Y como cada mes aquí el capítulo espero les guste y siento mucho el no haber contestado sus comentarios en el capítulo pasado aquí algunos

Anubis172001: SOLANGELO es una de mis parejas favoritas y lo mejor de todo es que es cannon
Kira Potter Jackson:
espero no cometer más faltas si las encuentras no dudes en decirme
x29:
después que me dijiste de la historia del dragón de bronce me puse a revisar el capítulo introductorio y me di cuenta que si falto ese y ya planee un poco el cómo introducirlo a las lecturas también anduve pensando sobre esos dos personajes y la verdad si tenía pensado en traer a Sammy pero como sabes busco el momento adecuado para traerlo y tenía pensado traerlo en versión joven poco antes que Hazel se fuera y en cuanto el abuelo de Piper lo voy a checar
dracy: estoy viendo si pondré o no pelea entre Heracles y Percy
Guest: con primo tío me refiero a que Percy vendría siendo Primo por ser nieto de Afrodita y tío al ser hijo de Poseidón y no me di a entender en la forma que lo puse/ no estoy segura de que Bianca supiera de la homosexualidad de Nico no sé si a los 10 años ya lo demuestren/ ya estoy fijándome en el error de "asistió"/ no es culpa de Percy pero eh visto que siempre se culpa aunque no sea culpa suya
Carlos González: yo también ansió escribir ese capitulo

Después de comer y que Jim le diera las sobras de su comida a Gabe y eso porque Sally junto ambos Percy le pidieron que le diera algo de comer porque si por Jim fuera Gabe se moriría de hambre

Se dirigieron a la hoguera para seguir leyendo y la joven Annabeth llego con los ojos rojos en compañía de Icaros

Yo leo —dijo Perseo— Capítulo 11 Visitamos el emporio de gnomos de jardín porque no me gusta este titulo

En cierto sentido, es bueno saber que hay dioses griegos ahí fuera

Gracias —dijeron Apolo y Hermes—

Porque tienes alguien a quien echarle la culpa cuando las cosas van mal.

Hey —se quejaron ambos dioses—

Por ejemplo, si eres un mortal y estás huyendo de un autobús atacado por arpías monstruosas y fulminado por un rayo —y si encima está lloviendo—, es normal que lo atribuyas a tu mala suerte; pero si eres un mestizo, sabes que alguna criatura divina está intentando fastidiarte el día.

Los mestizos asintieron mientras los dioses hicieron una mueca

Así que allí estábamos, Annabeth, Grover y yo, caminando entre los bosques que hay en la orilla de Nueva Jersey. El resplandor de Nueva York teñía de amarillo el cielo a nuestras espaldas, y el hedor del Hudson nos anegaba la pituitaria.

Poseidón sus hijos y Anfitrite hicieron una mueca

Grover temblaba y balaba, con miedo en sus enormes ojos de cabra.

Varios lo vieron con lastima

Tres Benévolas —dijo con inquietud—. Y las tres de golpe.

—Eso es tener mala suerte —dijo Nico— lo bueno es que no estaban tan agresivas

Como sabes qué tan agresivas pueden ser —dijo Bianca preocupada—

Nico solo se encogió de hombros

Yo mismo estaba bastante impresionado. La explosión del autobús aún resonaba en mis oídos. Pero Annabeth seguía tirando de nosotros.

Athena y sus hermanos la veían orgullosos

¡Vamos! Cuanto más lejos lleguemos, mejor.

Nuestro dinero estaba allí dentro —le recordé—.

NO —gritaron los hijos de Hermes y ambos Leo de manera muy exagerada

Y la comida

Leo siguió gritando y llorando de manera muy exagerada mientras se abrazaba de Piper que solo rolaba los ojos

Y la ropa.

Código 10 —grito Percy antes de que se escuchara el grito exagerado de casi toda la cabaña de Afrodita—

Todo.

Bueno, a lo mejor si no hubieras decidido participar en la pelea…

La joven Annabeth asentía

¿Qué querías que hiciera? ¿Dejar que os mataran?

No tienes que protegerme, Percy. Me las habría apañado.

De eso no estoy muy seguro —dijo Icaros dándole en todo el orgullo a ambas Annabeth—

En rebanadas como el pan de sándwich —intervino Grover—, pero se las habría apañado.

Cierra el hocico, niño cabra —le espetó Annabeth.

Huy que genio ya cásate —dijo Teseo— no mejor no a lo mejor te alteras mas

Ambas Annabeth vieron a Teseo indignadas

Grover baló lastimeramente.

Latitas… —se lamentó—. He perdido mi bolsa llena de estupendas latitas para mascar.

Los sátiros se lamentaron

Lo más valioso de todo lo que traían —dijo Travis haciendo reír a varios—

Atravesamos chapoteando terreno fangoso, a través de horribles árboles enroscados que olían a colada mohosa.

Todos hicieron una mueca

Al cabo de unos minutos, Annabeth se puso a mi lado.

Mira, yo… —Le falló la voz—. Aprecio que nos ayudases, ¿vale? Has sido muy valiente.

Pues claro es mi hermano —dijo Teseo—

Somos un equipo, ¿no?

Se quedó en silencio durante unos cuantos pasos.

Es sólo que si tú murieras… aparte de que a ti no te gustaría nada, supondría el fin de la misión.

Si realmente le pesa una misión para qué rayos pide ir en una —dijo Teseo molesto— y claramente se ve que no le importa si algo le pasa a Percy

Y puede que ésta sea mi única oportunidad de ver el mundo real. ¿Me entiendes ahora?

Todos tenemos un hogar al cual regresar si tú no lo quisiste no es problema de Percy —dijo Teseo—

La tormenta había cesado por fin. El fulgor de la ciudad se desvanecía a nuestra espalda y estábamos sumidos en una oscuridad casi total. No veía a Annabeth, salvo algún destello de su pelo rubio.

Percy empezó a acariciar su pelo

¿No has salido del Campamento Mestizo desde que tenías siete años? —le pregunté.

No. Sólo algunas excursiones cortas. Mi padre…

El profesor de historia.

