta?

-No importa, Edward. Volvimos a casa todo será normal ahora mismo. – mi pecho ardio, el no pudo responder. Emmett entraba en la habitación mirándonos a los dos. Edward se disculpo y salio de la habitación.

-Oh Bells! – corrió hacia mi. – Dios, estas bien. Estas bien, todo estará bien.

-Lo se. – le sonreí. – Gracias por estar conmigo Emmett.

-Bueno, fue Edward el que movilizo todo. – beso mi frente. – llamo a medio condado hasta dar contigo.

-¿En serio?

-Si. – suspiro cruzándose de brazos. – Bella, antes que preguntes. Jacob esta bien, mato a quien quería matarte pero ahora esta en la cárcel.

Pestañee varias veces.

-¿Qué? – chille. - ¿Cómo cuando donde?

-El se entrego al matar a Leah.

-Necesito verlo. – dije intentando levantarme con cuidado. – Necesito hablarle.

-Ahora mismo no, te prometo que cuando todo se calme iré.

-¡Me he cansado de que todo este en calma! – grite. - ¿Sabes? Pase mi vida entera esperando que todo este en calma, llegando a la conclusión de que mi vida nunca estará en calma.- me levante con cuidado. – tengo que ir.

-Bella….

-Sino me llevas me iré sola Emmett, y tu sabes que lo hago. No es un juego.

El lo pensó por un instante pero luego negó con la cabeza.

-Te llevare yo mismo con una sola condición.

¿Cuál? – respondí de inmediato.

-Que dejes a que sane tu pierna.

No había sentido el dolor hasta que el lo había nombrado, su palpitación me dejo casi sin aliento y el dolor aumento poco a poco.

-¿El esta bien?

-No lo creo. – se cruzo de brazos.- quiso hacerte daño.

-Me salvo la vida, Emmett. – lo mire suplicante. – no pretendo que entiendas nada de todo esto, pero me salvo la vida.

-Después de meterte en todo esto.

-Eso no quita nada. – suspire. – lo hizo, es lo que vale.

El me miro con el ceño fruncido y no pudo responder, el doctor entro mirándome sonriente.

-Últimamente vienes a visitarnos muchos querida. – dijo.

El comenzó a explicarme todo lo que pasaba por mi cuerpo, recibí dos disparos, uno en el brazo derecho y el otro en mi pierna,pero todo estaba calmado y tranquilo nada pasaba, según el; podía irme en unos días, mi herida estaba bien y solo me pedía cuidado.

Emmett se fue cuando Rosalie le llamo y le permití irse con el dolor que comía mi alma, Edward entro y se sentó a mi lado sin decir una sola palabra.

El silencio era mas que incomodo para mi, era un total desperdicio de tiempo. El solo suspiraba o me miraba de vez en cuando.

-Venga. – Rompiendo el hielo a mi estilo. - ¿Tienes algo que decirme?

-¿Disculpa?

Enarque una ceja mirándolo seriamente.

-No me dices nada Cullen. – murmure. - ¿quieres irte? Anda, ve. Puedo cuidarme sola.

-Temo que te vayas de nuevo. – negó con la cabeza. – me diste un susto de muerte.

-No pasara de nuevo. – el se veía muy tierno cuando se preocupaba por mi, me entraba una sensación al cuerpo casi inexplicable.

-Claro que no pasara. – ahora si me miro con los ojos tranquilos. – He conseguido algo.

-¿Una novia? – una punzada de molestia subió sobre mi, intente parecer normal pero no lo simule bien.

-No, quiero decir una habitación pequeña para mi.

-¿Te iras de casa?

-Creo que es lo mejor.

Me encogí de hombros aunque eso no era lo que yo quería hacer exactamente.

Quería gritarle y rogarle que se quedara conmigo. Pero cerré el pico contra mi voluntad y solo pude decir:

-Mi casa siempre estará a la orden del día. – Levante mi dedo meñique. – Siempre.

