.


¡Hola queridos lectores!

Bueno aquí les traigo la continuación de esta historia .Espero que les guste el capítulo :3. Gracias por sus comentarios ,follows y favoritos.

Diclaimer: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto. Esta historia mía

¡A leer!


.

-Capítulo 12-

.

Sasuke se dirigió temprano al palacio del rey. Uno de los soldados de la guardia real, que era el que lo tenía al tanto de todo, había ido, en la madrugada, a verlo para avisarle que el rey Gaara, por fin había llegado. Por fin de tan agónica espera podrían avanzar con la investigación. Naruto, a su lado, de vez en cuando volteaba a su dirección. La risa risueña que siempre tenía en el rostro había desaparecido desde hacía unos días. A veces hasta parecía totalmente ido y desconectado de la realidad, más que el mismo. Inclusive lo había escuchado discutir con Hinata la noche anterior. Él no era de las personas que se metían en la riñas de los demás, pero aquello lo tenía un poco preocupado.

¿Qué había pasado realmente?

A medida que se acercaban su corazón latía más apresurado. Era cuestión de poco tiempo y todo habría acabado. Pese a saber la ubicación del lugar, Neji, no le había dicho nada. Aunque quizá era lo mejor. En un arranque de desesperación e imprudencia, probablemente hubiera echado todo a perder. Además, podía haber más cosas que estaba callando. Quizá la guardia ocultaba algunas cosas turbulentas. Y con ello, él no podía hacer nada. Solo esperar y rogar a Dios que tanto como su hija como su mujer estén a salvo y que nada malo les haya pasado. Aunque claro, la punzada de celos de imaginarla en brazos de otro hombre siempre estaba presente. Sakura, era una cortesana y nada podía evitar, lo inevitable de su trabajo. Él solo pensarlo le hizo sacudirse de pies a cabeza y tirar del caballo a más velocidad.

Sakura, era de él. De nadie más.

─ Sasuke, llegamos ─ anunció el rubio al verlo tan abstraído del mundo.

Sasuke se giró hacia su amigo de la infancia y por la comisura de su labio se le vislumbro una sonrisa. Como un reloj de arena, el tiempo parecía acabar.

Pronto, era la única palabra que se repetía constantemente en su cabeza. Pensar que pronto todo acabaría. Volvería a ver a su hija. Y lo mejor volvería a estar con ella.

Ambos bajaron de sus respectivos caballos y tras una minuciosa revisión por parte de los miembros de la realeza. Entraron a los aposentos del rey.

Gaara había sido el mejor amigo de Naruto, en su infancia cuando el rubio vivía en esa ciudad. Y hacía tan solo pocos años que había sido ascendido a la corona después de que su padre muriera de un infarto. Sasuke lo conocía, pero en esos momentos en lo único que pensaba era en que Naruto, quien por su amistad, hablara más directamente con él.

Al estar frente a él notó que tanto como Kakashi como Neji estaban esperándolos a ambos. Fue Neji quien quiso explicar la situación.

Ambos hicieron unas reverencias al ver al rey.

─ ¿A qué se debe su visita? ─ habló al rubio y a Sasuke.

Fue el pelinegro quien se tomó la palabra. Iría directo al grano.

─ Tanto mi hija como mi prometida han sido secuestradas. ─ explicó, Sasuke, mirándolo a los ojos, un gesto inapropiado que fue notado por los demás, pero frente al cual nadie dijo nada. Sus manos ansiosas apretaban ambos costados de la tela de su pantalón.

La expresión de Gaara era de consternación.

─ Eso es algo grave pero… ¿No es asunto de los investigadores reales? ─ se dirigió a Neji y Kakashi quienes estaban frente a él.

Claro, como rey, un caso que ya involucraba a la guardia real no era de su pertinencia. A no ser que sea un atentado contra otras ciudades, su persona o algún problema de fines militares. En él que se necesitaba tanto su firma como su apoyo.

─ Sí ─ se apresuraron a decir ambos. ─ Pero hay otras cosas más que debe de saber.

─ Entonces, díganlo ─ ordenó con voz enérgica. De lejos se notaba lo posiblemente cansado que estaba.