Sí. Bueno, no funcionó vivir con él en casa. Me refiero a que mi casa es el Campamento Mestizo. En el campamento entrenas y entrenas, y eso está muy bien, pero los monstruos están en el mundo real.

Ahí es donde aprendes si sirves para algo o no.

—Icaros abrió la boca— mejor te lo digo después —dijo serio—

Me pareció detectar cierta duda en su voz.

Ambas Thalía arquearon una ceja Annabeth siempre era decidida

Eres muy valiente —le dije.

¿Eso crees?

Cualquiera capaz de hacerle frente a una Furia lo es.

Varios asintieron dándole la razón a Percy

Aunque no veía nada, tuve la sensación de que sonreía.

Annabeth beso la mejilla de Percy

Mira —dijo—, quizá tendría que decírtelo… Antes, en el autobús, ocurrió algo curioso…

Fuera lo que fuese lo que iba a decir, se vio interrumpido por un sonido agudo, como el de una lechuza al ser torturada.

Athena y sus hijos hicieron una mueca

¡Eh, mi flauta sigue funcionando! —Exclamó Grover—.

El campamento estallo en risas para vergüenza de Grover tardaron algunos minutos en seguir leyendo

¡Si me acordara de alguna canción buscasendas, podríamos salir del bosque!

Tocó unas notas, pero la melodía no se apartó demasiado de Hillary Duff.

El pobre sátiro no sabía dónde meter la cabeza

En ese momento me estampé contra un árbol y me salió un buen chichón.

Ambos Percy se llevaron la mano la cabeza en señal de dolor

Añádelo a la lista de superpoderes que no tengo: visión de infrarrojos.

Yo no tengo visión de infrarrojos pero si puedo ver en la oscuridad —dijo Nico—

Tras tropezar

Idiota —murmuro Gabe recibiendo un puñetazo por parte de Jim haciendo que le sangrara la boca—

Maldecir

Percy —regaño Sally—

Y sentirme un desgraciado en general durante aproximadamente un kilómetro más,

Poseidón hizo una mueca

Empecé a ver luz delante: los colores de un cartel de neón. Olí comida. Comida frita, grasienta y exquisita.

A los mestizos se les hizo agua la boca para desagrado de Deméter

Reparé en que no había comido nada poco saludable desde mi llegada a la colina Mestiza, donde vivíamos a base de uvas, pan, queso y barbacoas de carne extrafina preparadas por ninfas. La verdad, estaba necesitando una hamburguesa doble con queso.

Supongo que en algún momento se les podrían hacer unas hamburguesas al carbón —dijo Quirón haciendo que todos los mestizos lo vieran con anhelo—

Seguimos andando hasta que vi una carretera de dos carriles entre los árboles. Al otro lado había una gasolinera cerrada, una vieja valla publicitaria que anunciaba una peli de los noventa, y un local abierto, que era la fuente de la luz de neón y el buen aroma.

Extrañamente Perseo se estremeció

Qué te pasa —pregunto Aquiles—

Ese lugar no me gusta —dijo antes de seguir leyendo—

No era el restaurante de comida rápida que había esperado, sino una de esas raras tiendas de carretera donde venden flamencos decorativos para el jardín, indios de madera, ositos de cemento y cosas así. El edificio principal, largo y bajo, estaba rodeado de hileras e hileras de pequeñas estatuas.

Perseo se volvió a estremecer

El letrero de neón encima de la puerta me resultó ilegible, porque si hay algo peor para mi dislexia que el inglés corriente, es el inglés corriente en cursiva roja de neón.

Eso es lo peor —dijeron algunos—

Leí algo como: «moperio de mongos de rajdín elatida MEE».

Que fea es la dislexia —dijo Jasón—

¿Qué demonios pone ahí? —pregunté.

No lo sé —contestó Annabeth.

Le gustaba tanto leer que había olvidado que también era disléxica.

Los hijos de Athena se sonrojaron seguido olvidaban eso

Grover nos lo tradujo:

Emporio de gnomos de jardín de la tía Eme.

Perseo se quedó callado unos segundos

A cada lado de la entrada, como se anunciaba, había dos gnomos de jardín, unos feos y pequeñajos barbudos de cemento que sonreían y saludaban, como si estuvieran posando para una foto.

Extraño —dijo Icaros—

Crucé la carretera siguiendo el rastro aromático de las hamburguesas.

Sally solo suspiro y se acarició el vientre

Ve con cuidado —me advirtió Grover.

Dentro las luces están encendidas —dijo Annabeth—. A lo mejor está abierto.

Un bar —comenté con nostalgia.

Sí, un bar —coincidió ella.

¿Os habéis vuelto locos? —Dijo Grover—. Este sitio es rarísimo.

No le hicimos caso.

Par de idiotas —dijo Nico— por eso son el uno para el otro

Nico —regañaron Bianca y María—

Que es la verdad —se defendió Nico—

El aparcamiento de delante era un bosque de estatuas: animales de cemento, niños de cemento, hasta un sátiro de cemento tocando la flauta.

¡Beee-eee! —Baló Grover—. ¡Se parece a mi tío Ferdinand!

—Perseo dejo de leer— ¿no puedes tener tan mala suerte o sí? —murmuro—

Te sientes bien —pregunto Teseo a lo que Perseo solo asintió—

Puedes seguir leyendo —pregunto Orión—

Si —siguió leyendo—

Nos detuvimos ante la puerta.

No llaméis —dijo Grover—. Huelo monstruos.

Tienes la nariz entumecida por las Furias —le dijo Annabeth—. Yo sólo huelo hamburguesas. ¿No tienes hambre?

¡Carne! —Exclamó con desdén—. ¡Yo soy vegetariano!

Comes enchiladas de queso y latas de aluminio —le recordé.

Que gran comida —dijo Travis a lo que algunos rieron—

Eso son verduras. Venga, vámonos.

Las latas no son verduras —murmuro Jason—

Estas estatuas me están mirando.

Váyanse de ahí —dijo muy bajo Perseo—

Entonces la puerta se abrió con un chirrido y ante nosotros apareció una mujer árabe; por lo menos eso supuse, porque llevaba una túnica larga y negra que le tapaba todo menos las manos.

