He sido sorprendentemente productivo y he acabado este capítulo antes de lo que me pensaba. Como siempre espero que lo disfrutéis, ya que es el desenlace de esta segunda misión. ¿Quién vivirá? ¿Quién morirá?
Ha habido momentos en que pensé que jamás acabaría esta segunda misión, pero oye, ya está hecho. Muchas gracias a Lollyfan33 y a Diana34 por los reviews, que me animan muchísimo.
-Diana34: Hombre, lo de que muera gente es muy propio de Gantz, y le da mucha emoción, aunque hasta yo sufro cuando lo escribo. En eso me inspiré entre otras cosas en Juego de Tronos, donde los protagonistas mueren muy a menudo. Lilo es también de mis personajes favoritos, es muy mona. ¡Espero que este te guste, y un abrazo muy fuerte!
-Lollyfan33: Jajajaja, las responsabilidades del mundo adulto a mí me tienen agotado. Me alegro de que la historia te esté gustando, y efectivamente el personaje de Jack Sparrow aparecerá (obviamente, le adoro) pero prefiero no especificarte si más pronto o tarde, para que la intriga te haga disfrutarlo más. Me llamó mucho la atención, y me gustó, que te fijases en Mercer, la verdad es que es un personaje que disfruto mucho escribiendo, y me encanta trazar la personalidad de los villanos, sobre todo en uno tan complejo como él.¡Un abrazo enorme, y espero que te siga gustando!
Bueno, y ahora sin más demora, continuemos con la historia.
MISIÓN 2: MARINEROS DE AGUA DULCE (DESENLACE)
Departamento de investigaciones privadas de la Armada de Suburbia (archivos de la Academia Intelestelar)
Historial delictivo: James Crocker (alias James "Garfio")
-Nombre completo: James Thomas Crocker.
-Padres: Los capitanes piratas Tom Crocker "el Negro" (fallecido) y Marissa "Labios de sangre" Crocker (retirada).
-Otros parientes notables: Mona Crocker "la Abuela Crocker"(en activo, aunque semi-retirada). Todo el clan pirata de los Crocker.
-Rango: Capitán pirata.
-Barco: Tres barcos conocidos, uno hundido (el Pequod), otro requisado (la Venganza de la Reina Anna), el tercero en paradero desconocido (el Jolly Roger).
-Subordinados notables: Los piratas buscados Walden Smee, Ba'Sour, Bill Jukes, Starkey Stap, Noodles, Cecco…
-Aliados importantes: El capitán pirata José Villanueva, el capitán pirata Barbossa, miembros del cartel de la droga del sur, la familia criminal de Shere Khan.
-Enemigos importantes: El capitán pirata Barbanegra (Garfio fue su segundo de abordo durante mucho tiempo, hasta que lo traicionó y asesinó). El capitán pirata Jack Sparrow (se presume que fue Sparrow quien le cortó la mano en un duelo).
-Crímenes: Se le acusa de haber cometido en cuantiosa abundancia delitos de piratería, robo, secuestro, asesinato, extorsión, navegación bajo pabellones falsos, tráfico de armas, tráfico de droga, trata de blancas, depredación, depravación, fuga y desorden en general.
-Sentencia emitida: Orden de búsqueda y captura, se le busca vivo o muerto. En caso de atraparlo vivo, se procederá a su inmediato ahorcamiento en el primer muelle del astillero de la Armada.
-Recompensa por su cabeza: 30.000.000 mickeys.
-Datos remarcables: Es el último de una prolífica familia de criminales, y posiblemente el más peligroso de todos. Se sabe que fue educado en la prestigiosa academia de Murphy, y posteriormente cursó estudios universitarios de derecho y filología con notas medias, lo que significa que es uno de los pocos sujetos con estudios superiores de nuestro listado.
Garfio mantiene el contacto con su familia aunque se sabe que las relaciones entre ellos son tensas, pues como buenos piratas han intentado traicionarse y asesinarse en varias ocasiones. Durante un tiempo estuvo enfrentado a sus padres, pero la guerra cesó cuando Tom "el Negro" cayó enfermo y murió. Al parecer ahora ha habido una reconciliación.
A parte de sus despreciables crímenes, que incluyen el secuestro de un crucero de lujo durante cuatro días y la masacre de un comando entero de comandantes de la Marina, su episodio más conocido e investigado es la pérdida de su mano izquierda en el supuesto combate contra Jack Sparrow. En teoría, Sparrow le cortó la mano, que fue devorada por un cocodrilo que desde entonces le persigue. Se desconoce la verosimilitud de este acontecimiento.
….
Norrintong había revisado toda la información de la que disponía la Marina desde que le habían informado del secuestro de Beckett por Garfio. En solo una noche había recorrido toda la historia del capitán, analizado su perfil psicológico y entendido más o menos sus motivaciones. Norrintong sabía que Garfio era un hombre con una educación exquisita, que ni sus padres ni compañeros poseían, y que había crecido rodeado de la alta sociedad. No le costó entender los testimonios de piratas prisioneros que decían haberle conocido, y aseguraban que era muy distinto a los otros piratas. A él le gustaba resaltar su posición, diferente a la de los demás desde su nacimiento.
-Vaya pieza…-había comentado el comodoro, examinando las fotos de Garfio que le proporcionaba los documentos de la computadora. Todos los datos se proyectaban como un holograma frente a él, y podía elegir dentro de que archivos y temas introducirse con solo señalar con el dedo-"presenta aptitudes para la tecnología, la gimnasia y la literatura". Un poeta eh…-a Norrintong también le gustaba la poesía. Le había enviado sonetos de William Blake a la joven que había conquistado su corazón, pero sin éxito.
Fue mientras examinaba los datos de Garfio y su relación con Barbanegra cuando recibió otro mensaje de Mercer, que le anunciaba que se dirigía hacia donde él estaba para acompañarlo. El secretario de Beckett le había enviado las coordenadas de su supuesto escondite, que aún no le había especificado como había descubierto.
-…y dese prisa. No estoy nada contento con su colaboración hasta ahora-dijo Mercer, con tono cortante. El comodoro agachó la cabeza en señal de respeto, y cuando la comunicación se cortó soltó un profundo suspiro. Esperaba que todo aquel asunto se terminase cuanto antes, pues estaba harto de tener que responder ante personas que ni siquiera pertenecían al cuerpo de marines. Si tan solo la Armada no dependiera tanto de empresas externas como la de Beckett…
El comodoro iba a salir, cuando el interfono de contactos parpadeó de nuevo, indicándole que tenía otra llamada. Se quedó unos instantes mirándolo, extrañado. No esperaba que le llamase nadie más. Como fueran otra vez los del consejo…
-Comodoro Norrintong…-dijo al cogerlo, esperando que fuese uno de sus superiores.
-Me alegra saberlo-la voz que sonó en respuesta era rasgada y profunda, y Norrintong no pudo evitar sentir un escalofrío al oírla. No sabía quién era, pero resultaba verdaderamente espeluznante-precisamente quería ponerme en contacto con usted…
-¿Sí…? No me diga…-Norrintong intentó activar el localizador de llamadas, y no le sorprendió ver que se le había bloqueado.
-No intente localizarme, James, no le merece la pena-dijo la voz, con un deje de burla en ella. Norrintong respiró pesadamente. El desconocido sabía quién era. Debía saber todo de él, como él lo había sabido de Garfio.
-¿Qué es lo que quiere?-preguntó-¿es por el secuestro?-pero intuía que no era por eso.
-Tengo información sobre la persona que está usted buscando-explicó la voz. Se escuchó una extraña respiración, que indició a Norrintong que debía de estar fumando-información que le puede ser muy interesante…
-¿Sobre Garfio? Ya sé dónde está su escondite-replicó Norrintong, intentando desbloquear el localizador.
-Ya le he dicho que no intente localizarme. Le va a ser inútil-gruñó la voz, ahora impaciente. Luego pareció tranquilizarse-no me refiero al capitán Garfio, no… hablo de otra persona… del secuestrado…
-¿De Beckett?-Norrintong se quedó congelado. Vaya, vaya… sabía que con el director de la Compañía de las Indias había tela, pero no estaba a su alcance.
-En su holograma de investigaciones acaba de aparecer una nueva carpeta-explicó la voz. Norrintong comprobó que era cierto-dentro hay pruebas suficientes para llevar a Beckett a juicio, y conseguir una sentencia de prisión, como mínimo…
-Pero… pero… no es posible-Norrintong vio documentos ilegales con la firma y sello de Beckett, e imágenes que inculpaban a personas relacionadas con él en terribles crimines. Había también facturas de compra de bombas que habían causado la muerte de personalidades importantes, e incluso una grabación telefónica de una conversación suya con un mercader de Ágrabah hablando de un pago millonario en negro. Todos los casos de los que Beckett había salido limpio, ahora estaban expuestos como un libro abierto. Ni todo su dinero podía salvarle de un juicio, sobre todo si era llevado a la zona blanca.
-…no… no puedo…-los ojos del comodoro se le salían de las órbitas, sobre todo con imágenes de cuerpos descarnados y las armas que los habían asesinado. Muchas de aquellas armas pertenecían al señor Mercer…-¿Quién es usted…?
-Eso no importa…-la voz sonaba más lejana, y Norrintong supo que iba a colgarle-James, a veces hay intereses ajenos a nosotros, que son malos para nosotros… pero en determinadas ocasiones estos intereses chocan… como las nubes de una tormenta… y dan la oportunidad a personas como usted de hacer algo bueno…
-Es de la mafia-dijo Norrintong. Pero él ya había colgado. "Maldita sea-pensó el comodoro, preocupado- no sé que hacer… esto… esto es increíble…".
Pero en el fondo, estaba muy claro lo que tenía que ocurrir.
Cuando Mercer desembarcó en el Interceptor, el buque de Norrintong, Murtog y Mullroy lo esposaron al instante. El resto de soldados de Norrintong apuntaron con sus armas a los guardias de Mercer, que se rindieron al instante.
-¿Y ahora qué significa esto?-gruñó el secretario, furioso.
-Ha habido un pequeño cambio de planes señor Mercer-informó el comodoro con una irónica sonrisa-va a pasar usted el resto de su vida en la cárcel.
-¿Qué?-Mercer intentó resistirse, pero entre cuatro hombres lo sujetaron- ¡Pero…!
-Bájenlo al calabozo-ordenó Norrintong, dándole la espalda-tengan mucho cuidado, es muy peligroso.
-¿Cómo lo ha…?-preguntó Grooves, acercándose a su jefe.
-He recibido un soplo anónimo que debe ser investigado-le dijo Norrintong en tono confidencial-pero digamos que hay pruebas suficientes para incriminarlo en más de doce causas…
-Estamos a punto de atrapar a Garfio, y me dice que podemos desenmascarar a uno de los hombres más poderosos de Suburbia…-Grooves tampoco era capaz de creérselo-¿se da cuenta de lo que significaría para nosotros?
-Sí-Norrintong no quería pecar de arrogancia, pero no pudo evitar imaginarse siendo condecorado por el alto mando de la Armada, y recibiendo el cargo de almirante de flota. Si le viera su padre…-es demasiado bueno para ser verdad…
Después de encarcelar a Mercer en las bodegas del barco el Interceptor llegó a la isla Calavera, donde se detuvo y encendió los focos, no siendo capaces de ver a Molière a tiempo por culpa de cierto reptil que circulaba por allí.
Con aquel incesante "tic-toc" que resonaba en el agua, el cocodrilo nadó por debajo del barco de Norrintong, pero pareció pensárselo mejor y pasó de largo, sin atacar. La llamada venía de otro sitio…
-Qué extraño... Smee tarda mucho….-comentó Garfio mientras viraba a estribor haciendo que el Roger descendiera cientos de metros hasta sobrevolar muy cerca del mar.
Los kakamora habían desplegado las velas y se ocupaban ahora de poner orden en cubierta, recogiendo los restos de la fiesta que se habían montado los piratas cuando Rourke los había asesinado. En cuanto al general, continuaba encadenado al timón, pero le habían amordazado. No se movía, pero su mente trabajaba a toda velocidad buscando una forma de escapar…. Tenía que avisar…
-Kowa ti sapá-el jefe kakamora amonestó a dos de sus hombres, cuando de repente un disparo lo voló por los aires.
-¡VAMOOOOOSS!-Aladdín irrumpió corriendo en cubierta seguido por Jim y Billy, los tres abriendo fuego contra todo lo que se movía. Los kakamora intentaron contraatacar, pero los saltaron por los aires. Tuvieron que correr a ocultarse detrás de unos barriles, porque los chicos no se detenían ante nada.
-¡AHÍ ESTÁ EL GARFIOS!-Billy señaló el puesto del timón, donde el capitán acababa de sacar su pistola y apuntaba a Rourke.
-Un solo paso más y lo mataré-advirtió el capitán.
-¡MMMMMMMMM!-Rourke empezó a forcejear, y las esposas le soltaron una terrible descarga eléctrica.
-Lo siento, pero no es un buen negocio-dijo Aladdín, avanzando y disparando a Garfio sin vacilar. La bala atravesó al capitán y se perdió en la lejanía. Eso ya lo había visto-¿Otro holograma….?
-¡Sorpresa!-el verdadero Garfio apareció detrás de ellos y los derribó de un sablazo, causándoles una herida a los tres en la espalda.
-¡Aaaaaaaah!-Billy se llevó las manos a la parte trasera del traje, que se había rajado con el ataque de Garfio, y ahora sangraba. No parecía grave, aunque escocía mucho.
Los kakamora se movieron tan rápido como su jefe, y los rodearon apuntándolos con sus afiladas lanzas. Los cocos que eran sus cuerpos estaban pintados con horribles caras de expresión agresiva.
-No…-Aladdín quiso apuntar a Garfio otra vez, pero el pirata le dio una patada en la cara, derribándolo y rompiéndole la nariz.
-Idiota-le dijo, despectivo-¿quién diablos te crees que soy? ¿De verdad te pensabas que iba a ser tan fácil matarme? ¡Soy un pirata, niño! ¡Me desayuno a traidores todas las mañanas!
Pero él no contaba con una cosa. Jim se llevó la mano a la muñeca, listo para desaparecer.
-Hijo de puta…-Billy intentó encararse con él, aunque se notaba que estaba asustado-eres un capullo…
-Oye oye, te me calmas-le cortó el capitán colocándole su garfio de frío metal en la garganta-que yo a tu madre no la he insultado…-se dio cuenta de que Jim se estaba moviendo, y sonrió torvamente-bueno, hablando de eso…. Os preguntaréis como os he podido pillar… es que vuestro plan no ha salido muy bien…-haciendo un gesto, cinco kakamora subieron de la bodega sujetando a Amelia y Beckett, que respiraban entrecortadamente-supongo que el plan era acabar con los cocos y conmigo desde dos flancos. Pero yo no soy tan tonto… bajé al camarote y descubrí que ninguna de mis bellas prisioneras estaban allí… así que recurrí al viejo truco de los hologramas.
-Ya lo vemos, no hace falta que nos lo cuentes-le dijo Jim, cortante.
-Qué asco de educación hay por aquí-Garfio se sonó la nariz altanero, y luego fue hacia Amelia-dime, querida… ¿a cuál quieres que tiremos por el tablón primero?
-Te harías un favor saltando tú-contestó ella con la voz tensa. Garfio chistó, burlón-lo digo en serio Garfio. A nosotros no nos ha quedado más remedio que venir a por ti. Pero si fallamos, él mandará a otros, hasta que lo consiga… estoy segura.
-¿Él? ¿Él quién?-el rostro de Garfio estaba tan pegado al de Amelia que sus narices se rozaban. Ella podía oler perfectamente su aroma a colonia cara, que tanto le gustaba echarse.
-No lo sé…-Amelia desvió la mirada de Garfio-él… Gantz…
-Gantz…-repitió el capitán, sin comprender. Jamás había escuchado ese nombre… pero le resultaba muy familiar. Y por algún motivo muy temido.
-Por favor Garfio…-Amelia le miró. Tenía los ojos enrojecidos, pero no iba a darle el gusto de que la viera llorar-¿no puedes… morirte?
El capitán se quedó mirándola unos momentos, pasmado. Luego miró a los cocos, que permanecían inmóviles. Entendían más o menos el idioma, aunque les era imposible hablarlo con su precario sistema vocal. Garfio permaneció en silencio unos segundos. Luego rompió a reír.
-¿Pero… pero es en serio?-preguntó con sorna, secándose una lagrimilla de los ojos-quiero decir… ¿me lo dices de verdad?
-La niña…-Amelia miró a Jim, que permanecía inmóvil, incapaz de hacer nada. Si intentaba escaparse, podían dispararla a ella. Por unos segundos solo existieron ellos dos. Quien iba a decirles, después de todo, que acabarían así. Con todo lo que había pasado...-ellos morirán… eres nuestra única alternativa.
-¿Pero qué tonterías estás diciendo?-Garfio arqueó una ceja, incapaz de asimilar lo que estaba escuchando-¿pretendes que me crea eso? Quiero decir… ¿me pego un tiro ahora mismo, y así os vais todos contentos?
-Pues… sí-Amelia le miró desesperada. Ella y el pirata ya se habían visto antes… la única vez que Garfio había estado en prisión, hacía años… luego aquella otra vez… después de lo de él…-por favor…
-¿Qué te pasa Amelia…? En serio, creo que te has vuelto…-Garfio se detuvo de repente, abriendo mucho los ojos. Jim también lo había notado….-¡Maldición!-el pirata viró en redondo y disparó al palo mayor, no dándole a Merlín de puro milagro-¡Maldita rata! ¡Disparadle!-ordenó furioso. Los kakamora abrieron fuego mientras Merlín, aún encaramado al palo mayor, disparaba de nuevo.
-¡Eso es Merlín, tío!-exclamó Billy entusiasmado-¡Cárgatelo!
-¡Calla!-Garfio golpeó a Billy con su garra derribándolo a la vez que apuntaba de nuevo a Merlín-vas a ver tú…
-No…-Merlín intentó disparar de nuevo, pero se había quedado sin balas. El disparo de Garfio le dio en la pierna, haciéndole caer con estrépito sobre la madera de cubierta. Los kakamora se agruparon en torno al anciano, que ahora profería gritos de intenso dolor retorciéndose en el suelo y sujetándose la pierna, y lo apuntaron con sus armas.
