Buena semana, Gente Feliz y Radiante. Aquí una nueva entrega de esta historia que hemos intitulado «Más que solo deseo». En los capítulos anteriores, Vegeta se rindió al gran deseo que siente por Bulma (como si hubiese tenido alguna oportunidad). Después de una apasionada noche juntos y que Vegeta le dejara claro que lo que compartían era solo sexo, Bulma acepta finalmente que está enamorada de Vegeta, y que de continuar con esta relación saldrá lastimada. Vegeta está furioso de la relación que ella tiene con Broly, y Bulma pretende usar esas dudas para alejarse de Vegeta antes de que sea demasiado tarde. Finalmente, hoy es la inauguración del CC, el restaurante de Bulma.

Los personajes no me pertenecen. Son de Akira Toriyama.


POV Vegeta

La cena de inauguración del restaurante tocaba a su fin. La velada había sido perfecta. La tarde, húmeda y calurosa, había dado paso a una noche más fresca y Bulma había abierto las puertas que daban al patio, por lo que también había gente en el exterior. La comida había resultado impecable y la ayuda que ella había contratado, perfecta. No había habido carne poco hecha ni verduras recocidas. Los camareros habían sido eficientes. Los asistentes sonreían y había recibido un montón de reservas para la noche siguiente.

Desde un punto de vista profesional, Vegeta no podía ser más feliz.

Desde un punto de vista personal, las agudas punzadas de los celos provocaban una furia que él intentaba disimular como podía.

Se quedó de pie al lado de la puerta de la cocina, remoloneando en el pasillo, buscando a cierta hermosa peliazul con la mirada. Allí estaba. Iba de una mesa a otra con un gracioso contoneo de aquel primoroso cuerpo envuelto en un elegante y femenino vestido negro de corte clásico. Llevaba unos pendientes de brillantes y una pulsera a juego. Se la veía sofisticada y refinada. Totalmente acorde con la atmósfera del local.

Desde que la vio, él tenía una rugiente erección.

Sonriendo con gracia, Bulma se detuvo ante la siguiente mesa para conversar con los ocupantes y aceptó el abrazo de la pareja. Luego cogió en brazos a una niña pequeña que le tiró de un mechón del pelo del flequillo. Ella sonrió y besó la frente de la criatura.

Ver aquel gesto de cariño hizo que Vegeta se estremeciera. Se tragó una emoción que sólo podía calificar de anhelo puro. Santo Dios, era un deseo imposible. Que a Bulma le gustaran los niños no quería decir que quisiera tener uno propio. Ni que fuera el tipo de madre abnegada que había sido la suya. Además, incluso aunque Bulma resultara tener mucho instinto maternal, no era lo que él necesitaba. Y el camino que le esperaba hasta conseguir ser padre no era fácil.

Además, como tan irónicamente le había dicho, era Broly quien le rascaba ahora la picazón. Y Vegeta estaba solo… intentando no dejarse llevar por la confusión y el dolor que le aplastaban.

Un momento después, Bulma siguió su periplo, ahora bajo las luces del patio exterior, deteniéndose a saludar a un matrimonio más mayor. A no más de dos metros de ella, Broly la observaba sin pestañear.

¿Qué habrían hecho durante toda la tarde? Si era lo que Vegeta se temía, era culpa suya. ¿Acaso no la había apartado él con sus acusaciones y su comportamiento? ¿Por qué demonios no se había limitado a divertirse el tiempo que les quedaba y a disfrutar de una semana de sexo elemental?

Porque lo que había entre ellos no tenía nada de elemental. No podía tocar a Bulma y no sentir nada.

Y eso le asustaba.

Alguien le hizo señas llamando su atención, y vio a Milk que le brindaba una sonrisa indecisa y le saludaba con la mano.

«Está embarazada».

Sintió una punzada de envidia. Goku tenía la vida que Vegeta deseaba y una esposa que, aunque era una arpía gritona e insoportable, jamás le negaría su cuerpo ni le diría que se rascaría la picazón con otro hombre. Milk comprendía los imprevisibles despistes de Goku y tenía paciencia de sobra para que él aprendiera a comportarse. Y Bulma… ¿qué pensaría si supiera que Vegeta no podía tener hijos? ¿Se encogería de hombros? ¿O quizá pensaría que eso le hacía menos hombre?

Con un suspiro, Vegeta se dirigió hacia donde estaban Milk y su primo.

Goku se puso de pie y le tendió la mano.