Asintió sin decir nada mas, yo lo pude mirar con determinación, su rostro estaba iluminado por algo brillante que no podía palpar, algo que definitivamente me llenaba de una total paz.

Cuando volví a casa, estaba todo un poco desordenado pero igual que antes, restaurada como nueva.

Edward me acompaño hasta mi habitación y me dejo en la cama, yo me recosté en ella. Encendió el aire acondicionado y me dio una sonrisa.

-Tengo que ir a recoger mis cosas. – asentí hacia el intentando aguantar mis impulsos.

-Pasa a despedirte cuando te vayas.

Yo pase un momento a solas dentro de mi habitación, intentando hacer cálculos de los días que estuve fuera de casa escondida de los demás.

Mi pierna estaba bien, podía levantarme y andar, pero no demasiado.

Pensé en irle a pedirle a Edward que se quedara un montón de veces, me había acostumbrado a su compañía, y el ya no estaría. La tristeza había inundado mi ser cuando decidí levantarme para pedírselo, solo una vez.

Antes de tocar la puerta esta se abrió y el asomo su gran cabeza por ella.

Nos miramos por un rato, sin expresión alguna, solo nos mirábamos fijamente. No pude contenerme, no pude callarme.

-Quédate, Eddie. – le susurre entrando en tierra prohibida, sabia que no debía enamorarme de el, que aun yo sentía algo por Jacob, pero solo pude repetirlo una vez mas. – Solo quédate un tiempo mas.

Esto fue lo suficientemente fuerte para que el con fuerza y rapidez me tumbara sobre la cama con cuidado y me besara para hacerme delirar una vez mas.

Y los campos prohibidos eran cosas que yo no quería ni tocar no con el, sabia que saldría dañada de todo esto después de todo, yo seria la única. Pero sus dedos eran tan suaves sobre mi piel, tan tranquilos tan acostumbrados a ella.

Como me toco ese día, nadie lo había echo y yo suponía que a esto sabia a las despedidas. Ojala, todas las despedidas fueran de esta manera.

-¿Cómo esta tu pie?

-Como yo. – acaricie su pecho dejando un corto beso. El se envaro y me miro con los ojos entre cerrados.

-¿Cómo tu?

-Si. – suspire. – destrozada.

-Te acostumbraras. – dijo el con un suspiro. – nos veremos en la universidad y mi amistad no se perderá como piensas.

Si supiera que la amistad era lo que menos me importaba entendería.

Pero también me diría que el me lo advirtió y que era un trato, solo sexo no sentimientos.

-Bien. – simule que no me importaba.

-Bien. – beso mi frente.

Yo me quede dormida entre sus brazos y cuando desperté en la soledad me sentía vacía, el se había ido y me había dejado solitaria en este lugar con un corazón que lo llamaba a gritos, ya no había nada que hacer y no lo podía evitar.

Yo había comenzado a querer mas de la cuenta a Edward.

Mis días pasaron algo tristes y aburridos, Emmett estaba con su amada Edward en un trabajo que consiguió en una cafetería del condado y yo sola, aunque eso no me molestaba. Pero los envidiaba a ellos.

No se que fue lo que Robert hizo como mi asesor jurídico para que nadie me llamara a juicio en contra de Jacob, solo le pedí que no quería tener líos.

A Jacob lo sentenciaron a treinta años de cárcel por asesinato y complicidad, me dolió infinitamente cuando Robert me hablo de su sentencia.

No pude esperar que Emmett me llevara así que tome mi auto y me dirigí al centro penitenciario de mi pueblo en la hora de visita.

Era un lugar poco agradable y los hombres dentro de las rejas cuando se enteraban que entraban mujeres comenzaban a decir palabrotas y a gritar como animales.

El oficial que me guiaba me llevo a un cuarto de color verde un poco oscuro y me hizo sentarme. Espere un rato hasta que la puerta se abrió y volví mi cabeza para verlo. Jacob estaba igual que siempre aunque se veía cansado, el uniforme le quedaba bien. El volteo a ver el oficial.

-¿Puedo volver a mi celda?

Me levante lo mas rápido que pude y me acerque a ellos.

