Capítulo 12

- ¡¿Lo-Londres?! ¡¿No habías rechazado la beca?!

- Si… pero soy menor de edad Ace, la última palabra la tienen mis padres…

- ¡Nooooo Saboooo!- gritaba el más pequeño de la estancia mientras se abrazaba fuertemente a su hermano sollozando.

- Ya Luffy, tampoco me voy a morir- decía el rubio acariciándole el pelo al otro con una media sonrisa.

- ¡Pero estarás lejos! ¡No quiero!

- Luffy, vendré siempre que haya vacaciones…

- Pero no será lo mismo…- susurró el pecoso agachando la cabeza y apretando los puños.

- A ver chicos, prestadme atención- dijo serio el mediano, haciendo que estos lo mirasen-, ustedes tienen amigos, ¿no es cierto? Grandes amigos, amigos que estarán con ustedes en cualquier momento. Es verdad, yo también os echaré de menos, pero el mundo no se acaba aquí. Y siempre os tendréis el uno al otro- ambos pelinegros se miraron.- ¡Joder! ¡Realmente parece que me fuera a morir! Además, sólo será este año y la universidad, tiempo en el que Ace estará preparándose para ser bombero y en el que tú Luffy empezarás también a luchar por tus sueños. Tarde o temprano nos teníamos que separar para seguir nuestros caminos- hizo una pausa, el pequeño paró en su llanto y Ace se veía más relajado.- Y vuelvo y repito que vendré en las vacaciones, además, también podemos hacer conferencias por la webcam los fines de semana…- sonrió finalmente. Se hizo un silencio.

- Tienes razón, aquí no se acaba el mundo, si parece que estamos en tu funeral- rió el pecoso.- Aunque no me gusta nada que vayas obligado…

- Si te digo la verdad es una buena oportunidad para mí, esto puede hacerme un poco más libre…

- Entonces… ¿tú estás contento Sabo?- preguntó el otro pelinegro.

- En cierta forma… sí- Luffy levantó la mirada y sonrió ampliamente aún con los surcos de las lágrimas marcados en su rostro.

- Si tú eres feliz… eso es suficiente shishishi- todos sonrieron por fin en la sala, incluso los dos invitados, que estando de meros espectadores se habían mantenido tensos durante toda la conversación. Al darse cuenta de ésto, Sabo se giró a verlos.

- Shanks-san, Marco-kun… se los encargo- dijo el rubio con una gran sonrisa, provocando la sorpresa de ambos para luego responder con una fugaz sonrisa.

- ¡Ah! Shaaaanks te vas a quedar a dormir otra vez ¿no?- decía feliz el pequeño pelinegro corriendo hacia el mayor, rompiendo así la atmósfera algo tensa que se había cernido sobre ellos.

- Etto… pues, no, yo sólo venía a cumplir con la promesa de que te venía a ver por la tarde y después…

- ¡Pero me dijiste que te quedabas también!- reclamó hinchando los mofletes.

- ¡¿Cuándo he dicho yo eso?! ¡Yo sólo dije que venía por la tarde!

- Mentiroso- le reclamó poniéndose de espaldas a él.

- Pero… pero… per…-repetía el pelirrojo cada vez más confuso.- "¡¿Lo habré dicho sin darme cuenta?!"- pensó.

- "Después el inocente es Luffy…"- pensaron los otros tres que contemplaban la escena.

- Ains, está bien- suspiró Shanks.

- Siiiii- gritaba feliz Luffy.

- Antes voy a hacer una llamada- anunció saliendo hacia el jardín.

- Bueno, entonces yo me voy, que es tarde… ¿Nos vemos mañana no Sabo?

- Si claro, es mi último día, además tengo que terminar de pedir unos papeles en secretaría.

- Entonces ya nos veremos. Adiós Ace- dijo dedicándole una sonrisa cierto arrogante. Ésto provocó un sonrojo en el pecoso, al cual le vino a la cabeza aquella escena en la que el rubio había alzado su cabeza y le había mirado a los ojos cuando estaba casi a punto del llanto. Estaban tan cerca. Tan cerca, que podía oler ese aroma tan suyo, parecido a la fragancia de la hierbabuena, una mezcla entre el calor del sol y la frescura de una brisa de principios de verano, como aquella sonrisa…

- "¡¿Pero qué estoy pensando?!" Adiós…- respondió para ver salir a su amigo por la puerta.

- Ace… ¿realmente estás bien con lo del traslado?- preguntó su rubio hermano volviendo al tema que se suponía zanjado.

- Si es lo que tú deseas sí, además, es hora de que maduremos y sigamos nuestros caminos…- declaró el pecoso volviendo a la realidad un tanto más serio. El otro le contestó con una sonrisa para luego posar la mano sobre su frente.

- No tienes fiebre… ¡¿Quién eres tú y que has hecho con mi hermano?!- exclamó melodramático.

- Ja,ja que gracioso… Venga, vamos a preparar la cena.

- Vale, vale- asintió todavía riendo.


En otra parte de la ciudad el pelinegro profesor de literatura del New World High School atendía su celular con algo más que cansancio en la mirada.

- ¿Diga?- respondió aún sabiendo quién se encontraba al otro lado.

- Mihiiii soy yo, mira que lo de la cena de esta noche no va a poder ser, mañana te contaré y…

- De todas maneras no iba a ir, no estoy de humor…- le cortó.

- Ah ¿y eso?

- Zoro no va a dormir aquí hoy y como que no tengo muchas ganas de aguantarte…

- Me ofendes ¿sabes?- dijo con falsa indignación.- ¿Y a dónde se fue a dormir el alga con patas?

- ¡Oye! Que es de mi protegido de quien estás hablando- reprendió Mihawk.

- Está bien, está bien…- rió.

- Se quedará en casa de Trafalgar.

- ¿Desde cuándo son tan amigos?- preguntó sorprendido el pelirrojo al otro lado de la línea.

- Eso es lo que me gustaría saber a mí- suspiró.

