¡Hola! Ya esta aqui la parte 5, tenía pensado acabra la historía aquí, pero se me ha alargado demasiado.


-¿Seguro que es por aquí?

-Conozco este bosque como la palma de mi mano.- Dijo la mariquita de no más de un metro de altura. A pesar de su aspecto, su voz era muy masculina y Raphael no estaba muy seguro de su sexo. Al menos no hasta que supo que su nombre era Fred.

-Como si tuvieras…-masculló Raphael, empezaba a estar arto de aquel bicho.

-Te he oído. –la mariquita siguió caminando, sacándole metros de ventaja, rompiendo con increíble facilidad las hojas y ramas que se topaban en su camino con un cuchillo enorme.

-Cuando vine hasta esta zona tardé mucho menos, estoy seguro.

-Bueno-dijo girando la cabeza- eso es porque vinistes volando.-agitó un poco sus alas y prosiguió con su camino.

A Raph se le empezó a poner la cara de color rojo y respiró un par de veces fuertemente. No le quería hacer nada, no mientras le fuera útil al menos.

-Umm- la mariquita se agachó y tomo un poco de tierra con las manos mientras la restregaba entre los dedos. Raphael la alcanzó.

-¿Qué?

-Estamos cerca del río ¡sí! Has tenido buen ojo al elegir a tu acompañante amigo…-con una sonrisa siguió con la marcha, cortando ramas que ni siquiera le estorbaban. Raphael rodó los ojos hasta el cielo. No es que lo hubiera elegido, es que fue el único voluntario. Por una parte, agradecía a la Fred su ayuda, pero por otra le estaba resultando tan molesto que se tenía que contener fuertemente para no golpearle.

Raphael no estaba para bromas. Se sentía muy mal por haber dejado a April sola en sus condiciones, y también le perseguía el miedo de encontrar a sus hermanos en otras peores…intentaba no pensar y caminaba decidido por el bosque, manteniendo las distancias con Fred.

-Oye y tú que eres ¿una especie de tortuga que hace kárate?

-Ninjutsu.-lo corrigió él.

-Aaah…-Fred no tenía ni idea de cuál era la diferencia.

Hubo un silencio, Fred se había puesto al lado de Raphael y este no parecía por la labor de conversar. A Fred no le preocupaba, la amiga de la tortuga, la cual le había parecido más simpática, ya se lo había advertido.

-Así que…buscas a tus amigos.

-Hermanos.

-Hermanos y un amigo.

Raph lo miró sorprendido ¿cómo sabía eso aquel bicho? Fred lo miró con una sonrisa de suficiencia y lo adelantó.

-¿Cómo sabes eso?

-Me lo ha dicho un pajarito.

Raphael pegó un gran resoplido. Sin duda April se había hecho amiga de Fred. A veces era incluso peor que Mikey…

-¿Qué más te ha dicho? ¡Venga, dímelo!

Fred se río como respuesta y eso no hizo más que molestar a Raph más, quien cogió a al insecto por los hombros.

-Te estás comportando al pie de la letra a como ella me ha dicho.- Fred lo miraba divertido y Raphael estaba rojo por la ira. Lanzó un resoplido e iba a decir algo cuando la mariquita lo detuvo.

-Shhhh… ¿oyes eso?

Raphael prestó atención al entorno, pero no le pareció oír nada fuera de lo usual.

-¡Es el río! ¡Corre vamos!

Fred se soltó de los brazos de Raph y empezó a correr. La tortuga lo siguió. En efecto llegaron al río y Fred se puso a dar saltos de alegría.

-Ya hemos pasado el ensanchamiento. Ahora lo seguiremos había abajo y llegaremos a la granja de los humanos.

-Pues vamos. Tengo que volver antes de que anochezca.

Caminaron río abajo durante a lo que a Raph le pareció una eternidad. Aún eran las seis de la tarde y a Fred no se le acababa el ritmo y la energía. Raphael tampoco estaba cansado, había hecho entrenamientos el triple de duros. Cada día.

Sin embargo, algo se movió en el ambiente. Raphael detuvo a su acompañante y sacó sus sais. Notaba algo, no estaban solos. Entre las ramas de los árboles algo se acercaba a mucha velocidad.

Algo saltó encima de Raph antes de que siquiera pudiera reaccionar.

-Raaaaaaaaaaaaaaph- La alegre voz de Mikey inundó el bosque mientras que saltaba desde las alturas hacía el cuerpo de su hermano, derrumbándolo. Se lanzó al cuello de él.

-Raph, Raph, Raph, menos mal que estás bien.-y le llenó de besos la cabeza.

