Disclaimer: Shingeki no kyojin pertenece a Hajime Isayama y blah, blah, blah. Ya conocéis el resto.
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La hora de su reloj cambió. Llegaban tarde, comenzaba a inquietarse por tardar demasiado y detrás de ella una Hanji llevada sobre la espalda de su antiguo profesor se quejaba continuamente. Reprimió los deseos de regañarla por sexta vez para no perder los ánimos con los que había llegado.
Cuando divisaron el salón de actos no había nadie alrededor, quizás aún estuviese celebrandose la ceremonia. Abrieron una puerta lateral con pasmoso sigilo sin querer llamar la atención de nadie, aún así, los finos rayos de sol que entraron tras el pequeño resquicio que provenía del exterior alertaron a algunos de los espectadores. Dos de ellos le eran muy conocidos.
- ¿Petra? - preguntó una mujer en un estado muy avanzado de embarazo - ¿Qué haces tú aquí? - siseó.
- Buenos días señora – interrumpió a tiempo Rivaille - ¿Dónde está Auruo?
- P-profesor, que sorpresa – la mujer pareció comenzar a arreglarse apresuradamente el pelo y se alisó la ropa sobre su cuerpo – E-está arriba. Van a darle un diploma, ¿sabe? Mi hijo ha estudiado tanto que-
- De acuerdo – interrumpió – Petra, ya sabes dónde está. Vete ya.
La chica asintió y se separó del grupo. La mujer encinta siguió con la mirada a la chica que fue corriendo hasta la entrada al escenario y se puso a esperar pacientemente bajo las escaleras. Aquella chica no le agradaba demasiado, sabía los sentimientos de su hijo hacia ella pero no los de ella. Temía por que pudiese aprovecharse de su bondad.
- ¿Tú eres la madre de Auruo? - preguntó una voz a su lado, probablemente de la edad de la otra chica con un carácter alegre y sonriente – Auruo nos ha hablado mucho de tí – extendió su mano hacia ella – Hanji Zoe.
- Encantada – dijo secamente. Vio a su lado a aquel sensual profesor sentado al lado de ella, ¿habían venido todos juntos? - Me temo que mi hijo solo me ha hablado de Petra, y solo pude conocer al señor Rivaille, así que no tengo el placer de saber de tí. ¿Eres otra de las jóvenes profesoras de mi hijo?
- No – extendió su mano a la de la chica y la agarró con fuerza – Es mi mujer.
- ¿S-su mujer? ¡Auruo no me dijo que estuviese casado!
- Está bromeando – se apresuró a decir la chica mientras intentaba soltarse de su agarre sin éxito – Soy una amiga de Petra, vivimos juntas. Conocí a Auruo a través de Petra.
- Olvidas el detalle de que eres mi novia – añadió sin dilación con su firme voz.
- Sí, bueno. Y eso también – afirmó con un mohín que pareció satisfacer a su acompañante.
- …...Así que eres amiga de Petra...
- Sí, desde hace más de diez años.
- ¿Puedo hacerte una pregunta? - se atrevió a decir. La chica asintió - ¿Qué siente Petra por mi hijo? No me agrada que una mujer mucho mayor que él pulule a su alrededor haciéndo que tenga falsas esperanzas. Auruo todavía es un niño, prefiero que no le rompan el corazón tan pronto.
- Bueno... Creo que eso es evidente y ya sabe la respuesta – sonrió con tristeza mientras jugaba con los dedos de Rivaille aún aferrados a los suyos – Petra es una buena chica, nunca intentaría hacerle daño. Yo la conozco desde que hace muchos años, y vivo con ella. Sé como actúa. Y nunca ha querido dañar a nadie. Más bien se ha dañado a sí misma una y otra vez.
- Supongo que eres consciente de lo que mi hijo siente por tu amiga.
- Todos lo sabemos. Excepto Petra, por supuesto. Creo que esos dos no son capaces de comunicarse el uno al otro lo que sienten – giro su cabeza hacia aquella pequeña escalera viendola esperar impaciente – Por eso hemos venido aquí, Petra quiere declararse.
- ¿D-declararse? ¿A mi hijo? - pareció reirse levemente mientras se frotaba las sienes – No estoy muy seguro de que sea buena idea, Auruo no suele ser muy perpicaz si no le dices las cosas claramente.