-¡No, esperad!-Garfio se abrió paso entre sus guerreros y se quedó contemplando a Merlín mientras una sonrisa ladina asomaba de sus labios-será el primero…
Detrás de ellos, Jim intentó llevarse la mano a la muñeca, pero uno de los kakamora le estampó la cabeza contra su propia rodilla para impedírselo.
-Guora grooyyt-le bufó, escupiendo.
-¡Que te jodan!-Jim se limpió la sangre de la nariz. Al menos estaba mejor parado que Aladdín, al que la patada de Garfio le había torcido las fosas nasales. El chico tenía su morena piel teñida de rojo, al igual que su mutilado brazo, y respiraba entrecortadamente en el suelo, temblando de rabia. Amelia permanecía impasible. Su truco de llorar para engañar a Garfio no había funcionado. Pero ya tenía otro en mente.
Por su parte, Rourke continuaba encadenado en la barandilla de cubierta, y Cutler Beckett observaba todo sujetado por otros dos kakamora que acercaban sus lanzas peligrosamente a su cuello. Ni a Rourke ni a Beckett les importaba un bledo que los demás viviesen o murieran. Solo querían regresar a casa sanos y salvos, al precio que fuera.
Y el precio era Garfio.
-Vas a darte un paseo por la quilla, que es lo que debí hacer con todos desde el principio-le dijo el capitán a Merlín sujetándole con su garfio mientras le zarandeaba burlescamente-pero antes solo estábamos Smee y yo… Smee… ¿qué habéis hecho con él?
Ninguno quiso contestar, y Garfio arrugó más la frente. Ordenó a uno de los kakamora en el idioma nativo que bajase a buscarlo a la bodega
-Más os vale que no le haya pasado nada, o me enfadaré de verdad-les advirtió a Jim y el resto, alzando su garfio amenazador-voy a daros una muerte tan horrible que la de Jesucristo os parecerá una broma.
-Escucha capitán, hablemos claro-intervino Beckett, en apariencia muy seguro de sí mismo-cien millones. No tendrás que trabajar nunca más. Solo te pido un bote, y un nombre.
-Oh, cállate Beckett, a ti sí que no quiero escucharte-Garfio se encendió su largo cigarrillo de dos puros con desprecio-Ojalá cuando no te necesiten más me dejen matarte también.
Uno de los cocos le asestó un golpe a Beckett en el hombro, y los otros rieron. El empresario se encogió, dolorido, mientras la lustrosa peluca blanca se le descolocaba un poco. Pero Beckett no se rendía tan fácilmente.
-Eres un negociador exigente. Bueno, pero tengo algo más… que puedo ofrecerte…-murmuró, con la voz temblando por la contusión.
-No me importa-dijo Garfio haciendo una seña para que le golpeasen otra vez.
-Se trata del escondite de un enemigo común…. Alguien a quien desearías echar tu garfio… un compañero pirata de la profesión-dijo Beckett. Garfio hizo un gesto con la mano, y el kakamora se detuvo en el acto.
-¿Quién es?-preguntó el capitán pirata, con el rostro inexpresivo.
-Jack Sparrow-Beckett escupió esas dos palabras con terrible desprecio, como si las tuviese atragantadas. El rostro de Garfio no mudó ni un ápice, pero algo cambió en sus ojos. Se volvieron más oscuros.
-Jack Sparrow…-repitió el pirata llevándose la mano a su garfio-ya…
-Imagínalo… tu enemigo más acérrimo… una, digamos, deuda que saldar-Beckett hablaba en un tono muy suave, como si quisiera traspasar a Garfio, pero no estaba funcionando: algo no iba bien con el pirata, Jim lo notaba-el hombre que te cortó la mano… podrías devolverle el favor…
Los kakamora parecían no entender nada, y Aladdín tenía el ceño fruncido, sin querer perderse detalle de aquello pero pensando en un modo de escapar.
-Así que Sparrow me cortó la mano ¿eh?-Garfio esbozó una pequeña sonrisa de amargura-vaya…
-Sé dónde se esconde. Déjame ir y te diré dónde está y te daré el dinero. Los demás me dan igual, pero yo…
-¿SPARROW ME CORTÓ LA MANO?-el grito de Garfio les sobresaltó a todos. El pirata avanzó hasta Beckett y lo agarró de la pechera, zarandeándolo-te creía mejor informado, Cutler, amigo mío. PERO VEO QUE HASTA LAS RATAS DE CENTRO COMO TÚ SE CREEN CUALQUIER LEYENDA DE TABERNA.
-Yo… ¿qué?-Beckett arqueó una ceja sin comprender. Claro que era Jack Sparrow quien le había dejado manco. Todo el mundo lo sabía. Él mismo se lo había escuchado decir. Aunque claro…-era mentira…-susurró Beckett, comprendiéndolo al fin. ¿Pero entonces quién…?
-¡IDIOTA!-Garfio arrojó a Beckett al suelo, y luego le dio una patada a un barril, derribándolo. Estaba fuera de sí, Jim nunca le había visto tan furioso-¡SPARROW NO ES MI ARCHIENEMIGO! ¡ESE NIÑATO DESGRACIADO NO HABÍA NI NACIDO CUANDO YO ME QUEDÉ SIN MANO! ¡ESA BASURA BASTARDA NO SE MERECE NI MI ODIO, ¿ENTIENDES?! ¡NO SE MERECE NADA!-Por unos instantes sus ojos brillaron con un resplandor rojizo enloquecido, pero luego pareció controlarse-No… no, Cutler… Jack Sparrow no me cortó la mano… Jack Sparrow jamás se ha atrevido a luchar conmigo-aclaró. Los kakamora se miraron unos a otros. Desde el suelo, Beckett se intentó incorporar, mirando a Garfio ahora con miedo-pero no te preocupes, ya que parece que sabes tanto de él, me contarás donde se esconde, para que pueda ir a matarlo. A cambio yo no te arrancaré las orejas. ¿Te hace?
-Yo…-ahora Beckett si estaba vencido. No era fácil negociar con un pirata, menos aún cuando él tenía la sartén por el mango.
-"Tengo que hacer algo ya"-pensó Jim, nervioso. Si tan solo aquellos cocos se descuidaran un poco y pudiese liberarse.
-Ya estamos llegando a la isla-más calmado, Garfio acarició la última pistola de luz, que los chicos pudieron entrever oculta bajo su abrigo rojo-en cuanto me deshaga de ese maldito cocodrilo y recoja mis cosas, me ocuparé de todos vosotros, y de Sparrow. Parece que la suerte me sonríe, aunque haya perdido a mis hombres. Un pequeño precio a pagar, supongo. Pobrecitos…-Garfio cerró los ojos un segundo, como guardando un silencio por sus secuaces caídos. Enseguida volvió a abrirlos-Pero ahora… ¿dónde están escondidas mis niñas? ¿Y cómo lograsteis escapar?
Amelia miró a otro lado, mientras Jim y Aladdín le sostenían la mirada al capitán con todo el desprecio del que eran capaces. Billy por su parte mantuvo la cabeza gacha, igual que Beckett. No quería admitirlo, pero estaba cagado de miedo. Aquella vez no veía salida posible. Garfio los tenía bien pillados.
-Bien. Vale, muy bien-el capitán se incorporó (se había agachado para estudiar sus rostros) y se cruzó de brazos, impaciente-Buscadlas por las bodegas. Y bajad el tablón. Van a hacernos un desfile de modelos.
-¡NO!-intervino Amelia, fingiendo estar desesperada-¡Garfio, hablaré, maldita sea! ¡Solo déjame ir! ¡Haré lo que quieras!
El pirata se acercó a ella, sonriendo, hasta quedar pegado a su lado. Con su hipersensible nariz felina, Amelia aspiró su perfume varonil con el que el capitán prácticamente se inundaba.
-¿Lo que quiera?-repitió Garfio, en tono sedoso. Su garfio se arrastró por el cuerpo de Amelia hasta llegar a la altura de sus pechos. La capitana palideció.
Jim notó como la sangre le hervía hasta subirle al rostro. Maldito cabrón desgraciado ¿Cómo coño se atrevía a tocarla? No había nada en aquel momento que desease más que abalanzarse encima de Garfio, y reventarle el cuerpo a hostias.
-Lo… que quieras…-Amelia cerró los ojos, temblorosa, y Garfio acercó tanto sus labios a los de ella que apenas quedaron unos milímetros de separación. Para sorpresa de la felina, el capitán los retiró.
-Sé que mientes. Tú nunca cederías. Y yo nunca haría algo así-sacudió su mano sana, despectivo-¡Soy un pirata, no un degenerado!
-Mierda-Amelia le pegó una patada a un kakamora, lanzándolo por la borda, y consiguió agarrar una pistola con la que disparó a Garfio. Sin embargo el capitán detuvo el balazo con su garra, y la bala rebotó estando a punto de darle a Jim.
-¡JIM!-Amelia se giró hacia él asustada, momento que Garfio aprovechó para desarmarla y dejar que los kakamora la inmovilizasen de nuevo.
-Eso si es más propio de ti-Garfio observó cómo sus secuaces sometían a Amelia mientras contenían también al resto de prisioneros. Reparó en Jim, que miraba el agujero del balazo en el suelo, muy cerca de su entrepierna-casi te quedas sin descendencia chico… parece que la capitana se preocupa mucho por ti…
Jim vio como la luz se asomaba a los ojos de Garfio. Asustado, se apresuró a bajar la mirada.
-Claro… entonces debe de ser otro de tus "chicos" ¿no es cierto?-la sonrisa de Garfio se ensanchó aún más al comprobar que Amelia palidecía hasta quedarse de un mortecino color blanco-por Dios, así es.
-¿"Chicos"?-Billy miró a Amelia arrugando la nariz-¿qué cojones…?
Tardó unos segundos más que Garfio en pillarlo. Jim notaba como el corazón le latía a mil. Mierda, mierda, mierda…por qué ella… por qué a él… mierda, no… Garfio se acercó hasta quedar a su lado, y agacharse otra vez, obligándole a mirarlo.
-Tenemos a nuestro primer voluntario-anunció, haciéndole levantarse, y los kakamora prorrumpieron en gritos de emoción, sabiendo lo que venía a continuación.
-¡NO!-Amelia miró a Jim, que tan asustado como estaba no podía proferir ninguna palabra.
-Las histogias dgamáticas me apasionan… ¡la mía es una de ellas!-Lumière se acomodó sobre un barril que había al lado de las celdas, relleno de agua salada que los piratas daban a sus prisioneros. Observó a Ralph, sonriendo-tenemos tiempo mientgas espegamos a que maten a Gagfio… así que cuenta.
-¿Lo lograrán?-preguntó Ralph, angustiado. La rabia y agresividad tras la que antes se había camuflado habían dado paso a una clara preocupación, Vinny lo notó enseguida-no sé qué le pasará a ella si no lo consiguen.
-C'est bien, es poco pgobable que sobrevivamos ninguno de nosotgos-Lumière descartó la posibilidad, como si esta le repugnase-además… ¿qué difegencia habgia? Quiego decig… ¿es que tanto te impogta estag vivo…?
-Emmm… ¿sí?-Ralph miró al extravagante candelabro, sin comprender.
-Vaya preguntas que haces-comentó Vinny, que intentaba hacer fuego con dos trozos de madera que había arrancado del suelo. La pierna continuaba sangrándole, y no habían sabido detener la hemorragia. Un torniquete no es tan fácil de hacer como en las películas, y menos con una herida como aquella.
-¡Allors! Raccontez-nous-ordenó Lumière impaciente-¿cuál es tu, er, conexión con Gagfio?
-Él… tiene prisionera a mi hija… y no la soltará hasta que no pague mi deuda-explicó Ralph, abatido.
-¿Deuda? ¿Cómo es eso?-la luz de las velas de Lumière se encendió aún más por el interés, haciendo desaparecer todas las atenazantes sombras de la bodega.
-Yo… no fue culpa mía, en realidad…-Ralph cerró los ojos. No quería recordar, y sin embargo…
En realidad, Vanellope no era su hija. Nada más lejos de la realidad. Él la quería como a una hija, eso sí. O más bien, como otra cosa. Pero eso no pensaba contárselo a ellos. Sabía que no podían comprenderlo. A fin de cuentas… ¿podría alguien?
Ralph trabajaba en aquella horrible chatarrería, encargado de mover los pesos pesados que les iban llegando (autovolantes viejos, grandes neveras, chimeneas, grúas averiadas…) y amontonarlos en grandes pilas que eran después incineradas. Un robot lo hubiese hecho mucho más rápido. Pero en la zona roja, tener un buen robot era algo muy caro, y la empresa era demasiado modesta como para permitírselo. Así que pagaban por muchos menos mickeys los enormes músculos de Ralph. Por él estaba bien, sin título académico ni carrera, tenía muy pocas opciones.
Todos temían en el trabajo a Ralph, porque era un grandullón con la fuerza de un mamut y cara de pocos amigos, pero que le temieran no significaba que le respetaran. De hecho, los insoportables compañeros de Ralph se dedicaban a gastarle bromas de mal gusto y burlarse de él. El colmo había sido cuando incendiaron una papelera en la puerta del retrete que él estaba usando, y esto hizo que él sufriese severas quemaduras. Las bromas iban cada vez en mayor aumento, y como Ralph no se quejaba (le daba vergüenza, y miedo), los matones de sus compañeros cada vez iban más lejos. Escupirle en su comida y robarle la ropa que se quitaba cuando se ponía el uniforme del trabajo eran el pan de cada día.
Un día, después de que uno de sus compañeros más gilipollas dejase caer un ladrillo en su cabeza y le hiciera una terrible herida, Ralph se internó en las profundidades del vertedero, a donde solía ir cuando se encontraba mal, y sin poderlo evitar rompió a llorar como un niño. Quiso parar, pero no pudo. Las lágrimas brotaron a chorros por sus pequeños ojitos, y resbalaron por sus mal afeitadas mejillas y su grueso cuello. No podía más con aquello. No podía más con nada. Estaba solo. Oh Dios, estaba tan solo.
-Tiri tiri tiri… chuflut, chuflut…-una alegre tonadilla le sacó de sus desdichados pensamientos. Levantando la mirada, Ralph descubrió a una niña de unos doce años paseándose por uno de los pasillos del vertedero con una saca rosa llena de chatarra-pirim pirim… porrom, porrom… ¡SPLAT!
-¿Eh?-Ralph se apresuró a limpiarse los ojos, aunque los tenía tan rojos e hinchados que parecía que le había dado un ataque de alergia. La niña seguía cantando y dando saltitos, cuando reparó en él, y se le quedó mirando, pasmada. Sus ojos eran muy grandes, y tenía los paletos delanteros muy separados, y algo torcidos.
De repente, ella rompió a reír. Se reía a mandíbula batiente, señalándolo con su dedito y echando hacia atrás su corta coleta negra. Ralph la observó perplejo.
-¡Un mayor llorando! ¡Jajajajajajaja! ¡Ya he visto de todo!-la niña acompañó su risa con un saltito travieso.
Ralph arrugó la frente, furioso, y se levantó, dispuesto a marcharse. Era lo que le faltaba, que se riesen de él hasta los niños.
-Hasta luego-dijo, temblando, y se alejó de allí.
-¡No, no, espera!-la niña corrió hacia él y se encaramó a una pila de viejas latas para hablarle-¡llorar está bien, yo también lo hago!
-Yo no estaba llorando-Ralph siguió andando, pero entonces la niña se coló entre sus piernas y escaló hasta su ancho hombro por el brazo.
-Y yo mido dos metros… ¡que no pasa nada tolai!-le dijo, guasona.
-¿Cómo me has llamado?-preguntó Ralph, entre molesto y divertido.
-Te he llamado tolai, que significa caraculo-explicó ella, muy resuelta-y cara culo significa que tu cara es como tu culo.
-Sí, eso lo he entendido, para que lo sepas-replicó Ralph, poniendo los brazos en jarras-eres muy maleducada.
-Y tú muy aburrido-la chica se bajó del hombro de Ralph y le extendió una mano-me llamo Vanellope Von Sweet-se presentó.
-¿Vanellope?-Ralph estaba casi seguro de que aquello no era un nombre. Aunque en Suburbia, quien sabía.
-La mismísima. ¿Y tú eres… "Cejotas"?-preguntó, fingiendo concentración.
-No-replicó Ralph, de mal humor.
-¿"Masa amorfa"?-inquirió Vanellope.
-Tampoco.
-¿"Sobacos malolientes"?-preguntó Vanellope, ya en la desesperación.
-¡No! ¿Oye, a ti que te pasa? ¡¿Qué quieres de mí?, déjame en paz!-exclamó Ralph, aunque en realidad la pequeña le estaba cayendo bien.
-¿Cómo te llamas?-insistió Vanellope. El grandullón cedió.
-Ralph. Me llamo Ralph. A secas.
-Vale, Ralph A Secas-dijo Vanellope, sin conseguir que su chiste calase en él-por lo que veo debes de trabajar aquí-señaló su uniforme-así que te agradecería que me guardases el secreto de que estoy ¿vale?
-¿Qué estás haciendo?-preguntó Ralph, señalando la bolsa rosa de la niña. Ella rió maliciosamente antes de contestar.
-Preparo mi bólido-dijo.
-¿Tu bólido?-Ralph parpadeó, perplejo-¿cómo que tu bólido?
-¡Un coche Ralph, tío! ¡Usa tu neurona!-Vanellope dio saltitos alrededor de él, haciendo como que conducía-¡soy corredora de carreras profesionales en el Rush!
"El Rush" era otra zona parecida a los Barrens que visitaba Jim, pero más al sur. Allí se hacían unas peligrosas carreras de coches ilegales que siempre terminaban con alguien hecho papilla en el suelo.
-Venga ya-Ralph soltó una carcajada-carreras profesionales-se arrepintió cuando vio que Vanellope se entristecía-bueno yo… no sé…
-Nunca he corrido, pero quiero hacerlo. Sería genial-dijo ella mirando sus zapatillas de cordones-podría irme lejos de aquí… para siempre.
-¿Lejos?-Ralph no entendía-pero… ¿y tus papas?
Vanellope levantó la cabeza y le miró con los ojos apagados.
-No tengo. Soy huérfana-dijo. Ralph notó como se le revolvía el estómago. Pobre niñita… ¿cómo había acabado allí?-pero no necesito padres… yo sola me basto y me sobro…
-Ya-el grandullón se sentó al lado de Vanellope, y ambos observaron el asqueroso y anárquico paraíso de basura en el que se encontraban.
