¡Bien! aquí toda la explicación del porqué entre Zoro y Deni pasaban cosas extrañas, el porqué de la nada congeniaban tan bien, como si se conociesen desde siempre xD esto es algo parecido, espero les guste.
Es una de las partes del fic que más me gusta, pues lo encuentro romántico y triste )= 3
Nota: desde que empiezan los recuerdos, que la historia esta narrada en primera persona por Deni.
Notas del fic: Creo que no lo había mencionado, ¿o si? Que si a alguien le interesa ver imágenes del fic pueden visitar mi deviantart: : / / - z .
Estoy recién empezando en esto del dibujo, pero ahora entré a un curso de manga, así que cuando aprenda a dibujar mejor, subiré más xD
¡Gracias a todos por sus comentarios!
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Mundo One Piece
Deni abrió la gargantilla que Franky le había entregado. Dentro de ella se encontraba una foto; en ese momento todos los recuerdos perdidos con aquella persona llegaron a su mente.
"Meses antes
Mundo real
Había pasado una semana desde que Franco terminó conmigo. Luego de esos largos siete días era de mañana y tenia clases, así que fui a tomar el tren rumbo a mi universidad. Como siempre, estaba repleto de gente por lo que me fui al fondo del vagón, pero sin querer pase a llevar a una persona que estaba sentada en el suelo.
—Lo siento mucho —dije con un tono descortés, ¿a quién rayos se le ocurría sentarse en el suelo cuando faltaba espacio para viajar tranquilo?
Cuando dije esto toda la gente me quedó mirando como si algo me pasara, pero no les tome atención. Sin embargo, sentí que alguien más me miraba también y esa mirada provenía de la persona que estaba sentada en el suelo. Me di vuelta devolviéndole inconscientemente la vista; cuando me encontré con la mayor sorpresa de mi vida.
Z…Zo… ¿Zoro? —pensé. No, no podía ser posible— ¿Por qué de la nada empiezo a ver personas que no existen? ¿Por qué veo a Zoro? ¿un personaje ficticio frente a mí?—. No —volvía a repetirme a mi misma—, no podía ser, ¡me estaba volviendo loca! ¡estaba empezando a alucinar!
Rápidamente me fui rumbo al próximo vagón, una vez ahí solo me quede mirando un punto fijo, no quería ver nada más.
—Oye, ¿es que acaso me ves?
—¡Ah! —grité asustada al escuchar su voz tan cerca de mí.
—Señorita —Se me acercó un pasajero preocupado por mi grito—, ¿se encuentra bien?
—Eh, eh…—no podía decirle nada, pues lo que yo precisamente estaba viendo el caballero no lo veía—, no mucho señor —respondí aun con pánico—, pero no se preocupe, solo estoy un poco ahogada, se me pasará al bajarme.
Felizmente llegamos en un segundo a la estación donde quedaba mi universidad, así que salí corriendo del vagón aunque empujase a los demás. Quería alejarme, huir de lo que estaba viendo, pues dentro de mí sabía que era imposible que algo así fuese real.
—¡Oye, no te arranques! —Seguía persiguiéndome esa voz de cerca, que parecía tan real— ¡sé que me oyes y me ves!
Ya no hallaba que hacer, estaba desesperada, ¿en qué minuto perdí la cordura? Comencé a llorar desesperadamente e intentar ignorar lo que veía y escuchaba. Al salir de la estación me dirigí a un callejón que estaba cerca, pero desgraciadamente él me había seguido.
—¡Aléjate de mi! —grité, mientras me dejaba caer por la pared rendida para luego esconder el rostro entre mis rodillas— ¡solo eres una ilusión! ¡Sal de mi mente!
—¿Qué? —su voz parecía desconcertada— ¿Crees que soy una ilusión? ¿Es que no me estás viendo? ¿No me oyes?
—¡No, no, no! —seguía gritando entre sollozos; si hasta me estaba imaginando su personalidad tan descortés— ¡Debo haberme vuelto loca! ¡¿Por qué?!
—¡Que soy real! —continuó insistiendo y su tono sonaba más grave— ¡Tú eres la única que me ve! ¡no se donde estoy! ¿qué es todo esto?
—¡No me interesa! —insistí yo también, pues no me iba a dejar ganar por mi locura— ¡sal de mi mente, maldición!