—Buen trabajo. La comida ha sido increíble. Siempre cocinaste maravillas cuando vivíamos juntos, pero hoy te has superado a ti mismo.

—Todo ha estado delicioso —convino Milk con una sonrisa.

Vegeta estrechó la mano de Goku y saludó a Milk con un seco abrazo.

—Gracias. Y enhorabuena.

Se obligó a mirar a Milk al decir esas palabras. Se alegraba por ella. Y por Goku.

—Gracias —murmuró ella—. Estamos muy ilusionados.

—Como debe ser.

Goku resplandecía de alegría.

—Me esforzaré por ser un tío al uso y malcriar como un loco a ese niño travieso.

—Serás un tío maravilloso, estoy segura de que lo malcriarás de mala manera —aceptó la pelinegra.

—¿Has terminado ya? —preguntó Goku.

Vegeta asintió con la cabeza.

—El último pedido salió de la cocina hace diez minutos.

—Bien. Siéntate. Tenemos que hablar.

—Voy a aprovechar para ir al baño —dijo Milk—. Ya he ido tres veces. Es lo que me espera. Espero que Bulma esté bien.

Vegeta buscó entonces con la mirada a la mujer que ocupaba sus pensamientos. Estaba en el patio y el aire nocturno jugaba con su brillante cabello, haciendo que él deseara tocarlos.

Pero tenía que centrarse.

Como si no tuviera suficiente con su activa vida sexual, Bulma tenía un acosador. Pensando en eso, a Vegeta le alegraba que Broly cumpliera diligentemente con su trabajo, incluso aunque no le agradaba que el otro hombre la mirara como si fuera la cena y el postre, todo en uno.

Goku le miró y luego observó a Bulma. Después volvió a mirarle a él.

—¿Qué hay entre vosotros dos?

Vegeta iba a evadir la pregunta, pero se detuvo. Evitar esa conversación no haría que desapareciera lo que había entre Bulma y él. Y necesitaba hablar y desahogarse. ¿Por qué no sincerarse con su primo?

—No lo sé. Ella es… —Se frotó la frente, buscando las palabras adecuadas—. Se me ha metido bajo la piel.

—¿Ese tipo es su guardaespaldas? —Goku señaló a Broly con la cabeza.

—Sí.

El de cabello alborotado arqueó las cejas.

—Pues parece como si quisiera hacer bastante más que proteger su cuerpo.

—Estoy seguro de que ya lo hace. —¿Por qué sino dejaría ella que la besara? ¿Por qué tendría una llave de su casa? ¿Por qué no le importaba que la viera desnuda? ¿Ni que la tocara en público?

Inclinándose sobre la mesa, Goku clavó los ojos en Vegeta durante un buen rato. Vegeta tragó saliva seguro de que su primo podía leer en él como en un libro abierto.

—A menos que me equivoque mucho, te has vuelto a acostar con Bulma recientemente.

¿Tan transparente era?

—¿Y qué?

—¿De verdad quieres hacerme creer que no te importa que ese gorila también se acueste con ella?

Vegeta cerró el puño sobre el mantel. Sabía que se estaba delatando, pero demonios, de todas maneras Goku lo conocía muy bien.

—Me reconcome por dentro. En algunos momentos, he llegado a querer romperle cada hueso de ese miserable cuerpo.

—¿Bulma es algo más que sexo para ti? —Goku parecía asombrado.

A pesar de lo mucho que Vegeta quería evitar esa pregunta, no lo podía hacer. De hecho, él mismo se lo preguntaba.

—No lo entiendo. Bulma no es lo que necesito. Tiene mala reputación, una absoluta falta de modestia y es demasiado independiente. Y, probablemente, tenga multitud de amantes —gruñó—. No puedo imaginar que sea feliz teniendo hijos y viviendo en las afueras.

—Pero ¿se lo has preguntado?

—No —admitió.

—Quiero que me respondas a una cosa. ¿Alguna vez sentiste celos de que otra mujer que compartiera tu cama tuviera otros amigos o incluso novios o esposos?

Vegeta se lo pensó, pero lo tenía claro.

—No.

—Cuando Milk estaba con su ex, yo no soportaba ver cómo la tocaba —admitió Goku—. Cada vez que lo veía hacerlo, me daban ganas de matarlo. ¿Es eso lo que sientes cuando ves a Broly con Bulma? ¿Te molesta porque es él? ¿Y si Bulma estuviera conmigo? ¿O con Gohan? Es un buen amigo suyo, estoy seguro de que se habrán acostado juntos en alguna ocasión. De hecho, hace algunos años…

—¡Cállate ya, joder! —gruñó Vegeta.