Ralph se acordó de su padre, que no le hablaba desde hacía años y del que no quería saber nada. Era un maltratador idiota, que les había abandonado a él y a su madre por otra y ahora mantenía relaciones sexuales con otros hombres de la tercera edad.
Sufrir por unos malos padres, o por no tenerlos, era algo que Ralph no deseaba a nadie. Ni siquiera a los hijos de puta de su trabajo.
-Escucha-dijo lentamente. Vanellope levantó la mirada con desgana-¿por qué no te ayudo a recolectar piezas? Juntos, seguro que vamos más rápido.
La niña no se hizo esperar. De un brinco se incorporó, hiperactiva, y dio saltitos alrededor de Ralph.
-¿En serio? ¿Lo harías?-preguntó, emocionada-¡Ralph, Ralph, Ralph, mi querido tolai! ¡Vamos, tenemos mucho que recolectar!
-Quien me mandará…-Ralph hizo un esfuerzo para levantarse, y luego siguió a Vanellope sonriendo con ternura.
Ese fue el inicio de su amistad. La única, y la mejor que Ralph había tenido.
Vanellope y Ralph hacían todo juntos: él la llevaba al cine, y ella le guiaba a sus escondites de Suburbia favoritos, como el parque de las cometas o el estanque de los patos. Ralph dejaba a Vanellope ir a su casa cuando quería, y la niña se llevaba allí sus trastos con los que intentaba construir su cochecito, o las manualidades que solía hacer. Por lo que Ralph descubrió, ella tampoco tenía muchas amigas en el colegio, y los chicos la trataban mal y le tiraban de la coleta. Una visita de Ralph al colegio para advertir a aquellos abusones fue suficiente para terminar con aquello, lo que Vanellope le agradeció muchísimo.
-Oye Ralph-comentó Vanellope, una noche en que observaban las estrellas del cielo inventándose nombres idiotas como "la constelación de la rana banana".
-Dime pequeñaja-Ralph dio un sorbo a su batido de vainilla tamaño extra grande.
-¿No te parece raro que seamos amigos? Quiero decir, yo soy una niña… y tú tienes como… cien años-Vanellope hizo como que contaba con los dedos los miles de años que tenía Ralph.
-Bueno, no soy tan joven-bromeó él. Luego lo pensó un poco-la verdad, pequeñaja, es que tienes razón. Pero te diré una cosa que he aprendido. La amistad va más allá de formas y años. Solo entiende de corazones.
-Que anatómico-Vanellope se tumbó lateralmente para observar a Ralph-bueno, pues cuando yo tenga tu edad y tú ya si tengas cien años, quiero que sepas que seguiremos siendo amigos. Te quiero mucho, grandullón.
-Y yo a ti-Ralph cerró los ojos, contento, y por un momento se dejó llevar. Su enorme y pesado cuerpo se acercó a Vanellope, que no se daba cuenta, porque seguía observando las estrellas. Iba a llegar hasta ella, cuando se detuvo en el acto. ¿Qué estaba haciendo? No, no podía hacer eso…
-Bueno… yo me tengo que ir ya a casa… hoy estoy muy cansado-el grandullón se levantó y se apresuró a ir hacia el sendero de salida del parque.
-¡Jo Ralph, son las once!-se quejó Vanellope-¡Al final si que vas a tener cien años!
-Lo siento pequeñaja, mañana nos vemos-se disculpó él, alejándose. A Vanellope le pareció muy repentino, pero no dijo nada.
Ralph observó su poco agraciado reflejo en el cristal del endobús que lo llevaba a su casa. Maldita sea, tenía que controlar sus impulsos. Estaba realmente loco. Y se repugnaba a sí mismo. Pero era algo que estaba en él, y no lo podía evitar. Toda la vida se había sentido atraído por los niños, de ambos sexos, y ahora creía que con Vanellope la cosa había ido a peor. Realmente se había enamorado de la niña. Era la única persona que era amable con él, la única que le hacía realmente feliz. Y no podía dejar de pensar en ella.
Vanellope tampoco podía dejar de pensar en Ralph, al que quería con toda su alma, pero aún era pequeña para entender un sentimiento tan complejo como el amor. De todas maneras, lo que Ralph sentía por ella era imposible de alcanzar, al menos con la edad tan temprana que la niña tenía.
-¡Mierda!-Ralph reventó la pared de su casa de un puñetazo, haciendo temblar el piso.
-¡GILIPOLLAS!-le gritó su vecino, de mala leche. Ralph se dejó caer en su cama, rompiéndola, y agachó la cabeza, abatido. Intentó resistir a sus impulsos al pensar en Vanellope, pero al final no pudo evitarlo. Se sentía tan sucio y tan desgraciado. Se quitaría la vida, pero ella le necesitaba. Y él la necesitaba a ella.
Los días siguientes fueron muy tensos para la relación de los dos amigos, que durante los últimos meses se había fortalecido tanto. Ralph no sabía cómo tratar a Vanellope, ni cómo explicarle lo que le ocurría. Y ella notaba que algo iba mal, pero no entendía el qué. ¿Es que había hecho algo mal?
-¡Cuando esté terminado, podré ganar la carrera que hay en otoño!-celebró Vanellope, muy contenta-¡Ralph, es mi momento!
-Bueno, bueno, no te emociones tanto. Primero tendrás que aprender a conducirlo-dijo el gigante, mientras se dedicaba a atornillar la parte de abajo del coche, manchado por el hollín. Vanellope le abrazó, agradecida, y Ralph soltó un profundo suspiro.
-¡Eh Ralph! ¡Eh, maricón!-para Ralph, las cosas se pusieron muy feas en el trabajo, un día que tres de sus compañeros fueron hacia él, con ganas de pelea-eres un puto violador Ralph, sabemos tu secreto.
-¿Mi… mi secreto?-balbuceó el grandullón, asustado. El jefe del grupo, de cabello rubio y lacio, se le encaró, acorralándolo contra una pared.
-Eres un puto pederasta Ralph, te hemos visto-dijo, mientras le soltaba el humo del tabaco a la cara. Ralph movió la cabeza, asustado-te hemos visto con esa puta niña. ¿Qué le ofreces Ralph, caramelos? Debes de tenerla muy pequeña para que te quepa en ella… apenas tiene vagina.
-¡Jajajajajaja!-rió otro de los trabajadores, escupiendo en el pie de Ralph.
-Me tengo que ir-dijo Ralph, intentando zafarse de ellos, pero entonces el rubio sacó una navaja, y la tensión fue mucho más palpable. Ralph le miró asustado-¿qué queréis…?
-¿Qué te parece si le decimos a la niña que eres un monstruo, y que se aleje de ti? Seguro que a sus papás les interesa mucho saber lo que hace en sus ratos libres-dijo el rubio, haciendo pasar su navaja muy cerca de la tripa de Ralph-aunque claro, antes habrá que castigarte… te has portado mal Ralphy… vamos a tener que cortarte las bolas…
-No… os acerquéis… a ella-Ralph respiró pesadamente. Notó como en su interior la rabia y la ira se acumulaba como la lava de un volcán, y de repente sintió un terrible agobio, como si aquellos tres tipos se fuesen haciendo cada vez más grandes encima suyo-no… os acerquéis…
-Tranquilo, que no la vamos a tocar, no somos como tú-dijo el tío, sonriendo-bueno, a lo mejor sí, quien sabe… pero a ti Ralphy, a ti te vamos a escribir un autógrafo en la poll…
No pudo terminar el taco, porque Ralph le estaba sujetando del cuello. Los otros dos matones profirieron exclamaciones de sorpresa al verlo.
-No os acerquéis a ella-dijo Ralph, haciendo una mueca. Sus ojos desprendían destellos de fuego. Daba verdadero miedo en aquellos momentos. Parecía capaz de matar a aquel tipo, y él lo sabía.
-Vale si… ggggl… por favor… suelta…-pidió el rubio, aterrorizado.
-Si te acercas a ella o le haces daño, te mataré-le avisó Ralph, apretando con más fuerza. El chico se estaba poniendo morado. Sus dos amigos observaban a Ralph fascinados, inmóviles-¿me has entendido?
-Sisisisi… por favooooogh-suplicó el tipo, acobardado. Ralph lo soltó y se alejó, mirándole con asco. Se sentía furioso, pero a la vez muy ligero. Lo había hecho, se había enfrentado a ellos, y había salido bien parado….
-¡AAAAAGH!-el rubio se abalanzó hacia él navaja en mano por la espalda y se la hundió cerca de la columna. Ralph profirió un terrible gritó de dolor, pero después se dio la vuelta y le pegó tal puñetazo que se incrustó contra la pared.
-¡Para, para! ¡Asesino!-sus compañeros fueron hacia el rubio, que ahora yacía inconsciente en el suelo, y trataron de incorporarlo. Ralph les observó por unos instantes, y luego se alejó. El resto de trabajadores, que se habían asomado al oír el ruido (sabían de sobra que estaban acosando a Ralph, pero no se esperaban el contraataque de él) se apartaron a su paso.
-¡Es un asesino!-exclamó uno de los amigos del rubio, señalando a Ralph-¡despídale, señor Fenner!
-No-el señor Fenner (uno de los dos, era una empresa de hermanos) también se había asomado, y observaba la escena con aburrimiento-estáis despedidos los tres.
Los matones prorrumpieron en insultos y maldiciones mientras el señor Fenner regresaba a su despacho. Entre aquellos tres impresentables y el tipo más fuerte del barrio, estaba claro cuál era su alternativa para trabajar en la chatarrería. Ralph suspiró aliviado al ver que Fenner no le despedía, y luego se dispuso a volver a su casa.
Normalmente los viernes como aquel Vanellope solía estar esperándole y preparando una merienda, pero para su sorpresa, ella no estaba allí. Supuso que estaría en el garaje con el bólido. Desde que el coche estaba en su última fase de construcción, apenas podía separarse de él. Ralph preparó unas tortitas y se encajó como pudo en el ascensor para bajar.
Sin embargo, mientras avanzaba por el pasillo que daba a los garajes de residentes, escucho unos voces que lo alarmaron. Eran muchas, y muy graves, y parecían venir del fondo. Parecían venir de su garaje.
-¿Qué…?-Ralph avanzó hacia allí, cuando un viejecito se cruzó en su camino.
-Buenas tardes joven-le saludó el anciano, regordete y de mirada infantil. Ralph inclinó la cabeza. Debía de ser uno de sus vecinos mayores, no recordaba el nombre.
-¿Sabe qué pasa?-le preguntó Ralph al anciano, que se encogió de hombros-hay voces que vienen de allí…
-Pensaba que eran los dueños de ese garaje-dijo el viejo, siguiendo a Ralph hacia la puerta de la que provenían las voces. Efectivamente, era la de Ralph.
-… unos completos inútiles, debería mataros a todos ahora mismo. De hecho, creo que lo haré-decía una de ellas, autoritaria y fiera. Las otras eran un poco más graves, y se deshacían en excusas.
-La culpa fue de Jukes capitán… no sabe leer mapas-decía uno de ellos.
-¡Y una mierda, cabrón! ¡La culpa es tuya, dijiste que el soplo era de fiar!-se defendió otra voz.
-¿Y qué hay de la niña, que hacemos con ella?-preguntó una cuarta voz. A Ralph se le paró el corazón de golpe. La niña.
-¡Soltadme ahora mismo, capullos!-esa era Vanellope. Ralph estaba petrificado. ¿Y ahora qué? No podía enfrentarse a aquellos tipos, claramente eran ladrones, y debían de ir armados. Si hacía un movimiento en falso, podían hacer daño a la pequeña. No podía permitirlo.
Se asomó por la rendija, sudoroso, y observó la escena que estaba teniendo lugar en su taller. Su sorpresa y horror fueron aún mayores al reconocer al líder de los bandidos. Como para no conocerlo, aunque solo fuese por el garfio.
-Teníamos que matar a ese desgraciado, y en su lugar solo tenemos a esta mocosa y un montón de basura-dijo Garfio, paseando su mirada por el garaje-me dais asco, de verdad.
-¡Estate quieta de una vez, niña!-le advirtió uno de los piratas a Vanellope, zarandeándola con fuerza.
-¡Vete a la mierda, idiota!-le escupió Vanellope. Jo, cuando quería tenía muy mala leche, Ralph lo sabía-¡largaos todos de aquí, no tenemos nada de valor!
-Bueno, está este coche….-otro de los piratas, de piel negra y muy alto, acercó su mano hacia el bólido y lo acarició. Vanellope tragó saliva. Si le hacían algo al coche…
-Déjalo Ba'Sour, yo hablaré con ella-intervino Garfio, alejando la mano de su subordinado del coche de Vanellope-se me dan bien los niños…
Sus secuaces se miraron con cara de circunstancias. Si había algo que a Garfio se le daban mal eran los niños, aunque nunca se lo dirían. No soportaba los lloros de los bebes, ni las tonterías de los niños pequeños. Una vez, cuatro críos de unos once años hicieron un dibujo suyo en el puerto en el que ponía "COMEPOLLAS GARFIO" y se burlaban de su aspecto. Garfio los mandó meter a los cuatro dentro de un baúl y los tiró al mar ya fuera del perímetro de la bahía. Cuando la guardia costera sacó la caja, los cuatro chicos estaban muertos por asfixia, y desfigurados totalmente porque se habían arrancado la cara unos a otros en un ataque de pánico claustrofóbico durante su encierro.
-Dime niña ¿de quién eres?-preguntó Garfio poniendo su garra de frío metal cerca del cuello de Vanellope-tranquila, no hacemos daño a las mujeres.
-Yo no soy una mujer, soy una niña, y tú eres tonto del culo-le dijo Vanellope. Garfio se irguió fingiendo estar ofendido, aunque en realidad le estaba haciendo mucha gracia. Es divertido cuando una víctima te planta cara, además nunca se sabe quién te va a sorprender y con qué. Y siempre hay que decidir cómo darle una lección…
-Vale, niña, pues vamos a hacer una cosa. Nosotros te dejamos aquí con tu juguete, y tú no has visto nada. Pero si te chivas a la poli, volveré y te lo haré pedazos ¿te hace?-preguntó Garfio amablemente.
-Mmmm…-a Vanellope le parecía bastante justo. Ralph respiró pesadamente ¿saldrían de aquel asunto por pura chiripa? Todo dependía de Garfio… Sería mejor esconderse hasta que se fueran, porque si le veían a él las cosas se complicarían…
-No te muevas-dijo una voz detrás suyo. Ralph tardó unos segundos en entenderlo, y se maldijo a sí mismo por ser tan idiota. El viejo estaba con ellos, y ahora había colocado el cañón de su pistola en la cabeza-si intentas algo no dudes en que te mataré-le avisó el anciano, hundiendo aún más la pistola en el cráneo del asustado Ralph.
-Por favor…-suplicó él. No diría nada ¡Que menos, él no quería problemas! Pero eso no parecía importarle al viejo.
-Abre la puerta-ordenó, sin un ápice de humanidad en su irritante vocecilla. Ralph obedeció, y al instante se encontró con las pistolas de Garfio y el resto de piratas apuntándole también.
-¿Qué significa esto?-preguntó el capitán cabreado.
-¡Ralph!-Vanellope miró asustada a su amigo, que intentó devolverle una mirada tranquilizadora, pero no fue capaz.
-Jijiji capitán, mire lo que me he encontrado-dijo Smee zarandeando a Ralph-es un auténtico gigante de circo.
-¡Smee, no me vuelvas a dar un susto así, botarate!-le reprendió Garfio enfadado. Luego se quedó mirando a Ralph-así que tú eres el padre de la niña.
-¡Es mi amigo! ¡No nos hagáis daño, no diremos nada!-insistió Vanellope retorciéndose entre las manos de Ba'Sour, que ahora la sujetaba.
-Lo siento pequeña, pero este sabe demasiado-Garfio siguió apuntando con su pistola con pereza a Ralph-habrá que liquidarlo y esconder el cadáver. A la niña nadie la creerá, pero este es un engorro.
-Podemos disolverlo en ácido-sugirió sádicamente otro de los piratas. Garfio asintió con aburrimiento.
-Sí, por qué no-cedió. Daba la impresión de haber matado tantas veces que ya era algo hasta rutinario. Ralph se preguntó a sí mismo como un hombre podía llegar hasta ese punto.
-Capitán, espere-intervino Smee. Extrañamente, hablaba en un tono mucho más estúpido que antes, y parecía haberse vuelto subnormal. Ralph le observó con extrañeza-se me ocurre que podemos usar a este tipo… se acuerda de que Larry murió en el último asalto.
-¿Qué coño dices Smee?-intervino Ba'Sour cabreado-¿cómo vamos a sustituir a Larry con este? ¡Cierra tu puta boca!
-¡Por favor, que hay niños!-intervino Garfio, alzando su mano para hacerle callar-Ba'Sour, Jukes, llevaros a la niña al coche y esperadme fuera. Si viene la policía, avisad.
-Pero…-Ba'Sour quiso protestar, pero al mirada de su jefe le advirtió que era mejor no hacerlo.
-Vamos-dijo Garfio. Los piratas salieron en fila india del garaje, y Ba'Sour se cargó a Vanellope a cuestas.
-¡No, esperad! ¡Ralph, no! ¡RALPH!-berreó la niña, aterrorizada, pero Ba'Sour le dio una violenta sacudida, y ella chilló de miedo.
-¡DEJADLA!-Ralph avanzó hacia Garfio haciendo crujir sus nudillos, pero el pirata le frenó con su arma, mientras fingía un despectivo bostezo.
-Supongo Smee, que nos equivocamos de casa "casualmente"-dijo el capitán, mirando a su segundo con enfado.
-Yo no he tenido nada que ver con eso capitán-se defendió el aludido, encogiéndose de hombros. Volvía a hablar con voz normal. Ralph no entendía nada de lo que pasaba allí-pero podemos aprovecharle. Es una oportunidad.
-Ya… ya… pareces un tipo duro-Garfio examinó a Ralph de arriba abajo-si señor, sí. Me gustas. De acuerdo, contratado.
-¿Contratado?-repitió Ralph, incapaz de creer lo que escuchaba-¡Soltadla ahora mismo! ¡Haré lo que queráis, pero dejadla en paz!
-Este es el trato, pollo-dijo Garfio, sacudiéndole una pelusa a Ralph del hombro-tú trabajas para nosotros… digamos un año. Y a la niña no le pasará nada malo. ¿Te parece?
-¡Ni hablar! ¡Dejadnos ir, avisaré a la policía!-dijo Ralph asustado. Garfio soltó una carcajada, y le miró como diciendo "¿la policía?". Efectivamente, a tipos como aquel la policía de su barrio no podía hacerles gran cosa.
