Disclaimer: Shingeki no Kyojin no me pertenece.
Notas al final del capitulo.
Moblit no se veía diferente a lo usual, su rostro expresaba una determinación tranquila y sensata; la mano firmemente apretada alrededor de la pequeña jeringa. Hanji intentó recuperar la compostura; fingir al menos. Sonrió y se llevó las manos a la cadera, inclinándose hacia su subordinado.
- ¿Te tomaste la molestia de traer calmantes titánicos para aplacar a Rivaille? ¡Hombre! No es necesario, pero no voy a negar que se lo merece por gritar como señora. Vete tranquilo, no tienes que preocuparte tanto por mí.
El soldado rio; acercándose con completa confianza a los otros, sin que en su actitud se notase cambio alguno. Cruzó los brazos, ocultando parcialmente la jeringa. Levi gruñó, cubriéndose el estómago de manera inconsciente, como si Moblit, y todos, quisieran hacerle daño a su pequeñita. Estaba convencido de que todos querían quitársela, como si no fuera una bebita; como si fuera un espantoso parásito que se alojaba en su cuerpo.
- Venía, ciertamente, a verle; sargento Levi. Pero también venía a ver a Hanji. Venía a ver a todos. Entiendo que se encuentre tan afectado con la partida de Eren, capitán; sin embargo esa no es una razón válida para quedar reducido a esto. Mírese, no ha salido de los muros; no ha querido comer fuera de la habitación, y solo se la pasa hablando solo. Algunos dicen que está hablándole al recluta Jaeger, otros dicen que sus heridas finalmente le hicieron perder la razón. Lo cierto es que usted es el hombre más fuerte de la humanidad, y por tanto, una vez más es nuestra esperanza.
Hanji sonrió genuinamente por primera vez, asintiendo, de acuerdo con lo que su subordinado estaba recitando. Eso era lo que le faltaba a ella, la paciencia que tanto estrés y paranoia le había quitado hacía mucho tiempo atrás. Levi apretó los labios hasta formar con ellos una fina línea, sus puños apretados contra la cama, los nudillos quedaron blancos pronto.
- No te atrevas a hablar si no tienes ni la más mínima idea de que sucede conmigo; es desagradable y me da ganas de vomitar. Lo único que dicen es "no eres tú" "Deja de sufrir" "Deja de actuar raro". Pero no tienen ni la más puta idea de lo que yo siento. Soy un humano, después de todo, y sufro por cosas. Si insisten en declararme el hombre más fuerte de la humanidad y tirarme toda su esperanza encima, es su problema, no voy a renunciar a mi derecho de sufrir porque un montón de mierdas decidieron que yo iba a ser la esperanza de la humanidad. Estoy pasando por porquerías, y mi vida da asco ahora mismo; y no puedo recargarme en absolutamente nadie porque las únicas personas que saben de mi condición son un montón de pendejos estúpidos hijos de puta, que dicen quererme mucho y preocuparse, pero en realidad no piensan en nadie más que en sí mismos. No se detienen a pensar en otros, ni en mí, ni en Elié.- Hanji se tensó por completo; volteó con toda la discreción que tuvo en el momento, solo con las pupilas; a ver el rostro crispado en rabia de Levi. Si hablaba en ese momento iba a echar todo a la mierda. – Hablan como si lo supieran todo, putos imbéciles, pero no entienden nada. Nadie entiende absolutamente nada. Estoy pasando por un río enorme de mierda, y me da mucho asco; pero no puedo hacer ni puta madre para remediarlo, solo puedo pasar entre la mierda de la mejor manera que pueda, tan solo como me sea posible, porque cuando ella llegue a este mundo tendrá que pasar por un rio de mierda aún más grande, más grande que las murallas, incluso.
