¡Hola!

Os dedico este capítulo a todos los que me habéis dejado en estos meses vuestros necesarios comentarios.

sailor mercuri o neptune, Cristine Malfoy, Sther-asr, JT2304, Bianca Mallory Kane Malfoy, susigabi

Espero que os guste.

Besos, Shimi.


12. Draco

Él día había sido duro, pero había merecido la pena, y no podía estar más orgulloso de su amiga, ¿realmente había algo que la morena fuera incapaz de hacer? No le extrañaba que con el tiempo fuera Ministra de Magia, y no dudaba que fuera la mejor elección que pudieran hacer.

Estaba deseando ver a Draco para poder darle su varita, esta siempre había estado con él. Aunque ya no era la que usaba, nunca se había desprendido de ella, y hoy de nuevo sería de su verdadero dueño. Pero no serviría de nada sin el pergamino que la acompañaba. La restitución del uso de la Magia para Draco.

Hermione había movido cielo y tierra, además de haber leído todos los libros que una mente era capaz de soportar sin colapsar, una mente por encima de la media, claro está. Verla en el escritorio de su oficina completamente rodeada de viejos libros e interminables pilas de pergaminos que parecían que iban a romperse solo con mirarlos, y a la morena casi como la recordaba en sus años de escuela cuando se embarcaba en el la búsqueda de información en la Biblioteca. Su pelo enmarañado y varias plumas desperdigadas le hacían preguntarse como era capaz de organizarse.

Pero lo había conseguido, había sido capaz de devolverle el uso de la magia a Draco. La noticia era estupenda, entonces ¿por qué estaba tan nervioso? Se sentía mal por el hecho de que sabía que aquello era un paso más hacia la independencia de Draco, en sus planes estaba que un día, y uno no muy lejano Draco volviera a ser un ciudadano de pleno derecho en la Sociedad Mágica.

Aquella perspectiva le resultaba en cierto punto desoladora, ¿qué tenía él que ofrecerle a Draco una vez que fuera libre de decidir por sí mismo?

Odiaba las palabras que se repetían en su cabeza con aquella odiosa voz lastimera que usó Rowen, "él nunca te amará, te usará y cuando ya no tengas nada más que darle se irá".

Pero sería injusto decir que aquel pensamiento había venido solo a partir de ese momento, una parte de sí mismo siempre lo había intuido.

En ningún momento Draco desmintió lo dicho por el auror, pero él tampoco le había expresado los sentimientos que tenía por él. El aguerrido auror que se lanzaba a las llamas sin pensárselo estaba acojonado de decirle que no imaginaba una vida sin él. De poner unos sentimientos que jamas imaginó sentir en las manos del otro. No, no podía reprochar nada a Draco.

La imagen que vio al salir de la chimenea era una de sus favoritas, Draco sentado en el sofá más cercano esperándolo sonriente; desde que su madre vivía con ellos Draco se había vuelto más comedido a la hora de esperarlo, pero recordaba aquellas veces que con tan solo una camisa abierta le esperaba con su pene erecto, el brillo de la lubricación derramándose por sus nalgas, aquel brillo en sus ojos incitándole a que le montara sin dilación, girándose para mostrarle como se introducía varios dedos a sí mismo que hacía que Harry perdiera la cabeza.

Ahora con su cuerpo cubierto de más capas de ropa seguía teniendo una mirada incitadora, se acercó a besar sus labios de aquel modo en el que había descubierto que le agradaba tanto. Solo un roce, un saludo, la alegría de verle.

Pero sus labios eran demandantes y Harry nunca le negaba nada, sentir su cálida lengua introducirse en su boca con hambre le calentaba todo el cuerpo, aún inclinado y con las manos del rubio en su cuello metió las manos bajo su cuerpo buscando apretar sus redondeadas nalgas, aquello que podía tocar, aquello que Draco le ofrecía, suyo durante ese tiempo.

Las piernas de Draco se enroscaron en su cintura y él lo levantó y lo apoyó contra su dura erección.

—Fóllame—le dijo en su boca. Jamás desoiría su petición, cuando Draco le hablaba así él sabía que haría lo que quisiera.

Sus manos no tardaron en obedecer y destapó las pálidas nalgas de rubio, cálidas y sedosas, sus dedos buscaron su entrada, no importaba las veces que lo hubiera penetrado aquel punto de su anatomía le hacía volverse del todo irracional, sin mucho cuidado introdujo uno de sus dedos, notando como la carne de Draco le acogía hirviente y suave, su pene pulsaba, quería follarlo, pero nunca había dejado de prepararlo, nunca más.

