Hola! ¿Cómo les va? ¿Cómo van llevando el midseason?
Ante todo quiero pedir disculpas por esta horrible demora. Lo cierto es que varios problemas personales me alejaron de la escritura. Pero los problemas no son lo grave, no. Suelo escribir aún con problemas (incluso más que lo normal) El terrible bloqueo que sufrí fue lo grave. Estaba atascada en este capítulo. La verdad es que ya lo había escrito pero mientras le deba un último vistazo me di cuenta de que parecía aquella parodia que Los Simpsons supieron hacer de El ataque de los clones... jeje. De modo que me dije: "Tengo que reescribirlo todo" y eso hice. O casi todo. Pero resultó más difícil de lo que parecía en un principio. De cualquier forma el capítulo es basura (igual que siempre) pero deberían sentirse aliviados... No tienen idea de lo que era antes... xD
N. del A: En cuanto a algunos nombre en este episodio...he hecho un par de homenajes SI! Es por ese Finch... (aunque ese era inspector, no detective...) y Milton... es por ESE Milton... Por que yo LO AMABA... pero al igual todos los personajes de ficción que amo los escritores de TWD decidieron matarlo...
Cazadora cazada.
–Cazar vampiros…. Cazar vampiros…. Con la humanidad al borde del colapso y yo debo cazar vampiros. –se decía Erika a sí misma – ¿Es que acaso no pueden solo alejarse y dejarme en paz? Siquiera hasta que acabe con esos asquerosos dientones putrefactos.
Chris le había pedido que echase un vistazo por la zona. Tenía la corazonada de que había un grupo de vampiros cerca de ahí. Aunque llamaba la atención la falta de violencia en las escenas del crimen. Al examinarlas habían tenido la impresión de que las víctimas no habían ofrecido la menor resistencia.
Miró por sus largavistas. Necesitaba ayuda. No entraría a un nido ella sola. Contempló detenidamente los movimientos. Estaba a punto de llamar a sus colegas cuando una figura familiar se apareció ante sus ojos. Fue cuando decidió marcar un número diferente.
–Crowley. ¿A qué no sabes qué estoy viendo justo en este momento?... bueno… ya… sé que eres un hombre ocupado…. –dijo levantando la vista en claro gesto de fastidio –Pero es que tengo frente a mis lindos y cálidos ojitos algo que se parece muuuuuucho a cierto vampiro Alpha que alguna vez capturamos y que creímos muerto….si… lo sé…. Yo estoy tan sorprendida como tú. El maldito escapó de Cas… Bien. Yo pensé lo mismo. Te enviaré la dirección. Mantenlo vigilado.
Luego de enviar la dirección a Crowley, texteó a Chris: "FALSA ALARMA. NO HAY EL MENOR INDICIO DE LA PRESCENCIA DE UN NIDO EN LOS ALREDEDORES DE LAS ESCENAS DEL CRIMEN. TE LLAMO EN LA NOCHE PARA DARTE MÁS DETALLES"
Recogió el equipo y fue a su coche, aparcado a respetables 500 metros de ahí. Guardó todo. Arrancó y tomó la ruta.
El control estaba muy aburrido. Los dos oficiales conversaban de temas intrascendentes cuando el Mustang negro pasó frente a ellos.
–Jack. ¿Has visto eso?
– ¿El coche…? ¿Qué tiene?
– ¿Era un Mustang, acaso?
–No estoy seguro… no me fijé. Venía a velocidad normal.
El policía buscó en la computadora.
– ¿No había una alerta de captura para un Mustang 74?
–Conducido por una mujer… -reflexionó su compañero arrancando la patrulla. –Vamos a detenerle.
Erika oyó las sirenas y miró el coche patrulla por el retrovisor.
– ¿Pero si no he hecho nada? –se dijo así misma disminuyendo la velocidad. Supuso que sería un control de rutina. No había motivos para ponerse nerviosa.