La imagen de Gohan besando a Bulma fue como una patada en el estómago.

Lo cierto era que no quería que nadie la tocara.

—Bueno, vale. —Goku levantó las manos en gesto de rendición—. Pero créeme, los celos sólo aparecen cuando uno tiene sentimientos hacia una mujer, en especial cuando esa mujer es tan hermosa—. Se puso en pie cuando su esposa se acercó. —¿Todo bien?

—Sí, muy bien. —Entonces, Milk miró a Vegeta con el ceño fruncido—. ¿Ha pasado algo?

No. Salvo que Goku acababa de hacer que se diera cuenta de que sentía por Bulma algo más que lujuria. ¿Qué se suponía que iba a hacer ahora?

«Los celos sólo aparecen cuando uno tiene sentimientos hacia una mujer».

—No, nada. —Se esforzó por sonar sincero… Y supo que no lo había conseguido.

POV Bulma

Poco después de medianoche, Bulma cerró las puertas del restaurante. Se había quitado un peso de encima. La velada había sido un éxito rotundo y todos los asistentes habían dicho que la comida y el servicio eran espectaculares. Todo había ido sobre ruedas y ella pensaba, por fin, que tenía un futuro que no implicaba desnudarse ante desconocidos. Las cosas no podían ir mejor.

—¿Estás lista para marcharnos? —preguntó Broly, revoloteando alrededor de Bulma como lo había hecho durante toda la noche.

—Yo la llevaré a casa —dijo Vegeta, apareciendo detrás de ella.

—Es mi trabajo. —Broly cruzó los brazos y compuso una expresión petulante.

Vegeta le ignoró. La miró a ella con solemnidad.

—Me gustaría llevarte a casa. Tenemos que hablar. —Ella vaciló y él la presionó—. Por favor…

¿Qué querría Vegeta? Si iba con él se arriesgaba a sentir más angustia. Pero si se negaba, siempre le quedaría la incógnita. ¿Y si lo único que quería era continuar con la discusión anterior? O quizá quería volver a mantener relaciones sexuales. Se estremeció.

—Bueno. —Evitó mirar a Broly—. He recogido tus cosas, están en el vestíbulo de mi casa. Yayirobe te espera.

Entonces, Broly sonrió. Ella también observó el dolor en la cara de Vegeta. Pero en beneficio de su propia cordura sería mejor que Vegeta se alojara en el hotel de Yayirobe, aunque debería habérselo dicho cuando estuvieran a solas.

—Genial —masculló él.

Pero quería decir justo lo contrario.

—¿Estás segura de que quieres ir con él? —preguntó Broly, que estaba buscando cualquier excusa para sustituir a Vegeta—. Puedo seguiros para asegurarme de que no te causa problemas.

—Es un cocinero, no un violador en serie —le respondió, lanzándole una mirada práctica—. Estaré bien. Mañana hablamos.

Broly frunció el ceño, se acercó más e intentó abrazarla. Vegeta fue más rápido y se adelantó, rodeándole la cintura con un brazo. Ella ignoró la expresión del guardaespaldas.

Una vez fuera, Bulma cerró la puerta del restaurante y dejó que Vegeta la condujera hasta el 4x4. Él mantuvo la mano en la cintura y a Bulma le temblaron las rodillas.

Cuando ya estaban en camino y el aire fresco de la noche le alborotaba su pelo corto, Bulma miró a Vegeta.

—Venga, suéltalo de una vez. ¿De qué quieres hablar?

—De todo.

Bulma tenía la molesta sospecha de que Vegeta iba a intentar convencerla para que le dejara colarse en su cama. Y en lo que a él se refería, ella era débil. Aunque deberían darle un premio por enfrentarse a él y mantener esa conversación, no sabía qué decir, pues admitir que albergaba profundos sentimientos sólo le conduciría a acabar desnuda y entrelazada con él.

—Estoy cansada y es tarde —se excusó—. ¿No puedes esperar a mañana?

—Pedir disculpas no lleva más que unos minutos.

Ella le miró, pero no dijo una palabra.

Él tragó saliva, su pelo oscuro y desafiante de la gravedad se ondulaba con la brisa de la noche. Era guapísimo, parecía inteligente e insensible. Y ella se sintió todavía más atraída por él.

