Título:HASTA EL FIN DEL MUNDO.

Autora:Enide-Kant

Parejas: Severus/Harry y otras

Clasificación: M

Disclaimer: Todos los personajes y sus derechos son de J.K Rowling, sólo los utilizo por mero disfrute personal y el de los lectores.

Advertencia: Slash, o sea que hay relaciones entre dos hombres (Snarry).

CAPÍTULO 12: El día de las marcas de la muerte

La entrada a la biblioteca les costó menos de lo esperado; de hecho no les costó absolutamente nada. Snape transformado como Magnus pudo pasar sin problemas, Ron y Hermione se registraron como visitantes también sin inconvenientes y en el momento que Harry fue a traspasar las barreras detectoras Snape se encargó de lanzar un hechizo silenciador en las barreras para que no pitasen al detectarlo y Hermione lanzó el confundus no verbal a la bibliotecaria.

Pasaron gran parte de la mañana buscando información y mirando en los registros cualquier pista de que Voldemort, Tom Riddle, hubiese visitado la biblioteca y qué información buscó en su día.
Encontraron poca cosa, pero muy reveladora: buscó el libro de "Todo sobre los Horrocruxes; por Kevan Mathew Hoster" , muchos pergaminos de la antigua sumeria sobre el elixir de la vida eterna, "Magia arcana Egipcia y cómo usarla; por Ahmadi Al Alhami", "Los antiguos dioses serpiente, pruebas de que nos visitaron; por Suye Liu Shenlong" y varios libros más relacionados con ese tema.

- Son pocos libros y pergaminos, Srta Granger haga un hechizo de copia en cada uno y los leeremos fuera de aquí. – ordenó Snape mientras ojeaba el libro de los horrocruxes.

- Ehm… señor, ¿Cree prudente copiar el libro de los horrocruxes? Si cae en malas manos… - Hermione estaba realmente preocupada, ya bastante tenían con un mago oscuro mal de la cabeza e inmortal.

- Lo codificaremos para solo poder acceder a su verdadero contenido nosotros. No soy estúpido Granger, evidentemente que no es un libro que pueda salir de aquí. De hecho ni siquiera aquí debería existir.

- ¿Nos lo cargamos? – propuso Ron feliz

- ¡Eso sería un sacrilegio! Es una obra protegida. Si alguien lo hubiese destruido nosotros no podríamos averiguar ahora cómo destruir una de esas cosas. – se enfadó la chica.

- Si no existiese el dichoso libro Quien-tu-sabes tampoco hubiese podido crearlos, le hubiese faltado información. Es un peligro. – Rebatió Ron. – Lo mejor es cortar el problema de raíz.

- Estoy de acuerdo con ambos, y creo que lo mejor es… alterar el contenido del libro para que deje de ser útil para quien lo quiera usar para el mal y en cambio para que ayude a quien necesite destruir algún horrocrux en el futuro.

- ¡Oh, Buena idea señor! – aprobaron Hermione y Ron.

Harry no podía hacer ruido debajo de la capa pero estuvo conforme también con la decisión; Realmente era muy peligroso ese libro para dejarlo seguir intacto a lo largo de la historia, a manos de cualquier asesino con el ego demasiado inflado.


Era noche cerrada, Lord Voldemort observaba el cementerio de sus ancestros por una de las ventanas de la Mansión Riddle; en sus manos una copa de vino, llena de un vino tinto color grana como la sangre, se balanceaba aromáticamente girando en sentido contrario a las agujas del reloj, entre sorbo y sorbo del mago.

- Colagusano, ven aquí – ordenó Voldemort en un susurro de su voz. Cuando ordenaba cosas con ese tono de voz nunca salía bien parado.

- S-sí, a-amo… - se acercó agachando la cabeza el mortífago traidor.

- ¿Has escuchado alguna vez ese dicho muggle que dice… Si la montaña no va a mahoma, mahoma irá a la montaña? – siguió hablando en susurros el señor oscuro.

- N-no mi a-amo… - temblaba Colagusano arrodillado a los pies de la túnica maltrecha de su señor.

- Significa que ya que no encuentro al niño Potter voy a hacer que sea él quien venga a mí.