Paró el auto. El vehículo policial se detuvo varios metros más atrás. Los dos policías bajaron y se acercaron lentamente. Uno se quedó atrás. El otro se arrimó a la puerta. Erika bajó la ventanilla.
– ¿Ocurre algo, oficial? –dijo sonriendo serenamente.
–Permítame los papeles del vehículo, y su licencia, por favor.
Ella esculcó la guantera. Extrajo los documentos. Hurgó en su cazadora y buscó su licencia. El oficial contempló todo con seriedad.
–Aguarde un momento, por favor.
Se fue a la patrulla y habló por la radio. Salió del coche y le hizo una seña a su compañero. Se acercó al Mustang y habló con voz firme.
–Señorita, por favor baje del vehículo.
– ¿Qué es lo que pasa? No he hecho nada malo…
–Por favor, levante las manos y baje del vehículo lentamente –insistió el policía, extrayendo su arma con marcado tono autoritario. Su compañero también se acercó con su pistola reglamentaria en la mano.
Erika consideró sus chances: dos oficiales entrenados y armados con orden de disparar ante cualquier movimiento sospechoso, a demasiada distancia uno de otro, si intentase knockear a uno el otro reaccionaría... pocas opciones de deshacerse de ellos... al menos sin matarlos. Y aunque Crowley le había ordenado hacerlo de ser necesario aún no se habituaba a pensarlo como algo normal.
Decidió obedecer. Se dio la vuelta y colocó las manos sobre el techo del auto. Separó ligeramente las piernas. Conocía de sobra el procedimiento. El agente la palpó rápidamente. Le quitó su pistola y su cuchillo, también el que siempre llevaba en su bota, mientras el otro oficial investigaba el interior del Mustang.
–Mira esto –dijo el uniformado mientras levantaba el morral cargado de armas, identificaciones falsas y elementos de caza, los que incluían sangre de muerto y varias hierbas extrañas. También extrajo la daga de Salomón.
–Oiga… cuidado con eso, es una reliquia… –protestó –Lo pagarán caro si me la extravían…
–Silencio –dijo el policía esposándola –está detenida.
– ¿Por qué cargo?
–Lleva un arsenal en su bolso….
–Eso no es motivo, tengo permiso…
–Probablemente no... –la interrumpió –si no hubiese una orden de captura emitida por el FBI contra usted, señorita Tyler.
–¡Oiga! ¡Oiga! ¡Oiga! –repetía mientras al oficial que la arrastraba hacia el interior de una solitaria celda –¡Tengo trabajo que hacer! ¿Sabe? Cosas importantes...
–Tendrá que posponerlas. –comentó el policía mientras cerraba la reja.
–Tengo derecho a una llamada telefónica... –protestó mientras el hombre continuaba ignorándola y abandonaba la sala.
– ¡Quiero un abogado! ¡Tengo derechos! –gritaba Erika en la sala de interrogaciones. –Sé que están ahí. –dijo mirando al espejo frente a ella. ¿Cuánto tiempo creen que pueden tenerme aquí?
Detrás del espejo el detective Finch hablaba con los agentes Valente y Morris.
–No parece tan peligrosa…Y no ha dejado se protestar desde que la trajimos...
–No tiene idea de lo que esa mujer es capaz –le interrumpió Valente.
–Bueno… tiene un largo historial pero es muy antiguo.
–Es una asesina. Es peligrosa. Y responsable de delitos sumamente aberrantes. Los que incluyen saqueo de tumbas y profanación de cuerpos. Es cómplice de los hermanos Winchester.
–Si... conozco ese caso... Déjenme hablar con ella –insistió Finch –además tengo la obligación. Debo interrogarla. Y ella tiene razón. No podemos retenerla mucho tiempo sin un abogado. Ya lleva aquí 48 horas...totalmente aislada, tal como ustedes querían. Ahora es MI turno de hacer MI trabajo.
