Siento mucho el retraso! Supongo que el verano hace que todos nos alejemos de nuestras obligaciones, siento que hayais tenido que esperar para leerlo. Pero aquí está, de nuevo altibajos!
Sakura pasó por el supermercado antes de ir a su casa, había quedado con Ino que llevarían entre ella y Choji la bebida más tarde así que le daba un poco de margen a ducharse antes de hacer la cena, pero no le dio tiempo, limpió la casa a fondo, tan a fondo, que estaba a medio de secar los platos limpios cuando llamaron a la puerta.
Abrió con un delantal y un trapo en la cabeza a una sorprendida rubia y su acompañante cagados de bolsas.
-¿Aún estas así? –preguntó fastidiada entrando la bebida- en media hora deberían estar todos aquí. ¡Eres un desastre!
Choji sonrió como saludo y al momento se dio cuenta de que estaban juntos. Para cortar la tensión y la vergüenza Ino, muy sonrojada sacudiéndose su kimono verde acabó poniendo los brazos en jarras.
-¡Sakura! –chilló- A no ser que quieras recibir a todo el mundo con esas pintas más te vale subir a arreglarte, yo pondré el arroz a hervir e iré preparando el sushi. Choji, ve metiendo la bebida al frigorífico.
A la carrera la chica subió, se duchó rápidamente, al abrir su armario descubrió que se había dejado tanto que no tenía ni un solo vestido aparte del blanco que ya se había puesto para el cumpleaños de Kakashi dos años antes. No le importó demasiado al ponérselo y ver que se le ajustaba más que antes a su pecho y sus caderas.
Cuando se estaba secando el cabello oyó música abajo y supo que los invitados habían llegado, pero ella quería causar buena impresión así que se calzó unas sandalias blancas, se quitó su bandana ninja, en su lugar se colocó una diadema blanca, se dio un poco de negro en el párpado y se maquilló un poco los labios rosas.
Bajó como una exhalación pero su amiga había hecho muy buen trabajo, todos estaban ya sentados alrededor de la mesa charlando, había cuatro sitios libres. La sonrisa de Sakura se entristeció un poco al verlo, ni Naruto ni los Hyuuga habían aparecido.
-¡Ya era hora! –exclamó Tsunade- ya pensábamos que te habías ahogado en la bañera.
Por lo visto ya habían empezado a beber, incluso Sasuke estaba allí, incomodo, sin saber que hablar con sus antiguos compañeros.
Ayudó a Ino a preparar la cena, que con tanta prisa no había salido como ella esperaba, comenzó a deprimirse cuando al sacar una botella de la nevera se le cayó al suelo llenando toda la cocina de cristales.
-Tranquilos, que nadie se mueva y lo recojo en seguida –su cara reflejaba una profunda angustia mientras recogía el destrozo. Todo se había quedado en silencio y no soportaría que la estuvieran mirando con lástima.
Justo oyó el timbre de la puerta, aprovechó que estaba de pie y abrió. Se encontró con una sonriente Hinata y un enfadado Neji.
-¿Tienes la costumbre de hacer que Hinata llegue siempre tarde? –preguntó al Hyuuga ligeramente divertida, había sido verlo y se le había pasado todo. No esperó la contestación. –Pasad, ya están todos aquí.
-¡Oh, menos mal! –exclamó Ino desde su asiento- Neji-san, ¿podrías ayudar a esta torpe a curarse ese feo corte de la mano? Creo que ni siquiera se ha dado cuenta de que se lo a hecho recogiendo cristales.
-Pero si yo puedo… -dijo Sakura azorada.
-¿Y si se te a quedado una pequeña esquirla dentro de la herida? Va, va, deja que unas manos más hábiles te ayuden.
La muchacha miró a su amiga entrecerrando los ojos con malicia en una clara intención homicida.
-Lo siento –declaró Sakura cuando subieron a por el botiquín a su habitación- Ino es una pesada…
Sacó una cajita verde llena de ungüentos y vendas y la abrió sentada encima de su cama mientras Neji se fijaba en su alrededor.
-Así que ha venido el Uchiha… -habló el de los ojos perlados- Que sorpresa.
