Hola amores, estoy inspiradísima así que les traigo un nuevo capítulo. En realidad esta no es la manera en la que planeaba seguir la historia pero la verdad es que me salió así cuando me senté a escribirlo hoy y me sentí genial haciéndolo así que no podía cambiarlo. Gracias de nuevo a todas por seguir estando presentes. Las quiero con todo mi corazón y espero que disfruten el capítulo :) espero sus respuestas!
Capítulo 12: "Ensueño"
Siento mis párpados cosquillear y es ahí cuando me doy cuenta de que estaba dormida. Lo primero de lo que soy consciente es de la tranquilidad que me da sentir el cálido bulto a mi lado: Annie está bien y sigue durmiendo. Luego lo noto a él...
A través de mis párpados recién abiertos descubro a Damon sentado a un lado de la cama, su cabello está mojado y no lleva más que un par de jeans oscuros; las gotitas de agua caen por su rostro y su pecho y una sonrisa cruza su rostro mientras nos observa fijamente.
No puedo evitar el pensamiento: es tan, pero tan hermoso... Mis ojos bailan inevitablemente por su cuerpo y me sonrojo cuando me doy cuenta de que es obvio que él se da cuenta de mi mirada, pero en lugar de la expresión incómoda que suele pintar sus facciones en mis pequeños momentos de desliz, la sonrisa sigue impresa en sus razgos.
-Lo siento, no me di cuenta y me quedé dormida -digo incorporándome lo más rápido que puedo sin despertar a la niña- ¿Qué hora es?
-Tranquila, solo pasó media hora. Pero ese aparato no ha dejado de vibrar y brillar mientras dormían.
Damon señala a la mesilla y descubro mi móvil que brilla señalando llamadas y mensajes sin leer.
-¿Te sientes mejor? -pregunto mientras reviso los mensajes y los contesto sin prestar mucha atención.
-Depende... ¿Tengo que sentirme mal para que te quedes?
-Damon... -de repente dejo de prestarle atención al aparatito y lo miro fijamente intentando buscar dentro de mí la fuerza para volver a cubrir mi corazón con su capa de hielo- No estoy jugando.
-Yo tampoco -dice en un tono que no deja lugar a dudas- Quiero que te quedes, te necesito, Elena.
-¿Por qué?
Él suspira y cierra un momento los ojos. Sé que odia reconocer que necesita ayuda, que no puede solo.
-Annie está más tranquila cuando estás alrededor y yo también. No confío en mí mismo en este momento, iba a salir por la puerta directamente a ahogar a Katherine hasta que te vi durmiendo tan tranquila en mi cama con Ann. Me ayudas a pensar con claridad -reconoce.
-No es suficiente -replico sintiéndome una persona terrible pero yo también lo había necesitado a él y él jamás había tenido eso en cuenta.
-Sé que no me merezco que estés conmigo Elena, pero te necesito... Katherine va a venir en cualquier momento y yo no puedo permitir que se la lleve -dice él y luego mira a su hija que continúa durmiendo plácidamente- Y ella... ella te quiere...
Y eso es suficiente para romper todas mis defensas y hacerme perder la batalla. Pero ¿alguna vez hubo otra posibilidad? En lo que concierne a Damon, siempre he perdido aún antes de intentar comenzar a pelear.
-Yo no puedo hacer nada desde aquí pero... -dudo por un segundo, sabiendo que no es justo que lo ayude, que no se lo merece, pero no puedo evitar ceder- Dame media hora.
Damon sonríe y hace el intento de abrazarme pero yo lo aparto poniendo una mano en su pecho, demasiadas cosas en un solo día.
Su piel quema la palma de mi mano y siento todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo cobrar vida en un segundo, es muy tarde cuando me doy cuenta de que fue un error tocarlo; pero no se aparta: soy yo la que quita la mano como si su piel fuera hierro al rojo vivo.
Sin decir nada, beso la frente de Annie una vez más y salgo de la habitación intentando recuperar el control de mis pensamientos y apartar a Damon de mis ideas pero mi mano sigue hormigueando allí donde hizo contacto con su piel.
Sacudiendo la cabeza, marco en mi móvil un número que conozco de memoria, al tercer tono escucho la voz de mi amigo.
-Doctor Mikaelson -contesta con seguridad.
-¡Klaus! -sonrío, quizás con demasiada efusividad.
-¿Elena? ¡Que alegría escucharte! ¿Cómo estás?
-No importa, en realidad necesito un favor Nik.
-Lo que sea...
-¿Cuánto tiempo puedes tardar en conseguir una restricción provisoria para cuidado de menores y enviarla a Mystic Falls?
-¿En qué estás metida, Elena? -interroga dubitativo.
