El tigre por la cola

Capítulo 12 – Ventajas de la ceguera

Se despertó y se sentó de inmediato en la cama. Tenía hambre… y lo asaltó además la sensación de que algo estaba fuera de lugar. Giró la cabeza, era todavía de noche, se distinguían algunas estrellas a través de la ventana… ¿estrellas? ¿ventana? ¡Podía ver! Con gran excitación saltó de la cama y corrió a abrir la puerta. Salió al corredor que estaba tenuemente iluminado. ¡Había recuperado la vista! Tuvo que contenerse para no empezar a gritar y a dar saltos de alegría. ¡Podía ver! No muy claramente… porque no llevaba puestas las gafas. No cabía en sí de felicidad. No tenía ningún deseo de volver a dormir, pero tampoco podía despertar a nadie a esa hora.

Murmuró un Tempus, apareció un pequeño reloj en el aire, las cuatro y cuarto. Decidió bajar a la cocina, a medio camino se dio cuenta de que no llevaba la varita consigo, dio gracias de que la magia sin varita no hubiera hecho explotar nada.

No había visto nada en Grimmauld Place desde que había llegado. Pero todo estaba más o menos igual que como lo recordaba. Entró en la cocina con la idea de hacerse con algo de comida, sólo había comido un sándwich la noche anterior. Había habido una reunión de la Orden que se había visto interrumpida intempestivamente por la noticia del ataque al negocio de los mellizos, todos habían acudido sin perder un segundo para ir a ayudar.

Con curiosidad se acercó a la mesa sobre la que había unos cuantos papeles, uno de ellos resultó ser el acta inconclusa de la reunión. Una excelente oportunidad para enterarse de lo que estaba pasando, entrecerró los ojos y leyó con mucha dificultad. En la parte superior estaba la lista de los presentes, eran los habituales pero faltaba el nombre de Kingsley Shacklebolt. Aunque técnicamente se trataba de información restringida no tuvo ningún sentimiento de culpa y se devoró con los ojos el documento, cuando ya iba concluyendo la lectura oyó pasos que se acercaban, dejó inmediatamente las hojas sobre la mesa y esperó.

Segundos después entró la señora Weasley, iba vestida con un salto de cama. Lucía una expresión extenuada en el rostro pero Harry no le notó signos de angustia.

—¡Oh, Harry! —dijo con cierto sobresalto— Me asustaste, no esperaba encontrar a nadie. —se aproximó a la mesa y se apresuró a juntar todos los papeles desparramados— ¿Qué hacés levantado tan temprano?, ¿te sentís mal o algo así?

—No, me dio hambre.

—Ah, claro. Te salteaste la cena. —dijo y fue hasta el horno y sacó un plato con comida, volvió hasta la mesa y se lo puso delante— Aquí tenés. —gorjeó animosa— Es de la cena de anoche pero le había puesto un encantamiento para que se mantuviera fresco. Lo tenés justo frente a vos, ¿necesitás que te ayude o podés comer solo?

Harry estaba por comunicarle la novedad pero lo pensó mejor y no le dijo nada. Fingirse ciego podía resultar muy conveniente.

—No, gracias, señora Weasley, yo puedo solo. —y empezó a tantear la mesa haciendo de cuenta que trataba de ubicar los cubiertos.

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—Hermione, despertate. —dijo Harry sacudiéndola un poco.

Ella se incorporó de golpe con todos los cabellos erizados como si hubiese recibido una descarga eléctrica, llevaba puesto un camisón celeste. En la cama de al lado, Ginny se sentó y todavía medio dormida lo apuntó con la varita. La bajó al reconocerlo. Buenos reflejos los de Ginny.

—¿Qué pasa Harry? ¿Tuviste otro sueño? —preguntó Hermione con tono preocupado.

—No, nada de eso. —replicó él sonriendo de contento— ¡Puedo ver!

Las dos chillaron de alegría al unísono, se levantaron y se le abalanzaron encima para abrazarlo.