Sus dedos pudieron no ser gentiles, ambos se besaban con necesidad y podía notar que Draco le ansiaba dentro, un par de embestidas más con sus dos dedos debían de bastar, desenfundó su pene completamente duro y húmedo, extendió su propia humedad por todo su glande y lo comenzó a introducir en la carne de su amante.

Tan estrecho y cálido que ambos gemían con cada centímetro que se introducía. Tomó sus labios besándolos, sus manos bien agarradas de sus nalgas, suyo hasta que estuvo completamente dentro.

Le miró a los ojos, con los labios entreabiertos, restos de la saliva de ambos y sus ojos cubiertos por una película de deseo, se salió casi completamente de él, para no darle descanso con una rápida estocada, bebió su gemido, y el siguiente y el otro, dándole los suyos propios sin saber quien era el que lo hacía.

Draco maniobró en su pantalón sacando su erección completamente rosada y brillante, amaba cuando Draco se corría cuando lo penetraba de ese modo, regándolo con su esencia. Quería ver como lo hacía y taladró incansablemente contra su punto de placer, la cabeza del rubio cayó hacia atrás dandole camino a su cuello que lamió con voracidad sin perder el ritmo desenfrenado de sus embestidas.

Su rica semilla caliente regó la zona de fricción entre ambos mientras que le apretaba desde su interior, aquellos espasmos que le producían al llegar al orgasmo succionaban a Harry hasta hacerlo derramarse en su interior. Harry gemía su nombre contra su cuello, sentía ligero a Draco entre sus brazos mientras éste le apretaba el pene en su interior vaciándolo.

Había sido intenso, y los dejó caer en el sofá que había estado usando Draco, sintió sus labios como mariposas en las venas de su cuello, la humedad de su lengua lo sacó del letargo en el que estaba. Quería más, necesitaba más. Y los apareció en su habitación, o mejor dicho en la habitación que ahora compartían. Podía notar el olor del rubio en sus sabanas tan sutil y delicioso.

Verlo ahora desmadejado sobre la cama le hacía querer devoradlo, y sabía perfectamente por donde quería empezar, su pene aún conservaban los restos de su orgasmo lamió con deleite saboreando las gotas que aún quedaban.

Adoraba darle todo el placer que pudiera, lamerle y provocarle que se derramara en su boca, no había manjar más suculento que poder beberse a Draco.

Horas más tarde recordó lo que había esperado darle cuando había aparecido por la chimenea, y sabía que aquello era un paso más a su posible distanciamiento, pero no había nada ya que no hiciera por él, aunque aquello le alejara.

La reverencia en sus ojos cuando tomó su varita le hizo sentirse bien, podía sentir la magia que los recorrió a ambos, la varita lo elegía como su verdadero dueño.

—Gracias—dijo guardándola de nuevo.

Podía entender sus dudas, tenía su varita pero no podía usarla, cuando le instó a leer el pergamino, veía como sus ojos leían una y otra vez las palabras allí escritas.

Su magia, allí estaba de nuevo. Brillante y poderosa revoloteando en forma de pequeños petirrojos, tan hermosos como su dueño, rodeándolos, la risa sincera y llena de dicha le hizo saber que ese era el camino. Draco merecía todo aquello.

Y es por ello que en las subsiguientes semanas se rompieron la cabeza para poder devolver lo que quedaba de su patrimonio a los Malfoy, aquello se había convertido en una lucha titánica. Prácticamente todo se había usado para costear los estragos de la guerra. Con derecho o sin derecho habían sido las fortunas de los mortífagos las que habían sacado de la miseria a un Ministerio prácticamente sin recursos.

Harry hubiera deseado que los Malfoy, aquellos que eran realmente libres de culpa fueran declarados inocentes y que el Ministerio les pidiera una pública disculpa.

El Wizengamot era intransigente, las familias de mortífagos no podría volver a ostentar altos cargos en el Ministerio ni en la sociedad mágica.

Harry y Hermione habían pensado que devolverle su magia seria la parte más difícil pero molestos descubrieron que esta no había sido nada comparada con la posibilidad de reintegrarlos como ciudadanos de pleno derecho de nuevo.

Enfurecido insultó a todo los integrantes de aquella sala, incluido el Ministro. Aquello solo provocó que todos se obcecaran más en sus posiciones.

