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CAPITULO 7


Kate se giró de inmediato para mirar a Castle, que la sonrió de medio lado.

- Volveremos a fijar una fecha cuanto antes – aseguró él mirando a Gates.

- Creo señor Castle, que usted hará lo que su prometida diga…

Castle frunció el ceño.

- Mujeres… - dijo suspirando y volviendo a cerrar los ojos.

La capitana negó con la cabeza sonriendo.

- Ahora que ya he comprobado que todo está bajo control aquí, será mejor que vuelva para ayudar a Brady.

- Sí… - sonrió Kate

- Me alegra saber que no cuento entre mis filas con un policía como él…

- El jefe Brady es un poco….

- Particular… - añadió Castle que aunque seguía con los ojos cerrados estaba al tanto de la conversación.

- Señor Castle, espero que se recupere cuanto antes…

- Gracias.

- La acompañaré hasta la puerta… - dijo Kate.

- No hace falta detective, será más útil aquí…

- Gracias.

La capitana salió del box y Kate suspiró.

- Sé que estoy legalmente muerto, pero… ¿Realmente has cambiado de opinión y no quieres casarte conmigo?

- ¡No seas tonto! – le dijo acercándose y besándole sobre la nariz.

- ¿Entonces?

- Ahora mismo, lo que menos me apetece es volver a organizar una boda.

- ¿Y qué es lo que te apetece? – preguntó medio adormilado.

- Tranquilidad y tu compañía.

Castle sonrió y sacó uno de sus brazos de la camilla para rodear con el su cintura, atrayéndola hacia él y besándola suavemente.

- Pensé que no volvería a verte – confesó Castle cuando ella se retiró.

- ¿Amenazó con matarte?

- Sin vosotras era como estar muerto.

Kate apretó los labios y acomodó su mejilla junto a la de él.

- Sabía que vivías. Sabía que estabas en alguna parte.

- Lo sé…

Kate se separó mirándole extrañada.

- Las alianzas. Tyson no sabía que estaban en mi bolsillo. No me las quitó. Se llevó mi reloj y los gemelos que me regalaste… - su voz cada vez sonaba más cansada - Pero no se llevó las alianzas… Pero tú…

- Mandé hacer una copia. Sabía que si Tyson estaba obligándote a vivir tu muerte, captarías el mensaje.

- Y lo hice… En ese momento tuve esperanzas…

Kate metió los dedos entre el pelo de Castle con suavidad y ternura.

- Deberías descansar…

- Y tú… - dijo él ya entre sueños.

Kate le acarició la mejilla. Miró a su alrededor. No había ninguna silla donde poder sentarse. Realmente estaba cansada. Comprobó su móvil viendo que el día estaba a punto de acabar y ella había salido de su casa por la mañana. Habían sido demasiadas emociones por ese día.

La enfermera entró seguida de un celador. Kate giró de inmediato.

- Les trasladaremos a una habitación y pasarán la noche en observación.

- ¿Pasaremos?

- Su médico, el doctor Monroe, ha indicado que usted también estará en observación.

- No lo entiendo.

- Puede hablar con él si quiere, está fuera.

- Lo haré… - dijo Kate algo molesta.

- Bien, la acompañaré…

Kate salió del box seguida por la enfermera, visualizó a su médico en el mostrador de enfermeras.

- Doctor Monroe…

- Señorita Beckett…

- ¿Qué es eso de que debo pasar la noche aquí?

- ¿Nos permite un momento Lisa? – preguntó a la enfermera que asintió volviendo al box.

Kate esperó impaciente a que la enfermera desapareciese de la vista de ambos y miró al médico.

- Su prometido ha pedido una habitación privada para que usted pudiese estar junto a él. Ha manifestado a mi colega la preocupación que tiene por su salud y, dadas sus negativas a ser ingresada, he considerado oportuno aprovechar la situación para vigilarla y administrarle la medicación necesaria para que dé un respiro a su corazón. Pero si no está de acuerdo, nadie va a obligarla…

Kate suspiró.

- Créame, mañana ambos estarán preparados para volver a casa. No pondré ninguna objeción.

- Está bien…

Kate volvió al box. La enfermera la miró.