- Pues entonces perfecto porque mi plan no hubiera resultado si no estaba en la casa. En fin, nos vemos mañana, cuídate~

- … Ya colgó... siempre igual…- decía el pelinegro soltando el móvil y entrando al cuarto de baño en pos de darse una ducha.

En ese instante, otra persona se encontraba saliendo de ella con una toalla blanca enrollada a la cintura y otra más pequeña que se movía con brusquedad por la cabellera de sedosos mechones verdes. El muchacho caminaba hacia el salón de su tatuado amigo, quien se hallaba en la mesa del comedor rodeado de libros.

- ¿Qué diablos estás estudiando recién empezado el curso?- preguntó extrañado.

- Estoy completando mis apuntes de medicina- dijo el pelinegro alzando la mirada para contemplar el esculpido cuerpo del otro.

- Estás loco- rió irónico.

- Lo que tú digas, ahora el loco pregunta: ¿quieres que te deje ropa o prefieres pescar un resfriado?- preguntó Law en el mismo tono.

- Si no es molestia…

- Espera a ver si tengo algo que te valga… Aunque soy más alto, también soy más flaco que tú…- decía dirigiéndose hacia la habitación más para sí mismo que para el otro.- Creo que esto te servirá- salió de la estancia con unos bultos en las manos unos segundos después.

- Gracias- declaró para dirigirse al cuarto de baño nuevamente.

No mucho tiempo después salió con unos pantalones de chándal negros algo desgastados y cuyo bajo se le acumulaba en cantidad de tres a cinco centímetros en los tobillos, mientras que la camisa la llevaba al hombro.

- Los pantalones me van bien… un poco largos pero lo mismo es, la camisa sí que no me cupo…- decía mientras se dirigía a donde se encontraba el pelinegro.

- Pues la verdad es que no tengo nada más grande…

- No pasa nada, en mi casa tampoco es que las utilice mucho y si a ti no te molesta a mí me da igual.

- Tranquilo Zoro-ya, no estoy interesado en ti de esa forma- le dijo sonriendo como sólo él sabía hacer.- Déjala en la cama, luego la colocaré- le señaló la puerta del dormitorio con una media sonrisa al notar el color rojo que había provocado en las mejillas del otro.

- Va-vale.

Después de hacer lo que le había dicho, Zoro se sentó en el sofá más próximo a la salida de la habitación, contemplando cómo Law concentrado, escribía frenéticamente en un gran bloc, pasando la mirada de los diferentes libros que tenía abiertos al papel. Mas no fue mucho el tiempo que tardó en perderse en sus pensamientos, aún con la mirada fija en ese punto. Pensaba en la situación que lo había llevado a pasar esa noche en la casa de su nuevo amigo, y es que ya no era la tristeza lo que inundaba su pecho sino la rabia y la impotencia al ver perdido lo que más quería en este mundo. Sí, le había costado darse cuenta, pero no quería admitirlo temiendo el rechazo; no obstante le dolían las circunstancias en las cuales había caído en la cuenta de que amaba a ese hombre más de lo que él pensaba. Suspiró pesadamente, ¿qué debía hacer en esa situación? Es decir, sus sentimientos estaban claros, pero todavía estaba ese maldito pelirrojo de por medio, y aunque había pruebas suficientes como para pensar que estaban juntos tampoco es que terminara de esclarecerse la situación… ¿Eran amantes? ¿Era por simple placer? ¿Eran pareja?

La molestia ante estas ideas se marcaba en la cara de Zoro, que había cerrado sus ojos dejando reposar su cabeza en el respaldo del sofá, cosa que no pasó desapercibida para el ojeroso, que hacía rato observaba curioso las expresiones del peli verde. Law se levantó de la mesa del comedor y se dirigió a la cocina para abrir el frigorífico, sin cerrarlo giró su torso hacia donde se encontraba el otro.

- Ey Amargado-ya, ¿qué quieres cenar?- preguntó el pelinegro haciendo volver a Zoro de su trance.

- Cualquier cosa está bien.

- ¿Sabes? No ayudas… En fin, ¿pasta o arroz?

- Arroz mejor, ya te ayudo- respondió levantándose del asiento.

- Hacemos un arroz frito entonces. Normalmente saldría y comería cualquier cosa por ahí pero no creo que tú estés de humor- decía mientras empezaba a sacar los huevos, la zanahoria, los guisantes y el bacon.

- No, la verdad es que no… No te veía a ti persona de comer mucho, pensé que me dirías que normalmente no cenabas.

- Y no suelo comer mucho, pero procuro hacer mis cinco comidas al día, lo malo es que normalmente termino comiendo bocadillos o cosas precocinadas. Como mucha fruta, eso sí…- explicó el pelinegro haciéndose un silencio.- Si lo decías por mi aspecto poco saludable es debido a que no suelo dormir demasiado, además como bien supusiste, antes no solía comer. Hasta que llegué aquí no me preocupaba tanto por mi salud, pero supongo que al vivir solo me he obligado un poco a hacerlo, más que nada porque no quiero preocupar a los que me quieren…

- Entiendo…

- Y aunque no lo creas, al igual que tú, yo antes practicaba kendo- le reveló desafiante.

- ¿Tú? ¿Tan flaco? Para realizar kendo hace falta tener fuerza en los brazos- discutió tirando de la sudadera algo suelta que llevaba Law.

- Zoro-ya, otra cosa no, pero tengo un cuerpo tonificado pese a mi delgadez. Si no me crees te lo puedo mostrar- dijo pícaro el pelinegro echando mano al bajo del abrigo.

- N-no gracias, te creo, te creo- dicha respuesta hizo que el otro riera ante su inocencia.

Al terminar de cocinar y disfrutar de una cena cierto silenciosa aunque no molesta Law preparó el futón en el que Zoro había preferido dormir, al dársele el sofá como segunda opción. Muy familiarmente se desearon las buenas noches para luego dirigirse a descansar, pero no se sabría con certeza si esa era la mejor manera de llamar a aquel acto parecido al de dormir, pues ninguno pudo pegar ojo, ya fuese por los problemas de Zoro, que lo mantuvieron en vilo hasta cerca de las dos de la mañana, o porque Law quedó rendido con el libro "La morgue" sobre la cara a eso de las tres. El resultado fueron unas inusuales ojeras en Zoro y otras aún más incrementadas en Law. Sin embargo, aquella noche no sólo les pasó factura a ellos, pues también se había sobrepasado el cupo de camas disponibles en el chalé de los tres hermanos.