—No parezcas tan sorprendida, por favor. He tenido horas para pensar sobre lo que ha sucedido antes. Me equivoqué al sacar la conclusión de que te fuiste tan temprano para estar con Broly. Además, no es asunto mío. Es tu amigo y trabaja para ti… —Vegeta encogió los hombros—. No voy a mentirte y a decirte que me gusta cómo te mira, porque estoy seguro de que sus pensamientos son muy poco profesionales. Ni te diré que no me saca de quicio imaginaros juntos. —Vegeta apretó el volante con fuerza—. Pero es asunto tuyo y no debo intervenir.

Así que una vez superada la cólera, Vegeta fue capaz de darse cuenta de que la había cabreado y, en consecuencia, quería disculparse. Claro que…

—En otras palabras, es asunto mío si me acuesto o no con Broly, pero aún así piensas que lo hago e intentarás no gruñirme por ello.

—No importa lo que yo piense. Es tu vida y no soy quién para decirte cómo vivirla. Dentro de cuatro días me iré. Prefiero pasar ese tiempo disfrutando y no peleándome contigo.

—¿Qué estás sugiriendo? ¿Qué dejemos a un lado cualquier tipo de sentimiento y que nos dediquemos a follar como conejos durante esos cuatro días?

Santo Dios, ¿por qué no le daba una bofetada en la cara en lugar de clavarle lentamente un puñal en el corazón?

—Lo único que quería decir es que tú tienes razón. No he sido un monje desde que estuvimos juntos la primera vez y no está bien que pretenda que tú lo seas. No sé si Broly y tú mantenéis una relación. No es asunto mío. Lo único que digo es que me gustaría pasar más tiempo contigo, haciendo lo que quieras que hagamos, en vez de discutir. —Vegeta suspiró y le lanzó una enigmática mirada—. Eres una mujer fascinante. Quiero conocerte mejor.

«¿Realmente es tan buen tío o está jugando conmigo?». Ése era el problema. No conocía bien a Vegeta. ¿Se estaría disculpando sinceramente por haberse dejado llevar por los celos o estaba diciéndole lo que pensaba que ella quería escuchar, esperando que aquello la ablandara lo suficiente para desnudarse y abrirse de piernas para él? Fuera lo que fuera, él no había confesado ningún tipo de emoción… pero era la primera vez que le proponía algo parecido. ¿Les llevaría eso a alguna parte?

—Lo que realmente quiero oír es que no piensas que hoy me he acostado con Broly.

Vegeta encogió los hombros.

—No me debes explicaciones.

—No lo hago —convino ella—. Pero quiero saber qué es lo que piensas.

Puede que aquello no tuviera sentido, pero ella no podía soportar que él creyera que era el tipo de mujer capaz de hacer tal cosa.

Vegeta hizo una pausa. Parecía perdido en sus pensamientos, como buscando qué decir.

—Tienes demasiado que perder como para dedicarte a follar sin parar la tarde del día de la inauguración de tu restaurante.

Bulma estuvo a punto de llorar. Lo comprendía. La comprendía. Era un punto de partida.

Se mordió los labios para contenerse. Aquel maldito cansancio la ponía sensible y no quería.

Respiró hondo para tranquilizarse.

—Exactamente.

—Lamento haberte causado más preocupaciones.

—Siento haberme ido esta mañana sin avisar. Debería haberte dejado una nota o algo parecido, debería haberte dicho que…

¿Qué? ¿Que ella también se había quedado sobrecogida la noche anterior y que le había entregado su corazón?

—¿Que estabas demasiado nerviosa? —sugirió él.

Era una excusa tan buena como cualquier otra. Bulma asintió con la cabeza.

—Lo entiendo. —La miró y frunció el ceño—. ¿Has cenado algo?

Ella pensó en lo que había hecho esa noche, luego negó con la cabeza.

—¿Y has comido?

No, había estado tan ocupada, asegurándose de que todo estaba perfecto para la noche, que no se había preocupado por comer.

—Me salté la comida.

—¿Tampoco has desayunado? —le preguntó en tono incrédulo.

Bulma dio un respingo. Había estado tumbada en su cama, en el club, llorando sin parar.

—¡Maldita sea! No te cuidas nada. ¿Has dormido algo después de salir de casa?

Porque Vegeta sabía muy bien que no había dormido nada la noche anterior.

Una vez más, ella negó con la cabeza.

Un momento después, se detuvieron delante de su casa. Él salió de un salto y rodeó el vehículo a toda velocidad para abrirle la puerta.

