Desde el Lado Oscuro

Capítulo 12- El relicario. I


Cerró la puerta tras de sí. Estiró los brazos y abrió los ojos. Respiró profundamente el fresco aire y contempló el nuevo lugar en donde viviría. Con el apuro que tenía de llegar para instalarse en su nuevo hogar, no se había percatado de lo agradable que resultaba la calle.

Could comenzó a caminar, dispuesto a relajarse y descansar un poco, tanto del largo viaje como de haber desempacado y acomodado. Aún le faltaban unas cosas por ultimar, sin embargo, en verdad necesitaba darse un descanso… y pensar, en este, acerca de lo que sucedería, de las cosas que tenía que hacer y concentrarse en el motivo por el cual, había tenido que dejar a sus "padres" e irse de Austria.

Caminando con las manos en los bolsillos, por alguna razón le llamó la atención la casa vecina. La observó atentamente. Constaba de dos pisos, era de un color blanco y tenía un bello jardín. Joseph no supo si se trató o no de su imaginación, pero pareció percibir por un segundo, una fuerte presencia mágica. Sacudió un poco la cabeza y trató de volver a percibirlo, sin embargo, no lo logró. Levantó levemente sus hombros, y continuó su andar. Debía estar en verdad agotado como para imaginar esas cosas.

Después de haber estado unos minutos caminando, llegó a la costa. Ya estaba oscureciendo, y podía ser la razón por la que la gente ya estaba retirándose. En cambio, Could escogió un agradable lugar para sentarse. Se quedó ahí, observando la maravillosa vista que se alzaba ante él. Trató de disfrutarlo tanto como pudo, ya que, estaba consciente de que aquel momento de paz, podría ser el único de tranquilidad en mucho tiempo.

Sin poder evitarlo, sacó de su bolsillo, por nueva ocasión, la carta que Armand y Natalie le habían entregado al confesarle que no era su hijo. A pesar de ya casi saberse de memoria el contenido de aquella carta, volvió a leerla…

Era el heredero de Rowena Ravenclaw. Aún le costaba creer esto. En Austria, ya había tenido oportunidad de investigar un poco acerca de ella, pero lo mejor, era hacerlo desde ahí, tal y como la carta le especificaba. Sus pensamientos viajaron hacia el objeto y la gema que le habían dado junto con la carta, y los cuales, tenía celosamente guardados. El esconderlos, había sido lo primero que había hecho en cuanto hubo llegado, ya que, uno de ellos, era un poco grande como para estar llevándolo a todos lados.

Era algo que al principio, había parecido ser un bastón de oro de tamaño medio con extrañas inscripciones en su centro, las cuales, se encontraban grabadas en la parte que parecía mantenerlo unido, sin embargo, Could, al haber girado instintivamente la parte inferior, había dado un pequeño salto al momento de que el bastón emitió una débil luz blanca a su alrededor y se alargó de golpe, dejando al pequeño objeto inicial, ahora casi del tamaño del chico. Recordaba que en ese momento, a pesar de haber crecido en el mundo mágico, no había podido negar que le sorprendió aquello.

Suspiró. Volvió la mirada hacia el oscuro, pero salpicado de estrellas, cielo. Aún no le quedaba del todo claro que era aquel objeto, y menos aún, de que le podía servir la gema, mas específicamente, el zafiro que veía con el mismo. La carta no lo decía. Tendría que averiguarlo. Tenía un gran camino que recorrer y entre más pronto terminara con aquello, mejor; ya que así, podría hacer lo que desde un principio había querido pero le había sido impedido: Conocer a sus verdaderos padres.

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Después de varios intentos frustrados, se dejó caer en la cama, enojado consigo mismo. No podía, simplemente, no podía hacerlo a pesar de todo lo que Hermione dijese. No era bueno para la transformación humana, eso, era un hecho.