- Por su bien espero que Petra se lo diga claramente – aunque algo en el fondo le decía que no sería así, pero ignoró ese pensamiento y solo sonrió.
Hanji rió y comenzó a rebuscar en su bolsillo una pequeña videocámara. Comprobó que tenía energía suficiente y comenzó a grabar enfocandose a sí misma. Le parecía especialmente divertido mantener aquella escena tan esperada después de tantos meses grabada para la prosperidad. Luego Petra se lo agradecería, pensó.
- Queridos hijos futuros de Auruo y Petra. Aquí me hallo grabando el momento en que vuestra mamá se declaró por fin a vuestro papá.. Yo soy la tía Hanji, seguro que me reconoceréis porque soy la que más os mima y os trae dulces. Y este – giró el visor para enfocar a su costado – Es el tío Rivaille, el que os regaña y os obliga a lavaros las manos antes de comer.
- Déjame en paz, Hanji.
- Y ahí están papá y mamá – giró el visor de nuevo enfocando a Auruo bajando las escaleras – En estos momentos mamá le está diciendo a papá que le gusta y – se quedó en silencio.
La mujer a su lado parecía algo nerviosa y comenzó a temblar. Rivaille se giró hacia Hanji comprobando que ella también parecía impresionada y continuaba grabando sin decir sus habituales chorradas.
-¿Qué pasa? ¿Te has quedado ya sin ideas para comentar el video o qué?
- Rivaille...Petra... ¿ha besado a Auruo?
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Justo como había imaginado, suaves y esponjosos. Deseaba seguir en contacto con aquellos labios por el resto de su vida, pero antes tenía que encontrar su respuesta. Tras unos segundos percibió que él no se había movido así que separó sus labios de él y comenzó a mirar al suelo ligeramente avergonzada, esperando que él dijese algo. Pero no lo hizo, solo podía oír un extraño clamor entre el público.
Algo parecido a vítores y frases de ánimo, junto con algunos comentarios sorprendentemente obscenos respecto a ellos dos.
- ¿Auruo? - preguntó mientras pasaba una mano por delante de su rostro, el cual mostraba los ojos completamente abiertos y no dejaba de mirarla sin decir nada - ¿Auruo?
- …... - tragó saliva y colocó una mano sobre el hombro de la pequeña chica – Y-y-y-yo...
El contacto con su hombro desapareció al instante, alguien la separó de él abrazándolo por la espalda y palmeandole en el pecho.
- ¡Bien hecho, Auruo! - parecía uno de sus compañeros de clase, probablemente alguno de sus amigos en aquel instituto - ¡Podría habernos dicho que tenías novia!Que envidia, yo también quiero que mi novia me felicite así. Es muy guapa, sin duda tienes buen gusto, ¿qué has hecho para conquistar a esa belleza? Sea lo que sea, dínos el secreto – intentó acariciar la cabeza de Petra cuando la mano de Auruo le paró.
- No la toques – su voz parecía desafiante, no solía ver ese aspecto varonil de él muy a menudo. Y debía reconocer que le gustaba de esa manera desafiante y masculina casi tanto como su faceta dulce e inocente.
- Tranquilo, tranquilo – inquirió el chaval alejándose.
Y de nuevo ese incómodo silencio en que no decía nada. El público había vuelto a reorganizarse y los silbidos comenzaban a cesar. Auruo dirigió su vista a una delas puertas laterales que daban al exterior. Sería mejor hablar fuera, lejos de sus arrogantes compañeros que se burlarían de él continuamente. Sujetó su muñeca con cuidado indicándole que quería salir a fuera.
Alcanzaron la puerta y la cerró tras de sí una vez pudo comprobar la luminosidad del sol en todo su esplendor. Cegado unos instantes tardó en reaccionar, girándose levemente y viendo a aquella pequeña chica mirando hacia un costado con una expresión nerviosa.
- Q-q-quería...- malditos tartamudeos, justo en el peor momento – Quería d-darte las gracias por venir hoy. M-me ha he-hecho muy feliz v-verte hoy aquí.
- De nada... - musitó ella.
Su cuerpo estaba de pie frente a él, enfrentándolo con un dulce y delicado sonrojo bajo sus ojos. Le pareció la cosa más hermosa que había visto en su vida. Tan solo podía pensar en aquellos preciosos ojos que le miraba tiernamente. En su dulce sonrisa ligeramente triste. Había pensado en ese momento durante tanto tiempo que no pudo contenerse más.
