CRUZ DE HIERRO

Capítulo 12.

La suerte no está conmigo últimamente, primero, tuve un enfrentamiento bastante desagradable con mi representante debido a las declaraciones que se han hecho acerca de mi vida privada por la prensa. Un periodista me agarró en uno de esos momentos en los que nadie debería acercarse a uno, comenzó a hacer ciertas acusaciones que no pretendía discutir ni con él ni con nadie, ¿el final? Bueno, tengo una demanda por agresión física y abuso psicológico encima, esto definitivamente no iba a ser bueno para mi carrera o al menos eso pensé, afortunadamente la publicidad sobre el dichoso altercado ha hecho que mi nombre aparezca en todos los tabloides de Tokyo, pues no fue tan malo después de todo.

Lamentablemente la vida de la farándula es así, son los escándalos los que avivan tu carrera y los que le dan a la prensa el pan nuestro de cada día; esa es mi vida ahora. Después de que Natsuki se fuera a los Estados Unidos para seguir con el negocio familiar, decidí continuar con mi vida tal y como era antes de que la conociera. Así de vacíos son mis días desde eso, así los dejara ella y así perdurarían hasta Dios sabe cuándo. No es que actualmente no saliera con nadie, sino soy una monja, sólo que mis citas se han vuelto tan superficiales que ya me da igual con quién las tenga, dando como resultado escándalo tras escándalo.

Los rumores de los periódicos van desde mi compromiso matrimonial con Kanzaki Reito hasta mi rompimiento con él debido a una infidelidad de mi parte, lo curioso es que no recuerdo haberme comprometido con Reito en ningún momento. Se ha dicho por ahí acerca de mi bisexualidad, algo que estoy completamente segura que nadie ha podido confirmar, aunque no falta quien afirme que ese rumor es verdadero. Debo admitir que eso me ha parecido muy gracioso, puesto que cada que me preguntan dejo esa cuestión al aire y políticamente declino seguir con las entrevistas. Pero este último reportero mencionó que solía verme a escondidas con una chica de cabello cobalto, incluso aseguró habernos visto entrar y salir de un motel; aunque eso era algo que me hubiese gustado gritar que fue cierto, jamás pasó. Como no sucedió, algo dentro de mí se revolvió y comencé a desquitar mi frustración sobre el reportero.

Como sea, el consejo de mi representante fue que me retirara de toda actividad por algunos días, en lo que los rumores se calmaban, entre líneas también leí el 'para que tú te calmes'. Debo admitir que fue un buen consejo, una de las primeras cosas que hice fue dar un viaje corto a Kyoto, mis padres decidieron que viajar a casa sería una buena terapia familiar. Tenía quince años cuando partimos de Kyoto para radicar en Shinjuku, Tokyo. Mi acento y mis caractrerísticas físicas parecieron darme gran popularidad entre mis compañeros de clase en cuanto fuí transferida a Tokyo Gakuen; utilizando eso me inscribí en una escuela de modelaje importante en Tokyo, donde al muy poco tiempo fui contratada por una empresa importante de Japón para promocionar sus productos.

Mi carrera como modelo era muy demandante, aún así logré terminar la escuela e incluso conseguir estudios universitarios, afortunadamente para mí, a diferencia de las demás jóvenes que se dedican a esta extenuante vida, yo sí podía darme el lujo de dejar el trabajo en cualquier momento. Con el tiempo le fui agarrando el gusto a esta actividad, lo que antes era un simple pasatiempo para mí se convirtió en una profesión y comencé a tomarle más seriedad, cambiando mis hábitos por completo. Comencé a tener una vida muy agitada, bebía en todas las fiestas, salía con celebridades todos los fines de semana, apariciones públicas en los mejores restaurantes de Tokyo; en fin, una vida material como nunca antes había tenido. Inclusive cambié mi característico acento de Kyoto por uno improvisado pero acorde a cualquier tokyota.

No recuerdo ni siquiera cuándo empecé a cambiar mis hábitos, creo que la primera en notarlo fue Natsuki, quien en alguna ocasión comentó que extrañaba mi kyotoben; la segunda persona que me hizo la observación fue mi tía Sayuri, cuando llegamos a la casa de los abuelos de Kyoto. Me instalé en uno de los cuartos de huéspedes de la mansión, para notar que entre mis cosas se encontraba el alhajero del ático. No recordaba haberlo empacado, debo haberlo metido sin darme cuenta, quizás pensando que si en algún momento me fastidiara del ambiente familiar podría huír de la realidad encerrándome en el cuarto y leyendo las viejas cartas y el diario de la vieja tía abuela.