-Vamos Ralphy, tenemos mucho camino que recorrer-dijo el capitán, dándole una palmadita en la espalda-presiento que este es el comienzo de una gran amistad… ¡JO, JO, JO!
Ralph no volvió a ver a Vanellope. Se lo llevaron al Jolly Roger, y cuando se quiso dar cuenta estaba atando las velas solares junto a la peor banda de malhechores de la historia. Su vida había dado un giro completo: ahora era un fugitivo de la ley, y además de Vanellope nada sabía. Los piratas no eran mucho mejores compañeros que lo de la chatarrería, y el primer día Ba'Sour escupió en la comida de Ralph, y puso uno de sus sucios pies en su trozo de carne. Ralph sin embargo ya no era el de antes, no lo era para nada. Agarró el pie de Ba'Sour y lo lanzó por la borda. Tuvieron que detener el viaje para recoger al pirata, que profirió todo tipo de insultos contra Ralph, pero no se atrevió a hacerle nada más. Desde ese momento el resto de piratas temían acercarse a él, y Ralph evitaba cualquier tipo de contacto con ellos. Les tenía tanto miedo como les provocaba.
-Me han dicho que querías hablar conmigo-Smee entró en la sala de la bodega, donde Ralph permanecía sentado, con las rodilla pegadas.
-Dije que quería hablar con el capitán-replicó el grandullón, entre dientes. Odiaba a Smee más que a ningún otro en el barco, por ser el quien le había atrapado. Y además sabía su secreto, sabía que no era para nada tan estúpido como fingía ser.
-Yo represento al capitán, cualquier cosa que quieras decirle me la puedes decir a mí-replicó Smee secamente. Como Ralph no decía nada, el anciano se sentó en un banco de madera ya podrida que había enfrente suyo, y le observó con sus pequeños y gastados ojos azul claro-si es por la niña tranquilo. Sigue con vida.
Ralph levantó la cabeza, furioso. ¿"Sigue con vida"? Eso no sonaba muy tranquilizador…
-¿Qué has hecho con ella, hijo de puta?-le preguntó, notando como la rabia volvía a apoderarse de él.
-Cuidado con cómo me hablas, en estos momentos tu vida está enteramente en mis manos, y también la de esa niña-le dijo Smee con tono severo. Ralph apretó los dientes, cabreado. Smee se quitó sus ridículas gafitas y las limpió con su camisa-mira, Ralph, el capitán tiene razón. Yo apañé las cosas para que creyera que la persona que estábamos buscando vivía en tu casa, y así poder ir allí para reclutarte. Llevaba estudiándote ya tiempo. Necesito un nuevo guardaespaldas desde que murió Larry, y ese vas a ser tú.
-Tú… tú…-Ralph no podía creer lo que estaba oyendo. Smee parpadeó con falsa indiferencia, aunque parecía disfrutar regodeándose en su desgracia.
-Tu trabajo será simple. Pasarás como uno más de los miembros de la tripulación, pero te debes ocupar de mi seguridad personal. Los demás piratas no saben que yo soy la persona más inteligente del barco, por lo que suelen propasarse conmigo. Tú te ocuparás de mantenerlos a raya, y de que en los abordajes nadie se me acerque ni me haga daño. Además, tú…
Pero Ralph no le escuchaba. Se levantó y sin dejarle tiempo a sacar su arma empezó a estrangular a Smee como lo había hecho con aquel estúpido rubio.
-¡AAAAGH… SOCCORRO!-Smee intentó pedir ayuda, pero apenas podía hablar. Ralph le estaba destrozando la garganta.
-¡Dile… a Garfio… que la suelte!-los músculos del brazo de Ralph se tensaron cada vez más mientras apretaba la garganta de Smee, cuyas arrugas parecían ahora finas líneas deformadas.
-Él… hará… con ella… lo que tú…hagas… conmigo-le advirtió Smee. Al oír aquello Ralph vaciló un poco. Llevaba el suficiente tiempo en aquel barco como para entender cómo se las gastaban aquellos piratas. Vanellope… su princesa… podían estarle haciendo cualquier cosa… no podía permitirlo.
Finalmente soltó a Smee, que boqueó desesperado mientras la marca roja que se le había quedado en el cuello le iba desapareciendo poco a poco.
-Esto… lo vas a pagar caro…-le avisó a Ralph, furioso. Pero el gigante se acercó a él, y Smee se achantó.
-Te protegeré y haré lo que tú quieras. Pero durante un año. Luego nos dejaréis ir-dijo Ralph. Las palabras salieron de su boca automáticamente. Fue demasiado fácil.
-Está… está bien…-Smee asintió lentamente y luego se dispuso a marcharse-espera instrucciones.
Y así fue como desde ese día, Ralph trabajó como el protector secreto del inmundo Smee, amparado este siempre por la sombra del malvado Garfio, que siempre consultaba sus siniestros planes con él. Ralph estaba mucho más al corriente de las intrigas de Smee y Garfio de lo que el resto lo estaban, y era el único que conocía la verdadera cara de Smee. Hacerse el idiota permitía al segundo de abordo enterarse de muchos cotilleos que los piratas no tenían reparo en contar con él delante, y advertir a Garfio de muchos motines y engaños de sus traicioneros hombres antes de que estos se llevasen a cabo.
Con el tiempo, y casi doce meses después de su pacto con Smee, Ralph conocía el poder y la inquina de Garfio, y sabía bien que de ninguna manera, pasado el año, le dejaría ir. Con un poco de suerte, tal vez, liberaría a Vanellope de donde fuese que la mantenía encerrada. Al menos ella sería libre.
-Estas son fotos de ella antes de ayer. Tiene un patio donde jugar, y le han comprado un perro-le informó Smee, que cada cierto tiempo le llevaba fotografías de la niña para que él supiera que estaba bien. Ralph intentó averiguar muchas veces donde podía ser que la tuviesen escondida, pero jamás pudo dar con ello. Y así, se fue convirtiendo en el hombre duro, amargo y desesperado cuya historia Lumière escuchaba ahora.
-Vaia amigo, sí que es tgagico-comentó Lumière cuando Ralph concluyó su historia-pego si matamos hoy a Gagfio…
-Quizás no vuelva a verla nunca-completó Ralph con voz ronca-por eso debía impedíroslo. No tengo elección.
-No te preocupes grandullón, cuando acabemos con ese pirata, tú podrás sonsacarle a Smee donde está la niña-le tranquilizó Vinny, que había conseguido hacer fuego con la madera y ahora había encendido una pequeña fogata en el suelo del barco.
-Contgola eso ¿quieges?-le instó Lumière, molesto.
-Espero que se carguen a ese pirata-las llamas resplandecieron en los cansados ojos de Vinny, dándoles un peculiar brillo anaranjado-si tan solo hubiese podido ayudar a Mole…
Lumière y Ralph permanecieron en silencio, y por unos minutos solo se escuchó el crepitar de las llamas. Vinny aspiró el humo que producía el fuego. Siempre le había gustado el humo. Le hacía mal al cuerpo, pero respirarlo era tan importante para él como beber agua.
Entonces llegó Ariel.
-Hombge, madame-Lumière la miró sonriendo con galantería-¿ha tegminado ya la cacegía?
-No-Ariel estaba muy seria-Están en peligro.
-¡Aka aka aka! ¡AKA AKA AKA!-los kakamora se habían apelotonado alrededor de la quilla, y lanzaban gritos y silbidos, mientras Jim los observaba con asco, sin poder evitar que las piernas le temblasen. Estaban a unos mil metros del suelo. La caída al mar podía ser mortal-¡AKA AKA AKAAAAAA!-en su idioma, aquello debía significarse "salta, salta".
-Bueno Amelia, espero que sea tan bueno cayendo como en otras cosas-comentó Garfio soltando una risita. El barco se había detenido, y ahora asomándose desde la barandilla se podía ver un puntito en el mar, que debía ser la isla Calavera. Estaban muy cerca ya.
-¡AKA, AKA, AKA!-los kakamora estaban exacerbados. Aladdín y Billy miraban a Jim preocupados, mientras Rourke, aún amordazado, seguía pensando un modo de escurrirse. Si tan solo pudiera desmaterializarse.
-Déjale ahora mismo Garfio-pidió Amelia-te contaré todo lo que sé, pero déjale, por favor.
-Eso ya me gusta más-Garfio cogió a la capitana por el brazo, y la acercó a él-Dime, te escucho.
-Primero bájalo del tablón-pidió Amelia, pero Garfio negó con la cabeza, impaciente.
-Dime, te escucho-repitió en tono más firme.
-Están… están en la bodega, con los demás-dijo Amelia.
-¡NO!-gritó Jim furioso-¡No es cierto! ¡Se han largado, imbécil! ¡Cogieron un puto bote y se fueron!
¿Qué coño estaba haciendo? Era obvio que mentía. Pero no podía permitir que Amelia le rebelase a Garfio la verdad. ¡Las matarían! Matarían a la pelirroja…. Y a Lilo. No podía permitir que matasen a Lilo. Había jurado que la devolvería con vida. De ningún modo eso podía acabar allí.
-Vale, están a bajo. Traédmelas-ordenó a los kakamora-y nada de matarlas, recordad que no hacemos daño a las damas.
-Mentiroso-Amelia le miró con desprecio. Garfio le lanzó un beso, burlón.
-Os estoy empezando a coger cariño chicos. Sobre todo a ti, Amelia. Me gustaría que te quedases una temporada, aunque supongo que habrá que cobrar un rescate del Mando Estelar y devolverte… o no, claro. Ahora que has caído en desgracia…
Amelia miró a Jim preocupada, sin caer en las provocaciones de Garfio. Al lado de la felina Merlín se encontraba recostado, malherido por el disparo que había recibido en la pierna. Su larga barba blanca se había manchado de sangre roja. Al igual que la peluca de Beckett, que también estaba sentado y parecía sumido en sus pensamientos, estudiando otra forma de escapar. Pero no había forma de hacerlo, para ninguno. ¿Cómo había podido salir todo tan mal?
-Ugu iwi gerr kaka kaka-dijo uno de los cocos a Garfio.
-Dice que no han encontrado a Smee… estoy empezando a mosquearme-comentó Garfio, yendo hacia el tablón-bueno chico, es hora de saltar.
Jim le miró intentando camuflar el miedo que sentía. A sus pies, un enorme plato azul, el mar, se extendía por todas partes. Desde allí, la caída sería brutal. Probablemente se espachurraría contra la densidad del agua antes de hundirse, como una marioneta sin hilos.
-Es normal tener miedo la primera vez. Pero te aseguro que si sobrevives para una segunda, ya no tendrás tanto-Garfio rió, y le pegó una patada al tablón, haciendo que se zarandease. Jim sintió un tembleque desenfrenado en las piernas, y atado de manos y pies como estaba intentó sostenerse. Si conseguía pulsar su muñequera antes de caer podría desmaterializarse, y así evitaría el golpe y podría sobrevivir. Pero no sabía si el poder de la desmaterialización duraría lo suficiente, o se acabaría antes. Debía calcularlo muy bien, para tener justo el tiempo necesario.
-Vamos chico, salta, nosotros te daremos una puntuación-dijo Garfio dándole otro golpe al tablón. Jim se balanceó todavía más, blanco totalmente y con los ojos fuera de las órbitas. Dios, la muerte estaba muy cerca. Le vino a la mente su madre. Debía volver a verla…. Ella le necesitaba.
-"No puedo morir aquí"-se dijo Jim. Garfio le dio otro golpe al tablón, y esta vez el chico estuvo más cerca de caerse que antes. Cuando estás en una altura como en la que él se encontraba, la tierra parece querer tirar de ti hacia ella, haciendo toda la presión que puede para que caigas. Jim estaba sudando mucho. Pero aún no se había caído.
-¡Salta, vamos! ¡SALTA!-Garfio movió el tablón aún más, y Jim se balanceó de un lado a otro como pudo para evitar caer. Los kakamora reían como niños mientras Amelia le miraba horrorizada, pero Jim advirtió que Aladdín estaba tramando algo, porque el chico parecía muy concentrado, y se movía lentamente.
El tablón siguió meneándose, pero Jim, habiendo sido entrenado en este tipo de cosas por la Academia, se resistió a caer manteniendo el equilibrio como un valiente. Los kakamora estaban encantados, pero Garfio ya parecía más cansado.
-Tengo muchas cosas que hacer, chico. Lo siento-dijo, sacando su larga pistola y apuntándolo.
-¡NO!-Jim resbaló justo cuando sonaba el disparo, y luego todo se quedó en negro por unos segundos. Lo siguiente que escuchó fueron vitores por parte de los kakamora, y una risotada de Garfio.
-¡Vale, chaval, eres bueno!-dijo el capitán, observándole. Jim notó como sus piernas temblaban en el vacío. Había conseguido enganchar sus ataduras al saliente del tablón, y ahora colgaba de él como una morcilla.
-DIOS…. JODER-dijo, notando el vacío debajo suyo. Aquella plancha era su única puta salvación, y Jim, desesperado, se aferró a ella con todas sus fuerzas.
-¡Déjale en paz! ¡Por favor!-suplicó Amelia, pero solo consiguió hacerle reír de nuevo.
-Ay Amelia….-se burló el pirata-No te reconozco… te recordaba mucho más dur…
-¡Les habla el comodoro Norrintong, dejen sus armas inmediatamente y hagan descender el barco o procederemos a abordarlos!-la voz de Norrintong resonó por todo el barco como un aviso de megafonía, y se le pudo escuchar a la perfección porque todos se habían quedado en completo silencio. Los kakamora se miraron entre ellos, asustados.
-¡La Marina!-Garfio miró a sus esbirros, asustados- ¿Cómo…?
-Repito, dejen sus armas inmediatamente y hagan descender el barco-dijo la voz del comodoro Norrintong. Garfio identificó al fin de dónde provenía: se habían situado detrás de ellos.
-Malditos traidores…-Garfio le hizo una seña a los cocos para que se movieran, y estos empezaron a deslizarse sigilosamente hacia la bodega.
-¡Está bien, está bien, nos rendimos!-Garfio tiró sus armas, pero los demás no lo hicieron, sin soltar a Aladdín, Billy y el resto. Rourke, encadenado en el puesto de timón, miraba el barco de Norrintong, que había ido ascendiendo hasta quedar encima del de ellos.
-Diga a sus hombres que tiren las armas-insistió el comodoro, impaciente. Desde la barandilla de estribor observaba la cubierta del Jolly Roger ayudado por su catalejo, examinándolo todo al milímetro. Vio a Jim colgando del tablón y a la capitana Amelia, prisionera-¿Amelia?-dijo, bajando el catalejo y mirándola perplejo.
-Eso quería decirte, capitoste-Garfio se paseó por la cubierta con calma-tenemos a la capitana, y también a un par de rehenes más. ¡A ella no la haremos nada, pero te aseguro que le volaré la cabeza a todos los demás si no te alejas ahora mismo!
Norrintong miró a Grooves, que estaba a su lado y también contemplaba la escena totalmente pasmado.
-¿Qué hacen vestidos de negro?-preguntó su lugarteniente. Norrintong bufó con impaciencia.
-De eso ni hablar Garfio. Ríndanse todos ahora mismo y no procederemos a atacar. Voy a darles diez segundos-dijo, amenazante.
-Claro, claro-Garfio esbozó una sonrisa maquiavélica. Los kakamora que se habían escurrido ya debían de estar en sus puestos-que te crees tú eso…
-¡AYAK!-el grito de los kakamora resonó antes del disparo que salió disparado de los cañones traseros del Roger. Garfio los había mandado instalar como precaución para posibles ataques sorpresa como aquel, aunque no era muy usual que un barco los tuviera. Norrintong no había contado con ello, por lo menos.
-¡MALDITA SEA!-el comodoro saltó a tiempo de evitar que el cañonazo le diese, porque la explosión destrozó la barandilla de estribor y mató a uno de sus hombres. Norrintong y Grooves rodaron por el suelo, ahora tiznados por el humo que se había levantado, pero no tardaron en reaccionar-¡ZAFARRANCHO DE COMBATE!-ordenó el comodoro, y todos sus hombres empezaron a correr.
-¡La que se va a armar, la que se va a armar!-lloriqueó Mullroy.
-¿Quieres callarte, gallina?-le increpó Murtog.
-Jefe…-desde su calabozo, Mercer supo que habían encontrado a Beckett. Era el momento de actuar.
-¡Vamos muchachos, pongámonos en marcha!-Garfio subió al timón de un salto, e hizo girar la rueda con violencia. El Roger se puso en marcha, y empezó a alejarse del Interceptor a toda prisa- ¡Venga, desplegad esas velas!
El Jolly Roger descendió en picado entre la capa de nubes que lo rodeaban, y empezó su carrera por huir del Interceptor. Pero Norrintong era un experto cazador de piratas, y esos no iban a escapársele, por muy buenos que fueran.
-¡No, esos cabos son para el mástil de proa!-Garfio daba órdenes a diestro y siniestro, desgañitándose la garganta-¡Maldita sea mi estampa, justo hoy me tenía que quedar sin tripulación! ¿Y DÓNDE LECHES ANDA SMEE?
-Guoork-los kakamora desplegaron las velas para que el Roger cogiese más velocidad. Luego, mientras unos pocos se quedaban vigilando a los prisioneros, los otros bajaron a la bodega.
-¡UAAAAAAAAH! ¡COÑOOOOOO!-Jim permanecía agarrado al tablón como podía, pero la velocidad que estaba cobrando el barco era demasiada para sostenerse. Las uñas se le levantaron al clavarlas en la madera, y los ojos empezaron a llorarle. El corazón le latía a mil, y el cuerpo le temblaba como una hoja, pero aún así conseguía aferrarse, en la máxima desesperación. No lo había pasado tan mal en su vida-¡JODER! ¡JODERRR!
En ese momento las manos de Jim se soltaron, pero alguien le agarró a tiempo. Levantando la mirada, vio que era Amelia. La capitana se había liberado de los cocos una vez más, y le había cogido en el último segundo.
-Vaya potra-comentó Billy, mirándolos.
-Te… tengo-Amelia hizo un esfuerzo para subir a Jim al tablón, y luego ambos se dejaron caer en el suelo seguro de la cubierta. Los kakamora corrieron hacia ellos y les colocaron sus lanzas en el cuello, amenazantes.