-Vamos, Ron- decía Hermione, sentándose a su lado. Su expresión no era de desesperación ni nada por el estilo, todo lo contrario, era una llena de optimismo y comprensión. –Ya has progresado mucho… Estoy segura de que puedes lograrlo…

-Sabes que no es verdad, Hermione- le contestaba, observando el techo de su habitación. –Aún me falta mucho, y ya no tenemos tiempo… llevamos semanas en esto, y no soy capaz de completar la transformación

-Claro que eres capaz si en verdad te lo propones- le espetó, ahora con un tono mucho más serio. Sabía que de esta manera, lo haría entrar en razón –Ya has logrado conseguir que tus cejas sean diferentes y las pecas desaparezcan. Ya casi logras cambiar por completo el color de tu cabello, y una vez que lo tengas dominado, el de tus ojos, ya no será mucho problema…

-¿No quieres también que cambie la forma de mi rostro y el tamaño de mi nariz?- le espetó él, sarcásticamente. Ya se estaba desesperando –Por que sé que después de cambiar el color de mi cabello y ojos, eso será pan comido…

-Pues lo hubiéramos intentado si en verdad te hubieras esforzado- replicó, aún más seria. Al percatarse de que Ron la volteaba a ver con reproché, suavizó un poco su tono, y siguió –Esta bien… se que te has esforzado Ron, pero debes tener paciencia. ¿Sabes a cuantos les cuesta cambiar, por lo menos, el color de sus pestañas?.. Esto lleva mucho tiempo y créeme que me siento muy orgullosa de lo que has logrado en tan poco tiempo

Una débil sonrisa cruzó por el rostro de Ron. Se reincorporó para quedar a la altura de Hermione. Miró detenidamente aquel par de ojos cafés que tanto le gustaban, y, un poco sonrojado, le acarició el rostro

-¿En verdad estás orgullosa de mi?- preguntó, con un particular brillo en los ojos

-Si, Ron… me siento muy orgullosa de ti- le contestó, sin poder evitar un leve sonrojo. Y es que, a pesar de ya ser novios, aquellos acercamientos aún le provocaban pequeños calosfríos y sonrojos, como si se tratase de la primera vez –Y por eso, por que se de lo que eres capaz, te pido que vuelvas a intentarlo… Piensa en tu hermana, piensa en Harry… por favor, Ron, hazlo

Asintió levemente con la cabeza. Estaba decidido. Hermione tenía razón. Debía hacerlo, por su hermana y Harry. Contaban con ellos y no podía defraudarlos. Se reincorporó, pensando en que no descansaría hasta que lo lograra.

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El ruido de la puerta al cerrarse, provocó que saliera bruscamente de sus pensamientos. Ni siquiera se tomó la molestia de ver quien se trataba, ya que lo sabía perfectamente. Desde que había llegado a ese lugar, hacía varios días, solo aquel hombre se había encargado de ella. Ocasionalmente, Malfoy le hacía visitas, pero, como era de esperarse, eran muy cortas y no del todo agradables. Lo escuchó acercarse a ella, pero siguió con la mirada fija en el techo.

-Aquí tienes tu comida- dijo Colagusano, posando sobre una mesa cercana, una bandeja que contenía un plato con sopa, un vaso y una jarra con jugo de calabaza

-No se por que sigues trayendo eso- espetó, con un tono frío… muy inusual en ella –Sabes que no voy a comer…

-Son órdenes que tengo- contestó, con un tono de voz chillón. La chica no le contestó, y como no pareció dispuesta a probar bocado, él continuó hablando. –Deberías comer, si no, puedes ponerte muy mal…

-¿Cuándo me dejarán ir?- soltó de pronto, sorprendiéndolo. Su tono de voz ya no era frío. Colagusano pudo incluso detectar un dejo de tristeza y amargura. Algo que le provocó un extraño y desagradable remordimiento -¡Dime!- continuó Ginny al ver que el hombre no le había respondido -¿Cuándo es que me dejaran ir¿Qué es lo que quieren de mi?-finalizó, haciendo notar cada vez más, la desesperación que le carcomía su ser

-Yo.. no lo se…- contestó, bajando la mirada. Por algún motivo, se sentía muy incómodo, por lo que, decidiendo ignorarla, dio media vuelta, dispuesto a salir de la habitación lo más rápido posible.

-Claro, sigue huyendo como el cobarde que eres- espetó Ginny, adoptando por nueva ocasión, aquel tono frío. Colagusano se detuvo de golpe, como si hubiese chocado contra una pared invisible –Sigue sin enfrentar lo que sucede a tu alrededor, sigue siendo un esclavo que solo vive de las órdenes de su amo y que no se preocupa de lo demás… Que nada le es importante, ni siquiera sus propios amigos…

-Cállate, no sabes lo que dices- replicó sin siquiera voltear y tratando de sonar firme… algo que no logró.