Cuando leo ese diario, no puedo evitar pensar que la mujer que escribe esas vivencias guarda algún parecido conmigo, Fujino Shizuru de 1941, enamorada de un militar que no le corresponde. Hay algo en esa historia que me evoca a la época actual en la que yo he sido quien rechazó los sentimientos de Natsuki para al final quedarse con nada. Ahora soy yo quien anda tras Natsuki pero es ella quien ya no desea nada de mí, es hasta ahora que me doy cuenta que perdí el tiempo miserablemente con ella. Espero que en la historia de la tía abuela, al menos ella haya logrado alcanzar al objeto de sus deseos, aunque ese Capitán parece ser un hueso duro de roer. ¿Soy yo o a veces pienso que ese Kruger me recuerda mucho a Natsuki? Pero eso es imposible, estamos hablando de un militar alemán y Natsuki es ciento por ciento japonesa, no hay ni de dónde buscarle; excepto por esos hermosos ojos verdes que tanto nos gustan a las Fujino...


Agosto 10 de 1941

- "El Capitán es..."

- "Una mujer, al igual que tú Shizuru"

- "Pero..."

- "Era necesario, no tenía otra alternativa, no podía perder lo que mi familia había construído con tanto esmero por el capricho de otros"

- "Pero el Capitán... sacrificó su vida por la de ustedes"

- "De no ser así no sé qué hubiese sido de todas nosotras"

- "El Capitán..."

- "Ha vivido con la mentira estoicamente, nadie más que mi abogado y ahora usted, saben este secreto"

- "¿Por qué me has contado esto?"

- "Era necesario Shizuru, mucho me temo que te hayas enamorado de una fantasía, algo que no puede ser"

- "Así que de eso querías hablarme anoche..."

- "No niegas que sientes algo más que una admiración por Nat, así que creo haber actuado justo a tiempo. Espero que analices bien la situación Shizuru, lo que he hecho ha sido abrirte los ojos ante lo que pudo ser una fatal realidad" - Y me has roto el corazón en el proceso Ula.

- "Yo, no sé que decir..."

- "Ve a tu cuarto y descansa, mañana más tranquila seguiremos la conversación"

Pero no pude dormir en toda la noche, todo este tiempo he vivido con la idea de que un guapo y atractivo militar me ha estado escoltando y viendo por mi seguridad desde que llegué al Reich; cuando en realidad todo este tiempo he sido cuidada por una mujer. Hauptmann Kruger era una fémina al igual que yo, siempre pensé que los rasgos del Capitán eran demasiado finos para ser un germano pero dejé que mi tonto corazón me cegara y me dejara pensar que eran figuraciones mías, que en realidad yo lo veía así porque lo amaba. Todo este tiempo también él me ha correspondido con su indiferencia, ahora sé el motivo, es obvio, no le atraigo porque somos mujeres. Sí eso es, tengo que repetírmelo una y otra vez hasta que me convenza de que esa es la situación, que esa es la verdad, que no tengo ninguna esperanza y que lo que siento no debe ser. Pero si no debe ser, ¿por qué no puedo dejar de amar al Capitán?

¿Por qué cuando cierro mis ojos veo los suyos mirándome fijamente? Su sonrisa maliciosa cuando logra hacerme enfadar, sus ojos fríos mirando celosamente mis pasos entre los demás miembros del Luftwaffe. ¿Cómo se supone que debo verle ahora? ¿Por qué tuvo que pasarme esto, por qué tuve que haberme enamorado de un imposible? ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Fingir demencia en cuanto le vea? Decirle, sé lo que eres, seamos amigas... ¡No! Duele... duele mucho...

Esa mañana me levanté más temprano de lo que acostumbraba cuando solía estar en el Luftwaffe, por la ventana de mi habitación, pude ver como Ula salía rumbo al viñedo para girar instrucciones a sus trabajadores. Ula Kruger, la mujer quien no tuvo escrúpulos para arrebatarle al Capitán la oportunidad de vivir una vida normal, la vida que toda mujer debe llevar; casarse, tener hijos... La vida que yo deseaba tener con él, hasta que me enteré que era una ella. La mirada del Capitán es siempre un tanto melancólica, ¿será esta acaso la razón? Cuando estábamos juntos en mi habitación o cuando le dábamos un recorrido al Luftwaffe, él siempre tenía una mirada triste. Inicialmente pensé que era una mirada de desagrado hacia mi persona, pero algo me decía que habia dolor en esos ojos.