No mencionó nada acerca de que le había permitido realizar una llamada. Y no lo hizo por el simple hecho de que ésta había sido infructuosa: nadie había venido a verla luego de eso. Y ella había preguntado hasta el cansancio si alguna persona había intentado obtener información sobre su condición.
Abrió la puerta que comunicaba ambas salas. Miró a Erika fijamente. "O no es quien dicen que es… o es toda una psicópata" pensó. Rió para sus adentros pensando en sus alias. Eran muy divertidos. Su mirada era directa y firme.
–Muy bien, Erika… Erika Orson. Es el nombre que tus huellas digitales arrojaron. Alias Mary Bailinson, alias Jaqueline Green, alias Rose Tyler, alias Barbara Wrigth, alias Justice Fairbrook, mi favorito, el cual en una apreciación personal creo que es muy ingenioso, alias Heather Lisinski. ¿Susan Hilton?... –la miró extrañado –Y así puedo continuar con una vasta lista. Son mucho alias para una sola persona. Y tan joven como tú. Parece difícil creer que eres responsable por los crímenes de los que se te acusa, Ernestine…
Ella lo miró fijamente a los ojos, guardando silencio. Vio algo en su mirada. Él no era como los otros y tuvo el presentimiento de que era algo recíproco. Fue en ese momento cuando otros dos oficiales entraron en la sala. Erika los miró con una mezcla de terror y sorpresa. Eran leviathanes. Podía sentirlos... era la misma sensación que había tenido al abrazar a Cas aquella vez... Dirigió su mirada nuevamente hacia Finch con desesperación.
–Tiene que sacarme de aquí – le suplicó.
El detective miró al agente federal con seriedad.
–Le dije que esperase en la otra sala, agente Valente –comentó molesto.
–No. Es suficiente –dijo Valente –Vamos a trasladar a la sospechosa.
–Vaya vaya… otro de los dientones ¿Me equivoco? –dijo con pasmosa serenidad encontrando finalmente la calma que necesitaba–¿Qué tan lejos crees que llegarás conmigo?
Finch se dio cuenta de que le estaba amenazando tácitamente. Y que ella sabía más acerca de los agentes del FBI de lo que demostraba. Los trataba como si les conociera. Había algo raro en todo aquello. Su instinto le gritaba que no debía permitir que la trasladasen.
–Ya vámonos –sentenció Morris.
–Me han tenido aquí al menos 4 horas… -protestó Erika –tengo que ir al baño –dijo mirando a Finch fijamente a los ojos.
El detective la levantó de la silla y caminó con ella hacia la puerta.
– ¿Adónde va?
–La llevo al baño ¿no escuchó? Ya han violado todos los derechos de esta joven. ¿También debe orinarse en los pantalones?
–Es un truco. Intentará escapar.
–Pues por su bien espero que no lo haga. –afirmó.
El detective Finch la empujaba por el corredor hasta el baño. Se detuvo en la puerta. Ella se volvió y lo miró suplicante.
– ¿Va a entrar conmigo?
– ¿Quién cree que soy?
–Yo se lo aconsejaría…. –le dijo la joven.
Él la acompañó hasta adentro. Echó el pasador de la puerta.
–Escúcheme atentamente –le dijo ella con desesperación. –Usted sabe que hay algo raro en esto….
Él no respondió. Su mente estaba llena de preguntas sin responder. "¿Y si ella en verdad es una psicópata? ¿Y si está tratando de engañarme para escapar?" Finch, con sus casi 15 años de carrera en la fuerza había visto muchos criminales. Pero esta chica no era culpable. Estaba convencido.
–Solo contesta una pregunta. ¿A quién llamaste ayer?
–A la única persona que pensé que podía ayudarme... desconozco el por qué está ignorándome... –respondió ella con decepción –pero si lo está haciendo adrede... más le vale que yo no salga de aquí con vida... por su bien...
–¿Por qué crees que no saldrás con vida?