—Tsk, por ahora tu ganas —lentamente sus pasos se oyeron más lejanos— ¡pero no te dejaré en paz hasta que me creas!
Finalmente no lo vi mas; intente calmarme un poco y fui al teléfono más cercano. Ese día no iría a clases, no, tenía que ir a ver un especialista. Llamé y felizmente encontré hora ese mismo día. Fui al centro médico y cuando por fin el psiquiatra me atendió le conté todo lo que había visto, a lo cual este me hizo exámenes, los que al cabo de tres horas recién tendrían los resultados.
—Bueno, Srta. —comentó una vez tuvo los papeles en sus manos— todo indica que su estado mental se encuentra perfecto, probablemente solo fue una mala jugada de su cerebro debido al estrés por los estudios.
Dicho esto me dio unos medicamentos, por lo que intenté hacerle caso y me dirigí a mi casa a descansar.
Pero en el camino me sentía perseguida, y aunque mirara hacía atrás no veía nada extraño, hasta que llegue a una esquina, él estaba nuevamente el frente a mi.
—¿Sigues sin creerme después de todo?
Intente ignorarlo, seguir adelante, pero me impidió el paso tomándome bruscamente de los brazos.
—¡Esta vez no te dejare ir hasta que me creas!
Me quede paralizada, ¿por qué también lo podía sentir? ¡no podía seguir caminando! ¡realmente me bloqueaba el paso!
No quería decir ni una palabra, tampoco pretendía que la gente me tomara por loca.
—Te lo demostraré —dijo con aura asesina, lo que hizo que se me paralizara todo—, si eso es lo que quieres.
Se acercó a una banca en la cual no había nadie sentado, mientras desenfundaba con delicadeza sus katanas
—¡Santoryu!
En un abrir y cerrar de ojos la banca quedó hecha pedazos, la había partido prácticamente en diez partes.
Las personas de alrededor rápidamente se acercaron a ver que pasaba.
—¿Qué-que fue eso? —preguntó alguien asustado— ¿tú viste que le paso a esta banca?
—¡Yo no vi nada! —respondió el que se encontraba al lado—. Estaba frente a ella cuando de repente quedo en mil pedazos ¡Oye tú, chica! —Se dirigió a mí ya que aun miraba de cerca la escena—, tú también estabas mirando, ¿viste que pasó?
—No… —respondí nerviosa— Yo, no vi nada. —dicho esto, me di media vuelta y me fui para que no me siguiesen preguntando.
—¿Ahora me crees? —me preguntó Zoro que apareció al segundo a mi lado. Que increíble, ¡realmente no estaba alucinando!
—Lleguemos a mi casa primero —dejé escapar en un susurro para que nadie más me escuchara.
Al parecer entendió la indirecta, pues sabía que nadie más lo veía. Una vez en mi casa, entré y la recorrí completamente para asegurarme que mis padres no estuviesen; felizmente no había nadie.
—¿Cómo es posible que alguien como tú esté en este mundo?
—Y yo que sé —bufó molesto—. Estaba en una isla junto a los demás, me puse a dormir por unas horas y cuando desperté estaba en este lugar. No sé que paso y aun no entiendo que es esto; estuve una semana intentando hablar con alguien pero nadie me veía hasta que tú me hablaste en ese tren.
Se me hacía difícil digerir toda esa información, mas aun no podía asimilar que lo que estaba ocurriendo era verdad.
—¿Y qué quieres que yo haga? —pregunté con algo de desconfianza, al fin y al cabo, ¿qué podía hacer?
—Que me ayudes por su puesto —me respondió mirando hacía otro lado, pues el jamás pedía ayuda—, si me ves es por algo, ¿no? Quiero volver a mi mundo.
—Pero yo no sé cómo podría hacer eso, si te veo no se por qué es —continué mientras pensaba en la forma de ayudarle aunque fuese en algo—. De todas maneras se me ocurren un par de cosas, pero ya es tarde; mañana después de mis clases.
—Como quieras —respondió a secas para luego abrir la puerta que daba hacía la calle.
—¿Y a dónde vas? —pregunté al ver que estaba a punto de marcharse.
—A dar una vuelta —me contestó de manera tajante—, no me quedaría en la casa de alguien que no conozco y menos en un mundo diferente.
—Serás mal agradecido —le recriminé intentando ocultar el deje de tristeza que quizás se veía en mi rostro—, ¿acaso no tienes hambre, sueño?