Abatidos y desanimados ambos volvieron al hogar de Ron y Hermione, no podía volver a su casa en ese estado y tampoco era aconsejable que permaneciera en el Ministerio si no quería acabar en Azkaban por usar más de una Imperdonable contra aquella sarta de hipócritas.

Ron los miraba preocupados cuando ambos se quitaban la palabra para narrarle los acontecimientos.

—Es completamente injusto, ellos no participaron en la guerra. Ellos nos mataron a nadie—decía Hermione.

—Odio la magia cuando puede retorcerse en nombre de la justicia, ¿en que los diferencia de los mortífagos? Amarrando sus apellidos a una magia tan poderosa que ni ellos son capaces de deshacer—bufaba Harry.

—Pues que cambien de apellido—dijo sencillamente Ron.

—No digas tonterías... —comenzó a decir Harry, per Hermione lo agarró del brazo.

Los ojos castaños de la morena estaban abierto de par en par, no emitía ninguna palabra y ambos hombres la miraban expectantes.

—Eso es…Eso es…—murmuró pasando su vista de uno a otro, ambos se miraron sin comprender mucho.

Hermione le estampó tal beso a su marido que Harry se sintió incómodo, y al parecer no tenían intención de parar cuando vio como su amigo agarraba a la morena, esta saltó a su regazo como una colegiala rodeándole la cintura con sus piernas, si no fuera por la urgencia y el enfado que aún sentía Harry hasta le hubiera parecido gracioso y hasta podría compararlo con los recibimientos de Draco.

—Ey, parad y contadme que es esa gran idea que has tenido—dijo bien alto para que ambos les miraran.

Los ojos azules de su amigo le miraban con rencor, bien, sí, le había quitado el manjar de los labios, pero debían tratar el tema si Hermione había encontrado una solución, así que no se acobardó en enfrentar su mirada.

Hermione lucía algo más avergonzada por el arrebato que acababan de tener.

—Harry, Ron es un genio—dijo abrazándose a su marido, la sonrisa de suficiencia del pelirrojo decía que en el fondo no sabía cual era el motivo de su genialidad pero que pensaba disfrutarlo con ella.

Hermione se separó un poco de él para poder seguir hablando correctamente.

—Ellos pueden cambiar sus apellidos, Narcisa es una Black y ese apellido no está ligado a la restricción del Ministerio pues todos estaban muertos antes de los juicios.

Harry no entendía del todo bien qué había en eso, él era el heredero de los Black y no había tenido que cambiar su apellido.

—¿Sugieres que adopte a Draco?—le dijo poco convencido Harry.

—No, solo que renuncies a tu herencia Black, él es el heredero por derecho.

No le importaba legar la herencia, lo que más le costaba era desligarse a aquello que le había unido a su padrino, el poco tiempo que pudieron compartir él lo sintió casi como un padre para él.

—¿Funcionará?—dijo Harry.

—Tenemos que intentarlo.

—Bueno, Harry no es que quiera echarte—dijo Ron rodeándola por atrás y mirando a Harry—.

Pero tengo que cuidar de mi mujer, lleva días muy estresada con todo este asunto.

Los ojos de Hermione brillaban de modo esclarecedor, no hacía falta ser un lince para notar la carga sexual que habían acumulado esos dos en pocos segundos.

Pero la posibilidad que acababan de abrir les ofrecía algo en lo que trabajar.

Se fue directo hacia la chimenea intentando no girarse a ver lo que esos dos estuvieran haciendo, el sonido de besos y un gemido quedo eran más que suficiente para saber que no quería contemplar aquella intimidad.

-x-

Hermione "perro de presa" Weasley-Granger, había removido medio Ministerio, el cambio era posible, Harry estaba sorprendido, la ya gran fortuna de los Black había estado creciendo todos esos años en los que ni Sirius ni él mismo la habían tocado. Se alegraba poder cedérsela a Draco, el dinero no era la solución a lo que habían tenido que vivir. Lo sabía de sobra, pero les ayudaría, el dinero siempre abría las puerta a todo. Y como heredero de la casa Black Draco podría establecerse donde quisiera.

Aquel pensamiento le rompía por dentro, él si fuera Draco se iría de Inglaterra, reharía su vida en otro país donde solo le conocerían como a un Black, lejos de todos, lejos de Harry.