Los ojos le brillaban tras un velo de gasa negra, pero eso era cuanto podía discernirse.

Y no intentes distinguir nada —dijo Perseo—

Sus manos color café parecían ancianas, pero eran elegantes y estaban cuidadas, así que supuse que era una anciana que en el pasado había sido una bella dama.

Athena Perseo y Poseidón palidecieron

Su acento sonaba ligeramente a Oriente Medio.

Niños, es muy tarde para estar solos fuera —dijo—. ¿Dónde están vuestros padres?

Están… esto… —empezó Annabeth.

Somos huérfanos —dije.

Buena mentira —felicito Hermes bajando un poco la tensión—

¿Huérfanos? —Repitió la mujer—. ¡Pero eso no puede ser!

Nos separamos de la caravana —contesté—. Nuestra caravana del circo.

Y ahí lo arruinaste —dijo Hermes negando con la cabeza—

El director de pista nos dijo que nos encontraríamos en la gasolinera si nos perdíamos, pero puede que se haya olvidado, o a lo mejor se refería a otra gasolinera.

Es neta —dijo Nico— pensé que con tu imaginación inventarías algo mejor

—Percy se encogió de hombros— tenía hambre

En cualquier caso, nos hemos perdido. ¿Eso que huelo es comida?

Percy —regaño Sally mientras Paul reía por el cinismo de Percy—

Oh, queridos niños —respondió la mujer—. Tenéis que entrar, pobrecillos. Soy la tía Eme. Pasad directamente al fondo del almacén, por favor. Hay una zona de comida.

No entren —grito Perseo haciendo que todos brincaran en sus lugares—

Le dimos las gracias y entramos.

Solo se oyó un gruñido de frustración de Perseo

¿La caravana del circo? —me susurró Annabeth.

¿No hay que tener siempre una estrategia pensada?

Pero algo inteligente no tus ideas suicidas —dijo Jason—

En tu cabeza no hay más que algas.

Y apenas te das cuenta —dijo Will—

Tú también Will —dijo Percy "indignado"—

Will solo sonrió

El almacén estaba lleno de más estatuas: personas en todas las posturas posibles, luciendo todo tipo de indumentaria y distintas expresiones. Pensé que se necesitaría un buen trozo de jardín para poner aquellas estatuas, pues eran todas de tamaño natural. Pero, sobre todo, pensé en comida.

Perseo estaba aferrado al libro agarrándolo con tanta fuerza que ya se hubiera roto

Vale, llámame imbécil por entrar en la tienda de una señora rara

Imbécil —dijeron Chris Perseo Nico y Thalía

Sólo porque tenía hambre, pero es que a veces hago cosas impulsivas.

¿Abecés? —Preguntaron los que conocían a Percy—

Ok si ya entendí soy muy impulsivo —dijo Percy—

Yo diría que eres el rey de los impulsivos —dijo Nico—

Además, tú no has olido las hamburguesas de la tía Eme. El aroma era como el gas de la risa en la silla del dentista: provocaba que todo lo demás desapareciera.

Apenas reparé en los sollozos nerviosos de Grover, o en el modo en que los ojos de las estatuas parecían seguirme, o en el hecho de que la tía Eme hubiese cerrado la puerta con llave detrás de nosotros.

Yo no me di cuenta de eso —murmuro Annabeth sorprendida—

Y sigo impresionada por tus buenos sentidos e instintos —dijo Laura— son tan buenos como los de Jim

Te equivocas —dijo Jim— son mucho mejores que los míos y yo tarde años en desarrollarlos y el con solo 12 años ya los tiene no me quiero imaginar cuando tenga entrenamiento en ellos —se volteo hacia Percy— si entrenaste en ellos verdad —Percy negó con la cabeza— bien después que te enseñe a leer los augures los ayudare con esos instintos a los 2

Lo único que me importaba era la zona de comida. Y, efectivamente, estaba al fondo del almacén,

Qué casualidad —dijo Teseo—

Un mostrador de comida rápida con un grill, una máquina de bebidas, un horno para bollos y un dispensador de nachos con queso. Y unas cuantas mesas de picnic.

Por favor, sentaos —dijo la tía Eme.

Alucinante —comenté.

Percy cariño en lo que llevamos del libro mínimo estarás castigado por 2 meses —dijo Sally—

Percy solo hizo una mueca y ni siquiera terminaba el primer libro y ya iban 2 meses cuando terminaran de leer todos serian como mínimo 10 años si le iba bien

Hum… —musitó Grover—. No tenemos dinero, señora.

Antes de que yo pudiera darle un codazo en las costillas, tía Eme contestó:

No, niños. No hace falta dinero. Es un caso especial, ¿verdad? Es mi regalo para unos huérfanos tan agradables.

Y ahí no desconfiaron —dijo Hazel—

Grover si lo hizo —dijo Annabeth— pero no le hicimos caso

Gracias, señora —contestó Annabeth.

Me pareció que la tía Eme se ponía tensa, como si Annabeth hubiera hecho algo mal, pero enseguida pareció relajada de nuevo y supuse que habría sido mi imaginación.

Si es quien yo creo que es más que obvio que se pusiera tensa —dijo Icaros—

De nada, Annabeth —respondió—.

Espera —interrumpió Malcolm— como sabe sus nombres

Mi teoría es que el mismo que robo el rayo convoco al perro del infierno y dio el aviso a alguien que ellos irían en una misión y ese alguien mando a los monstruos —dijo Icaros— lo que demostraría que hay un traidor en el campamento

El joven Luke trago saliva mientras algunos veían a Luke

Y sabes quién es el traidor —dijo Charlie—

Soy inteligente no adivino —dijo Icaros— además te recuerdo que tengo 2 años muerto por lo tanto ni siquiera sabría que estaría pasando en el campamento

Tienes unos preciosos ojos grises, niña.

Sólo más tarde me pregunté cómo habría sabido el nombre de Annabeth, porque no nos habíamos presentado.

Athena hizo una mueca no le gustaba que en especial ella se acercara a su hija

Nuestra anfitriona se puso a cocinar detrás del mostrador. Antes de que nos diéramos cuenta, había traído bandejas de plástico con hamburguesas, batidos de vainilla y patatas fritas.