—Me la aguanto.
—¡Como quieras! —espeté finalmente molesta, pues si había algo en la vida que me molestaba, eso era la arrogancia—, pero te digo desde ya, que mañana temprano te quiero aquí para ver qué hacemos.
Salió por la puerta, la cual me quede parada mirando probablemente un par de horas. Sentía que lo que estaba pasando no era cierto, no lo asimilaba de ninguna manera, por lo que me fui a dormir tranquilamente pensando en que quizás para el otro día todo volvería a la normalidad.
Efectivamente, a la mañana siguiente nada volvió a ser normal. Me levanté como todos los días y, cuando abrí la puerta para salir me encuentro con la escena de que él estaba ahí: durmiendo en el suelo a un lado de la entrada con los brazos cruzados detrás de la nuca. Me senté en frente de él a mirarlo mientras dormía, hasta intenté tocarlo; quería cerciorarme una vez más que lo que estaba viendo era cierto, pero rápidamente me tomó el brazo.
—¿Qué crees que haces? —preguntó con un tono que hasta miedo me dio.
—¿Ah? ¡serás bruto! —alegué por el fuerte agarre, soltándome rápidamente—, solo quería corroborar si eras de verdad, entiéndeme que me es difícil entender todo esto.
—Como sea, vamos a averiguar.
—No tan rápido —interrumpí—, tendrás que esperarme un poco. Tengo algo muy importante que hacer antes; después de eso iremos donde una persona y como todo esta lejos necesito que me acompañes en este momento.
Zoro intentó poner objeción, pero no lo dejé, de hecho le dejé muy en claro que se encontró conmigo justamente en el tiempo que estaba con tareas y un montón de cosas más, las cuales no dejaría de lado, por lo que accedió a acompañarme. Mientras resolvía un examen en el instituto, él se quedó durmiendo al lado del pizarrón, lo que hacía difícil concentrarme sabiendo que estaba el ahí. Intenté terminar lo más rápido posible para salir de esa incómoda situación e ir a investigar.
Ese día recurrí a dos tarotistas y dos videntes, a pesar de que nunca he creído en esas cosas, sin embargo no encontraba otra solución al problema de Zoro. Lamentablemente no lo veían, al extremo de tomarme por loca y expulsarme del lugar.
La búsqueda había terminado por ese día; seguiríamos al siguiente y así hasta encontrar alguna respuesta, por lo que regresamos a casa. Estaba muerta de hambre y supongo que él también, a pesar de que nuevamente me lo negó y se quedó sentado al lado de la puerta.
Cociné algo y me fui a sentar al lado de él llevándole comida.
—Supongo que no me negaras que coma al lado tuyo, ¿no? —pregunté sentándome a su lado y dejando el plato que le correspondía a él en frente suyo.
—Tsk, que obstinada, ya te dije que no comeré de la comida de este mundo.
—Allá tu —respondí haciéndome la indiferente y como si no me importara, pero a los segundos una enorme melodía proveniente de unas tripas se hizo presente: era el estómago de Zoro—. Jajá, si quieres te dejo solo para no ver como cedes.
—…está bien —dijo con un sonrojo en sus mejillas y cara de cabreado—, por ahora ganas.
Así que se dispuso a comer, devorándose el plato en menos de cinco segundos. Tuve que llevarle tres más y recién ahí quedo satisfecho. Después lo invite a que pasara para mostrarle mi colección de mangas, quedando impresionado por lo que estaba viendo. Se preguntaba cómo toda su vida podía estar plasmada en esos libros, al menos eso le hizo entrar más en confianza conmigo.
—Bueno ya es bastante tarde —comenté horas después estirándome por la pereza—, te diré de ante mano que no hay otro dormitorio en esta casa y la única forma que puedas dormir cómodo será compartiendo cuarto conmigo, en la otra cama que hay —finalizé sin darle la cara, pues se me hacía raro compartir dormitorio con un hombre y más si era él.
—No pienso compartir cuarto contigo —soltó, de manera simple, tajante. Eso ya me había colmado la paciencia.
—¡Bueno, entonces tienes la sala de estar en donde hay un sillón que es un verdadero palo! —recriminé molesta, para luego entrar a mi cuarto y cerrarle la puerta en la cara.