- "Mamá no volverá hasta al anochecer"

- "¿Perdón?"

- "Puedes andar por la casa libremente, ella no va a estar aquí hasta la cena" - Me informó Alyssa, la menor de las Kruger - "Sé que hablaste con ella, lo lamento"

- "¿Por qué?"

Alyssa-chan no contestó, probablemente no supo si la pregunta fue ¿por qué lo lamentaba o por qué su madre no se encontraba?. Simplemente se encogió de hombros y dijo que si necesitaba hablar con alguien ella estaría cerca. Pero no quería hablar con nadie, sólo había una persona que llenaba mis pensamientos ahora y ese era el Capitán, con él tenía que hablar, no, más bien reclamar. Tenía que reclamarle que haya dejado que creyera una mentira desde el inicio, que haya dejado que me creara un cuento de hadas tan bonito que ahora cuando miro hacia atrás siento tanta repulsión de mí como de él o ella. Por dejar que me enamorara sabiendo que jamás iba a corresponderme y que jamás iba a poder ser lo que yo quería.

Todo tiene sentido ahora, la lencería del burdel seguro le pertenecía al Capitán, quien probablemente cansado de pretender todo el tiempo, se escapaba al kabarett para pasearse como una prostituta más del lugar. Todas esas chicas que el Capitán acogió seguro conocen el secreto también y yo que inocentemente pensaba que eran sus amantes, pensándolo bien lo hubiese preferido. Hubiese preferido mil veces que el Capitán fuese el degenerado que pensé que era cuando me llevó a ese lugar, que era el manipulador más hábil de todo el ejército, el asesino más grande de toda la historia universal, ¡lo que sea, lo que sea! Pero una mujer no... eso no era bien visto, eso no debía ser y sin embargo lo es.

Hauptmann Kruger no sólo era el mentiroso más grande de la historia, sino también un cobarde. ¿Por qué? El Capitán no me trajo aquí para guarecerme en lo que él volvía, sabía que su madre me contaría la verdad, su verdad, algo que él no tuvo los cojones para hacer durante las últimas tres semanas. Tres semanas en las que dejó que me enamorara como una idiota de él, porque se dio cuenta, ¡claro que lo sabía, si el Capitán no es ningún tonto! Sabía perfectamente que me había enamorado y aún así lo permitió, dejó que la mentira continuara, dejó que me hiciera ilusiones para que en un segundo la fantasía se acabara y me golpeara cual balde de agua fría.

¿Y ahora, qué se supone que debo hacer con mis sentimientos? ¿Qué se supone que debo hacer con todo lo que había imaginado, todo lo que había planeado? De pronto deseé que mi padre volviera por mí y me sacara de esta horrible pesadilla que me estaba quitando el sueño y amargando la existencia. Pero luego recordé que no podría irme sino hasta pasados seis meses, seis meses con una persona con la que ya ni siquiera puedo soñar y que día a día iré odiando un poco más. Me recosté en la cama puesto que comencé a sentirme algo mareada y sin darme cuenta caí en un sopor que finalmente me llevó a un sueño profundo. En mis sueños el Capitán se me aparecía con su uniforme de piloto pero al quitarse el sombrero, un largo y hermoso cabello cobalto salía de él. Un cabello idéntico al de Ula; en el sueño el Capitán me abrazaba y me decía que me amaba y yo... Desperté sobresaltada y aterrada

Cuando me incorporé a mirar hacia la ventana noté que el sol se escondía en el horizonte, me había quedado dormida todo el día para recuperar parte del sueño que no tuve anoche. El sonido de mi puerta alertó mis sentidos, Alyssa tocó la puerta y me llamó desde afuera, anunciando sus intenciones de pasar a mi habitación. No respondí, en realidad no tenía fuerzas ni para seguir pensando más en el asunto, aparentemente el sueño sí ayudó en algo, aunque también podría ser el hambre que tenía, puesto que mi estómago se encontraba vacío.

- "Traje algo de comida, espero no te moleste"

- "Gracias Alyssa-chan"

- "Has dormido todo el día, supongo que debes encontrarte muy cansada por el viaje"

- "Sí, eso ha de ser"

- "No pienses mal de ella" - ¿Ella? - "Mamá lo hizo para protegernos" - Ah, Ula.

- "Seguro"

- "No es que obligara a Nat tampoco, todo fue de común acuerdo"

- "¿Lo hubieses hecho tú?"

- "No se trata de eso tampoco"

- "¿De qué se trata entonces?"

