SETSUNA
.
.
"Razón y piel, difícil mezcla,agua y sed, serio problema.
[…] si confundo tus caricias por camelo si me mimas.
Pasión y ley, difícil mezcla, agua y sed, serio problema…
Cuando uno tiene sed, pero el agua no está cerca.
Cuando uno quiere beber, pero el agua no está cerca.
Qué hacer, tú lo sabes, conservar la distancia, renunciar a lo natural, y dejar que el agua corra". JdP.
.
.
Después de haberme sincerado con mi Príncipe me había sido imposible regresar a la Puerta del Tiempo, mi incipiente embarazo comenzaba a ser notorio y Garnet Black seguramente me obligaría: o a deshacerme del fruto prohibido de nuestra unión o a marcharme con él a Némesis para encerrarme en el Palacio Oscuro hasta que mi persona no le sirviese más que para darle a su heredera, después me mataría, de eso estaba segura.
Garnet no me amaba, tan sólo deseaba mi Granate y la forma en que sentía lo poseía a través de mi cuerpo.
Por su parte, Darién; como me había acostumbrado a llamarlo, me había ofrecido quedarme con él, y aunque la idea me fue tentadora en extremo, la prudencia acudió a mí como un llamado enérgico. Luego de un par de horas de charla y confabulaciones, provenientes más de su persona que de la mía, acordamos que lo mejor era buscarme un departamento cercano al de él.
Yo me sentía en absoluta deuda cuando con ternura prometió cuidar de Rini y de mí. Ese hombre estaba ahí, dispuesto a hacer lo que fuese por nosotras y entendí cuán erróneamente era juzgado por los demás.
Él era bueno, no tenía duda.
El recuerdo de mi piel erizada al advertirlo sin previo aviso en el marco de la puerta del apartamento, todavía hace escocer mis ojos. Lucía descompuesto, lloroso y su pena me sobrecogió.
Lo hice entrar con las ganas de que mi abrazo fuese más osado, y tumbándolo sobre el sofá que precisamente él me había comprado, fui participe de su pena.
—¿Qué ha pasado? —pregunté asustada, olía a licor.
Darién se rascó la cabeza desordenando su melena azabache, llevaba la camisa semi abierta, y en su ropa estaba impregnado el aroma a decepción típico de las solitarias barras de los bares de poca monta.
—Bebiste… —musité como intentando que mi sorpresa no sonase a reclamo, yo no era nadie para decirle qué podía o no hacer.
—Me ha dejado.
Un movimiento casi imperceptible dentro de mi vientre me anunció que la barriga irremediablemente comenzaría a crecer. Sin tanto asombro, pero sí con pesar me arrodillé frente a él para intentar consolarlo.
—Darién… —fue lo único que alcanzó a salir de mis labios.
Sus furtivos ojos azules se nublaron, haciéndolo lloriquear como un niño pequeño. Se veía tan indefenso, tan lejano del Endymion del futuro; que, por segunda ocasión sentí que tenía ante mí a otra persona. En esa posición en la que con algo de pena escondía el rostro abrumado bajo sus palmas, él era sólo Darién Chiba.
—Yo… no quiero perderla, Setsuna. La amo, he sido un tonto por no darme cuenta.
Mi corazón sin saber bien el motivo se sintió oprimido con su declaración. Parecía que cada día junto a él, me era más claro el deseo interno de ser yo quien consolase su aflicción. Que por primera vez él me mirase como lo que era, una mujer dispuesta a curarle las heridas del pasado. Sentía, que no había nadie en la Galaxia entera que lo comprendiese mejor. Yo también había decidido entregar mi amor a la persona equivocada, a mí también me habían hecho la sombra de alguien más.
—Tienes que ayudarme —sollozó limpiándose los restos de llanto que descansaban indiscretos sobre sus mejillas.