Había ironía y malicia en su voz.
-Sasuke-kun es miembro de mi equipo, estoy muy feliz de que esté aquí.
-Entonces me marcharé –soltó el Hyuuga moviéndose hasta la puerta.
-Por favor… -susurró ella con tristeza- no me pidas que escoja entre él o tú.
-¿Saldría perdiendo? –había mucho rencor en su voz.
-Al contrario, pero me harías desgraciada.
Neji soltó una de sus características risitas irónicas, con dos grandes zancadas se plantó ante ella quedando muy cerca, casi se rozaban. Sakura tembló y parpadeó varias veces al ver como sus ojos blancos la traspasaban y durante un segundo se pregunto como había sido posible no haberse fijado en el desde un principio, era el hombre más apuesto que había visto, y ese cabello negro le daba un aire amenazante de león. Se sintió como su presa.
Con delicadeza agarró su mano herida y le echó una crema blanca espesa, la vendó con movimientos agiles y diestros, sin decir nada, sin mirarla siquiera.
-Lo siento… -murmuró ella de nuevo. Temblando de pies a cabeza.
Él la miró inquisitivo.
-No me e disculpado apropiadamente, debí decirte algo antes de marcharme. Perdóname.
Terminó de vendarla, al separarse le lanzó una última mirada de reproche, y ella supo que era una negativa.
Bajó antes de que ella dijera nada más, pero había algo que le había removido el estómago, en su mesita de noche había una pequeña botellita de cristal, pintada con colores primaverales. La botella de agua que él le había comprado en el cumpleaños de Kakashi.
Sakura bajó ligeramente cabizbaja la escalera, pero al oír una voz gritona, característica su estado cambió por completo.
-¡Naruto! –exclamó al verle sentado comiendo- ¡Si que has tardado idiota!
Al sentarse le pareció como un flashback de otra fiesta, la bebida abundaba, y la comida aunque no muy buena se aceptaba de buen grado. Al terminar de cenar sacó un pastel de frutas que ella misma había preparado y antes de cortarlo se vio sepultada bajo paquetes de envoltorios brillantes.
-¡Feliz cumpleaños, Sakura! –gritaron casi todos al unísono.
Tsunade le había regalado una cara bolsa de ninja donde cabían muchas más medicinas de las que ella llevaba normalmente, Kakashi un juego de kunais y shurikens nuevos. Ino y Choji le regalaron un ramo de flores de cerezo y una cinta del pelo, mientras que Kiba y Shikamaru le habían comprado un pequeño muñeco de un perro blanco. Sasuke le dio un pequeño paquete envuelto en papel negro, al abrirlo descubrió un abanico blanco lacado, con dibujos de pétalos al viento. Naruto simplemente le tendió un frasco de medicina que la anciana rana le había preparado. Al fin cuando lo apartó todo a un lado Hinata le dio un gran paquete sin envolver.
-Ten, es de parte de mi primo y mío.
Sabia que lo primero era mentira, pero aún así dio las gracias efusivamente. Un precioso kimono blanco con dibujos de peces hilados en plata en las mangas y el bajo, junto a un gran obi rojo fuego con detalles de un rojo más claro. Se quedó boquiabierta.
-¡Muchísimas gracias a todos! –sonrió cortando el pastel y sirviéndolo.
El resto de la noche fue estupenda, todos bebieron, jugaron a juegos de mesa y rieron muchísimo. Casi todos se marcharon en la madrugada y ella se quedó a limpiar.
-Sakura-san, deja que te ayude –imploró Hinata muy sonrojada. Al girarse ni ella ni su primo ni Naruto se habían movido así que accedió.
Mientras que fregaban los platos ellos dos tiraron todas las botellas, Tsunade se había llevado el premio, como siempre y habían tenido que acompañarla a casa.
-¿Cómo vais? –preguntó la chica de los ojos verdes susurrado.
-B-bien –le costó hablar a la morena- hablamos mucho cuando estamos solos, bueno habla el, yo escucho.
Sakura entendió que era un gran paso, se alegraba mucho por ambos. Casi despuntaba el alba cuando terminaron.