Ahí Hanji decidió intervenir, porque si Levi hablaba de más y soltaba el secreto que ella había logrado mantener a salvo de los altos mandos, el chisme volaría como pólvora, y llegaría al generalísimo y todos los bastardos que regían la milicia. Se llevarían a Levi y lo harían sufrir aún más de lo que ya sufría. Hanji entendía que estaba pasando por terribles momentos, y que gran parte eran su culpa; sabía que aún con eso, iba a pasar por un dolor físico y emocional aún más grande cuando sacase al parásito, y también sería su culpa; pero era necesario. En cambio, ellos podrían intentar fabricar super soldados con su cuerpo, hacerle dolorosos experimentos para hacer nacer al bebé… No iba a dejar que esa cosa naciera… ¡No iba a dejar que esa cosa naciera!
- Levi está hablando de que realmente no entendemos lo graves que son sus heridas… - rio nerviosa, y se atrevió a pasar un brazo alrededor de sus hombros anchos, y a apretarlos para advertirle que estaba pasándose de la raya, y que si no se callaba ella misma tendría que callarlo, aún frente a Moblit. – ¡Meh! No te preocupes demasiado! La verdad es que de vez en cuando le dan esta clase de ataques y… - otra risa nerviosa – suele ponerse a hablar de esto y aquello, y a…
- ¡Oh! No se preocupe, por favor, yo lo entiendo. – largó el castaño, cargando una sonrisa comprensiva y torpe en el rostro. – Sé perfectamente que está alterado por lo que ha sucedido, sargento; pero no tiene que sentirse mal. Mire, voy a decirle algo que aliviará mucho sus preocupaciones: Sé que piensa que el recluta Jaeger se fue, dejándole atrás, pero lo que sabe ha sido inventado por la sargento Zoe…
Hanji rio más nerviosa, y enarcó ambas cejas, como si no supiera de lo que el otro hablaba.- Deja de bromear Moblit. ~
- Ella inventó que Eren quiere que usted se deshaga del feto, y ocultó la carta en donde afirma que está vivo, y revela su ubicación…
Ahora la castaña se horrorizó.
- Moblit. ¿Qué coño sabes? ¡¿Cómo te enteraste de todo esto?!
- … ¿Eh?
- En realidad no se fue voluntariamente, ni tampoco desea permanecer alejado de usted o de la criatura que lleva en el interior. Aún más, desea tanto estar a su lado, que se atrevió a desafiar a la poderosa organización para la cual estaba trabajando, para volver. Se le prohibió dejar la fundación para venir con ustedes, fue por eso que estuvo ausente por tanto tiempo; sin embargo ha estado rompiendo reglas para tratar de establecer contacto. Le mandó una carta, capitán. Donde le pedía que fuera hacia la fundación. Sin embargo esa nunca le llegó, la sargento la escondió de usted.
- ¡Moblit, cállate!
- ¡Que tu hiciste ¿Qué?!
El soldado rubio se movió sigiloso y lento, como una lechuza, observando con sumo interés la pequeña jeringa en sus manos. Siguió hablando con el mismo tono, el mismo timbre, la misma monotonía.
- Pero fue gracias a eso que ahora yo debo hacer lo que debo hacer. No es personal, pero ustedes obviamente no conocen el poder de ésta organización. No existe manera de desafiarlos, ni manera de detener lo que están haciendo. Solo puedo salvar a mi familia si hago lo que me dicen. Eren escapó hace un rato. El "cómo" la noticia llegó tan rápido es algo que no puedo revelar, pero ellos tienen sus maneras. Ahora, debo hacer algo necesario, que me parece terrible, pero que es. Como dije, necesario. Admito que no sé qué clase de favor esté haciendo… pero rezo por que sea uno bueno.
Hanji apretó los labios, incapaz de voltear para mirar a Levi; sabía que estaba observándola con los ojos llenos de rabia, que sentiría ganas de asesinarla en ese momento.
- ¡Eres una maldita zorra hija de… - Moblit tacleó a Levi. Directo al piso. Sostuvo la jeringa con fuerza y la apuntó directo a él.
Levi, que había estado gruñendo y despotricando, completamente crizpado de la rabia contra Hanji, desprevenido, terminó en el piso, con el rubio encima, sosteniendo sus brazos para que aquella jeringa no le llegara a él. - ¿¡Qué coño crees que estás haciendo!? ¡¿Esto es cosa tuya, zorra!? ¡Deja en paz a mi bebé o te mataré aquí mismo!