Y lo haría, estaba dispuesta y consciente de aquello desde el instante mismo en que confesé mi pecado. A sabiendas de que Garnet Black perecería en un par décadas a manos del Fantasma de la Muerte, la balanza se inclinó hacia mi Rey. Y no es que creyese que no me quedaba más opción que asegurarme el destino al lado de él, verdaderamente estaba comprometida con su tarea, aunque eso representase conspirar contra mi Princesa y mi destino en sí.
Estaba convencida de que él me necesitaba más que ella.
De hinojos como me encontraba, las articulaciones comenzaron a arderme ante la posición tan fatigosa. Darién pudo notar mi esfuerzo y apenado por mi estado, se olvidó unos segundos de él para hacerme levantar. Su mirada apesadumbrada dio paso a una tierna sonrisa, esa que pensé no volvería a ver en largo tiempo sobre su rostro.
—Tenemos que cuidar bien de ustedes —dijo mientras tomaba mi diminuta barriga entre sus manos.
Amoroso, descendió hasta la mitad de mi cuerpo sin quitar las manos del sitio que yo ocultaba bajo la sobrada vestimenta, y con afecto comenzó a dirigirse a Rini, su hija.
—No te preocupes mi niña, yo arreglaré todo y crecerás junto a tus padres.
No pude evitar soltar un gemido y estúpidamente mis ojos se anegaron. Darién tenía razón, él y Serena serían los padres de mi pequeña dama. A pesar de todo, seguía estando fuera de la jugada.
Mi Príncipe se puso de pie rápidamente al advertirme llorando.
—Pe-perdón… no quise decir que tú…
—No te disculpes —supliqué sorbiendo mis lágrimas—. Sé cuál es mi lugar, además nada me haría más feliz que saber que Tokio de Cristal será tal y como lo soñamos.
Él asintió aliviado, ahora lo único que teníamos que dejar en claro era qué haríamos para lograr que Serena regresara a su lado.
Esa noche, Darién no habló más de los motivos de la rubia para dejarlo, estaba agotado, por no decir que algo ebrio, así es que sin más lo dejé acurrucarse en soledad sobre el mullido sofá. A la mañana se fue dejando una nota de agradecimiento seguido de una prescripción de vitaminas. Hacía mucho que había dejado de ejercer la medicina para volcarse de lleno en la investigación, aun así, yo sabía que no permitiría que alguien más llevase el control durante mi gestación si no se trataba expresamente él o de alguien de su entera confianza.
Un par de días después de su rompimiento con Serena; acordamos vernos por la tarde-noche.
Los vitamínicos recetados me habían estado revolviendo el estómago constantemente, últimamente no estaba comiendo bien, simplemente el ver, oler o probar bocado me provocaba arcadas. Recuerdo haber suspirado aliviada al escucharlo girar la perilla justo cuando me encontraba saliendo del sanitario. Le había dado una llave porque después de todo, el sitio era más suyo que mío, y además yo no tenía nada que esconderle.
Lo había visto entrar y dejar en el pasillo principal un montón de bolsas con la despensa necesaria como para alimentar a un ejército.
—Buenas tardes, Darién —saludé al tiempo que alisaba mi cabello.
—Setsuna, ¿cómo están? —dijo andando hasta mí para luego sobarme el abdomen.
Sus pequeñas acciones me mantenían permanentemente sonrojada, hallaba sin buscarlo, simplemente encantador al Doctor Chiba. Era de esperarse que me resultase incomprensible el que Serena lo hubiese dejado escapar, así como así.
—Estamos bien, he comprado todo lo que me dijiste, y ya veo que tú también te has hecho algunas compras —respondí sonriendo con gratitud.
—Oh, ¿esto? —indicó señalando al montículo de víveres—. Debes alimentarte bien además de tomar tus suplementos, la semana entrante un colega vendrá a revisarte a casa, no considero prudente que salgas demasiado.
Afirmé, mientras lo invitaba a sentarse. En la mesita de centro ya había dispuesto una tetera y un par de bocadillos para el hambriento hombre. Seguramente venía de los laboratorios de la Universidad y del encierro al que ahora sabía, era adicto.
