REVISADO Y CORREGIDO EL 30 DE MAYO DEL 2018


Diálogos: -Ejemplo número uno.

Pensamientos: "Ejemplo número dos".

Cartas, periódicos, etc.: Ejemplo número tres.

Pársel: -Ejemplo número cuatro.


THUNDERSTORM LIGHTNING


CAPÍTULO 12

« El otro auror »

Domingo, día de descanso. O al menos en teoría era así, pero hoy no. En la primera planta, donde se trataban las heridas provocadas por criaturas del Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, un hermoso niño de tez clara pero pálida, cabello negro y rizado se despertaba después de una larga noche llena de pesadillas. A sus ojos azules con matices verdosos no le sentaron bien la luz cuando los abrió, pero parpadeó varias veces hasta adaptarse a aquella claridad que abundaba en la habitación.

Miró al rededor del espacio donde se encontraba y pronto se dio cuenta de que no estaba en su dormitorio de Grimmauld Place -dormitorio que le prepararon explícitamente para él- no, estaba en otro lugar muy diferente. Sonrió un poco. Sirius y Remus eran muy divertidos y le trataban muy bien, hasta le compraron más juguetes para que no tuviera que traérselos de su casa del Valle de Godric. Su casa. Nunca pensó vivir en un lugar así, ni tan siquiera soñar que tenía algo que podría llamar suyo; hasta pensar que la magia existía era más fácil que imaginar que algún día podría tener un hogar.

Aunque también estaba muy contento de ver que la magia existía también, era genial.

Con el rabillo del ojo, notó una presencia a su derecha y giró la cabeza. En un sillón marrón, dos cuerpos llamaron su atención: el de Harry, que estaba durmiendo, recostado de otro cuerpo que era un poco más grande y alto que el de él. Poco a poco, se fue desperezando y quitándose las sábanas que tenía por encima. Moviendo sus piernas, salió poco a poco de la camilla y dio un salto, cayendo sin cuidado en el frío suelo. Hizo una mueca cuando sus pies desnudos lo tocaron, pero siguió avanzando hasta el sillón con paso lento y perezoso.

Miró detenidamente al hombre que tenía a Harry abrazado a su pecho y se dio cuenta de que los dos estaban dormidos. Mordiéndose los labios, dio tres pasos hasta situarse al lado del auror y, con sus manos desnudas, meció un poco a Harry para ver si despertaba, más sin embargo, él no se movió. Tan pendiente estaba de ver si Harry despertaba que no se dio cuenta cuando unos ojos rojos lo miraron. En un segundo, Tom parpadeó y sus ojos escarlatas se volvieron azules intensos.

Kilian dejó de mecer a Harry y, con el ceño fruncido, miró al desconocido hombre que lo observaba a él fijamente sin que el pequeño se percatara de ello. El niño se sorprendió tanto que pegó un salto y un chillido muy poco masculino que terminó por despertar a Harry, o más bien, espantarlo. Asustado, el auror se movió rápidamente y en un segundo estuvo al frente del niño con la varita en ristre. Kilian dio otro paso atrás, Tom, mientras tanto, miraba toda la situación verdaderamente entretenido.

- ¡Kilian! -Chilló prácticamente Harry, inclinándose, tomando al niño y alzándolo en sus brazos en un fuerte abrazo-. Por Merlín, ¿qué cosas tienes en la cabeza? ¿¡Cómo se te ocurre subir al desván en la noche y más en luna llena!? -Preguntó preocupado el auror mientras apretaba más niño.

Kilian, que ya estaba al borde de las lágrimas, sollozó, enterrando su cabeza en el cuello de Harry.

-Yo…, yo solamente quería…, pasear un poco, no…, no tenía sueño… Yo… Perdón, papi. -Lloró él, apretando sus pequeños brazos alrededor del cuello del auror y rodeando con sus piernas el abdomen del hombre.

Harry abrió los ojos, disminuyó la intensidad del abrazo y, finalmente, sonrió. Kilian nunca le había llamado así, pero esa palabra, lejos de incomodarle, le agradó. Su corazón bombeó con fuerza y su cuerpo entero se encrespó de felicidad. Le gustó esa sensación.

Él ya se había hecho a la idea de que el apellido Potter moriría con él, igual como el de los Lupin y el de los Black. Al descubrir su sexualidad, la única opción que le quedaba sería la adopción, porque de ninguna manera sería capaz de estar con una mujer y engendrar un hijo, no importaba si no hacía falta acostarse con alguna para hacerlo, simplemente no tenía sentido.

Pero más allá de todo eso, más allá de la sangre, del apellido y de todo lo demás, nunca se imaginó que esa sensación que recorría todo su cuerpo al ser llamado papá. Y vaya si le gustó. A partir de ese momento, Kilian se tenía que acostumbrar a llamarlo así, porque una sola cosa era segura: lo iba a adoptar como su hijo, por encima de quien sea.

-No vuelvas a hacerlo, pequeño, ¿me lo prometes? -Preguntó el auror mirando a los llorosos ojos del niño.

Kilian asintió efusivamente y se mordió los labios, dejando escapar un borrón de lágrimas que corrieron por sus pálidas mejillas. Harry, por su parte, volvió a cerrar sus ojos verdes mientras sonreía y apretaba nuevamente al niño, sin darse cuenta de que él también dejaba escapar varias lágrimas de satisfacción. Tom Riddle sólo los miraba a ambos con seriedad pero, francamente, estaba entre conmovido y celoso a la vez. Dejó que los dos se abrazaran y se consolaran mutuamente y, cuando los dos empezaron a separarse del abrazo, ambos sonriendo, carraspeó.