Solo dos noches duró durmiendo ahí, hasta que una mañana desperté con la sorpresa de que estaba roncando en la cama de al frente. Me quede observándolo: no me había detenido a pensar bien antes, pero en ese momento me di cuenta que aquello era como un sueño; tener en mi casa al personaje que más he admirado, supongo que debía ser la misma sensación cuando alguien conoce a su cantante o actor favorito. Esa misma experiencia estaba viviendo yo y mucho mejor porque lo tenía todos los días y, a pesar de que es más desagradable de lo que creía, no quería que llegase el día en que tenga que partir. De hecho los días pasaban y no encontrábamos solución; nadie podía ayudarnos.
Dentro de esa misma semana, un día iba saliendo del instituto, cuando en la salida vi a Franco. Mi sorpresa fue que una chica de su misma clase corrió a abrazarlo y a pesar de que el vio que yo estaba ahí, no se inmutó ni siquiera un segundo.
—¿Qué estamos esperando? —preguntó Zoro extrañado al ver que yo permanecía parada en el mismo lugar sin moverme.
No podía decirle nada ya que estábamos en público, solo me limite a seguir caminando. Me sentía mal, solo quería llegar a mi casa y no saber del mundo.
—Oye, ¿por qué estamos hiendo a tu casa? —continuó insistiendo y no lo culpaba ¿Qué iba a saber él? — ¿no se supone que iríamos a ver a uno de esos idiotas que ven espíritus?
Tomamos el tren rumbo a mi casa y una vez llegamos seguí caminando por las calles. Estaba totalmente perdida en mis pensamientos, ¿es que Franco ya tenía otra mujer? ¿no signifiqué nada para el?
—¡¿Qué crees que haces?!
Sin darme cuenta, había cruzado una calle sin mirar si venían vehículos o no, hasta que Zoro me gritó. Ya era tarde, un auto a toda velocidad venia directo a mí no dándome tiempo para escapar, ni para que el frenara. Me paralicé de manera inconsciente, hasta que Zoro me cogió rápidamente cayendo juntos hacia un costado.
—¡¿Por qué hiciste eso?! —me preguntó casi crucificándome por lo que había hecho.
Estaba en shock, solo pensaba en Franco y que casi estuve a punto de morir. La gente se me acercaba para preguntarme si estaba bien a lo que les dije que si, dándome a la fuga rápidamente hasta llegar a mi hogar.
—Será mejor que mires por donde caminas para la próxima —siguió con el alegato mi acompañante una vez entramos a la casa.
—¡Deja de cuestionarme lo que hago! —finalmente había explotado en llanto— ¡hoy ya no quiero saber de nada, ni de nadie!
Corrí a mi dormitorio y me eche a la cama a llorar. Sin embargo no quería estar así por alguien y, como si hubiese sido poco: afuera se encontraba alguien a quien había tratado mal segundos atrás.
—El hombre que estaba fuera del instituto —intenté excusarme contándole la verdad, a pesar de que esos temas a él no le interesaban—, abrazado a una mujer es mi ex novio. Recién hace un par de semanas término conmigo —continué secándome las lágrimas— y ahora por lo que veo está con otra.
No me dijo nada, sabía que no lo haría, supongo que no debe saber mucho de novias y amoríos.
—Gracias por salvarme hoy —dije de manera sincera, pues si no hubiese sido por él habría perdido la vida—, bueno aunque supongo que mas lo hiciste porque si me pasaba algo, ya no habría alguien que te ayudase.
—Me parecía ridículo que alguien perdiera la vida por culpa de un imbécil —respondió mientras se sentaba en el suelo, cruzaba sus manos por detrás de su nuca para luego echarse a dormir un rato—, eso es todo.
El asombro que había tenido al ver a Franco, no había sido nada comparado al que sentí al escuchar esas palabras. No podía creer que en ese minuto Zoro entendía aunque fuese un poco lo que sentí cuando vi a Franco. Al menos eso me levantó el ánimo y me sacó una sonrisa.
—Gracias nuevamente —finalicé mirándolo por primera vez directo a los ojos— y disculpa por no haberte ayudado hoy.
