Capítulo 11
Dos semanas más habían pasado desde la llamada que le había hecho su mejor amiga y Blaine se sentía más solo que nunca. Había estado intentando ignorar el sentimiento pero a estas alturas el que sus nuevos amigos tuvieran todo planeado para el puente largo y él no tuviera con quien estar en esas fechas comenzaba a deprimirlo. Aunque bueno, quizá no era depresión y sólo era el efecto secundario que había tenido la estúpida promesa que había hecho con Tina anteriormente. Quizá si dejaba de pensar en ello podría volver a ser el de siempre y dejar de centrar su atención selectiva en parejas sentadas en el parque, parejas caminando de la mano en las aceras, parejas besándose en los pasillos de la universidad; eran demasiadas parejas para su gusto.
Pero eso no era lo único en lo que había centrado la atención el ojimiel, claro que no. De un tiempo para acá prestaba más atención a cierta rubia que comenzaba a participar un poco más en clase. Gracias a eso Blaine se había dado cuenta que la chica sabía de todo lo que se había hablado desde el inicio del curso, sólo que era algo tímida y siendo honesto consigo mismo, le parecía adorable. Especialmente cuando lograba hacer que la chica se sonrojara un poco ante los comentarios de su profesor, comentarios que claramente Blaine no hacía con ese fin. Pero vamos, si existiese un premio a la persona más adorable de la universidad, la señorita Pierce se llevaría el primer lugar sin duda.
Sobra decir que el profesor Anderson ya se había dado cuenta de esos pensamientos que rondaban su cabeza mientras impartía sus clases, claro que no les había prestado demasiada atención porque por muchas razones sabía que el pensar en la jovencita era un error. ¿Qué rayos le estaba pasando? ¿En más de 40 años no se había comportado como un adolescente y ahora babeaba por una chica que podría ser su hija? No, claro que no. Blaine sabía que el peor error que podría cometer era fijarse en una de sus estudiantes, por la diferencia de edad, porque lo verían como un pervertido y porque ella jamás se fijaría en él.
¡¿Cómo es que siquiera estaba pensando en eso sabiendo que era un error?! El ojimiel no lo sabía, de verdad que no sabía cómo es que eso le estaba pasando justo ahora, justo cuando acababa de encontrar un trabajo que no le exigía ir de un lado a otro, un trabajo al que le estaba agarrando el gusto y el mismo que le estaba enseñando cosas que no hubiera pensado aprender antes de aceptar ser maestro. ¿Acaso le estaría llegando la crisis de los cuarentas? Sí, eso tenía que ser. Quizá sólo era algo temporal que superaría con el tiempo o quizá no. Pero mientras lo averiguaba no pudo evitar obedecer aquel impulso que llevó a sus pies a dirigirse hacia el césped en cuanto sus ojos se cruzaron con aquella figura que bien conocían ya.
– ¿Por qué tan sola? – Se escuchó decir en cuanto sus pies se detuvieron y una parte de él se preguntó de dónde habían salido esas palabras.
– No creo que te importe. – Fue la respuesta de la joven que estaba frente a él.
– Lo siento, no quería molestarte. Yo… – Se disculpó sintiendo que se coloreaban sus mejillas como cuando Tina lo hacía pasar algún ridículo, pero pronto todo se le olvidó al notar la mirada sorprendida que le dirigía la ojiazul.
– ¡Profesor! ¡Lo siento! Creí que era uno de esos chicos que… – Comenzó a decir apenada al darse cuenta de su presencia y él la interrumpió al entender a lo que se refería.
– ¡Oh! No, yo sólo pensaba pasar a saludarte.
– Uhm, hola… – Dijo sintiéndose torpe de repente.
– Hola, ¿no tienes clase a esta hora? – Preguntó el profesor.
– No, estoy libre y Marley se fue a buscar su tarea así que me quedé aquí. – Explicó la rubia mientras su acompañante miraba a su alrededor y se sentaba a su lado.
– Nunca había visto un alumno por aquí, pensé que estaba prohibido estar en estas áreas verdes… – Comentó el mayor.
– No, pero creo que son más populares las de las canchas.
– Eso veo… – Dijo Blaine en voz alta y fue lo último que se escuchó por un rato antes de que la joven retomara la conversación.
– ¿Y usted no tiene clase? – Preguntó la joven.
– Empiezo en media hora, creo que llegué más temprano de lo que creí.
