De nuevo se encontraba caminando, vagando por las calles, ya no huyendo de personas ni problemas, sino reflexionando sobre ellos.

¿De verdad le agradaba Haizaki? No. Había llegado al punto de soportarlo, pero no más. Se acostumbró a su presencia, pero aún disfrutaba de su ausencia. Sí, él la había protegido, la llevó hasta casa, la cuidó hasta cierto punto, incluso curó sus heridas. Hasta se había mostrado sereno y "cariñoso" con ella; y lo pensaba así porque de verdad no esperaba nada de él que no fuera… Destrucción.

Pero, con todos esos detalles, Shogo no era un consuelo. No del todo, porque estando ahí, tenía presente siempre que se trataba de nada más y nada menos que el némesis de Ryota, sin embargo, lograba distraerla. No, Kai no quería a Shogo, pero lo necesitaba porque sin él se iba a hundir en un pozo depresivo. Y al menos su compañía era mejor que nada; no era un asunto cursi y romántico, nada de me-apoyaste-en-mis-malos-momentos-y-por-eso-te-amo.

Era más como algún viejo dicho diría: un clavo saca otro clavo.

Sí, era cruel de su parte. Pero estaba bastante segura de que él lo sabía, y que sus intenciones no eran totalmente buenas.

Ah, pensándolo bien; podía recordar la primera vez que lo vio…

Lo siento. Venía algo distraída, y no te vi— era una respuesta normal, más acostumbrada de lo que parecía, a pesar de que no mucho hablaba con las personas, siempre fue así de propensa a chocarse contra ellas.

Sin embargo, era la primera vez que veía esa clase de expresión en alguien: primero sorprendida, y luego el entrecejo fruncido, como si quisiera que sus cejas se fusionaran en el centro de su frente.

Fíjate por dónde caminas, mocosa— estaba molesto, eso se notaba a simple vista. Pero ella no se inmutó. Conocía ese rostro, a lo lejos lo había visto en unas cuantas ocasiones, pero lo recordaba simplemente por el cabello cenizo tan peculiar.

Sin prestarle más atención de la debida, se inclinó para recoger su libro y continuó con tu camino, siempre un pensamiento presente en su mente:

Que persona más curiosa.

Quizá en algún momento dejaría de tratarse del uso que le daba, quizá algún día él dejaría de ser un objeto de distracción para ella. Quizá llegaría a ser algo más, ¿quién sabe?…

Entre pensamiento y pensamiento, la puerta de su casa estaba justo frente a sus ojos antes de que siquiera lo notara. Era de noche, probablemente bastante tarde, pero eso no importaba. Recordaba haber cerrado con llave, sin embargo, giró el pomo y la madera se abrió.

Ya sabía lo que eso significaba: ahí en el mueble estaba Haizaki, su cuerpo totalmente relajado y los ojos cerrados. La respiración lenta daba a entender que estaba dormido, lo que la dejó extrañada la verdad, fue la herida de la mejilla que estaba hinchada, morada y rojiza, como si le hubieran dado un golpe. ¿Se había estado metiendo en peleas callejeras?

No lo despertó, ni se movió muy bruscamente para que pudiera seguir descansando. En cambio, subió y volvió a bajar con una cobija y una almohada entre las manos: dejó caer la cobija sobre Shogo de forma delicada, pasando a moverlo un poco para poner su cabeza sobre la almohada.

El peliplata despertó por el movimiento, no obstante, Kai terminó de acomodar el cojín detrás de él y fijó la vista en la herida de su mejilla.

— ¿Qué pasa?— su voz era ronca, pesada, adormilada. Tenía los ojos cerrados y el ceño fruncido— ¿Otra vez tengo un tercer ojo?

— ¿Estuviste en peleas callejeras?

El silencio se extendió unos segundos, en los que Haizaki esbozó una sonrisa maliciosa, aún con los ojos cerrados.

— ¿Te estás preocupando por mí?

— Por supuesto— sarcasmo, por todos lados. Shibata se incorporó para buscar el maletín de primeros auxilios en el baño, gruñendo ante el desastre de cristales rotos en el suelo.

Volvió a bajar y cuando llegó al mueble, el peliplata seguía en la misma posición.

— Entonces— continuó, sacando el alcohol y algodón—, ¿por qué dices que dijiste que era la pelea?

— Como si te importara.

El algodón se pegó a su herida haciendo que un escalofrío le recorriera el cuerpo, la mandíbula tensada y el ceño aún fruncido.

La verdad es que se había peleado con los tres tipos de hacía días atrás, molestos porque noqueó a uno de sus amigos y porque se quedó con la chica. Realmente estaban más molestos por el asunto de la chica que otra cosa. Pero bueno, él no iba a dejar que un trío de imbéciles le pusieran la mano encima a Kai, y… Eso era un pensamiento que jamás y nunca en la maldita vida sería dicho en voz alta, eso ténganlo por seguro.

Se tomó el desinflamante que le daba ella a secas, sin agua ni nada; la sintió irse y volver, solo para hacer el ademán de sentarse en el suelo junto a él. Shogo abrió un ojo, la miró fijamente por unos segundos, y apartó la cobija de su cuerpo.

Casi como si el hecho de que el invierno estuviera cerca fuera la excusa más perfecta, ella se mordió los labios para aguantar una carcajada o un comentario venenoso, y simplemente se acomodó sobre el cuerpo de él, siendo cubierta por la cobija además de envuelta entre los fuertes brazos de Shogo, dándose cuenta de que, sorprendentemente, aquello era por mucho más cómodo de lo que esperaba.

Sí… Quizá algún día dejaría de ser simple uso y se convirtiera en algo más. Quizá ese momento, podía empezar justo ahora.