- ¿Podemos trasladarles ya?

- Sí…

- Bien… El celador les acompañará.

Kate asintió y miró a Castle, que estaba completamente dormido y que era ajeno al movimiento de traslado.

Instantes después, el celador colocaba la camilla de Castle junto a la cama que ocuparía esa noche y fue a buscar a una enfermera. El escritor abrió los ojos mirando extrañado a su alrededor.

- Kate…

- Estoy aquí.

El celador volvió junto a dos enfermeras y con ayuda de éstas, Castle pasó a una de las camas.

- ¿Te quedarás? – preguntó el escritor

- No tenía intención de ir a ningún sitio sin ti… – le dijo algo molesta - No era necesario que pidieses una habitación para los dos.

- Estoy tan cansado…

- Lo sé…

- No dejes que mi madre ni Alexis me vean así…

- No…

Kate le acarició la mano y el escritor volvió a dormirse.

- Señorita Beckett… - dijo a su espalda una enfermera – Le dejo aquí un pijama y toallas. Si necesita algo más…

La detective negó con la cabeza. Miró de nuevo su móvil. Debía llamar a Alexis. Salió de la habitación y marcó el número de la pelirroja, que apenas dejó que sonasen un par de tonos para contestar de inmediato.

- ¡Kate!

- Hola Alexis.

- ¿Estás bien? Ryan nos ha dicho que has sido testigo en un asesinato y tenían que tomarte declaración y estabais ayudando al jefe de policía.

- Así es… – mintió Kate aliviada por la mano que le había echado su compañero – Y aún estaré durante un buen rato.

- Pero… ¿Estás bien? ¿Quieres que vaya a acompañarte?

- No… No Alexis, está todo bien… Prefiero que te quedes con Martha. Volveré en cuanto pueda.

- ¿Estás segura?

- Del todo Alexis. Todo va bien… No te preocupes.

Después de tranquilizar a la pelirroja y asegurarse que no iba a ir a buscarla al departamento de policía. Kate colgó y llamó a Lanie, después volvió a entrar en la habitación.

Castle seguía dormido. Se acercó y le acarició la mejilla. Volvió a pensar que necesitaba un buen afeitado, aunque en ese momento, más delgado y con esa barba, le recordó al Richard Castle que conoció cinco años atrás.

Realmente estaba agotada. Tal vez su médico estaba en lo cierto, tenía que descansar. Agarró el pijama y las toallas y entró en el baño, tomaría una larga y ardiente ducha y dormiría más de diez horas, ahora que él estaba bajo su mismo techo.

Castle despertó el primero. Abrió los ojos asustado hasta que recordó donde estaba. Buscó la cama de al lado. Kate dormía. Se levantó con cuidado. Le rugía el estómago del hambre, pero se sentía mejor que nunca. Había descansado. Se dedicó a observar a Kate durante unos minutos, parecía tan en paz… Se sintió culpable. Movió la cabeza negativamente y entró al baño en silencio.

Kate intentó abrir los ojos, pero los párpados le pesaban. Oía sonidos lejanos. Un rumor de agua, un timbre de teléfono, voces… Fue incapaz de despertarse y sin darse cuenta volvió a sumirse en un profundo sueño.

Castle salió del baño y la observó. Minutos después una enfermera entró en la habitación sonriendo. El escritor le señaló la cama de la detective y la mujer le habló en voz baja.

- Voy a tomar una muestra de sangre – le dijo - ¿Cómo se encuentra?

- Estupendamente… Aunque tengo hambre.

- Ahora le traerán el desayuno.

- ¿Podré volver a casa hoy?

- Yo creo que sí, pero habrá que esperar a que el doctor vea su informe.

Minutos después una auxiliar entró a la habitación con las bandejas del desayuno. Kate seguía dormida y él no quiso despertarla. Aunque no fue necesario. El olor a café inundó las fosas nasales de la detective, que suspiró removiéndose en su cama.

- Vamos dormilona… Es café recién hecho…

Kate abrió con lentitud uno de sus ojos volviéndolo a cerrar de inmediato.