Tras la marcha de Marco y una cena un tanto movidita, como todas en las que a la mesa se encontraban los dos pelinegros, llamaron al timbre nuevamente y por tercera vez aquel día. Ace se levantó del sofá en el que discutía acaloradamente con Sabo sobre cuál era la mejor salsa para acompañar las costillas y se dirigió a la entrada, sorprendiéndose por la visita.

- ¿Shirahoshi?

- Hola...

- Buenas noches Ace, esperamos no interrumpir.

- Fukaboshi, ¿qué hacéis aquí a esta hora? Pasad, pasad.

- ¡Shirahoshi!- exclamó Luffy corriendo hacia la muchacha de largo cabello rosa pálido.

- Sentimos presentarnos tan repentinamente, pero a decir verdad, no sabíamos a dónde ir…

- ¿Pero qué ha pasado?- preguntó Shanks levantándose de donde se encontraba y dirigiéndose a los recién llegados.

- Shanks-sensei… verá, el desgraciado que acosa a mi hermana ha vuelto a merodear la casa, y nos consta que ésta vez no viene solo. Por otra parte, Padre no se encuentra por cuestiones de trabajo y la mitad del personal de seguridad está con él. Temo que de alguna manera se metan en la propiedad y…- el peli azul miró frustrado el piso.- Por eso venía a pedirles si podían hospedar a Shirahoshi esta noche en su casa. Padre vuelve mañana, y él sabrá como manejar la situación… sé que es mucho pedir, pero yo…

- No hay problema, no te preocupes, y antes de que lo digas, no, no sois ninguna molestia. Sois unos buenos amigos, nunca os dejaríamos a vuestra suerte- respondió rápido Sabo con una amplia sonrisa.

- Muchas gracias- suspiró tranquilo.- Volveré a mi casa con mis hermanos para que ese tipo no sospeche. Shirahoshi pórtate bien y no les des muchos problemas.

- No lo haré ni-san. Hasta mañana.

Al quedarse solos, Sabo invitó a la muchacha a sentarse junto a ellos, tal y como estaban antes de que el timbre sonara. Ésta, de unos catorce años, era una gran amiga de los hermanos, y el hecho de que su padre fuera ministro había hecho que coincidieran en más de una fiesta o reunión a la que también había asistido Garp como alto mando del ejército. La cuestión por la que se encontraba allí no era otra que, dada su posición, la protección de su persona, y es que desgraciadamente desde hacía poco tiempo le había surgido un acosador. Pese a todo esto, y lo grave de la situación, Shirahoshi no tardó en sentirse cómoda y olvidarse un poco de su problema.

Después de aquello no se demoraron en irse a dormir, sin embargo surgía un problema: muy pocas camas para tanta gente.

- Shirahoshi, tu dormirás en la habitación de Luffy. Luffy, vete a cambiar las sábanas por favor- le ordenó Ace.- Sabo dormirá conmigo como hacemos cuando viene el viejo y...- el pecoso sonrió levemente mientras Shanks iba palideciendo- Luffy dormirá con Shanks en la habitación de invitados… ¡ála! Todo solucionado, muy buenas noches a todos- finalizó para dirigirse a su cuarto.

- ¡Espera Ace! Será mejor que me vaya a mi casa, así estaréis más cómodos, ya vendré otro día si eso… Cogeré un taxi y…

- Por dios Shanks-san como vamos a dejarte irte con la hora que es, además no creo que…- respondió el rubio sin poder terminar la frase.

- ¡Nooooooooooooooo! Shanks, me lo prometiste, me dijiste que te ibas a quedar a dormir- el menor salió de su habitación y se encaramó al pelirrojo, quien quedó estático.

- …eso, que Luffy no te va a dejar- terminó Sabo.

- ¿Ya terminaron de poner pegas? Tengo sueño- reclamó Ace desde la puerta de su cuarto.

- Buenas noches a todos, Shirahoshi-san, si necesitas algo háznoslo saber por favor, Luffy termina de hacerle la cama.

- No se preocupe Sabo-san yo la terminaré, y buenas noches- respondió la pelirosa antes de encerrarse en la habitación, quedando solos en el pasillo alumno y profesor.

- Vamos Shanks, vamos a dormir- arrastró el monito al otro hasta el dormitorio.

- "¿Qué hice yo en mi vida pasada Señor para que me castigues de ésta forma, no una, sino dos veces? ¿Es que quieres que peque? ¿Me estás probando? ¿Es esto una prueba de autocontrol acaso?..."- pensaba el pelirrojo mientras se dejaba arrastrar. Una vez dentro, dio con una imagen que le gustaría no haber visto nunca en lo que le quedaba de vida, o al menos su parte racional pensaba eso. El menor, sin pudor alguno, comenzó a quitarse el uniforme que llevaba puesto desde esa mañana, desanudó la corbata tirándola al suelo tras la cual cayó el pantalón, que Luffy con movimientos propios de un niño pequeño terminó de desenganchar de sus piernas.-"Creo que puedo morir en paz".- Cuando ya había desabotonado la camisa por completo el pelinegro se dio la vuelta en busca del mayor.

- ¿Shanks no te desvistes?- preguntó inocente.

- N-no, voy al baño antes ¿si? Vete metiéndote en la cama, ahora vengo yo.

- Vale…

El pelirrojo salió del cuarto rumbo al baño, se acercó al lavamanos, abrió el chorro y se enjuagó la cara. Aún con la cara empapada, apoyó sus manos en la pieza mirándose fijamente en el espejo. En ese preciso instante se encontraba devastado, y por mucho que lo pensara sólo llegaba a una conclusión válida, poseía un gran poder de autocontrol. El amor que le profesaba a ese niño era tan grande que le llevaba de los pensamientos más impuros a los sentimientos más nobles; pero eran esos últimos los que impedían que hiciera las locuras que se le pasaban por la cabeza en esos momentos.