─ Lo que pasa es que hay personas que no han acatado sus mandatos. ─ Kakashi se tomó la palabra─ Hemos encontrado varios lugares de cortesanas en todo el reino.

Con el ceño del más fruncido el pelirojo respondió:

─ Espero que todos los dirigentes de esos lugares hayan sido puestos bajo la pena máxima.

El rostro serio de Gaara solo reflejaba el asco que sentía sabiendo la situación. Que aun algunos se permitían servicie del cuerpo de las jovencitas para tales bajezas. Esa fue la primera medida que tomo cuando ascendió a la corona. En el reino estaba prohibido ejercer tal tipo de prostitución. No importaba que fuera de tal categoría.

─ Ese es el problema ─ Fue Neji esta vez quien cortó lo que Gaara iba a decir ─ Lo que pasa es que dentro de esto hay una organización dedicada y estamos casi seguros de que hay nobles involucrados en esto.

Cuando Sasuke escuchó la palabra "nobles" por fin entendió a lo que se referían. El porqué de la insistencia de que el rey estuviera presente para hablar. Mirando a los presentes no intervino de inmediato y dejó libremente a los subordinados del rey, hablar. En su mente las piezas empezaban a encajar a la perfección. La insistencia estaba basada en que a un noble no se lo podía atrapar de manera tan fácil. El poder político tenía más peso que la justicia en el reino, siempre había sido así.

La voz de Gaara se escuchó pasado unos instantes.

─ Entiendo ─ el rostro de Gaara los miró pensativo. ─ ¿Tienen los nombres de aquellas personas? ─ se dirigió a ambos oficiales. Su rostro siempre palido y sereno se hizo levemente rojo de la incomodidad. Era muy difícil meterse con personas de renombre.

─ Sí ─ dijo Kakashi ─ El problema es que estamos casi seguros que hay más personas.

─ ¿Quiénes son?

─ Hemos encontrado que uno de ellos es el ex medico real a cargo de su padre. ─ expuso Kakashi. ─ Orochimaru-sama.

Gaara lo miró sorprendido por unos segundos. Nunca le había dado buena espina ese sujeto. Es más, muchas veces había reflexionado de la absurda manera de morir de su padre. Incluso había intentado por medio su hermano investigar su muerte, pero como vil traicionera, aquella, también se había llevado a su hermano mayor de sus manos antes de dar con la información que necesitaba.

Dejo los pensamientos de lado cuando empezó a indagar sobre aquel embrollo.

─ ¿Hay alguien más?

─ Sí. ─ Esta vez fue Neji quien intervino. ─ Lady Tsunade, también se sospecha que es una de las que está involucrada.

─ ¿Lady Tsunade? ─ preguntó perplejo el pelirojo─ ¿La misma que ayuda a los niños huérfanos?

El reino inclusive daba jugosas donaciones para aquel albergue que la rubia manejaba.

─ La misma ─ aseguró Neji. ─ Es más, al parecer es una de las fundadoras de los locales de adiestramiento.

Sasuke observaba atento a cada uno de los presentes. Conocía a Tsunade, era más que obvio. Cuando intentó buscar a Sakura, ella fue la que no le permitió entrar a su local y se hizo la desentendida, pese a que el mismo la había visto aquella noche trayendo a Sakura y las demás cortesanas. Casi todo el mundo sabía de los pocos lícitos negocios de aquella rubia, pero al parecer ese todos no involucraba a la realeza. Suspiró fastidiado mientras continuo escuchando todo lo que tanto Neji como Kakashi tenían que exponer. Fue cuestión de media hora y todo acabó. Después de haber soltado toda esa información y con la firme esperanza de una intervención ya firmada por Gaara, procederían esa misma noche a registrar; en primero lugar, el establecimiento donde se encontraba la pelirosa.

Naruto no intervino en ningún momento y eso lo tenía algo preocupado.

¿Qué le pasaría a su amigo?

Cuando ambos llegaran a la mansión tendría que hablar firmemente con el rubio. Estaba preocupado por su amigo, pero no podía esconder la felicidad que sentía por Sakura.

Pronto la vería, la tendría entre sus brazos. Y hasta ese entonces. Solo tenía que esperar.