- Bu-buena idea mi señor…

- Primero haremos una reunión, sólo el círculo interno. ¡dame tu brazo Colagusano! – ordenó de nuevo Voldemort sacando su varita y agarrando fuertemente el brazo de su siervo convocó al resto de mortífagos, a los más fieles, su círculo interno.

- Ahora vete, prepara todo como de costumbre para la reunión.

Colagusano no esperó a que se lo repitiese y se marchó de la habitación agarrándose el brazo izquierdo donde su amo había hecho la llamada a través de su marca.


Cuando salieron de la biblioteca a media tarde con el trabajo bien hecho decidieron aparecerse en el corazón de la ciudad de Alejandría para pasar esa noche en algún hotel.

- Después de varias semanas en el desierto nos merecemos un buen descanso. – propuso Snape atrayendo a Harry hacia su costado.

- ¡Oh sí! Una cama real, y comida de restaurante y un baño… - soñaba despierto Ron

- Un baño… - Hermione también suspiró con ganas.

- Jajaja, bien, parece que nos has convencido a todos Severus. – dijo Harry sonriente

- Sabía que os gustaría. Cogeos a mi brazo, os voy a transportar a la ciudad, lo más cerca que pueda del centro. Hay un Hotel con las mejores habitaciones y servicio.

- Pero… no tenemos mucho dinero… - suspiró frustrada la chica.

- Pero yo sí y he dicho que nos merecemos todos este pequeño descanso. – Dijo Snape con una ceja levantada mientras esperaba que el pelirrojo y la chica se agarrasen a su brazo extendido. Hermione y Ron sonrieron y posaron sus manos en el brazo antes de sentir ese tirón en el estómago y esa sensación de ser estrujado a través de un tubo.

Cuando abrieron los ojos se encontraban en un callejón de una de las ciudades con más historia del mundo, cerca del Palacio de Montazah.

- Ese es el hotel muggle es en el que nos hospedaremos este fin de semana o más días si es necesario – dijo Snape señalando el impresionante hotel que se encontraba a poco más de 100 metros de donde se encontraban. - El gran Helnan Palestine Hotel.

- Parece que lo conoces bien, ¿con quién has estado? – preguntó Harry curioso

- Potter, no preguntes cosas de las que no quieres conocer la respuesta.

- Si no quisiera saber la respuesta no te preg…, oh… vale, ya lo pillo. –dijo frunciendo el ceño. Eso no se lo esperaba. ¿Snape había estado ahí con algún amante?

- Vine a una convención de pociones, se entregaban los premios a las mejores investigaciones del año. – Le explicó de todas maneras.

Se prepararon para entrar al hotel, y Snape ordenó dos habitaciones para un fin de semana entero, desde el viernes 10 al domingo 12 de Octubre, con todo incluido.

- ¿dos habitaciones señor? – preguntó Hermione sorprendida. – Es muy caro… no me sentiría bien, podemos dormir juntos todos como hasta ahora y transfigurar algo en otras camas…. – susurró para que no escuchase nada la recepcionista.

- Deje de preocuparse por el dinero señorita Granger. Soy un ma-es-tro (enfatizó la palabra) en pociones, por si no lo sabe es un rango dentro de la cofradía de pocionistas que muy pocos son capaces de poseer, por lo que puede imaginarse que mi sueldo no es comparable al de un simple profesor. – dijo mientras sacaba una tarjeta Visa de sus ropas y la entregaba junto con su pasaporte a la recepcionista. – Estoy… digamos que sobrado de dinero y nunca puedo gastarlo porque vivo prácticamente todo el año en un castillo intentando enseñar algo a niños idiotas, así que deje de preocuparse por esos menesteres. Además, no quiero a nadie más en mi habitación cuando ate a Potter a la cama. – sonrió de medio lado.

- Oh… disculpe profesor. – se sonrojó Hermione fuertemente, dando un paso atrás y ventilándose con la mano - ¿era necesario decir ese último comentario?

- Jajaja, seguro que es en lo único que está pensando. Hace tiempo que no pasa tiempo a solas con Harry. – dijo Ron en voz baja para que sólo lo escuchase Hermione. – Y ya puestos… nosotros tampoco. – y le guiñó un ojo antes de volverse en dirección a la recepcionista y entregarle su pasaporte junto con el de Hermione.