Después de serenarse Shanks volvió al dormitorio. Se encontraba oscuro, así que, suponiendo que Luffy ya dormía, se quitó la ropa intentando hacer el menor ruido posible para meterse en la cama. Se tapó con las sábanas queriendo ignorar a la vocecilla que le recordaba quién dormía a su lado y cerró los ojos en busca del sueño. No obstante y para su sorpresa, el moreno seguía despierto, por lo cual, tras sentirlo en la cama, se acercó a la espalda del mayor y se acurrucó en ella, frotando su cabeza contra los omoplatos de éste.

- Buenas noches Shanks…- dijo meloso provocando un tremendo escalofrío en el pelirrojo.

- Buenas noches Luffy…- respondió poniendo todo su esfuerzo en quedarse dormido. Sentía la húmeda respiración del menor en su espalda y el calor del brazo que el otro había decidido apoyar en su costado, cual niño que se abraza a un peluche o almohada. El sentido del tacto se agudizaba y sorprendió a su ego pidiendo más, un contacto mayor que le permitiese satisfacer el deseo de tocar aquella piel de caramelo que ansiaba desde hacía tanto tiempo. Su sentido común se desvanecía y no sabía si lograría controlarse.

- Shanks…

El ruego ahogado del pelinegro lo alertó, se giró raudo pensando lo peor dada la situación a la que se habían visto sometidos horas antes. Sin embargo, el menor lo recibió con una relajada sonrisa. No era una de esas sonrisas que normalmente regalaba a diestro y siniestro, y que encontrabas permanentemente en su cara; no, era una sonrisa dulce, sincera y melancólica, pero cargada de gran afecto. En ese instante el pelirrojo deseó ser el dueño de esa sonrisa y de ese momento. Ser su dueño, aquel al que le dedicase sus más hermosas expresiones.

El pelinegro se pegó nuevamente a él, a su pecho, a su merced, complaciendo así al ego del otro. Sin saberlo, estaba jugando con el autocontrol de su acompañante.

- Gracias por todo lo de hoy Shanks, gracias por estar conmigo, si tu no hubieras estado, yo…- sintió temblar su cuerpo.

- No pasa nada, tranquilo… Yo siempre voy a estar para ayudarte…- suspiró contra la cabellera pelinegra, permitiéndose el capricho de estrecharlo entre sus brazos, saboreando el contacto, tomando la esencia que tanto se negaba por la seguridad del menor, sintiendo los cabellos enredarse entre sus dedos.

- Te quiero Shanks…- exhaló el pequeño, provocando un vuelco en el corazón del pelirrojo el cual dirigió la mirada hacia abajo en busca de los ojos del otro.

- Luffy, ¿qué has dicho?- preguntó desesperado por confirmar lo que creía haber oído, pero para su sorpresa Luffy ya dormía.- "No puede ser, ha debido de ser mi imaginación, o lo habrá dicho en otro sentido… sí, será eso…"– se obligó a pensar intentando tranquilizar sus nervios. Finalmente, se dejó caer en un profundo sueño.


Pese a la ajetreada noche que habían tenido algunos, la mañana no se hizo esperar. En la casa de Law el único cambio con respecto a otras mañanas era el hecho de tener que preparar un desayuno para dos, aunque tampoco es que le costase mucho servir otro bol con cereales. No entablaron conversación alguna, pues se habían levantado antes de lo normal para que a Zoro le diese tiempo de pasar por su casa y coger un cambio de ropa antes de dirigirse a la escuela.

Cuando ambos estuvieron listos partieron, aunque el pelinegro no estaba muy seguro si llegarían a tiempo dada la pésima reputación que tenía su amigo en cuanto a orientación se refería. En el trayecto tampoco hubo ninguna clase de interacción lingüística hasta que pasaron por la panadería que el moreno había descubierto en su primer trayecto al New World High School.

- Ya sólo quedan tres calles hasta mi casa…

- Entonces yo te espero aquí y aprovecho para comprar la comida del descanso.

- Vale… vengo enseguida.

- Zoro prosiguió hasta el gran edificio de cristal donde residía ensimismado en sus pensamientos; sin embargo, el hecho de llegar allí le alertó de un hecho bastante probable. ¿Y si Mihawk no se había ido todavía? No quería verle, todavía no; no con esos sentimientos taladrándole el pecho. Con manos temblorosas llamó al ascensor; los minutos de espera fueron eternos, se le aceleraba la respiración mientras su corazón intentaba de forma desesperada huir lejos de allí. Finalmente, la puerta metálica de color cobrizo se abrió dejando ver tras ella un semblante serio de tez morena y penetrantes ojos miel.

- Zoro… Buenos días.

- Mi-Mihawk… Pensaba que ya te habrías ido- contestó forzado el peli verde.

- Como podrás ver, ese no es el caso, aunque lamento defraudarte- dijo el mayor con dureza en sus palabras, lo que provocó una gran congoja en el otro.- Sigo al garaje entonces. A no ser que quieras que te alcance hasta la esquina del colegio.

- No, gracias, Law me está esperando a dos manzanas de aquí…

- Nos vemos después entonces- terminó de decir antes de quitar la mano del marco de la puerta para que ésta se cerrara.

Una vez se encontró solo en el cubículo, Mihawk no pudo evitar llevarse una mano a la boca. Otra vez había herido a Zoro con sus palabras, era obvio que el muchacho estaba nervioso, incómodo y temerario de preguntas, pero aun así no pudo retener el veneno que hervía en su garganta al saber que el menor no quería verle. ¿Tanto le dolía que no podía ni siquiera controlar sus ansias de hacerle saber que se sentía herido? Cada vez comprendía menos toda aquella situación. El ascensor llegó al destino del pelinegro y éste, cual autómata, caminó hasta el estacionamiento A001 donde tenía aparcado su precioso Porsche Cayman.