Sakura acarició nuevamente su vientre por encima de la tela de su yukata. Una sonrisa soñadora se dibujaba en su rostro. Miró hacia abajo, aun su abdomen seguía plano, pero ahora, ella sabía que había una vida dentro. Una, que le llenaría la vida de alegría; que al igual que Sarada le traería una inmensa felicidad. Pensar en sus pequeñas manitos y en su carita cuando naciera, era lo que más le emocionaba. Al principio, no había sabido cómo reaccionar frente a un acontecimiento así, pero ahora con todo más claro en su cabeza y con la firme esperanza de que Sasuke la sacaría de ese lugar, porque eso tenía que pasar. Se había permitido pensar en su bebé, en: ¿cómo sería? ¿Que sería? ¿Quizá sería otra mujercita? O un varoncito. Un mini Sasuke bello e indefenso que vendría al mundo para hacerle ver aún más lo bello que era. Era más que obvio que se parecería más a él porque a ella era muy poco probable. Sarada, su hija, había heredado de ella solo la forma de su rostro, pero si la veían y comparaban sus rasgos, era notable el parecido a Sasuke. Se parecía más a él que a ella. De seguro su bebé también sería una copia de su padre. Y cuando joven tendría muchas pretendientas. Sonrío un poco. El bebé no nacía y ella ya hacía planes de a quien se le parecería más y hasta en su sexo. Podía ser una niña nuevamente, aunque internamente deseara que fuese un niño…

Suspiró mientras alejaba sus manos de aquel lugar sagrado que protegía a su bebé, sintiéndose indefensa al hacerlo. Sarada pronto vendría de clases y tenía que ordenar algunas cosas que había dejado tiradas mientras estudiaba. Los libros de medicina estaban totalmente hechos un desastre en la mesa. Había dedicado bastantes horas al estudio, pero por el bien de su pequeña, ella haría lo hasta lo imposible. Cada día, cada minuto, cada segundo iba en contra suya. Una emoción fuerte significaría un decaimiento en la vida de la pelinegra. Sakura siempre pensaba en aquello y era por eso que la cuidaba tanto. Además, con las últimas guías de medicina había entendido mejor la enfermedad de su hija y quizá pronto descubriría cuál sería su solución o en todo caso algún tratamiento que la ayude a controlar su enfermedad mejor.

─ Mamá ─ llamó su hija desde la puerta.

Dejo sus pensamientos mientras miraba curiosa a su hija. En cada uno de sus rasgos encontraba algo de parecido a Sasuke. Es más, parecía fiel copia suya. Sin pensarlo dos veces cualquiera notaria su semejanza.

─Hola, Sarada…─ saludó a su hija en tanto ella entraba a su recamara. ─ ¿Cómo te fue? ─ preguntó.

─ Bien, mami. Maestra Tenten es muy buena con nosotros y nos enseña muchas cosas ─ habló la pelinegra con sonrisa risueña.

Perdida en sus pensamientos Sakura escuchó aquel nombre bastante parecido. Habían pasado muchos años y ella no había vuelto a saber de su paradero. Desde en la noche que escapó. La castaña la había ayudado en demasía. Escuchar su nombre la hizo marearse un poco de la impresión.

¿Sería la misma persona?

Confundida e insegura. Se permitió indagar sobre aquel nombre tan parecido.

─ ¿Tenten se llama tu maestra, hija?

Sakura detuvo el movimiento de sus manos sobre los desordenados libros para mirar a Sarada y prestarle la máxima atención posible. Su mente era un torbellino. Podía ser bizarro, pero dentro de él esperaba que fuera así. Si lo era, entonces, ella quizá tendría una oportunidad de escapar. Una maestra, en un lugar como ese, podía entrar y salir a la hora que quisiese. Si era así, entonces solo significaría que su mejor amiga había comprado su libertad.

─ Sí, mami ─ Sarada la miro curiosa para luego agregar: ─ ¿No te lo había mencionado ya?

No. No había escuchado nada.