El estrangulamiento pasó a ser un tierno abrazo, Raph se sorprendió, pero pronto correspondió a su hermano y se quedaron abrazados en el suelo. Fred los miraba con ternura y luego carraspeó a propósito.

Mikey observó al insecto durante un momento, después empezó a chillar el nombre de Donnie, tan alto que Raph lo hizo callar.

Donnie apareció de entre los árboles jadeando, le había costado seguirle el ritmo a Mikey. Cuando vio a Raph se quedó quieto y se irguió, como si estuviese analizando la situación y no llegara a comprenderla. Raphael también se quedó quieto, observando a su hermano, y fue él quien empezó a abrir los brazos antes de que Donnie corriera hacia él, casi haciéndolo caer en el suelo y fundiéndose en un gran abrazo.

Mikey los observo feliz, y entonces dirigió la vista hacía Fred, quien también observaba a los hermanos.

-Hola, que bichita tan mona eres- Mikey se inclinó hacía él y fue a tocarle un moflete. Fred se apartó.

-Bichito, me llamo Fred.

Mikey se quedó sorprendido al oír la voz de aquella mariquita, pero enseguida volvió a sonreírle.

-Yo soy Mikey.

Fred le sonrío y bajo la vista hacía el suelo, tímido y avergonzado.

-Ooh- Mikey lo miró con ternura antes de echar en falta algo.

-¿Y April?

Mikey había hecho la pregunta al mismo notar su falta, sin pensar si querría saber o no la respuesta. Si no se encontraba allí…era mala señal.

Donnie miró asustado a la cara de Raph, había notado la falta de su amiga nada más observar la escena, pero la alegría de ver a su hermano sano y salvo lo hizo olvidarlo todo. Raphael enseguida los tranquilizó.

-Tranquilos, está bien, está con los amigos de Fred.

Era una verdad a medias, April no estaba "bien" exactamente, y tampoco estaba con los amigos de Fred de la manera que ellos pudieran pensar. Aquellos bichos habían hecho mucho por ellos, y los habían acogido, pero Fred era el único verdaderamente agradable.

-¿Y por qué no está aquí?

Mikey era el que había hecho la pregunta. Donnie no hablaba, temía que si lo hacía, no podría controlar las emociones.

Raph y Fred intercambiaron miradas, y finalmente fue la tortuga el que decidió que lo mejor sería que supieran la verdad, por mucho que se preocupasen.

-Veréis, April no está…- ¿en condiciones? Si dijera eso pondría el grito en el cielo, ¿de verdad existía una forma de decir esto suavemente? Raph creía que no. Suspiró.- April está mal. El tornado la pilló de lleno y apenas puede moverse. La acaban de operar.- Ante las miradas de los presentes Raph suavizó sus palabras- Pero…está viva. Y va a mejorar muy pronto.

-¿Qué?- Mikey pronunció una única palabra. No lo entendía, no lo asimilaba. No podía ver a April en una cama de hospital al borde de la muerte, simplemente no. Siempre había visto a April como a algo muy delicado que debían de cuidar, cómo a una pieza de cristal que intentas no zarandear mucho. Pero también como algo duro que podía cuidar de sí misma, sin que nada pudiera hacerle daño. Esa idea acababa de hacerse añicos.

Donnie, se quedó mirando al suelo. Se estaba temiendo lo peor. Se imaginaba a April desmayada en una cama destartalada. ¿Quién la estaba atendiendo? ¿Sabrían atenderla? ¿Tendrían lo que necesitaban? Obviamente solo él podría hacerlo como es debido. Tenía que llegar hasta ella ya.

-¿Dónde está ella?- preguntó sujetando a Raph por los hombros e intentando mantener la cabeza fría.

-En un hospital, bueno, en algo así. Fred te llevará hasta allí, ¿verdad?

Fred asintió con la cabeza y Raph la inclinó en respuesta, una sonrisa fue su manera de darle las gracias y al bicho se le hinchó el pecho de orgullo.

-¿Sabrás volver?

-Sí, tranquilo- contesto Raph.

-Llévame con ella, por favor- pidió Donnie al insecto.

-¡Y a mí!

-Muy bien, ¡en marcha!- Fred empezó a hacer una marcha que se asimilaba a la del ejército. Mikey lo siguió encantado y lo imitó, Donatello se quedó mirándolo extrañado. Raphael le contestó encogiéndose de hombros.

-¿Leo está bien?

-Sí, y Casey también, si vas hacía allí pronto los encontrarás.

