Azul como el cielo
Capitulo 11
Love Story
"Te amo más que a nadie, sin duda
Porque escogí este camino que estoy andando
Pero incluso si renazco, incluso si no fuéramos a estar juntos nunca más
Continuaría amándote, porque esta es nuestra historia de amor."
(Love Story - Namie Amuro)
No podía dejar de llorar, ese día había recibido demasiada información, enterarse que su padre, era actor y además fue asesinado, no era fácil de digerir, al igual el sufrimiento de su madre, se sintió tan mal por haberle gritado, decirle que ella no entendía que era morir de amor, ¡que estúpida se sentía!.
-Rosemary, hija, ¿ahora lo entiendes?-pregunto al mismo tiempo que intentaba calmar a su hija, quien finalmente se lanzo a sus brazos.
-Perdóname, Mamá, fui una tonta-decía con la voz entrecortada, pero tiernamente su madre levanto su rostro al mismo tiempo que le regalaba una sonrisa.
-No hay nada que deba perdonarte, simplemente no lo sabías, dime, ¿nos perdonas a mí y Anthony por ocultarte la verdad?-pregunto sin dejar de abrazar a la ojiazul.
-Yo no tengo nada que perdonarte Mamá, tú más que nadie mereces ser feliz con el hombre que amas-respondió con una sonrisa retirando varias lagrimas de su rostro-Aunque admito sentirme triste por solo tener una foto de mi padre y no algún recuerdo de él-dijo con profunda sinceridad que Candy comprendió, se fue soltando un poco de ella y se acerco a su cofre.
-Toma-le extendió un libro y una armónica-A tu padre le hubiera encantado que lo tuvieras-la ojiazul tomo eso regalos con un brillo en sus ojos.
-Romeo & Julieta, mi favorito-dijo al leer el titulo de la obra y ver en el interior la firma de su padre-Gracias-estrecho tanto el libro como la armónica en su pecho.
-Solo hay algo más que quiero agregar- menciono la rubia de ojos verdes viendo fijamente a su hija- No por el simple hecho de que no lleves la misma sangre de Anthony, no deja de ser tu padre-Rosemary levanto la vista atenta a lo que decía su madre- Él siempre te va querer como a una hija, te adora, su amor por ti es incondicional y sé que tu también lo quieres mucho, ¿o me equivoco?-
-No-respondió sin evitar recordar los momentos al lado de un padre cariñoso y consentidor como lo era Anthony.
-Después de esto, tú cariño por el no debe de cambiar en nada, además, a mi me hubiera gustado al menos tener un padre- dijo con melancolía, haciendo meditar por varios instantes a Rosemary-Bien, lo mejor será regresar a la mansión-se fue levantando lentamente, pero se apoyo en el tronco del árbol al sentir un fuerte mareo.
-Mamá, ¿estás bien?-le ayudo a su madre a mantenerse de pie, a pesar de la sonrisa que le mostraba, estaba sumamente preocupada.
-Sí, estoy bien, ¿sabes?, se me antoja un helado de chocolate, ¡claro!, después de un Hot-dog de esos que venden en el pueblo-menciono, reflejando entusiasmo en su voz, algo que descoloco por completo a su hija.
-Debe ser porque nos saltamos la comida-trato de hallar una explicación mientras, caminaban a paso lento hacia la mansión.
Restregó ambas manos en su rostro, el enigma finalmente fue resuelto, la historia de su padre era poco común, es más, no era nada común, en cierta parte estaba feliz por no ser hermano de Rosemary y así amarla sin restricción alguna, pero en varios momentos de la historia se sintió, conmovido, alterado, triste, aunque su fortuna era que conocía el final, su presente. No podía cuestionar el amor entre su padre y Candy, era realmente inútil y mas él hubiera, ya que él hubiera no existe.
-Después de que Candy y yo nos casamos, se hicieron todos los trámites, para que Rosemary tuviera mi apellido, además de que nunca mencionamos cuantos años llevamos casados-dijo en medio de una sonrisa -Ahora que sabes la verdad, ¿tu cariño hacia Candy ha cambiado?- pregunto, observando cómo su hijo levantaba su vista.
-No-respondió con sinceridad y mostrando una resplandeciente sonrisa.
-Me alegro, lo mejor será ir a buscarlas-dijo repentinamente acercándose a la puerta para salir y ser seguido por Mathew.
Sorpresivamente sus caminos se cruzaron en medio del jardín de rosas, donde habitaban tantos recuerdos, Anthony vio a las dos rubias con una sonrisa, Rosemary lo observaba conteniendo todo su cariño, pero cuando el hombre que la había criado, extendía sus brazos, invitándola a estacionarse en ellos, varios recuerdos llegaron a su mente, la primera vez que se subió a un caballo y la enseño a cabalgar, los cuentos que le leía cuando era niña sin importar si llegaba cansado del trabajo, las horas que se pasaba velando junto a ella, cuando creía que había un mounstro en el armario, lo divertido que era aprender los graciosos pasos de Charleston, su amor por las rosas y por la vida, siempre estaba allí, para ella, sin importar que en sus venas no corriera la misma sangre.