Verlo sentarse con comodidad y estirar los brazos para tomar una bruschetta entre sus finos dedos me hizo fantasear un poco, y una sonrisa se dibujó en mis labios sin quererlo. Estar con Darién, así, era una vida que cualquiera soñaría, incluso alguien con las ilusiones rotas como yo.
—Delicioso —suspiró al terminarlo casi de un bocado.
Me alegré al verlo satisfecho; prepararle algo, aunque fuese sencillo me había valido tres o cuatro escapadas al baño, realmente no estaba tolerante con las aromáticas especias.
Luego de un silencio que me pareció un poco extenso, Darién rompió mi ensoñación de tintes hogareños con una pregunta directa, así como él.
—¿Qué tanto sabes de Seiya Kou? —cuestionó poniéndose serio.
—Pues, puedo hablar más de Fighter que del chico.
Hastiado, entornó la mirada desistiendo al instante de probar el serrano que descansaba al lado de los panes, haciéndome creer que el apetito se le había esfumado con mi comentario.
—Serena no lo ha dicho abiertamente, pero sé que ha decidido cortar nuestro compromiso por su culpa. Intenté persuadirla con lo de Rini, pero, ¡no sé qué demonios tiene en la cabeza que eso ya no ha funcionado!
—¿Está aquí? —pregunté intentando sonar sorprendida.
—¡Vamos!, no tienes que fingir conmigo —protestó—. Sabes perfecto que esas estrellas regresaron.
—¿Y qué sugieres? —zanjé para distraer su atención.
—No lo sé, le he dado vueltas al asunto durante días. Me enerva no saber casi nada de él, no sé qué tipo de relación llevaron.
—La Princesa y él eran muy amigos, eso sí lo sé. Haruka y Michiru intentaron disuadirla de mantener contacto al estar al tanto de que junto a sus hermanos eran en realidad unas Sailors, pero…
—Sí, sí, esa parte la conozco —interrumpió molesto—. Lo poco que sé es que ese tipo es como decirlo… —pausó como intentando que sus palabras no lo hiciesen enfurecer—. Serena al principio llegó a definirlo como el incondicional, una persona que es difícil de encontrar porque según Minako y las demás él es… "un buen hombre".
La ironía implícita en el género me incomodó un poco, yo tampoco comprendía del todo cómo era que nuestra futura Reina fuese a desistir de su destino por una estrella fugaz que encima de todo era realmente una mujer.
Darién se paseaba por el recibidor, había tomado una taza de té, y por el semblante de su rostro y la arruga en su frente, supe que estaba analizando cada aspecto para no dejar pasar por alto ningún detalle de su rival.
—¡Maldición! —rugió—. No puedo creer que a Serena no le importe más Rini.
Inconscientemente, me llevé las manos al vientre en señal de protección, saber eso también me había dolido.
—Estoy seguro que ha sido ese idiota el que le ha dicho que no se amarre a mí por una hija que jamás debió conocer.
—Que yo sepa, ellos jamás se enteraron de la existencia de la pequeña dama, si acaso sabían algo sobre Tokio de Cristal, no más.
Mi adorado Doctor entrecerró sus orbes azulinos y una mueca que no entendí bien si pasaba por sonrisa recubrió su cara.
—¡Eso es! —chilló—. Si Serena no le ha dicho nada, ¡es mi oportunidad para poner a prueba la famosa "bondad" del kinmunkiano!
En efecto, estaba sonriendo; su semblante antaño preocupado, lucía con un viso esperanzador, y aunque no entendía muy bien de qué iban sus palabras, siempre me era grato verlo animado.
—¿En qué puedo ayudarte? —pregunté intentando que me aclarase mejor su plan.
—No lo sé, esto tengo que hacerlo solo —señaló sobándose la nuca —Aunque… pensándolo bien, sí puedes hacer algo: por lo pronto, tienes que pensar en la forma más segura de contactar a ese tal Garnet Black.
Sus palabras cayeron como un balde de agua fría sobre mi espalda haciéndome temblar las piernas. Y el miedo asomó por mi mirada, yo no deseaba saber más de ese hombre.