-Jefe Tupack, meta a los prisioneros en mi camarote y manténgalos vigilados-ordenó Garfio, concentrado en guiar su barco por entre las oscuras tinieblas de la noche, con el Interceptor pisándoles los talones-a todos… a todos menos a ellos dos-señaló a Amelia y a Jim.
-Error-dijo el muchacho en voz baja. No podía creer que siguiese vivo. Pero una cosa tenía clara. Si él había tenido tanta suerte y podía seguir allí, por su vida que Garfio iba a morir de un modo u otro. Y ya no les quedaba mucho tiempo.
-¡Activen las turbinas del reactor, y preparen los garfios!-ordenó Norrintong, que ahora observaba al enemigo desde el puesto de mando, mientras Grooves llevaba el timón-¡Marineros, más brío! ¡Tenemos la oportunidad de capturar al pirata más peligroso de hoy día!
-Eso es muy discutible-intervino Murtog con tono de sabelotodo, pero la mirada de Norrintong le hizo entender que no era momento para aquello.
-Los estamos alcanzando…-observó Grooves, virando un poco para acercarse más al Roger. Desde su barco, Garfio se dio cuenta, y dando un giro completo a su timón hizo que el barco se fuese totalmente a estribor, eludiéndolos. El giro fue tan brusco que Jim y Amelia se cayeron, y los kakamora rodaron por todas partes como balones de fútbol.
-La leche…-Garfio se agarró como pudo a su timón, e hizo que el Roger descendiera y luego volviera a subir, intentando despistarles. Luego cogió el interfono que había en la pantalla de mandos, conectándose con la zona de cañones-¡FUEGO A DISCRECIÓN MUCHACHOS!
-¡UAAAAAAAK!-los kakamora empezaron a disparar desde sus puestos, y varios balazos golpearon al Interceptor, que se desestabilizó.
-¿Sí, eh?-Norrintong permaneció impasible ante el temblor al que se vio sometido su barco con los disparos.
-¡Perdemos energía señor!-anunció uno de sus hombres.
-Estabilicen los reactores y deceleren el ritmo del barco… y prepárense para abordar-Norrintong observó el Roger, cuya calavera que decoraba la zona de la popa le sonreía burlona-¿qué hace Amelia ahí?
-Si quiere cogernos, tendrá que darnos algo a cambio de vosotros-Garfio sonrió satisfecho-en realidad sois toda una suerte…
-Déjate matar Garfio, esto acabará mal para ti de un modo u otro-le dijo Amelia con voz seca. El capitán arqueó una ceja, molesto.
-Empiezo a estar muy harto de ese tema ¿qué le he hecho yo a todo el mundo?... Oh, vamos allá-Garfio hizo que el barco se pusiese casi totalmente en vertical, y descendió en picado. Varios kakamora salieron disparados del barco y desaparecieron entre las nubes. Mientras iban perdiendo altitud y el viento les azotaba en la cara, Jim vio el arma de Garfio asomar por su cinturón. Si llegaba a cogerla. Se dio cuenta de que Amelia también la estaba mirando. Le hizo una seña con la cabeza, que ella entendió al instante. Rourke, que también seguía con ellos, no lo entendió, pero se dedicó a observar lo que hacían.
-Estate quieto…-susurró Amelia mientras agarraba a uno de los kakamora por el cuello y lo lanzaba fuera de cubierta. Jim le dio un golpe a otro mandándolo hasta ella, que de una patada lo noqueó. Garfio, concentrado en el timón, no se dio cuenta. Los disparos del Interceptor, que se había tirado en picado tras de ellos les pasaban rozando por encima, pero Garfio los supo esquivar con bastante maestría.
Dentro del camarote del capitán, Aladdín ya se había conseguido deshacer de todos los kakamora desmaterializándose unos segundos.
-Menos mal que no sabe lo de que somos medio fantasmas-dijo Billy mientras cogía una de las armas de un coco muerto-ahora no podemos fallar.
-No, no podemos-Aladdín cogió un arma también. Su brazo le dolía muchísimo, y se notaba muy mareado por la pérdida de sangre, pero aún no había dicho su última palabra-déjamelo a mí.
-Sí, claro-Billy rió-mejor que me ocupe yo colega.
-Aaaaah… mi pierna-sollozó Merlín-necesito un médico…
-Deja de llorar-le espetó Beckett con desprecio.
-Enseguida te curamos viejo-le dijo Billy amablemente. Pero justo en ese instante un balazo del barco reventó la pared del camarote, y el aire entró a chorro, como queriendo succionarlos.
-¡UAAAAAAAAAAAAAH!-Aladdín salió disparado y cayó al vacío, mientras Merlín, Beckett y Billy se agarraban como podían al suelo del camarote, para no caerse también.
-No… ¡NO!-gritó Merlín desesperado. Pero estaba muy débil, y enseguida se soltó, cayendo también al vacío con un último grito de terror.
-¡AL! ¡VIEJO!-Billy vio cómo se convertían en simples puntos entre las nubes, mientras el enorme boquete que se había abierto en la pared continuaba absorbiendo los muebles, cristales y ropa de Garfio como una aspiradora.
-Parece que les hemos dado-indicó un marine a Norrintong, que con su catalejo vio como desde el agujero de la popa del Roger salía un armario disparado.
-Pero… ¿y los rehenes?-intervino Grooves-Pueden salir heridos.
-La prioridad es Garfio-dijo Norrintong, concentrado. Luego, al ver la mirada inquisitiva de su compañero, quiso explicarse, molesto-él los estaba tirando por la borda cuando llegamos. Si le dejamos ir los matará, y no hay negociación posible. La única posibilidad que tienen de sobrevivir es que nosotros capturemos el barco.
-Si usted lo dice-Grooves volvió a virar para seguir a Garfio, que intentaba desmarcarse de ellos otra vez.
-Hay que conseguir ponerse al lado de ellos-le dijo Norrintong a su segundo-así podremos abordarlos.
-No me deja adelantarlo-Grooves intentó otra maniobra, pero el Roger le cortó el paso. Garfio era ya un perro viejo en ese tipo de ataques-voy a intentar ir por debajo, y luego colocarnos delante.
-Intentará dar media vuelta-dedujo Norrintong.
-Y entonces nosotros viraremos al lateral y abriremos fuego-propuso Grooves. El comodoro asintió en acuerdo.
-¿Con que esas tenemos, eh?-Garfio dedujo lo que iban a hacer cuando el Interceptor empezó a perder altura y se puso debajo suyo-os vais a enterar.
El Jolly Roger, ahora justo encima del Interceptor, empezó a perder altura también, rozando sus palos mayores.
-¡NOS VA A APLASTAR GROOVES! ¡PIERDE MÁS ALTURA! ¡VAMOS, BAJA!-gritó Norrintong, desesperado. Garfio sonrió desde su barco. Los destrozaría-¡MARINEROS, CARGUEN LOS REACTORES AL MÁXIMO!
-Ya eres mío, comodoro-siseó Garfio haciendo bajar también más al Roger. Si seguían así, terminarían por llegar a la línea del mar, y entonces el Roger aplastaría contra el agua al Interceptor como una prensa.
-Jefe…-Mercer recogió el arma del guardia de su celda al que había dejado fuera de combate, y agarrando una larga cuerda que había colgada en la pared tomó las escaleras que subían a la cubierta. Había botes de sobra para que salieran huyendo. Solo tenía que actuar con rapidez, e intentando nos ser visto.
-Mierdaaaaaa-la boca de Billy estaba muy abierta por culpa del aire que le chocaba en la cara. Intentó agarrarse como pudo a la cama de Garfio, que era el único mueble que no había sido succionado porque estaba unido al suelo. Sin embargo, los tablones del suelo habían empezado a levantarse también. El Roger seguía descendiendo, y a la velocidad que iban el aire los absorbía como al abrir la ventanilla de un avión.
-¡NOOOOOO!-Beckett resbalaba hacia fuera, pero Billy le agarró justo a tiempo.
-¡Te tengo, majo!-exclamó el Cobra satisfecho. Beckett le miró con el rostro desencajado. Ya no llevaba su peluca, que se había ido volando hacía tiempo, y su cabeza parecía diminuta sin ella-¡EH!-se quejó Billy cuando el lord se agarró a sus hombros y escaló por encima de él, pisándole la cara para coger impulso y llegar a la entrada del camarote. Como la puerta también se había arrancado, Beckett pudo salir a la cubierta y dejar atrás aquel terrible vórtice de absorción. Sin embargo, Billy había perdido su agarre al sufrir el golpe de Beckett, y se deslizó también hacia el boquete-NO…. ¡NO, NOOOOOOOO!
Iba a salir disparado, cuando el Roger dio un tumbo y se estabilizó, de forma que Billy pudo resistir el aire que intentaba arrastrarlo y agarrarse a un saliente de la habitación, evitando ser tragado.
-Mierda…-se dijo el rockero. Había perdido su nueva arma, y también su pendiente (ahora la oreja se le había desgajado, y le sangraba mucho). Pero no iba a rendirse. Vaya que no. Por Aladdín.
-¡Perros asquerosos, voy a mandaros a todos al infierno!-la estrategia de Garfio para chafar a los marines había fallado, porque el Interceptor había cobrado más velocidad y ahora estaba delante de ellos-¡Jefe Tupack, los cañones!-ordenó desde el interfono. Escuchó unos ruiditos de contestación que indicaron que estaban a punto de mandar una nueva tanda de disparos.
Amelia miró a Jim, que había cogido el fusil de uno de los kakamora y asintió. El chico apuntó hacia Garfio, listo para disparar.
-¿De verdad crees que eso te va a funcionar, chico?-preguntó el capitán sin ni siquiera girarse a verlo.
Jim disparó, pero Garfio se dio la vuelta muy rápido, y paró el tiro con su garra metálica. Luego le dio una patada que le derribó, y apoderándose de su arma le apuntó al pecho.
-¡NO!-Amelia se abalanzó sobre Garfio, pero el pirata la tiró al suelo zafándose de ella.
-Estúpida…. Mira que te lo he advertido-dijo, mirándola furioso. Luego miró a Jim, sonriendo-eres un chico valiente… me dejas sorprendido…. Pero yo soy un pirata, he visto más mundo-Jim miraba el cañón del arma de Garfio con el corazón latiéndole a mil. Se llevó la mano a la muñeca. Debía de ser en el mismo segundo del tiro…-es muy útil mi garfio, ¿verdad?-le dijo Garfio a Amelia, deleitándose en la desesperación de ella-Casi agradezco a Silver que me cortase la mano…
-¿Silver?-por un momento, los disparos del Roger, el fragor de la batalla y los chillidos de los cocos se apagaron. Jim miró a Garfio con los ojos como platos, incapaz de creer que hubiese pronunciado esas palabras. Silver. ¿Silver? ¿SILVER?
"No conseguí matar a ese maldito pirata, aunque le corté una mano. Él y sus hombres huyeron, pero antes destruyeron mi barco, creyendo que yo había muerto en la explosión".
Por un momento fue como si estuviese escuchando aquella historia de nuevo, el día de su expulsión de la Academia. Fue como si el viejo cyborg estuviera a su lado, contándoselo otra vez. Silver era quien… claro. ¿Cómo no había atado cabos antes…?
-Eres una caja de sorpresas chico… -comentó Garfio, que ahora le miraba con curiosidad. Las plumas de su sombrero bailaban al viento, como un abanico multicolor-sí, Silver. Que por cierto…
¡BAAAAAAAM! El Roger sufrió una conmoción tan fuerte que se balanceó hasta quedar casi en lateral. Varios kakamora cayeron de nuevo, y uno recibió el impacto de una bala de cañón antes de llegar al mar. Jim salió disparado, pero Amelia le agarró a tiempo, quedando los dos colgados de la barandilla del barco.
-Uffff…-Garfio volvió a sujetar el timón. Vio como el Interceptor se iba colocando a su lado rápidamente-maldita sea…-encendió su interfono-¡Tupack, subid todos arriba! ¡Ekao yiotta!-ordenó, nervioso-¿quieres pelea, maldito comodoro?-siseó el capitán, mirando a la silueta del comodoro, que se entreveía en el puesto de mando de su barco-te va a faltar mar para escaparte de mí…
-Jim… Jim…-Amelia estaba casi sin fuerzas, intentando que el chico no cayera al vacío-no…
El chico hizo un esfuerzo sobrehumano por aferrarse al extremo del barco, pero ya podía más. Caería sin remedio.
-¡NOOOOO!-las manos de Jim se resbalaron, y Amelia chilló desesperada al ver como el chico caía al vacío-¡JIIIIM!
El chico cerró los ojos. Se llevó la mano al botón de la muñeca, esperando un milagro.
-¡Te tengo!-fue un milagro, pero no el que Jim se esperaba.
-¿Pero qué…?-el chico no se lo podía creer. Bueno, había llegado a un punto en el que no se podía creer nada, así que se creía todo.
-¡Podemos volar Jim! ¡Es brutal!-Aladdín le llevaba cogido por las axilas como si fuese un ángel, y flotaba en el aire sin ningún tipo de sujeción-¡PODEMOS VOLAR, COÑO!
-¿CÓMO?-Jim soltó un gritó de júbilo y miedo. Notaba un subidón de adrenalina tan fuerte que apenas podía respirar. Aladdín llevó su dedo a la muñequera de Jim, y giró la ruedecita que había en ella en la otra dirección. De repente lo soltó. Jim iba a gritar, cuando se dio cuenta de que estaba flotando también. Sí, efectivamente, el traje les permitía volar. No podía creerlo-joder, JODER ¡JODER! ¡ESTO ES LA POLLA!-gritó Jim enloquecido. Nada de eso podía estar pasando, no podía ser real. Entonces se acordó de Amelia, de Garfio y de Silver. Aún le quedaba un asunto por resolver.
El Roger y el Interceptor se estaban alejando, y Jim pudo ver como Garfio sujetaba a Amelia para que no pudiese escapar, mientras los miraba tan asombrado como ellos.
-Tenemos que alcanzarles-le dijo Jim a Aladdín. El moreno asintió.
-Podemos hacerlo. Esto es como nadar-le explicó, serio.
-Vale. Pero deja de salvarme la vida-le dijo Jim. Aladdín soltó una carcajada, y Jim, no supo por qué, sonrió.
-Intentaré no hacerlo más-bromeó el árabe, y luego se pusieron en marcha. Efectivamente, volar era parecido a nadar, solo que en vez de notar la densidad del agua se sentía un extraño vacío en el cuerpo. Jim fue lo más rápido que pudo en dirección al Roger, que seguía bajando. Distinguió la isla Calavera cerca de ellos. Parecía que habían retrocedido, en vez de avanzar. Con tantos giros y cambios de dirección, era difícil saber a dónde podían ir a parar-Nos quedan unos diez minutos-dijo Aladdín.
Jim entrecerró los ojos, decidido.
-Tiempo de sobra.
-Uuuu, soy un kakamora-Lilo se había puesto uno de los cocos en la cabeza, y se paseaba por el pasillo imitando a los guerreros. Los cuerpos de los kakamora muertos estaban desperdigados por todas partes. Eran los centinelas que Garfio había mandado a registrar el barco en busca de las chicas. Habían tenido la mala suerte de que Ariel había conseguido pedir ayuda a tiempo, y Ralph los había hecho puré.
-Tengo una cuenta pendiente que saldar con Garfio-les dijo el grandullón una vez hubieron acabado-voy a ir a por él.
-Hijo, Gagfio te matagá en cuanto te vea, no va a seg tan fácil-le interrumpió Lumière-lo que tenemos que haceg es pensag con la cabeza.
-Si esta batalla continúa, no conseguiremos acabar con él antes de que se acabe el tiempo-dijo Ariel.
-Bueno, hay una fogma…-dijo Lumière, mirando a Vinny. El italiano les había acompañado apoyándose en una improvisada muleta.
-Esto está lleno de explosivos…-admitió Vinny-Solo una chispita bastaría…
-¿Qué? ¡No!-Ariel entendió a la perfección lo que querían hacer-¡Moriremos todos!
-No si os marcháis antes-Vinny se encogió de hombros-solo tenéis que coger uno de los botes y salir del barco. Yo prepararé la explosión, y me iré antes de que el barco estalle.
-Eso es imposible que salga bien-Ariel negó con la cabeza.
-No hay otra alternativa hija, tiene demasiados cocos, y nunca lograríamos alcanzarlo a tiempo… a no ser que forcemos el tiempo-Vinny miró a Ariel con fijeza. Él estaba muerto de miedo, ella lo sabía-no te preocupes por mí, pelirroja. Solo salvaos vosotras…
-Helga está en un bote, esperando…-recordó Ariel.
-Id con ella, vamos. Yo me las apañaré-dijo Vinny. Lumière le observaba con extrañeza.
-Eges un tipo cugioso, Santorinni-comentó el candelabro.
-Para no ser un robot-bromeó Vinny-ya me contaréis en que acaba todo esto…-hubo unos segundos de silencio. Luego Vinny no pudo aguantarlo más-¡VAMOS!-gritó. Ariel agarró a Lilo de la mano y salió corriendo hacia donde estaban los botes, echando un último vistazo a Vinny y murmurando "gracias…". Lumière también se alejó.
-Ou revoir, mon amie-le dijo a Vinny, que asintió secamente.
-Ciao-se despidió. Se dio cuenta de que Ralph no se movía de su lado-¿y tú a qué esperas?
-Quiero ayudarte a matarlos. Esta es mi lucha-explicó el grandullón.
-Vete, por favor. Esa niña te necesita-le recordó Vinny. Ralph tembló un poco, pero finalmente se alejó, sin decir nada-suerte…-susurró Vinny. Ahora tenía que llegar a la armería. Si lo hacía bien, podría preparar la explosión y saltar del barco a tiempo, pero dependía totalmente de cómo lo hiciera-ay…
Mientras Vinny corría hacia la armería, el Interceptor estaba cada vez más cerca del Jolly Roger, y ya tenían sus ganchos preparados para el abordaje.
-¡GANCHOS FUERA!-ordenó Norrintong. Sus hombres obedecieron, y las cuerdas se engancharon en el barco enemigo, tensándose por la velocidad. Los marines se prepararon para saltar al otro barco, con sus rifles de asalto y sus sables en mano.
-Que no pisen mi nave-le dijo Garfio al jefe de los kakamora, que afiló su espada dentada con agresividad.
Los marines se lanzaron por las cuerdas hacia el Roger, pero los kakamora les empezaron a disparar, haciéndoles caer a la nada. Sin embargo, una segunda división de soldados desde el barco abrieron fuego contra los kakamora alejándolos y permitiendo que los primeros soldados aterrizasen en la cubierta del Jolly Roger.
