PAWNS: PEONES
Autor: Velvet mace
Capítulo doce

CASTIGO

Roy sabía qué iba a pasar en el momento en que Midnight ordenó que lo sacaran. Ed se había comportado mal, pero iba a ser a él al que castigaran. Un mes antes hubiera sido fácil, pero toda esa compañía y estimulación lo había echado a perder todo. Iba a doler muchísimo.

Su mirada se cruzó con la de Ed por unos breves momentos en su cuarto. Vio cuando la furia en sus ojos fue reemplazada por confusión, y los ojos dorados abriéndose de par en par cuando el niño de dio cuenta de que se lo estaban llevando. Absurdamente, quiso tranquilizarlo, hacerle ver que no era su culpa, aunque lo era. Pero cómo podría Ed saberlo. Roy no se lo había dicho. Estaba tan seguro de que podría controlarlo, que no había visto la necesidad.

Después la puerta se cerró, y Roy apretó los dientes.

No lo llevaron lejos – solo por el pasillo por la pesada puerta sin ventana en una cerda pequeña, fría y gris. Roy suspiró de alivio cuando vio una tabla con esposas y un ventilador. Pronto llegarían con cubetas. Viendo las patas de los perros, estaba casi seguro que esta vez lo electrocutarían, pero sólo era el viejo y familiar proceso de las sábanas mojadas. No querían dañarlo -solo lastimarlo. No se resistió mientras los guardias lo acomodaban. Pelear solo le daría moretones.

Roy cerró los ojos y se concentró en sus metas. Cuando se le entumeció la piel y el dolor se sentía como cuchillos contra sus huesos, pensó en la cara que haría Midnight cuando se diera cuenta que había menospreciado a Roy. Cuando le dolieron los músculos y sintió como si se le desgarraran por el temblor prolongado, pensó en como se vería el Fuhrer cuando Roy chasqueara los dedos por última vez. Cuando dejó de temblar y su cerebro se empezó a apagar por la nube de la hipotermia, imaginó la sonrisa voraz de Ed cuando viera que el plan de Roy funcionaba. Después dejó de pensar en absoluto.

Vagamente se dio cuenta de que lo arrastraban por el corredor y lo tiraban en su cama. La voz de Ed hacía eco, muy lejos de él. "¿Qué demonios le hicieron?"

Una mano caliente en su frente. "Maldita sea. Estás helado y mojado. ¿Qué hicieron¿Ahogarte en el río?"

"Está bien." Murmuró Roy.

"Hay que secarte." Sintió que le frotaban el cabello con una sábana. Después algo caliente le presionaba la espalda. Se sentía tan bien. Ed envolvió su hombro con su brazo y lo acercó a él. "Como sostener un cubo de hielo," murmuró. "¿Estás consciente?"

Roy no respondió. Estaba demasiado cansado.

"Está bien, tengo que quitarte la playera. Funciona mejor de piel a piel." Roy no respondió. Se estaba quedando dormido, y en ese momento lo que importaba lo que hicieran con él.

CAMBIO DE DIRECCIÓN

Ed estaba furioso. ¿Por qué DEMONIOS habían torturado a Roy? Roy no había hecho absolutamente nada. Ni siquiera había tenido que ver con el altercado. No tenía sentido. Si alguien merecía ser lastimado era él.

De hecho, si alguien merecía ser lastimado, era ese hijo de la chingada, Midnight. ¡Qué pendejo!. Cuando le regresaran su brazo, juró que Midnight tendría una buena probada de sus nudillos metálicos. Todo lo que el cretino hacía era pavonearse como un perro de exhibición demasiado entrenado, pretendiendo que estaba a cargo cuando era obvio que alguien más estaba jalando muy fuerte su lazo. Todo lo que el tipo hacía era pasarle los malditos juegos mentales a Roy, Al y a él mismo.

Odiaba esos juegos mentales. Los odiaba con pasión.

El cuerpo junto a él se revolvió un poco, regresándolo al presente. Ed se dio cuenta, incómodamente, de que estaba acostado bajo dos sabanas, su pecho desnudo presionado contra la espalda desnuda del más grande jugador de los juegos mentales.