Por otro lado estaba el hecho de que debía contarle la verdad, cómo Hermione le había estado buscando al darse cuenta de las irregularidades de su caso, él podría alegar que lo había retenido en su casa para protegerlo, esperando el momento para poder restablecerle lo que se merecía. Pero aquello no era toda la verdad, no en un primer momento, y aún si fuera así, él hubiera debido saber las intenciones de aquel trato. Harry odiaba cuando tomaban decisiones por él cuando había sido un niño, un niño sobre el que caía toda la responsabilidad de acabar con Voldemort y nadie contaba con él para explicarle los planes.

Draco no había dejado de ser aquella serpiente astuta de sus años de Hogwarts, sencillamente se había adaptado al papel que le había tocado en la postguerra, sabía que heriría su orgullo con aquellos planes que habían urdido sin él.

¿Sería suficiente aquello que parecía estar surgiendo entre ellos para que Draco no le odiara, para que quisiera seguir formando parte de su vida?

Harry no estaba seguro de ello.

Esa mañana recibió la lechuza de Hermione diciéndole que ya tenían todo, Harry notó como un sudor frío le recorría la espalda, las cartas debían ponerse sobre la mesa y cada uno descubriría lo que había debajo.

No tenía sentido esperar más, aquel paraíso que se había instalado en su casa con Draco abrazado a él por las noches en su cama y Narcisa volviendo poco a poco, iba a romperse, no quedaba más remedio.

Hermione apareció en la chimenea a la hora acordada, fueron primero a su despacho, y la chica le puso al día de cómo habían acabado por cerrar el asunto, ya solo quedaba contárselo al interesado.

Draco estaba con su madre en el jardín que este había creado para ella, el rubio detectó su presencia rápidamente, siempre lo hacía. Su mirada preocupada le correspondió con otra igual, mansamente le siguió a su despacho.

Los miraba a ambos, y es cierto que no podían tener actitudes más distintas, Hermione irradiaba felicidad, por fin había encontrado el modo de hacer justicia, y para Harry aquella justicia estaba a punto de llevarse lo que más quería.

—Draco, llevamos más de un año trabajando sobre tus derechos con el Ministerio—dijo Hermione con un tono emocionado, realmente Harry no llevaba un año con todo el asunto, pero era algo que no había compartido con Draco, podía notar sus ojos abiertos—.No ha sido un trabajo fácil pero finalmente hemos encontrado una solución.—La mano de la morena se apoyó en su hombro queriendo infundirle ánimo.—El Ministerio actuó sobre tu familia de un modo "ejemplizante".

—Pero hemos encontrado un resquicio dentro de la ley, con la ayuda del Ministro hemos podido proceder—continuó la morena, Draco la miraba y Harry se atrevió a mirarlo, por un momento aún era su Draco, ¿por cuánto tiempo?

Hermione le animó a continuar, no había marcha atrás.

—Hemos apelado a tu ascendencia Black por parte materna, actualmente yo ostento el título de heredero Black que me legó mi padrino Sirius Black antes de morir—le dijo contenido—.En función a eso, yo te lo otorgo a ti.

Fue cuestión de segundos, Draco se colocó aquella expresión carente de sentimiento que le hacía parecer tan lejano, frío, muy frío.

—¿Y qué debo hacer yo a cambio?—dijo con recelo.

Hacía meses que Draco no era así, sabía que aquello iba a ocurrir pero ver como surtía el cambio tan rápidamente lo estaba descontrolando.

—Es lo justo Draco, tú no nos debes nada—dijo ella antes de que Harry pudiera decir nada.

—¿Debo dejar de ser un Malfoy para que el Mundo Mágico me acepte?—preguntó finalmente, Harry le volvió a mirar, aquellos fríos ojos, y una parte de él reaccionó a aquel Draco Malfoy su tono era glaciar, tan cerca y tan lejos a la vez.

—Sí—contestó mirándolo con intensidad.

—Gracias—dijo desapasionadamente Draco—.Lo pensaré.

Después de las horas que habían estado trabajando en ello, Hermione se había dejado la vista y parte de su vida trabajando por él, ¿y éste decía que se lo pensaría como si no significara nada?

No era un maldito té, era su vida.

—¿No puedes estar hablando en serio?—dijo Harry totalmente fuera de sí.

—Absolutamente.

—Hermione, muchas gracias por tu ayuda. Déjanos solos, por favor.

Cuando Hermione se fue Harry se puso de pie, había esperado que Draco le reclamara no que despreciara lo que habían conseguido, que no aceptara aquella oportunidad que le daban. ¿Estaba ciego?

—¿Qué opciones tienes?—dijo Harry incrédulo.

—Eso es asunto mío, ¿no crees?—dijo levantándose Draco irritado.