-Luego te cuento -prometo- Pero necesito eso, lo más rápido que puedas.
-Dame veinte minutos, Bekah y yo veremos qué podemos hacer.
-Te debo la vida, Nik.
-Si, si... me lo dices siempre. Envíame los datos.
-¿Tienes algo para anotar?
-Sí.
-Bien, se restringe a la señora Katherine Pierce del cuidado de la menor Anne Salvatore otorgándole la guarda provisoria al padre de la misma, Damon Salvatore.
-Tienes que estar bromeando -dice Klaus al reconocer los nombres- ¿Estás ayudándolo? ¡Serás idiota, Elena!
-No necesito consejos, Nik. Necesito ese papel, muévete.
-Bien. Pero luego no regreses llorando.
-Adios Nik. Y gracias.
-Llámame en veinte minutos.
-Ok.
Cuando termino la llamada, Damon está frente a mí en la cocina sirviendo dos tazas de café.
-¿Qué fue eso? -pregunta curioso.
-La manera más sencilla de evitar que Katherine se lleve a Ann, por lo menos hasta demostrar que Annie está segura y vive feliz bajo su custodia, algo que no creo muy probable...
-Gracias, Elena. De verdad -dice él y se acerca para abrazarme antes de que pueda evitarlo.
Su perfume, mezclado con la fragancia del jabón me embriaga apenas mi cuerpo hace contacto con el suyo y siento la calidez de su cuerpo a través de la fina camiseta que se acaba de poner. Cierro los ojos, sumergida en el abismo infinito de su cercanía y en ese instante, solo ese instante, me permito reconocer que lo amo.
Soy yo la que se aleja esta vez, apenas me doy cuenta de la facilidad con la que mi determinación ha sido quebrantada por un simple abrazo pero él no se aleja ni un centímetro por lo que cuando intento dar un paso al costado nuestras narices se rozan en una caricia suave como el suspiro de un niño dormido y una chispa de electricidad salta a través de mi cuerpo. Quiero moverme, quiero alejarme, pero Damon aferra mi mano y me obliga a mirarlo a los ojos; y de repente ahí estamos después de tanto tiempo a un par de centímetros de distancia, completamente inmóviles. Puedo ver las chispas revoloteando en el color azul de sus ojos, las pequeñas arruguitas a su alrededor que imprimió el paso del tiempo. Pero sigo viendo al joven de quién me enamoré perdidamente a los catorce años y también veo al hombre, a ese que Damon que es casi un extraño, el que tiene todos estos años por detrás. Y, por más que intento evitarlo, siento como me enamoro de él una vez más.
Todo mi cuerpo tiembla de una manera que nadie más había provocado en mí y sus evitan los míos de repente, concentrándose en mis labios yo analizo su rostro embelesada y siento mi mano cosquillear con el deseo de acariciar su mejilla, pero antes de que logre tomar valor para hacerlo el sonido de alguien aporreando la puerta rompe la burbuja de cristal en la que nos habíamos metido sin querer, haciendo estallar el momento en miles de pedazos.
-¡Damon! ¡Damon abre la puerta! ¡Devuélveme a mi hija!
El reconocimiento brilla en sus ojos y no tardo en encontrar un rostro para aquella voz: Katherine.
-Ve con Annie, Elena.
-No, quiero acompañarte.
-Va a ponerse peor si te ve y no quiero que Ann nos vea discutir, ve con ella y distráela si se despierta.
-Suerte -le deseo sinceramente, cediendo ya que sé que sus argumentos son ciertos y volteo en dirección a su cuarto.
-Elena -siento su mano tomando mi brazo y sin querer suelto un siseo de dolor ante la presión, entonces volteo intentando ocultar el dolor en mi rostro- Gracias por todo.
Antes de que pueda reaccionar, Damon se aleja rumbo a la puerta a enfrentar a Katherine y yo corro a su habitación. Cierro la puerta detrás de mí y me acuesto junto a Annie intentando no molestarla.
Durante unos largos minutos, los gritos de Katherine y Damon se escuchan a través de las paredes. Intento concentrarme en Annie y no escuchar sus palabras, acaricio su cabello con cuidado mientras canto suavemente en su oído intentando aislar el ruido. De repente se escucha el sonido de un portazo y su cuerpito se estremece. Annie abre lentamente los ojitos y busca a su alrededor probablemente asustada de estar sola.
-¡Elena! -dice cuando voltea y me ve y me abraza fuerte- ¿Dónde está mi papi?
-Debe estar ordenando la sala -digo lo primero que se me pasa por la mente y sonrío acariciando su cabello- ¿Cómo estás Annie?
-Me duele -murmura señalando su mejilla con un dedito diminuto.