- ¿¡Moblit!?
La jeringa se levantó, alta, bien aferrada por la mano del rubio que asestó un golpe con ella directo a Levi. Hanji gritó su nombre (El de ambos) y se echó encima, para detener la pelea que pronto comenzó entre los soldados.
Levi intentó sacárselo de encima, y aún con la desfavorecedora posición, su lucha fue casi equitativa a la del otro, cuya muñeca letal se aproximaba poco, incapaz de moverse para liberarse del agarre fuerte. Hanji, embravecida, tiró con fuerza de la espalda Moblit, lo que logró separarlo del sargento Levi. Sin embargo, sin un pelo de tonto; el rubio apoyó el pie en el vientre ligeramente abultado. Aquello hizo que el capitán se tensar a por completo; y dejase de forcejar.
- ¿Quieres que aplaste a la criatura? Deja de jalarme, estoy Apoyándome encima del feto.
El gruñido inquebrantable de Hanji, o quizá la decisión de Eren de escapar. Quizá la culpa era de Levi por permitirse intimar con un recluta que estaba bajo su mando. Lo cierto es que el forcejeo, a partir de ese momento, se volvió una llave que abría la caja de pandora.
Todo quedó estático; Levi tirando y empujando a Moblit; Insultando a Hanji de distintas maneras porque estaba poniendo en peligro a su bebé; y la mujer qjr hacia casi omiso, simplemente tirando de su subordinado, que se apoyaba más y más en el vientre fontano.
Pero el trabajo de Moblit era otro; por lo que una vez más lanzó la mortal aguja hacían el sargento. Levi se aparto' de inmediato, de un fuerte golpe que soltó al pecho ajeno.
- ¿¡Que coño te sucede, hijo de puta?! - Ahora fue Hanji quien le tomó de las muñecas para que no le acercase la jeringa, luchando con brío para echarlo del cuarto, tirarlo al piso o, siquiera, que soltase la condenada inyección de quiza qué cosa. Pero en cambio, fue Moblit quien la empujó a ella contra el librero que yacía impecablemente ordenado contra uno de los muros.
Entonces Levi lo empujó a él, provocando que tropezara con las cosas que habían caído tras el fuerte golpe de Hanji, y que cayese desordenadamente contra el escritorio. Su rostro palideció por completo, y no era para menos, pues ahora ambos sargentos, que se recuperaban con tranquila persistencia, se acercaban a él, dispuestos a sacarle a golpes (O al menos eso estaba por hacer el pelinegro) toda la mierda que supiera. Pero la palidez y el súbito horror no era por eso, sino por la jeringa enterrada en su muñeca, que por haberla agarrado con tal terquedad terminó clavándose en su piel.
Horrorizado, Moblit se sacó la jeringa, arrojándola por la ventana como si fuese la mismísima puerta al pandemónium.
- ¿!Qué mierda fue todo eso, cabrón?! - espetó Levi, sosteniéndose el vientre pisoteado y herido. Los golpes auto infligidos en su arrebato iracundo, aunados a los nuevos golpes recibidos por los daños de la presión de Moblit, tenían terriblemente preocupado al sargento. Cuando terminase de asesinarlo por haberse atrevido a hacerle daño a su niña, obligaría a Hanji a revisarla, debía asegurarse de que ella estaba bien.
Levi se acercó aún más, tomó al otro del cuello pese a su baja estatura y le tiró de la ropa hasta tenerle a su altura, pero Moblit, lejos de verse intimidado por Levi, se mostraba completamente horrorizado. Pero no por el sargento.
Se apartó bruscamente, frotándose la mano con insistencia, como si buscase limpiar algo que había quedado ahí. Sus ojos se desorbitaron poco a poco, su boca se estiró en una mueca de terror que solo podría haberse atribuido, en otro tiempo, a Goya.
Con la torpeza de un hombre poseído por el horror absoluto, Moblit retrocedió hasta la pared, largando un alarido pávido que puso a los otros la carne de gallina.