Estando sentado en el asiento del conductor dejó caer su cabeza contra el respaldo, intentando hacer memoria. ¿Cuándo se había empezado a deteriorar la relación? Recordaba que el comienzo de la convivencia había sido algo complicada, a fin de cuentas, él era un extraño que lo había acogido tras la muerte de sus padres. No se conocían, no hasta el funeral, y si el ojos miel pudo reconocer a Zoro fue gracias a las fotos que le había enseñado su amigo en cierta ocasión. Sin embargo, no pudo evitar tomarlo bajo su protección nada más verlo. Todavía recordaba con gran claridad ese día, al igual que todas las sensaciones que lo invadieron.

Flashback (povs. Mihawk)

Quizás parezca un tópico de novela dramática, pero parecía que el mismo cielo lamentaba la pérdida de aquellas personas. Me había levantado temprano y un manto gris amenazaba con desatar un terrible llanto sobre la ciudad, pese a que el día anterior estuviese completamente despejado. Estaba cansado, aunque no era ese tipo de cansancio causado por la falta de sueño, o por haber pasado toda la noche trabajando. Era el sentimiento que te queda cuando recibes una noticia devastadora, lo sabía perfectamente porque era lo que había pasado el día anterior, cuando atendí la llamada de aquel extraño número antes de salir de la oficina.

Me puse mi gabardina de paño color negro antes de salir hacia el garaje. El trayecto bajo aquella espesa lluvia se me hizo interminable, no había color en nada, o al menos yo lo recuerdo así, incluso ellos mostraban respeto al suceso. Todo se veía en una extensa gama de grises hasta que llegué al funeral de aquellos que fueron tan buenos amigos míos y lo vi… Verde. Una pequeña cabeza del color de la hierba salvaje e indómita de las selvas miraba los féretros, inmóvil.

No había mucha gente, y si la había no la recuerdo. Lo único que sé es que aquel niño estaba solo mientras cuchicheaban acerca de lo lamentable de su suerte. Todos estaban apenados pero nadie le tendía una mano para salir de donde se encontraba, porque era obvio que no estaba allí. Se hundía por momentos y nadie se daba cuenta. Ni siquiera el hombre que se encontraba a su lado recibiendo las condolencias de parte de los asistentes.

Me dirigí hacia donde se encontraban, y aunque me encontré pronto frente a él no hizo ningún movimiento. El niño seguía con la mirada fija en el suelo, ocultando su rostro; no obstante, no emitía ningún sonido que indicara llanto, ni siquiera se movía, se limitaba a estar allí. Apostaría cualquier cosa a que si le dabas un pequeño toque se balancearía para luego volver a su posición inicial, cual muerto en vida despojado de su alma. Entonces me agaché hasta quedar algo más abajo de su altura. Otros habían intentado ya mediar palabra con el pequeño así que me esperé la intervención de aquel hombre.

No creo que le responda, no lo ha hecho con nadie- me dijo con una sonrisa cordial a la par que cansada. Lo miré a los ojos para luego volver a dirigirlos hacia el muchacho, intentando dejar en claro que no me haría desistir. Por suerte, la persona que me había llamado el día anterior para transmitirme la terrible noticia me había recordado su nombre. No creía apropiado llamarlo por su apellido en un momento como aquel.

- Zoro…- no hubo respuesta a mi llamado. Lo peor era que me lo temía. En un intento de llamar su atención sujeté su mentón para alzar su rostro.

Lo que vi me dolió más que cualquier otra cosa pese a no haber tenido en mi vida relación con ese chico. Tenía ante mí unos ojos vacíos en un rostro serio e inmutable. Retiré mi mano y siguió mirándome, aunque era probable que no fuera consciente de que estaba allí. No obstante, no me di por vencido. Moví nuevamente mi brazo, esta vez para acariciar aquellos sedosos cabellos verdes.

- Tranquilo niño, todo va a estar bien.

Esas palabras bastaron para que el color volviera a él y sus ojos cobraran vida. Vida que se desbordó por ellos en forma de espesas lágrimas. Mi reacción fue inmediata, me alcé y lo abracé, lo presioné contra mi cuerpo para que no se hundiera, para que respirara, para que no fuera tragado de nuevo por toda aquella oscuridad. El silencioso borboteo desató en llanto y el mundo recuperó el color cuando alzó su cristalina mirada para dedicarme un ahogado "gracias".

Fin del Flashback


Todavía se encontraba delante de aquella puerta meditando lo que había sucedido. ¿Por qué le había confesado que no lo quería ver? Él no quería decir eso, era verdad pero… no lo odiaba, sólo temía su mirada, sus preguntas. Temía que viera a través de él y no le gustase, sólo… sólo tenía miedo. Y lo peor es que sabía que había herido al pelinegro.

Pulsó de nuevo el botón, y tras unos segundos entró en el cubículo. Aquel viaje se le hizo eterno, sin embargo, entrar en el vacío loft fue rompedor. Sin querer detenerse mucho cogió las cosas que necesitaba para aquel viernes y se fue por donde mismo había venido, dejando la mente en blanco, intentando no recordar.

Cuando se reencontró con Law éste se hallaba apoyado en la pared junto a la entrada de la panadería. No entablaron ningún tipo de conversación mientras iban hacia el instituto, no era necesario. Una vez llegaron a la entrada principal pudieron divisar al resto de sus compañeros. No hace falta describir la cara de todos cuando vieron sus trasnochadas ojeras.

- ¡Oi Marimo! ¿Seguro que fuiste a casa de Law a que te ayudara con las matemáticas?- gritó más que dijo Sanji.

- Que te den ceja-sushi.

- ¡Mi pobre Law! ¿Qué te hizo el césped con patas ese?- inquirió Ace tomando al otro de la cintura y fingiendo estar revisando su cuerpo.

- ¡Oi!- se quejó Zoro.

- Ace-ya…- replicó cansado mientras retorcía la muñeca del otro.- Él no me ha hecho nada, y en caso de que hubiéramos hecho algo, eso a ti no te incumbe- terminó de decir para seguir su camino hasta el interior del complejo.

- Marco-kun, confío en que cuides de él- suspiró Sabo cansado.- Tengo el presentimiento de que será subirme al avión y a él sobrarle tiempo para acosar al primero que se le ponga delante.