Ambos hermanos se despidieron y desearon suerte al mismo tiempo con un movimiento de cabeza. Después tomaron caminos distintos.


April se sentía con muy poca energía, pero no como antes, ahora sentía que apenas podía hablar. Antes estaba erguida en la almohada, ahora estaba totalmente tumbada, con el pelo desparramado por todas partes y mirando al techo. Se había dejado los hombros y la venda al descubierto, de repente sentía un calor insoportable, incluso podía sentir las gotas de sudor cayendo por su frente. Un fuerte dolor de cabeza la atormentaba y procuraba no moverse lo más mínimo para que su hombro y su mandíbula no se unieran a la fiesta.

Una de las enfermeras se acercó a su cama. Por suerte era la que April encontraba agradable.

-Oh vaya.

La enfermera puso una mano en su frente.

-¡Si estás ardiendo!

April resopló en respuesta y la enfermera sacó un termómetro que puso en su boca.

-Sí, tienes fiebre…será mejor que te dé más calmantes, y un ibuprofeno. Tranquila, es normal. – La enfermera tapo a April con la sábana hasta arriba a lo que ella intentó protestar.

-Sé que tienes calor, pero es solo una sábana, evitará los escalofríos. Voy a por una botella de agua y a por las pastillas, enseguida vengo.

April solo deseaba tener a alguna de sus tortugas a su lado, eso le sería mejor que cualquier pastilla.


Leonardo caminaba en compañía de Casey, pero ninguno hablaba, ni siquiera gritaban ya sus nombres. Por la mañana temprano, cuando habían salido, había esperanza, ahora, a media tarde, ni siquiera sabían porque seguían allí. Pero n podían dejar de buscar. Eran Raphael y April los que estaban en juego. Y Leo no podía imaginar su vida sin ninguno de los dos en ella. Caminaban sin desgana y entonces Leo comenzó a gritar sus nombres otra vez, aún más fuerte que antes.

Casey sentía casi lo mismo que Leo, pero se había abstenido de decirle que pararan. Tenía hambre y no había comido en todo el día, aunque claro, eso le importaba poco ahora. Solo sentía que debía de hacer algo para que Leo se sintiera mejor. Era como si no fuera él, era como si solo fuera una sombra de lo que fue.

Empezó a observar como a Leonardo le costaba cada vez más caminar y eso fue la gota que colmó el paso.

-Leo, creo que deberíamos de volver.

-¡No! Ahora que hemos llegado tan lejos es cuando los podemos encontrar.

-Sentémonos solo unos minutos. Por favor.

Casey miró a Leo con rostro suplicante mientras que este lo hacía desafiante, para luego suspirar y ceder. Casey no tenía la culpa de nada, pero más de una vez Leo se había sorprendido así mismo pensando por que no podía ser él el desaparecido en lugar de April o Raph, inmediatamente se reprendía y odiaba por ello. Casey también sufría, buscaba a su mejor amigo y a la chica que le gustaba, después de todo.

-Sí, de acuerdo.

-Leeeooo.

Leo se dio la vuelta inmediatamente.

-¿Has oído eso?

-Sí- contestó Casey estando alerta.

-Caaseyyy.

-¡Es Raph!- Leonardo echó a correr hacia la procedencia de la voz, gritando su nombre. A Casey le costó bastante seguirle el ritmo.

Raphael también corría en dirección hacia la voz de su hermano. Cuando por fin pudieron verse los cuerpos fueron más deprisa y más y más…y entonces pararon. Se encontraron de frente, jadeando. Y entonces cayeron uno encima del otro. Se fundieron en un abrazo y Casey prefirió quedar al margen, observándolos con una sonrisa. Leo hundió su rostro en el cuello de su hermano y todo ya le daba igual, todos sus temores se habían disipado. Él estaba bien, y estaba con él. Estaban juntos. Pasó un rato y entonces se separaron, mirándose de arriba abajo. Inspeccionándose. Ambos sonrieron y Raph fue a abrazar a Casey, al que le revolvió el pelo cariñosamente.

Leo los observo sonriente, pero enseguida volvió a sentir del vacío de antes en su interior.

-¿Dónde está April?

Los dos chicos miraron a Raphael expectantes, buscando cualquier expresión en su rostro que denotara buenas noticias.

-Ella, bueno, está viva. – En este punto la respiración de ambos volvió a funcionar, pero aún había algo que no les gustaba- Pero está mal, peor que cualquiera de nosotros, la han operado y…

-¿¡Qué?!- El grito de incredulidad de ambos muchachos sacudió el bosque.