—¿Tu opción es seguir prostituyéndote toda la vida?—le espetó molesto—.Hemos luchado contra cielo y marea por esto.

—Yo no te lo pedí—le dijo con toda la rabia que no había demostrado.—¿Más de un año?¿En serio?—le recordó a aquel Malfoy de hacía tantos años, un calco de su padre.

—¿Todo es por tu puñetero orgullo?—Harry cabeceaba disgustado.—Mira a donde os ha llevado ese estúpido orgullo.—¿No se daba cuenta de a lo que les había condenado aquel dichoso apellido, aquel estúpido que había sido su padre?

—Habrás podido comprar mis servicios, Potter—le espetó como el que escupe veneno—.Pero no has comprado lo que yo soy y lo que pienso.

—No, mejor sigue vendiendo tu cuerpo que ceder al favor que te estoy brindando.

—Yo no te lo pedí—le gritó colérico el rubio—.Tú y tu complejo de héroe.

Fue demasiado tarde cuando se dio cuenta de lo que había hecho, prometió jamás volver a herirle, y le había cruzado la cara con su propia mano. Lo miró completamente espantado ¿cómo había sido tan estúpido de ceder a su propio enfado?

—Escóndete detrás de tu fachada de héroe, engáñalos a todos, pero no creas que yo me lo creeré—dijo mirándolo con auténtico asco levantándose y saliendo de la habitación.

-x-

Esa noche no pudo pegar ojo, Draco se fue a la que fuera su habitación y él no encontraba el valor de ir a disculparse, en el fondo de su ser aunque sabía que aquello iba a ocurrir se dio cuenta de que no estaba para nada preparado a enfrentarlo.

Su cuerpo le instaba a ir a su habitación y suplicarle perdón pero su mente le decía que debía dejarle ir, si él no estaba a favor de perder su apellido quizás aquel fuera el empujón final que necesitara. Y por primera vez se vio a sí mismo como uno de los clientes que el rubio hubiera tenido. Su corazón se desangraba, pues se negaba a reducirse a eso, pero quizás Draco necesitara verlo como alguien así para darse cuenta que lo que le ofrecía era su única posibilidad de escapar de esa vida.

Quizás estuviera del todo equivocado, no tenía nada claro y el olor del rubio inundaba sus fosas nasales empapado en sus sábanas.

La noche fue larga y su mente seguía siendo el mismo caos cuando el alba despuntó.

Cuando Draco le hizo saber que quería volver a hablar con ellos, supo que la decisión estaba tomada y la frialdad de aquel ser que había sido completamente maleable entre sus manos le supo a derrota, a pesar de que aquello era lo que él había estado esperando desde el día anterior.

Una vez Hermione apareció le lanzó una mirada preocupada a Harry, pero no lo postergó más.

—¿Aceptas?—dijo ella.

—Sí—contestó serio Draco.

Hermione detalló todo lo que conllevaba ser un Black y las cuentas y posesiones que a partir de ese momento serían suyas.

—Harry pide tan solo una cosa—dijo Hermione, era incapaz de mirarle, pues sabía que su mirada estaría cargada de dolor, quería ahorrarle aquello a Draco—.Grimmauld Place.

Era la residencia principal en Londres de la casa Black.

—De acuerdo—fue la rápida respuesta de Draco, no parecía tener problemas en desprenderse del único hogar que había conocido Harry, por un lado lo miró con un claro agradecimiento, pero por otro todo el dolor que sentía parecía que se le desbordaba por los ojos.

La mirada plateada lucía tan fría como antes pero no se apartaba de él, ¿iba a decirle algo?

Pero Hermione interrumpió aquel duelo de miradas.

Después de firmar todos los documentos que ella les ponía por delante, el rubio se levantó y se fue. Un buenas tardes que nada tendría de buenas, al menos para Harry.

—¿Qué os está pasando, Harry?—le preguntó Hermione apoyando su mano sobre el hombro de Harry.

—Sencillamente lo que tenía que ocurrir—dijo separándose de ella—.Gracias por tu ayuda, de verdad.

No tuvieron que decirse nada más, Hermione sabía cuando Harry no daría nada más.

No soportaba ni un minuto más en aquella casa, así que se fue al Ministerio, trabajar le distraería, y en resumidas cuentas no tenía nada más que hacer.

Las palabras de la tarde anterior no dejaban de retumbar en su mente, "él sabía lo que era" . Aquel pozo negro que albergaba dentro de sí amenazó con engullirlo nuevamente y él no estaba preparado así que hizo lo único que sabía hacer. Embarcarse en una misión suicida.