- ¡U-Un caballo! – bramó, cual ganso en brete, y se echó a correr entonces, a prisa, al caballo, al centro de Sina. No le importó chocar contra Levi y contra Hanji cuando partió de la habitación (Era su trabajo, después de todo, infectarlos a ellos) ni contra otras diez, o veinte o mil personas más en su camino. Apurado, sabiéndose a muchas millas de distancia, irrumpió en las caballerías y se hizo del caballo del comandante, que domó en medio de la desesperación, y en ese fue que se dispuso a cabalgar a través calles de Rose. El distrito en el que se encontraban (Cuyo nombre le importaba lo mismo que su misión en esos momentos) estaba en la frontera entre Rose y Sina, por lo que pronto logró divisar la preciosa muralla que se levantaba imponente, ofreciendo sombra y protección, con la promesa de seguridad en su interior.
Un montón de ronchas secas habían aparecido en su piel durante el trayecto, nada demasiado perturbador, sin embargo éstas se extendían a lo largo de su brazo, directo al torso, en donde se expandían como una sola mancha de piel extremadamente reseca. Pero seguía lo suficientemente cuerdo, y no se sentía del todo mal; fuera de un ligero malestar en la base del cráneo, nada más le molestaba. Quizá aún tenía tiempo de llegar a la sede.
Alcanzó pronto el concurrido centro del primer distrito de Sina, cuyo territorio más pequeño, pero más poblado, le dificultó la cabalgata. No obstante, poco le importó arrollar a unas cuantas personas que caminaban en la noche; saltar encima de otras, tirar puestos de fruta madura que había resultado de mucho trabajo ajeno y estaban dispuestos para el amanecer. Despertó furia en su camino, pero poco le importó, porque debía llegar a CELICA.
Un fuerte mareo le sacudió de pronto. Un escalofrío. Calambres intensos a lo largo de su cuerpo. Entonces todo se volvió confuso.
Cayó del caballo.
La pequeña horda formada por hombres que había salido de las casas al escuchar el estruendo, así como personas que habían estado caminando en la noche; se apiñó alrededor del soldado para exigir una explicación y una compensación por sus negocios y heridas, pero solo le miraron convulsionando en el piso.
- Creo que deberíamos traer a un doctor rápido…- murmuró una mujer ataviada con galas, que formaba parte de la diminuta multitud. Un reducido grupo de hombres grandes, en su mayoría trabajadores de las casas de los ricos, decidió acercarse a Moblit. La resequedad en su piel se había extendido por todo su cuerpo, y ahora su boca estaba manchada en saliva espumosa que caía a cantaros de sus comisuras mientras convulsionaba. Sus ojos, dilatados y enrojecidos, se veían aún más saltones en ese estado.
- Oye… vamos a llamar a un doctor así que…- Una única mordida en cuanto el varón acercó la mano al rubio, que logró atravesar la piel y sacar algo de sangre. De inmediato el hombre retiró la mano y se alejó, bramando de dolor y maldiciendo al soldado. Moblit se puso en pie, echándose a correr hacia una pared, contra la que chocó.
- ¡Éste hombre tiene rabia! ¡tiene rabia! – chilló otra dama, echándose a correr hacia la seguridad de su casa junto con las demás mujeres. – ¡Se le ha contagiado la rabia!
Con eso la multitud huyó alarmada, sembrando pánico entre la misma gente.
Mientras Moblit continuaba tropezando con violencia con más puestos y resbalando con la saliva que había botado, los hombres se hicieron con armas. Un miembro de la policía militar tomó el rifle, a pesar de las heridas que tenía en las manos debido a un accidente acaecido más temprano, y apuntó al rubio. Pero Moblit, entonces se volvió hacia la gente de nuevo. No estaba yendo tras ellos, ni tras nada en especial; sin embargo su mente no funcionaba en absoluto y solo le ordenaba tornarse agresivo.