- Tranquilo… "procuraré ser yo al primero que vea"- terminó pensando el rubio, mientras el otro le dirigía una cálida sonrisa.


El pelinegro se dirigía cansado y algo molesto hacia el aula, todavía podía sentir el toque del pecoso en su cintura. Cualquier día aquel muchacho se iba a enterar quién era Trafalgar Law; ya le había dejado pasar demasiadas cosas, y lo de partirle el labio no fue nada comparado con lo que podía llegar a hacerle. Abandonó sus pensamientos psicópatas al entrar al aula y toparse con la mirada penetrante de Eustass Kidd. Aquel chico era una caja de sorpresas, podía pasar de la indiferencia al odio con demasiada facilidad, y eso le encantaba, era como una puta bomba de relojería. Le dirigió una sonrisa arrogante mientras sostenía su mirada sobre la de éste, rompieron el contacto cuando se sentó enfrente de él. No dejó, sin embargo, de sentir como lo observaba. Aquello era el chute de adrenalina que necesitaba para afrontar la mañana, mas su estado de éxtasis no duró mucho, bastó que entrasen sus compañeros para que el otro apartase la vista de su nuca hacia la ventana, perdiendo el fuego en la mirada.

El aula que en un principio sólo había sido perturbada por los rayos del sol y la presencia de los dos muchachos de un momento a otro se vio inundada por un torbellino de adolescente, que con más o menos ganas iban ocupando sus puestos o creando pequeños corrillos entre los pupitres. No obstante, no podemos decir que ésta situación duró mucho pues el pelinegro profesor de literatura entró con paso firme haciendo que el batiburrillo de hormonas se dispersase gradualmente. A Law le resultó gracioso que lo primero que hiciese el de ojos miel fuera aniquilarle con la mirada, algo le decía que de ésto iba a resultar un juego bastante entretenido, y él estaba deseando jugar.

Cuando hubo terminado la clase, la cual transcurrió entre "no muy divertidos" análisis métricos, el ojeroso se acercó al peliverde pasando al lado de Kidd, quien no pudo evitar seguirle con la mirada. Sin embargo, le interesaba más que le prestase atención aquel que estaba en el atril del profesor guardando su material docente, con bastante parsimonia a decir verdad. Se colocó entonces delante de su compañero de cabellos verdes, haciendo que el otro lo mirase desde abajo.

- ¿Querías algo Trafalgar?

- No, nada en espacial, sólo preguntarte si algún día practicarías algo de kendo conmigo, porque estuve pensado y creo que me llegué a traer del pueblo la shinai(1).- Bastó decirle eso para que a Zoro se le iluminasen los ojos.

- Claro, siempre es mejor entrenar con alguien, además, estoy deseando saber cómo de bueno eres- dijo con un sonrisa ladea.

- Ok, entonces yo te aviso… Espera no te muevas, tienes una pelusa.- Con esa frase el pelinegro estiró su mano hacia los cabellos del contrario, para tras quitarle la supuesta pelusa revolverlos intentando enfadar al peliverde, aunque dejaba ver en su rostro que lo hacía con cariño, al menos todo lo que él podía expresar ese sentimiento.

En el otro extremo del aula Mihawk había presenciado toda la escena mientras le hervía la sangre, incluso él mismo en pocas ocasiones había podido realizar tales gestos con el muchacho. Pero lo peor no fue eso, lo peor fue ver como el ojeroso tras darse la vuelta le dedicaba una sonrisa cínica. Aquello fue la gota que colmó el vaso, por lo que tomó sus cosas y salió a paso ligero del lugar, perdiéndose por los pasillos del recinto escolar mientras la ira le carcomía las entrañas.

Law sonrió victorioso, la semilla de los celos estaba plantada, ahora sólo tenía que disfrutar del espectáculo. Se dirigió a su asiento y recogió sus cosas para ir a la siguiente clase. Acordarse de que le esperaban dos horas junto a su compañero de laboratorio hizo que se pusiera de mejor humor todavía, se podría decir que hoy estaba siendo un día redondo.

Sentía su pulso acelerarse al igual que su respiración, intentó calmarse apretando sus puños pero no sirvió de mucho. Si no se conociera diría que el gesto del ojeroso hacia el peliverde le había molestado, si fuera otro, podría incluso decir que aquellos eran celos, pero, ¿por qué diantres iba a estar él celoso? Apenas conocía a Trafalgar de unos días y por mucho que lo conociera de más tiempo, ¿cómo iba a estar celoso de que tratase con otras personas? Era ridículo, debería alegrarse de quitarse de encima su insufrible presencia, aunque claro, eso no sería tan sencillo.

- Eustass-ya no me esperaste, que mala persona- dijo con sorna mientras se sentaba a su lado.

- … -trató de ignorar aquel comentario.

- ¿Estás enfadado conmigo o se te comió la lengua el gato?- se burló el pelinegro buscando su mirada.

- Trafalgar ¿por qué no dejas de joder y te vas a molestar al estúpido de Roronoa? – le respondió con voz baja taladrándolo con una mirada furiosa, tomando por sorpresa al otro.

- Está bien fiera, parece que hoy no tienes un buen día- se recompuso para desviar su atención hacia la profesora Califa que se encontraba ingresando en el aula.

Aquella clase de Física y Química desde luego no había sido de las mejores. Se habían pasado los 90 minutos explicando conceptos teóricos de física, cosa que a Law no le apasionaba demasiado, al contrario que Kidd, que se había mostrado algo interesado, lo cual resultaba ser un gran logro. Sin embargo, tras dicha tortura venía biología, y ese día harían la primera disección del curso, era el momento para que Law se divertirse.

- Oye, no te entusiasmes demasiado, el resto se está empezando a asustar. Hasta Aokiji está mirando raro y mira que es medio pasota.

- Tranquilo, intentaré que no salpique- respondió el ojeroso con una amplia y sarcástica sonrisa.

- Lo que tú digas…- respondió el pelirrojo antes de levantarse y dirigirse al profesor, a quién le pidió permiso para ir al aseo.