Justo antes de irse decidió mandar un "patronus" a su elfo para que informara a los que esperaba aún habitaran en Grimmauld place.

Aquellos tres días que pasó alejado de Draco eran una sucesión de actos violentos, esperas eternas y falta de sueño pero cada uno de sus pensamientos iba hacia la persona que no conseguía sacar de su mente.

La sonrisa resplandeciente de Draco cuando reía; el olor cuando lo tomaba hasta hacerlo venirse, una y otra vez; el rubio sobre su sillón favorito leyendo completamente concentrado llenando de luz cualquier lugar donde estuviera; sus suaves labios, su nombre en sus labios las pocas veces que se dejaba llevar, aquel "Harry" que atesoraba como su mayor presente.

Y lo tuvo claro, le amaba y le daría el tiempo que necesitara, pero necesitaba que él supiera que para él lo era todo, su primer pensamiento al despertar y el último antes de entrar en la inconsciencia del sueño.

En el Ministerio cuando llegó a informar del éxito de su misión fue interceptado por Hermione, todo estaba resuelto. Esperaba tener unos días más para poder hablar con Draco pero tendría que ser rápido.

Al llegar a su hogar suspiró aliviado, los Malfoy, ahora Black aún seguían allí.

Debería curarse antes de hablar con él, pues en su cuerpo numerosas nuevas cicatrices se habían acumulado, pero sus prioridades eran otras.

Mandó llamar a Draco, cuando lo vio aparecer, tan bello como recordaba pero la frialdad de su gesto casi le derrumbó. Anhelaba tomar sus labios y estrecharlo fuerte contra su cuerpo.

—Ya está todo hecho—le dijo.

—No, todo no está hecho—le dijo Draco retándolo con la mirada.

Harry lo miraba sorprendido. Draco se levantó dirigiéndose hacia él que aún permanecía sentado.

—Espero que hayas disfrutado de mis servicios.—Sobre la mesa apareció una cantidad desorbitada de galeones.—Pero como Black no aceptó tu dinero.

—Draco, yo…—dijo Harry levantándose, y tomando a Draco del brazo.

—Tú ¿qué?—le ladró el rubio.

Se miraron por unos segundo, no pudo contenerse más, la palabras no conseguían salir de sus labios y fueron sus labios los que tomaron el control devorando aquellos por los que había estado suplicando todos aquellos días. Los movía demandantes pero a la vez entregándose, notó como Draco se hacía atrás apartándose de él.

—¿Quieres tu último servicio?—preguntó con voz de hielo.

—No fue eso…—dijo dolido Harry.

—Para mí, solo fue eso—la determinación de sus palabras se hundieron en su pecho, cavando la propia tumba de su corazón.

-x-

Hacía seis meses y nadie había sabido nada de los Black, Harry estaba convencido de que habían abandonado el país y que las posibilidades de volver a verle eran nulas. Y una parte de sí mismo comprendía que verle no curaría su destrozado corazón y sus sentimientos por el rubio.

Hermione le había dicho que el tiempo curaba las heridas, pero él era especialista en heridas que le había llevado a puntos de dolor y vacío muy elevados, ¿cómo no iba a ser esto igual?

Pero nada le había preparado para aquel día, la imagen inconfundible de Draco Black hacía acto de presencia en la oficina de aurores, la cicatriz de su corazón ardió como en su día lo hiciera la de su frente al contacto con Voldemort. Era él y a la vez una nueva versión del hombre al que había conocido.

Todo en él había asumido la distinción que anteriormente ostentaba, el espacio giraba entorno a él, o al menos eso sintió Harry.

Sus miradas hicieron contacto y no podría jurarlo, pero deseaba que aquellos orbes plateados hubieran relampagueado como él pensó que hicieron.

Cuando se movió hacia él fue que vio que no venía solo, a su lado apareció Hermione y casi oculto por el cuerpo del rubio un niño de no más de 8 años de pelo negro y piel cetrina. Sus ojos negros no despegaron del suelo salvo por la voz de Draco cuando lo llamó y tiró de la mano de la que lo sujetaba de un modo gentil.

Iban camino del despacho de Robards pero toda la oficina de aurores estaba sumida en el más profundo silencio. Harry los siguió pero no hizo falta estar dentro del despacho para escuchar la clara voz de Draco.

—Vengo a solicitar la autorización de Nathan Nott para proceder a su adopción.

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