-Oye –susurró al oído de Neji cuando estuvieron despistados- ven un momento a la puerta.
Con el cejo fruncido el chico la siguió al jardín delantero y la observó coger una pequeña flor azul del suelo.
-¿Qué quieres?
-Que los dejes a solas un rato –sonrió cómplice- habla conmigo.
-Tsk… eso otra vez –soltó él asqueado.
Sakura no se dejó amedrentar, de vez en cuando se agachaba y cogía varias florecillas de colores.
-¿Te has presentado a las pruebas jounin? –preguntó distraída.
-Si.
-Supongo que aprobarías –suspiró ella al oler el ramo.
-Si.
Estúpidos monosílabos. Se sentó en el banco del jardín a disfrutar del sol mañanero, cuando se fijó que de su vestido pendía un hilo. Lo arrancó y ató con fuerza el ramo. Se lo tendió a un estupefacto Hyuuga con una enorme sonrisa.
Sin saber porque él lo aceptó, se lo guardó entre los pliegues de sus vestimentas justo cuando salían los que quedaban.
-Bueno, me voy a dormir –exclamó Naruto ojeroso- adiós chicos, hasta luego Hinata.
Se marchó apresuradamente por la calle.
-Hasta luego Sakura-san, lo he pasado muy bien –agradeció la morena aún sonrojada. Ambos marcharon hacia su casa a paso lento, sin hablarse, como siempre.
Pasaron varias semanas desde su cumpleaños, ya era oficialmente una adulta hecha y derecha. O así era teóricamente.
Una mañana llegó tranquilamente con sus ropas civiles a la oficina de la Hokage para entrenar sus técnicas curativas, como siempre, cuando un AMBU apareció de golpe en la habitación.
-Hokage-sama algo ha atravesado la barrera, parece ser un solo sujeto muy veloz.
Sakura sintió un temblor bajo sus pies al tiempo que una nube de humo aparecía al mirar por la ventana.
-Formad escuadrones, sea lo que sea, capturadlo –chilló la mujer.
Sin apenas hablar más hubo muchas explosiones simultáneas, pudieron ver edificios caer, el humo empezó a inundar el cielo. La muchacha salió corriendo por una ventana lamentando no llevar puesta su ropa. Al cruzar una calle vio una niña tropezar y caer al suelo llorando mientras su abuela corría hacia ella desesperada. De la nada apareció una invocación de un ciempiés gigante dispuesto a aplastarlas. Con furia ciega se interpuso en la trayectoria del animal golpeándolo con toda la fuerza de su puño. Antes de caer al suelo estaba resquebrajado en pedazos.
-Vamos, vayan al refugio de la montaña de los rostros, allí habrá ninjas que las protegerán.
En aquel momento apareció Kakashi.
-¿Qué esta ocurriendo? –preguntó la muchacha angustiada.
-Nos atacan. Akatsuki –declaró sombrío- al parecer por los destrozos es algo serio, ve al hospital, los heridos están allí y Tsunade esta ocupada en estos momentos, están esperando que Naruto venga a ayudarnos.
-Ten cuidado Kakashi-sensei –suplicó antes de correr a toda velocidad por los edificios caídos y los escombros.
Llegó al edificio sanitario con tres niños del orfanato que habían quedado sepultados entre las paredes de una vieja casa. Al entrar a urgencias se encontró que apenas había sitio para pasar, todo estaba lleno de cuerpos quejicosos, vendas y sangre.
-Sakura-san –la llamó una enfermera con la que había entrenado- necesitamos ayuda. Hokage-sama es la que se encarga de dirigir estos casos, no somos capaces de organizarnos con tantos enfermos. Tienes que dirigirnos tu.
-¿Yo? –preguntó escandalizada- pero si yo no…
-Sakura-san, solo necesitamos que calmes los ánimos y chilles un par de órdenes mientras que nosotros obedecemos.
Al ver a toda la gente herida sin tratar supo que tenía que hacerlo.
-De acuerdo –con toda la voz autoritaria que pudo habló alto y claro- Los pacientes más críticos etiquétenlos de rojo, a los que se puedan valer por si mismos de verde y a los demás de amarillo. Preparad el salón de actos como hospital de campaña, llevad todo el equipo que podáis.
