Los personajes de Naruto no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto Sama!,
Los garabatos y escritura, bien o mal redactada que puedan surgir de mi cabeza en estas líneas, son mías.
- Hablan- ... "piensan"
El príncipe Equivocado
Capitulo XI: Misión fallida.
"Pero ella no seguirá esperando por ti, has tardado demasiado en ordenarlo... A veces la cosa más difícil y la correcta son la misma" - All At Once – The Fray.
.
.
.
Se removió el cabello una vez mas, por algún motivo desconocido se sentía nervioso, y eso no le gustaba. A él, no le gustaban demasiadas cosas en la vida, quizá no había mucho agradable para él, y esas pocas cosas no eran meramente necesarias pronunciarlas.
Él siempre había tenido su objetivos bien firmes, era muy directo sobre sus movimientos y lo siguiente que debía hacer, actuaba con exactitud y sin embargo, la exactitud no le servía para nada.
Porque alguien parecía empeñarse en martirizarlo, en revolverle el estómago, en ponerlo nervioso y en ponerle la piel helada cada vez más. Hinata Hyuuga era la culpable de que su mundo estuviera tan desordenado, de que pensara nimiedades que solo quitan el tiempo.
Y es que era ella, por donde sea que la viera, no podía sacarla de su cabeza. Sabía de antemano que había dicho cosas estúpidas, como que se iría de la aldea. Cosa que había razonado, y aunque se había quedado helado y sin habla por las palabras de Naruto, tenía que aceptar que tenia razón. No podía tirar lo poco que había construido por la borda, él era fuerte, era capaz de luchar contra todo.
Y por otro lado estaba justamente ella, Hinata le había visto la cara, y él, había hecho lo justo, se había deshecho de ella en un abrir y cerrar de ojos, y sin embargo, por algún motivo se sentía un completo imbécil por ello.
Habían pasado mas de quince días, y ella seguía volteando la cara hacia otro lado cada que se lo encontraba, o también, parecía que lo estaba evitando, ya que si la veía en algún lugar, la chica desaparecía de su vista en cuestión de segundos.
Y eso, lo tenia abrumado. Se sentía muy contrariado y molesto consigo mismo, porque, ella lo evitaba, ella no le respondía si él le llamaba... Y simplemente desaparecía. Y él, se molestaba por eso, y se enojaba consigo mismo por tener la necesidad de verla, de tenerla cerca y de hablarle. Le parecía estúpido contradecirse, pero lo hacía, era penoso sentir la necesidad de abrazarla y besarla, era muy penoso porque él había pasado de esos lujos. Todo por su estúpido engaño.
Sin embargo, había decidido que de cualquier manera, tenía que hablar con ella, y aunque no tenia mucha idea de sobre que era lo que debía decirle, supuso que la hora de la verdad las cosas saldrían por si solas. Aunque también estaba el hecho de que cuando actuaba desprevenidamente terminaba diciendo estupideces, y no se le ocurría si para ese entonces terminaría de sentenciar a la Hyuuga o si le suplicaría cariño.
Ahora bien, "suplicar" no estaba dentro de su vocabulario, no estaba entre su lista de acciones por hacer. Ni siquiera podía imaginar lo ridículo que pudiera verse si se viera a si mismo, un Uchiha, implorando lo que sea que la chica le diera.
No, tenia que mantenerse cuerdo, pensar con la cabeza fría y hablar con ella cuando fuese necesario.
Se acomodó la chaqueta verdosa y la abotonó mientras se observaba frente al espejo, posteriormente revolvió sus cabellos un poco y volvió a echar un vistazo, el sabia que no era un narcisista, sabia que tenía un fuerte atractivo que podía volver locas a las chicas, que tenía un encanto irregular que podía convencer a cualquiera, y bueno, eso no significaba que fuese un narcisista.
Esa era otra opción, podía elegir, a quien fuera, no importaba quien, tenía varias admiradoras locas que aun lo seguían por ahí, manteniéndose a distancia, y él podía darse el lujo de escoger a alguna, salir y tener mucha, mucha diversión.
Pero, no le daba la gana, porque la única que de momento le llamaba la atención salía con Kiba Inuzuka, el mediocre domador de perros y le había visto la cara, y ese no era el colmo. El colmo era tener que lidiar con ello.
Salió disparado por la puerta del cuarto y bajó las escaleras rápidamente. Salió de la casa y se dispuso a dejar todo bien cerrado. A pesar de toda la porquería que arrastraba consigo en esos momentos, era un buen día. Tenía que serlo, en definitiva. Al fin dejaría las misiones Rango D. Al fin le habían encomendado una misión fuera de cosas absurdas como las que había estado haciendo, era emocionante hasta cierto punto, pero tampoco iba a demostrarlo, tenia que mantenerse sereno, actuar con seriedad y sobre todo con prudencia.
Y es que no le sería para nada fácil, pero sabia que tarde o temprano tenia que enfrentarlo.
Se detuvo una vez que sus pies lo llevaron a su objetivo. El campo de entrenamiento. Quizá había llegado demasiado temprano, o los demás no eran para nada puntuales. La puntualidad era un punto fuerte muy valorado por el Uchiha.
