Advertencias: Ninguna

Nota de autor: Tercer y último capítulo de la maratón en honor al final de Lost! :) Espero que os haya gustado la iniciativa!


Capítulo 11: Sobre osos y récords


En apenas una semana más, Juliet fue capaz de reincorporarse a su trabajo en el taller, solo que en esta ocasión, guardaba una pequeña sorpresa para todos sus compañeros. La rubia no había desaprovechado el tiempo y durante su convalecencia se había encargado de memorizar hasta el más mínimo detalle de los libros de mecánica que había en Dharmaville, pasando de ser la novata del taller al cerebrito que podría hacerles competencia a todos los mecánicos juntos.

Las caras de los hombres no tenían precio cuando a los pocos minutos de su vuelta, Juliet había conseguido poner en marcha una de las furgonetas que ellos habían estado tratando de reparar desde hacía dos días.

Mientras tanto, Jin y James se encontraban en la sala de vigilancia, observando el fantástico espectáculo que se estaba llevando a cabo en el taller desde uno de los monitores.

—Esa es mi Barbie—comentó Sawyer con gesto orgulloso, recostándose levemente en la silla. Jin emitió una pequeña carcajada, ya que él también había sido testigo de todo lo que se había esforzado Juliet durante los últimos días para conseguir hacerse un lugar en el taller.

—Ella es muy inteligente—comentó al asiático, que cada día iba ganando más soltura con el idioma.

—Sí, realmente lo es.

— ¡LaFleur!—Miles irrumpió en la habitación visiblemente agitado—Tenemos un problema en la Hidra.

James se levantó de inmediato, cogiendo su arma y el táser y asegurándose de que llevaba su walkie encima.

— ¿Te encargas de la vigilancia?—le preguntó el rubio a Jin, a pesar de que sabía de sobra que su compañero le iba contestar afirmativamente.

—Tened cuidado.

Ambos hombres salieron apresuradamente de la sala de vigilancia, dejando a Jin a cargo de los monitores mientras que Juliet continuaba con su trabajo en el taller, ajena a todo lo que estaba ocurriendo.

Durante la corta travesía que unía la isla principal y la Estación Hidra, Miles se encargó de darle a su jefe todos los detalles de la situación.

Al parecer, en el transcurso de uno de los numerosos experimentos que se llevaban a cabo allí, se había producido una fuga en la sección de los osos polares en la que habían resultado heridos un par de científicos. Los hombres de seguridad destacados en la instalación no habían sido suficientes como para contener a los animales, por lo que había sido necesario pedir ayuda al equipo de seguridad de la isla principal.

— ¡LaFleur, Straume!—les llamó Phil en cuanto pusieron los pies en tierra firme.

— ¿Informe de la situación?—pidió el rubio inmediatamente.

—Según parece, aún quedan dos osos sin localizar. Los otros tres están siendo capturados por el resto del equipo en este momento.

— ¿Cuál es plan, jefe?—preguntó Miles.

—Vosotros dos ir por allí, yo me encargo de peinar la zona del acantilado. Si esos bichos siguen por ahí sueltos no vamos a tardar mucho en dar con ellos, ¿entendido?—ambos hombres asintieron solemnemente—Moveos.

Los hombres se separaron en diferentes direcciones, apresurándose en adentrarse en la selva.

James se movía con agilidad entre la vegetación de la zona, tratando de estar lo más alerta posible para poder captar el más mínimo indicio de alguno de los dos osos extraviados por los alrededores. Por días como este, era por lo que le gustaba formar parte del equipo de seguridad, ya que acostumbrado como estaba a la acción diaria en su vida, su estancia en Dharma se le hacía demasiado monótona.

El ruido de unas pisadas pesadas y un pequeño gruñido hicieron que Sawyer detuviera su carrera, desenfundando su pistola rápidamente.

En cuestión de segundos, un enorme oso polar apareció entre la maleza. El animal parecía nervioso y visiblemente asustado, por lo que era bastante probable que atacara en cuanto sintiese el más mínimo peligro.

— ¿Sabes?, creo que es probable que dentro de treinta años conozca a tu nieto—habló Sawyer, como si verdaderamente el animal fuese a entenderle.

El rubio se movió lentamente, bajando uno de sus brazos en dirección a su cintura para coger el walkie. Su misión era la de localizar al oso, pero no tenía los instrumentos necesarios como para capturarlo, así que lo único que podía hacer era dar aviso de su posición.