A partir de ese día algo nuevo comencé a sentir, no solo era la felicidad de tener a alguien que idolatraba conmigo, sino que también, cada vez me podía acercar más a él de una manera distinta. Se podría decir como amigo, quizás; lo cierto es que me daba mucha confianza y tranquilidad. Me di cuenta que Zoro no era tan desagradable, si que le costaba darse con las personas y más en la situación en que se encontraba, pero aun así me gustaba su compañía. Estábamos todo el día juntos, ya que me acompañaba a mis últimos días de clases y solemnes, luego intentábamos averiguar algo y después nos dirigíamos a mi casa.
Rápidamente mi pena por Franco iba desapareciendo conforme pasaron los días, lo vi saliendo de un bar con sus compañeros y compañeras de clases, no en muy buen estado que digamos. Lo quedé mirando hasta que alguien puso su mano en mi hombro: era Zoro haciéndome un gesto de que no valía la pena y nos fuésemos, a lo que le hice caso sin dudarlo.
Realmente ya no cabía duda, estaba empezando a sentir por Zoro algo más que amistad, me gustaba mucho y quizás hasta lo estaba comenzando a querer. Pero eso era algo que solo podía guardármelo para mí, ya que él no era del tipo de personas que alguien se le pudiese declarar. De todas maneras me parecía bastante enloquecedor llegar a casi enamorarse de una persona que nadie mas podía ver, pero me era inevitable.
—¿Zoro, alguna vez te has enamorado? —dejé escapar esa pregunta una vez disimulando total indiferencia.
—Ahora que lo pienso, no y no me interesan esas cosas.
—No esperaba otra respuesta de ti —concluí aquel tema sonriéndole.
Con mayor razón, sabía que jamás podría declararle mis sentimientos y de verdad a veces no me importaba mucho, ya que al tener a Zoro viviendo en mi casa y estar todo el día con él mi felicidad era completa.
A tal punto, que un día le dio pereza acompañarme a clases, según él esa mañana quería descansar.
Tuve clases hasta tarde y lo extrañé todo el día. Solo quería llegar a mi casa para verlo una vez más, pero cuando llegué me encontré con la mala sorpresa de que no estaba por ningún lado.
—¡Oye Zoro, ya llegue! —. Silencio absoluto, no contestaba— ¿Zoro, estás aquí? —pregunté aun más asustada, ¿y si había pasado algo y volvió a su mundo? ¡y yo ni siquiera pude estar ahí para despedirme!— ¡Zoro! —comencé a gritar con tristeza y buscando por toda la casa; en las cercanías de mi barrio pero nada.
Se me llenaron los ojos de lagrimas al darme por vencida y aceptar que Zoro se había marchado, ¿finalmente había llegado el día en que lo perdería para siempre?
De repente sonó el chasquido de la puerta, fui a mirar y ahí estaba él. Sentí un alivio tan enorme, incluso me sentía egoísta, pero me alegró mucho el saber que no se había ido. Rápidamente y sin pensarlo dos veces corrí a abrazarlo, era la primera vez que lo hacía.
—¡Ah! ¿Qué haces? —preguntó sorprendido ante mi reacción.
—¡Zoro! —No podía dejar de llorar y menos podía hacerme el ánimo de soltarlo— ¡que alivio, pensé que te habías ido para siempre!
—¿Eh? —Enarcó una ceja al escuchar mi declaración—. Claro que no, solo fui a dar una vuelta.
Me solté rápidamente al caer en la cuenta que lo tenía abrazado y me sequé las lágrimas.
—¡No me asustes mas de esa manera! —Volví a acercarme a él para recriminarle, pues realmente me había llevado un gran susto—. Zoro, si alguna vez te vas, que no sea sin despedirte, por favor.
—No…—contestó sorprendido, a tal punto que enrojeció un poco—, claro que no."
—Tú-tú —comenzó a titubear Deni al haber recuperado todos esos maravillosos recuerdos—, siempre estuviste ahí conmigo —Rápidamente comenzó a llorar con desenfreno mientras sostenía la gargantilla con fuerza—. Cómo pude haberte olvidado.
—¿Eh? ¿De qué hablas? —preguntó Franky desconcertado por la reacción de su compañera— ¿qué había dentro de la gargantilla? A ver —se acercó un poco para mirar su interior—. ¡Oh, súper! una foto tuya con Zoro, ¿cuando se la tomaron?
—Hace mucho tiempo...
"¡Vamos Zoro, quiero que cada uno se quede con un recuerdo del otro! ¡Saquémonos una foto!"
—... en un universo paralelo.
Continuará…