- Venga…

Kate sonrió recordando que él estaba a su lado, que ambos estaban en el hospital sanos y salvos y que Tyson había muerto definitivamente.

- Buenos días amor…

- ¿Preparada para este estupendo desayuno?

Kate se incorporó despacio en la cama.

- Te has afeitado – aseguró.

- ¿No era lo que querías? – preguntó mientras la besaba.

Un golpeteo en la puerta les hizo separarse.

- Buenos días parejita…

- Hola Lanie – contestó Kate sonriendo.

- ¿Qué tal has pasado la noche? – preguntó al escritor.

- Estoy totalmente recuperado.

- Bueno, no lo creo pero me alegra que te sientas bien.

- ¿Has traído lo que te pedí? – preguntó Kate.

- Sí – dijo la forense levantando las manos y mostrándole varias bolsas.

Castle levantó las cejas extrañado.

- Es ropa – aclaró Kate - ¿No querrás que Alexis te vea con la ropa de ayer?

- No – aseguró sonriendo ilusionado al saber que volvería a ver a su madre y a su hija.

- Bueno, os dejo que terminéis de desayunar… Iré a buscar a tu médico – le dijo a Castle.

El escritor siguió con la mirada a la forense hasta que desapareció por la puerta.

- Ella dudó ¿Verdad? – preguntó con algo de tristeza.

- Tyson era el forense, todas las pruebas apuntaban a que era tu cadáver… Ella se guio por su trabajo…

- ¿Y no se acordó de aquella pobre chica a la que operaron para que se pareciese a ella?

- Rick… Ya está – dijo acariciándole la mano – Todo ha pasado…

- Lo siento, pero comprende que esté decepcionado…

- No deberías estarlo… Se volcó de lleno para buscar cualquier evidencia que le demostrase que no eras tú…

- Me pregunto a qué pobre diablo metió en el coche en mi lugar…

Kate no quiso darle la respuesta, aunque tenía la certeza de que era el mismo hombre al que Tyson ya había utilizado en otra ocasión.

- ¿Qué pasó? – se atrevió a preguntar Kate.

Él miró a la nada, tomó un sorbo de café y sonrió con tristeza.

- Hablaba contigo por teléfono. Cuando cortamos una furgoneta negra empezó a acosarme hasta que consiguió sacarme de la carretera. No tengo muy claro que pasó después…

Negó con la cabeza y Kate no quiso seguir preguntando. Debía ser muy doloroso para él y no quería presionarle.

- Si no te importa, prefiero no…

- Lo sé… Lo siento, ya lo hablaremos.

Él asintió. Terminaron de desayunar en silencio. Lanie volvió entrar en la habitación con un gesto serio, aunque intentó disimularlo.

- Chicos… ¿Preparados para volver a casa?

- ¿Nos podemos ir ya? – preguntó Castle ilusionado ante la idea de volver a ver a Alexis.

- Esperaré fuera mientras os preparáis. Tengo autorización de tu médico para revisar y curar esa herida durante los próximos días, por tanto no tendremos que esperar a que te curen.

Ambos asintieron, Lanie salió de la habitación y Castle comenzó de inmediato a quitarse el pijama para vestirse con la ropa que le había traído Lanie. Mientras lo hacía era observado por Kate. Tenía algunas magulladuras por el cuerpo, en especial en la espalda y piernas, posiblemente le habían dado golpes, se notaba que le dolían, pues forzaba algunos movimientos.

- Déjame ayudarte – pidió Kate acercándose.

- Estoy bien.

- Pero quiero hacerlo…

El escritor sonrió levemente y se dejó ayudar. La miró fijamente cuando le abotonaba la camisa.

- Has perdido mucho peso… - le dijo con una sonrisa.

- Tú también.

- Un par de días de tu pasta carbonara y lo recuperaré – le dijo elevándose y besándole suavemente.

- Recuérdame que jamás compre avena.

- ¿Cómo? – preguntó la detective extrañada.

- Era lo único que me daban para comer – dijo serio - y no pienso volver a probarla.

- Lo tendré en cuenta para ponerte a dieta… Veo que ha sido efectivo…

- No lo digas ni en broma.