No coman nada —dijo Aquiles— tienen que aprender a desconfiar de la gente buena además que no deban hablar con extraños

Me había comido media hamburguesa cuando me acordé de respirar.

En mi defensa estaban buenas —dijo Percy—

Tan buenas que te puede costar la vida comerlas —dijo Jasón—

Annabeth sorbió su batido.

Y se supone que es hija de Athena —murmuro Teseo—

Grover pellizcaba patatas y miraba el papel encerado de la bandeja como si le apeteciera comérselo, pero seguía demasiado nervioso.

¿Qué es ese ruido sibilante? —preguntó.

Su cabello —murmuro Perseo—

Yo no oí nada. Annabeth tampoco.

¿Sibilante? —Repitió la tía Eme—. Puede que sea el aceite de la freidora. Tienes buen oído, Grover.

Tomo vitaminas… para el oído.

Enserio mientes peor que un niño de 3 años —dijo Hermes negando con la cabeza—

Eso está muy bien —respondió ella—. Pero, por favor, relájate.

Incluso el monstruo le creyó —dijo Katie—

No le creyó solo le dio el avionazo —dijo Laura sonriéndole—

La tía Eme no comió nada. No se había descubierto la cabeza ni para cocinar, y ahora estaba sentada con los dedos entrelazados, observándonos comer. Es un poco inquietante tener a alguien mirándote cuando no puedes verle la cara, pero la hamburguesa me había saciado y empezaba a sentir cierta somnolencia, así que supuse que lo mínimo era intentar dar un poco de conversación cortés a nuestra anfitriona.

Eso podría ser bueno para hacer algo de tiempo para tramar un plan —dijo Aquiles—

Así que vende gnomos —dije, intentando sonar interesado.

Pues sí —contestó la tía Eme—. Y animales. Y personas. Cualquier cosa para el jardín. Los hago por encargo. Las estatuas son muy populares, ya sabéis.

Varios pensaban cual podría ser ese monstruo

¿Tiene mucho trabajo?

No mucho, no. Desde que construyeron la autopista, casi ningún coche pasa por aquí. Valoro cada cliente que consigo.

Los mortales tragaron saliva y deseaban no encontrarse con ese monstruo

Sentí una vibración en el cuello, como si alguien estuviera mirándome. Me volví, pero sólo era la estatua de una chica con una cesta de Pascua. Su detallismo era increíble, mucho más preciso que el que se ve en la mayoría de las estatuas. Pero algo raro le pasaba en la cara. Parecía sorprendida, incluso aterrorizada.

Entonces sí tuvieron la mala suerte de encontrase con ella —gruño con Perseo frustración—

Ya —dijo la tía Eme con tristeza—. Como ves, algunas de mis creaciones no salen muy bien. Están dañadas y no se venden. La cara es lo más difícil de conseguir. Siempre la cara.

No entiendo porque —ironizo Percy—

¿Hace usted las estatuas? —pregunté.

Oh, desde luego. Antes tenían dos hermanas que me ayudaban en el negocio, pero me abandonaron, y ahora la tía Eme está sola. Sólo tengo mis estatuas. Por eso las hago. Me hacen compañía. —La tristeza de su voz parecía tan profunda y real que la compadecí.

La joven Annabeth le lanzo una fea mirada al joven Percy

Annabeth había dejado de comer. Se inclinó hacia delante e inquirió:

¿Dos hermanas?

Los miembros de la cabaña 6 miraron orgullosos a su hermana

Es una historia terrible. Desde luego, no es para niños. Verás, Annabeth, hace mucho tiempo, cuando yo era joven, una mala mujer tuvo celos de mí. Yo tenía un novio, ya sabéis, y esa mala mujer estaba decidida a separarnos.

Si claro —murmuro Annabeth—

Provocó un terrible accidente. Mis hermanas se quedaron conmigo. Compartieron mi mala suerte tanto tiempo como pudieron, pero al final nos dejaron.

Es que con las hermanitas que tiene y el carácter que se carga no me extraña —dijo Percy—

¿Las conoces? —Pregunto Laura—

Si gracias a su ayuda llegue al campamento Júpiter —dijo Percy—

Te ayudaron —pregunto extrañado Icaros—

Lo que él quiere decir —dijo Annabeth— es que los estuvieron persiguiendo hasta que llego al campamento

Mira hablan de tu familia —dijo Teseo—

Orión rolo los ojos

Quiere decir que eres mitad monstruo —pregunto Leo—

No a mi madre le paso lo mismo que a Medusa pero yo nací mientras ella era mortal y después Athena la convirtió en Gorgona para que se quedara con Medusa —explico Orión—

Sólo yo he sobrevivido, pero a qué precio, niños. A qué precio.

No estaba seguro de a qué se refería, pero me apené por su desdicha.

En mi defensa si daba pena tenía hambre y sus hamburguesas estaban buenas —dijo Percy encogiéndose de hombros

Los párpados me pesaban cada vez más, mi estómago saciado me provocaba somnolencia.

O por Rea —dijo Hestia—

Pobre mujer. ¿Quién querría hacer daño a alguien tan agradable?

Esa cosa puede ser todo menos agradable —dijo Perseo viendo a ambos Percy mientras negaba con la cabeza—

¿Percy? —Annabeth me estaba sacudiendo—. Tal vez deberíamos marcharnos. Ya sabes… el jefe de pista estará esperándonos.

Aun no supero esa mala mentira tuya —dijo Hermes—

Por algún motivo parecía tensa. En ese momento Grover se estaba comiendo el papel encerado de la bandeja de plástico, pero si a tía Eme le pareció raro, no dijo nada.

Medusa da miedo —dijo el joven Percy—

Ella no es nada a comparación de todo lo que paso en esa misión —dijo Percy haciendo que Poseidón empezara a palidecer—

Qué ojos grises más bonitos —volvió a decirle a Annabeth—. Vaya que sí, hace mucho que no veo unos ojos grises como los tuyos.

Bonitos se quedan cortos —murmuro Percy al oído de Annabeth—

Se acercó como para acariciarle la mejilla

Athena hizo una mueca

Pero Annabeth se puso en pie bruscamente.