- "Nat creció como un varón pero sabiendo que era una mujer, aún así, mamá le preguntó una última vez si ella aún quería seguir con el plan"

- "¿Cuantos años tenía el Capitán cuando se le preguntó su opinión?"

- "Quince años, cuando Nat cumplió los dieciocho se enlistó en el ejército y posteriormente se cambió al Luftwaffe. Al cumplir los veinte, las leyes cambiaron y Sajonia pasó a formar parte del nuevo régimen de Her Hittler, aún así ella continuó con su identidad masculina"

- "Supongo que ya era demasiado tarde para tratar de rehacer su vida como era"

- "Tal vez o simplemente le gustaba más su nueva vida de piloto en el ejército"

- "Te agradezco que hayas traído comida para mí Alyssa"

- "¿Es todo lo que vas a comer?"

- "No tengo hambre"

Alyssa-chan me reiteró nuevamente sus intenciones de que podría contar con ella para lo que se me ofreciera, pero en realidad no estaba interesada en tomarle la palabra por el momento. Aún tenía muchos problemas para digerir la noticia que cambió mi forma de ver las cosas, de ver al Capitán pues. Entrada la noche Ula regresó a la casa, intercambió unas palabras con Alyssa en el comedor y se retiró a su habitación a descansar. El silencio reinaba en el viñedo de los Kruger, sólo se podían escuchar el sonido de las cigarras, el murmullo de los árboles y probablemente, el lamento de algún corazón roto.


Noviembre 3 de 1925

La situación en casa cada vez es peor, mamá y el tío Johann están haciendo lo imposible para rescatar el viñedo, trabajan todo el día y mamá no llega hasta la noche a casa. Alyssa se la pasa llorando todo el día y las criadas hacen lo imposible para tenerla calmada hasta que mamá llegue a cuidar de ella mientras se duerme. Le he ofrecido mi ayuda a mamá de ir al viñedo a trabajar con ella, pero mamá no quiere, dice que mi educación es mucho más importante ahora. Ella asegura que cuando yo sea mayor los problemas serán menores y vendrán mejores días para todos, espero no se equivoque.

Cuando cumplí diez años mamá me preguntó si aún estaba de acuerdo con fingir ante todos que era un niño en vez de una niña. Viendo la situación como está no me quedó más opción que decirle que seguiría fingiendo hasta que todo mejorara para nosotras. Algún día yo traería la tranquilidad para mamá y ella ya no tendría que vender el vino tan barato.

Mamá me ha empezado a enseñar a pilotar el avión del hangar, aunque no me deja volar sola todavía, espero algún día tener la oportunidad de volar por los aires libremente, a un lugar lejos de aquí y así, poder llevar a mamá y Alyssa a ese sitio. Estoy segura que en ese lugar nadie podrá hacernos daño nunca más.


Agosto 15 de 1941

El Capitán no ha regresado de su viaje a Bremen, en el pueblo he escuchado el rumor de que unos bombarderos británicos atacaron ese lugar. Me pregunto si el Capitán habrá salido con bien de ahí, si algo le pasara al Capitán yo... Creo que estaría perdida si algo malo le ocurriera, no entiendo por qué, no entiendo por qué no puedo borrar de mi mente sus ojos viendo fijamente hacia mí.

Esta mañana he visto que un individuo vestido de militar ha venido a traerle un sobre a Ula, me pregunto si son noticias del Capitán. A pesar de que la situación aún es tensa entre nosotras he decidido acercarme a donde Ula se encuentra para saber de qué se trataba el famoso recado del mensajero.

- "Se encuentra bien" - Dijo Ula en cuanto terminó de leer la carta - "Nat no estaba en Bremen cuando la matanza ocurrió"

- "¿Pero cuándo viene mamá? ¿Cuándo va a regresar?"

- "Eso no lo dice, aunque este mensaje tiene varios días ya, probablemente esté próximo su regreso" - Ula pareció notar mi presencia detrás suyo, puesto que se dirigió a mí - "Parece que después de todo, verás regresar a tu querido Capitán" - Nótese el tono irónico con el que lo dijo.

- "Eso es bueno, si el Capitán muriera no podría regresar al Luftwaffe" - Respondí con la misma frialdad con la que ella se dirigiera a mí.

- "¿Sólo eso te interesa?"

- "¿Qué otra cosa podría ser sino eso?"

- "¡Madre!" - Interrumpió la menor de las Kruger.