Pero entonces, el eco de un disparo resonó a lo lejos, sobresaltando al animal, que asustado empezó a correr en dirección a Sawyer.

— ¡Hijo de perra!

El rubio disparó sobre el animal en repetidas ocasiones, pero antes de tumbarle definitivamente, el oso logró alcanzar su posición, asestándole un zarpazo en el hombro y lanzándole contra un árbol cercano.

Luego, el animal cayó agonizante en el suelo, al mismo tiempo que James comenzaba a verlo todo de color negro. Los restos de su walkie destrozado quedaron esparcidos por el suelo.

Mientras tanto, y ajena a todo lo que estaba ocurriendo en la Hidra, Juliet continuaba tranquilamente con su labor en el taller, más feliz que nunca al sentir que por fin sus compañeros comenzaban a aceptarla como un igual después de su pequeña demostración unas horas antes.

Varios de los miembros del equipo de seguridad se habían pasado por el taller a lo largo de la mañana para llevarse algunas de las furgonetas, algo completamente normal. Lo que le pareció extraño a la rubia fue el hecho de que ni James, ni Miles, ni tampoco Jin habían pasado por allí, cuando ellos solían ser los primeros en ofrecerse para cualquier tipo de misión que supusiese el poder salir de las fronteras de Dharmaville con un medio de transporte, aprovechando para tratar de encontrar algún rastro del resto de los supervivientes.

Fijándose mejor, Juliet pudo percatarse del nerviosismo disfrazado de normalidad que cargaba el ambiente. Tenía el presentimiento de que algo estaba pasando, y por la inquietud con la que se movían algunos de los muchachos de seguridad, no podía ser nada bueno.

Justo cuando estaba apunto de abandonar su puesto de trabajo para ir en busca de algunas respuestas, vio a Jin pasando frente al taller en compañía de otros dos hombres.

— ¡Jin!—lo llamó. El asiático intercambió un par de palabras con sus compañeros. Después estos siguieron con su camino mientras que el hombre se acercaba hasta donde estaba la rubia.

—Hola.

— ¿Qué está pasando?—preguntó sin rodeos. Él hombre hizo una pequeña mueca, mostrando cierta incomodidad— ¿Jin?

—Hay un problema… en la Hidra.

— ¿Qué clase de problema?—ella hizo una pequeña pausa, percatándose de por donde iba el hilo de la conversación— ¿Dónde están James y Miles?

—Escaparon unos animales—aún le costaba expresarse en el idioma—Miles acaba de llamar… Sawyer no. Estoy yendo a la Hidra… a ayudar.

—Voy contigo—dijo ella con determinación, no dejando lugar para la duda—Escucha, vas a decirle a Tom que necesitáis un mecánico para una avería y que yo voy a acompañarte, ¿vale?

A Jin no le quedó más remedio que hacer caso a su compañera, ya que si verdaderamente quería marcharse sin perder más tiempo debía llevara a Juliet con él. Tratar de discutir con ella solo le retrasaría en su misión y no serviría de nada.

Casi una hora después, el barco que los llevaba hasta la Hidra llegó a su destino. El resto del equipo de seguridad que se había desplazado hasta la isla, Miles incluido, les esperaba en la playa, en un lugar cercano al embarcadero.

Rápidamente se empezaron a organizar en grupos y a salir en diferentes direcciones, repartiéndose por la selva.

— ¿Qué diablos haces tú aquí?—inquirió Miles cuando vio a Juliet parada al lado de Jin— ¿Se lo has dicho?—le recriminó al asiático— ¡Se supone que no podíamos implicar a ningún civil para no despertar la alarma en el poblado!

— ¿Decirme qué?—el tono de la rubia comenzaba a ser un tanto hosco, cansada del secretismo con el que se estaba tratando lo que fuese que estuviese sucediendo en la Hidra— ¿Dónde está James?

Ambos hombres guardaron silencio ante la pregunta, intercambiando una significativa mirada entre ellos.

— ¿Miles? ¿Qué está pasando?—insistió.

—Hace unas dos horas perdimos el contacto vía walkie con LaFleur—contestó tras una pausa tensa—No… no sabemos donde está ni si le ha pasado algo…

Ni siquiera Miles había terminado de hablar cuando Juliet le arrebató el walkie que tenía en la mano y salió corriendo hacia la selva, tomando una dirección que ninguno de los equipos de seguridad había seguido. A pesar de escuchar los gritos de los dos asiáticos llamándola, la rubia desapareció entre la vegetación rápidamente sin que pudiesen hacer nada por detenerla.