No le importaba las burlas, no le importaba ser rechazado. Tan solo tuvo fue consciente de la inmensa felicidad que experimentó cuando pudo observar a su pequeño ángel tras pensar que nunca más la vería para siempre. Antes de que volviera a desaparecer necesitaba decirle todo aquello que había acumulado en su interior.
- Verás yo... - alzó la mano temblorosa intentando acariciarle el cabello que caía desordenado junto a su mejilla – Hace tiempo que...
Sin embargo, no pudo terminar su frase, la inesperada aparición de alguien saliendo apresuradamente por la otra puerta llamó su atención. Algo malo pasaba, y tenía que ser justo ese día.
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Aquel espectáculo era realmente aburrido. Recordaba su propia graduación, había sido igual de insufrible que aquella. Tan solo esperando pacientemente entre los espectadores porque acabase aquel sufrimiento auditivo causado por una mala conexión de cables entre los altavoces y el micrófono. Un lacerante pitido que parecía oír solo él.
Pero ahora, el ruido infernal era causado por un grupo de adolescentes hormonados que vitoreaban el nombre de uno de los homenajeados. Silbidos desafinados, frases ofensivas. Si él hubiese sido profesor en aquel instituto nadie se atrevería siquiera a replantearse aquella actitud.
Hanji continuaba contemplando la escena con una extraña sonrisa, percatándose de lo que había hecho su amiga, algo parecido a una imitación de lo que ella hizo tiempo atrás. Aunque no había salido de la misma manera. Aquel estúpido mocoso parecía no ser capaz de reaccionar.
- Rivaille, Auruo está en shock, ¿qué hacemos? - comenzó a zarandearle nerviosa – Petra se ha esforzado tanto y ahora ese idiota no sabe ni qué responder.
- Dejadlo así, mi hijo es así de inútil – comentó la mujer embarazada mientras pasaba un pañuelo húmedo por su frente, parecía francamente nerviosa – Igual que su padre.
- Cariño, ¿estás bien? - el hombre a su lado parecía algo asustado del extraño nerviosismo de su mujer, tal vez demasiado enfadada por aquella tierna escena – S-solo son niños. Sabes que debes dejarlos si quieren estar juntos y-
- Auruo es mayorcito para salir con quién quiera – pareció contener un agudo dolor – Si le gusta esa chica no me opondré. Pero la gente podría educar mejor a sus hijos. ¿A qué vienen tantos aplausos? Vuestra amiga podría haber elegido un momento con menos público para hacer eso.
- N-no sabía que Petra haría eso. Ella solo quería-
- Hanji – le arrojó unas llaves y le obligó a cogerlas – Coge mis llaves y arranca mi coche, lo quiero en la entrada en menos de cinco minutos.
- ¿Qué? - no comprendía nada- ¿Para qué quieres eso? Rivaille...Yo no tengo carnet de conducir ni permiso de conducción. Oficialmente no puedo conducir, ¿acaso quieres que me detengan?
- Conociendote como te conozco, seguramente no sea la primera vez que coges un coche. Seguro que incluso sabes conducir de costado.
- Bueno, eso... - se rascó la coronilla disimuladamente – Yo era joven, y bueno, conocí a unos amigos que tenían un -
- Luego me cuentas eso, ¡Vete ya!¡Cinco minutos!
Cuando la vio salir corriendo pareció tranquilizarse , se gró hacia la madre de Auruo y le tomó el pulso como si contase cada palpitación mientras miraba su reloj de pulsera.
- ¿Tiene dolores fuertes cada pocos minutos?
- He tenido cinco hijos, ¿crees de veras que no se lo que es una contracción?
- ¿C-contracción? - su marido pareció contagiarse con el nerviosismo - ¿Estás de parto?
- ¿Cuánto ha empezado a tenerlas?
- Agh, desde esta mañana – parecía realmente incómoda, intentó levantarse pero la pesadez de su cuerpo no se lo permitió – Aunque no eran tan fuertes. Maldita sea, este niño tenía que haber venido hace una semana pero se negó a salir. Pensaba que aguantaría, pero se ve de que han sido demasiadas emociones para él y ha querido interrumpir en el peor momento.