Tenemos que marcharnos, de verdad.

¡Sí!

Grover se tragó el papel encerado y también se puso en pie—. ¡El jefe de pista nos espera! ¡Vamos!

Yo no quería irme.

Percy —gruñeron todos en el campamento haciendo que ambos Percy se encogieran en su lugar mientras Octavian y Heracles tenían grandes sonrisas—

Me sentía ahíto y amodorrado. La tía Eme era muy agradable y quería quedarme con ella un rato.

Agradable mi trasero bueno no es agradable pero si bonito —dijo Teseo— váyanse de ahí

Por favor, queridos niños —suplicó—. Tengo muy pocas ocasiones de estar en tan buena compañía.

Antes de marcharos, ¿no posaríais para mí?

¿Posar? —preguntó Annabeth, cautelosa.

Para una fotografía.

No —grito todo el campamento ante la risa de Annabeth y Percy—

Después la utilizaré para un grupo escultórico. Los niños son muy populares. A todo el mundo le gustan los niños.

Pero no de piedra —dijo Leo haciendo reír a varios—

Annabeth cambiaba el peso del cuerpo de un pie a otro.

Mire, señora, no creo que podamos. Vamos, Percy.

¡Claro que podemos! —salté.

Percy —volvió a gritar todo el campamento haciendo que nuevamente ambos Percy se encogieran en su lugar

La joven Annabeth gruño

Estaba irritado con Annabeth por mostrarse tan maleducada con una anciana que acababa de alimentarnos gratis—.

Que mal educada —dijeron Piper y Thalía—

Annabeth negó con la cabeza

Es sólo una foto, Annabeth. ¿Qué daño va a hacernos?

Quieres que conteste eso —dijeron Icaros y Annabeth—

Claro, Annabeth —ronroneó la mujer—, ningún daño.

A Annabeth no le gustaba, pero al final cedió. La tía Eme nos condujo de nuevo al jardín de las estatuas

Perseo gruño y empezó a temblar un poco pensando en cómo podrían salir de ahí

Por la puerta de delante. Una vez allí, nos llevó hasta un banco junto al sátiro de piedra.

Los Sátiros presentes se estremecieron

Ahora voy a colocaros correctamente —dijo—. La chica en el medio, y los dos caballeretes uno a cada lado.

Quien usa el termino caballeretes —pregunto Leo bajando un poco la tensión—

No hay demasiada luz para una foto —comenté.

Te fijas en cosas las cuales no tienen importancia y no en las evidentes —dijo Drew coqueteando—

Percy se encogió de hombros

Descuida, hay de sobra —repuso la tía Eme—. De sobra para que nos veamos unos a otros, ¿verdad?

¿Dónde tiene la cámara? —preguntó Grover.

Y por eso son amigos —dijo Nico—

Ambos son medio brutos —dijo Thalía—

Brutos se quedan cortos —dijo Nico—

Nico —regañaron Bianca y María—

Que —se quejó Nico— pude haber dicho un término peor pero no dije

La mujer dio un paso atrás, como para admirar la composición.

Y ese es el momento para que se muevan —dijo Perseo—

La cara es lo más difícil. ¿Podéis sonreír todos, por favor? ¿Una ancha sonrisa?

—Leo solo movió la comisura de los labios— así o más grande

Más grande —dijo Jason—

—Leo sonrió mostrando todos los dientes— ¿así?

No tan fingida —dijo Jason— sabes que sonrisa no mejor pon pose de pensador aunque esa casi no te quede

Hey —se quejó Leo—

Ya cállense ustedes dos —regaño Piper—

Grover miró al sátiro de cemento junto a él y murmuró:

Se parece mucho al tío Ferdinand.

Grover —le riñó tía Eme—, mira a este lado, cariño.

Seguía sin cámara.

Vamos salgan de ahí —murmuro Sally siendo consolada por Paul—

Percy… —dijo Annabeth.

Algún instinto me indicó que escuchara a Annabeth

Sigue esos instintos —dijeron Jim y Laura—

Pero estaba luchando contra la somnolencia surgida de la comida y la voz de la anciana.

Una voz poderosa y más cuando acabas de comer —dijeron ambos Percy—

Sólo será un momento —añadió tía Eme—. Es que no os veo muy bien con este maldito velo…

Es hora de que se vallan —dijo Teseo—

Percy, algo no va bien —insistió Annabeth.

Todo está mal —dijo Orión— váyanse de ahí

¿Que no va bien? —Repitió la tía Eme mientras levantaba los brazos para quitarse el velo—. Te equivocas, querida. Esta noche tengo una compañía exquisita. ¿Qué podría ir mal?

¡Es el tío Ferdinand! —balbució Grover.

¿Qué? —Grito Grover—

Lo siento —dijeron sus amigos—

Grover bajo la cabeza en señal de tristeza

¡No la mires! —gritó Annabeth, y al punto se encasquetó la gorra de los Yankees y desapareció.

Claro ella lo tiene fácil —dijo Teseo enojado—

Sus manos invisibles nos empujaron a Grover y a mí fuera del banco.

Athena Poseidón y Perseo suspiraron aliviados

Estaba en el suelo, mirando las sandalias de la tía Eme. Grover se escabulló en una dirección y Annabeth en la otra, pero yo estaba demasiado aturdido para moverme.

Poseidón empezó a palidecer nuevamente

Entonces oí un extraño y áspero sonido encima de mí. Alcé la mirada hasta las manos de la tía Eme, que ahora eran nudosas y estaban llenas de verrugas, con afiladas garras de bronce en lugar de uñas.

Me dispuse a levantar la cabeza,

No lo hagas —gritaron Perseo y Poseidón—

Pero en algún lugar a mi izquierda Annabeth gritó:

¡No! ¡No lo hagas!

Gracias —dijo Percy besando la mejilla de Annabeth—

El sonido áspero de nuevo: pequeñas serpientes justo encima de mí, allí donde… donde debía estar la cabeza de la tía Eme.

No intentes ver —dijo Perseo—

¡Huye! —baló Grover, y lo oí correr por la grava, mientras gritaba « ¡Maya!»,

Maya —grito Hermes al sentirse fuera del piso—

A fin de que sus zapatillas echaran a volar.