Empezó a moverse rápida pero faltaba personal por todas partes, así que curó a los dos niños y la niña que había rescatado antes de sus cortes y magulladuras.
-Tenéis que ayudarme, ¿de acuerdo? –Suplicó- necesito que os pongáis estos gorros para que os identifiquen, llevad y traed a la gente que os pidan y el material que se necesite ¿Vale?
Los tres sonrieron agradecidos y se pusieron los gorritos dispuestos a ayudar. Sakura se levantó y volvió a mirar a la masa de gente que no paraba de aumentar.
-Yumiko-san –habló a la enfermera encargada del papeleo que miraba estupefacta a la gente- distribúyelos por colores, voy a ayudar a los médicos.
Ando rápida hasta la gran habitación que se llenaba de camas y empezó a curar a un ninja que tenía un brazo roto, cuando lo se lo entablilló le administró un calmante y lo levantó.
-Voy a reanimar a aquel otro ninja y os esperareis aquí para ir llevando a grupos de civiles al refugio, los lleváis y volvéis aquí, ¿entendido?
El hombre tendría veinte o treinta años más que ella, pero asintió sin rechistar, se sentó contra la pared para dejar la cama a otro paciente.
Sakura trabajó durante horas, oyendo más y más explosiones en la lejanía, sintiéndose abrumada por la cantidad de gente que tenía por atender, trató las heridas internas con sus técnicas curativas, pero al pasar las horas el cansancio se hacia mella, no paraba ni un segundo, bebía un par de sorbos de agua de una botella con una píldora de ninja y volvía al trabajo, no tenía fin y al cabo de muchas horas tenía ojeras, le temblaban las manos y respiraba cansada.
-Sakura-san tomate un respiro –habló un medico mayor más despejado que ella- tienes que descansar.
-Aún no –susurró sin apartar la vista de la herida que estaba cosiendo.
-¡Sakura-san! ¡Por favor!
-¡He dicho que no! –chilló como si la mismísima Tsunade la hubiera poseído –Kumiko-san, ya pueden trasladar a esta señora.
Pero en aquel momento una explosión se detonó a muy pocos edificios de distancia, todo el suelo tembló y las luces parpadearon.
-¡Maldita sea! –exclamó ella. Pero ante su asombro la sala se llenó de babosas pequeñas blancas y azules que pidiendo permiso muy educadamente se instalaban en la espalda de los enfermos, curándolos.
-La invocación de Tsunade-sama… -murmuró ella con un suspiro de alivio- menos mal…
Una pequeña babosa se puso al lado de su oreja.
-Tsunade-sama nos a enviado para ayudar a la aldea, todo lo que queráis transmitir a otras personas decídmelo.
-Gracias –dijo sonriendo. Bebió otro trago de agua y continuó, pero al recordar algo se detuvo.
-¿Puedes preguntar donde esta mi madre? –inquirió temerosa.
-Tu madre esta en el refugio, ayudando a curar a los ninjas.
La muchacha suspiró aliviada y sonriente, se alegraba de que su madre fuera de ayuda.
-Y… ¿Y el grupo que estaba de misión de Gai-sensei?
La pequeña babosa calló un segundo, parecía estar pensando o contactando con las demás.
-Se les envió un mensaje para que regresaran pero estaban muy lejos, tardaran en llegar.
La alegría que sintió fue indescriptible, incluso su chackra parecía más potente, se concentró mucho más, su voluntad se hizo implacable, pero no dejaba de preguntar a la babosa el paradero de Naruto, la cual no sabia contestar.
-Vamos Naruto… tonto ven a ayudarnos…-murmuraba de vez en cuando, en un rezo enfadado.
Se levantó de su silla un segundo para traer más vendajes cuando vio un brillo a través de una ventana. Se detuvo con un mal presentimiento.
-¡Agáchate! –le chilló la babosa con terror, a punto estuvo de quedar paralizada, pero sus nervios cansados cedieron al suelo.