Aquellos días había estado tan ocupada en aquellas danzas que seguramente poco o nada había prestado atención a lo que su hija le había dicho. Es más, muchas veces cuando la pequeña llegaba ella reparaba en una presencia un poco y seguía con las arduas lecturas. Cada vez se fascinaba un poco más por el cuerpo humano y la forma en que muchas personas habían descubierto la cura de algunas enfermedades. Pero al mismo tiempo se sentía culpable por dejar de lado un poco a Sarada. Ellas dos, desde siempre habían sido sumamente unidas.

─ No lo sé, pero cuéntame de ella ─ se notaba el interés de la Haruno en la voz ─ ¿Cómo es ella?

Confundida por la reacción de su madre, pero a la vez entusiasmada, Sarada, empezó a imaginarse mentalmente el rostro de su maestra. Era una niña, así que no reparaba en muchos los detalles físicos de los demás. Lo que más notaba eran los rasgos de su personalidad. Una muy amable y risueña forma de ser.

Con la imagen fija de su maestra en su cabeza. La pequeña empezó a explicarle.

─ Es como de tu tamaño. Su cabello es marrón así como sus ojos ─ la pequeña la miro curiosa pues los ojos de Sakura mostraron una sorpresa inmediata.

Ojos marrones, cabello marrón. En definitiva podría ser ella. Aunque nada le aseguraba nada. Lo único que podía asegurarle algo era preguntar directamente en el aula, pero desde hacía dos días ella no podía ni pasar por los salones. Al parecer unas cortesanas había escapado recientemente y la seguridad había subido hasta las nubes en el lugar. Resignada por los sucesos Sakura había dejado a su hija partir sola a cada una de sus clases.

─ Entiendo… ─ dijo insegura, Sakura.

─ ¿La conoces? ─ preguntó, la pequeña pelinegra, entusiasmada.

─ No lo sé ─ Sakura suspiro mirando hacia un lado. Los recuerdos de su mejor amiga de infancia vinieron como flashes fotográficos a sus retinas.

─ Uhmmm ─ Sarada inflo sus cachetes en un gesto adorable que hizo a Sakura cambiar su expresión de preocupación por una sonrisa. ─ Me ha ayudado mucho ─ añadió contenta.

Sakura perdida en sus pensamientos volteó a su hija y le pidió que le contara más acerca de su maestra. Entonces ella le contó aspectos de su personalidad y lo muy buena maestra que era, la paciencia que les tenía y también que le había dicho que era una de las mejores alumnas que había tenido. Pasado un rato la pelirosa se sintió muy orgullosa de su hija. Sarada era una niña que aprendía rápido y claro, pese al ambiente que su hija aprenda cosas nuevas la hacía feliz. Después de todo, una cortesana tenía hasta una mejor educación de una chica de origen noble.

...

La copa de sake se mecía entre sus manos. Dentro de pocas horas, disfrutaría un montón cuando Sasori la tomara por segunda vez. Solo esperaba que esta vez por fin la matara como a las otras; ya que ella no lo podía hacer. No le importaba si ella llevaba su sangre. Sakura, sería siempre un mal recuerdo de su pasado, uno que no había superado y que había matado los pocos sentimientos positivos que tenía. Tsunade no quería a nadie y Sakura en esos momentos era menos que nadie.

Suspiró fastidiada mientras se llevaba la bebida embriagante a sus labios. Fue tan abrupta la forma en que bebió que rápidamente sintió el picor en sus garganta. Los múltiples recuerdos la asaltaban constantemente y no los podía evitar.

¿A dónde se supone que vas Mebuki?preguntó la rubia sumamente molesta con la señorita perfección. Estaba harta de que su hermana menor siempre le simpatice a todo el mundo.

La menor, fastidiada respondió.

Eso no te importa, hermana. Luego siguió hasta la puerta Debes conseguirte un novio o te quedaras amargada para siempre. Canturreó encantada al escucharla rechinar los dientes.

Tsunade empuño ambas manos. Sí, lo sabía. Tenía más de 25 años y pronto se le iría de sus manos casarse si no lo hacía en ese momento. El que se lo recordara solo hizo que odie un poco más a la señorita perfecta.

Pronto descubriré en que andas metida le gritó antes de que salga Y cuando lo haga, les contaré todo a nuestros padres.

Sin esperar respuestas, Escuchó como la puerta era tirada con fuerza desde afuera.