-Quieres que me calle por que es la verdad- soltó, sonando cada vez más firme –Eres un traidor, un asesino… No sabes la pena que me das

Colagusano, sin estar dispuesto a seguir escuchando las tonterías de aquella chica insolente, salió de la habitación, azotando la puerta. No sabía lo que decía… Ninguna de sus palabras era cierta… Él solo lo había hecho por que no se imaginaban, no tenían ni la más remota idea de todo lo que Voldemort le habría hecho… A pesar de todo lo que dijeran, él valoraba mucho su vida, sabía que valía la pena… Sin embargo, en esos momentos¿En verdad lo era: Comenzaba ya a dudar de la respuesta.

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-¡Eso es Ron!- exclamó Hermione, emocionada, abrazándolo al tiempo de que observaba su cabello

-¿Lo conseguí?- inquirió, aún no del todo seguro de haberlo logrado

-Velo por ti mismo

Ron giró un poco, haciendo un esfuerzo por no cerrar los ojos. Cualquiera que haya sido el resultado, prefería verlo de una vez a estar dudando en abrir los ojos. Y, sin pensarlo mucho, se colocó de golpe frente al espejo, quedando totalmente perplejo ante el resultado¿En realidad era él¿No se trataba de algún truco?

-Hermione…- decía, mientras que con duda, se llevaba una mano hacia su rostro, rozando el contorno de sus ojos –Le has hecho algo al espejo para que yo crea que lo he logrado¿No es así?

-Claro que no, Ron, no seas ridículo- le contestó indignada, mirando su reflejo

-Entonces…

-Si…- contestaba, ahora con una gran sonrisa –Lo has logrado

Antes de que alguno tuviese oportunidad de hacer algo, unos golpes los exaltaron. Hermione dirigió la vista hacia el origen del ruido, y, ahí en la ventana, observó a Pigwidgeon, cuyo vuelo era agitado. Se le notaba un tanto desesperado por que abriesen la ventana.

-Tranquilo, solo es Pigwidgeon- le dijo Hermione a Ron mientras se dirigía a la ventana.

-Maldito pájaro- decía Ron con enfado –Me pegó un susto de muerte…- terminó mientras se reincorporaba. Al haber escuchado los golpes, temeroso de que alguien lo descubriese, se había lanzado a la cama y se había tapado con las sábanas hasta la cabeza

-Es una carta de mis padres… pensé que no me responderían nunca- decía mientras comenzaba a leer la carta. Pig, feliz de haber vuelto a casa, revoloteaba alrededor de Ron, esperando su recompensa

-¿Qué sucede?- preguntó él, al ver que Hermione había palidecido un poco

-Mis padres quieren que regrese cuanto antes- le contestaba, sin despegar la mirada de la carta –Se han enterado de los ataques… Y quieren que esté con ellos.

-Pero, Hermione… - decía desesperado. Se posó frente a ella, tomándola de la barbilla, logrando contacto visual –No puedes irte… no quiero que te vayas… te necesito aquí, conmigo…

-Lo se, Ron- contestaba ella, que, por alguna razón se encontraba sonriendo levemente –Sin embargo, no me iré hasta estar segura de que el plan está listo

-No lo digo por eso- le interrumpió, tomándole en esta ocasión, el rostro con ambas manos

-Se por que lo dices… sin embargo, esto no es del todo malo…

-¿Qué quieres decir?

-Que hemos encontrado la excusa perfecta para tu ausencia, Ron

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-¿Falta mucho para llegar?- preguntó Abby, desperezándose un poco en el asiento

-Pensé que estabas dormida- inquirió Harry, inexpresivamente y sin despegar la mirada de la ventanilla. Observaba debajo de ellos el azul del mar, que en ese instante, reflejaba los bellos y atrayentes colores del atardecer. Dentro de poco, iba a anochecer, hora para la cual, él, finalmente, estaría en Inglaterra.

-Tú lo has dicho- contestaba, observando al igual que él, el relajante y pacífico espectáculo a través de la ventanilla –estaba dormida. Y bien¿Ya falta poco?