- No debería haber venido aquí si estaba en ese estado.
- Tu hijo mayor no se gradúa dos veces, ¿sabes?
- Muy bien, entonces... - pasó sus manos por debajo de sus rodillas y cogió a la mujer en brazos – Vayámonos al hospital.
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Aquello había sido muy raro. ¿Aquella figura que acababa de pasar era Hanji corriendo? La conocía lo suficientemente bien como para saber que algo estaba pasando. Tan solo pasaron unos pocos segundos más hasta que aquella puerta volvió a abrirse, esta vez de manera más violenta, debido a una fuerte patada.
Parpadeó varias veces sin poder comprender la escena. Aquel misterioso y extraño profesor estaba cogiendo a su madre en brazos y salió corriendo con ella sin decir absolutamente nada. Detrás suya su padre parecía estar cogiendo a sus hermanos pequeños de las manos mientras intentaba recomponer la calma para llamar por teléfono a sus familiares.
Solo podía significar una cosa. Su sexto hermano estaba en camino.
- P-papá, ¿qué pasa? - preguntó algo confuso mientras veía la silueta de Rivaille cargando a su madre alejarse.
- Tu madre... - no continuó la frase mientras se secaba las lágrimas de orgullo acariciando al menor de sus hermanos en ese momento – Ahora vas a tener un hermanito pequeño y serás uno de los mayores...
Volvió la vista hacia aquella silueta cada vez más y más lejos.
- Voy a llevarme a tus hermanos en el autobús, no cabemos todos en el coche de tu profesor – sacó su cartera y le acercó un pequeño billete – Si quieres, quédate aquí y pasa la tarde con tu amiga. Después de todo es tu graduación. Pues reunirte con nosotros después, todavía tardará bastante en salir.
- …. - le ignoró fijando su vista en el horizonte.
- Auruo, vete con tu madre – aquella tierna voz que no esperaba escuchar.
- P-pero... - el corazón le dolía intensamente, había intentado decirle lo que sentía por ella, pero ahora se encontraba en esa encrucijada – No quiero dejarte sola... Y-yo quería decirte que...
- No importa, puedes decírmelo luego – la chica acarició su brazo confortablemente, reprimió las ganas de abrazarla en ese justo momento – Es tu madre, ve con ella. Yo me quedaré aquí ayudando a tu padre con tus hermanos. Ya sabes, no puedes dejar a tu madre sola en un coche dónde vaya Rivaille y Hanji, la volverán loca con sus discusiones.
- …...
Se tornó hacia la última imagen que había visto del profesor y corrió tras ella sin decir nada. Petra lo observó impasible con una triste sonrisa. Pensaba que todo sería más fácil, aunque al menos se había quitado aquella carga de encima. Esperaba que con aquel beso sus sentimientos le hubiesen llegado por fin. Pero, ¿qué pasaría con ellos dos después?
Él parecía estar intentando decirle algo. Tal vez que le gustaba, tal vez que no, tal vez que lo había avergonzado delante de sus compañeros o tal vez tan solo la rechazaría amablemente porque había otra chica en su vida. Quizás alguien más joven, posiblemente la chica con la que compartía pupitre en la imaginación de Petra.
- No es necesario que te quedes conmigo. Puedes irte a casa si quieres.
- No pasa nada, es un placer
- Petra, lo siento – su parecía cansada, tal vez por toda aquella movilización– Lamento haber usado el dibujo de mi hijo. Probablemente te impresionó.
- No importa señor – se agachó hacia uno de los pequeños y le acarició la cabeza – Supongo que es un orgullo que algo donde salga mi cara alcance ese importe en una subasta. Bastante increíble, ¿no cree?
- ….. - quizás aquella chica no sabía la cantidad de pujas que hubo posteriormente por ese mismo dibujo, tras ser vendido, quizás sería mejor no decírselo – Las cosas que se hacen con cariño suelen ser más reconocidas.
- Señor...¿usted le pidió a Auruo que hiciese ese dibujo?
- No – se acercó a ella y cogió a uno de sus hijos en brazos mientras sonreía abiertamente – Él ya lo había hecho antes de que yo lo viese. Tan solo lo cogí prestado. A Auruo le gusta mucho dibujar a las personas que más quiere – insinuó.