-¡HE DICHO QUE NO QUIERO QUE PISEN MI BARCO!-rugió Garfio, furioso, sacando su pistola y matando a uno de los recién llegados-voy a tener que tomar medidas drásticas…-susurró, sacando la pistola de rayos. La quería reservar para otro pez más grande, pero como solía decirse, "la necesidad manda". El pirata se dispuso a apuntar al Interceptor, cuando Amelia le arrebató el arma, y le tumbó de un puñetazo.
-¡NO!-Garfio volcó a Amelia de una patada, y se tiró sobre ella intentando recuperar el arma.
-Suelta…-la capitana sacó sus afiladas garras, que atravesaron la tela negra de sus dedos y se clavaron en el brazo de Garfio. Él soltó un alarido de dolor, pero no aflojó. Ante la atenta mirada de Rourke, que seguía intentando soltarse desesperado, recibiendo descargas de las esposas, Garfio y Amelia rodaron por el puente de mando intentando conseguir el arma de luz.
-Voy a saltar a su barco-le dijo Norrintong a Grooves-mantente pegado a ellos, y si la cosa se pone fea, cañonéalos.
-Pero usted…
-¡No importa!-Norrintong se dispuso a saltar por una de las cuerdas de agarre, cuando se detuvo al reconocer a alguien entre sus afanosos marines. Era Mercer-¡EY!-fue hacia él, pero al verse descubierto el secretario fugitivo echó a correr, evitándolo entre el barullo de personas-Mierda…
-¡Están peleando por el arma!-Aladdín señaló la cubierta del Roger, donde Amelia y Garfio forcejeaban.
-¡Voy!-Jim aceleró el vuelo hacia ellos. No se fiaba mucho de que su poder de elevación fuese a durar mucho más, aunque de momento había resultado ser una aportación del traje más duradera que la desmaterialización.
Aladdín iba a seguirle, cuando distinguió algo en la popa del barco. Billy daba gritos como un loco mientras intentaba aferrarse como podía al extremo del boquete, que lo había arrastrado para arrojarlo fuera del barco.
-¡Aguanta Billy!-Aladdín voló hasta la popa y agarró al rockero por la espalda, entrando luego en el camarote y saliendo de él por la otra puerta. En ese momento la energía de su traje se agotó, y ambos se pegaron un morrazo en la cubierta del barco.
-¡Colega! ¡Eso ha sido la puta hostia tío! ¡RADICAL!-Billy se incorporó riendo, cuando uno de los marines de Norrintong le agarró con fuerza.
-¡Venid conmigo, os pondremos a salvo!-dijo.
-Eh eh, tranquilo madero, que aquí tenemos trabajo-Billy se escurrió de sus manos y se volvió hacia Aladdín, que no podía incorporarse porque había caído sobre el brazo malo, y había recaído en el dolor-colega, ¿qué más cosas hace esta mierda?
-Pero…-el marine quiso insistir en que saltasen con él al otro barco, pero uno de los kakamora le disparó en la cabeza. Billy soltó un chillido y Aladdín le reventó también, utilizando un arma que acababa de recoger del cadáver de un guardia.
-Joder…-Billy miró los restos del kakamora, mezclados con el extraño líquido blancuzco de su interior.
-Billy… ahora tienes que llevarme tú a mí-dijo Aladdín con voz débil-me duele mucho…
-Tranquilo colegavioneto-Billy se lo cargó en su hombro-¿cómo se hace?
A bajo, en la bodega, Vinny había llegado a la armería, que encontró afortunadamente vacía. Todos los kakamora estaban en el pasillo de cañones, atacando al Interceptor, así que no había peligro. Empezó a sacar todos los explosivos que había guardados en cajas y armarios, juntando cartuchos de dinamita, baterías y sacos de pólvora por todas partes.
-Vas a ver que fuegos artificiales-se dijo, sonriendo con satisfacción al contemplar su obra. Sería el mayor petardo de toda su vida. El barco no tenía ninguna posibilidad.
Vinny encendió una cerilla y se dispuso a poner fin con aquello. Había calculado unos cinco minutos para escapar antes del gran finale, como diría Lumière.
-Sayonara baby-el italiano acercó la cerilla al reguero de dinamita, cuando algo le sobresaltó.
-¡UAAAAAAAA!-el kakamora había estado escondido encima de un estante, y se abalanzó sobre él como la alimaña que era. Vinny soltó un gemido de terror e intentó quitárselo de encima, sin éxito. El kakamora sacó un puñal y se lo hundió en el pecho. Pero entonces él recordó lo que Aladdín les había explicado del traje, y pulsando la muñequera desapareció, haciendo que el coco cayera al suelo y se quedase perplejo. Segundos más tarde Vinny reapareció a su lado, estrellándole un madero en la cabeza, y cascándolo como un huevo.
-¡Menudo susto!-dijo, secándose el sudor de la frente al lado del cadáver de su enemigo.
-Y aquí va otro-dijo Smee.
¡BANG! El disparo atravesó a Vinny, que cayó al suelo, inmóvil. Smee se acercó a él sonriendo perversamente, pero temblando mucho. Tenía un profundo corte en la garganta, y estaba empapado de sangre, pero seguía vivo.
-Un plan muy osado-comentó, escupiendo saliva rojiza-pero te olvidaste de mí.
-Y tú de mí, capullo-Smee se giró para encontrarse cara a cara con Ralph, que le cubría con su enorme sombra. El pirata quiso decir algo, horrorizado, pero Ralph lo mandó a la otra punta de la estancia de un puñetazo. Smee se dejó caer en el suelo, derrotado. Pero Ralph no había terminado con él-¿Dónde está Vanellope? ¿Dónde la tienes?-le zarandeó, furioso. Smee apenas parecía consciente. De su cuello volvía a brotar sangre a chorros, manchándolo todo.
-Has… has vuelto…-observó Vinny débilmente.
-Sí, así es-gruñó Ralph-sabía que no podrías hacerlo solo-volvió a encararse con Smee-¡Te lo repito, dónde está!
-No lo sé…-el anciano movió la cabeza de un lado al otro, con desgana. Apenas estaba consciente ya-solo lo sabe Garfio….
-¡MIENTES!-bufó Ralph, apretándole el cuello y evitando a la vez que continuase la hemorragia-Mientes, dime dónde está o te haré pedazos, hijo de puta.
-Pierdes el tiempo…-balbuceó Smee-ya está muerta…
-¡NO ES VERDAD!-Ralph gritó tan fuerte que llenó de babas la cara de Smee. El anciano cerró los ojos, soportando los violentos zarandeos del gigante, que estaba desesperado-¡TÚ MIENTES, NO ESTÁ MUERTA! ¡NO ESTÁ MUERTA! ¿DÓNDE ESTÁ? ¿DÓNDE LA TIENES?
-Agh…-Smee intentó decir algo más, cuando tres kakamora entraron en la sala, y abrieron fuego contra Ralph.
-Gunda, gunda-dijeron, lanzando una ráfaga contra su pesado cuerpo. Pero Ralph no era un cualquiera. Resistió los disparos y aplastó literalmente a los cocos con sus enormes manazas. Luego regresó a donde estaba Smee, que apenas parecía respirar.
-¿Dónde está Vanellope?-repitió Ralph, furiosísimo. Ahora sangraba por muchos agujeros, y el dolor empezaba a hacer efecto en su cuerpo. Pero iban a necesitar mucho más para vencerlo.
-Ella…-Smee pareció ir a decir algo, cuando levantando una mano enseñó la pistola que había tenido guardada y disparó. El cuello de Ralph se rasgó, y el gigante cayó hacia atrás, aplastando a Vinny, que ya apenas veía nada.
-Aaaaaagh…-el italiano sintió como el peso de Ralph lo asfixiaba. Era el fin.
-Hijos de puta… desgraciados…-Smee jadeó muy roncamente, sonriendo luego-vais a morir aquí Ralph… tranquilo por la niña, vivirá mucho tiempo, yo me aseguraré… va a desear estar muerta…
-Gggggggh…-Ralph notó como la sangre le brotaba como una fuente del cuello. No podía respirar, y lo veía todo borroso. Era el fin. Y no había conseguido acabar con ninguno de los dos.
-Hasta otra amigos…-Smee rió como pudo, escupiendo sangre y un diente, y se dejó caer en la pared trasera. Había ganado su último asalto. Al menos moriría con esa satisfacción.
-Hasta pgonto, connard-Lumière, oculto hasta ese momento, apareció sonriendo burlón, y corrió a toda pastilla hacia los explosivos, sin que Smee ni nadie pudiese tener tiempo a reaccionar. Dando un tremendo salto, y con las llamas flameantes a tope, se dejó caer sobre las cajas de dinamita abrazando a su final. Por unos segundos pudo ver a Vinny, que con su triste mirada pareció decirle "gracias". Al final, ni él ni Ralph le habían dejado solo. Sorprendente lo que podía unir a unas personas totalmente desconocidas en las últimas horas de su vida.
-"Merde, y encima supongo que no habgá un ggan geggeso. Si lo llego a sabeg…"-pensó el candelabro aburrido, antes de caer. Instantes después todo estalló en un infierno rojo.
La explosión se extendió por el barco rápida como la marea, exterminando todo lo que se encontraba por su camino. Las estructuras de hierro del barco reventaron, la madera se calcinó y todos los kakamora que corrían por entre el sistema de cañones se desintegraron como si les hubiesen disparado con el arma de luz. Para nuestros protagonistas, que se encontraban en la cubierta, la catástrofe sucedió del siguiente modo:
-Ariel, Lilo y Helga, que se encontraban ya subidas al bote salvavidas, salieron disparadas en él hacia el mar, estrellándose contra el agua cerca de la isla Calavera.
-Aladdín y Billy, que estaban sobrevolando el barco, también fueron despedidos repelidos por la explosión, pero quedaron ilesos.
-El Interceptor, pilotado por Grooves y con Norrintong y Mercer aún a bordo, también sufrió el impacto de la terrible explosión, destrozándose su cáscara de estribor totalmente y muriendo al menos a cinco de sus hombres.
-La cubierta del Jolly Roger saltó por los aires entre chorros de fuego que la destruyeron, y todos los que se encontraban en ella murieron, a excepción de un marine, dos cocos y Cutler Beckett, que había escalado hasta lo más alto del palo mayor para quedar lejos del combate, y al destrozarse el palo había aterrizado en el barco, partiéndose las piernas. Ahora lloriqueaba entre las llamas y el fuego, derrotado.
-Garfio, Amelia y Rourke, que se encontraban en el puente de mando, habían salido disparados por los aires con el estallido del barco, y luego habían desparecido entre una gruesa capa de escombros y el denso humo negro que se había formado. Jim los vio estallar horrorizado volando a unos metros de ellos, y también fue impulsado hacia atrás.
El Jolly Roger se encendió durante unos segundos como una enorme antorcha que iluminó la oscuridad de la noche, y segundos más tarde cayó en picado al mar, y al estar atado por varias cuerdas y sufrir también la explosión, el Interceptor cayó con él. Los dos barcos se estrellaron en el agua provocando una tremenda oleada, que hizo volcar el bote de las tres chicas. Ariel tuvo que sujetar a Helga, que seguía inconsciente, y evitar que se ahogase.
Durante unos segundos las olas y el fuego provocaron un ruido ensordecedor. Luego las aguas se calmaron, y el fuego se apagó en casi todo el barco al sumergirse en el mar. Y se hizo el silencio absoluto.
Fue un silencio muy largo. Y quedaban cinco minutos.
Jim observó desde el cielo los dos barcos. El Roger se hundía rápidamente en el agua, y arrastraba con él al Interceptor. Los marines cortaban las cuerdas que los unían a ambos, mientras intentaban evitar que el agua se filtrase por los muchos boquetes que se les habían abierto.
Debía de estar muerto. No se le veía por ningún lado. No había duda, estaba muerto. Entonces, todo había terminado. Todo había terminado, tenían que volver a casa. ¿Por qué no habían vuelto?
Jim recordó como la última vez, después de matar a Juan, no fue hasta un rato más tarde cuando se rematerializaron en el piso. Podía ser que la esfera tardase en recogerlos, como tardaba en enviarlos. Pero en el fondo sabía que no era eso… tenía que tratarse de otra cosa.
-Está muerto…-susurró Jim. Por favor, tenía que estarlo. La cubierta del Roger parecía la boca de un volcán, soltando toneladas de humo e igual de destrozada. No parecía posible que nadie estuviese vivo allí. "Amelia"-Jim sobrevoló el barco y se acercó con precaución. Estaba totalmente bloqueado, incapaz de atreverse a pensar lo que podía encontrarse.
Y no podría haberlo adivinado nunca, a no ser que se molestase en levantar aquella capa de escombros. Garfio estaba vivo, efectivamente, y también Amelia. Bueno, más o menos. La garra metálica del pirata se encontraba hundida en el pecho de ella. La gata ahogaba un gemido, sin poder gritar ni resistirse, mientras el pirata trataba de entender lo que estaba pasando. Finalmente sus ojos se cruzaron, y Garfio lo entendió.
-Amelia…-el pirata la miró unos instantes pestañeando con lentitud. Luego, empezó a retorcer su garfio. Ella gritó con todas sus fuerzas, notando como el hígado se le destrozaba y la sangre se acumulaba borboteando deseosa de salir. Intentó zafarse de él, pero tenía un brazo sepultado bajo un pesado trozo de madera, y tampoco podía accionar la rueda del traje. Garfio siguió retorciéndola mientras Amelia se retorcía de dolor, y la sangre empezaba a salir de ella en grandes cascadas.
Afortunadamente, Jim escuchó sus gritos. También lo hicieron los demás que se encontraban allí, pues la voz de Amelia rompió el silencio de un modo espeluznante.
-Amelia…-Norrintong, aún aturdido por la caída, caminó a duras penas y fue hacia la barandilla de su barco-¡Amelia!
-¡NO!-Jim aterrizó sobre lo que quedaba de la cubierta del barco y empezó a levantar escombros desesperado. La tela de sus manos se rompió, y se destrozó los nudillos, pero no le importó. Amelia… no podía… Amelia…
-Aaaaagh… ayuda…-Jim acababa de encontrar a Rourke, que tenía el rostro chamuscado y le temblaba todo el cuerpo. No se paró a ocuparse de él, siguió buscando entre los escombros, cuando…
-Con que… no matabas… a las mujeres…-susurró Amelia, mirando a Garfio con los ojos empapados en lágrimas.
-Lo sé… y lo siento-el pirata parecía estar también a punto de llorar-te juro que lo he intentado… pero no hay honor entre los ladrones y asesinos… solo hay basura…
Amelia reconoció sus propias palabras, y cerró los ojos, incapaz de soportar aquella cruel ironía. Garfio decidió terminar con aquello. Dio un giro más a su garra, notando como el intestino de la capitana se revolvía y rajaba, y luego se separó de ella, empapado de sangre.
-¡UAAAAAAAAAAAAAH!-Amelia lanzó un alarido desgarrador mientras vomitaba sangre y sus vísceras se esparcían por el suelo, y pataleó furiosamente sin ningún tipo de control.
-¡AMELIA! ¡AMELIA, NO!-Jim consiguió apartar un enorme trozo de lo que antes había sido el palo mayor y encontró a la mujer felina en el suelo, en medio de un charco de sangre. A un lado, Garfio la observaba secándose las lágrimas de los ojos-¡AMELIA NO! ¡AMELIA!
-Jim…-el chico se arrodilló al lado de la mujer y le sujetó la cabeza, haciendo que le mirara-Jim…
-Amelia, no…-Jim comenzó a llorar. Quería parar, quería frenarlo, pero no era capaz. La mujer a la que más había amado, la que nunca había conseguido olvidar, yacía entre su propia sangre, con el estómago abierto y los ojos fuera de las órbitas. Amelia… aún la amaba mucho. Los recuerdos del tiempo vivido juntos en la Academia parecieron rodearlo de manera parecida a cuando había muerto Silver-no por favor, Amelia, no…
-Jim, escucha…-Amelia ya no veía nada, y tampoco podía respirar. Pero debía hablar con él, tenía que hablar con él, explicárselo. Había creído que había tiempo, y sin embargo, de un día para otro se había quedado sin él-Jim, Silver…
Jim la miró sorprendido, pero entonces ella echó la cabeza hacia atrás, y dejó de moverse. El chico observó a la mujer muerta, con las lágrimas resbalándole por las mejillas, y agachó la cabeza a su lado, llorando desconsoladamente.
"Te quiero Jim…-Amelia le acarició el rostro con sus largas uñas retráctiles, y el chico sonrió. Desnudos y abrazados, solo les protegía del frío una fina sábana blanca, que envolvía su amor en una crisálida frágil pero hermosa-te querré siempre.
-Nunca te olvidaré-Jim acercó su rostro al de ella, y empezaron a besarse con pasión. Sin embargo, Amelia se separó un momento de él, y le observó con sus ojos relucientes y angulares.
-Olvídame… cuando encuentres con quien hacerlo-susurró.
-No hay nadie más que tú, estrella-Jim depositó un suave beso en los labios de Amelia, que sonrió encantada.
-Entonces soy afortunada.
La sábana se enrosco a su alrededor mientras Jim se colocaba encima de ella y continuaban con su apasionado beso."
-No… porfavorno… no…-Jim apenas podía vocalizar. Su rostro desencajado reposaba en el vientre de ella, mientras la apretaba con fuerza hacia sí. ¿Cómo había podido pasar aquello? ¿Cómo podía eso ser real? No, no podía serlo.
-Oye chico… lo siento-Garfio le dio una palmada en el hombro, y se alejó de él, avanzando torpemente por entre los escombros de su barco.
-Amelia…-Jim besó el cuello de la mujer, que continuaba inmóvil. Quería quedarse allí a su lado para siempre. Garfio ya no le importaba, tampoco lo que a él pudiera pasarle. ¿Qué más daba todo? Habían ido a ese maldito lugar para morir, como Chicha, Aurora y el doctor Dawson. No podía soportarlo más. Pues que así fuera.
Pero entonces se acordó de Lilo. La niña seguía con vida, él la había visto en el bote. Y seguía en peligro, al menos hasta que terminase el plazo.
Desde lejos, escuchó como Garfio disparaba a tres marines que habían saltado al Roger a detenerlo, acabando con ellos.