-¿Cómo te lo hiciste?
-Mami se enojó y me empujó -dice con el seño fruncido, como si intentara contener las ganas de llorar- Y me hice pupa con la escalera.
Yo no digo nada y simplemente la vuelvo a abrazar. Durante unos minutos, Annie permanece escondida entre mis brazos, hasta que se abre la puerta de la habitación y salta de mis brazos estirando las manitos hacia Damon.
-¡Papi! -grita sonriendo.
Damon prácticamente corre para eliminar la distancia que lo separa de su hija y la levanta en sus brazos, abrazándola con fuerza. Ella ríe cuando su papi le hace cosquillas y no puedo evitar mi sonrisa al verla de buen humor. La marca rosada de una cachetada brilla en la mejilla de él pero es tan lindo verlos jugar que en ese momento pasa desapercibida completamente. Annie parece feliz y su felicidad se propaga en el aire hasta relajar la expresión de Damon en una sonrisa tranquila. Él la deja caer en la cama y sigue haciéndole cosquillas mientras yo, sentada en el colchón, suelto una risita contagiándome de la alegre risa de la niña.
Estoy tan absorta mirándolos que me sorprendo cuando Annie salta a mis brazos pidiéndome ayuda para huir de su padre con la respiración entrecortada por las carcajadas. En ese momento no lo pienso y salgo corriendo alrededor de la cama con ella en brazos que grita alegremente mientras Damon nos persigue. Por supuesto, no llegamos muy lejos y Damon nos atrapa a ambas tirándonos de vuelta al colchón. Durante un momento mágico no hay pasado que nos moleste y todo es simplemente un juego. Río casi tan fuerte como Annie cuando los dos se complotan para hacerme cosquillas. Hacía años que no reía hasta que me doliera el estómago y me retuerzo sobre el colchón para intentar escapar de ambos. Encierro a Annie en mis brazos y le susurro al oído que es el turno de su padre y, como si lo hiciéramos todos los días, las dos nos complotamos esta vez para inmovilizar a Damon en la cama y hacerle cosquillas a él.
Pero todo cambia cuando Annie se escurre de nuestros brazos saliendo de la habitación y sin que me de cuenta como de repente los dos estamos enredados sobre el colchón. Nuestras risas se apagan de a poco dejando lugar a respiraciones agitadas. Damon está arriba mío, aún manteniéndome inmóvil para que no pueda hacerle más cosquillas pero el clima de juego ya no se persibe en el aire. Al contrario, todo el aire de la habitación parece estar cargado de electricidad.
De repente soy más consciente que nunca de los puntos en los que nuestros cuerpos hacen contacto y no puedo evitar perderme de nuevo en su mirada. Siento los acelerados latidos de mi corazón en mis oídos y el lento recorrido que hace Damon con la punta de los dedos acariciando mi costado desde donde me mantenía agarrada hasta llegar a mi mejilla. Allí donde toca mi piel parecen arder llamas desbocadas y me doy cuenta de que hace demasiado tiempo perdí la capacidad de pensar racionalmente.
Esa es la primera vez que él me besa. Con sus labios con sabor a caramelo derretido que acarician los míos con una maestría desconcertante. Me siento ingrávida, irreal; besarlo es como volver a respirar después de estar a punto de morir asfixiada.
No recuerdo ni cómo ni cuándo, pero antes de que pueda reaccionar él se aparta y apoya su frente en la mía, suspira cerrando los ojos y puedo ver la culpa en su expresión.
-Lo siento -dice sin abrir los ojos- No sé que pasó, me dejé llevar...
-Lo entiendo -sususrro, pero él aún no se aparta- Hoy fue un día... intenso.
-No es sólo eso... es que -en ese momento abre los ojos y me mira fijamente haciendo que un estremecimiento cruce mi columna- Eres tan pura, y me quieres tanto... no es justo que por estar confundido juegue de esta manera con tus sentimientos. En serio lo lamento Elena.
Sus palabras marean mis pensamientos y estoy aún tan aturdida por su cercanía y el sabor de sus labios que no soy capaz de reaccionar. Para cuando lo hago, Damon ya está saliendo de la habitación en busca de Annie y mi movil me despierta de la ensoñación en la que me encuentro vibrando en mi bolsillo. Matt me llama y sé que es importante contestarle, pero simplemente no lo hago y llevo mis dedos a mis labios allí donde Damon me besó hace un par de segundos.
Entonces cierro los ojos y suspiro aturdida. Todo sobre el día de hoy me desconcierta, desde nuestro encuentro en el grill en la mañana hasta su actitud hace unos minutos: en solo veinticuatro horas, Damon Salvatore acaba de volver a poner mi vida patas para arriba.