─ Maldita, Mebuki─ susurró en tiempo presente. Su hermana siempre había sido un obstáculo en su vida y era por eso que la detestaba demasiado. No importaba si ya estaba muerta. Su hija era aquel fantasma que la representaba a ella.

De pronto experimento una sacudida. Estaba ebria. Llevaba al menos una hora tomado saque. Tomar ayudaba a olvidar y ella siempre tenía razones para olvidar. Olvidar aquel pasado que le había arrebatado tanto, como olvidar a la hermana traidora que pisoteo y bailo encima de su felicidad.

Con unas muestras en las manos. Un peliplateado caminaba de un lugar a otro. Era una forma rudimentaria de laboratorio, el lugar que usaba para sus investigaciones. Pero no podía ser de otra forma. Todo lo que se hacía ahí, se manejaba como un alto secreto.

─ Señor ─ llamó Kabuto a su maestro mientras traía algunas muestras. ─ ¿Cuándo ejecutaremos el plan? ─ preguntó.

Orochimaru se giró dejándole ver su delantal totalmente manchado de sangre. Sabía que con Orochimaru las cosas pasaban en planos superiores. A su maestro no le importaba tomar la vida de alguien si era con el fin de experimentar. El cuerpo tendido en la mesa solo era prueba de lo muy desquiciado que estaba.

─ No seas impaciente, Kabuto. Ya sabes tenemos que esperar las ordenes de arriba.

Era cierto toda su investigación estaba patrocinada por alguien pudiente que quería invertir en algo que como salvaría la vida de personas, también las podría matar. Era eso último lo que se deseaba.

─ Lo sé ─ su discípulo miró decepcionado. Había estudiado bastante el tema y pensaba que su maestro querría ejecutarlo a la brevedad. A él poco o nada ya le importaba lo que pasara o eso quería creer. En su interior se sentía muy mal. Él no quería hacer daño a nadie. Pero Kabuto le debía obediencia, luego de la muerte de sus padres. Orochimaru se había dedicado a su cuidado. Él era como su padre. Era por eso que le tenía tanta estima y respeto hacia su persona. Aunque últimamente y tras lo que diario veían sus ojos. Esa estima y respeto se estaban yendo hacia el retrete.

─ Tráeme los frascos de metales ─ pidió Orochimaru.

Resignado y con la cabeza pensando en muchas cosas, entre las cuales había un terrible arrepentimiento. Kabuto, fue hacia el lugar donde se encontraban los frascos para luego extendérselos a su maestro.

Con una sonrisa de lado el médico la tomo entre sus manos. Experimentar con químicos era algo nuevo para él, pero hacerlo en cadáveres era un acto un tanto morboso y desagradable.

Kabuto giró la vista de donde estaba su maestro para perderse en sus propios pensamientos.

De un momento a otro un rostro apareció en sus retinas. Poco a poco nuevos sentimientos lo embargaban y ella los ocupaba todos. Se sentía terriblemente mal por lo que estaba haciendo, pero él solo era un peón. Recibía órdenes y aunque la quería; poco o nada podía hacer. Aunque, quizá si la sacaba del lugar y escapaba con ella podrían ser felices. No importaba si ella no lo amaba. Él estaba seguro que con su amor era más que suficiente. No esperaría, esa misma noche se lo propondría, le declararía sus sentimientos y si ella los aceptaba entonces, su vida cambiaría para felicidad.

Solo esperaba que resultara así.

No podía imaginar una vida sin Sakura.

.

.

.


chan chan chan wiii. Bueno este es el final del capítulo. Poco a poco vamos entendiendo algunas cositas xD (Como por ejemplo la actitud de Kabuto hacia Sakura) y también el porque del odio de Tsunade, en el cual, aun hay algunas cosas que revelar.

Está demás decir que sus comentarios son mas que bienvenidos. Y gracias a las personas que comentaron el capítulo anterior. No es por spoilear, pero yo también quiero que sea un varoncito xD o quizá le venga doble sorpresa a Sakura. Nadie sabe, todo está en mis manos muajajaja okno :P xD

Espero que les haya gustado el capítulo.

¡Nos vemos en el próximo capítulo!


.