- "Debo volver al viñedo, aún hay trabajo pendiente por sacar"

Esa noche cenamos las tres juntas, no tenía por qué continuar molesta con Ula, después de todo sólo estaba tratando de hacerme ver el error que estaba cometiendo al fijar mis ojos en un imposible. Debo confesar que el saber que el Capitán era una mujer sí mermó bastante mis deseos de algo más, pero en el fondo, aún deseaba verle nuevamente. A pesar de todo, Hauptmann Kruger sigue muy dentro de mí y mis deseos de estar a su lado en el Luftwaffe aún continúan. Pronto nos volveremos a ver, pronto mi querido Capitán.


Agosto 17 de 1941

Finalmente después de estar fuera de casa por varios días he regresado al viñedo Kruger, no he venido sólo, en mi perenigración hacia Polonia, me he topado con un simpático ingeniero japonés quien ha puesto a temblar con su conocimiento inclusive, hasta el mismo Kurt Tank. Este oriental se llama Kenji Kuga, dice venir en representación del Nakajima Aircraft Company; quienes lo enviaron para conocer la tecnología de los modelos cóndor que enviaremos a Japón como parte de nuestro programa de apoyo a los países del Axis. Kenji no sólo cuestionó las debilidades de los nuevos modelos, sino que los comparó con los cazas norteamericanos que han salido últimamente, los cuales son mucho más maniobrables al combate. Nada de esto le agradó a Tank, pero bueno a nadie le gusta que le critiquen su trabajo, mucho menos un pelagatos oriental.

Kuga no volverá a su país hasta dentro de unos días, por lo tanto le he invitado a conocer a mi familia en lo que él puede regresar a su país. Mientras que yo he venido manejando uno de los BMW que el Luftwaffe me entregó cuando salí de ahí, él ha preferido manejar una Zündapp KS 750, una moto militar muy pesada. Kuga no es más alto que yo si me lo preguntan, es un sujeto delgado, de ojos rasgados como todos los orientales, de cabello lacio y de un negro muy brilloso como el de los cuervos. Cualquier alemán que vea a un sujeto así, no daría ni una moneda por él incluso yo le subestimé al inicio pero ha quedado muy claro que el ingeniero de la Nakajima es un sujeto muy inteligente. Aparte no cualquiera puede manejar una moto tan pesada como lo es la Zündapp.

Una vez llegado a la casa, la primera en recibirnos ha sido mi hermana menor Alyssa, a quien le he presentado a mi nuevo amigo japonés. Kuga se sorprendió mucho de que Alyssa le saludara perfectamente en su idioma, más aún, cuando mamá salió a recibirnos también le habló en su idioma natal. Alyssa le explicó a nuestro invitado que esto era porque tuvimos una nodriza japonesa hace muchos años, quien como parte de su herencia cultural nos enseñó su idioma y sus costumbres. Esta cuidadora se encargaba de nosotros cuando mamá salía a trabajar al viñedo, contándonos cuentos típicos de su país antes de dormir.

Finalmente salió de la casa la última persona que quería presentarle a Kenji, la hija de Saburo Fujino, a quien debía darle un recado de su padre. En cuanto nos vio, saludó con una reverencia a Kuga y otra para mí, el imbécil de Kuga parece haber olvidado el cómo hablar ya que se quedó mudo el muy idiota. Tuve que darle un golpe en la espalda para que recordara contestarle a Shizuru, quien al notar esto comenzó a sonreírle a Kuga. Alyssa propuso que entremos a la casa para estar más cómodos, tomando del brazo al tarado de Kenji. Aprovechando la ausencia de Kuga quise hablar con Shizuru pero ésta me ignoró por completo, dándome la espalda y siguiendo a Alyssa y a Kuga. Es como si de la noche a la mañana me hubiese perdido el respeto, claro que han pasado cinco días desde que la vi por última vez, probablemente esté enojada porque pensó que la había abandonado a su suerte.

- "Nat, tenemos que hablar"

- "¿Qué ocurre mamá?"

- "Le he dicho"

- "¿Qué cosa, a quién?"

- "A Shizuru, le he dicho"

- "¿Qué le has dicho a Shizuru mamá?"

- "Entiendes que era necesario, ¿verdad? No podía permitir que ella se siguiera haciendo ilusiones contigo Nat"

- "Pero no has debido..."

- "Nat"

- "Se supone que nadie debía saberlo, ¿por qué tanto interés en que ella se entere de eso?"

- "Porque no creas que no me he dado cuenta"

- "¿Dado cuenta de qué madre?"

- "De cómo le miras"