Dicen que de las decisiones más duras que tomamos en nuestra vida ni siquiera nos enteramos. En el caso de Jim fue así. Mientras se incorporaba, su mente estaba totalmente en blanco. También cuando gritó el nombre del hombre al que iba a matar.
-¡JAMES GARFIO!
El capitán pirata, que avanzaba abriéndose paso entre sus atacantes con la espada, se detuvo en seco al oírlo, hundiéndole el sable al último de los soldados que iban a por él hasta atravesarle el costado.
Garfio se giró lentamente, sabiendo de sobra quien era el que lo llamaba. Esta vez no había ni una leve sonrisa en su arrugado rostro.
-Hijo…-el capitán colocó su espada en su garfio, e hizo que esta se raspara con el movimiento.
-Voy a matarte-Jim avanzó hacia Garfio apretando los puños con rabia. Por algún motivo, estaba furioso, pero se notaba mucho más frío de lo que debería, analizando la situación a fondo. El lado más impulsivo de Jim parecía haber sido reemplazado por uno más calculador y peligroso, una serpiente que ataca en el momento justo. Pero era lo que iba a necesitar para enfrentarse a él.
-Ya…-Garfio miró su espada tensando los labios con firmeza. Había perdido la pistola de luz. Había perdido el barco. Había perdido a todos sus hombres. Ya no le quedaba nada. Pero como solía decir la Abuela, "solo un hombre que no tiene nada puede conseguirlo todo"-ya te he dicho que lo siento… ella era muy peligrosa… no me ha quedado otro remedio.
Jim negó con la cabeza, sonriendo con amargura. Garfio asintió lentamente, entendiéndolo.
-No intento justificarme, es cierto. Pero si tú problema es conmigo-alzó su espada apuntándole-entonces será mejor que lo solucionemos.
-Sí-Jim fue hacia él, extendiendo los puños, el último recurso que le quedaba, listo para enfrentarse a él.
-Vamos chico, no seas tonto-Garfio recogió una de las espadas de los marines que acababa de matar y se la lanzó, dejándola caer a sus pies-lo justo es la equidad.
Jim entrecerró los ojos, mirándole con desprecio, pero luego se agachó para recoger la espada. En ese momento, Garfio sacó su pistola y le apuntó, pero el disparo nunca llegó a darle, porque Jim desapareció de su vista por unos segundos. Cuando volvió a aparecer, estaba enfrente suyo, y le pegó un puñetazo con tantas ganas que le partió dos dientes. Garfio se tambaleó, sujetándose como pudo a los restos de su barco para no caerse al suelo. El Roger se estaba hundiendo cada vez más, y ya solo quedaba fuera del agua poco más que la cubierta. Las bodegas y despensas estaban ya totalmente inundadas, y los cuerpos requemados de los kakamora flotaban de un lado para otro, estúpidamente divertidos de ver.
-Niñato descarado…-Garfio alzó su espada y dio un sablazo contra la de Jim, pero el chico frenó el golpe con la suya, y de un ágil movimiento se hizo a un lado y cortó a Garfio en la pierna-¡AY!-gritó el pirata.
Jim no le dejó tiempo para idear otra treta: atacó de nuevo alzando su espada e intentando ensartarlo, pero esta vez Garfio estaba preparado, frenó su golpe y contraatacó con una fuerza tan inesperada que hizo que Jim perdiera el equilibrio. El muchacho se reincorporó como pudo, y agitando su espada se movió en círculos en torno a su enemigo, que le miraba con desprecio y también mucho interés.
-¿Cómo te llamas hijo?-preguntó Garfio arqueando las cejas. Jim negó con la cabeza e intentó otro ataque, pero Garfio se lo frenó y echó a un lado-¿vas a la Academia Estelar, no?
Jim intentó atacar de nuevo, pero Garfio le dio una estocada que estuvo a punto de desarmarlo. Desde el aire, Billy trataba de avistarlos, mientras Aladdín había subido al bote de Ariel y Lilo, sin ya su poder aéreo.
-¡No consigo verlo!-gritó Billy revoloteando de un lado a otro.
-¡Acércate más!-le dijo Aladdín, impaciente. Ariel le miró asustada.
-Esto es culpa mía-le dijo al árabe, temblorosa-yo dejé a Vinny encender la mecha.
-Sssssh, claro que no-la tranquilizó Aladdín, aunque a Ariel no le sonó muy convencido. Lilo miraba al barco con expresión pétrea.
-Aguanta niño-dijo con voz suave, mientras observaba el humo que salía del puente de mando.
-¡Agh!-Garfio golpeó a Jim con su garra, haciendo que este cayera al suelo con un enorme chicón en la cara. El chico se incorporó a duras penas con agresividad. En la Academia habían practicado el combate de esgrima de un modo bastante intensivo, y como en todo lo demás él había destacado desde el principio. "Cuidado Jim-le había dicho el instructor en una de las sesiones de entrenamiento-el peor error que se puede cometer en la esgrima es confiarse".
Jim evitó otro ataque de Garfio y le pinchó en la pierna con la punta de su sable de nuevo, pero esta vez el pirata le golpeó con su puño y le arrebató su arma. Jim cayó al suelo, indefenso, y Garfio arrojó su espada al mar, furioso.
-Bien jugado chico, me has convencido-le dijo-ahora hablemos claro. Si te vienes conmigo, la mitad del tesoro es tuya.
Jim escupió, temblando desesperado.
-Agárrate tu otra mano. Te la pienso arrancar-le dijo, lleno de odio. Una arruga apareció en la nariz de Garfio. Había conseguido cabrearle.
-Como quieras-dijo, y sacó su pistola. Jim miró a un lado, buscando un modo de escapar, y en ese momento le pareció ver algo moverse en el agua, cerca de Garfio. Los ojos del chico se iluminaron ante aquello… el reloj que Gantz les había dado… Amelia había dicho que llamaba a ese monstruo… ¿podría ser que…?
-¡Deténgase ahora mismo!-ordenó el comodoro Norrintong en la también destruida cubierta del Interceptor. Mercer disparó contra él, pero el comodoro consiguió evitarlo refugiándose detrás de unos barriles. El secretario después arrojó la cuerda que había cogido de la bodega en un lazo, enganchándola a un saliente del Jolly Roger, y se balanceó hasta allí aterrizando en la cubierta del barco.
-¡Maldita sea, deténganlo!-ordenó Norrintong. El comodoro salió de su escondite y saltó también por la cuerda hacia el barco pirata, decidido a atrapar a Mercer. Pero al llegar al otro lado, el secretario le estaba esperando, y le empujó con brutalidad, haciéndole caer al mar.
-¡Hombre al agua!-gritó Grooves al verlo-¡El comodoro está en el agua!
-¡Rápido, una cuerda!-pidió Norrintong, muy cabreado-¡Id a por él!
En ese momento un siniestro "tic-toc" resonó cerca suyo, y por unos instantes una enorme cola verde asomó por el agua. El comodoro se llevó tal susto al verlo que por poco se lo hace encima.
-¡La cuerda! ¡La cuerda, RÁPIDO!-ordenó Norrintong temblando como una hoja, mientras notaba como debajo del agua algo se movía muy deprisa. El cocodrilo nadó hasta el fondo marino, y luego volvió a subir, sin asomarse todavía, esperando el momento perfecto para atacar.
-¡El cocodrilo! ¡Viene otra vez!-Lilo señaló horrorizada el agua que se movía ahora cerca de ellos, y se agarró a Ariel presa del pánico-¡es el cocodrilo!
-¡Sssssh, tranquila!-Ariel la abrazó y se dispuso a tocar la rueda de su muñeca en cuanto lo viese asomarse. No quería hacerlo antes, porque siendo el poder del traje limitado no le convenía gastarlo.
-Maldito chico, ¿qué pasa contigo? Me das lástima-Garfio colocó el cañón de su pistola entre los ojos de Jim, listo para matarlo.
Él ahora sonreía. Ya tenía pensado lo que iba a hacer, pero antes tenía que saber una cosa más.
-Antes has mencionado a Silver…-dijo con voz ronca-me parece que tú y Amelia tenéis algo que ver con él.
Garfio pestañeó sorprendido, y luego soltó una risotada falsa y desquiciada, intentando tener esa superioridad que quería tener siempre.
-¿Silver? ¿Le conoces? ¡JA!-escupió a un lado-sí, él fue quien me cortó la mano.
-Tenía que ser él-Jim no pudo evitar sonreír. Hasta en aquel momento, manchado de sangre, dolorido y desesperado, Silver podía conseguir aquello, estando muerto-tenía que vencerte…
-Oh sí, vencerme. Ese maldito se escondió de mí durante años, primero en la Academia Estelar, y luego vete tú a saber dónde-el odio con el que Garfio hablaba de él dejaba claro que el pirata había llegado incluso a olvidarse de que estaba allí y su vida corría un grave peligro-te diré una cosa sobre ese pirata, y es que era un condenado cobarde.
-¿Pirata?-la sonrisa de Jim se borró al instante ¿Cómo que pirata? Debería lamentar haberlo dicho, porque Garfio entendió al instante lo que ocurría. Ni que él no lo hubiese podido prever.
-Así que no te lo dijo. Supongo que sería muy simpático contigo, todo un payaso ¿no? ¡JA! Ja, ja, ja-escupió con desprecio al suelo-pues te diré una cosa, él no era un cocinero, o por lo que diablos se hiciera pasar cuando lo conociste, no, nada de eso. Era un puñetero pirata, un bastardo del infierno que se había llevado tantas vidas como yo o más, y al que hasta Barbanegra temió. Y sí, prefiero haber sido vencido por él que por ese pegamoide de Jack Sparrow.
-No…-Jim negó con la cabeza. No podía ser cierto. Silver… ¿pirata? Garfio estaba mintiendo. Sí, era eso.
-Me enteré esta semana de que había muerto. Tantos años buscándolo para matarle, y ahora resulta que para cuando doy con él ya está muerto. Una lástima-Garfio se encogió de hombros-pero oye, siempre puedo desquitarme contigo. Déjame adivinar… ¿Otro de sus admiradores suyos de los de usar y tirar?
-¡CALLA!-Jim saltó sobre Garfio, que del susto soltó su espada, y comenzó a estrangularlo tirando de su corbata de flores. El capitán intentó apartarlo, y luego clavarle su garfio, pero Jim se lo sujetó, frenándolo a centímetros de su cuello-hijo de puta…
-Chaval…-Garfio era más fuerte, y Jim empezó a notar como le perdía el pulso.
En el otro extremo del barco, Mercer acababa de encontrar al malherido Beckett.
-Sabía que seguía con vida-dijo, al apartar de él un pedazo del mástil roto.
-Has… tardado-gimoteó Beckett dolorido.
-Nos vamos-Mercer le ayudó a incorporarse y lo cogió entre sus brazos como a un niño. En el Interceptor, los marines estaban más pendientes de rescatar al comodoro, que seguía chapoteando en el agua presa del pánico que de atraparle a él. Cuatro soldados habían cruzado al otro lado, pero recogiendo una pistola del suelo Mercer acabó con ellos en pocos segundos-saben todo lo suyo, quieren encarcelarnos.
-¿Podrás matarlos a todos?-preguntó Beckett con desgana. Sonrió al ver que Mercer asentía. Después de cargarse a los marines supervivientes y al comodoro Norrintong, ya se ocuparían de destruir todas las pruebas y encontrar al soplón que les había mandado. Beckett creía saber quién estaba detrás de aquello. Él mismo que estaba detrás del secuestro de Garfio.
-Vamos-Mercer se aferró a la cuerda listo para volver al Interceptor con Beckett en brazos. Empezó a deslizarse rápidamente, como en una tirolina, hacia la cubierta del otro barco, y disparó contra tres marines que le estaban esperando para apresarlo, apartándolos. Beckett cerró los ojos unos segundos, destrozado por el dolor.
-¡ROAAAAAARRRRRRRG!-los fauces del cocodrilo salieron del agua tan rápidamente que apenas hubo tiempo de verlos abrirse: en unos segundos, Beckett y Mercer, soltando un terrible alarido de horror, se encontraron dentro de ellos, y segundos más tarde el animal cerró la boca, engulléndolos de un bocado y llevándose también la cuerda por la que se estaban deslizando consigo. El cocodrilo se quedó suspendido unos instantes en medio de los dos barcos, mientras los soldados pudieron ver como por su garganta descendía de manera horripilante un bulto que aún se movía, y después cayó al agua de nuevo, desapareciendo de su visión. Aún guardaba sitio para el tan deseado postre.
-¡LA CUERDA COÑO! ¡LA CUERDA!-gritó el comodoro Norrintong temblando descontrolado. Sentía al cocodrilo nadar muy cerca suyo.
Ya estaba amaneciendo, y el plazo estaba a punto de terminar. Los primeros rayos del sol se posaban tímidamente en la piedra oscura de la isla Calavera, haciéndola parecer un lugar un poco menos aterrador al iluminarla. Ahora podían apreciarse las capas de alga que había pegadas en la roca, y los moluscos que crecían en las paredes de la entrada.
-No sabré quien te ha pagado chico…-Garfio pisó con saña la mano de Jim, mientras el chico gritaba de dolor en el suelo, con el pecho sangrando por un golpe del garfio del capitán-pero ya me lo contarán tus amigos… ahora, saluda a Silver de mi parte.
En ese momento fue cuando el cocodrilo sacó su cabeza y se zampó a Beckett y a Mercer. Garfio no llegó a verlo, pero escuchó su rugido, que le heló la sangre, y su rostro cambió totalmente al escucharle. La mano le tembló, y la espada estuvo a punto de caérsele, mientras sus ojos vibraban y miraban a todas partes, presa del pánico. Ya no llevaba su enorme sombrero de plumas, que al igual que gran parte de su abrigo se había carbonizado durante explosión, y sus largos cabellos negros estaban desaliñados y esparcidos por todo su rostro, dándole un aspecto enloquecido.
-Nnnno…. No…-Garfio pareció buscar por el suelo algo, que Jim entendió sería la pistola de rayos. Pero esta debía de haberse destruido en la explosión, o hundido en el fondo del mar. Jim sonrió.
-Saluda tú a Silver-dijo, burlón. Garfio le miró furioso, y fue hacia él, agarrándolo del cuello-¡EH! ¡SUÉLTAME, JODER!-Jim intentó forcejear con él, pero Garfio le metió un puñetazo en el estómago, inmovilizándolo.
-Vamos a ver si contigo se sacia para un rato-sugirió Garfio arrastrando a Jim por la ennegrecida madera de lo que quedaba de cubierta. Lo iba a tirar por la borda al mar. Jim intentó agarrarse al suelo, y luego le dio una patada a Garfio en la entrepierna, haciéndole gritar de dolor-¡IDIOTA!-el pirata le golpeó con su garfio de nuevo, rompiéndole la nariz, y luego cuando estaba en el suelo le dio una patada en las costillas, zona que Jim aún tenía delicada desde el golpe de la cola del cocodrilo.
-¡No, NO! ¡NO!-Jim pulsó la ruedecita, pero esta ya no funcionaba. No podía volar, y tampoco desintegrarse. Iba a girarla un poco más hacia la izquierda, cuando Garfio lo colgó de la proa.
-Al agua patos-dijo el capitán con la voz cargada de odio.
-¡NO!-Lilo apareció de la nada volando, y la patada que le dio a Garfio lo derribó, haciéndole perder el equilibrio y rodar por la superficie del barco, que al hundirse se estaba inclinando cada vez más a estribor.
-¡AU! ¡NIÑA!-El pirata evitó caer al mar por la rampa que se había formado con el inclinamiento agarrándose con su garfio a la madera.
-¡LILO!-Jim se levantó, alucinado, mientras la niña se posaba cerca suyo con su habitual expresión de calma.
-Ahora estás en deuda de sangre conmigo-dijo con tono etéreo.
-Bueno, intentaré saldarla-contestó el chico, divertido. Entonces vio que Garfio estaba sacando su pistola-¡NO!
Jim rodó por la cubierta inclinada hasta donde estaba Garfio y cayó encima suyo, propinándole una patada en la mandíbula. El capitán perdió su arma y rodó hasta quedar en el borde de la cubierta, que estaba ya semi-sumergida.
-¡Maldita sea!-Garfio se agarró con su garra, e intentó escalar la cubierta para volver a la zona segura. El barco estaba ya casi en posición vertical.
-¡Jim!-Lilo se deslizó también por el suelo hasta donde estaba el chico y lo cogió de la mano para evitar que cayera con Garfio.
-Lilo no…-Jim no quería que ella corriese ningún riesgo, pero viendo que ella era su única salida hizo un esfuerzo para impulsarse hacia arriba y escaló con ella hasta la parte más alta del barco, lejos del mar-tienes que salir de aquí Lilo…
-Tranquilo, nos encontrarán ahora-dijo Lilo, señalando dos siluetas que se movían entre el humo.
-¡EH!-las llamó Jim al verlas-¡EH, VOSOTROS, ESTAMOS AQUÍ! ¡EH!
-¡IIIIIIIIIIH!-gritó Lilo, para ver si la escuchaban.
Una de las siluetas era Billy, que acababa de encontrar entre los restos a Rourke, que intentaba escapar como podía del barco antes de que se hundiera. El general estaba tan malherido que ni siquiera podía andar, y hablar le costaba muchísimo.
-Vaya colega, esto sí que ha sido mala pata-dijo Billy ayudándole a levantarse. Pero no podía llevarlo volando, porque Rourke pesaba demasiado.
-¡UAAAAAAAAAH! ¡NOOOOOOOO!-los gritos de Garfio recordaron a Jim que aún no había acabado con él. Sin embargo, ya no tendría que hacerlo. El cocodrilo acababa de asomarse por la proa y le había atrapado la pierna mientras él intentaba escalar a donde estaban Jim y Lilo. Garfio se retorció como un cebo de pesca e intentó incluso dejar su pierna atrás, pero el monstruo le tenía bien pillado-¡NO, PARA, SUELTA! ¡NOOOOOOO!
Jim sintió casi lástima por él al ver cómo, presa de un miedo superlativo, intentaba huir del cocodrilo desesperadamente. Garfio le pegó patadas en el morro, y luego le clavó su garfio en las narices, pero eso solo consiguió enfadarlo más. Aquella bestia del jurásico empezó a masticar al capitán vivo rápidamente, y poco a poco Garfio se fue hundiendo más en sus enormes fauces, chorreando sangre por todas partes y dando patéticos alaridos.