-¡Papá!-esas palabras salieron desde lo más profundo de su corazón, corrió hacia sus protectores brazos-Papá, lo siento, lo siento tanto, no debí decirte eso tan horrible, perdóname-
-Pequeña no llores- dijo totalmente dichoso por escuchar las palabras de la que siempre será su hija-Eres más linda cuando sonríes, anda, regálame una sonrisa- Rosemary cumplió su petición sintiéndose más tranquila- Mucho mejor-
-Te quiero mucho papá-recargo su cabeza en el pecho del rubio, mientras que la estrechaba cariñosamente en sus brazos.
-Yo te adoro, pequeña, nunca lo olvides-beso tiernamente sus cabellos, mientras que por otro lado, Mathew no sabía cómo dirigirse con Candy, ya que también recordaba la vez que le enseño a trepar arboles, como esperaba ansiosamente el pan que ella preparaba y le encantaba, como la gente hallaba el parecido entre ambos, en sus ojos verdes y que ella nunca negaba tal hecho, además de sus recitales de piano en los cuales siempre asistía y era la que mas aplaudía, diciendo con orgullo: Él es mi hijo. Admiraba la fortaleza que se encontraba detrás de toda su ternura y bondad.
-Estoy orgulloso-la voz del Mathew capto la atención de Candy-De decir que tu eres mi madre-aquellas palabras lograron arrancarle una hermosa sonrisa a la ojiverde, que de inmediato se acerco a él para abrazarlo.
-Mi pequeño Mathew, no sabes lo feliz que me haces- dijo tratando de contener sus lagrimas llenas de emoción.
Los cuatro se dirigieron nuevamente a la mansión, fueron directamente a encontrar un lugar para comer sin tener que molestar a los cocineros encargados del banquete de esa noche, terminaron en una mesa ubicada en uno de los amplios balcones que contaba la mansión, riendo, platicando, de viejas historias.
-¿De qué me perdí?-pregunto con entusiasmo Arthur al ver su familia reunida, sin parar de reír.
-Mamá nos estaba platicando de la vez que mis tíos y papá le jugaron una broma con respecto a un leyenda- menciono Mathew cesando su risa después de ver la mirada molesta de la ojiverde.
-Realmente me asuste, no se burlen-hizo un leve puchero, incitando a su esposo besarla en su mejilla en modo de disculpa.
-Te he dicho lo siento un millón de veces- menciono Anthony mientras atravesaba su brazo entre sus hombros.
-Pues yo creo que aun te falta papá, mi mamá no parece estar conforme con ello-argumento Rosemary guiñando un ojo.
-Yo opino que tendrás que regalarle una nueva estirpe de rosas- agrego Arthur mientras se acerba para tomar asiento.
-No es mala idea-respondió alegremente la Sra. Brower.
-De acuerdo, veré que se me ocurre-dijo despreocupado el apuesto hombre que ocupaba el corazón de Candy.
Las horas fueron pasando y había llegado el momento para que todos se alistaran para la gran fiesta, los invitados fueron entrando uno por uno, con elegantes trajes y majestuoso vestidos de gala. Dorothy se disculpo con Rosemary al ser partícipe de ese secreto que finalmente fue revelado, pero la joven noblemente le dijo que no lo hiciera, recalcando el gran cariño que le tenía su nana.
Todos se estaban divirtiendo, menos dos peculiares hermanos, que fueron invitados por mera cortesía, Rosemary paso por el lugar donde estaba su tía Eliza dirigiéndole una mirada profunda, la cual hizo sentir un horrible escalofrió lleno de remordimiento y culpa, era ver a Terry señalándola como la mente principal de su asesinato.
La cena fue todo un éxito, muchos fueron felicitando a la pareja, deseando mas años de vida juntos, pero hubo un momento en el cual Candy nuevamente se sintió mareada, se escabullo por un momento, para no preocupar a su amado príncipe de las rosas y se dirigió con la esposa de Albert, que también era medico y que con el tiempo amiga intima de la joven, casi convirtiéndose en una hermana. Horas después ambas damas aparecieron nuevamente en la fiesta, una estaba tranquila y alegre y la otra estaba radiante de felicidad.
Los regalos no se hicieron esperar, sobre todo por Stear que regalo uno de sus peculiares inventos que al final no funciono, por lo cual se disculpo inmediatamente, mientras que Patty sonreía bastante apenada y su hijo Edward suspiraba resignado al ver los inventos fallidos de su padre, quien se había convertido en un respetado profesor de Física en la Universidad de Chicago, Archie ya estaba acostumbrado a tales resultados, mientras que Annie trataba de contener su risa, pero su hija Diana se disculpo para irse al jardín y estallar en carcajadas. Los esposos finalizaron la celebración después de un baile y de su más sincero agradecimiento por asistir a ese evento tan especial.