Observó a su alrededor, y pudo notar la vegetación que luchaba ferviente contra las oleadas de aire frío que diariamente se dejaban venir sobre la aldea. Pronto daría inicio el tiempo de las fiestas de fin de año, y todos los habitantes estaban esperando con ansias la primera nevada. Se le hacia un poco extraño que les hubieran citado en aquel lugar, la oficina de la Hokage era un lugar mucho mas apropiado para una reunión y para un informe de misión.
Quizá el era muy anticuado, o quizá, las cosas habían cambiado bastante con eso de las misiones.
De pronto, todo lo que estaba pensando se borró de su cabeza, que se quedó completamente en blanco, entre los arboles podía observar una silueta que se dirigía al mismo lugar donde el estaba, sabía que ocurriría, pero no esperaba que sucediera tan pronto.
.
.
.
No sabía si debía darse prisa o si debía caminar lento, no deseaba llegar realmente a aquel lugar sin Kiba o Shino. Y no había considerado la idea de quedar de verse con alguno de ellos antes de reunirse con los demás por completo.
Sus pies no llevaban prisa pero aun así, seguían arrastrándola por la gruesa vereda que se abría paso entre los arboles, soplaba un viento frío que mecía las copas casi desnudas de los arboles. Seguramente, pronto comenzaría la temporada de nieve.
Se detuvo una vez que sus ojos blancos recorrieron el amplio lugar; los mismos habían observado una silueta muy conocida para ella, y justo en esos momentos era cuando deseaba que se la tragara la tierra, quizá había una remota posibilidad de que la tierra se abriera y ella pudiera lanzarse a ese pozo, porque desaparecer parecía mas conveniente que seguir avanzando, que llegar al lugar donde aquel hombre se encontraba.
Suspiró desde sus recónditos y sintió una sensación extraña que recorría su piel, y su estómago se revolvió. Sabía que tarde o temprano tendría que toparse con él, pero quince días no habían sido suficientes para arrancar la semilla de aquel sentimiento que se había instalado en su corazón. Por lo que, ver a Sasuke Uchiha parado en aquel lugar, esperando, la ponía nerviosa, no le gustaba sentirse nerviosa. No sabía de quien había sido la grandiosa idea de que Sasuke se incorporara al Equipo Ocho para las próximas misiones, pero no se lo agradecía para nada, porque no sabía que haría ahora él, y eso le carcomía el alma, no deseaba verlo a los ojos, porque le dolería, pero tenía que ser profesional, tenía que morderse la lengua y seguir adelante.
Intentó bloquear sus pensamientos, tenía que tener la cabeza fría, evitar cualquier contacto físico con él, y no mirarlo directamente, quizá hablar con él tampoco estaba permitido, debía ser estricta con sus decisiones porque realmente quería sacarlo de su cabeza. Y dolía, dolía hasta el alma tener que verlo y que sus palabras le calaran hasta el fondo, repitiéndose constantemente sobre su cabeza.
Arrastró los pies como pudo hasta el lugar donde él se encontraba sin mirarlo directamente, sintiendo una punzada en su corazón que se repetía constante, ¿Qué le había hecho ella a Sasuke para que él disfrutara de verla así? ¿Qué derecho tenía él de jugar con ella? Era un idiota, un completo Idiota al que realmente quería odiar en aquellos momentos.
Sasuke la observó llegar y su piel se puso helada, era como si las fracciones de segundo pasaran lentamente, porque la podía ver llegar en cámara lenta, respiró profundamente, tenia que ser valiente. Tenía que poner empeño en todo, aunque verla avanzar de aquella manera tan fúnebre le dejaba una sensación extraña, por momentos su cabeza lo martirizaba con la idea de que le había hecho daño, un daño que ella no merecía. Pero ¡maldita sea! Ella le había visto la cara, y entonces, ¿Porque aquellos ojos perla no se atrevían a mirarlo directamente a los ojos?... El Uchiha sintió un hueco en el estómago.
El silencio prevaleció, Hinata deseaba que sus compañeros no se atrasaran, no tenía muchas ganas de seguir a solas con el moreno, esperando por lo demás. Llevó ambas manos al frente y las unió con nerviosismo. Podía sentir la mirada fija de Sasuke sobre ella, y ella no tenia ánimos para corresponderla.
- Hyuuga...- dijo Sasuke en voz baja, en automático y la chica se removió en su lugar, dando un brinco pequeño al escuchar su nombre.
.
.
.
Tocó la puerta nuevamente, casi con exigencia. Y es que tenía rato ahí parado, esperando a que su amiga saliera para ir juntos a lo debido. Realmente era extraño que la Hyuuga lo dejara ahí varado sin aparecer, quizá se había quedado dormida, era muy probable que algo si hubiese ocurrido aunque, si lo pensaba mejor, las probabilidades disminuían.
De cualquier modo, había algo raro sucediendo con la peliazul, que parecía en otro mundo de vez en vez. Y que bajaba la mirada más frecuentemente que antes. Incluso había jurado que una vez había estado sollozando, sin embargo, se había excusado con la peor excusa de todas.
Quizá no era de su incumbencia... Pero, ¿de cuando acá lo que tuviese que ver con ella no era de importancia para él?. Ella era su amiga, y no le agradaba para nada tener que verla en aquel deplorable estado de melancolía. Por lo que estaba dispuesto a apoyarle y a hablar con ella, sincerarse de ser posible y esperar lo mismo de su parte.
La puerta se abrió al fin y un miembro de la llamada servidumbre lo condujo a la famosa sala de estar, en la que tanto detestaba esperarla pero a final de cuentas tenia que hacerlo.