Actuar de una manera tan impulsiva no era normal en ella, pero la situación requería actuar con espontaneidad, ya que cuanto menos tiempo se perdiera decidiendo qué hacer, mejor.

Era posible que James simplemente se hubiese perdido en la selva, o que su walkie se hubiese roto. Tal vez solo se negaba a responder a la llamada de sus compañeros por algún motivo estúpido e infantil, del tipo que solían hacerla enfadar. Pero también cabía la posibilidad de que estuviese herido, o de que se hubiese topado con el dichoso humo negro…

Ese último pensamiento hizo que un repentino ataque de histeria amenazase con apoderarse del cuerpo de Juliet, ya que si algo había aprendido en los últimos tres años, era que el humo negro era letal y no solía perdonar a sus victimas. Si James había tenido la desdicha de toparse con él…

Juliet corrió más aprisa por la selva, moviéndose con la agilidad que solo un Otro podía tener, ya que a pesar de que estaban a treinta años de su presente, el terreno de la isla había cambiado poco con el paso del tiempo y ella conocía esa selva a la perfección.

Se vio obligada a detenerse en su carrera, ya que no estaba demasiado acostumbrada al ejercicio físico intenso y empezaba a faltarle el aire.

La sensación de angustia y opresión continuaba instalada en su pecho mientras que miraba desesperadamente en todas direcciones, tratando de hallar el más mínimo indicio que la llevara hasta él. Después de un par de minutos volvió a correr.

Una enorme raíz de un árbol cercano terminó por enredarse en sus pies, haciendo que la rubia cayese de boca al suelo, dándole el tiempo suficiente como para poder amortiguar la caída con las palmas de las manos.

Emitió un pequeño gemido de dolor, pero entonces, al estar tan cerca del barro, pudo ver con claridad una huella impresa en la tierra. La observó con detenimiento y sus ojos azules se abrieron con reconocimiento al percatarse de que la huella pertenecía a algún animal grande. Posiblemente a un oso. Exactamente lo que ella estaba buscando.

Volvió a levantarse rápidamente y empezó a seguir el rastro. Apenas unos diez minutos después, Juliet se topó con el cuerpo agonizante de un enorme oso polar, que respiraba con dificultad tendido sobre el suelo.

La rubia se acercó al animal con cautela, pasando la mano por el pelaje suave del cuello. Y entonces fue cuando le vio, con la espalda apoyada contra un árbol a unos veinte metros de distancia.

— ¡James!—un gritó ahogado salió por su garganta. La respiración errática debido al esfuerzo se confundía fácilmente con la angustia de ver a su mejor amigo herido de esa manera.

La herida del hombro sangraba copiosamente, aunque tras un vistazo rápido, Juliet pudo certificar que tan solo se trataba de un raspón superficial. Un raspón muy grande, pero no grave.

—James, ¿puedes oírme?—la rubia le bajó la cremallera del traje, tratando de comprobar si tenía alguna lesión que no pudiera verse a simple vista. Le pasó las manos por el pecho, haciendo presión con los dedos, a lo que el hombre respondió con un pequeño gemido—James escúchame, creo que tienes rotas un par de costillas, así que voy a llamar a Miles y a Jin para que vengan a por nosotros, ¿vale?—su voz era suave y calmada, pero sin ese tono frío habitual en ella.

Sawyer parpadeó un par de veces pesadamente, sintiendo como todo su alrededor le daba vueltas y más vueltas, debido a la fuerte conmoción en la cabeza y a la pérdida de sangre.

—Juliet…—balbuceó con voz ronca.

—Estoy aquí. Todo va a salir bien—le tranquilizó. Rápidamente se puso el walkie frente a los labios, informando al resto del equipo de seguridad de que había dado con el paradero de James y de su posición para que pudiesen ir a rescatarles.

— ¿Sabes una cosa, rubia?—siguió hablando, divagando entre la lucidez y la inconsciencia—Cuando salga de aquí voy a pedir que me den un Record Guinness… por matar dos osos polares en un isla tropical… apuesto a que nadie ha conseguido hacer algo así…

Ella se carcajeó suavemente, deslizando las yemas de los dedos por el rostro de Sawyer, sintiendo como la barba le arañaba la piel. El sentimiento de euforia por haberle encontrado con vida era simplemente indescriptible.