En su camino hacia los baños se cruzó con Sabo y aunque los dos cesaron su caminar ninguno abrió la boca. Se miraban intentando analizar al contrario, o quizás recordando que en otro tiempo no se hubieran pensado dos veces retrasar su regreso a clase con una relajada charla.

- He oído que te marchas a Londres…

- Sí, vengo de arreglar unos papeles en secretaría…

- … Suerte Sabo- le deseó el pelirrojo mientras reanudaba su marcha, acercándose al rubio.

- Para ti también Kidd- le respondió mientras pasaba por su lado. Miró hacia atrás viendo como el otro se perdía por los pasillos.- Vaya… creo que Trafalgar te está haciendo más bien del que crees Eustass Kidd.


La tan ansiada finalización de las clases llegó trayendo consigo el estruendoso sonido del mobiliario siendo arrastrado por el piso. Law se dio prisa en recoger, ansiaba llegar a casa y poder descansar. No obstante se detuvo en la puerta y le dirigió una mirada al pelirrojo.

- Espero que te acuerdes de lo de esta tarde Eustass-ya, te preguntaría si en tu casa o en la mía pero ya decidí por los dos, así que te espero en mi casa a las cinco, la dirección te la puse dentro de la maleta, no llegues tarde.

Demás estaría decir que aquello lo había escuchado toda la clase y que bien, precisamente, no había sonado. Aunque claro, eso Law lo sabía de sobra, lo había demostrado con aquella odiosa sonrisa de autosuficiencia. Las risas no se hicieron esperar, cosa que contribuyó a incrementar la molestia del pelirrojo.

Sin embargo, ese día no era tan feliz como lo podría haber sido tratándose de un viernes. Ese día estaba impregnado de despedidas. A las puertas de la institución se encontraban reunidos un grupo de amigos sumidos en sonrisas amargas, esa sería la última vez que recorrerían el camino de regreso junto a Sabo. Claro que no era un adiós, pero eso no le quitaba el sabor agridulce a la situación.

Cuando llegó el momento de que el peliverde tomara su atajo se produjo la primera despedida. No es que Zoro se sintiera tremendamente unido al rubio, sólo eran muchos años de conocerse. Hubo bastante sentimiento en el apretón de manos y las pocas palabras que se dirigieron. Aunque extrañó a todos que luego Zoro le pidiera a Luffy hablar con él antes de proseguir a su casa. Al menor le pareció raro pero siguió al que él consideraba su mejor amigo a una zona algo más apartada.

- Luffy… sé que no es el momento pero me gustaría…- resopló.- Me gustaría que vinieras el lunes, cuando todo ésto haya pasado, a mi casa, porque hay algo que me gustaría contarte… Si quieres, claro.

- Sí no hay problema- respondió el pelinegro con una gran sonrisa.- Le diré a los otros y…

- No Luffy, es que me gustaría contarte a ti primero… y más adelante, si eso, ya le digo a los demás…- el otro cambió su semblante a uno más serio.

- Sí, no hay problema, ya lo hablamos el lunes.

- Gracias… Hasta el lunes entonces.

- Hasta el lunes.

El muchacho prosiguió su camino, lo que acababa de hacer le había costado. Sabía que se pasaría todo el fin de semana dándole vueltas al asunto, pero ya no se podía echar atrás, Luffy se merecía la verdad. Esperaba que no se lo tomara a mal, aunque su parte negativa no hacía más que susurrarle que su mejor amigo no iba a perdonarlo.

Llegó al apartamento cansado y con cierto dolor de cabeza, sensación que dudaba se fuera tan fácilmente. Cuando entró pudo divisar al pelinegro sirviendo la comida en la mesa del comedor. El otro dirigió sus intimidantes orbes ámbar hacia él apenas puso un pie en los suelos de madera noble, haciendo que le recorriera un escalofrío por su espina dorsal, la tensión era palpable. Su cabeza se había mantenido tan ocupada con los recientes acontecimientos que se había olvidado por completo de la situación que vivía con su tutor.

- ¿Ya no saludas?- preguntó el mayor viendo como el otro se quedaba estático en la entrada.

- Sí, perdona… hola…- si para Zoro no fuera tan difícil el discernir las emociones podría haber notado la mezcla de tristeza y enfado en el semblante de Mihawk, quizás también algo de desilusión. También hubiera ayudado que el otro no fuera tan bueno para ocultarlas. Pero de algo estaba seguro el peliverde.- "Le pasa algo".

- Ve a lavarte las manos, la comida ya está lista- le comunicó rompiendo el contacto visual.

Haciendo caso de lo que le dijo, Zoro se dirigió al aseo tras dejar su bandolera en el sofá. Aprovechó para mojarse la cara y pensar cómo iba a encarar la situación. Sabía de sobra que aquella comida sería en cuanto menos incómoda sino remediaba de alguna manera todo lo que había sucedido en apenas dos días. Su reflejo desde luego no tenía la respuesta, suspiró resignado y se dirigió a la mesa del comedor. Al llegar, Mihawk ya se encontraba sentado con la comida servida en ambos platos.

Los pasos de Zoro eran tensos y lentos, casi como si quisiese pasar desapercibido. Cuando se supo sentado respiró algo más tranquilo, aunque todo lo tranquilo que se puede estar en un silencio tan incómodo, o al menos así lo sentía él. Tomó el tenedor y empezó a comer, masticando despacio, evitando cualquier sonido que pudiera empeorar la atmosfera que se respiraba. Se encontraba tan absorto en sus propios movimientos que no se había dado cuenta de que el pelinegro no le había dirigido una sola mirada desde que se había sentado. ¿Estaba molesto? Claro que lo estaba. Tenía que hacer algo, a fin de cuentas toda ésta situación era culpa suya y de sus estúpidos celos; debía ser valiente.

- Mihawk…- el otro subió su mirada desde su plato, expectante.- Yo…, lo siento. Siento como me puse en el coche, decirte todas aquellas cosas y también si lo que te dije esta mañana en el ascensor te hizo sentir mal…- Le dijo todo esto con la mirada gacha, sin fuerzas para enfrentarse a los ambarinos ojos.