Suspiró y se sentó sobre el acolchonado sillón. La última quincena había sido un desastre, y esperaba que ésta tuviera mejor racha. Ni siquiera había podido volver a ver a Hanabi y eso lo tenía inquieto, porque a pesar de lo que pensaba y de lo que podía sentir por la chica, no valía nada si ella no sentía lo mismo. Y francamente con su actitud y con su forma de ser, no tenía muchas opciones, o iba enserio o de plano se había volado la barda para burlarse de él.
Dependiendo del día, era la opción que lo movía. Esperaba y deseaba que la menor de las Hyuuga le correspondiera y sin embargo, a pesar de toda la confianza en su persona y en sus acciones, Hanabi lo hacia sentir pequeño, y eso lo ponía a pensar cosas extrañas. Después de todo, ¿Qué podía ver una Hyuuga en él?. Quería darse de golpes contra la mesita de estar pero tampoco lo considero conveniente, ya que Hiashi Hyuuga había regresado de sus viajes al extranjero y eso lo ponía con los pelos de punta. No hallaba si comerse las unas o salir huyendo.
Y entonces la vió, y su corazón dio un brinco, sintió que sus músculos habían estado adormecidos y que ahora la sangre le circulaba a mil por hora, nutriendo su interior con esmero, tenía ganas de agarrarse el pecho, por si el corazón le traicionaba y quería salir corriendo. Pero solo trago saliva y empuñó las manos, estaba listo para verla, tenia tiempo deseándolo.
Ella se balanceó con cierta delicadeza y con unos movimientos sin igual hacia donde él se encontraba, sabía lo que hacia y se sonrió internamente por sus acciones, había querido verlo pero las excusas no habían sido demasiado buenas, y ahora lo tenia enfrente, tal y como lo deseaba.
Suspiró y se detuvo con gracia frente al chico, que seguía sentado sobre el sillón, le observo detenidamente y sonrió con estilo. Aquella peculiar sonrisa retorcida y maleante de la castaña.
- Kiba-san...- exclamó con cierta gracia ante el apelativo.
- Hanabi-chan...- mencionó el Inuzuka, mientras observaba medio sonrojado la imponente silueta de la chica, cuya presencia inundaba el salón.
Estaba nervioso, maldita sea. Eso no era normal, y no podría serlo nunca, se le ponía la piel de gallina solo de verla caminar hacia él, y si le sonreía, era otra cosa, otro mundo.
- Que seco es Kiba-san...- exclamó con un ademan exagerado, negando con la cabeza - debería ser mas cortés...- prosiguió, mientras se inclinaba hacia el frente, aproximándose hacia él con sigilo, con tranquilidad natural en su movimiento.
Kiba tragó saliva por enésima vez en el rato, y trató de controlarse. Ella se sonrió como una chiquilla que sabe lo que quiere, porque a final de cuentas, no era tan niña y sabía lo que estaba haciendo.
Hanabi se inclinó aun mas, dejando que su albo rostro se aproximara lo mas posible al del castaño y suspiró, lo miró directamente a los ojos, era el momento. Se abalanzó sobre él y dejó que sus tiernos labios se estamparan con los suyos, se había atrevido y ahora era el turno de él para hacer el trabajo.
Kiba la besó acompasadamente, sin prisas, cerro los ojos a pesar de querer verla tan cerca de él y llevó inconscientemente sus manos a la altura del cuello de ella, quería traerla hacia él, quería sentirla cerca. Deseaba tener contacto con ella hasta que le ardiera la suya propia. Deseaba pegarse hacia ella y abrazarla tan fuerte... Deseaba muchas cosas, pero por sobre todas, la deseaba a ella.
Hanabi por su parte se adhirió a sus labios y paso sus manos por sus fuertes hombros, dejando que sus piernas tocaran la superficie del sillón, estaba a punto de tomar plano sobre ella, necesitaba acomodarse y pensó que esa era la mejor manera.
Y hubiese sido una perfecta posición, el dejarse caer sobre las piernas de él, si no hubiese sido mucha indiscreción el estar en plena sala de estar de su casa. Y aunque le importaba poco lo que dijeran, su corazón palpitaba tan rápido, su mente no trabajaba bien, no podía pensar en nada mas que en él.
- Hanabi Hyuuga...- se escuchó de repente, la tranquila pero imperativa voz tan conocida por todos en aquella casa.
La chica dio un brinco y su corazón se detuvo por una fracción de segundo, sabía que aquello no podía significar algo bueno... Kiba saltó fuera del sillón y se puso de pie, completamente colorado mirando el piso, queriendo que se lo tragara la tierra. Aquella había sido la mayor estupidez que había hecho en toda su vida.
Y ella sentía lo mismo... Se había dejado llevar por el momento a tal punto de olvidar por completo que su padre podía llegar en cualquier momento.
"Estúpida, estúpida" pensó en su interior bajando la mirada, Kiba le observó de reojo. Realmente estaba incluso más colorada de lo que alguna vez llego ver a su hermana.
- ¿Qué se supone que haces? - exclamó el líder del Clan, cuyas facciones intachables se mantenían de la misma forma, y aún así podía observarse la ira en el reflejo de sus ojos plateados.
- Padre...- exclamó la menor de las Hyuuga con cierto temor, había metido el pie hasta el fondo y su padre la había cachado en el acto.