Corrió hacia el quinteto de varones, echándose sobre uno de ellos sin éxito. Aquel miembro de la policía militar echó el arma por el piso hacia los hombres – ¡Yo lo inmovilizare junto contigo, el que está más próximo! ¡Ustedes pasen la escopeta a quien sepa dispararla! – Otro de los hombres se echó al piso, se quejó luego de rasparse los codos y luego de pasar sobre la saliva, contorsionando la cara en una mueca de completo asco. Moblit volvió a chocar contra otra serie de paredes, antes de que dos de los varones le inmovilizaran por completo. Lanzó mordidas y arañazos, e incluso consiguió herir ligeramente a los hombres que lo estaban sujetando.
- ¡Dispara! – Espetó el oficial. El hombre que apuntaba el arma titubeó al momento de empuñarla, dudoso de su propia capacidad.
- ¡Deberíamos esperar a un doctor! ¿Es necesario matar a éste hombre?!
- ¡Dispárale de una vez! ¡Es rabia! ¡No vamos a poder hacer nada para salvarlo en éste estado!
El hombre apretó los ojos, apuntó a ciegas y disparó. Un quejido fue emitido por todos los hombres, en especial por los dos que flaqueaban el cuerpo del ahora muerto soldado. Finalmente todo volvió a la calma.
- Me mordió la mano el hijo de perra… - espetó uno, limpiándose la saliva del otro en la ropa.
- Nunca vi que alguien salivase tanto, tendré que ir a ducharme ahora mismo… pensar que hace tanto frío…
- Casi amanece… no vale la pena ir a dormir….
De ese modo se restauró la calma en el concurrido centro de Sina, cuya actividad comenzaría en un par de horas. Los trabajadores y mercaderes se levantaban antes del amanecer y la calle comenzaba a llenarse a esa hora; la verdadera hora pico no venía hasta que el sol ya había salido y era hora de ir a la iglesia de las tres santas murallas. Héctor Pendragon, herrero de profesión y trabajador de un empresario adinerado, entró en su recinto con una mueca de asco pintada en el rostro. Tenía las manos manchadas de la saliva del difunto, cosa que le provocaba una repulsión sobrecogedora. Suspiró cansado y perturbado, lavándose las manos en una palangana. Su mujer salió a su encuentro, usaba la misma mueca de seriedad y prudencia a la que él estaba acostumbrado.
- Que espantoso enterarse de que alguien se ha contagiado de rabia en éstos lugares. – Suspiró.- la humanidad parece estar genuinamente condenada…
- No te preocupes Bruhimmild; estoy seguro de que lo pescó fuera…
- ¿Fuera?
- Era un soldado de los de la legión – comentó, lavando sus manos.- esos que se salen de las murallas para matar titanes a lo idiota. Ha de haberse encontrado con algo ahí que lo contagio, no es la gran cosa. – Terminó de lavar sus manos y las observó, fijándose en algo que no había visto antes.- Oye, ¿Qué crees que sea esto?
- ¿Qué cosa? – Ella se acercó a donde su esposo, tomando la mano en la suya para observarla con mucho cuidado. Escrudiñó en algunos cortes hechos en el pasado, cuyas cicatrices habían permanecido ahí. Levantó ambas cejas.
- Son solo pellejos, algunos siguen sangrando querido. No deberías mordisquearte los bordes de las uñas, eso hace que…
- No, no Bruhimmild, esos no, esos ya sé que son. Hablo de ésta cosa. No la había visto.- Señaló, con la otra mano, una diminuta yaga de piel brillante y reseca que había aparecido en el nacimiento del pulgar, sin explicación aparente.
- probablemente te has quemado y no te has dado cuenta… no lo sabemos. Quizá es porque el hombre de antes…
- Eso no es, ya te dije que lo ha pescado afuera. Tienes razón, creo que me quemé, recuerdo haberme quemado uno de estos días. Andaba muy tenso para recordarlo hace un momento…Pero ya todo está bien, no te preocupes. El tipo ya se murió y nada pasará.
- Recemos por eso y que Dios nos ampare. – La dama se dio vuelta, soltó otro suspiro.- Gudrum y Sigur están durmiendo en la habitación, volveré. Tú vuelve pronto también, descansa unas pocas horas y levántate tarde mañana, cuando salga el sol.