-No, dentro de poco aterrizaremos- contestó, con un tono de voz que no denotaba algo en absoluto… ni siquiera una pizca de alegría por volver a su país. Y es que, a pesar de ya haber estado fastidiado de viajar por toda Austria en busca del heredero de Ravenclaw, y desear que eso se acabase, en ese instante, en el pensar en lo que le esperaba al llegar, a quienes vería, no lo animaba mucho. No obstante, no podía negar que había una pequeña parte de él, aquella que se había estado haciendo presente desde que él dejó Inglaterra, que le hacía sentir una inquietante sensación. Le decía, una y otra vez, que algo no andaba bien… y él, sabía que esto podía ser cierto.

-Me alegro- decía Abby, volviendo a acomodarse en su asiento –Por que esto de viajar de la forma muggle, no es muy placentero que digamos…

-No empieces a quejarte- le interrumpió, ahora con un tono de fastidio –Tú fuiste la que quiso venir, así que te aguantas

-Eres muy grosero- espetó tratando de hacerlo con un tono de enfado, sin embargo, no logró disimular una pequeña sonrisa. Le encantaba hacerlo enojar.

-Y tú muy quejumbrosa…

-¿Yo¡Por favor!, Ni que fuera para tanto… A ver, dime¿Cuántas veces me he quejado el día de hoy?... De acuerdo, no me respondas- agregó con rapidez al observar como Harry abría la boca dispuesto a decirle la lista mental de todas aquellas ocasiones –No quiero dejar que quedes mal al acusarme si fundamento. Te perdono

Harry no dijo nada más. Giró los ojos y formó una pequeña sonrisa. En esos últimos días, había tenido la oportunidad de darse cuenta de lo agradable que podía llegar a ser aquella chica a pesar de la mala impresión que había tenido en un principio. No pensó que detrás de aquella imagen de niña frívola y pedante, pudiese haber una chica con gran sentido del humor y, en algunas ocasiones, muy accesible. A veces se preguntaba el motivo por el que ella estaba bajo las órdenes de Voldemort, más, no se atrevía a preguntarle. Por lo menos por ahora. Apenas se habían conocido y no le parecía muy prudente preguntarle sobre su vida pasada. Después de todo, ella había sabido respetar su vida privada, y más en ocasiones como cuando él se quedaba absorto en sus pensamientos. Sabía respetar su silencio.

La miró de reojo, y vio como había sacado una revista muggle y la hojeaba sin mucho interés. No pudo evitar preguntarse de nuevo por que estaba de ese lado. ¿Tendría acaso una familia en la que todos eran mortífagos¿Era ese el motivo por el que ella también lo era¿O acaso estaba ella sola?...

Sintió de golpe una fuerte opresión en el pecho. Podría estar completamente sola… tal y como él lo estaba. Ya no tenía a nadie. ¿El motivo? Para protegerlos. Por que no quería que les sucediese lo mismo que a otras personas que lo querían y que habían dado su vida para protegerlo. Su papá, su mamá…Sirius, Dumbledore…

Una gran llama de coraje apareció en su ser. A pesar de que aún le dolía de sobremanera la muerte de Dumbledore, de su mentor, de la persona que se había encargado de él, que le había ayudado y aconsejado, no podía dejar de pensar en todo lo que había pasado para destruir un Horcrux que al final, había resultado falso. El pensar en esto, era lo que le daba la fuerza para seguir con su destino. Para no dejar que el sacrificio de Dumbledore fuese en vano. Y menos aún, su muerte. Una muerte que definitivamente, no merecía. Una vida que no debía haber finalizado de aquella manera. Un asesinato que le había dado una de las personas que más odiaba en el mundo: Severus Snape. Aquel cobarde que había huido después de haber asesinado a la única persona que había confiado en él. Inconscientemente, Harry apretó ambos puños, haciéndose daño, aunque sin darse cuenta.

Odio. Era la única palabra que describía lo que sentía hacia aquel hombre. No lo soportaba. Desde su primer año en Hogwarts le había desagradado. Y este sentimiento se incrementó a través de los años, específicamente, cuando apareció su padrino.