Neji estaba pasmado al lado de Hiashi, estaba en una especie de Shock, a pesar de la ultima conversación que había tenido con Hanabi, jamás se imaginó que llegaría a presenciar un acto semejante de su parte.
- Ve al estudio y espera ahí...- prosiguió con severidad en sus palabras, sin que sus ojos dejaran de observar al Inuzuka, que permanecía parado como un tronco en peligro de ser derrumbado.
Hanabi sabía que no tenia muchas opciones, y contradecir a su padre o intentar hacerlo no era lo mas apropiado en estos momentos, por lo que decidió obedecer sus palabras al pie de la letra, con el corazón apretujado se dio la media vuelta y salió de la estancia como pudo.
- Neji... Síguela - mencionó autoritario el mandatario de los Hyuuga y Neji se movió en automático, con el ceño fruncido.
Kiba se quedó helado y se juraba sentir que había cambiado de color, seguramente en aquel momento nadie podía certificar que era de piel morena. A estas alturas del partido ya no sabia ni de que color se había puesto, la había regado, con todas sus letras, había sido un completo imbécil por haberse dejado llevar por sus sentimientos y pensamientos insanos por la hermana de su amiga, en su propia casa, en la maldita sala. Tenia que pagar el precio, debía ser hombre y aceptar su responsabilidad.
- Y tú...- dijo en seco Hiashi, arrastrando las palabras con arrogancia - te abrí las puertas de mi casa, porque eras amigo de mi Hija mayor, no para que sedujeras a mi otra hija... - se pausó, respirando profundamente, como si intentara controlarse - Es así.. Como agradeces el gesto...-
- Señor Hyuuga...- intentó explicarse Kiba, sin saber como defenderse, una lápida de cemento le cayo sobre la espalda con un grabado singular en ella "Culpa" maldita culpa que comenzaba a carcomerlo.
- Te irás de mi casa...- prosiguió Hiashi sin escucharle - Y no volverás a ver a mi Hija... Vete.- sentenció sin dejar de mirarlo, como si con cada mirada acechadora pudiera asesinarle. Quizá esa era la intención inicial.
Kiba salió de la casa de los Hyuuga, sin poder decir ni pío. Había sido escoltado hacia la puerta de la casa mientras escuchaba como el Sr. Hiashi le ordenaba a sus súbditos que le impidieran el paso nuevamente.
Había cometido la peor estupidez, se había fallado a si mismo y le había faltado el respeto a los miembros de esa familia, el clan de su mejor amiga y de la chica que mas quería. Estaba metido en un lío grueso y lo peor era que la angustia crecía y crecía al no saber como le iría a su pequeña castaña.
.
.
.
Su corazón retumbo en su interior, era como si tan solo escuchar su nombre en boca de él, en aquella voz tan varonil le ponía los nervios de punta, y no podía darse el lujo de estar nerviosa. Tenía que tener los pies firmes sobre la tierra, tenía que dejar que todo pasara.
Por primera vez en su vida, y a pesar de lo acontecido con el rubio, quería adormecer su corazón, deseaba infinitamente dejar de sentir, quería con el alma que dejara de doler.
Y bueno, quizá a cualquiera le parecería exagerado, pero al menos Temari le comprendía, le había escrito sobre su pesar y su sentir y la rubia había respondido con aliento. Era la primera vez que Hinata besaba a alguien, la primera vez que hacia las cosas sin pensar y la primera vez que actuaba sin cordura, había perdido la cabeza cada vez que el moreno la tocaba. Y esas sensaciones desconocidas para ella, se adhirieron a su corazón, y la hicieron abrirlo para él, muy a su pesar, aunque ella jamás hubiese tenido planeado que Sasuke le gustara, que le quisiera y mucho menos que se enamorara de él. Pero el corazón siempre juega chueco con la gente.
Debía de haberlo sabido, tenia que haberse dado cuenta, que estaba jugando con ella, que todo había sido una maldita artimaña para hacerla caer, y burlarse de ella. Sasuke era tan cruel, y lo fue en aquel entonces, incansablemente. No había manera de que aquellas tajantes palabras no fragmentaran su corazón dolido. No había manera de que dejara de doler.
Tragó saliva y siguió observando el piso, más seco que verde por la temporada. Deseaba irse a casa, tumbarse en su cama y dormir, dormir hasta que supiera que todo estaría bien.
Pero ella era valiente, y tenia que afrontar la realidad.
- Hyuuga...- escuchó de nuevo, y levantó el rostro, giró su humanidad.
Iba a encararle, iba a sostenerle la mirada, sin importar cuanto doliera por dentro.
- Uchiha-san...- exclamó como pudo, sin tartamudear, respiró profundamente para mantenerse serena.
- Jhm...- bufó el Uchiha, se sentía idiota.
Le había hablado sin tener algo que decirle en particular, simplemente quería ver si iba a responderle, si estaba dispuesta a hacerle frente, eso o por las puras ganas de querer hablarle, de querer escuchar su voz. Y francamente no sabía qué era peor.
Desvió la vista sin disimulo, con arrogancia para realzar su superioridad, su presencia, él iba a imponerse y tenia que hacerle notar que su estúpido engaño no lo tenia mal, ni por un momento le había afectado.
- Esto es un asco...- exclamó arrastrando las palabras, con voz perfectamente audible.