La pequeña babosa se agrandó rápidamente y la cubrió entera en una burbuja de curación impermeable. Una onda expansiva primero sin sonido, y luego con el rugido mas atroz pasó por encima de ella, vio como el edificio cedía, todas las mesas y las camas se cayeron antes de ser sepultadas bajo tres pisos de cemento, hormigón y cristales. Sin saber como al abrir de nuevo los ojos vio el cielo milagrosamente estaba viva y a cielo descubierto.
La babosa se apartó de ella volviendo a ser pequeña, dejándola respirar.
-Solo he podido proteger a unos cuantos… -susurró la pequeña babosa cansada.
Sakura se estremeció, no quería mirar a su alrededor y descubrir la verdad de aquel mortal ataque. Pero tuvo que girar la cabeza. Estaba rodeada de piedra, madera, los restos de uno de los edificios más importantes de la aldea. La onda expansiva había lanzado todo cuando quedaba cerca de su epicentro. Al mirar hacia delante con horror descubrió la nada.
Donde antes tenía que haber calles, gente, bullicio, risas, no quedaba nada. Solo un cráter que dejaba el descubierto la tierra seca que hubo debajo de Konoha.
-¿Q-que? –pregunto balbuceando con los ojos abiertos como platos- N-no… n-no puede ser…
Su pueblo, el lugar donde se habían criado todos, la aldea que habían protegido tantas veces ya no estaba. Tan solo quedaba desolación.
Cerró los puños con demasiada fuerza y se clavó las uñas en las palmas. A su alrededor olía la peste hedionda de la muerte, no pudo soportarlo. ¿Dónde estaba su compañero? ¿Dónde se había metido el que iba a salvarlos?
-Naruto… ayúdanos… -murmuró sollozando sin poder controlarse, aún se sentía como una niña ante la guerra, impotente y asustada- ¡Naruto! –Chilló con todas sus fuerzas agarrándose los costados, las lágrimas le caían incontrolables por la cara sucia.
Pero como un milagro ante aquella muestra de desesperación una figura enorme apareció en el horizonte, cuando el humo blanco de la invocación se disipó descubrió un tumulto de ranas ninja. Sobre la más grande de todas había una figura humanoide. Un muchacho de cabello rubio, que lucía una capa roja y negra.
Durante un segundo Sakura creyó ver al cuarto hokage que había llegado a salvarlos, pero al fijarse bien descubrió a un Naruto muy enfadado.
Los seis Pain que habían destrozado la aldea se colocaron en formación, pero rápido como el rayo el shinobi se transportó al primero, con su rasengan en la mano le golpeó en el estómago matándolo al instante.
La muchacha vio que los pocos supervivientes se acercaban el cráter para observar a su salvador, cerca de ella localizó a Hinata, junto a Shikamaru, lo observaban sin poder apartar la vista.
Cuando volvió a concentrarse en el combate Naruto había derrotado a cinco de los Akatsuki, era increíble lo mucho que había progresado en su entrenamiento con los maestros sapos.
A medio combate las cosas parecieron ponerse feas, Naruto no dejaba de lanzar técnicas que requerían una cantidad brutal de chackra, pero sus reservas parecían agotarse, en un segundo de descuido una lanza metálica atravesó al sapo que lo acompañaba y como resultado de la confusión vieron al muchacho ser lanzado al aire, golpeado y al final cuando se estrelló con la piedra varias lanzas se le clavaron sin piedad en sus miembros.
Sakura se llevó una mano a los labios, si no llevaba cuidado no sobreviviría, pero ella no podía moverse, sabía que solo molestaría si bajaba a allí.
Sólo entrelazó los dedos, rezando desesperada, Naruto debía ayudarlos, debía sobrevivir, tenía la esperanza ciega de que se convertiría el Hokage, incluso ella lo creía, Naruto siempre lograba lo que se proponía. Pero jamás imaginaría lo que pasaría a continuación.
Bien, todo esto de nuevo es un resumen del anime, el ataque de Pain a la aldea es súper devastador y muy importante para mi, así que debía ponerlo. Espero que os haya gustado, en seguida subiré el siguiente. Un abrazo!