–Mire… detective. No le pido que me deje escapar. Eso sería estúpido. Estos tipos…. –iba a decir no son agentes reales, pero eso era una mentira en partes. Porque los dos hombres eran réplicas exactas. Nadie notaría que no eran los auténticos –van a matarme si salen de aquí conmigo.
–Aún no has respondido a mi pregunta.
Erika no tenía idea de cómo explicarle a ese hombre lo que estaba ocurriendo. Dudaba si debía o no decir la verdad cuando, de pronto, un alboroto interrumpió la charla.
–¿¡Qué ha sido eso?! –preguntó Finch mientras su mano descendía por reflejo hacia la perilla de la puerta.
Ella lo detuvo.
–¡NO! ¡No lo haga! –miró a su alrededor con la esperanza de que los artículos de limpieza con los que de aseaba el baño se guardasen ahí mismo. – ¡Genial! –exclamó volviendo una botella.
–¿Qué harás con eso?
–¿Quería respuestas? Aquí la tiene –dijo agitando la botella con seguridad –ahora si, abra esa puerta.
–No sé por qué confío en ti... –murmuró colocando su mano sobre la culata del arma que llevaba en su cintura.
–Eso no servirá de nada... –le aclaró ella.
Finch no era tonto. No confiaría en los federales, pero tampoco en Erika. No iba a dejarla ahí sola para que tendiese una trampa a cualquiera. Si algo raro estaba pasando ella volvería a su celda o a la sala de interrogación. Intentó convencerla de que él la protegería pero no logró que dejase la botella en el baño. No le dio mayor importancia a lo que él pensó se trataba de un capricho. De cualquier forma ¿cuánto daño podría hacer con un simple desengrasante...? Lo peor que podía pasar es que algún miembro del personal acabase con los ojos irritados.
–Quédate detrás de mí. –le advirtió –Si intentas alguna cosa voy a dispararte ¿entendido?
Ella asintió nerviosamente y se ubicó a su espalda, sujetándolo de la parte trasera de su camisa, mientras él abría cautelosamente la puerta.
Un rastro de sangre se abría paso entre el caos de vidrios y mobiliario roto. Avanzaron con cuidado. Algo se movió detrás de lo que quedaba del mostrador de recepción. Finch levantó su arma apuntando en dirección al sonido. Una joven se asomó cautelosamente. Era la oficial Martin. Su semblante era el reflejo del miedo y la incertidumbre.
–¿Qué ocurrió aquí? –indagó el detective, asistiendo a su compañera quien estaba prácticamente en shock.
–...No lo sé...–murmuró –unas personas se presentaron, buscaban a Orson... y luego...de la nada...
–De la nada comenzó una sangrienta batalla campal... –interrumpió Erika –...en la que alguien se comió a alguien...
La oficial asintió casi histéricamente.
–Bien, detective... –dijo Erika levantando sus manos esposadas –creo que es hora de que me quites esto...
El hombre extrajo las llaves del llavero en su cinturón y abrió las esposas. Erika destapó la botella y la sujetó con firmeza.
–¿Hay armas cortantes aquí? Machetes, cuchillos grandes, espadas? –preguntó.
–Esto es una delegación de policía... –fue la sarcástica respuesta de Finch.
–Hay machetes para los rastrillajes en zonas forestales... –respondió Sarah rápidamente.
– ¿Dónde los guardan? –indagó Erika.
–En el sótano –respondió la oficial con marcado desánimo.
–Tendremos que encontrar la forma de llegar hasta ellos... no duraremos mucho si no los decapitamos.
–Empiezo a creer que en verdad eres una psicópata... –le comentó el detective.
–Bien... ¿quieres confirmar el grado de mi psicosis...? Te la mostraré. –le dijo ella con seguridad. –Sígueme...
–No me quedaré aquí sola –protestó Sarah con temor.
–Será mejor que permanezcamos juntos... –afirmó Erika.