- Lo es... - le siguió ella, mientras su mirada volvía hacia el horizonte conformado por la senda entre los arboles que llevaban al centro de Konohagakure.
Y ahí estaba otra vez ese maldito silencio incómodo. Quería hacerse chiquita y correr, quería que todo aquello terminara rápido. Pero ni Shino ni Kiba aparecían por ningún lado, maldijo su suerte a más no poder.
- ¿Te ha ido bien con tu novio? - soltó Sasuke. Como una serpiente venenosa escupiendo su ponzoña, tirando directamente a su presa. Tenía que seguir fastidiando el momento muy a su pesar, porque era su orgullo el que estaba herido.
- No se... de que habla...- respondió ella con serenidad, sin tener mucha idea de lo que él decía.
- Si... Claro...- comentó él, sarcástico, mirándola de reojo casi con repulsión. Aunque muy en el fondo eso lo hacía sentir el Idiota mas grande del mundo.
"¿De que sirve ser un genial ninja si eres un completo imbécil con la chica que quieres?... No sirve de nada" pensó, estaba en un gran lío con su propia personalidad.
De pronto, ambos escucharon un ruido y giraron la vista sobre la vereda, una silueta masculina venia corriendo a toda prisa en dirección de ambos.
Sasuke chasqueó los dientes.
Era Kiba. Que venía apresurado atravesando el campo. El moreno frunció el ceño, las cosas irían peor, pero tenía que aguantarse las malditas ganas de querer romperle la cara por meterse con algo que era suyo. Realmente no podía entender ¿Qué era lo que la Hyuuga había visto en él?. Por donde lo viera y como lo viera, él era mil veces mejor que el Inuzuka y eso se quedaba corto. Para nada podía compararse con el domador de perros, que no tenia su potencial, su estilo, su naturalidad y mucho menos su porte galante. El Inuzuka era un pobre diablo comparado con lo que el podía llegar a ser. Y bueno, estaba bien que podía ser un "buen amigo" y que tuviera "corazón noble" y que se las diera de "caballeroso y cortés" pero... A final de cuentas no importaba, no le llegaba ni a los talones. Pero de alguna manera ella tenía que enterarse que lo que tenia con Kiba, jamás, nunca iba a poder compararse con lo suyo, ni un ápice. Era caso perdido. Pero... ¿Cómo hacer que ella reaccionara? ¿Cómo hacer que ella volviera a él?... Ya no deseaba que pidiera perdón, solo que le cayera el mundo encima, abriera los ojos y le dijera que solo a él lo quería. Con eso era más que suficiente.
Hinata se removió en su lugar, había estado sintiendo demasiadas emociones encontradas, su estómago era un asco en aquellos momentos, tenía ganas de vomitar por el nudo que se le había formado en la boca del mismo. Pero ahora no estaba sola, Kiba había llegado y su corazón había saltado de alegría al verlo, el Inuzuka era su salvación.
- Hinata...- exclamó Kiba tragando saliva, bajando la mirada, le pesaba volver a verla a los ojos, se sentía estúpido, tanto... Que no había puesto la mas mínima atención sobre la presencia del Uchiha... - Lo siento...-.
- Kiba-kun...- se aproximó ella a él, dando un par de pasos y deteniéndose para observarlo mejor, estaba actuando muy extraño, eso no era nada común en él.
- Lo.. Siento Hinata...- se volvió a disculpar Kiba algo torpe, sin dejar de mirar el piso, empuñando las manos con fuerza.
- ¿Qué ha pasado? - cuestionó la chica mientras el corazón se le aceleraba... Ante la expresión de su amigo, nada podía ir bien.
Sasuke estaba observando la escena con el ceño fruncido, más sin embargo no se perdía ningún detalle de lo que ambos decían, de sus movimientos y de todo lo que sus azabaches iris pudieran captar en el momento.
- Fui a buscarte a tu casa, creí que estarías ahí...- se apresuró a decir Kiba, realmente no sabia que era lo mejor, si callar o seguir hablando - Y... He visto a Hanabi hoy.-
Hinata tragó saliva al escuchar el nombre de su hermana, la preocupación se incrementó en sus recónditos.
- ¿Está ella bien? - preguntó la peliazul mientras la ansiedad la carcomía.
- No sé... - se frustró Kiba, llevándose ambas manos a la cabeza. - Nos hemos besado y... Tu padre nos ha visto-
Hinata puso los ojos como plato, su corazón parecía haber detenido su pulso y comenzaba a sentir como la piel se le congelaba rápidamente. Ese día, estaba lleno de sorpresas martirizadoras.
Sasuke relajó el ceno y sus facciones pasaron de la molestia al asombro total. Sentía una carga que parecía demolerlo en todo el cuerpo, se sentía pesado, imbécil.
"Idiota, Imbécil... Mierda..." Pensó al instante, observando la escena sin ser muy partícipe de ella, pero su cerebro analizaba la información a mil por hora, cubriendo los huecos en su cabeza, formando escenas hilarantes, certeras, que solo le mostraban una cosa: el se había comportado como un maldito idiota con la Hyuuga que no tenia nada que ver en el asunto. Porque Kiba y Hanabi se veían, quizá tan a escondidas como ellos lo hacían. Todo caía en su lugar como un maldito rompecabezas. La había regado.