– ¿Viene de lejos? – Siguió la ojiazul sin ningún interés en especial.
– En realidad no, mi departamento está a tres calles. – Respondió él naturalmente.
– Genial.
– ¿Y tú? ¿Vives con tus padres? – Quiso saber el moreno mientras miraba hacia otro lado.
– No, ellos están en Lima y yo me estoy quedando aquí en la universidad con Marley. – Contestó la menor.
– Son grandes amigas, ¿verdad? – Dijo Blaine al recordar que en todas sus clases nunca las había visto separadas.
– Sí, ella siempre ha estado conmigo y es mi mejor amiga. – Le confirmó Brittany.
– Yo sé lo que es eso, también tengo mejores amigos.
– ¡Oh! ¿Ya vio la luna? – Dijo la rubia en voz alta y ambos dirigieron su mirada hacia el cielo.
– Vaya, se ve increíble de día. – Comentó el profesor antes de escuchar un suspiro por parte de su acompañante.
– Se ve increíble a todas horas…
– Te gusta contemplar el cielo por lo que veo. – Tuvo que decir Blaine ante la escena.
– Sí, algunos piensan que es tonto pero… – Respondió Britt algo apenada pero el mayor no la dejó terminar.
– ¡Oh, no! No te avergüences, es realmente hermoso. – La tranquilizó el ojimiel y ambos miraron hacia el horizonte para evitar cruzarse con la mirada del otro.
– Wow, parece que tienen algo en común. Brittany se pasa el día y la noche hablando de lo hermoso que es el cielo. – Los interrumpió una voz haciendo que ambos dieran un pequeño salto en su lugar.
– ¡Oh! Hola Marley, ¿cómo te va? – La saludó el profesor.
– Bien, gracias.
– No le haga mucho caso, yo… – Comenzó a decir la ojiazul pero su amiga no la dejó terminar.
– Ella vive enamorada de…
– Marley es suficiente, no queremos que el profesor se aburra. – Dijo la señorita Pierce haciendo callar a la castaña y el profesor intentó reprimir la carcajada que luchaba por salir de su boca.
– No me aburres Britt, aunque no lo creas. – Comentó con una sonrisa y al caer en la cuenta de sus palabras miró hacia otro lado.
– ¿Y qué hace por aquí tan temprano profe? – Preguntó la ojimarrón después de mirar a su mejor amiga para ver su reacción ante aquel comentario.
– Le decía a tu amiga que se me hizo temprano y como la vi aquí leyendo, quise pasar a saludar.
– Qué bueno que lo hizo, yo no entiendo el afán de Britt por estar sola. – Dijo la señorita Rose.
– A veces vale la pena estar solo, créeme. – Le hizo saber el mayor.
– Pero sólo a veces, ella generalmente se rehúsa a hacer contacto con otros seres humanos y a veces me preocupa. – Se quejó la joven.
– ¡Marley! – La reprendió la rubia y ella la miró inocentemente.
– ¿Qué? ¿Estoy diciendo alguna mentira?
– Dios, no sé qué va a pensar el profesor de mí. – Dijo Britt cubriéndose la cara.
– Uhm… Quizá que tienes tus razones para hacer lo que haces y que no pienso juzgarte, puedes estar tranquila. – Le informó el maestro buscando su mirada para tranquilizarla.
– Gracias… – Contestó la ojiazul.
– Además, Marley me recuerda mucho a una amiga mía que tiende a hacerme pasar momentos como éste.
– ¿Amiga o algo más? – Preguntó suspicazmente la castaña y el profesor se echó a reír.
– Bueno, algo más. Ella es mi mejor amiga y les aseguro que su esposo y yo nos llevamos muy bien. – Dijo divertido al ver el interés disimulado de sus alumnas.
– ¡Vaya! Pensé que se refería a su… – Comenzó a decir la ojimarrón pero su mejor amiga no la dejó terminar su frase.
– ¡Marley!
– ¿Ahora qué dije? – Se quejó la señorita Rose.
– Creo que ya es hora de irnos, te dije que quería pasar a la biblioteca antes de clase. – Le recordó Brittany esperando que pudiera seguirle el juego.
– ¿A la biblioteca? – Repitió ella confundida.
– Sí, recuerda que tenemos tarea y…
– Está bien, yo las dejo chicas para que hagan lo que tienen que hacer. – Tuvo que decir el mayor ante aquel intento fallido de su alumna por salir de ahí.