-¡POR FAVOR! ¡AAAAAAAAH! ¡NO, NO, NOOOOO! ¡SMEEEEEEE!-Garfio notó como su cintura se partía atravesada por los enormes dientes de la fiera, y clavó su garra y las uñas en la madera para evitar ser arrastrado por ella, sin éxito. El cocodrilo lo trituró en sus fauces paladeando su cuerpo con el gusto de un catador y finalmente, haciendo una bola con los restos de su cuerpo, ahora descuartizados, se lo tragó lentamente. Jim le tapó los ojos a Lilo, y deseó que alguien se los hubiese tapado a él.
-Ya está…-se dijo cuándo los gritos de Garfio cesaron finalmente-está hecho…
Lo habían vuelto a conseguir. Probablemente en el último minuto. Garfio estaba muerto. La misión se había cumplido. Ahora debían regresar, pero…
-¡GRRRRRRRRRRR!
-¡IIIIIIIIIH!-Lilo chilló horrorizada al ver como el cocodrilo, con la sangre fresca aun chorreando por su boca, empezaba a escalar por la cubierta hacia ellos. Jim escaló un poco más arriba con ella, pero el barco estaba cada vez más hundido, y no tenían casi espacio para huir de él.
-¡MIERDA, SOCORRO! ¡MIERDA!-Jim evitó por poco la boca del cocodrilo, que intentaba agarrarle la pierna como al capitán pirata-¡AYUDA!
-¡Disparen a esa fiera!-ordenó el comodoro Norrintong desde su barco. Los marines que acababan de saltar al Jolly Roger obedecieron, abriendo fuego contra el monstruo, que furioso sacudió un coletazo astillando el barco. Apenas ya un metro del Roger permanecía fuera del agua. Jim calculó la distancia a la que quedaba el Interceptor para saltar y nadar hasta allí. No le daría tiempo a subir, y menos con la niña.
-Lilo… nada hasta el otro barco… yo le entretendré…-dijo Jim con voz trémula. Ella le miró y negó con la cabeza.
-Ni hablar-se negó rotundamente.
-Estoy en deuda de sangre contigo ¿te acuerdas?-dijo Jim, intentando sonreír para tranquilizarla-vamos, Lilo.
-¡NO!-Lilo se agarró a él, pero Jim la empujó al mar y luego saltó directo hacia el cocodrilo.
-¡UAAAAAAH!-gritó, horrorizado.
-¡NOOO!-alguien le agarró, y se lo llevó volando. Jim tardó unos segundos en entender lo que había pasado. Cuando se dio cuenta, no pudo evitar soltar una carcajada de júbilo.
-¿En serio?-dijo, riendo. Ariel sonrió también, tirando de él hacia el bote donde estaban el resto.
-¡Tengo a la niña!-Billy voló con Lilo hasta el bote, pero segundos antes de llegar se le acabó la energía del traje, y ambos se zambulleron en el agua. Lilo nadó hacia arriba sin problemas, pero Billy tardó un poco más, porque nunca había sido muy buen nadador-¡PUAGH tío, vaya matada!
-¡Jim, lo has conseguido!-Aladdín abrazó al chico, que no le devolvió el abrazo pero tampoco se lo impidió. Por un momento Jim sonrió, exhausto, y no borró su sonrisa ni cuando se dio cuenta de que Ariel le miraba.
-Estamos vivos…-dijo Jim, dejándose caer en el suelo del bote-estamos vivos…
-Más o menos-Billy señaló a Helga, que estaba en estado crítico-si volvemos nos curaremos ¿no? Eso pasó la última vez.
-No entiendo a qué espera la bola-dijo Aladdín, mirando al cielo-¡Llévanos de vuelta!
-La otra vez tardó mucho-recordó Jim. De hecho, si los hubiese devuelto en el momento en el que la misión había acabado, Silver no habría muerto-tal vez…
-Chicos…-Billy señaló al agua. El cocodrilo acababa de tragarse a un soldado de la Marina, ya hora nadaba hacia ellos moviendo su cola en círculos, y con los ojos brillantes.
-¡Nunca deja de tener hambre! ¡JODER!-Aladdín se incorporó en el bote y cogió los remos-¡Hay que alejarse! ¡Vamos!
-¡NO!-Jim y Aladdín empezaron a remar con todas sus fuerzas (que no eran ya muchas) mientras el cocodrilo se acercaba cada vez más. Los que estaban más cerca de él, Rourke y Billy, intentaron moverse al otro lado del bote, lo que hizo que casi lo volcaran.
-¡Se los va a comer! ¡Disparen contra él! ¡DISPAREN!-nuevamente siguiendo la orden de Norrintong los soldados dispararon desde el Interceptor, pero estaban demasiado lejos, y las balas apenas rozaron al cocodrilo-¡A los botes, corran!
-Estooo… nos va a merendar-comentó Murtog, asustado.
-¡A LOS BOTES!-repitió Norrintong.
Ariel sabía que ella podía salir volando y evitar al cocodrilo, pero no quería abandonar a los otros allí. Miró a Lilo, cuya energía también se había gastado, y observaba al cocodrilo abstraída, como si fuese una serie de televisión, y luego su mirada se cruzó con la de Jim. Durante unos segundos solo existieron ellos dos, y la enorme desesperación que había con ellos.
-GRRRRRRR…-el cocodrilo abrió su boca, dispuesto a partir en dos el bote, y llevarse de paso ya a uno o dos de sus tripulantes. "Tic-tac-resonaba el reloj de su interior-tic-tac".
-"La última vez, terminamos fuera del castillo-recordó Jim, notando como el sudor resbalaba de su frente mientras el corazón le iba a mil. Acababa de matar a Garfio y sobrevivir a una misión suicida ¡No iba a morir ahora!-y empezamos a desaparecer cuando…"
Recordó el cadáver de Silver echado junto a la hierba y a él llorando. De repente, le vino otra imagen a la cabeza. Era una esfera negra, lisa y reluciente. Les estaba esperando desde hacía mucho rato. La esfera…
-Gantz…-susurró Jim. Lo recordó. Era tan obvio-¡Gantz!-repitió.
-¡OH!-exclamó Billy, viendo como su cuerpo empezaba a desaparecer del bote-¡SÍ TÍO!
El cocodrilo iba a atacarlos, pero los balazos del comodoro Norrintong, que se había subido en un bote con sus hombres más valientes, lo detuvieron.
-¿Qué…?-el comodoro se quedó perplejo al ver como en el bote la gente empezaba a desaparecer. Primero la niña, luego una mujer rubia que estaba tumbada, luego el chico moreno.
Jim y Ariel se miraron unos segundos. El cocodrilo los miró también, y para su sorpresa se sumergió, dejándolos en paz. El chico se dejó caer en el suelo del bote, y Ariel cerró los ojos, aliviada.
-Vámonos a casa…-susurró Jim con voz ronca. Sus piernas empezaron a desaparecer, luego su torso y cuello. Echó una última mirada a Ariel, pero ella ya no le miraba a él. Miraba al mar.
Cuando los dos hubieron desaparecido, reinó un silencio apabullante. El Jolly Roger, convertido en una masa informe de madera quemada, se hundió en las profundidades del mar, mientras los cadáveres de los cocos flotaban cerca de la isla Calavera, iluminados por la luz anaranjada del amanecer.
El comodoro Norrintong observó el bote en el que acababan de desaparecer siete personas.
-Ni Lord Beckett, ni Capitán Garfio, ni nada-murmuró Grooves a su lado-¿Qué ha pasado aquí?
-Pues… pues no lo sé-reconoció Norrintong. Y era cierto. De su memoria acababan de desaparecer cualquier tipo de recuerdo de Jim, Amelia y sus compañeros. Tan solo sabía que había ido a por Garfio y la cosa no había salido bien-no entiendo nada…
Murtog y Mullroy se miraron con aire estúpido, y empezaron a reírse torpemente. Norrintong se dejó caer en su asiento, rendido. No habría condecoración, después de todo.
-Vaya nochecita…-murmuró.
Segundos después, el cocodrilo les volcó el bote.
MISIÓN 2: MARINEROS DE AGUA DULCE (COMPLETADA)
Cuando Jim abrió los ojos, temió por un momento no estar en Gantz, y seguir en el bote, donde el cocodrilo iba a tragárselo. Pero de ser así, entonces ¿a dónde habría ido? Porque en teoría él ya tendría que estar muerto.
Pero estaba en la sala de siempre, y se alegró de comprobar que ni su nariz ni sus costillas ni las zonas donde Garfio le había propinado severos cortes le dolían ya. Todo había desaparecido, y él estaba inmaculado, con la ropa de siempre, como había llegado de su habitación.
"Estoy vivo-pensó, y el alivio recorrió su cuerpo como un tónico reconfortante-estoy vivos, joder, sigo aquí…"
Notó la pared detrás suyo, y se dejó caer en ella, rendido. Tardó unos segundos en entender de donde provenían tantos gritos. Billy, Aladdín, Rourke y Merlín se encontraban discutiendo. Merlín… no le había visto por ninguna parte en la última media hora… otra vez.
-¡Di la verdad, qué sabes de esto!-vociferaba Aladdín, mirando a Merlín con una rabia asesina.
-¡Ya os lo he dicho, me desmaterialicé antes de caer al mar, nada más! ¡He estado esperando media hora a ver si pasaba un barco, o algo!-se excusaba el viejo con su voz pastosa. Jim ladeó un poco la cabeza mientras le observaba. Se dio cuenta también de que Ariel y Lilo estaban sentadas a un lado, hablando con tranquilidad, y fue hacia ellas.
-¡Jim!-Lilo le abrazó con fuerza, y el chico cerró los ojos con gratitud. "Estás viva-pensó, aliviado-menos mal que estás viva". Podían haber muerto todos, ya fuese por aquel monstruo marino o porque Garfio los hubiese hecho desfilar por el tablón. No se habían tomado para nada en serio aquello, y el precio había sido muy caro. Y Amelia…
-¿Y la rubia?-le preguntó Jim a Ariel.
-Ha ido al baño-explicó ella. Jim intentó establecer contacto visual con ella, pero Ariel desvió la mirada enseguida. Ahora observaba a la esfera, que parecía producirle tanta fascinación como miedo.
-Tenías 73 puntos la última vez, eso no se consigue en una noche-decía Aladdín poniendo su dedo amenazador en Merlín-vamos, dinos que pasa o te lo saco yo.
-Sigo queriendo una explicación a todo esto-insistió Rourke, furioso-¿a qué coño estáis jugando?
Aladdín se alejó de Rourke mirándole con asco. No había olvidado sus crímenes en la cueva de la Calavera, donde había asesinado a todo el mundo sin ningún tipo de compasión. Pero por otra parte, quien sabe que habría sucedido si no lo hubiese hecho…
-¡Ya estoy harto de todo esto, si hemos acabado entonces yo me marcho!-gritó Merlín, indignado.
-¡Y yo tío! ¡Este sitio me da miedo!-Billy fue hacia la puerta de salida del piso, que efectivamente ahora estaba abierta. Iba a abrir, cuando la esfera soltó un pitido, y la imagen de Billy apareció en ella. El Cobra se volvió para verla-oh tío, otra vez.
Billy Joe Cobra, cantante-15 puntos
-Vaya tío. Igual que la última vez-recordó Billy, mosqueado. Su imagen se cambió por la de Aladdín, que arqueó una ceja al verlo.
Aladdín, ladrón-40 puntos
-Caray-Aladdín sonrió satisfecho-¿y para qué son estos puntos?
-Ssssssh…-Jim observó la esfera. Ahora, si no recordaba mal, le tocaba a él.
Ariel, suicida-10 puntos
La chica miró a la pantalla con curiosidad.
Jim Hawkins, pervertido-
Jim bufó, cabreado. Si no recordaba mal, la última vez había tenido una puntuación de cero.
Jim Hawkins, pervertido-20 puntos
-Vaya-Jim sonrió satisfecho. ¿Veinte puntos? Caray.
-¿Por qué te alegras?-le preguntó Ariel, y el chico cambió su expresión, malhumorado.
-¿Qué significa pervertido?-preguntó Lilo.
Lyle Rourke, ex general-27 puntos
Rourke no dijo nada. Se limitó a observar la pantalla con desdén.
-¿Ex general?-leyó Merlín, receloso. Rourke apretó los dientes.
Helga Sinclair, teniente coronel-40 puntos
Helga no estaba allí todavía, y nadie quiso ir a decírselo, sobre todo porque no sabían que significaba exactamente.
Merlín, filósofo-75 puntos
-¿Lo ven? Igual que la última vez-se defendió el anciano-¡Yo no entiendo nada!
-Cállate-dijo Aladdín, inclinándose en la esfera. Ahora venía lo más duro.
La foto de Mole apareció en pantalla, seguida de la de Vinny, Lumière y Amelia.
LOS ELIMINADOS
Gaetan Molière, excavador militar
Vincenzo Santorinni, caporal
Lumière, robot de entretenimiento
Amelia, capitana
Se hizo un silencio tras aquello último. Las fotos de Jim, Ariel, Lilo, Aladdín, Merlín, Billy, Helga y Rourke se colocaron en un apartado verde donde ponía "siguen jugando".
-"Siguen jugando"-leyó el general, endureciendo el rostro-lo que significa que…
-Que volveremos a vernos-completó Jim, secamente. Ariel le miró aterrorizada, mientras Aladdín y Billy tragaban saliva. Helga acababa de salir del baño, y parecía de muy mal humor.
-¿Qué es lo que ocurre?-preguntó, furiosa.
-Creo que ya podemos irnos-Merlín fue hacia la puerta de salida y empezó a bajar las escaleras hacia el portal de aquel piso. Los demás no tardaron en imitarlo.
-¿Pero qué pasa con el colegabuelo? ¿No vamos a decirle nada?-le preguntó Billy a Aladdín, preocupado.
-No, de momento-respondió el moreno, con expresión sombría-pero ya veremos…
Ya en la calle, el extraño grupo se miraron unos a otros, sin saber bien que decir.
-Bueno…-dijo Rourke, mirando al cielo, que ya esclarecía-bueno, pues… pues hasta la vista, chico.
Le extendió una mano a Aladdín, que se la estrechó sin ninguna emoción, y luego se despidió de Billy y el resto educadamente.
-Adiós, Helga-Billy se acercó a la rubia, que le dio la espalda.
-Vámonos ya-le dijo a Rourke. El general asintió varias veces, y luego la siguió calle abajo, despidiéndose una última vez de todos alzando la mano.
"Vinny y Mole han muerto, pero me vale con ella para probarlo-se dijo a sí mismo Rourke. Al final, todo había salido bien. No podía ni creerse su suerte-mientras ella no sepa lo que pasó de verdad"
-No quiero sonar grosero, pero espero que nunca volvamos a vernos-dijo Merlín, inclinando su cabeza educadamente. Jim y Aladdín le fulminaron con la mirada, pero Billy le chocó la mano, sonriendo falsamente.
-¡Hasta luego tío! ¡A cuidarse!-dijo, sonriendo como una víbora. Cuando Merlín se alejó, le murmuró a Aladdín entre dientes-vas a seguirlo, ¿no?
-Sí-el moreno miró a Jim y a Ariel, expectante-¿venís?
Jim miró a Ariel y a Lilo. Se notaba muy cansado. Y la muerte de Amelia le estaba traspasando el corazón.
-No-contestó finalmente-me voy a casa. Espero que no tengamos que vernos más.
-Pero sabes que pasará-Aladdín se acercó a Jim y le miró fijamente con sus ojos castaños-seguimos jugando, Jim. Esto no ha terminado.
-Sí… ya lo sé-Jim agachó la cabeza y asintió. No quería quedar mal ante él, algo le impulsaba a no quererlo-pero Amelia ha muerto… y la niña tiene que volver a casa.
Aladdín miró a Lilo y comprendió. Se quedó unos instantes más frente a Jim, y luego le dio una palmada en la espalda.
-Buena suerte entonces-dijo, y se alejó.
Jim no iba a decir nada, pero las palabras salieron solas de su boca.
-Gracias…-dijo con voz ronca. Aladdín se volvió y le sonrió. No hizo falta decir más.
-Bueno, dime dónde vives, tenemos tiempo de llevarte antes de que se despierte tu hermana-dijo Jim inclinándose al lado de Lilo.
-¿Crees que se alegrará de verme?-la niña apretó sus puñitos preocupada. Jim alzó la cabeza. La entendía perfectamente.
-Claro que se alegrará-dijo, y la dio un beso en la frente-se alegrará mucho.
Lilo sonrió y dando la mano al chico le siguió hacia la parada del endobús. Jim se detuvo. Ariel se había quedado paralizada.
-¿Vienes?-preguntó, extrañado.
-Yo… podría ir con ellos-la pelirroja observaba las siluetas de Aladdín y Billy, que desaparecían ya a lo lejos, detrás de Merlín.
Jim no sabía que decirle. Por un lado deseaba estar solo, pero por otro, viéndola ahí de nuevo, con aquel aspecto indefenso y apetitoso, supo por qué la había metido en su casa. Él había querido tirársela, había querido tocarla… Sin embargo eso ya no le interesaba. Amelia había muerto, y él no tenía ganas de acercarse a ninguna chica después de eso. Se sentía destrozado, y vacío por dentro. Y aún quedaba Silver…
"Era un maldito pirata"-escuchó resonar la voz de Garfio en su cabeza.
-Ven conmigo-dijo finalmente-Te prometo que hoy dormirás en tu cama.
Ariel le miró sorprendida, y después de vacilar unos instantes, finalmente le siguió.
El resto del camino a la parada de endobús, a la casa de Lilo y a la suya propia, los tres lo pasaron en silencio, pero Jim pensó, y fue un pensamiento extraño, que jamás había disfrutado tanto con la compañía de otras personas.
¿Quién llamó al comodoro Norrintong? ¿Habrá sobrevivido él y sus hombres al cocodrilo? ¿Por qué se les borra la memoria al acabar la misión? ¿Era Silver un pirata? No se resolverá todo eso en el próximo capítulo obviamente, pero siempre voy dejando pistas para el gran misterio que es Gantz.
Por curiosidad quisiera saber que muerte habéis lamentado más, o cuál os ha impactado más. Las de Mercer y Beckett, y sobre todo la de Garfio es la que más he disfrutado escribiendo, no porque me caigan mal o crea que se lo merezcan, si no porque me parece un final muy guay, ser comido por un cocodrilo gigante.
¡En el próximo capítulo, más de Jim, Aladdín, Ariel, Billy, Lilo y el resto en su día a día de Suburbia!