Estaba ahí parado como una estatua, los pies no le reaccionaban pero no eran los únicos, también sus manos estaban pesadas, caídas en sus costados como si la fuerza de gravedad hubiera tenido un efecto exagerado sobre su cuerpo, estaba idiotizado con tantas ideas que vagabundeaban en su cabeza, y cada una de ellas lo hacía sentir más culpable por todas sus estúpidas acciones.
Culpa, una palabra que poco había permanecido en su vocabulario, su egocentrismo y su orgullo siempre habían estado tan elevados que jamás se había detenido a pensar en el hecho de que probablemente también cometía errores enormes. De antemano sabía que cometía equivocaciones, puesto que era un humano y todos van dejando un rastro de ellas a lo largo de su vida, sin embargo, esta era una situación diferente. Había sido un malpensado con la chica más ingenua de toda la aldea, y eso era lo que más lo hacía sentir culpa. El haberla visto llorar y sentir una retorcida especie de satisfacción con ello, satisfacción que ahora se transformaba en amargura.
Hinata se llevó ambas manos a la boca, sabía que aquel apuro era uno de los grandes, realmente jamás se había imaginado siquiera la reacción que su padre pudiera tomar ante una situación parecida. Además, Hanabi no solo era la menor, si no que era la pequeña hija de papá que siempre había seguido las reglas al pie de la letras, quien nunca había desobedecido sus palabras y mandatos. Al menos no que él se enterara de ello.
.
.
.
Cerró la puerta de golpe, demasiadas cosas le pasaban en la cabeza, estaba más que cabreado, con sinceridad, tenía ganas de apalear a alguien, o quizá... la palabra "asesinar" se consideraría una mejor manera de expresar su ira.
Y es que la escena que acababa de presenciar se repetía constantemente sobre su cabeza. Y el problema lo sentía más grande cada vez, como un gigante nudo en la garganta que le impedía dejar pasar el aire con normalidad. Lo ahogaba. Su hija, y ese cretino, lo ahogaban, lo dejaban sin palabras.
Prosiguió su camino hasta el asiento principal, aquel exclusivamente reservado para él en aquel estudio, en toda la casa, era una de las cosas que lo realzaban como el jefe del clan Hyuuga. El clan más poderoso de todos.
Y aunque estaba ahí sentado, con la pequeña Hanabi frente suyo, él estaba ausente, su cuerpo se vació por completo, su mente estaba en otro lugar, pensando mil cosas a la vez, que lo llenaban de frustración. Era su hija.
¿En qué momento Hanabi había crecido tanto? Ni siquiera se había esperado que Hinata tuviese novio, mucho menos que su hija menor, la más culta, la más estricta y apegada a las normas, se anduviese besuqueando con un chico en su propia casa. ¿En qué momento Hanabi decidió que podía hacer aquellas cosas?
Sus ojos plateados la observaban con severidad, estaba analizando la situación y examinando la fisonomía de su hija al máximo, incluso pensó que debía quizá, ser conveniente utilizar el Byakugan para ver el pulso de la misma. Pero lo creyó estúpido a final de cuentas. Era una vil tontería. Tenía que enfocarse en lo que debía pensar para no terminar haciendo estupideces.
Era su pequeña niña, la que siempre lo había seguido, la que era un ejemplo a seguir, y ahora tenía su imagen más pisoteada que la misma Hinata cuando era pequeña. ¿Acaso él se había vuelto tan frágil después de las reformas del Clan? Él no consideraba que había dejado de ser estricto, creía que todo en su casa funcionaba de la mejor manera y sin embargo. Una decepción profunda recorría cada vena de su interior.
Hanabi por su parte, deseaba salir corriendo de aquella habitación, pero tenía que controlarse, la había regado y tenía que hacer algo para solucionarlo, debía afrontar las consecuencias de sus actos tal y como su propio padre se lo había dicho hacía mucho tiempo.
Suspiró, las cosas serían horrendas y ella solo deseaba salir bien librada de este asunto, con la única finalidad de hablar con Inuzuka, abrazarlo con fuerza y estrecharse contra él. No le importaba, porque lo único que pedía era poder verlo así, todos los días y besarlo cuantas veces quisiera. Era joven si, era cierto, pero ya no era una niña mimada, tenia aspiraciones, y su padre debía de entenderlo. Tenía que ser así.
-Neji... - mencionó imperativo el líder Hyuuga sin dejar de observar a su hija menor – Dejanos solos... -.
-Si, señor... - exclamó Neji, mientras sus pies se dirigían hacia la puerta. Realmente seguía en Shock.
Cuando el prodigio de los Hyuuga salió por fin, Hiashi juntó ambas manos y dejó que sus dedos se envolvieran entre sí, su mirada seguía siendo severa, pero a la vez serena. Sabía que en cualquier caso, debía de controlarse y hablar con Hanabi.
- De manera que... - comenzó, midiendo el tono agresivo de sus palabras para soltarlas serias. - has considerado "prudente" besar a un chico como ese. Tú... la que siempre has criticado particularmente a los amigos de tu hermana.
- No he sido prudente... - respondió casi en automático, con voz baja y pasiva, pero sosteniéndose del único hilo de naturalidad que le quedaba para controlarse.
- Me alegra que lo notaras así... - continuó él, casi interrumpiéndola, sin moverse un centímetro. - No quiero que vuelvas a verlo.
