Nuevo capítulo :) Espero que les guste.

Saludos, Tifa. Los comentarios siempre me hacen muy feliz al saber que hay gente que disfruta de lo que escribo :)


"Debe de haber algo muy especial acerca de los límites del universo. ¿Y qué más especial que el hecho de que no haya límites? Y el esfuerzo humano no debe tener límite. Todos somos diferentes. Por terrible que parezca la vida siempre hay algo que puedes hacer con éxito. Mientras haya vida, hay esperanza." - La teoría del todo.


Capítulo 12. Un nuevo comienzo.

"Tranquila, Ginnevra. No es como si fuera la primera vez que haces esto. Él no saldrá corriendo."

Ella sonrió, mirándose al espejo y observando su reflejo ataviado en un vestido color marfil. Si le hubieran dicho un año atrás, cuando se había encontrado por primera vez con ese tal Steve Rogerts en el pasillo de su edificio, no lo hubiera creído.

Y sin embargo, allí estaba.

- Mira, estás preciosa hermanita.

- ¡Charlie! – exclamó ella, girándose hacia su hermano mayor, que acababa de cruzar la puerta de su dormitorio. Ésta le abrazó con fuerza.

- Llego justo a tiempo, ¿no?

- Casi creí que pasaría otro año sin verte.

La última vez que habían coincido había sido tres años atrás, porque su hermano era cada vez menos inclinado a visitar la casa familiar, mientras su madre le lanzaba indirectas no muy indirectas sobre la necesidad de casarse y establecerse de forma definitiva. Luego de lo sucedido con su familia…

- ¿Y perderme de la posibilidad de ahuyentar al Steve ese? Ni siquiera lo he conocido o aprobado todavía.

Ginny sonrió pensando en la sola idea de que alguien pudiera espantar a Steve, uno de los hombres más valientes que existía en ese mundo.

- Creo que lo que estás haciendo es retrasarme. – respondió ella, mirando al reloj. – Vamos, ya es hora.

Él le ofreció el brazo y salieron juntos rumbo al patio y la gran carpa en la que todos los invitados, y Steve, la esperaban.

- Por cierto, ¿quién es esa pelirroja? La mujer muggle.

- ¿Natasha? No te refieras a ella como "muggle", no le agrada el término. Y créeme, nadie quiere disgustar a Natasha Romanoff.

- ¿Romanoff? Oh, rusa… amo a las mujeres rusas.

Ginny le golpeó el hombro con un puño.

- Idiota.


Washington D.C. Febrero, 2013.

Fue como si todo lo que había ocurrido los últimos meses llevara naturalmente a ese momento. La boda, tantas veces retrasada por misiones de último momento y porque Ginny se negaba a realizar la boda sin que los únicos amigos de Steve estuvieran presente. Y Nat, Ojo de Halcón y Tony estaban siempre tan ocupados como Steve. Finalmente la boda se realizó en casa de los padres de Ginny con la presencia de casi todos los vengadores – excepto Thor, demasiado lejos para desatender su reino – y toda la familia Weasley, los Lovegood y los Longbottom.

Ella todavía podía recordar la expresión de Tony al llegar a la Madriguera, como si sus ojos no pudieran dar crédito a lo que veía. Su novia, Pepper Potts, había tenido que estar constantemente detrás de él para evitar que dijera algo impertinente, al menos hasta que Tony comenzó a cruza palabras con George y Ginny se dio cuenta de que una amistad muy peligrosa se podría formar allí. Eso no resultó ser malo, al final, ya que tanto Tony como George la ayudaron a crear un sistema que permitiera a la Confederación Internacional de Magos llevar un registro de todos los magos y brujas de cada país y reconocer quién había utilizado magia en un lugar concreto. Luego de todo lo sucedido con Loki, la mayoría de los gobiernos en la comunidad mágica consideraron que la medida era necesaria.

Luego de la boda, Steve y ella se habían establecido en Washington, mientras él se ponía al día con casi 70 años de eventos en el mundo y trabajaba con Fury en S.H.I.E.L.D.

Y entonces, allí estaba ella.

Ginny no podía realmente creerlo. Todavía se encontraba asimilando la cantidad de emociones que la embargaban en ese preciso instante: alegría, nostalgia, ansiedad, miedo…

Ella había tenido todo esto alguna vez, y el dolor al perderlo había sido insoportable. Ella no podría soportar que aquello volviera a pasar. ¿Qué si algo le pasaba a Steve? ¿Y si algo le pasaba al bebé? El sólo pensar en esto hizo que se echara a la cama a llorar desconsoladamente, imaginando todos los posibles escenarios del futuro, y así fue como Steve la encontró media hora más tarde, cuando llegó al departamento.

- Ginny, ¿qué tienes? – preguntó preocupado, corriendo hasta ella.

Ginny respiró profundo, sintiendo un poco de vergüenza por mostrarse tan débil. Este era Steve, el hombre que

- Yo… no pasa nada malo… yo… - imposible, antes de que las palabras salieran de su boca, comenzó a llorar otra vez – estoy embarazada.

Miró a Steve, expectante a su reacción, pero él permaneció inmóvil.

Embarazada.

¿Un bebé? Steve soñaba con formar una familia completa con Ginny, pero ciertamente no esperaba que fuera en ese momento, cuando sus trabajos (especialmente el de él) los ponían en constante peligro.

Ginny y él iban a tener un bebé.

Steve había peleado muchas batallas, incluyendo fuerzas de otro planeta, pero eso… ¿estaba realmente preparado?

Se acercó a Ginny y se puso de rodillas frente a ella en la cama.

- Vamos… vamos a ser padres?

Finalmente, a pesar de que probablemente era el peligro más grande que enfrentaba en su vida, no pudo evitar sonreír.


- Nosotros… tu trabajo, incluso el mío… ¿y si pasa algo malo, Steve?

Tomó un tiempo que Ginny confesara la razón de su llanto, y Steve la abrazó con más fuerza, acunándola en sus brazos. No podía culparla por tener miedo, después de todo él también tenía miedo, y todo lo que ella había vivido antes de que se conocieran… Ginny tenía razón en estar preocupada.

- Nunca permitiré que nada malo te suceda, ni a ti ni a nuestro hijo. – dijo él, tomando su rostro entre sus manos – Lo prometo, Ginny.

- No podemos realmente saber.

- No, tal vez no hay nada que sea cien por ciento seguro, pero daremos nuestro mejor esfuerzo. Esto lo vale. Formar una familia contigo, tener un niño… Oh, por Dios, sea niño o niña, lo amaré por el simple hecho de que lo creamos juntos. Gin, esto lo vale todo. Te amo.

- Te amo Steve – dijo ella, reclinando su cabeza en el pecho de él. – Y estoy contenta, más que contenta… realmente quiero este bebé. Lo quiero tanto que me asusta la idea de perderlo.

- ¿Qué te parece si preparo la cena hoy?

- Oh, en ese caso me conformo con filetes y huevos revueltos. – bromeó Ginny.

Mientras se dirigían a la cocina, ella ya estaba pensando en cómo le daría la noticia a su familia. Y luego pensó en el equipo, a quienes no veía hace bastante tiempo. ¡Oh, lo que Tony tendría por decir! Sí, ya estaba a la espera de ese momento.

- Tendremos que conseguir una casa de verdad, ¿sabes? – dijo ella.

Él sonrió.

- Tan grande como tú quieras, Gin.

Al menos lo suficientemente grande para ver a sus niños correr en el jardín durante el día.