Sirius… Lo más cercano que había tenido a un padre. Con rabia, recordaba como Snape lo hacía enfurecer, como lo provocaba. Exhaló un profundo suspiro. Ya no valía la pena arremeter contra Snape. Ahora, él lo tenía a su merced, y en cualquier momento le haría pagar todo lo que había hecho. Todo. Lo haría, por su padre, por Dumbledore y Sirius…

De golpe, su mente se posó en uno de los momentos en la casa de los Black, lugar que él, ahora poseía. Recordó con un poco de nostalgia esos momentos en que había estado con sus amigos. En aquel momento, tal vez no tan felices, pero al fin y al cabo, estaban juntos, ayudando a limpiar la casa, para hacer del cuartel un lugar más agradable… Por alguna razón, aún podía ver con claridad el sin fin de cosas que habían encontrado en el lugar… gran cantidad de cosas un tanto siniestras, y otras, sin siquiera saber que eran o que era lo que contenían, como aquel relicario que nunca habían podido abrir…

-¡Soy un tonto!- exclamó repentinamente, haciendo que Abby y unas cuantas personas adelante y atrás de él, se exaltaran de igual manera

-Harry¿Qué te pasa?- preguntó, un tanto apenada por la mirada de desaprobación que les lanzaban varias personas

-No se como pude olvidar aquel relicario… - decía más para si mismo, sin prestar atención a la preocupación de Abby ni a sus preguntas. –Es tan obvio…

Escondió el rostro entre sus manos, tratando de asimilarlo y de encontrarle sentido a aquello. De confirmar su teoría… R.A.B. … B.. bien podría tratarse del apellido "Black".. pero¿Las dos letras restantes?... Forzó la mente para enfocarse en el árbol familiar de los Black. Sirius se lo había mostrado y le había dicho algunos datos de su familia. Los papás de Sirius… no, ellos no habían sido mortífagos, no obstante, había alguien que si… Y ese, era su hermano… que, si su memoria no le jugaba malas tretas, se llamaba "Regulus"… Regulus Black… solo faltaba una letra, sin embargo, no sabía su segundo nombre… pero lo averiguaría.

Entonces¿Podría ser cierto¿Era solo una coincidencia?... Su corazón latía a mil. Y es que, de ser cierto… había logrado encontrar el verdadero Horcrux. Y de cualquier manera, aquello no era tan descabellado. Regulus debía tener 17 años muerto… Si, coincidía… Y el relicario… Cerrando los ojos, trató de visualizar el relicario de Slytherin, aquel que había visto en el recuerdo de Hokey, la elfina…

-Señores pasajeros, por favor, abróchense los cinturones. Dentro de unos momentos estaremos aterrizando.

-¿Harry?- inquirió tentativamente Abby, observándolo fijamente

-Hay cambio de planes Abigail- le contestó, con un tono distante. Su mente aún se encontraba en lo que acababa de descubrir…

-¿Qué quieres decir?

-Tú te irás con Voldemort. Yo tengo un asunto pendiente que debo resolver de inmediato.

-¿Estás loco?- espetó, provocando que las personas los mirasen por nueva ocasión. Ella, apenada, bajó la voz y se acercó más a Harry –Es mi obligación llevarte hacia nuestro Señor Oscuro… No puedo llegar yo sola, así como así, diciendo "Ah si, hola, vengo yo sola por que Harry quiso tomar un paseo, así que me mandó aquí…"

-Lo siento, pero no me queda otra opción

-Harry, perdóname, pero no…

-Esa es mi última palabra Abigail- le interrumpió, con un tono cortante. No importaba lo que dijese, él no cedería. Por muy bien que se llevasen en aquel momento, no podía dejar que fuera con él, y menos aún, a aquel lugar –Y si no te parece, bajando del avión, hago que te regreses a Austria…

-Esta bien, ya entendí- respondió enfadada, cruzándose de brazos. Odiaba cuando él se ponía en ese plan –Pero tú te encargaras de decirle al Señor Oscuro…

-Si, ya lo se. Entonces, ya sabes. Te irás con Voldemort. Yo llegaré después.