Petra puso la mano sobre su pecho. El solo hecho de que el chico que tanto estaba llegando a gustarle la hubiese dibujado de aquella manera por placer le hizo volver a tener esperanzas. Su corazón comenzó a latir con más fuerza esperando que en el futuro pudiese dibujar más para ella. Colgaría todos sus dibujos en su habitación. Junto a aquel primero que le regaló donde salían los dos.
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Se recostó sobre la tapicería de cuero con los pies apoyados sobre el regazo de su hijo que le miraba preocupado. En el asiento del conductor, aquella muchacha que había conocido hacía escasos minutos comenzaba a conducir de una manera realmente alocada, esquivando todos los coches que encontraba a su caso. A su lado el sensual profesor parecía intentar encontrar la dirección más adecuada. Aquella situación era tan hilarante que reprimió las ganas de reír debido al dolor en su vientre.
- Hanji, ve más despacio, llevamos a una mujer embarazada en el asiento de atrás.
- ¿Acaso quieres que nos detenga la policía? Te repito que no tengo carnet de conducir. Conduzco rápido para llegar lo antes posible y que me quites de esta carga de conducir yo.
- Precisamente si aceleras tanto conseguirás que nos detengan. Y deja de preocuparte, si nos para la policía yo pagaré la multa. Tan solo conduce tranquila de una maldita vez – continuó mientras seguía comprobando la dirección.
La mujer encinta suspiró ante tantos gritos. Había sido muy amable de su parte ofrecerse a llevarla, pero aquellas discusiones como un viejo matrimonio le recordaban demasiado a su clima en casa. Por una vez hubiera preferido obviar ese detalle y ser portada como una princesa o algo parecido.
Levantó la vista hacia su hijo que parecía pedir disculpas con la mirada por aquellos ruidos que hacían aquella pareja. Parecía conocerlos bastante bien y no parecía extrañarle su actitud. Acostumbrado a aquellas charlas sin sentido seguidas por algún extraño y pasional beso repentino. Miró a través del espejo retrovisor y comprobó que el resto de coches estaban parados. Un semáforo en rojo y aquellos dos habían hecho las paces.
En cierta manera, aquellos dos jóvenes le recordaban a otra etapa de su vida que ya había quedado muy atrás. Ahora era una mujer adulta y debía comportarse como la madre que era. Volvió a mirar a su hijo y recaudó energías para ejercer su papel una vez más.
- ¿Y bien?
- ¿Y bien qué?
- ¿Tú y esa chica, Petra, estáis saliendo juntos? - en el asiento de delante, ambos se separaron al oír ese nombre.
- ¡C-c-c-claro que no!
- Pero os habéis besado. Delante de todo el instituto – levantó una ceja en señal de interrogación y pudo oír una pequeña risita proveniente del asiento del conductor seguida de un siseo de su pareja.
- ¡E-e-e-e-e-eso s-solo ha sido u-un accidente! - la risa de Hanji se hizo más audible, un pequeño golpe de Rivaille indicándole que se callase – P-petra solo qu-quería felicitarme por mi graduación. E-ella solo quería darme un beso en la mejilla p-p-pero como yo estaba más alto pues se resbaló y-y...
- ¿Y? ¿Eso es lo qué crees? - se llevó una mano a la frente ocultando su fascinación - ¿Por qué tengo un hijo tan tonto?
- …... ¿Qué?... - fue todo lo que pudo decir. En ese momento Hanji estalló en carcajadas.
- ¡Cállate idiota! - se oyó por parte del profesor indicándole una vez más que dejase de reírse – Seguid.
Volvió a silenciarse la cabina mientras en el exterior se escuchaban los constantes pitidos de los coches al no avanzar con mayor rapidez por la autovía. Hanji parecía concentrada en su conducción aunque atenta a la conversación trasera. De la misma manera, Rivaille fingía que no los estaba escuchando mirando hacia la ventanilla lateral.
- Auruo, creo que es el momento de que hablemos de sexo – concluyó su madre.
- ¡Mamá, ahora no! - suplicó el muchacho.
- Es el mejor momento – se aclaró la garganta y prosiguió - ¿Has mantenido ya relaciones con alguien?
- ¡Mamá!
- Cuando yo tenía tu edad ya estaba embarazada de tí. Verás, tú padre y yo, una noche, estando borrachos. Recuerdo que fuimos a cenar y de camino a casa vimos que habían abierto la playa dónde soliamos ir y-
- No quiero saber nada acerca de mi concepción así que ahorrate los detalles, por favor – de nuevo esas risas audibles en la zona delantera.