Otro que la tiene fácil —dijo Teseo con el ceño fruncido—

No podía moverme. Me quedé mirando las garras nudosas de la anciana e intenté luchar contra el trance en que me había sumido.

—Perseo estaba tenso y Orión se acercó al— estas bien

Perseo asintió

Puedes seguir leyendo —pregunto Teseo—

Si —dijo en voz baja—

Qué pena destrozar una cara tan atractiva y joven —me susurró—. Quédate conmigo, Percy. Sólo tienes que mirar arriba.

Poseidón bajo la cabeza por el cruel destino que le había dado a su hijo

Me resistí al impulso de obedecer y miré a un lado. Entonces vi una de esas esferas de cristal que la gente pone en los jardines. Se veía el reflejo oscuro de la tía Eme en el cristal naranja; se había quitado el tocado, revelando un rostro como un círculo pálido y brillante. El pelo se le movía, retorciéndose como serpientes.

Perseo trago saliva

Tía Eme. Tía «M»…

¿Cómo podía haber estado tan ciego?

Por un hechizo —lo hizo sentir mejor Aquiles—

Yo no diría ciego más bien idiota —dijo Jason—

Piensa, me ordené. ¿Cómo moría Medusa en el mito? Pero no podía pensar. Algo me dijo que en el mito Medusa estaba dormida cuando fue atacada por mi tocayo Perseo.

Es raro leer tu nombre —dijo Perseo— y la decapite pero no te será de mucha ayuda ya que lo hice mientras dormía

Pero en aquel momento yo no la veía muy dormida. Si quería, habría podido arrancarme la cabeza con sus garras en un instante.

Poseidón empezó a palidecer

Esto me lo hizo la de los ojos grises, Percy —dijo Medusa, y no sonaba en absoluto como un monstruo. Su voz me invitaba a mirar, a simpatizar con una pobre abuelita—. La madre de Annabeth, la maldita Atenea,

El joven Percy se encogió en su lugar por las miradas que recibía de Athena y sus hijos mientras Percy ni se inmuto

Transformó a una mujer hermosa en esto.

Bastante creíble —dijo Percy recibiendo un puñetazo de Annabeth— que tu madre me quiere incinerar vivo cada que me ve además te recuerdo a Aracne —todos los hijos de Athena se estremecieron

¡No la escuches! —Exclamó Annabeth desde algún sitio entre las estatuas—. ¡Corre, Percy!

¡Silencio! —Gruñó Medusa, y volvió a modular la voz hasta alcanzar un cálido ronroneo—. Ya ves por qué tengo que destruir a la chica, Percy. Es la hija de mi enemiga. Desmenuzaré su estatua.

Athena gruño

Pero tú, querido Percy, no tienes por qué sufrir.

No —murmuré. Intenté mover las piernas.

¿De verdad quieres ayudar a los dioses? —Me preguntó Medusa—.

Los dioses prestaron especial atención

¿Entiendes qué te espera en esta búsqueda insensata, Percy?

Zeus hizo una mueca

¿Qué te sucederá si llegas al inframundo?

Varias miradas se dirigieron Hades

No seas un peón de los Olímpicos, querido. Estarás mejor como estatua. Sufrirás menos daño. Mucho menos.

En lo primero tiene razón en la segunda fue muy productiva la visita al inframundo lo tercero no soy un peón pero estoy bien sin ser una estatua —dijo Percy—

¡Percy!

Detrás de mí oí una especie de zumbido, como un colibrí de cien kilos lanzándose en picado. Grover gritó—: ¡Agáchate!

Se escucharon algunas risas mientras Grover tenía el ceño fruncido

Me di la vuelta y allí estaba Grover en el cielo nocturno, llegando en picado con sus zapatos alados, con una rama de árbol del tamaño de un bate de béisbol. Tenía los ojos apretados y movía la cabeza de lado a lado. Navegaba guiándose por el oído y el olfato.

Artemisa y las cazadoras asintieron

¡Agáchate! —volvió a gritar—. ¡Voy a atizarle!

Eso me puso por fin en acción. Conociendo a Grover, seguro que no le acertaría a Medusa y me daría a mí.

Que poca fe —dijo Grover—

Soy sincero —dijo el joven Percy—

Lo siento —dijo Percy—

Yo no —dijo el joven Percy— recuerdo que en Yancy cuando jugábamos quemados siempre me dabas a mi así que de ahí mi falta de fe —el campamento estallo en risas—

Así pues, me arrojé hacia un lado.

¡Zaca! Supuse que sería el sonido de Grover al chocar contra un árbol, pero Medusa rugió de dolor.

Varios festejaron a Grover

¡Sátiro miserable! —masculló—. ¡Te añadiré a mi colección!

¡Ésa por el tío Ferdinand! —le respondió Grover.

Grover solo asintió

Me escabullí en cuclillas y me oculté entre las estatuas mientras Grover se volvía para hacer otra pasadita.

Está bien ponerte a salvo y después planear que aras —dijo Jasón—

¡Tracazás!

¡Aaargh! —aulló Medusa, y su melena de serpientes silbaba y escupía.

Perseo suspiro aliviado

¡Percy!:—dijo la voz de Annabeth junto a mí.

Di un respingo tan grande que casi tiro un gnomo de jardín con un pie.

¡Por Dios! ¡No puedes fallar! —Annabeth se quitó la gorra de los Yankees y se volvió visible—.

Tienes que cortarle la cabeza.

¿Qué? ¿Te has vuelto loca? Larguémonos de aquí.

Medusa es una amenaza. Es mala. La mataría yo misma, pero… —tragó saliva, como si le costase admitirlo— pero tú vas mejor armado.

Solo eso —dijo Percy arqueando una ceja—

Eres mejor espadachín que yo —dijo Annabeth—

Perdón no te oí —dijo Percy burlón—

No tientes tu suerte sesos de alga —respondió Annabeth—

Además, nunca conseguiría acercarme. Me rebanaría por culpa de mi madre.

Y a mí por culpa de mi padre —murmuro el joven Percy—

Tú… tú tienes una oportunidad.