-Jake, por favor. – murmure. – solo un momento.

El se quedo pensativo por unos segundos pero dio la vuelta a la mesa y se sentó en ella.

-Tienen diez minutos. – hablo el oficial con indiferencia y salio de la habitación. Yo no sabia que decirle, pero me alegraba verlo, se veía también aunque un poco delgado, pero igual que antes.

El fue el que hablo para romper el silencio.

-Bueno. – suspiro. – ya estas aquí, seria bueno que comenzaras a hablar.

Su voz hizo que mi corazón martilleara contra mi pecho.

-¿Estas bien? – fue lo primero que se me ocurrió, el me miro de mala gana.

-Si claro, es estar como en un club nocturno todo el tiempo. – se encogió de hombros. - ¿A que has venido Isabella?

La dureza de su voz me dolió.

-Vine a verte.

El sonrió, pero no era sonrisa amistosa.

-¿a sermonearme?

-A darte las gracias. – dejo de sonreír. – Por salvarme. Aunque eso te enviara a este lugar.

-Poco lujoso, ¿No? – sonrió de nuevo. – Igual cuando atraparan Leah yo estaría en medio del paquete.

-¿Por qué estabas con ella?

-Necesitaba dinero y ella me pagaba bien. – me miro fijamente. – Era un poco dictadora a veces, pero nada de lo que no pudiera aguantar. – suspiro. - ¿Cómo has estado tu?

-Bien.

-¿Segura? Te noto pálida.

-Siempre he sido pálida. – contraataque a la defensiva. – Creo que me comprare un perro.

El soltó una carcajada.

-¿Un perro?

-Si, Emmett esta con su mujer Edw…

-¿Edward?

Asentí pensativa. El aun me miraba.

-El se ha ido de casa. – murmure. – y ahora estoy sola en ella.

-¿Ustedes son….

Oh no. – aunque quisiera. Pensé. – Solo amigos.

El asintió mirando a la puerta, y presentí que esperaba a que lo vinieran a buscar pronto.

-Jake. – lo llame. - ¿Fue real?

El se tardo un momento para pensar en la pregunta que le había echo, con un suspiro de cansancio comenzó a mover los labios.

-Absolutamente. – dijo el. – Te quiero de verdad.

Lo mire sorprendida por que lo dijo en presente y no en pasado. Me levante de mi silla lentamente y me senté a su lado posicionando mi cabeza en su hombro.

-No quiero que vengas Bella. – tomo mi mentón y hizo que le mirara. – Este no es lugar para ti.

-Lo se. – suspire. – Pero si decido venir, no me rechaces seria duro para mi.

-Pero intentaras no hacerlo.

-Exactamente, lo intentare.

El me beso, suave y cariñosamente. En otros tiempos su beso me volvería loca, pero en estos no. Me había dado cuenta que quería a otra persona, a Jacob lo quería, pero nada especial como lo que sentía con Edward. Sin embargo, busque los labios de Jacob con desesperación por una despedida, me abrazo contra su cuerpo, esa sensación me recorrió todo el cuerpo, cuando finalmente nos separamos me miro a los ojos.

-Saldré de este lugar después de 30 años. – suspiro pesadamente. – podríamos estar juntos de nuevo.

-Claro cuando yo tenga doce hijos.

Nos reímos, y por un momento pude olvidar su traje de cárcel solo eramos el y yo.

Antes de que pudiéramos hacer nada el oficial entro e hizo que se levantara, en la puerta Jacob me dijo algo que yo no pensaría que escucharía de el.

-No dejes que Edward se escape de tus manos. – me dio una sonrisa. – no pierdas el tiempo aquí, cuando el esta allá esperándote.

-¿Jacob? – le sonreí.

-¿Qué?

-Te amare toda mi vida, incluso si no estamos juntos. – asintió dejándose llevar por el oficial y yo pude ver una sonrisa en el.

Cuando Salí del centro penitenciario, las palabras de Jacob sobre Edward retumbaban en mi cabeza, ¿se habría dado cuenta?