¡Demonios¿Qué estoy haciendo? Si me quedo así se va a despertar y NUNCA voy a oír el final de esto. Ed empezó a separarse un poco, pero sintió como Roy temblaba, dormido. Se presionó contra él de nuevo. Era lo menos que podía hacer. Lo habían torturado por su culpa.

"Perdón," dijo Ed, empezando a sentir cómo la culpa corria en su interior. "Debieron haberme castigado a mi. No merecías esto." Demonios, era como con Al, cargando las consecuencias de que él hubiera desertado. Cada vez que se resbalaba, alguien más pagaba el precio. No era JUSTO. ¿Dónde demonios estaba la equivalencia?" "Lo siento tanto."

Y sin pensarlo lo abrazó más fuerte y le dio un pequeño beso en los hombros, pensando como alguna vez había besado el cuerpo frío de la armadura de su hermano, y susurrado una disculpa similar.

"No provoques." Era casi digno de lástima.

Ed se sonrojó, avergonzado, dándose cuenta de como se podían malinterpretar sus acciones. "No estoy, digo, pensé que eras Al, y pensé que estabas dormido." Se estaba poniendo nervioso.

"De todas formas¿Qué demonios significa 'no provoques'?" Sintió un poco de enojo, bien merecido, tapar su vergüenza. "Eso es todo lo que tú me haces -- provocarme con tus insinuaciones falsas y encontrando excusas para tocarme. Bueno, ahora es mi turno¡Cómo se siente!"

Se alejó de Roy, ó al menos lo intentó, pero se dio cuenta de que Roy tenía muy bien agarrada su muñeca. "De hecho, se siente muy bien."

Hubo un movimiento repentino y Roy estiró su brazo por sobre su cabeza, y de alguna forma logró ponerse ENCIMA de él. "¿Insinuaciones falsas?" Roy movió sus caderas, acercándose más para presionar el único brazo de Ed en el colchón.

"QUITATE," gruñó Ed. Trató de darse vuelta, pero, maldito Roy estaba PESADO.

Roy sonrió. "¿Qué te hacen pensar que eran falsas?"

Ed sintió un frío enfermizo en su estómago. Lo descartó tan rápido como lo sintió. MALDITA SEA ¡Cómo odiaba los juegos mentales!. "Ya déjalo Roy. Ambos sabemos que te gustan las mujeres, y tal vez seas tonto, pero creo que a estas alturas, hasta tú te podrías dar cuenta de que soy hombre."

Roy puso los ojos en blanco, y fingió ponerse pensativo. "Mmmm. Definitivamente sé que eres hombre. Y me gustan las mujeres, mucho. Pero no he visto ni la foto del sexo débil en trece meses. En este momento, no me siento tan exigente." Le guiñó un ojo.

El miedo había regresado, Ed trato de liberar su muñeca, pero Roy tenía la gravedad de su lado.

"De hecho," Dijo Roy, arrastrando las palabras, pasando casualmente su mano libre por el pecho de Ed. "Lograste acabar con todos los posibles rivales de mi afecto. Felicidades, soy todo tuyo."

¡Oh, por favor! Ed estaba furioso de nuevo. "¡Bastardo arrogante!" dijo de mal humor. "Como si yo hubiera manipulado esta situación para meterte en mi cama."

"De hecho, estas en mi cama."

"¡QUITATE DE ENCIMA!"

Hubo un sonido en la puerta. Roy se quitó apresuradamente de encima de Ed, quien se lanzó al otro lado del cuarto lo más rápido que pudo. "Maldita sea Roy, a veces puedes ser tan cabrón." Se frotó la muñeca en el pecho.

El guardia entró con su cena, le dio a su apariencia semidesnuda la menor de las miradas y negó con la cabeza. Puso su comida en el piso y salió.

Ed se tapó la cara con la mano.

RIESGO

Roy sabía que se había excedido, pero, demonios, era tan tentador. Ed no sabía lo placentero que era molestarlo. Respondía tan bien. El sonrojo, la forma en que se tensaba su cuerpo, la forma en que sus ojos se abrían, se contraían y su tono de voz. Edward era la víctima perfecta.