Se abrió paso cautelosamente, esquivando el desorden y tratando de no patinar con la abundante cantidad de sangre que había en el piso. Una puerta se abrió y ella arrojó ágilmente el líquido en la cara del hombre que salió por ella.
– ¡Maldición! ¿Milton! ¿¡Qué rayos estás haciendo aquí?! –protestó al reconocer al demonio, intentando ahogar sus propios gritos para no llamar la atención.
–Yo...yo... lo... lo siento... Crowley me envió... –tartamudeó.
–¿A ti solo? –Preguntó con desconsuelo.
–No... nos envió... pero todos están muertos...ahora...
–Grandioso...
–Pero creo que los dos que estaban a cargo... los federales...se han ido...
–Mala señal... tenemos que ir por los machetes y salir de aquí...
–¿Que no es algo bueno... ? –preguntó Sarah –Digo... ¿que se hayan marchado?
–No... aún los puedo sentir... y dudo que nos dejen salir con vida...No me sorprendería que intentasen quemar la delegación con nosotros dentro. –afirmó.
–Ah, por cierto. –agregó Milton mostrando el contenido de su mochila–te traje esto.
–¿Jabón para la ropa en polvo? –Protestó Erika furiosa –¿Es en serio, Milton? Necesitamos borato puro.
–Lo... lo... lo... siento, señora. Es lo único que conseguí con el apuro...
– ¿Apuro? ¡Por Dios! Eres un jodido demonio. ¡Puedes teletraspotarte miles de kilómetros en un chasquido!
–Lo lamento... aún no me... acostumbro.
Erika suspiró con resignación.
–Maldito novato...vas a matarnos a todos... si no fueras tan leal... juro que... –pero se contuvo de terminar su frase. Al menos Crowley había mandado a alguien por ella. Hasta ese momento pensó que la había ignorado. –Bien. Vayamos al sótano.
–Aún no me has probado que no eres una loca... –comentó Finch.
–Claro... –aclaró ella con sarcasmo –estamos yendo al sótano por machetes, atravesando corredores llenos de polis muertos con una botella de detergente en la mano... aún no he probado que no esté demente...
Fue interrumpida por un leviathán camuflado en policía quien pareció salir de la nada al dar la vuelta en el la esquina del pasillo. Se maldijo por estar charlando en lugar de avanzar con cautela. No obstante logró empapar la mitad del cuerpo de su enemigo, el que retrocedió quemándose dolorosamente mientras de sus heridas fluía un espeso líquido negro.
–¡Sujétenlo! –gritó mientras abría uno de los paquetes de jabón para volcarlo luego por completo en el interior de la boca de sujeto, quien quedó inconsciente debido al ataque. –¿Es suficiente prueba para ti?
–No... no es posible... –dijo el detective...–ese... ese era Wilson...
–Era –enfatizó Erika.
–Pues... no sé usted, detective –comentó Sarah –pero yo he visto suficiente.
Ingresaron al depósito de armas. El camino estuvo llamativamente limpio para el gusto de Erika. Pero respiró aliviada al ver que allí la policía fabricaba su propia munición.
–Grandioso... ¿Sarah, verdad? –preguntó a la oficial quien asintió por toda respuesta –Toma uno de los paquetes de jabón, mézclalo con pólvora en las mismas proporciones que en un cartucho convencional de escopeta y rellena los cartuchos. Lo más rápido que puedas. Milton: ayúdale. –su vista viajó por la pequeña habitación mientras Finch de hacía con los machetes –¿Esos son M203?
–Si.
–Dime que tienen casquillos para esa munición...
–No... en general se compran fabricados...tenemos munición...
–Bien... un leviathán con un cartucho de 40 mm explotándole en el culo, aunque no esté relleno de borax, andará más lento... supongo...
Erika avanzaba por las escaleras al frente del grupo armada con el M203 en sus manos, bajo protesta de Finch, quien sentía la responsabilidad por resguardar el bienestar de todos. Disparó sin dudar al primer levithán que los interceptó. El detective le cortó la cabeza rápidamente. Ella la guardó en una gruesa bolsa de lona que había tomado del arsenal.