- Zoro mírame- el peli verde levantó la cabeza con miedo.- No pasa nada, yo tampoco estuve muy correcto- vaya, en otra situación el menor hubiera deseado tener una grabadora a mano, era la primera vez que oía al otro disculparse de alguna manera.- Lo importante es que has sabido reconocer tus fallos.

Ahí estaba el Mihawk de siempre, su faceta tierna y comprensiva duraba poco tiempo. Aunque podía sentirse orgulloso de decir que era una de las pocas personas que la había visto, cosa que le hacía pensar qué clase de trato le brindaba al pelirrojo si supuestamente eran pareja. Quería preguntárselo y salir así de dudas pero tenía miedo, porque si era así no se creía capaz de aguantarlo, aún sólo existiendo un uno por ciento de posibilidades de que aquello no fuese cierto prefería atesorarlo.

- Gracias…

- ¿Por qué?

- Por todo. Por todo lo que has hecho por mí hasta ahora. La otra noche te dije que no eras nadie, pero quiero que sepas que eso no es verdad, lo dije porque estaba enfadado y asustado, tú…- no sé podía creer el ataque de sinceridad que estaba teniendo.- Eres alguien importante en mi vida, sólo quiero que lo tengas claro- terminó de decir toda aquello sin terminar de hacer contacto visual con el pelinegro, no se sentía capaz.

- Me quedo más tranquilo. Llegué a pensar que era lo que realmente pensabas, sé que no soy el mejor tutor que podrías haber tenido…- dijo todo ésto con una media sonrisa que a Zoro le transmitió algo de melancolía, por lo que decidió interferir.

- No. Eres el mejor que he podido tener, que no te quepa duda-terminó de fijar su mirada en el otro.- Sé que nuestra convivencia no ha sido fácil a veces pero, no me imagino viviendo con nadie más. Tú me ayudaste mucho Mihawk- la repentina sinceridad del menor dejó al pelinegro bastante impresionado, Zoro no era alguien que hablara de forma tan abierta sobre sus sentimientos.

- Eso me alegra. Lo bueno es que ya está todo solucionado- le respondió mientras se levantaba de su asiento para llevar su palto ya vacío al fregadero. Cuando pasó por detrás del asiento del peliverde revolvió sus cabellos de forma cariñosa.

Zoro respiró tranquilo sintiendo como se quitaba un peso de encima. Seguía teniendo esos fuertes sentimientos hacia el mayor, pero podía vivir ocultándolos si su relación era buena, y parecía que las aguas volvían a su cauce después de unos días bastante ajetreados. Tras el último bocado imitó al otro y llevó la vajilla utilizada a la cocina, donde Mihawk ya estaba empezando a limpiar.

- ¿Y qué tal la escuela?

- Bien, algo aburrida como siempre- le contestó mientras observaba su espalda, marcada en aquella camisa color vino que le quedaba tan bien y cuyas mangas llevaba remangadas hasta los codos.

- Parece que te llevas bastante bien con el chico nuevo… Trafalgar, ¿no?

- Sí, bueno, más o menos. Es un poco extraño, pero quién no lo es en ese colegio de locos- dijo riendo.- Ayer me enteré de que practicaba kendo en donde vivía antes, y me propuso entrenar un día juntos. No estaría mal para variar entrenar con alguien.

- Sabes que podrías practicar con alguien siempre que quisieses si te apuntaras al club de kendo de la escuela. Siempre me he preguntado por qué nunca ingresaste- intentó llevar la conversación hacia otro tema, al pelinegro se le estaban crispando los nervios oyendo como el otro hablaba del recién llegado.

- Me lo llegué a plantear pero llegué a la conclusión que yo no quiero dedicarme profesionalmente a ello. La vida de un deportista es muy exigente y yo el kendo lo veo como una forma de evadirme y de disciplinarme. Además, dicen que no siempre es bueno hacer de tus hobbies tu trabajo.

- Pero podrías al menos vivir eso en la secundaria. Nadie ha hablado de llegar más lejos.

- No, prefiero pasar mi adolescencia con mis amigos y disfrutar de ello mientras pueda.

Este tipo de charlas hacían que Mihawk viera a Zoro mucho más adulto de lo que era, a fin de cuentas con la muerte de sus padres tuvo que crecer rápido, pese a que no siempre dejaba relucir esa faceta suya.

- No es una mala forma de ver las cosas. Lo importante es que tengas las cosas claras de cara al futuro.

- Estoy todavía en ello, pero no creo que tarde mucho más en decidirme... Creo que me voy a duchar, después seguimos hablando si quieres…

- Claro…- respondió mientras se secaba las manos en un trapo de cocina.- Por cierto,-interrumpió la marcha del peliverde hacia su habitación- esta noche iré a cenar con Shanks, no me esperes para cenar.

- Está bien- contestó seco girándose y reanudando la marcha.


Trafalgar Law había llegado bastante agotado a su apartamento, demasiado como para pensar adecuadamente. Se dirigió a su cuarto con la intensión de dejar la maleta pero cuando alzó la vista y divisó su cama la oferta le pareció excesivamente tentadora. Sin pensarlo mucho se tiró en aquella superficie blanda.

Aquel día había sido cuanto menos entretenido, tenía sus sospechas de que el profesor de literatura se sentiría de la misma forma que su protegido pero corroborarlo, había sido la mejor parte, porque si las miradas matasen él hubiera muerto en el momento en el que le puso la mano encima al de cabellos verdes. Lo mejor es que éste último no se enteraba de nada.

Por otro lado estaba Eustass Kidd, ese muchacho lo provocaba de maneras insospechadas. Quería seguir viendo que clases de expresiones era capaz de hacer. Se la estaba jugando, lo sabía, pero él no era ningún enclenque que no supiese defenderse en caso de que acabase con la paciencia del pelirrojo. Además, había muchas cosas ocultas bajo esa mirada de desprecio hacia todo y todos. Esa tarde era su oportunidad, trataría de ver quién había bajo la máscara.

Una sonrisa pícara cruzó su rostro de ojos cerrado, para después dejarse caer en un profundo sueño.