Hermione se quedó detrás de ellos toda sonrojada. ¿Ron Weasley le acababa de lanzar una directa?. Escuchó una risita a su lado y se sonrojó más al saber que Harry había sido testigo invisible de todo.

- No te rías Harry, no voy a ser yo a la que van a atar a una cama esta noche. _ sonrió satisfecha cuando la risita cambió por una tos y un silencio.

Subieron a las habitaciones en la undécima planta, eran habitaciones contiguas, para estar cerca en caso de cualquier emergencia.

- Psst Harry, no olvidéis poner hechizos silenciadores esta noche cuando empecéis la fiesta. – le susurró Ron antes de que entrara en su habitación y aprovechando que Snape acababa de entrar delante.

- Lo mismo digo, hermano. – Le dio un golpecito en las costillas el de gafas. No iba a sonrojarse más por esto, ya Hermione se había encargado que lo hiciese en el vestíbulo.

- Nos encontraremos en la entrada al restaurante de aquí tres horas, aprovechen para disfrutar de las actividades y servicios varios del hotel, seguro que dentro de la habitación tienen varias guías muggles con lo que ofrecen. Pueden pedir bebidas o lo que quieran al servicio de habitaciones, no hay problema. – y tras decir todo eso agarró a Harry del brazo y lo metió dentro de la habitación, dejando a los otros dos fuera con dos palmos de narices.

- No sé yo si Harry podrá sentarse luego… - comentó Ron abriendo su propia habitación.

- ¡RON! No seas grosero, estás hablando de nuestro mejor amigo. – Le dio una colleja Hermione, quitándole la llave magnética al pelirrojo antes de que se la cargara intentando abrir la puerta. – Trae, funciona así…

Las habitaciones eran enormes con amplios ventanales con vistas al mar, donde un precioso atardecer bañaba de luz anaranjada y rojiza toda la estancia. La cama era tamaño King con cuatro postes de madera oscura tallados con jeroglíficos egipcios, la ropa de cama era totalmente blanca con un cubre cama de color rojo grana y en el cabezal reposaban varios cojines blancos y granas, los colores del hotel. El baño era inmenso y la bañera era con hidromasaje. El mini bar contenía varias botellitas de whisky y otras bebidas alcohólicas muggles para satisfacción de Snape.

Harry estaba sentado en la butaca que había junto a una mesita de centro y un sofá grana. Ojeaba con atención los servicios del hotel.

- Es la primera vez que vengo a un hotel… - para explicarle en pocas palabras a Snape porque estaba tan fascinado con todo. – es… como un habitación de ensueño. Todo es muy grande y lujoso.

Snape sonrió complacido de ver a Harry con esa cara de bobo mirándolo todo. Y se juró que le daría todos los caprichos que quisiese de ahora en adelante, para compensar los 17 años de maltrato familiar que había sufrido. Se encargaría de que descubriese a su lado muchas primeras veces.

- ¿Quieres ir a tu primera sauna y a tu primer masaje con chocolate y oro? – preguntó Snape seductor tomando a Harry de la mano y haciendo que se levantase para atraerlo a sus brazos.

- Oh, lo dices por el folleto que estaba ojeando… no, yo… era curiosidad – dijo nervioso

- Tenemos aún tres horas hasta la cena, seguro que nos sienta bien un buen masaje y luego una sauna y un baño en las termas. ¿me acompaña señor Potter?

- Yo no tengo pulsera de "todo incluido"… - desvió de nuevo la mirada, incomodo. Se notaba que le costaba todavía el hecho de pedir cosas materiales.

- Potter, somos magos, transfiguramos un folleto en una pulsera para ti y listos. Ponte bañador, nos vamos, no quiero excusas. – Y con eso dicho Snape comenzó a desvestirse.

Harry sonrió de medio lado e hizo lo mismo. Cuando ambos estaban apunto Snape lo acorraló contra la puerta y lo besó ardientemente, con ansias y pasión contenida de semanas sin poder tocarse.

- Esta noche serás mi postre Potter. Aún te debo la revancha por lo que pasó entre nosotros en el poblado… esta noche estaré en mis cinco sentidos para hacer contigo lo que quiera.