-¿Al menos podrías decirme a donde te diriges? Por si me lo preguntan…

-Tiene que ver con el heredero de Ravenclaw- mintió rápidamente. Ya había previsto esa pregunta

-De acuerdo- aceptó, resignándose. Sabía que Harry le mentía, sin embargo, de igual manera sabía que tenía sus motivos

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Caminando bajo la luz de la luna llena, sentía el frío viento rozarle el rostro. Caminaba rápidamente. Ya había cruzado la plaza y el ya muy crecido pasto. Ahora pasaba por los edificios en mal estado. Se veían casi igual que cuando los había visto por primera vez. Con los latidos del corazón cada vez más rápidos, se dio cuenta de que faltaba poco. Muy poco.

Finalmente, llegó. Observó las mugrientas y descuidadas casas frente a él. Estaba el número 10, el 11… y enseguida, el 13. Lo sabía. La casa seguía siendo inmarcable. Cerciorándose de que nadie estuviese viéndolo, y sintiendo una gran excitación y un tanto de nerviosismo, cerró los ojos, pensando en la dirección: Número 12 de Grimmauld Place

Y como había sucedido la primera vez, ante él, surgiendo de entre los edificios, se encontraba la casa, cuyo aspecto, era igual de tétrico a como la recordaba. Así que, sin perder un momento más, subió los desgastados escalones de piedra. Se posó ante la puerta, y, recordando como Lupin la había abierto la primera vez, sacó su varita, dio un golpe a esta, y en seguida oyó ruidos que parecían provenir de una cadena. La puerta se abrió e inmediatamente entró.

-Lumus- susurró, poniendo su varita en alto una vez que la puerta se hubo cerrado tras él, dejando todo en la oscuridad.

Sintió una extraña opresión. Un fuerte sentimiento de desasosiego. Se quedó ahí, de pie, incapaz de dar un paso más. Había sido muy fácil ir a ese lugar con el pensamiento de encontrar el Horcrux, sin embargo, ahora que se encontraba ahí… Todo era muy diferente

Por un pequeño instante, se arrepintió de haber ido. Había jurado que no pondría un pie en aquella casa. No en el lugar en el que su padrino se había sentido tan desgraciado. Más, ahí se encontraba…

Por lo que alcanzaba a ver con la luz que emanaba de su varita, todo seguía igual a como lo recordaba. Todo, excepto, la presencia de su padrino. Sintió como si el estómago se le contrajera. Aquella sensación de desasosiego se extendía por su ser con una rapidez asombrosa. Sus ojos comenzaron a nublarse y su ánimo a decaer.

-No puedes detenerte por esto- pensaba, pasando su manga por los ojos –Tienes que seguir… No importan los recuerdos…Estás aquí por el Horcrux. Tienes que seguir…

Respiró profundamente, y con decisión, cruzó el umbral, encaminándose a las escaleras, dispuesto a descubrir si estaba en lo cierto o no. Y de ser así… ya sabría que hacer, en el momento.

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N/A: Hola!!! Espero que estén muy bien.. Y bueno, ya ni se como disculparme por la tardanza. Todo mi tiempo lo absorbe la escuela y bueno… jeje, incluso aquellos con quienes platico por msn se dan cuenta de lo estresada que me pongo, XD… En serio, una disculpa. Y bueno, el capi… jeje, iba a terminar de otra manera muy diferente e iba a ser un poco más pequeño, sin embargo, me dije que no podía hacerlo así, ya que ustedes ya habían esperado mucho y no era justo. Y bueno, en el próximo capítulo, verán si Harry está en lo cierto… ¿Y Ginny?, XD, no se apuren, que ya en el próximo capítulo será el "reencuentro", muajajaja (y yo sigo aquí de maquiavélica, XDDD)… Y Ron, jeje, ya también se lo imaginarán.. pero eso en el siguiente capítulo que ya empezaré a escribir aprovechando que es fin de semana (no saben cuanto agradezco esto… XD)

Millones de gracias por sus reviews!!! Sabe que son mi motor, y que sin ellos, sin sus palabras de apoyo, no se que haría… se los agradezco de corazón. Y bueno, como siempre, agradecimientos especiales a mis revisionista, Liz (Te quiero muchísimoooo!! ) y a todos aquellos que me acompañan en el msn mientras escribo la historia!!

Por cierto, los invito a darse una vuelta por mi nuevo SF, titulado "Join me" de Him… la pareja es Harry y Ginny, y pues… jeje, está un poco dramático, TT.

Va, me despido.. millones de gracias!!!!!

Besos!!!!

Maryººººººº