Ahora que se había relajado un poco, el cansancio se apoderó de ella y se tropezó al salir del 4x4, cayendo en brazos de Vegeta. Él la atrajo hacia su cuerpo y ella se permitió sentir la seguridad y el calor que transmitía, imaginando que realmente le importaba.

—Eso es —dijo Vegeta suavemente—. Sé que estás deseando echarme, pero tienes que dejar que me ocupe de ti.

Si lo hacía, acabaría otra vez desnuda con él en la cama, dejaría que penetrara profundamente en su cuerpo y que se adueñara un poco más de su corazón.

—Vegeta…

—No me harás cambiar de opinión. Dame las llaves. —Le tendió la mano.

Bulma vaciló. ¿Sería tan malo permitir que Vegeta se encargara de ella durante unos minutos? Siempre tenía que ocuparse sola de todo; había sido así desde el día que abandonó la casa de su madre. Pero en este momento, ceder y dejar que fuera Vegeta quien lo hiciera parecía una especie de fantasía ridícula y maravillosa.

Aunque temía lamentar la decisión, era demasiado tentadora para que le importara.

En cuanto cerró el puño con las llaves dentro, Vegeta se inclinó sobre ella y la tomó en brazos. Bulma se aferró a su cuello, y el olor más cálido a pino, almizcle y jabón inundó sus fosas nasales. Si él no la hubiera estado sosteniendo entre los brazos, se habría caído al suelo.

—¿Q-qué…? —farfulló—. ¿Qué estás haciendo?

Él introdujo la llave y abrió la puerta. Se detuvo delante de la central de la alarma para que ella pudiera desconectarla. Después de que cesara el pitido, Vegeta atravesó la cocina y la llevó hasta la salita, donde la dejó en el mullido sofá. Cogió la manta con la que ella se cubría cuando hacía más frío y se la puso encima de las piernas.

—¿Estás bien?

Estoy más cansada de lo que pensaba —murmuró. Santo Dios, estaba segura de que se quedaría dormida antes de quitarse la ropa. Y si pasaba la noche con el vestido puesto, lo estropearía.

Gimiendo, intentó levantarse. Vegeta hizo que se volviera a tumbar Sin fuerzas para resistirse, ella se reclinó sobre los cojines con una expresión enfurruñada.

—No vas a ningún sitio.

—Tengo que desvestirme. Y desmaquillarme.

—Puede ser, pero no ahora. Dame cinco minutos. Espérame aquí tumbada. Te prometo que no tardaré.

Bulma no tenía ni idea de qué pretendía hacer él, pero estaba demasiado cansada para discutir.

—De acuerdo.

Lo oyó alejarse mientras cerraba los ojos. Lo siguiente que supo fue que Vegeta la sacudía con suavidad.

—¿Mujer?

—Mmmm—. Se había quedado dormida en el sofá mientras él… ¿hacia qué?, ¿mirarla?

Entonces, el olor a comida le inundó las fosas nasales y le rugió el estómago. Abrió los ojos y se encontró al lado un plato con huevos, tostadas, fruta y yogurt.

Antes de que ella pudiera abrir la boca, él se puso el plato en el regazo y le lanzó una mirada severa.

—Vas a comer algo. Además, no quiero que vuelvas a pasarte otro día sin comer o dormir. Ahora, abre bien la boca.

Parecía que Vegeta hablaba en serio. Para sus adentros, Bulma se sintió encantada. ¿Estaba Vegeta intentando conseguir que se enamorara todavía más de él? Broly no cocinaría para ella ni siquiera en sus momentos más solícitos. Apenas sabía freír un huevo. Y vale, sí, cocinar era el trabajo de Vegeta, pero que lo hiciera después de que tampoco hubiera dormido él mismo y de llevar todo el día en pie, la conmovía.

—Puedo comer sola. —Bulma intentó coger el tenedor.

—Estoy seguro de que lo has hecho desde que cumpliste un año. Pero así me siento menos culpable por no haberte dejado dormir o por que no hayas comido. Déjame a mí.

Ella no estaba de acuerdo con él. Podría haberle ordenado a alguien en el club que fuera a buscar una ensalada y haberse echado una siesta en cualquier momento si hubiera querido. Era una mujer adulta. Pero Vegeta insistía en cargar con toda la culpa.

Algún día, él haría muy feliz a alguna mujer. No ser ella casi la hacía gritar.

—¿Mujer?