Finalmente, consiguieron trasladar a James hasta la enfermería de la estación Hidra, donde se encargaron de darle unos cuantos puntos de sutura en la herida del hombro y de la cabeza y de fijar sus costillas con un vendaje.

Para ese momento, la luna ya le había ganado todo el terreno al sol, apoderándose del cielo de la isla, por lo que decidieron que lo mejor sería pasar la noche en la Hidra y trasladar a James de vuelta a Dharmaville a la mañana siguiente.

Todos dormían ya, incluido el propio Sawyer, todos menos cierta rubia que había insistido en quedarse en la enfermería durante la noche, velando por la salud de su compañero.

— ¿Qué haces aquí?—murmuró el rubio con voz pesada, cuando al abrir levemente los ojos pudo distinguir la figura de Juliet en la oscuridad, sentada en una silla a un lado de la cama.

—No pensaba que estuvieses despierto.

—Lo estoy ahora—trató de incorporarse, pero desistió rápidamente cuando al moverse un dolor agudo y punzante se instaló en su pecho, atravesándole de extremo a extremo—No has respondido a mi pregunta.

— ¿Quieres que me vaya?—ella alzó la ceja suavemente.

—No... Solo digo que debe de ser tardísimo y si no descansas bien te saldrán arrugas, rubia—una sonrisa pícara se dibujó en su rostro, remarcando sus hoyuelos.

—Después del golpe que te has llevado en la cabeza tienes que estar bajo vigilancia, James—ella podría haberle soltado un discurso acerca de la peligrosidad de los traumas en el cerebro y la posibilidad de sufrir hemorragias internas parenquimatosas después de un golpe tan fuerte, pero finalmente decidió no dar más explicaciones—Así que creo que correré el riesgo de envejecer prematuramente.

—Voy a estar bien—replicó.

—Me alegro, pero aún así no pienso moverme de aquí.

—Está bien. Pero entonces hagamos un pequeño trato, ¿de acuerdo?

— ¿Qué clase de trato?—inquirió ella con escepticismo, ya que empezaba a conocer bastante bien las habilidades embaucadoras que James tenía con la palabra.

—Muy simple—entonces, el rubio se hizo a un lado con dificultad, moviéndose hasta ocupar solamente un lado del colchón y la mitad de la almohada. Abrió las sábanas por completo y palmeó un par de veces el lugar que acababa de dejar libre con la mano—Duerme conmigo. Así tú consigues lo quieres al poder seguir vigilándome y yo consigo que descanses lo que nos queda de noche. Me parece justo.

Ella se quedó en silencio durante unos segundos, considerando verdaderamente sus posibilidades. Marcharse estaba completamente descartado, ya que aunque ella llevase bastantes años sin ejercer la medicina, se fiaba bastante más de sus propias habilidades que de los conocimientos médicos que se tenían en los 70's. Por otro lado, y aunque le fastidiase reconocerlo, toda la mañana en el taller y la pequeña "excursión" que había hecho por la selva la habían dejado bastante exhausta.

Y al fin y al cabo, no es como si no hubiera dormido antes con Sawyer, ya que la mañana en la que había amanecido entre sus brazos después de que él la hubiese consolado durante sus pesadillas aún estaba reciente en su memoria.

—Está bien. Trato hecho—aceptó ella.

Se despojó de sus botas con delicadeza y se sentó sobre la cama, recostándose con cuidado para no golpear a James por error. Se quedaron mirándose fijamente durante unos instantes, frente a frente, con sendas sonrisas en sus rostros, ya que aunque ninguno de los dos lo fuese a decir en alto, tenían que admitir que estaban viviendo una situación bastante tierna, demasiado para que los protagonistas fuesen la perra con el corazón de hielo y el analfabeto sureño.

Pero no había nadie para juzgarles en ese momento, por lo que podían dejar completamente a un lado las apariencias para ser simplemente James y Juliet, tal como a ellos les gustaba ser cuando estaban junto a la compañía del otro.

—Buenas noches, rubia—él le dio un beso en la punta de la nariz antes de cerrar los ojos, sin perder aún la mueca traviesa de su rostro.

—Buenas noches, James.


Continuará...