- ¿Porqué?- Protestó en secuencia la castaña, dejando que sus palabras fluyeran sin pensar.
- Porque no es "prudente"... Y porque yo lo digo. -Sentenció cual verdugo Hiashi, frunciendo el ceño en claro gesto de que desaprobaría cualquier comentario que fuera en contra de lo que había decidido.
- No me parece justo...- refunfuñó la chica, mientras su amplia frente se arrugaba, su corazón comenzó a acelerarse, la idea de no ver al chico de sus sueños le impedía pensar claramente.
- No estamos hablando de lo que es Justo ó no... Hanabi, tampoco es justo que deshonres a la familia de esa manera... - prosiguió, sin inmutarse ante las palabras de su Hija.
-¡Pero no estoy...!- protestó, pero su padre la silenció de golpe.
-¿Piensas contradecirme?... No estás en tus cabales Niña... - se levantó Hiashi de pronto, dejando caer sus manos con fuerza sobre el escritorio que tenía enfrente - ¡¿Que hayas besado a un chico en plena sala te parece poco?... ¿O vas a decirme que él te provocó?... Puesto que fuiste tú quien se inclinó sobre él... Lo He Visto TODO.
Hanabi sentía como su corazón se aplastaba en su interior, era como si alguna especie de técnica impredecible pudiera tomar su corazón y estrujarlo con fuerza, para molerlo con detalle, para que sintiera todo el dolor que fuera necesario. Sabía que sus acciones habían estado fuera de lugar. Pero simplemente no podía entender ¿Cómo es que dejaría de ver a Kiba?. No le cabía en la cabeza.
Y por todo el revoltijo que tenía en la cabeza, un nudo se formó en su garganta y en la boca de su estómago, empuñó ambas manos con fuerza, estaba demasiado molesta, porque a pesar de todo, en lo único que podía pensar era que ciertamente no le parecía para nada justo lo que su padre le hacía. Le prohibía verlo, le prohibía intentar ser feliz. Respiró con profundidad mientras intentaba controlarse, no deseaba dejar que su vista nublada soltara aquellas lágrimas que ella se empeñaba en detener. No quería que su padre la viera llorando, no quería tener que parecer débil ante quien siempre había sido su ejemplo de fortaleza. Justamente había un muro entre ellos.
- Quiero que vayas a tu cuarto y reflexiones tus acciones, seguramente entenderás bien...- Siguió Hiashi, mientras soltaba un suspiro.
Hanabi se levantó sin decir nada, lo que más deseaba era salir de aquel lugar, de pronto la habitación se le había hecho muy chica y el oxígeno que había en ella parecía haber desaparecido, se ahogaba, del coraje, de la desesperación.
Salió rápidamente del estudio, tanto como sus pies se lo permitieron.
.
.
.
Una silueta comenzó a dibujarse entre los troncos de los arboles, caminaba tranquilo, paso a paso como si no existiese preocupación en el mundo.
Conforme se fue acercando al claro, sus ropas holgadas y su peculiar estilo delato su identidad: era Shino, quien caminaba a paso lento aun cuando prácticamente estaba retrasado.
Se detuvo, y tras sus oscuras gafas observo la peculiar escena, Kiba se veía bastante intranquilo, por su parte, Hinata parecía confusa, con el rostro cabizbajo y por último, el Uchiha se mantenía retirado, con la mirada perdida aparentemente sobre la fisonomía de la Hyuuga. Todo aquello, aun sin preguntar tenia un poco de sentido para él. Puesto que, aunque no hablara mas de lo debido con la gente, tenia el extraño y quizá muy satisfactorio don de ver a la gente, y de leerla, muy a cuesta de lo que pensaran o quisieran ellos sobre eso.
Había acertado en muchas cosas antes, y sabía que al notar la actitud extraña de su amiga, y su brusco estado emocional reciente, y ver así mismo la actitud de Sasuke, podía afirmar casi con las manos en el fuego, que algo andaba mal entre ellos. Y si bien, se suponía que no tenían algo en común ante los demás, el pensaba que "el mundo siempre se equivocaba en su forma de prever y juzgar las cosas". Sin embargo, eran pensamientos que aunque fluían de su mente, no lograba compartir con alguien más.
- Shino... - mencionó Kiba a su encuentro, algo extrañado debido a la falta de puntualidad poco común en su compañero de equipo.
- Buenos días...- saludó en voz neutra, haciendo reaccionar a los otros dos.
- Buenas noches...- murmuró Sasuke entre dientes, casi inaudible, en un manifiesto de queja.
- Shino-kun...- respondió Hinata, saliendo se su trance personal.
- He llegado tarde porque me han dado una noticia... No muy satisfactoria...- comento, sin inmutarse ante las facciones faciales de los presentes.
- ¿Y cual es esa? - preguntó Kiba, frunciendo el ceño casi al mismo tiempo que el Uchiha, quien también atendía la conversación.
- Tsunade-sama ha decidido prescindir de nuestros servicios, al parecer ha tenido una reunión de último momento con el consejo... - dijo el Aburame, observando tras sus gafas las reacciones de asombro y frustración de los demás.
- ¡¿Pero que demonios?- respondió Kiba, quien se sentía completamente fuera de órbita, por lo que en cierta parte había agradecido no tener misión sin saber lo ocurrido con Hanabi, mucho menos si tendría que irse de la aldea por algunos días.