Tentada, y demasiado cansada para discutir, abrió la boca. Sintió en la lengua la suave textura de los huevos con queso y especias. Oh, y cebollitas, tomate y setas, justo en su punto, que se derritieron contra su paladar. Vegeta le ofreció también una tostada y unas cucharadas de yogur con bayas. Un placer absoluto.

—¿Por qué lo haces? —preguntó ella entre mordiscos—. También estás cansado. Te sientes culpable, ¿verdad?

Él hizo una pausa, bajó el tenedor y la miró directamente a los ojos.

—Lamento haberte enfadado y estropeado el día. Pero ocuparme ahora de tu bienestar no es algo que haga porque me sienta culpable.

Una insidiosa esperanza la aguijoneó. Bulma abrió la boca para seguir preguntando.
Vegeta le puso el dedo en los labios.

—Shhhh, esta noche no. Hablaremos mañana.

Vegeta tenía razón. No iban a resolver nada ni a aclarar las cosas mientras los dos estuvieran tan cansados. Puede que no fuera de las que dejaban para mañana lo que deberían de hacer hoy, pero en ese momento tenía su lógica. Y además, quería disfrutar de aquella fantasía un poco más.

Asintió con la cabeza y abrió de nuevo la boca, y él le ofreció el siguiente bocado.

Cuando el plato estuvo casi vacío, Vegeta le puso un corto mechón de pelo detrás de la oreja.

—¿Tienes más hambre?

—¿Tú no comes nada?

—Piqué algo en la cocina del restaurante. No tengo apetito. ¿Quieres comer algo más? —preguntó él.

Bulma se puso la mano sobre el estómago.

—Estoy llena.

Vegeta le brindó una tierna sonrisa y el corazón de la joven se aceleró.

«Qué fácil había sido enamorarse de él… y qué estúpido.»

—Vamos. —Vegeta la ayudó a levantarse. Cuando ella se tambaleó, él le miró los pies y frunció el ceño.

—¿Qué pasa? —preguntó ella.

Negando con la cabeza, Vegeta se arrodilló y le quitó los zapatos.

—«Ahhh…»—. El placer fue casi orgásmico. Bulma no se había dado cuenta de cuánto le dolían los pies. Estrenar zapatos era horrible, pero estaba tan cansada que había dejado de notar el dolor.

—¿Te duele? —murmuró Vegeta, alzándola de nuevo contra su pecho.

—Puedo andar —protestó ella.

Él la miró fijamente con aquellos ojos oscuros e inescrutables.

—Sí, pero no es necesario. Conecta la alarma.

Cuando pasaron ante la sofisticada central de alarmas, él se detuvo y ella tecleó el código. Una vez hecho, él se aseguró de que la puerta estaba cerrada con llave y comenzó a subir las escaleras.

—Peso demasiado para esto —insistió ella.

Vegeta se rió.

—No seas ridícula. Una vez, me pasé el verano cargando sacos de cuarenta kilos de grano en los muelles, acarreaba un saco en cada hombro. Llevarte en brazos de un lado para otro es como cargar con un niño pequeño.

Bulma sonrió y cerró los ojos, disfrutando de su cercanía y preocupación. Santo Dios, aquello era el Paraíso. Pero acabaría pagándolo al día siguiente con el último trocito de su corazón.


Pobre Bulma. Cómo tomar una decisión si tiene a Vegeta en un clásico Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Por momentos actúa como si ella le importara, es atento y considerado, y después le salta la térmica y se comporta como un pusilánime que la cela maniáticamente y la desprecia porque no encaja en su idea de familia. ¿Se arriesgará a tener y luego perder o preferirá retirarse cuando todavía le queda algo de alma? ¿Y Vegeta? ¿Aceptará que es más que solo deseo lo que siente por ella?

Se viene lemon doble, y estoy preparando los flashback a los momentos en que Bulma y Vegeta se conocieron y a la primera noche que pasaron juntos. Recuerden que la historia original no es mía. Es el tercer libro de una saga de Shayla Black, y yo lo he adaptado a una historia única y quitando y agregando situaciones para que la historia en sí tenga sentido sin las referencias a las historias de los otros personajes. Para que lo recuerden: Vegeta y Bulma se conocen en una despedida de soltero y tres meses antes de que se reencuentren para trabajar juntos en la inauguración del restaurante, ellos pasan una noche juntos que cambia la vida de ambos.

Gracias a todos por seguir la historia. Recuerden: capítulo con lemon el jueves y super lemon el próximo lunes. Además, el acosador de Bulma ha estado muy silencioso... ummm