- Lo que quiero decirte, es que espero que estés usando los preservativos que te dí adecuadamente. Nada de marcha atrás ni de hacerlo a pelo como hace tú padre.
- ¡Mamá, no quiero saber eso!
- ¡Necesitas saberlo!¡Lo último que espero es volver dentro de unos meses al hospital para que alguna chica con la que hayas tenido relaciones de a luz a tu hijo! ¿Entiendes? Ya somos bastantes en esta familia.
- ¡Mamá!
- Auruo, deberías de hacer caso a tu madre cuando te habla de esos temas – interrumpió la última persona que quería que lo hiciera. El mismo que le dio una larga ristra de preservativos que le obligaron a pasar uno de los mayores momentos de su vida.
Y justo mientras ambos comenzaban a hablar acerca de sexo se hundió más en el tapizado del asiento trasero deseando que se lo tragase la tierra. Por una vez deseó no haber sido responsable y haberse quedado allí con Petra, su padre y sus hermanos. .
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Sus dedos pasaron rápidos por encima de las teclas escribiendo el mensaje : "Hace tiempo que no nos vemos, me gustaría conocer a tu nuevo hermanito, ¿puedo ir a verte?" Sus dedos temblaron ante la tecla de enviar. Tras unos segundos dudando sintió de repente una presión sobre su dedo pulgar obligándole a pulsar la tecla.
- ¡Hanji no! ¿Qué has hecho? N-no quería enviar ese mensaje.
- ¿Cómo que no? Llevas una hora dándo vueltas con el teléfono en la mano pensando que escribir. Es evidente que te mueres por verle.
- P-pero...
Hanji se encontraba junto a Rivaille, ambos preocupados por ella. No dudó y rodeó a su pequeña amiga por el cuello y la acercó hacia ella en un abrazo reconfortante. Hacía casi dos semanas desde aquella extraña carrera en coche. Consiguieron llegar a tiempo al hospital antes de que la policía les parase por infringir varias normas de circulación. Tal y como prometió, Rivaille pagó aquella multa a regañadientes.
Aún recordaba el día después cuando llegó a casa y se la encontró pensativa recostada sobre el sofá. Esperando porque aquel ocupado chico que acababa de tener un hermano y tenía que ayudar a su madre en la hospitalización la llamara. Lo único que había recibido era una foto del pequeño recién nacido llevándolo en brazos. Petra no dudó ni un segundo en guardar aquella fotografía para el resto de su vida.
A pesar de que había intentado animarla llevándosela a pasear con ella y con Rivaille, Petra parecía más concentrada en su teléfono para poder contactar con aquel chico. Tan solo consiguió que reaccionase cuando le enseñó el video que había grabado de su beso.
Y allí estaba su pequeña amiga aún indecisa tras lo último que hizo con aquel chico tan tonto.
- Hanji... ¿crees que fue una mala idea besarlo? Quiero decir, Auruo finalmente terminó creyendo que no lo hice a propósito. Quizás fue una pérdida de tiempo.
- Bueno... Quizás Auruo no sea el mismo animal en celo que es Rivaille – la persona nombrada gruñó y se alejó de la escena que llevaba observando desde lejos desde hace un rato – Pero no creo que tan idiota como para no haber pensado en ello. Simplemente prefiere no crearse demasiadas expectativas
- ¿Expectativas?
- Ya sabes – su brazo se tornó más estrecho y apretado – Auruo no es el tipo de chico que crea que tiene éxito con todas las mujeres que le gusten – su mano acarició sus cabellos cobrizos y desenredó sus cabellos entre sus dedos – Creo que ya ha llegado el momento.
- ¿El momento de qué?
- Con Kabei no me interesaba saberlo pero de esto exijo que me cuentes todos los detalles – sonrió – Dime Petra, ¿a qué saben los labios de Auruo?
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Su mano tembló ante el timbre. Con algo de dificultad lo tocó y esperó por la contestación. Se repitió a sí misma que no estaba allí por nada en especial, no esperaba volver a besarlo ni nada por el estilo. A pesar de que no había dejado de soñar con aquel dulce y placentero beso.