Harry lo miró con ojos abiertos y los labios rojos por el beso. "¡Cómo me excita su voz! Si lo supiese… "

- Aún quedan muchas horas Snape, no provoques el fuego antes de tiempo o te quemarás. Quién sabe si tenemos que acabar huyendo o …

Snape no lo dejó terminar, volvió a besarlo. Colocó ambas mano a cada lado del cuerpo de Harry, cerrándole el paso, y su rodilla entre las piernas abiertas del chico que soltó un gemido ahogado durante el beso al notar la presión en sus partes. Los ojos de Snape, puro ónix brillante lo encendían, su lengua, su sabor, su olor, su potencia… Severus Snape era todo en su conjunto un cóctel que lo volvía loco. Sabía que acabaría muriendo cuando el hombre tuviese tiempo para dedicarse a darle otros placeres desconocidos.

Tan pronto como empezó el beso también terminó.

- Déjate de ser gafe Potter. Andando… tú delante.

- Sí, señor… - le sonrió de medio lado saliendo al pasillo para dirigirse a los ascensores. -La sala de masaje y las termas se encuentran en la última planta. – comentó Harry picando el botón del ascensor que los llevaría allí.

Cuando llegaron fueron rápidamente atendidos por varias mujeres que los acomodaron en dos camillas contiguas la una a la otra y les hicieron tumbarse boca abajo. La sala estaba un poco en penumbra con velas aromáticas e inciensos cargándola de un ambiente relajado y a la vez un poco erótico. Los untaron poco a poco y delicadamente de chocolate con polvo de oro añadido en la mezcla, lo dejaron un rato reposar sobre sus pieles y luego procedieron a darles el masaje de la cabeza a los pies. Harry intentó no gemir aunque a veces se le escapó algún que otro sonido cuando las manos de la chica trabajaban algún punto de sus músculos que estuviese entumecido. Especialmente la zona de los hombros y los gemelos de las piernas.

Snape se quedó dormido al poco de empezar, aunque de vez en cuando abría un ojo para fijarse en Harry y comprobar que estaba todo correcto.

Cuando el masaje terminó las terapeutas les indicaron el camino a las termas.

Harry no pudo evitar que se le abriese la mandíbula cuando entró en la sala. Era precioso. El techo era abovedado y pintado como si fuese un cielo estrellado y pequeñas y diminutas bombillas de led se encendían y apagaban dulcemente como si fuesen estrellas, a veces cambiando de colores. Había varias piscinas termales separadas por muros esculpidos en jeroglíficos, no sabía que significaban pero le encantaron. Estaba dividido en diversos apartados y tipos de baño en los que experimentabas los diferentes estados del agua, desde hielo, vapor, agua caliente, fría…

La parte de los jeroglíficos con las columnas egipcias y las esculturas pertenecía a la zona llamada "Termas del dios Sol" y consistía de un baño de agua termal a 36º C y baño de agua fría a 14º C.
Ambos se adentraron en la de agua caliente y notaron como ardía, como los músculos se destensaban y hasta parecía que sudaban dentro, las volutas de vapor caliente cubriendo casi como una niebla la superficie. Debían estar entr minutos y luego cambiarse al baño de agua fría del otro lado de la pared donde al meterse el contraste fue para cortarles el aliento. Sintieron miles de agujas pinchando cada parte de su piel, la circulación sanguínea activándose como loca en sus cuerpos. Tras la primera impresión de congelamiento extremo luego realmente estuvieron flotando a gusto, aunque pronto tuvieron que salir para no congelarse.

El siguiente en el recorrido era la parte llamada Baño Sirocco, un baño de aire caliente que no les acabó de convencer demasiado porque era un poco agobiante.

El siguiente era el Baño Islandés. Que eran unas duchas de agua caliente en las que primero te tenías que frotar todo el cuerpo en hielo picado en polvo que había en unos recipientes grandes y luego meterte bajo la ducha, y repetir ese proceso las veces que quisieras.

Pasaron al próximo baño del recorrido y vieron que se llamaba Hammam y dentro había unas piedras labradas en forma de asiento o de cama donde te tumbabas y recibías una sesión de calor húmedo a 55º C aproximadamente que lo que conseguía era favorecer la relajación general y la respiración, abriendo los pulmones con el vapor de eucaliptus del ambiente.