- Tranquilo… - dijo rodeándole el cuello con sus brazos – Pero me gustas más así, tendré que vigilarte para que no vuelvas a coger esos kilos…

- Ya… Pues creo que conozco un ejercicio bastante divertido… - el escritor la besó en la punta de la nariz – Además se practica en pareja…

- ¿Ah sí? ¿Y cuál es ese ejercicio si puede saberse?

Castle comenzó a besarla. Algo en el interior de Kate se calmó. El escritor había estado demasiado serio, pero desde que Lanie les había dicho que podían volver a casa, su humor había experimentado una asombrosa mejoría.

Castle esperó a que Kate terminase de vestirse y cuando ambos estuvieron listos salieron de la habitación. Buscaron a Lanie con la mirada y al no verla decidieron preguntar en el control de enfermeras.

- La doctora Parish está reunida con el doctor Monroe – le dijo amablemente una de las enfermeras – ahora mismo les aviso.

- ¿Quién es el doctor Monroe? – preguntó bajito Castle mirando a Kate.

- Mi médico - contestó muy seria Kate.

- Entiendo…

Castle comprendió en ese momento que Lanie podría descubrir la lesión de corazón de la que había hablado Tyson y posiblemente esa era la causa del cambio repentino de humor de su prometida.

Para él era una ventaja que Lanie estuviese al tanto de la salud de Kate. Ahora sería paciente pero cuando pasasen unos días y ambos se tranquilizasen sin duda tendría que tener una larga conversación con Lanie. A no ser que Kate confesase primero. Pero dudaba que ella fuese a hacer algo así.

- No creo que tarde – dijo él intentando que Kate no se alterase – esta noche has dormido muy bien y en tres días pienso hacer que te recuperes del todo.

Kate se giró mirándole. No pudo evitar abrazarse a él. Ambos se volvían a tener el uno al otro y se cuidarían mutuamente. Tenía que dejar de pensar en ella. Ahora lo importante era que él olvidase el trauma de verse muerto en vida.

- Te quiero tanto… – le dijo aferrándose más a él.

- Y yo a ti.

Ambos se giraron al escuchar un conocido taconeo acercándose por el pasillo.

- ¿Ya estáis listos?

- A casa… - dijo Castle.

- ¿Qué hacías con mi médico? - preguntó directa Kate.

- Faltaba su firma para tu alta – dijo Lanie enseguida mostrándole los infomes que llevaba en su mano y Kate supo de inmediato que mentía - y quise verle de colega a colega para que adelantase el protocolo.

- Ya…

Observando a ambas mujeres, Castle tuvo la certeza que Lanie acababa de ponerse al corriente de la salud de Kate desde ese mismo momento. No dudaba que ambas tendrían una buena charla en cuanto pudiesen.

Recordó que tenía una grabadora en su despacho. Intentaría por todos los medios dejarla cerca de Kate para poder ponerse al día cuanto antes.

Salieron del hospital con los dedos entrelazados siguiendo a Lanie, que caminaba un par de metros por delante de ellos hablando por teléfono sobre algún caso que había dejado pendiente en Nueva York.

La morena no dejó que ninguno de los dos condujese y fue ella quien se puso al volante del Ford de Espo, aparcado desde el día anterior frente al hospital. Kate se sentó en el asiento del copiloto.

- A Javi le costará hacerse a la idea que no tiene un Ferrari – dijo divertida.

- Creo que cuando le diga lo que pago de seguro anualmente se sentirá aliviado – comentó Castle.

El escritor iba sentado en el asiento de atrás e inclinado entre ambas mujeres y rodeando con el brazo derecho el asiento de Kate para no soltar su mano.

Cuando llegaron a la casa del escritor y Lanie paró el coche, Kate se giró para mirarle.

- Creo que será mejor que vaya preparándolas. Verte aparecer sin explicaciones puede ser un shock para ellas…

- Entrad vosotras primero, llévalas hasta la sala y yo entraré por la parte de atrás a mi despacho.

Kate asintió y le acarició la mejilla dándole un corto beso en los labios.

Castle observó a ambas mujeres mientras caminaban hacia la puerta. Aunque no podía oírlas desde allí intuía su conversación.