¿Qué? Yo no puedo…

Mira, ¿quieres que siga convirtiendo a más gente inocente en estatuas?

Señaló una pareja de amantes abrazados, convertidos en piedra por el monstruo.

Pensé que el oráculo era Rachel —dijo Thalía burlona—

Annabeth solo rolo los ojos

Annabeth agarró una bola verde de un pedestal cercano.

Un escudo pulido iría mejor. —Estudió la esfera con aire crítico—. La convexidad causará cierta distorsión. El tamaño del reflejo disminuirá en una proporción…

Chino —gritaron ambos Percy haciendo reír a varios—

¿Quieres hablar claro?

Pero estuvo clarísimo —dijeron todos los hijos de Athena y los de Hefestos asintieron—

¡Eso hago! —Me entregó la bola—. Bueno, ten, mira al monstruo a través del cristal, nunca directamente.

—Se escuchó un— ahí eso si significaba —por todo el campamento

¡Eh! —gritó Grover desde algún lugar por encima de nosotros—. ¡Creo que está inconsciente!

¡Groaaaaaaar!

Yo diría que no —dijo Orión haciendo una mueca—

Puede que no —se corrigió Grover. Se abalanzó para hacer otro barrido con su improvisado bate.

Date prisa —me dijo Annabeth—. Grover tiene buen olfato, pero al final acabará cayéndose.

Cuanta confianza —ironizo Grover—

Saqué mi boli y lo destapé. La hoja de bronce de Anaklusmos salió disparada.

Heracles gruño quería su espada de vuelta y pensaría la manera de conseguirla de regreso

Seguí el ruido sibilante y los escupitajos del pelo de Medusa.

Asco —dijeron todos—

Mantuve la mirada fija en la bola de cristal para ver sólo el reflejo de Medusa, no el bicho real.

Varios se estremecieron de tan solo imaginársela

Cuando la vi, Grover llegaba para atizarla otra vez con el bate, pero esta vez volaba demasiado bajo. Medusa agarró la rama y lo apartó de su trayectoria. Grover tropezó en el aire y se estrelló contra un oso de piedra con un doloroso quejido.

Grover se quejó llevándose las manos al cuerpo en señal de dolor

Medusa iba a abalanzarse sobre él cuando grité:

¡Eh! ¡Aquí!

Perseo estaba tan tenso que ya había empezado a temblar

Avancé hacia ella, cosa que no era tan fácil, teniendo en cuenta que sostenía una espada en una mano y una bola de cristal en la otra. Si la bruja cargaba, no me sería fácil defenderme.

Ahí tiene un buen punto —dijo Teseo tratando de aminorar el ambiente—

Sin embargo, dejó que me acercara: seis metros, cinco, tres…

Entonces vi el reflejo de su cara. No podía ser tan fea.

Pues te diré —murmuro Perseo—

Aquel cristal verde debía de distorsionar la imagen, afeándola incluso más.

Créeme que es más que horrible —dijo Perseo con temor en su voz—

Estas bien —pregunto Orión en un susurro—

Perseo solo asintió con la cabeza

Puedes seguir leyendo —pregunto Teseo en murmullo ya que sabía lo que se sentía el leer sobre un monstruo que derrotaste—

Perseo siguió leyendo

No le harías daño a una viejecita, Percy —susurró—. Sé que no lo harías.

A una viejita no —dijo el joven Percy—

Pero a un monstro si —termino de decir Percy—

Vacilé, fascinado por el rostro que veía reflejado en el cristal: los ojos, que parecían arder a través del vidrio verde, me debilitaban los brazos.

Desde el oso de cemento, Grover gimió:

¡No la escuches, Percy!

Medusa estalló en carcajadas.

Demasiado tarde.

Se me abalanzó con las garras por delante.

Yo le rebané el cuello de un único mandoble.

Perseo suspiro aliviado

Oí un siseo asqueroso y un silbido como de viento en una caverna: el sonido del monstruo desintegrándose.

Los griegos veían impresionados por la habilidad de Percy mientras los romanos lo veían orgullosos

Ese es mi nieto —gritaron Jim y Laura mientras el primero por la emoción golpeo a Gabe dejándolo con una gran marca roja en la mejilla

Hefestos escribía en su celular y cuando acabo la pantalla decía:

1. Vencer a una furia sin entrenamiento.
2. Ver a las Moiras y seguir vivo
3. Vencer al minotauro sin entrenamiento y sin armas
4. Vencer a dos furias con poco entrenamiento
5. Decapitar a Medusa con poco entrenamiento

Algo cayó al suelo junto a mis pies. Necesité toda mi fuerza de voluntad para no mirar.

Y no vomitar —dijo Percy—

Noté un líquido viscoso y caliente empapándome el calcetín, pequeñas cabecitas de serpiente mordisqueando los cordones de mis zapatillas.

Qué asco —fue el grito colectivo de todo el campamento—

Puaj, qué asco —dijo Grover.

Los que sabían el buen olfato de los sátiros hicieron una mueca en señal de comprensión

Aún seguía con los ojos bien cerrados, pero supongo que oía al bicho borbotear y despedir vapor—. ¡Megapuaj!

Annabeth se materializó a mi lado con la mirada vuelta hacia el cielo. Sostenía el velo negro de Medusa.

No te muevas —dijo.

Con mucho cuidado, sin mirar abajo ni un instante, se arrodilló, envolvió la cabeza del monstruo en el paño negro y la recogió. Aún chorreaba un líquido verdoso.

Qué asco —dijo Perseo recordando ese líquido verdoso—

¿Estás bien? —me preguntó con voz temblorosa.

Sí —mentí, a punto de vomitar mi hamburguesa doble con queso—.

Tienes estomago yo si la hubiera vomitado —dijo Leo—

¿Por qué… por qué no se ha desintegrado la cabeza?

Trofeo de guerra —dijo Clarisse a lo que Gabe inconscientemente se estremeció—

En cuanto la cercenas se convierte en trofeo de guerra —me explicó—, como tu cuerno de minotauro. Pero no la desenvuelvas. Aún puede petrificar.