Pero, honestamente, Roy se había sentido aliviado cuando el guardia había entrado, por que, por un momento, no estaba seguro que tan lejos planeaba llegar. La necesidad de abrazarlo y besarlo y acosarlo en contra de su voluntad era casi irresistible. Y le había dicho la verdad a Edward de que no había visto ni la foto de una mujer en trece meses – y quien sabe si vería una en el futuro.

Mientras tanto, Edwad tenía mucho de lo que Roy amaba en las mujeres: juventud, vigor, un físico esbelto y fuerte. Pasión. Inteligencia. Dedicación. Lealtad. Y mientras Roy definitivamente prefería a las mujeres, HABÍA hecho excepciones en el pasado, y en mejores circunstancias.

Demonios, trece meses sin nada era mucho tiempo.

Tan tentador.

Y también tan inconsciente. Aún ahora, podía ver que Ed lo hacía todo a un lado. Tachándolo solo de provocaciones. Nunca cuestionó por qué Roy querría provocarlo tanto en primer lugar.

Tengo un ego, Quiso decir Roy. Me pueden lastimar. ¿Pueden culparme por desear un poco de bien merecido privilegio de la duda?

Y Ed era tan provocativo como él mismo, quejándose con su boca y siguiéndole el juego en todo lo demás. Hablando de mensajes mezclados.

Pero había llegado demasiado lejos. Miró a Ed, acurrucado en su propia cama, escondiéndose debajo de las cobijas de tal forma que sólo la punta de su cabello se podía ver. Roy lo había hecho enojar, y ¡Demonios, necesitaba a Ed en un sentido muy práctico. Si Roy no quería ser el títere del Fuhrer, necesitaba a Ed y a su hermano de su lado. Unos minutos de ceder a sus instintos más básicos habían devastado la confianza de Ed, y si Ed se lo decía a Al...

Al era esencial. Totalmente esencial. Si al se ponía en su contra por esto, Roy estaba frito.

Necesitaba control de daños.

Necesitaba hacer algo que no hacía muy seguido. Necesitaba ser honesto y deshacerse de sus barreras, y mostrarle a Edward que podía confiar en él de nuevo.

Deletrear con los dedos y crudos símbolos no iban a ser suficientes esta vez. La comunicación tenía que ser clara. Sencilla, fluída.

Pero, demonios, iba a ser arriesgado. Tan arriesgado. Pero no tenía opción.

Roy se levantó y camino hacia la comida que no había tocado, tomando la cuchara del plato. Después caminó hasta el escritorio. Con un fuerte golpe enterró la cuchara en el material suave del que estaba hecha la pared. Golpeó una y otra vez hasta que sintió algo enterrado en la sustancia elástica romperse.

Miró la habitación y encontró otra sospechosa abolladura en el techo. Para esa necesitaba la silla. Se paró en ella y golpeó el techo con la cuchara, una, dos veces¡Ahí!

"¿Qué haces?" preguntó Ed.

Roy no contestó. Se acercó a la puerta y golpeó un punto cerca de ella, sintiendo el crujido a la primera. "Creo que son todos."

Ed se sentó en su cama. "¿Rompiste las grabadoras¿Por que?" Se le cayó la sabana de los hombros. "Te van a castigar otra vez¡Idiota!"

"Hace un rato, fuimos indiscretos. De verdad no creo que Midnight necesite oír lo que tengo que decir."

"¿Y que será?" dijo Ed, subiendo la guardia.

Roy se sentó en su propia cama. "Lo siento. Tienes razón. Soy un cabrón. Pero fui honesto hace un rato. No eran provocaciones falsas. De verdad me atraes, Ed. Es difícil admitirlo con franqueza por que no se como te sientes TU al respecto. Y eso me desconcierta, por que generalmente puedo ver lo que piensas muy fácilmente."