Suspiró hondo y esperó pacientemente a que la puerta se abriese. Con suerte, quién abriese sería su padre o posiblemente alguno de sus hermanos. Pero ese día la suerte no la acompañaba. El pestillo giró y pudo ver a un chico alto y con el pelo desordenado llevando en brazos a un pequeño y diminuto ser. Auruo.
- P-Petra... - apenas tenía aliento ante aquella escena. Recordaba su mensaje y la alegría de contactar de nuevo con ella. Obviamente había respondido que podía ir cuando quisiera pero no esperaba encontrarsela esa misma tarde – B-buenos días – dichoso tartamudeo – P-pasa.
Le siguió hasta su habitación como otras tantas veces, solo que esta vez iba unido a un pasmoso sigilo.
- Mi madre está durmiendo. Desde que salió del hospital no ha podido descansar bien. Así que se ha echado un rato y mi padre se ha ido un momento con el resto para que no la molestasen – explicó mientras cerraba la puerta tras de sí.
- Y tú te quedas con el pequeño, que responsable.
- N-no es nada – se sonrojó ante su dulce sonrisa – estoy acostumbrado.
Se sentaron sobre el suelo con su hermano pequeño entre sus brazos, aparentemente relajado y sin llorar desde el momento en que su ángel había aparecido por la puerta. Parecía tener un efecto hipnótico en el pequeño. Había tanto que deseaba decirle pero las palabras quedaban atrancadas en su garganta sin llegar a salir.
- Auruo... - interrumpió su dulce voz de repente - ¿Estás enfadado por aquel …... beso? - cerró los ojos con fuerza mientras esperaba la respuesta.
- N-no. No pasa nada – carraspeó recordando ese suave tacto al ver sus labios fruncidos – U-un accidente lo tiene cualquiera...
- Accidente... - se acercó más a él. Directa, ser directa o nunca entendería nada – ¿Sabes?, Hanji me contó que cuando se dio cuenta de que le gustaba Rivaille le besó. Así sin más. Parece una manera bastante dulce de declararse, ¿no crees?
- Ah, ya... Típico de Hanji, no me extraña – Petra pareció no comprender su reacción pues le miraba con ojos abiertos como platos con sorpresa - ¿Qué? Hanji es así, ¿por qué debería sorprenderme? Seguro que si hubiera podido se hubiera declarado regalándole un animal disecado o algo similar.
- Olvida eso.
Volvió a acercarse más a él mientras fingia jugar con las pequeñas manos de su hermanito para apoyarse sobre su brazo. Decidió fingir que sus latidos no eran audibles para él.
- ¿Alguna... vez has besado a alguna chica que te gustase?
- …... - teóricamente aquello no había sido un beso y él no la había besado a ella. - Yo... nunca... había hecho eso con nadie – intentó esconder su cara avergonzada mirando hacia un costado – Antes... antes de que tú... P-pero solo fue un accidente, olvidalo.
- ¿Yo he sido tu primer beso?
- S-supongo que sí – concluyó.
Más silencio. Podía sentir sus mejillas arder, quizás esa extraña tibiedad con la que la trataba era una manera de reprocharle por su actitud. Tal vez alguna compañera suya que le gustase hubiese visto aquello y se sintiese avergonzado.
Intentó coger al pequeño bebé para forzarse a sí misma a pensar en otra cosa. Una inocente mirada de un niño que no sabía nada de lo que hablaban. No era exactamente lo mismo que estar acompañados, pero de alguna manera parecía prevenir aquellos infernales silencios incómodos.
- Creo que serías un buen padre. Lleva muy tranquilo desde que llegué – dejó que la pequeña mano del infante sujetara su dedo índice y en ese momento decidió que algún día quería tener alguno así. Si era posible, del chico que se encontraba a su izquierda.
- Tengo cuatro hermanos más, solo es costumbre. N-no tiene nada que ver con la paternidad – vio su preciosa sonrisa sonreír a aquella personita que llevaba su misma sangre y su corazón latió de manera aún más acelerada – Tú si serías buena madre.
Unos pequeños e inesperados golpes en la puerta. Extrañado fue a abrir encontrándose a su madre algo somnolienta y con un aspecto más relajado que cuando fue a acostarse varias horas atrás.
- Auruo, tengo que llevarme a tu hermano. Es la hora de comer así qu- se detuvo a ver a aquella chica llevando en brazos a su hijo - ¿Qué haces tú aquí?