-Dejadme acabar- Raph alzó las manos- la han operado y se encuentra bien, en una cama, en un hospital, y me hizo venir para deciros esto, que estamos bien. Tengo que volver con ella.

-Vamos contigo.

Leo se puso firme y Casey también, Raphael sabía que tenían ganas de ver a April, pero Mikey y Donnie ya iban para allá, y él también tenía que ir. El hospital estaba hasta arriba y le parecía una tontería que fueran para que luego tuvieran que volver solos y a oscuras. También supuso que le tocaría discutir con Donnie a cerca de quien se quedaba a dormir con ella. La verdad es que no le parecía bien que fuera él quien se quedara. La forma en que quería a April era muy distinta a la de él.

-Veréis- empezó- No podéis dormir allí y el camino es largo. Creo que sería mejor que fuerais mañana temprano. Yo vendré a por vosotros.

A Casey no le parecía mala idea, tenía muchas ganas de ver a April, pero al menos ahora sabía que estaba bien y nada le apetecía más que sentarse y comer.

Leo, sin embargo, tenía opiniones muy distintas. Se había temido lo peor desde que el tornado apareció, y llevaba dos días creyéndolos muertos. Necesitaba verla.

-Da igual, quiero ir.

Raphael y Casey se miraron cómplices. Estaba claro que la pierna de Leo ya había sufrido bastante por hoy. Le iba a costar convencerlo. Sin embargo, fue Casey quien habló.

-Leo, por favor, iremos mañana. Raph nos ha asegurado que está bien, ¿verdad?
-Sí.

Raphael no sabía muy bien que pensar, no estaba muerta, pero para nada estaba sana.

Leo se quedó pensativo mirando al suelo. Se sentía cansado, y mentiría si dijera que la pierna no lo estaba matando. Miró a los ojos expectantes de su amigo y su hermano. Raphael lo miraba desafiante, como habitualmente, Casey lo miraba suplicante.

Al final suspiró.

-Está bien, pero quiero que mañana estes aquí a primera hora por nosotros.

Raphael sonrió y lo golpeó en el hombro.

-Claro que si hermano.

-Pero Raph, ¿Por qué no te quedas con nosotros y vamos mañana los tres?- preguntó Casey.

-Le he prometido a April que volvería.- Raphael se limitó a decir esto sin dar más explicaciones ante la mirada extraña de Casey. Le daba igual lo que pensara.

-Donnie y Mikey llevan sus móviles. Estaremos en contacto.

Todos se despidieron con un movimiento de cabeza antes de que Raph se parara y le dijera a Leo:

-Me alegro de que estés bien, hermano.

Él sonrío.

-Lo mismo digo.

Y volvieron a tomar caminos separados.


Los tranquilizantes habían hecho efecto y April lo agradecía. El ibuprofeno también parecía combatir contra la fiebre y los escalofríos casi habían desaparecido.

Llevaba puesta la máscara de arrastre de aire, no le hacía falta necesariamente, pero le ayudaba. La hacía sentirse más tranquila al sentir sus pulmones llenos de aire, serena. Tenía la cabeza girada hacía el barullo del hospital, observando cada detalle. No es que hubiera cualquier otra cosa que pudiera hacer. Literalmente.

La tarde había pasado lentamente. Había conocido a Fred antes de que Raph se hubiese ido con él. Le había parecido un bichito de lo más simpático y aún se reía al recordar con que ímpetu le había contado sus aventuras.

-¡April! ¡April! ¡April!- April oyó su nombre en la lejanía y elevó la cabeza. Después volvió a recostarse pensando que eran imaginaciones suyas. Pero entontes fueron dos voces las que corearon su nombre.

Antes de que pudiese volver a recostarse sintió el peso de un cuerpo caer encima suyo, aplastándola. A April no le importó cuando pudo descubrir que era Mikey el que le había echado los brazos al cuello, estrangulándola. Luego se apartó un poco, examinándola, para después volver a abrazarla. April correspondió al abrazo casi con lágrimas en los ojos, cómo había echado de menos a aquella tortuga.

Otro cuerpo se abalanzó sobre ella, pero con más delicadeza. April distinguió a Donnie. Con Mikey aún en sus brazos Donnie empezó a soltarla, sonrojado, ella alargó el brazo bueno y volvió a juntar su cabeza con la de él. Entonces Donnie hundió la cabeza en el cuello de ella, tocándole la cara y examinándola, después la volvía a abrazar, una y otra vez repetía esto, a toda velocidad, sin separarse de ella ni un momento.

Mikey tampoco se separaba de ella y Fred observaba casi emocionado aquella reunión.