Sin pensarlo siquiera maneje hasta la cafetería del condado donde el trabajaba.

Me senté en una mesa solitaria cuando lo vi venir hacia mi sin reconocerme aun, cuando se acerco mucho mas me miro con sorpresa.

-¿Acosándome acaso?

-Solo venia por un café. – le sonreí. - ¿Te importaría hablar?

-Salgo en cinco minutos, podemos ir a mi pequeño cuarto.

-No veo problemas. – mire el menú. – solo café con unas cuantas galletas dulces.

-A la orden. – me guiño un ojo y fue en busca de mi pedido.

Mientras el estaba lejos de mi vista no podía detenerme a pensar en que diría, pero estaba acostumbrada a que lo ensayado no siempre salía bien, así que preferí relajarme y que las cosas salieran solas.

El volvió con mi galletas y café su olor penetrante lleno mis poros, haciéndome bien, los nervios bajaron un poco del ritmo que llevaban.

-Iré a cambiarme para que vamos.

-Vale. – mordí la primera galleta y trague café para ahogar los nervios que me acosaban sin darme cuenta ya me había tomado toda mi merienda esperando a Edward cuando apareció saliendo del mostrador acariciando su cabello, me levante con torpeza pero lo mire a el.

-¿Nos vamos?

-Si.

El me indico donde quedaba su habitación, era un lugar bastante bonito para mi, se veía decente.

Me invito a pasar antes y cerro la puerta detrás de el, me abrazo por la espalda con fuerza.

-¿Me has extrañado?

Asentí con mi corazón pidiendo a gritos sus besos.

-He ido a ver a Jake. – se separo de mi como temía, pero lo enfrente. – Me ha aconsejado cosas importantes.

Me miro con el ceño fruncido.

-¿Cómo a matar a personas?

-¿Para salvar vidas? Quizá. – negué con la cabeza. – Solo me dijo que no dejara ir a alguien a quien quería.

Se acerco y beso mi hombro desnudo haciéndome estremecer.

-¿Entonces vendrás a despedirte de mi?

Abrí la boca para hablar pero las palabras no salieron. Sin embargo el me beso, dulce y fuerte a la vez sus dedos trazaron mi piel con sumo cuidado, me llevo a la cama y se posiciono encima de mi, sacándome la camisa acariciando mi cabello.

-Edward… - susurre. mi fuerza de voluntad estaba acabando en este mismo instante y temía no decirle nada. - ¿podrías parar por un segundo? – hable cuando sus manos desabrochaban mi pantalón y lo bajaban por mis piernas.

El puso los ojos en blanco y se bajo de mi cuerpo sentándose a mi lado.

-¿Estas enamorada de alguien mas?

-Lamentablemente. – no pude mirarlo a los ojos. – edward, he confundido todo contigo y lo lamento era algo que no vi venir y…

-¿estas saliendo con alguien mas? – su mirada se endureció.

-Bueno no exactamente. – me separe de el. – Tu y yo no estamos saliendo.

-Claro que no.- se levanto de la cama paseando por el cuarto. - ¿Qué es lo que quieres decir exactamente?

Me levante y me plante frente a el, mirándolo intentando demostrarle todo lo que queria decir mediante mi mirada, pero nada funciono. El solo me miraba como un estúpido sin entender.

No quería arruinar esto, me acerque mas a el y presione mi cuerpo con el suyo. No me importaría sacrificar mi amor por seguir estando bien con el, que tenga muchas novias no era un problema, no para mi.

Y allí esta el amor de mi vida, que no sabe que yo soy el amor de su vida, ni lo sabrá tampoco.

Cuando el comenzó a tocarme de nuevo sin parar, pude presenciar la cima de todo el mundo, la mas alta. Que se derrumbaba cuando el se separaba de mi para trazarme con sus dedos de nuevo.

EB

EB

EB

EB

Gracias por leerme, ya solo queda un pequeño capitulo y el epilogo.

No habia actualizado por problema de tiempo.

Espero se encuentren de maravillas.