—No me veas así —dijo acercándose a mí—. Es en caso de que no funcione lo que tengo en mente, debemos estar preparados. Te he pedido que lo pienses, nada más. Prometo que haré todo para que no tengas que recurrir a eso.
Temí, y al mismo tiempo me sentí una tonta, era evidente que debía estar dispuesta a todo con tal de que le saliesen las cosas como planeaba.
Darién soltó un ligero, pero penetrante carcajeo mientras asaltaba al fin las tiras de jamón que había dejado para él.
El resto de la tarde transcurrió quieta, no discutimos demasiado el asunto del Rey Oscuro y el plan hacia Seiya, aun así, sabía que al verlo partir me sentiría por demás ansiosa. Había dicho que tenía que pensarlo nada más, pero, ¡pensar qué! Fue entonces que me pregunté si debí haber sido más enfática en quién era realmente el Señor de Némesis.
Fue una noche silenciosa de un día que intento ya no recordar cuando entre los brazos de Black, mi pecado carnal estuvo a punto de echar por la borda todos los esfuerzos por mantener el orden y la paz.
Garnet me poseía con bestialidad. No obstante, su falta de tacto e inexistente cariño hacia mi persona; me tenía sumida en un profundo éxtasis. Casi podía sentir como nos convertíamos en uno mismo con cada embate que resistía aferrada a su recia espalda destapada.
Tal fue la compenetración de nuestros cuerpos en esa maldita ocasión, que el Rey Black Moon no sólo entró en mí corpóreamente para hacerme suya, la febril sincronía que armamos como una danza antigua me llevó a abrirle las puertas de mi corazón, de mi alma, y tristemente de mi poder.
Mi símbolo planetario brilló con fuerza en el momento exacto en que los espasmos de placer me recorrieron como mil caballos galopando entre mis venas. Con la sangre hirviendo al compás de sus movimientos; Plutón y la Luna Negra se engarzaron. Fueron la sombra y la oscuridad, ennegreciendo a dúo como nunca antes se había visto a la Vía Láctea.
Y entonces, el augurio maligno se le presentó.
Garnet Black divisó a través de mí y mi poder el futuro, un futuro en el que su semilla dominaba la Galaxia.
Perturbado, y todavía en el trance provocado por la unión, el Rey Oscuro me soltó tomando del suelo sus vestiduras y saliendo con prontitud de mis aposentos, en su mirada pude advertir el deseo enfermizo que induce el poder, haciendo temer a mi espíritu traidor.
Él no debía saber nada, aquello estaba prohibido. Sólo yo, la Guardiana de Cronos tenía permitido el merodear por las líneas imperturbables del tiempo, el que otro pudiese llegar a tener una visión a través de mí o del Granate representaba una verdadera amenaza.
Como pude, seguí a Garnet que iba vistiéndose con su habitual pulcritud mientras deambulaba entre los pilares contiguos a la Puerta, como intentado dilucidar qué había pasado minutos antes al hacerme "el amor".
—Mi Señor —le llamé con apenas el cuerpo un poco cubierto.
No fue sino hasta después del tercer llamado que el Rey se dignó a mirarme.
Caminó hacia mí y sin pudor alguno se deshizo de la manta deshilada que llevaba, para luego tomarme entre sus brazos nuevamente y besarme con pasión.
Sus labios eran una droga, su saliva; una condenada adicción que con poca fuerza intentaba apartar de mí. Correspondí al beso con el deseo palpitando nuevamente por cada dorado rincón de mi anatomía. Era como si la preocupación de minutos antes hubiese desaparecido con su simple toque.
Y entre besos Garnet Black me pidió lo que tanto temía, una explicación.
—¿Es que acaso al fin eres mía, mi adorada Lady Plut? —preguntó al tiempo que sus insaciables manos me recorrían las curvas.
—Siempre he sido tuya, mi Señor.
Black bufó apresando con violencia mi menudo mentón entre sus afiladas garras.