—¿Están en medio de una orgía y se olvidaron de invitarme? —preguntó Ron riendo desde la puerta, tenía los brazos cruzados y llevaba puesto un piyama que ya le había quedado chico.

—¡Puedo ver! —exclamó Harry con entusiasmo— ¡Recuperé la vista!

—¡Genial, cumpa! —Ron entró corriendo y lo apretó en un abrazo— ¿Completamente recuperado?

—No tengo los anteojos puestos… pero creo que sí. Esta madrugada cuando me desperté me di cuenta de que podía ver de nuevo.

—¡Estupendo! —vivó Ginny dando saltitos— ¡Cuando se enteren todos!

—En realidad de eso quería hablarles. —dijo Harry, se sentó en la cama y procedió a contarles entonces lo que había pasado esa madrugada en la cocina.

—Entonces, ¿ella no sabe que podés ver? —preguntó Hermione frunciendo el ceño y con tono desaprobador— ¿Porque vos no querías que supiera que habías leído el acta de la reunión?

—Sí. —dijo Harry preparándose para un sermón sobre comportamiento ético— Por ahora no quiero decírselo a nadie más.

—¿No se lo vas a decir a nadie? Pero, Harry… todos están tan preocupados, no sólo los demás Weasley… Remus, Tonks, la profesora McGonagall… hasta Snape ha preguntado sobre tu evolución.

—Oh, bueno… no va a ser por mucho tiempo. —suspiró, en realidad sentía un poco de culpa… pero tenía sus ventajas— ¿No quieren saber de lo que me enteré?

—Claro, cumpa. —dijo Ron y todos se sentaron alrededor para escucharlo con atención.

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—Así que ellos ya sabían, por lo que les había dicho Snape, que la madre de Malfoy no estaba desaparecida, que estuvo todo el tiempo en la Mansión. —comentó Hermione reflexiva.

—Pero aparte de eso, —dijo Ginny— ¿averiguaste algo más que sea importante?

—Está la mención del informe que habían enviado los mellizos. —le recordó Harry.

—Que no nos dice mucho. —intervino Ron— Sabemos que están vigilando un lugar, pero no sabemos dónde ni por qué.

—Quizá… —sugirió Hermione— …tenga que ver con una discoteca, Percy mencionó el otro día algo al respecto cuando nos cruzamos en Knockturn Alley.

—¿Pero qué discoteca? —dijo Ron— ¿Vos creés que nos lo van a decir si se lo preguntamos?

—No sé. —respondió Harry— Pero igual podríamos averiguarlo, tengo un plan…

—¿Y qué esperas para contárnoslo? —lo instó Ginny con una sonrisa maliciosa.

—Pero antes tenemos que ponernos de acuerdo en que no vamos a decir nada de que recuperé la vista. Por favor, es sólo por unos días. Después de todo hay que considerar que ellos nos están ocultando información.

—Tenés razón, cumpa, a mí me parece justo.

—A nadie. —confirmó Hermione— ¿Y a Malfoy? Harry, duerme en la misma habitación que vos… ¿no se va a dar cuenta?

—A Malfoy menos que a ninguno. No confío en él… no tanto al menos. Y es capaz de ir a contarlo para arruinarnos el plan.

—Entonces, ¿cuál es el plan? —lo incitó Ginny con ojos brillantes de entusiasmo.

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Se despertó y miró alrededor, la habitación estaba desierta. Frunció el ceño, era raro que los otros dos se levantaran antes que él. ¿Adónde habrían ido?

Giró y bajó los pies de la cama. El movimiento le provocó una arcada. Mierda. Respiró hondo para contenerse, lo último que quería era vomitar al lado de la cama, él era un Malfoy y los Malfoy no sufren náuseas matinales.