- ¿Cuándo ibas a contármelo? – preguntó Lanie en voz baja.

- ¿El qué?

- Sabes de sobra de qué estoy hablando. He visto tu informe y he tenido que hablar con tu médico que estaba empeñado en despedir a la enfermera por dejar que lo viese…

- Lanie… Ahora no es…

- No Kate… No hay Lanie que valga. Esto no va a quedar así. Tú y yo vamos hablar de esto hoy sin falta.

- Ahora no – zanjó Kate mientras ponía su mano sobre el picaporte.

- Más tarde, pero de hoy no pasa – aseguró la morena bastante enfadada.

El escritor esperó a que cerrasen la puerta y salió del coche rodeando la casa con cuidado de no ser visto.

- ¿Katherine? – llamó Martha desde el piso superior - ¿Eres tú?

- Sí Martha – contestó ella - ¿Está Alexis contigo?

- Estoy aquí – dijo la pelirroja saliendo de la cocina - ¿Va todo bien?

- Sí… ¿Mi padre?

- Volvió ayer a Nueva York – dijo la chica abalanzándose sobre ella para abrazarla.

Martha bajó de inmediato sonriendo ante la escena.

- ¿Podemos hablar un momento? – les dijo Kate a ambas señalando la sala.

- ¿Va todo bien querida? – preguntó la actriz poniéndose una mano sobre el pecho.

- Sí, sí Martha… - dijo de inmediato Kate intentando tranquilizarla – Tengo una buena noticia que daros.

Martha miró a su nieta que le hizo un gesto para que fuesen cuanto antes a la sala.

- En realidad… - comenzó Kate cuando las cuatro habían tomado asiento de espaldas a la puerta del despacho de Castle – Ayer estuve en el hospital y he pasado allí la noche.

- ¿Qué? – preguntó Martha asustada.

- Tranquila Martha, son buenas noticias…

- ¿Estás…?

- No. Lo siento, pero no estoy embarazada – volvió a negar Kate por cuarta o quinta vez en los últimos días.

Martha miró a su nieta y ambas hicieron el mismo gesto de contrariedad con los labios.

- ¿Entonces? – preguntó curiosa Alexis.

- No estuve sola en el hospital.

Abuela y nieta no entendían absolutamente nada.

- El día de nuestra boda – comenzó – después del accidente, algo en mí me decía que estaba viviendo una pesadilla y que tarde o temprano iba a despertarme y descubrir que todo era un absurdo sueño.

Kate hizo un silencio mientras ambas mujeres la miraban con interés.

- No podía creer que tu padre - le dijo a Alexis – estuviese muerto.

- Yo tampoco – confesó Martha.

- Me negaba a creerlo. No parecía un accidente casual y comencé a desconfiar, volviendo locos a mis compañeros y a Gates para que investigasen…

- ¿Por qué no nos dijiste nada? – pregunto Alexis.

- Porque no quería daros falsas esperanzas.

- ¿Falsas esperanzas? ¿Sobre qué?

- Algo me decía que el cuerpo que estaba dentro de aquel coche no era Castle…

- ¿Quieres decir que mi padre puede estar vivo?

Kate asintió. Martha se puso en pie.

- ¿Estás segura de eso? – preguntó la mujer.

- Sí.

- ¿Quién?

- Lo siento… Siento que hayáis tenido que pasar por esto pero Castle y yo tenemos enemigos, por mi culpa…

- ¿Enemigos? – preguntó Alexis

- Criminales a los que hemos desenmascarado…

- ¿Dónde quieres llegar Katherine? – preguntó impaciente Martha - ¿Quieres decir que Richard está vivo?

Kate asintió y vio que por detrás de ambas mujeres se abría la puerta del despacho y Castle observaba desde la misma.

- ¿Estás segura? ¿Papá está vivo? – Alexis se levantó de golpe - ¿Dónde está? ¿Cómo está?

Kate miró a Alexis y sonrió tristemente.

- Siento mucho que hayáis tenido que pasar por esto…

- Eso no importa… ¿Dónde está? – preguntó Martha

Kate miró detrás de ellas, que se giraron de inmediato descubriendo a Castle.