Y para finalizar se saltaron la sauna porque no soportarían más calor y se metieron en la parte final del recorrido que se llamaba Vaporización y paso Polar. Era para refrescarlos e hidratar el cuerpo después de todo el recorrido y especialmente después del Hammam o la sauna.

Salieron envueltos en sus albornoces totalmente relajados; tanto que bostezaban a cada cuatro pasos y cuando llegaron a la habitación se tumbaron en la cama dejándose caer como dos sacos de patatas. Severus captó un olor afrutado y se incorporó para ver de dónde provenía cuando vio que en la mesita del centro había un detalle del hotel: una bandeja de frutas troceadas alrededor de una fuente de chocolate deshecho que se derramaba irresistible para que sumergiesen las frutas y disfrutasen con el aperitivo.

Severus sonrió y le dijo a Harry que cerrase los ojos. Convocó su varita y luego levitó flotando la fuente de chocolate y las frutas a su mesita de noche. Pinchó con la brocheta un trozo de piña y lo bañó en el delicioso chocolate para luego dárselo a probar a Harry, que abrió la boca un poco desconfiado para luego gemir satisfecho y relamerse los labios donde habían quedado unos restos de chocolate.

- Ummm ¡delicioso! – y abrió los ojos para ver de dónde había sacado eso su acompañante.

- Regalito del hotel. – se encogió de hombros Snape con una sonrisa.

- ¡Wow!

Severus sonrió y pinchó ahora un trozo de kiwi, lo bañó y se lo volvió a ofrecer a su pareja que lo tomó con gusto.

- Nunca había probado esta fruta. ¿cómo se llama?

- Kiwi, es muy bueno para el cuerpo, pero tiene que tomarse con moderación porque tiene mucha fibra y puede hacer que vayas suelto al baño luego…

- ¡Arggg Severus! ¡No digas eso cuando estoy comiendo chocolate! – le golpeó enfurruñado.

- ¡Eh! Sólo te informaba, mocoso ingrato. – bufó el mayor pinchando un trozo de fresa y comiéndoselo él mismo.

- Yo también quiero una fresaaa – puso morritos y ojitos de perrito abandonado Harry.

- No hagas pucheros Potter – Snape lo miró mal pero acabó claudicando y dándole dos fresas bañadas en chocolate.

Terminaron enfrascados en comer las frutas cuando una idea maquiavélica le vino a Snape y cogiendo la mano de Harry bañó en chocolate el dedo índice, para luego metérselo en la boca y deleitarse con su sabor, lamiendo y absorbiendo para dejarlo limpio. Harry dio un respingo cuando sintió el ramalazo de placer ir directo a su polla. Snape era maligno y sonreía con satisfacción al ver lo que había causado.

- Delicioso. Me pregunto qué tal sabrá si lo unto en distintas partes de tu… cuerpo. – sonrió de medio lado mientras untaba una fresa con chocolate y la paseaba por uno de los pezones de Harry, le ofreció al chico la fruta y él se deleitó lamiendo y limpiando el sonrosado pezón, que rápidamente despertó alegre, irguiéndose.

- Yo también…

- Tú nada Potter. Aquí el que toca hoy soy yo, tú quietecito ¿estamos? – y lo fulminó con esa mirada que no admitía réplicas.

- No es justo, quiero que nuestra… quiero…

- Me da igual lo que quieras, cuando aprendas a decir lo que quieres sin tartamudeos veremos si te permito hacer lo que quieras, mientras tanto querido… déjate llevar y disfruta. – y con eso Snape daba por terminada la discusión, poseyendo la boca del chico, entrando en esa cueva inocente y besándolo hasta dejarlo sin aliento.

- ¡Mierda! ¡Qué gafe eres Potter! – y de pronto toda la pasión se esfumó.

- ¿Qué? Ahora qué pa… - Pero no le hizo falta terminar la pregunta, Severus se agarraba fuertemente el antebrazo, cubriendo la marca tenebrosa.

Severus lo miró a los ojos y Harry pudo percibir un atisbo de pánico en ellos, pero en seguida se desvaneció y la firmeza volvió a ellos.

- Debo irme ya. Ves a cenar con Granger y Weasley, en cuanto pueda me reúno con vosotros. Si no vuelvo el lunes por la mañana marchaos sin mí. Seguir con el plan.