Consideró su situación. ¿Había cambiado de lado? No necesariamente. Le gustara o no tenía que quedarse ahí. ¿Qué sentido tenía elegir lado? Tampoco se imaginaba volviendo donde su padre, no en el corto plazo al menos. No había cumplido exitosamente su primera misión y por lo tanto no lo habían admitido como mortífago con todas las letras. Tenía la Marca Oscura, sí, pero no estaba conectada con el Señor Oscuro. Se había decidido innecesario en su momento dado que mientras estuviera en Hogwarts no iba a poder responder a la convocatoria.

Cuando le había dado el consentimiento a su padre… o más bien, cuando había sido forzado a dárselo, no había medido todo lo que ello implicaba. Él aceptaba tener el bebé, el heredero alternativo; se comprometía a entregarle a Potter y los otros a su padre… a cambio obtenía dinero y la libertad para su madre y para él. Pero entonces no se había detenido a pensar lo que implicaría el embarazo… todos los cambios en su cuerpo y su metabolismo.

Era incómodo, por ponerlo de manera suave. El abdomen le dolía, se sentía cansado todo el tiempo. Y las náuseas… no sólo a la mañana… también había otras cosas que actuaban como disparadores, algunas comidas, algunos olores, el Weasel masticando con la boca abierta, la servilleta impregnada con la sangre seca…

Tras haberse enterado de la muerte de su madre había considerado destruirla tirándola al fuego, pero luego había cambiado de opinión, quizá pudiera serle de utilidad en el futuro. Respiró hondo una vez más y volvió a mirar alrededor, sonrió, los elfos finalmente le habían traído la ropa lavada. O Dobby, más bien, a la otra la había visto durmiendo ebria en un rincón la noche anterior.

—¡Oh, diablos! —estaba varado en esa casa, más le valía acostumbrarse. Pensó en Potter, iba a tener que pensar muy bien como manejarlo, no había que precipitar las cosas. Había una buena posibilidad de que fuera gay, y virgen… y de que se sintiera atraído por Draco. Probablemente se trataba de algo físico y nada más… pero era mejor así, él tampoco tenía ninguna intención de enamorarse de Potter… sería algo tan indigno.

Por lo menos había podido persuadirlos de que mantuvieran oculta su condición… aunque no sabía por cuanto tiempo estarían dispuestos a guardar el secreto.

¡Maldito sea mi padre y sus pociones; maldito sea por toda la eternidad!

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—Harry, ¿tendrías algún inconveniente si me fuera hoy? —preguntó Hermione algo nerviosa, estaban parados junto a la puerta del cuarto de las chicas— Quiero ir a ver a mi mamá y a mi papá… será sólo por un par de días.

—No tenés que pedirme permiso, me sorprende que no hayas ido antes.

—Pero es que no podía irme estando vos… visualmente discapacitado… Ron es bastante torpe y Ginny está muy ocupada con el trabajo de la casa… así que tenía que quedarme, para mí no fue ninguna molestia.

—¿Me estás diciendo que te quedaste hasta ahora por mí? —preguntó Harry conmovido— Gracias, Hermione— dijo y la abrazó— Ron y yo sabremos arreglárnoslas solos hasta que vuelvas.

—Creo que cuando regrese voy a empezar a ir a Hogwarts durante la mañana, le había prometido a la profesora McGonagall que iba a ayudarla… y quizá pueda investigar algo sobre la condición de Malfoy también.

—Y hablando del diablo… aquí se acerca Malfoy…

—Acordate de que no podés ver… —le dijo ella al oído separándose del abrazo.

—¿Interrumpo algo? —preguntó Malfoy con tono intencionado y una comisura en alto.

—No, Malfoy. —respondió Hermione con soltura— sólo me estaba despidiendo. Voy a pasar un par de días con mis padres. Me preguntaba si alguien se podría ocupar un poco de Harry mientras yo no esté… ya sabés que Ron puede ser bastante brusco y a veces no se fija…

—Hermione… —empezó a decir Harry.

—¡Pero qué halagador, Granger! —parecía sinceramente complacido— Harry y yo vamos a ser muy buenos amigos para cuando regreses. —dijo y siguió su camino hacia la cocina con los pies descalzos y con la elegancia de un modelo. La próxima vez voy a tener que comprarle ropa que no le quede tan bien, pensó Harry, no puedo darme el lujo de distraerme por el culo de Malfoy.