Exactamente —dijo Athena orgullosa—

Grover se quejó mientras bajaba de la estatua del oso. Tenía un buen moratón en la frente. La gorra rasta verde le colgaba de uno de sus cuernecitos de cabra y los pies falsos se le habían salido de las pezuñas. Las zapatillas mágicas volaban sin rumbo alrededor de su cabeza.

Pareces el Barón Rojo —dije—. Buen trabajo.

Ves como si puedes hacer las cosas hombre G —dijo Percy—

Sonrió tímidamente.

No me ha molado nada. Bueno, darle con la rama en la cabeza sí ha molado

Los griegos asintieron con la cabeza

Pero estrellarme contra ese oso no.

Se escucharon unas pequeñas risas

Cazó las zapatillas al vuelo y yo volví a tapar mi espada. Luego regresamos al almacén.

Encontramos unas bolsas de plástico detrás del mostrador y envolvimos varias veces la cabeza de Medusa. La colocamos encima de la mesa en que habíamos cenado y nos sentamos alrededor, demasiado cansados para hablar. Al final dije:

¿Así que tenemos que darle las gracias a Atenea por este monstruo?

Athena le mando una fea mirada a ambos Percy

Annabeth me lanzó una mirada de irritación.

A tu padre, de hecho.

Athena sonrió ante su hija

¿No te acuerdas? Medusa era la novia de Poseidón.

Poseidón se encogió de hombros

Decidieron verse en el templo de mi madre. Por eso Atenea la convirtió en monstruo. Ella y sus dos hermanas, que la habían ayudado a meterse en el templo, se convirtieron en las tres gorgonas. Por eso Medusa quería hacerme picadillo, pero también pretendía conservarte a ti como bonita estatua. Aún le gusta tu padre.

En eso puedo entenderla —dijo Anfitrite—

Probablemente le recordabas a él.

Me ardía la cara.

Vaya, así que ha sido culpa mía que nos encontráramos con Medusa.

Annabeth se irguió e imitó mi voz en falsete:

«Tan sólo es una foto, Annabeth. ¿Qué daño puede hacernos?»

Convertirte en piedra —dijo Perseo ya más tranquilo—

Vale, vale —respondí—. Eres imposible.

Y tú insufrible.

Y tú…

¡Eh! —Nos interrumpió Grover—. Me estáis dando migraña, y los sátiros no tienen migraña.

Acostúmbrate —dijeron Thalía y Nico—

¿Qué vamos a hacer con la cabeza?

Miré el bulto. De un agujero en el plástico salía una pequeña serpiente. En la bolsa estaba escrito:

«Cuidamos su negocio.»

Me enfadé, no sólo con Annabeth o su madre, sino con todos los dioses por aquella absurda misión, por sacarnos de la carretera con un rayo y por habernos enfrentado en dos grandes batallas el primer día que salíamos del campamento. A ese ritmo, jamás llegaríamos a Los Ángeles vivos, mucho menos antes del solsticio de verano.

No seas pesimista —dijo Hestia—

¿Qué había dicho Medusa? «No seas un peón de los Olímpicos, querido. Estarás mejor como estatua. Sufrirás menos daño. Mucho menos.»

Me puse en pie.

Ahora vuelvo.

Percy —me llamó Annabeth—. ¿Qué estás…?

En el fondo del almacén encontré el despacho de Medusa. Sus libros de contabilidad mostraban sus últimos encargos, todos envíos al inframundo para decorar el jardín de Hades y Perséfone.

Ambos dioses se encogieron de hombros

Según una factura, la dirección del inframundo era Estudios de Grabación El Otro Barrio, West Hollywood, California. Doblé la factura y me la metí en el bolsillo.

Varios veían orgullosos

En la caja registradora encontré veinte dólares, unos cuantos dracmas de oro y unos embalajes de envío rápido del Hermes Nocturno Express.

Gracias por la propaganda —dijo Hermes sonriendo—

Busqué por el resto del despacho hasta que encontré una caja adecuada.

Varios vieron a Percy extrañados y otros con sorpresa

Regresé a la mesa de picnic, metí dentro la cabeza de Medusa y rellené el formulario de envío.

Perseo se quedó en silencio con la boca abierta por lo sorprendido que estaba

Pasa algo —pregunto Aquiles—

Es que pensé que Teseo era un impertinente pero él te gana —dijo Perseo—

Por qué lo dices —pregunto Orión—

Por esto —leyó Perseo—

Los Dioses

Monte Olimpo

Planta 600

Edificio Empire State

Nueva York, NY

Con mis mejores deseos, Percy Jackson

El campamento se quedó en un silencio

No puedo creer que sea más impertinente que Teseo —dijo Orión— lo que más me preocupa es que Teseo hacia las cosas cuando tuvo como 25 años pero tu siendo un niño hiciste cosas así

Zeus y Hera veían molestos a ambos Percy

Eso no va a gustarles —me avisó Grover—.

Es obvio que no —dijo Hera—

Te considerarán un impertinente.

Para que sea más que Teseo es preocupante —dijo Jasón a lo que Teseo hizo una mueca—

Metí unos cuantos dracmas de oro en la bolsita. En cuanto la cerré, se oyó un sonido de caja registradora. El paquete flotó por encima de la mesa y desapareció con un suave «pop».

Es que soy un impertinente —respondí.

Enserio que eres un cínico —dijo Orión—

Miré a Annabeth, a ver si se atrevía a criticarme.

Eh aprendido que contigo siempre pasara algo —dijo Annabeth—

Además que estuvo bien a donde la mande —dijo viendo a Gabe pero paso desapercibido por todos—

No se atrevió. Parecía resignada al hecho de que yo tenía un notable talento para fastidiar a los dioses.

Mismo talento que tenía Belerofonte y ve como termino —dijo Aquiles y ambos Percy tragaron saliva—

Vamos —murmuró—. Necesitamos un nuevo plan.

Aquí termina el capítulo —dijo Perseo cerrando el libro— quien Lee

Yo —dijo Leneo y Perseo con una pequeña brisa llego a manos de Leneo—

Espero les haya gustado nos leemos en un mes

Alguien sabe dónde puedo conseguir el PDF de "El Laberinto Ardiente" en español

Se despide por ahora ACUARIO NO JUNE4311