Roy esperó a que Ed dijera "Lo sabía, pervertido. Tócame de nuevo y te mueres." O tal vez, con más esperanza, "También te deseo en secreto." Pero Ed no dijo nada. En lugar de eso, sólo parecía perplejo.

"Pero tú eres hétero... ¿No estás diciendo que parezco niña, verdad?"

Roy puso los ojos en blanco. "Oh, por todos los cielos... NO pareces mujer, y si soy hétero Ed, a muy poca gente en el mundo le atrae cien por ciento un sexo u otro." Pero los ojos de Ed aun estaban abiertos de asombro, como si Roy tratara de convencerlo que dos más dos era cinco.

Roy suspiró. "Muy bien, ya sabemos donde estoy yo en esto. ¿Qué tal tú? Nunca te he visto mostrando atracción por nadie. ¿Cuáles son tus preferencias?"

Ed solo miró el piso. "No tengo preferencias." Su voz sonaba un poco amarga.

"¿No te atrae nadie?" Pero no, había un parpadeante cambio en sus ojos. "¿O, acaso te refieres a lo contrario?" Bueno, eso sí sería irónico, pensó Roy.

"El sexo es estúpido, Roy." Dijo Ed. "Solo hace a la gente comportarse como idiotas. ¿Cuál es el punto? Además, nadie, jamás, ha mostrado interés en mí."

Roy se golpeó la frente con la palma de la mano. El niño realmente no PODIA creer esa última oración. "¿No estuviste aquí para mi confesión?" Preguntó Roy. "Podría jurar que dije que estaba interesado. Tal vez no estabas escuchando."

"Está bien, UN tipo necesitado y obligado a abstenerse ha mostrado interés en mí. ¿Por qué, no tengo idea, por que en este momento soy tan atractivo como un tostador descompuesto." Ed estaba mirando a su pierna falsa.

"¿El automail es el problema¿Crees que nadie podría estar interesado en ti por que algunas de tus partes se te pueden quitar?" Roy no lo pudo evitar. Se rió.

"Ah, genial, finalmente me abro sobre esto y te ries. Ya veo, todo esto es una broma."

"Eres, sin lugar a dudas, el niño más estúpido que he conocido," dijo Roy. "No me estoy burlando de ti, me estoy riendo de esta increíble y absurda mentira que te has estado diciendo a ti mismo." Roy se limpió los ojos. "Nunca e mi vida he visto un caso más grande de negación, Ed. La gente ha venido a ti desde que tenías DOCE AÑOS. Tuve que DISCIPLINAR a alguna de mi gente para que no hiciera comentarios inapropiados sobre ti. Créeme, si hubieras mostrado el más mínimo interés en cualquiera, hombre o mujer, hubieras tenido que mantener a raya a tus pretendientes con un palo."

Roy negó con la cabeza. "Pero aun si no crees en esto. Tú mismo me dijiste que tenías problemas con los guardias. ¿Cómo puede tu mente procesar el ser repugnante y al mismo tiempo irresistible?"

"Los guardias no cuentan."

Roy levantó una ceja. "¿De verdad¿Quién cuenta entonces?"

"La gente que me importa."

"Ya veo." Dijo Roy en una pausa. "Necesitan ser amigos primero y, aparentemente, una vez que te conocen, descubren lo horrible que eres, y de ninguna manera te desearían¿Es eso?"

Ed asintió.

"Tampoco creo que te creas eso," Dijo Roy suavemente. "Creo que estás asustado. El sexo es algo muy emocional, y aun eres muy joven. Pero te equivocas. El sexo NO es estúpido. Es una de las cosas por las que vale la pena vivir. Y cuando termina, no siempre es un desastre. He tenido muchos amantes en el pasado, y aun estoy en buenos términos con todos."

Arriesgándose, Roy se levantó y cruzó la distancia entre ellos. Ed no se movió cuando Roy se sentó en la cama junto a él y le sostuvo la barbilla con la mano, forzándolo a mirarlo a los ojos.

"¿Confías en mí?" Preguntó Roy.

"Sí." Respondió Ed en un respiro.

Roy se acercó y lo besó. Casi se sorprende cuando Ed, indeciso, contestó el beso.