- H-ha venido a ver al bebé. Petra ha estudiado ginecología y supongo que es bueno para la carrera estar en contacto con niños, ¿no?
- Sí... - admitió sin mucho convencimiento.
- Ginecología... – sonrió internamente al descubrir finalmente de dónde había salido aquella extraña obsesión de su hijo con esa carrera – Pues lamento interrumpir vuestra clase pero a no ser que queráis ver como alimento al niño y lo acuesto no hay nada más que estudiar.
- P-petra, si mi madre va a llevarse al niño p-puedes irte s-si quieres... - deseaba tanto pedirle que no se fuera y la observó en silencio mientras se levantaba y le daba el pequeño retoño a su madre.
- No me importaría quedarme un rato más...
Cuando sintió los pasos de aquella mujer bajando las escaleras supo que se habían quedado completamente solos. Aquella distancia que se había esforzado por reducir se había vuelto a crear entre ellos. Petra, sentada en un costado de la habitación con las manos sobre sus muslos y Auruo enfrente suya fingiendo que miraba hacia el suelo para no concentrarse en los delicados rasgos de su cara.
- ¿Y-ya has elegido universidad?
- Sí – tragó saliva – L-la misma a la que fuiste tú.
- Entonces, si quieres puedo aconsejarte con algunos de los profesores. Por ahora solo conoces a Rivaille, pero hay otros que también merece la pena tener.
- G-gracias.
- Auruo... ¿Hay algún compañero tuyo que también vaya a hacer medicina? Quiero decir, es bastante difícil y quizás sea duro si no hay nadie que te apoye.
- Creo que soy el único de mi generación. P-pero no importa. Estaré bien – fingió autoconfianza.
- ¿No hay nadie... a quién esperes ver para... sentirte más animado cuando te frustres? Quiero decir, puedes contar conmigo y con Hanji siempre que quieras. Pero mi preguntaba si...- parecía dudar antes de preguntar aquello que tanto quería hacer, levantó la vista con indecisión y temblando ligeramente, se mordió el labio para no llorar de frustración - ¿Hay alguna chica que te guste?
- …... - aquella pregunta llegó como una ráfaga de luz. Sentía como sus mejillas ardían más a cada segundo – S-sí – respondió finalmente mirándola justo enfrente suya – Aunque a ella no le intereso...
Lo sabía. Se había forzado a sí misma a no pensar en ese tema. Sabía que le dolería esa respuesta. En su imaginación comenzó a materializarse una chica de cabellos dorados y grandes ojos azules. Voluptuosa, con amplia seguridad en sí misma y unos ojos cautivadores.
Una pequeña lágrima rodó por su mejilla sin su permiso. Se apresuró a quitarsela antes de que él la viera en ese estado. Sabía que debido a su excesiva amabilidad se forzaría a preguntarle qué le pasaba y ella querría que la abrazase y fingiese quererla para animarla. Pero no podía seguir viviendo ese sueño. No sin dañarse más a sí misma.
- Creo... que es mejor que no volvamos a vernos – claudicó con un pequeño sollozo.
- …... - incapaz de hablar tras esa declaración. Su corazón comenzaba a fragmentarse en pequeños pedazos.
- Debo irme – se levantó dándole la espalda mientras se dirigía a la puerta – Si esa chica te ve más conmigo pensará erróneamente y nunca conseguirás estar con ella. Yo... no quiero ser un estorbo para tí.
- Espera – fue lo único que pudo decir mientras agarraba su mano con fuerza sin dejarla irse – N-no eres ningún estorbo. E-eso... no es ningún problema.
Recordó su desición aquel día, justo cuando tuvo que abandonarla para acompañar a su madre al hospital. Quería decirle de una vez todo lo que sentía por ella y decirle que estallaba de felicidad solo por pasar cada minuto de su vida a su lado, aunque fuese tan solo como su amigo. Nunca superaría tener que vivir separado de ella.
- La chica que me gusta – sujetó con más fuerza su mano mientras concentraba su mirada en la confusa expresión de ella – eres tú – respiró hondo tras poder haberlo dicho y forzó una sonrisa con sus mejillas ardiendo más que nunca en su vida. Por una vez no tartamudeó – Te quiero, Petra.
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Capítulo terminado.