–¿Para qué haces eso? –preguntó Sarah desconcertada.
–Si dejo la cabeza junto al cuerpo se volverá a unir...
La joven no hizo comentario alguno al respecto. A esa altura de los acontecimientos ya nada de lo que Erika hacía le parecía lo suficientemente bizarro como para cuestionarlo...
–Bien... –dijo señalando el pasillo con un movimiento de su cabeza –intentemos salir de aquí...
Llegaron nuevamente a la zona del vestíbulo, faltando pocos metros para alcanzar la entrada, las puertas de los distintos despachos comenzaron a abrirse. De cada una de ellas salió una persona. Los leviathanes se fueron acercando al grupo, lentamente pero con seguridad, rodeándolos en pocos segundos, obligándoles a retroceder.
–¿Hay otra salida? –preguntó Erika atemorizada.
–Si. –afirmó Sarah –por el estacionamiento.
–Pues cuando sea el momento... todo el mundo correrá hacia esa dirección... –susurró colocando el dedo en el gatillo del lanzagranadas.
Retrocedieron un par de metros,ella levantó el arma y en el mismo momento en que todos empezaban a correr disparó al centro de la habitación. Logró alcanzar al grupo pocos segundos más tarde.
–¿Por qué se detienen? –preguntó cuando estuvo a su lado.
–Porque alguien ha bajado las persianas...
–¡Levántalas!
–No se puede... –la mirada de Sarah reflejaba el error que habían cometido –alguien cambió el código de las cerraduras electrónicas...
–¡Las volaré! –afirmó apuntándoles.
–¡No puedes! –le detuvo la joven –son blindadas... para prevenir ataques terroristas...
–¡No! ¡Ábrelas! ¡TIENES QUE ABRIRLAS!
Los leviathanes los habían vuelto a acorralar. Erika sintió que su cuerpo se calentaba, al punto de creer que estaba prendiéndose fuego. Podía oír los latidos de su corazón retumbando dentro de su cabeza.
–¡TIENES QUE ABRIRLAS!
–NO SE PUEDE
–¡DEBE HABER ALGUNA FORMA! –chilló levantando la mano hacia el enorme portón blindado.
Para sorpresa de todos la pesada puerta cedió ante una extraña ola de energía que parecía emanar de Erika. La valla metálica de partió en varios pedazos con un fuerte estruendo. Se quedó paralizada, sin comprender lo que estaba pasando. Milton la tomó de los hombros arrojándola al interior de uno de los coches más cercanos. Finch ya estaba tras el volante, con el motor encendido. ¿Cuánto tiempo le había llevado a su mente volver a la realidad?
Erika permanecía al costado del camino. Miraba el horizonte con mirada perdida.
–Será mejor que ambos se vayan lo más lejos posible. –recomendaba el demonio –cámbiense el nombre... no dejen rastros. Si necesitan algo –continuó entregando sendas tarjetas a los oficiales –solo llamen. Alguien muy importante tiene una deuda con ustedes. Cuídense.
Cerró la puerta del coche y caminó hacia Erika, sentándose a su lado, mientras esperaban que los recogieran.
–Lo hiciste bien ahí...
–No lo entiendo... –lo interrumpió ella –aún pienso que fuiste tú...
–NO. Fuiste tú. –afirmó él.
–Ni siquiera comprendo...
–Crowley supo que lo harías esta vez...es por eso que dejé que nos acorralaran...
–¿Dejaste que todo eso pasara...? –reclamó ella furiosa.
–Oye... solo seguí órdenes.–se defendió – Si se ponía muy feo... debía sacarte de ahí... pero mientras tuvieras el control...
–¿Y qué era lo que tú y ese maldito enfermo consideraban "muy feo"?
Él se encongió de hombros como única respuesta.