- Sí querida, tienes razón.
C.E.L.I.C.A Fundation. 5 horas después. 6 a.m.
El consejo de los Couloun se había reunido desde primera hora para recibir noticias del informante, mismas que no habían llegado en toda la noche. Otros informantes habían sido contactados, sin embargo súbitamente habían dejado de responder. Algo había sucedido que ellos aún no sabían, y eso molestaba en sobremanera a los Couloun.
Los cinco, en la mesa redonda, se observaban los unos a los otros. Nadie hablaba porque no valía la pena decir algo que ya todos sabían. Eren Jaeger probablemente había logrado llegar a tiempo de algún modo desconocido. ¿Podría pasar desapercibido como titán? Ridículo, eso nunca podría suceder.
- Quiero noticias de algún informante en el centro de Sina, ahora mismo.- Externó Mao, gruñendo con aquella cara de fiero bulldog
- No ha llegado absolutamente nada, estamos esperando, pero todos son inútiles.- ésta vez habló Gregorio, y acompañó el gesto con un puñetazo a la mesa. Washington exhaló una gran bocanada de humo y se rio.
- Sean pacientes caballeros, lo sabremos. Siempre lo sabemos. Mientras tanto debemos discutir qué sucederá con los traidores.
- No existen pruebas en su contra todavía, y son hombres importantes. Gabrielle ha sido quien desarrolló la estrategia más avanzada para la lucha titán contra titán; y Deak es quien ha hecho nada menos que todos los avances en genética con los que contamos. No nos es posible solo prescindir de ellos.
- ¿Consideran justo provocar algo de sufrimiento entonces? Es menester establecer un castigo. No sabrán que no vamos a asesinarles, y Gabrielle, impulsivo como es, actuará como se le diga cuando la vida de Yuvéh esté en peligro. Digan al general Berthle que tomará parte en el plan, dudo que se queje.
- ¿Voyerismo?
- Uno que el Voyerista no disfrutará en absoluto. El castigo es mayor para él, puesto que generó más expectativas en nosotros que…
Un hombre irrumpió de pronto en la sala, sin siquiera tocar la puerta. Su rostro se encontraba retorcido en una mueca de terror absoluto que no permitió a nadie reprochar la grosería con que se había presentado. Sus ojos, desorbitados y muy abiertos, temblaban sobre su pálida cara. Tragó antes de hablar.
- ¡Ha-han llegado informes, señores! ¡Hubo una crisis total en el centro de Sina; cerca de las tres de la madrugada un hombre cabalgando a toda velocidad causó muchos estragos para atravesar las calles rápido. De pronto cayó del caballo y comenzó a convulsionar en el piso para luego tornarse violento y presentar lo que ellos llamaron rabia! ¡Mordió a una persona y tuvo que ser inmovilizado por cinco hombres que lograron asesinarlo! ¡Señores Couloun, esa persona era el informante que se mandó a infectar a la legión de reconocimiento, y mezcló sus fluidos infectados con los de otros cinco hombres, que presentaron los síntomas completos de la peste muerta media hora después!
Los cinco se pusieron de pie, horrorizados. Russell habló.
- ¡¿A qué hora sucedió eso!? ¡¿Por qué tenía ese hombre el virus de la peste muerta y no del que se desarrolló para las amenazas!? ¡¿Qué sucede ahora mismo en Sina?!
Silencio prolongado. Gotas de sudor cayendo por las sienes de todos los presentes, tensión, peso. Los oídos de todos zumbaban debido al súbito pavor que les envolvía.
- El centro de Sina está completamente infestado de ellos… Se han expandido más allá de nuestro control…
Una fina copa de vidrio tallado fue arrojada con violencia contra uno de los muros, provocando un ruido agudo y violento. Russell explotó en rabia histérica. – ¡Quiero saber quién fue el hijo de perra que le dio al informante ese virus, y quiero que lo manden a controlar toda la situación! ¡Quiero su maldita cabeza!