- ¡No voy a irme sin ti! No nos podrás encontrar….

- Soy un espía chico, por supuesto que te encontraré. – bufó indignado.

Se levantó y se vistió con sus usuales ropas, se puso encima la túnica negra y la máscara de mortífago y tras darle un último beso a Harry desaparató directamente desde la habitación para ir con Voldemort.

Harry intentó tranquilizarse y fue a vestirse para bajar primero al bar del hotel solo y tomarse algo mientras hacía tiempo para la hora de la cena. No quería molestar a sus amigos, seguramente estarían en esos momentos disfrutando de su tiempo a solas como pareja.


El cielo estaba completamente oscuro en el norte de Inglaterra, en Little Hangleton, ni siquiera las estrellas eran visibles para aportar un poco de compañía, sino todo lo contrario, esas nubes tormentosas sólo le causaban más desasosiego a Severus Snape.

Se encaminó a la vieja y destartalada mansión Riddle todo lo rápido que pudo; a Lord Voldemort no le gustaba esperar por nadie.

Cuando llegó a la sala donde se celebraban las reuniones se acercó presuroso a arrodillarse frente a su señor y besar el bajo de sus túnicas raídas.

- Treinta segundos más tarde Severus y te hubiese recibido con un crucio. Siéntate.

- Sí, mi señor.

Voldemort tomó su asiento en la cabecera de la mesa y sorbió un poco del vino de su copa. El resto de mortífagos observaban en silencio; sus copas olvidadas, nunca solían beber más que un par de sorbos de compromiso. El porqué, era que necesitaban mantener su mente aguda y alerta ante cualquier cambio de ánimo o actitud en su señor; si bebían mucho corrían el riesgo de ofenderlo, o peor, morir por no poder esquivar alguna maldición.

El señor oscuro no era idiota, al contrario, era muy astuto e inteligente. Sabía que había algún traidor entre sus filas, incluso tal vez dentro del propio círculo interno, por eso no iba a explicarles todo su plan, sólo lo justo y necesario.

Cuando la reunión terminó media hora después, todos los mortífagos desaparecieron con un fuerte "crack" hacia el centro de Londres donde empezaron a atacar a los muggles a diestro y siniestro, en las zonas más turísticas, aprovechando la oscuridad de la noche y que muchas personas ya dormían pacíficamente en sus casas. Muchas marcas tenebrosas brillaron en el cielo de Londres esa noche, iluminando tenuemente sus alrededores y el lugar del crimen de un color verde; mortecino.

Al día siguiente, más de lo mismo tanto en Londres como en Escocia, esta vez también atacando pueblos mágicos, pero sin duda la carnicería fue mayor con el mundo muggle: atacaron museos, varias líneas de metro muggle fueron reducidas a escombros, con varios hechizos destructores y explosivos, cientos de muggles asesinados en el proceso; el famoso London Eye fue arrancado de su soporte y lanzado a muchos metros de altitud, con muggles dentro aterrorizados, y cayó encima del ministerio de defensa que estaba justo en frente, derrumbando todo el edificio y varios de los alrededores, causando gran pánico en la población.

El Morsmorde brillando sobre cada punto donde se realizaron los atentados mortífagos.

Los aurores estaban ya en alerta a causa de los ataques de la noche anterior y lucharon contra todos los mortífagos que vieron, muchos cayeron heridos, tanto aurores como enemigos.

El día 11 de Octubre de 1997 fue recordado como "El día de las marcas de la muerte" en todos los periódicos del mundo muggle, sobretodo en los de Inglaterra y Escocia. Los muggles nunca entendieron de donde provenían o cómo se hicieron esas marcas que estaban en cada uno de los puntos donde hubo muertos.


N.A : Hola! Siento la tardanza en actualizar, he estado un tiempo con dos trabajos a la vez, me iba a las 8 de la mañana y llegaba a casa a las 22:30 de la noche…, así que lo único que quería era comer, ducharme y dormir. Ha sido una temporada mortal jajaja. De todas formas no os preocupéis, tarde más o tarde menos la historia no se va a quedar inconclusa.
Aunque si me escribís un comentario con vuestra opinión sobre la historia eso me hace feliz y me esfuerzo más, es un subidón de motivación.

Un abrazo y gracias por leerme