Rosemary y Mathew admiraban el gran amor que se sentían sus padres, era difícil creer que estuvieron con otras personas, pero eso les daba la oportunidad a ambos de amarse, sin embargo, al hacer público eso, sentían que perjudicarían la imagen del matrimonio Brower, tanto que habían luchado para estar juntos y ser finalmente felices, seria mal agradecer todo lo que han hecho por ellos.
Pero no esperaron que varios días después, se diera conocer ante la sociedad, el origen de ambos, con eso provocaron un gran escándalo, siendo tela de juicio y que Anthony perdiera su oportunidad de lanzarse a la política, algo que el rubio le tenía sin cuidado, ya que lo único que le importaba era la felicidad de sus hijos, Candy no tenía miedo de ser señalada, juzgada, ya no, sabía que nada bueno salía si seguía aparentaba cosas que no eran, incluso Arthur, estaba dispuesto a que dijeran que era un hijo fuera del matrimonio, por un tiempo, un bastardo, pero siempre hacia oídos sordos, él estaba tranquilo y con la conciencia limpia. Los más jóvenes volvieron a tener contacto con aquellos familiares con los que no convivían, por el lado de Mathew estaba su abuelo Maxwell y por parte de Rosemary con su abuelo el duque de Grandchester y su abuela la veterana actriz Eleonor Baker, incluso un día, junto con Anthony, fue al cementerio a visitar el lugar donde descansaba su padre y regalarle palabras de afecto y admiración.
Toda la familia decidió abandonar definitivamente la mansión de Chicago y vivir unidos en la mansión de Lakewood, alejados de la civilización y de la gente que solo se dedicaba a juzgar los pecados ajenos. Mayo llegaba finalmente y las Dulce Candy florecían con esplendor, Anthony salió al jardin para cortar varias, para llevárselas a su pecosa, como era costumbre en su cumpleaños, sin embargo no espero encontrarla en el jardín.
-Princesa, pensé que estabas dormida-dijo con una deslumbrante sonrisa, mientras que la rubia se le acercaba para darle un suave beso en los labios.
-No podemos dormir, si tú no estás con nosotros- confeso mientras sus miradas se cruzaban.
-¿Podemos?, ¿nosotros?-pregunto extrañado mientras levantaba su ceja, Candy sonrió y guio la mano libre de su esposo hacia su vientre.
-Sí, nosotros, o nosotras-vio como los ojos de Anthony brillaban de felicidad
-¿Es en serio, voy a ser…voy a ser papá de nuevo?-se atrevió a preguntar, y su esposa solo se dedico a asentir totalmente radiante, de inmediato la elevo en sus brazos y dio vueltas con ella en el aire-¡SOY EL HOMBRE MAS FELIZ DEL MUNDO!- con semejante grito logro despertar a casi toda la mansión, solamente para que observaran y compartieran la dicha que los invadía.
Meses después los tres hermanos Brower estaban impacientes en los pasillos del Hospital Santa Juana, la esposa de Anthony ya llevaba varias horas en la sala de parto, hasta que Erin Ardley, la esposa de su tio abuelo Albert, salió para dar la buenas nuevas.
-Tía, dinos, ¿Qué fue?-pregunto impacientemente Rosemary acompañada de su novio y su hermano.
-Fue una hermosa niña-respondió con una sonrisa, mientras que sus sobrinos comenzaban a celebrar.
-¿Podemos pasar a verlos?-pregunto Arthur tratando de calmar su euforia, por lo cual la esposa del patriarca Ardley asintió y sin pensarlo dos veces los tres entraron, viendo de inmediato a los esposos Brower contemplando a la nueva miembro de la familia.
-¿Y qué nombre le pondrán?- cuestiono Mathew admirando las rosadas mejillas de su hermanita.
-Pauna, Pauna Brower-contesto su padre después de besar la frente de la hermosa bebe.
-Es un hermoso nombre-argumento Rosemary sin parar de sonreír.
La hora de visita había llegado a su fin, los tres jóvenes lo lamentaron, pero prometieron que la próxima vez llegarían con regalos para la pequeña Pauna, los dos esposos nuevamente se quedaron con el miembro más joven de la familia.
-¿Te he dicho lo mucho que te amo?-pregunto Anthony mirando fijamente y tiernamente a su esposa.
-En esta última hora, no-respondió exhausta pero manteniendo su lado coqueto, su amado príncipe se acerco a su rostro para susurrarle a su oído con voz profunda.
- Te amo más que a nadie, incluso si renazco, incluso si no fuéramos a estar juntos nunca más, continuaría amándote, hasta que no brille el sol- la beso suavemente en los labios, dando así, continuación, a su historia de amor.
FIN
Hola!, Finalmente pude subir el resto de los capítulos, admito, que la historia daba para más, pero las ocupaciones solo me dieron para esto, espero que lo hayan disfrutado y leernos para la próxima.
Saludos
Chaito