- La situación está bajo control.- La melodiosa voz de arrullo acostumbrada en Azmaria Hanz retumbó en las paredes de la habitación como una tranquilizadora canción de cuna. Ella se asomó por la puerta, con el cabello, suave y de un color rubio platinado tan puro que podría haber pasado por blanco, suelto y cayendo sobre su espalda y pechos desnudos. Estaba completamente en cueros, sin vestido alguno que cubriese su indecentemente sensual cuerpo de ninfa. Lo único que llevaba en el cuerpo era una jeringa, cuyo contenido se asemejaba mucho al aceite de oliva. – Yo le entregué ese virus al informante. Yo desaté esto, pero no es nada malo, solo muramos y está todo listo.
- ¡¿Has perdido la cabeza!? ¡Estás hablando pamplinas, zorra indecente! ¡Ve a vestirte de una puta vez! – Russell bramó, pero no tuvo efecto alguno en ella, que solo atinó a sonreír con la dulzura que la caracterizaba. Solamente uno de los guardias se atrevió a preguntar el por qué.
Ella volvió a sonreír como un hada, como una madre comprensiva y dulcísima que arrulla a sus niños con cantos al amor. Levantó, al mismo tiempo, la jeringa, y se inyectó a si misma directo en la yugular, sin mostrar mueca alguna por el dolor que seguramente estaba percibiendo. – Porque el proceso de purificación va más allá de los titanes. Una utopía solamente es posible si los humanos desaparecen de éste mundo. Nada cambiará en los cinco continentes, y las razas pelearán por superioridad, por dinero y por riqueza. Una vez más evolucionaremos y condenaremos al mundo y una vez más el árbol y el ciervo serán, no sujeto ni hermano, sino materia prima. Pero si los humanos desaparecemos, poco a poco nuestros vestigios lo harán también y el planeta se volverá una verdadera utopía, un wallhala digno de que los dioses bajen y gocen en él. Todo será mejor cuando nos muramos todos. – Caminó despacio hasta Mao, que le miró horrorizado.
- Estás completamente loca, mocosa, hablas pamplinas y barbaridades, y ahora has condenado a la poca humanidad que quedaba…
- ¿Tonterías?- las manchas de piel seca se comenzaron a presentar en el cuello, pecho y quijada de la mujer, que se agachó para plantar un profundo beso francés al viejo. Al terminar, éste se arrastró lejos de ella, horrorizado por tal acto.- Dime una sola especie en éste planeta, que vaya a extrañarnos.
- ¡M-me ha contagiado! ¡Me ha contagiado! ¡Me ha contagiado!
Ella se apoyó en la puerta para cerrarla, y sonrió complacida.- No se preocupen, no los contagiaré yo. Me he encargado de infectar la comida del ala éste con la saliva de un espécimen que mataron ayer… No hace falta mucho para que todos seamos una familia de enfermos, y luego muramos…
Todos palidecieron por completo. Y comenzaron a gritar y provocarse el vómito, horrorizados. Estaban muertos, todos estaban muertos.
Dos horas antes. Establecimiento del cuartel principal de la legión de reconocimiento en Rose. 4:00 am.
Silencio. Desde que Moblit se había ido, Hanji no había abandonado la habitación del pelinegro, que se limitó a sentarse en la cama y abrazar sus rodillas para proteger su estómago. A pesar de que Levi volvió a tener un fuerte ataque de dolor e incluso vomitó sangre, Hanji no dijo nada, ni tampoco lo hizo él. Ya habían peleado antes, cuando el sargento ordenó a la castaña encargarse de revisar a su bebita; ella le respondió que no contara con ella para el cuidado de un parásito; y por muy poco no pasaron a los golpes durante esa última pelea. Ninguno de los dos hablaba.
Levi pensaba en Eren. Si Eren estaba atrapado en Sina, entonces debía ir a buscarle; había estado molesto por una estupidez todo el rato, pero eso era mierda ahora, porque ya que conocía la verdad, sabía qué era lo que debía hacer. Debía ir a Sina y encontrar esa organización.