—¡No quieras hacerte la tonta! —espetó pellizcando un poco más hasta hacerme doler—. ¿Qué ha sido lo que vi? ¿Quién era esa mujer de rosados cabellos? ¿Acaso ella es…?
—No, no entiendo… —tartamudeé con apenas el hilo de voz que lograba robarle al miedo que sentía.
Un férreo sabor a sangre me inundó el sentido cuando todo mi cuerpo fue a parar estrepitosamente sobre el frío mármol.
Me había abofeteado.
Un hilillo escarlata comenzó a gotear en la punta de mi barbilla y el calor producto de la naciente hinchazón me hizo soltar inoportunas lágrimas.
Era un monstruo y yo no era mejor que él. Porque a pesar de su brusquedad mi mente enferma deseaba que fuesen sus labios los que enjuagasen mi sangre.
—Setsuna, Setsuna… —siseó arrodillándose a mi costado mientras con falsa delicadeza limpiaba los restos de su colérica descarga—. Eso fue una premonición, no intentes ocultármelo. Pude sentir el poder de tu Granate fundiéndose conmigo. Y ella… esa hermosa mujer era casi como verme reflejado.
El silencio fue mi protección durante el tiempo en que antes de escapar, pude mantener a raya los pensamientos de Garnet. Debía estar consciente de cada movimiento en adelante, pues el reloj comenzaría a estar en mi contra, acortando con el paso de los días mis oportunidades de sellar el poder de la futura Black Lady y así alejar de una vez por todas a su padre, hasta que el destino, si es que este se mantenía, nos obligase nuevamente a luchar contra los señores de Némesis, representados en el futuro conocido por sus dos legítimos herederos: Diamante y Zafiro Black.
El llanto brotó con la oleada de pensamientos que me atacaban en una noche más de insomnio. Acariciando mi vientre me deshice en disculpas para con Rini, para esa vida solitaria a la que estaba obligada a condenarla. Viviendo siempre a la sombra de su supuesta madre, la poderosa Neo Reina Serenity. Rini nunca llegaría a saber del inmenso poder que su estirpe le concediese.
La verdadera Black Lady no debía, ni podía existir.
Vencida me arremolino entre las sábanas cuando el engarce de la chapa nuevamente me pone alerta. No son horas para que Darién venga, además de que no lo hemos acordado. Espantada, tomo con fuerza mi pluma de transformación y sigilosa, camino hasta el origen del ruidoso intruso.
Mi Príncipe me espera de pie en el pasillo.
—Está hecho —musita con la mirada fija en mi rostro sorprendido.
.
.
"Why do you think I come 'round here on my free will?
Wasting all my precious time
Oh, the truth spills out
And oh I've, I've told you now.
You know what I mean
Although I try my best, I still let down the team
You're everything I want,
Why should I resist when you are there for me?". SS.
.
.
HELLO!
Difícil, difícil capítulo.
No me maten con el final, pero ya saben que amo dejarlos en suspenso. ¡Darién, ¿qué es eso que ya está hecho?! :( Será que acaso esta Luna Creciente está más oscura que iluminada (?).
En lo personal me es un poco complicado empatarme con esta Setsuna, representa justo la clase de persona que no me gusta, la obsesiva con la relaciones destructivas, apenas salió de una y ya anda fantaseando con otra. ¿Cuántas personas no conocemos así?
Espero que esta nueva entrega siga siendo de su gusto. Agradecimientos infinitos por sus reviews pasados, la verdad es que no me esperé tanta aceptación, creí que me lloverían los insultos pero es bueno saber que quien anda por acá es porque tiene la mente abierta.
¡Háganme saber qué les ha parecido Garnet Black! Un Diamante rosita, delicioso, pienso yo.
Como siempre un placer escribirles. Les mando muchos abrazos.
PS: Alguien sabe cómo meter links a esta cosa (?) lo intenté en HTML pero no pude. :( Help, muero por pasarles el Playlist con todas las canciones que nos han acompañado.
WRITE LIKE A MAGICAL GIRL!