Se volvió hacia Hermione con fastidio —¿Y eso qué fue?

—De esa forma vas a poder controlarlo de cerca sin que él se dé cuenta.

—¿Cómo?

—¿No me escuchaste? Parecés muy distraído, ¿en qué estabas pensando?

—No, nada… —se apresuró a tranquilizarla Harry— Así que vos querés que lo vigile mientras él cree que me está cuidando…

—Exactamente.

—¿No es un poco retorcido?

—Quizá un poco, pero vos fuiste el de la idea de usar el recurso con los de la Orden… ¿por qué no usarlo también con Malfoy?

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Hermione empacó sólo veinte libros para esos días que iba a pasar con sus padres. Ron tenía la teoría de que era su método para mantener la figura… transportar constantemente pesados volúmenes de un lado a otro.

Estaba a punto de salir por la puerta principal cuando entró el señor Weasley. Pareció sorprenderse un poco de verla con la valija. En ese momento se acercó la señora Weasley con la expresión preocupada que la acompañaba siempre en los últimos tiempos. —¿Dónde está Remus? —le preguntó su marido.

—Recostado, estaba muy cansado después del trajín de anoche. ¿Pasa algo, Arthur?

—Preferiría que llamaras a todos, porque no quiero tener que repetirlo. — Los chicos estaban todos allí para despedir a Hermione. Moody y los mellizos subían de la cocina justo en ese momento. Fred caminaba cojeando un poco y tenía la cabeza vendada, aparentemente el ataque había sido bastante violento. Remus y Tonks bajaron un par de minutos más tarde.

—Dado que nos quiere a todos reunidos debe de tratarse de algo importante. —dijo Harry.

—Nos afecta a todos… a toda la comunidad mágica. —respondió Arthur.

—Bueno… err… Malfoy… —dijo la señora Weasley— Será mejor que subas a tu habitación.

—Debería quedarse. —intervino Harry— Él también es un mago… y tengo la impresión de que esto es algo que va a poder leerse en El Profeta…

—¡No! —insistió con vehemencia la señora Weasley.

—Molly, no es un secreto… —dijo Arthur apaciguador.

—No me parece que…

—Dejemos que decida Potter. —propuso Moody— Creo que si Dumbledore siguiera vivo le daría más participación, todo esto lo afecta a él más que a ninguno. ¿Cuál es tu opinión, muchacho?

—Que se quede. —replicó Harry sin vacilar.

—Bien entonces. —dijo Arthur y empezó a contarles antes de que se presentaran más objeciones— El ministro Scrimgeour fue atacado esta mañana cuando iba a trabajar. Se encuentra en estado crítico y podría morir. Si se muere van a llamar al ex ministro Fudge para que, al menos de manera interina, retome el puesto.

—¿Por qué no Ud.? —quiso saber Harry.

—Cuento con pocas simpatías, me consideran demasiado amigo de los muggles. —explicó sucintamente Arthur— Mi mayor preocupación, sin embargo, es que la primera medida que piensa tomar Fudge es citar a Harry para interrogarlo.

—¿Qué! —exclamaron varios al mismo tiempo.

—Estamos en estado de sitio, algunas garantías individuales están suspendidas. El Ministerio tiene facultades para interrogar a cualquier ciudadano frente a todo el Wizengamot… utilizando Veritaserum si lo considera necesario.

—¿No dijo que esto ocurrió hace dos horas? —intervino Malfoy— ¿Cómo es que ya se sabe lo que hará Fudge si ni siquiera ha asumido?

El señor Weasley bajó la mirada consternado. —Sospechamos que esto es una conspiración… y que Fudge forma parte de ella.

—¿De cuánto tiempo disponemos? —preguntó Hermione— Quiero decir… para detener a Fudge.

—Hasta… —el señor Weasley tragó ostensiblemente— …que Scrimgeour se muera.

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