¿Le impedirían ir si decía que solamente daría un paseo? Quizá podría decir que tenía parientes, que iba a que su hija conociera a su abuela… Pero probablemente Hanji o Erwin le seguirían; lo más probable es que fuera Hanji, pues Erwin, como comandante, estaba bastante ocupado. Y Hanji no era de ninguna ayuda, como ya sabía.
Necesitaba una excusa.
Cualquiera.
La que fuese.
Para salir de ahí e ir a Sina por un tiempo indefinido, hasta encontrar a Eren…
Un rato después, bosques bajos del distrito de la frontera de Rose con Sina. 4:20 am.
No le faltaba mucho para llegar! Finalmente luego de tres horas de cabalgata sin descanso bordeando toda la muralla Sina desde CELICA hasta la puerta más próxima, Eren se acercaba a su Levi. Había salido de Sina tan pronto como había podido, y ahora cabalgaba bordeando la muralla para llegar a donde el edificio de la legión de reconocimiento. No le faltaban veinte, ni quince minutos para llegar con Levi! Finalmente! Finalmente luego de momentos en los que pensó que no iba a verlo durante mucho tiempo!
Quizá era demasiado idiota de su parte ponerse de ese modo tras dos días sin verlo; pero en el estado en el cual le dejó y debido a que no supo que habían dicho de su destino, no podía evitar sentirse profundamente preocupado. Pero eso ya no importaba porque finalmente estaba ahí. No faltaba nada.
Cada paso lo estaba acercando más y más a Levi. Cada paso se acercaba más y más a su querido Levi. Y a su Arsen, su pequeñito… ¿¡No podía el caballo ir más rápido?!
Poco a poco los minutos pasaban, y el camino parecía hacerse largo, pero solo estaba en su mente, se estaba acercando más y más y más; y una sonrisa se extendía en su rostro conforme el tiempo pasaba.
- ¡Levi!.- Gritó, emocionado y alegre, esperando a que el otro le escuchase aún en la distancia, cada vez más corta, que los separaba. - ¡Levi!
Establecimiento del cuartel principal de la legión de reconocimiento en Rose. 4:00 am.
- ¡Levi! – Escuchó su nombre a lo lejos, pero no pudo reconocer bien la voz. Dejó de pensar un momento para concentrare, pero pronto aquello se reprodujo, ahora más cerca. Hasta que reconoció la voz de Erwin, y éste mismo irrumpió en la habitación, agitado.
Los dos soldados le observaron a la expectativa.
- Ha habido una fuerte crisis en Sina, Hanji. ¡Todas las tropas a las caballerizas y saldremos en cinco minutos!
El sargento abrió los ojos como platos. En Sina. Su excusa.
- ¿Yo también, Erwin? Puedo pelear, estoy harto de estar aquí sobre mi culo todo el día… - se esforzó para sonar lo más neutral y desinteresado posible, encontrándolo realmente difícil. Erwin le observó durante un segundo.
- Levi, estás vomitando sangre, por supuesto que no pue…
- Todas las tropas significa todas las tropas, Hanji. No es excusa para no atender esto, que realmente es serio.
Levi se levantó y vistió apurado, resintiendo el agudo dolor que el mero hecho de moverse le provocaba. Iba a ir a Sina a encontrar a esa famosa fundación, y ahí hallaría a Eren.
Y con ese pensamiento en la cabeza, el cabo Levi se montó en su caballo y cabalgó junto con las tropas, ignorando el fuertísimo dolor que sentía, e ignorando que Eren Jaeger cabalgaba por el borde contrario, hacia el cuartel de la legión, y hacia él.
Algo apresurado, debo admitir, pero creo que estoy quedando sin tiempo y sinceramente no quiero meterlo a hiatus, prefiero terminarlo aunque se note la prisa por hacerlo, porque si va a hiatus ahí quedó. Es un capitulo muy intenso, con muchas cosas, como ya saben, y bueno, el conflicto principal se revela aquí y estamos por introducir el gran climax! listos para la catarsis? (?)
Victoria