- Oh... Vaya- respondió Hinata, casi con alivio, su corazón se tranquilizó casi al momento, liberando su pulso que se había mantenido preso de toda aquella intensidad.
-¡Tsk!- se quejó Sasuke, frunciendo el ceño, aunque imagino que seguramente la misión que les encomendarían ese día ni siquiera llegaría a algo productivo, debido a que se había suspendido. Ese tipo de misiones en las cuales se sale de la aldea y son importantes, no se suspenden, ni se llega tarde a ellas. Simplemente pasan.
Sin embargo tenía que aceptar que estaba agradecido con la vieja Hokage por todo aquel alboroto. En primera porque había visto a la Hyuuga y eso ya era algo muy ventajoso, además de que al fin había descubierto que toda la telaraña de suposiciones que había creado desde un principio para juzgar a la chica eran simplemente eso: suposiciones estúpidas que lo sacaban de quicio con tan solo saber que habían atravesado su cabeza.
Ella no estaba más interesada en Kiba, con excepción de que seguramente estaba preocupada por su hermana, ¿Y quién no lo estaría? Si estaba seguramente enamorada de un tipo como el Inuzuka. En verdad que las Hyuuga eran raras..
"Raras..." pensó de nuevo, de una forma más clara, y se dio cuenta de ello, porque al pensar de esa forma se incluía él en el nido de Idiotas. Y bueno, quizá se merecía martirizarse un rato.
-Será... m-mejor que me vaya...- dijo Hinata, y sus pies comenzaron a moverse.
Quería ir tras ella, detenerla y decirle que había sido un imbécil, que no quería verla llorar, abrazarla, besarla y pegarla a él. Quería hacer tantas cosas, pero sabía de antemano que no era el momento, porque ella necesitaba tiempo para solucionar cosas, y él, tiempo para pensar una manera de acercarse a ella.
Kiba se movió apresurado, dispuesto a seguirla para ayudar en lo que se pudiera, aunque realmente no tenía mucha idea de los pensamientos de su mejor amiga y de lo que haría a continuación.
-No creo que sea prudente...- mencionó el Uchiha en voz alta, en un tono realmente serio – Sólo causarás más problemas...-.
Kiba se detuvo en seco, aquellas palabras se filtraron hasta su interior de una manera impresionante. Era cierto, si la seguía y se aparecía de momento en aquella casa, haría enfurecer al Líder del Clan, y sólo metería en más problemas a la castaña. Cosa que no quería. Chasqueó los dientes, estaba en un maldito aprieto y ni siquiera podía hacer algo bueno al respecto, y a él no se le daba muy bien la tarea de "esperar".
Lanzó una patada con fuerza hacia un viejo tronco que se removió en su lugar, presa del golpe, mientras que el domador de perros fruncía el ceño casi en agonía, si... le había dolido el golpe, pero le dolía más no poder hacer nada en esos momentos.
Shino observaba sin decir nada, sabía que en uno u otro momento tendría que hablar con él, porque aunque sea desahogarse sería un buen punto.
Sasuke por su parte comenzó a caminar, necesitaba despejar su cabeza y pensar, tenía demasiadas cosas en las que pensar, demasiadas cuestiones y problemas que intentar solucionar.
.
.
.
Continuará!...
¡Hola mundo!
Pues, sí, me he tardado un poco lo acepto, pero es que he estado algo llena de trabajo, de flojeritis agüdis y de invasión de ideas todas a la vez. Y bueno, desde el último capítulo me han pasado cosas muy muy bonitas nwn gracias a una persona~ a quien quiero con el corazón.
Y que me motiva a seguir escribiendo, al igual que todos ustedes. Lo cierto es que estoy MUY contenta con sus reviews, que me llenan de alegría mis días, y que me dan muchos ánimos cuando me siento medio lol para escribir.
Bueno pues, qué decir... como dije, muchas ideas y al final nada, no se van de misión, todavía. Porque siempre hay imprevistos, y entonces pues son cosas que pasan jajaja... y bueno, ¡Ahí tienes Sasuke! Le ha llovido como en feria xD todas las noticias bruscas le caen de todos lados y él nada más se queda así de WTF?... la regué... la regué... mil veces la regué! nwn... así pasa querido Sasuke, suele suceder.
Gracias a todos por leer una vez más, y pues espero tener pronto el siguiente capítulo, aunque ando trabajando en un One-shoot también, que luego lo postearé.
Jan_di_chan, Arika_Yiu_Uchiha gracias por comentar por primera vez :)
SasuHina4evr, Dukih, Uchiha-Dani-Uzumaki, Dark_Amy_chan, TheRusso, Dlkg., layill *-* Los adoro en serio! :)
Maribelteka, me has fascinado con tu review, muchas gracias por compartir tu tiempo libre conmigo, yo no tengo hijos pero imagino la odisea diaria que vives para pasar tiempo con ellos, atenderlos como se debe y ser bien genial amorosa, además de que puedas tener un tiempo para tí misma :) Awss en serio que, gracias!
Y por último, EduUchiha 3 Gracias por leer, me hiciste muy feliz, como todas las cosas que has hecho últimamente Edo-kun, te quiero te quiero te quiero :)
Nos vemos en el próximo capítulo yeah!
Si desean hacerme feliz ¡Dejen un Review! Hahaha sí, han descubierto que fácil es hacer sonreír a una persona.
Best Wishes Ever!
Ary~