– Gracias profe, nos vemos al rato. – Le agradeció Britt y él se levantó.
– Sí, suerte con la tarea chicas. – Dijo antes de retirarse y ambas lo miraron alejarse.
– ¿Qué fue eso? – Quiso saber la ojiazul en cuanto el hombre desapareció de su campo visual.
– ¿De qué hablas?
– ¡De lo que estabas a punto de decir! – Casi gritó la rubia y Marley la miró confundida.
– ¿Lo de su pareja? – Preguntó inocentemente.
– ¡Si! No deberías mencionar ese tema… – La reprendió su amiga.
– ¿Por qué? Si dice que está soltero, quizá puedas luchar por su amor.
– ¡Marley! – Gritó la ojiazul sonrojada.
– ¿Qué?
– Estás loca, ese hombre podría ser mi padre. – Dijo sin pensar la señorita Pierce.
– Pero no lo es y a ti te gusta ese hombre. – Le recordó su mejor amiga y se le formó un hueco en el estómago.
– ¡Eres insoportable! – Se quejó Britt ante aquellas palabras y sin más se levantó para alejarse rápidamente.
Marley no pudo alcanzar a su amiga porque sabía que ella era rápida y porque quería darle un poco de tiempo. Además, sólo estaría una hora lejos de ella porque su primera clase iniciaría pronto y sabía que su amiga jamás llegaría tarde; por eso fue que decidió quedarse ahí un rato esperando a que el tiempo pasara para poder irse a su salón. ¿Qué pasaba con su mejor amiga cada vez que estaba con el profesor Anderson? Pero más importante aún, ¿por qué el mayor le había dedicado miradas tan cálidas a su mejor amiga? Marley no sabía si se había imaginado cosas mientras estaba ahí, pero bien podría jurar que el profesor se había portado excesivamente comprensible con su amiga.
Imaginación o no, la señorita Rose no pudo evitar prestar más atención a las miradas que se dirigían su mejor amiga y el profesor más tarde a la hora de clase, pero había algo extraño en Brittany ese día en particular. Marley la conocía de pies a cabeza y jamás en su vida la había notado tan distraída en una clase, parecía que estaba concentrada pero al preguntarle acerca de lo que decía el maestro sólo había negado con la cabeza y al ver su cuaderno no había encontrado nota alguna. Para fortuna de ambas, la clase concluyó rápidamente porque el director convocó a una junta docente de último minuto y la castaña se propuso averiguar qué pasaba con su mejor amiga.
– ¿En qué piensas? – Le preguntó Marley en cuanto salieron todos del salón.
– Tenías razón.
– ¿En qué? – Quiso saber un tanto curiosa.
– Me gusta el profesor Anderson. – Dijo después de un suspiro y su amiga dio un brinco a su lado.
– ¡Lo sabía! ¿Ves? Te dije que no era tan difícil aceptarlo. – Gritó emocionada.
– ¿Y qué con que lo acepte? – Preguntó la rubia un tanto nostálgica.
– Vas a hacer algo para… – Comenzó a decir la castaña pero no pudo terminar.
– Ni lo digas. Sé que me gusta, pero sólo es un crush y seguramente se me pasará con el tiempo. – Dijo firmemente Brittany.
– O quizá no…
– ¡Marley! – La reprendió al escuchar sus palabras.
– Yo sólo digo, pero cálmate. No tiene nada de malo que te guste alguien… – Le aseguró su mejor amiga.
– ¿Ni porque me dobla la edad? – Preguntó ella preocupada.
– En el amor no se sabe de edades. – Respondió la ojimarrón.
– ¿Desde cuándo piensas eso? – La cuestionó Britt.
– Desde hoy.
– Te adoro. – Dijo lanzándose en sus brazos y ambas no pudieron evitar reír.
– Lo sé cariño, lo sé. – Fue lo último que dijo la señorita Rose antes de llevar a su mejor amiga a la cafetería para invitarle un café. Ninguna de las dos sabía si lo que pensaban podía ser posible y Britt ni siquiera quería imaginárselo, pero tal vez aquella insignificante confesión podría marcar la diferencia para lo que en un futuro podría ser una perfecta relación.
¡Hola! ¡Estoy de regreso! Bueno, en proceso... jaja Espero que pronto tengan más noticias de mí. ¡Les mando un abrazo! ;)