Harry miró a su Señor -sorprendido por un segundo- ya que prácticamente se había olvidado de que Él estaba allí. El niño también lo miró, borrando su sonrisa casi inmediatamente y sustituyéndola por una expresión de seriedad y curiosidad al mismo tiempo.

-Papi, ¿quién es ese? -Preguntó Kilian, mirando a Harry y al hombre alternativamente.

- ¡Kilian! Educación, por favor. -Riñó el auror mirándolo con desaprobación-. El señor aquí presente se llama Tom Riddle y es… -El pelinegro paró en seco, su voz haciendo un pequeño eco en la habitación.

Riddle miró realmente divertido a Harry; éste, sin embargo, se encontraba en una pequeña encrucijada, hablar o no decir ni una palabra. Un tic apareció en su ceja izquierda, mojó y mordió sus labios para apaciguar sus pensamientos. Entre tanto, Kilian miraba con curiosidad al apuesto hombre y éste, a su vez, observaba entretenido al auror. Un trío de miradas totalmente diferentes entre ellas.

-Él es… Errr…

- ¿Sí? -Incitó el niño, apartando su mirada del -hasta ahora- desconocido y mirando a Harry, que sonrió al niño con apuro y embarazo.

-Soy su pareja. -Habló Tom por primera vez, haciendo que los dos pelinegros giraran sus cabezas al mismo tiempo y con la misma expresión en sus caras: sorpresa.

- ¡¿Pareja!?

- ¡¿Tu pareja?! -Exclamaron los dos al mismo tiempo, salvo que lo de Harry fue más bien un susurro.

Riddle solamente sonrió con petulancia y miró con desafío al auror.

- ¡Woah! -Exclamó el niño con los ojos muy abiertos, pero enseguida cambió su expresión sorprendida a una recelosa-. No me gustas para mi papi. -Terminó, frunciendo el ceño y apretando más el agarre en Harry.

Kilian se veía fuerte y seguro desde los brazos del auror, hasta un poco imponente, diría Riddle. No iba a ser un trabajo duro ganarse al mocoso; a él no le gustaban para nada los niños, pero con este debería hacer una clara excepción, además, los retos le encantaban y más aún, los desafíos le ponían de buen humor. El niño no era una piedra en el camino que simplemente había que patear para que no estorbara, no, algo le decía que era bastante fácil llevarlo a su terreno y ponerlo de su lado.

"A otro, en cambio, sí tengo que quitarlo del medio a como de lugar". Pensó el hombre, recordando cierto episodio que sucedió esa misma madrugada mientras ellos dormían; juró quitar del camino a toda persona que supondría un problema en su relación con Harry; el niño no lo era, hasta podría caerle bien, pero el otro era un asunto aparte y se tenía que hacer cargo de él inmediatamente.

Entre tanto, Harry miraba a los dos con la boca abierta, doblemente impactado por la despreocupación de Riddle y la implacable franqueza y seguridad de Kilian.

- ¿Por qué no te gusto para él? -Preguntó Tom falsamente extrañado, su ceño fruncido ligeramente al igual que el del niño.

Kilian se tomó unos segundos para dar su respuesta mientras, simultáneamente, Harry cerraba la boca y miraba al pequeño con curiosidad; de verdad le interesaba saber lo que él pensaba de ese asunto. El niño era muy importante para él y si por él tendría que apartarse sentimentalmente de Riddle, lo haría sin pensárselo dos veces.

-Umm… Eres muy serio para mi papi…, y apuesto. El abuelo Sirius me dijo que las personas muy serias y apuestas son aburridas y están enojadas todo el tiempo. -Terminó el niño, su ceño y labios fruncidos en disgusto.

Harry abrió la boca nuevamente. Tom, por otro lado, soltó una carcajada que impactó a los dos pelinegros, tanto fue así, que lo miraron los dos con los ojos muy abiertos.

Riddle casi se dobla por la mitad en medio de sus carcajadas. Dio varios pasos hacia atrás y se sentó en el sillón en el que había pasado la noche -entre incómodo y satisfecho, ya que no recordaba la última vez que había dormido tan incómodamente, pero orgulloso de tener a Harry entre sus brazos-. Poco a poco su risa se fue extinguiendo hasta dar paso a una sonrisa sincera. Hacía mucho tiempo que no se reía de aquella manera.

Por sus memorias pasó un recuerdo fugaz de una de las veces que aquello ocurrió: fue un verano, antes de empezar su último curso en Hogwarts. Dumbledore le había gastado una broma pesada a Severus; éste se había pasado todo el día de mal humor, cosa que no le gustaba para nada al anciano. Severus, preparándose para su baño nocturno, no se dio cuenta de que las sales de baño mágicas que utilizaba habían sido cambiadas por el hombre apenas unos minutos antes. El resultado fue demasiado hilarante hasta para él mismo: Severus tenía todo el cabello de su cuerpo de color morado y su piel color ocre casi mostaza. Dumbledore, Rodolphus y él, se habían reído por horas y el serio pelinegro se encerró en su cuarto por una semana entera.

Sin él mismo darse cuenta, sus facciones se volvieron afables y, por sólo dos segundos, su mirada se perdió en un punto entre la pierna derecha de Harry y el espacio de fondo, donde se veía la pequeña camilla, la puerta de la habitación y una gran ventana que mostraba las vistas del exterior, perdido totalmente en sus memorias. El auror captó el momento y lo miró con extrañeza por unos segundos.

Kilian seguía un poco sorprendido.

-Tu abuelo Sirius se equivoca -comentó sonriendo mientras miraba hacia arriba a los dos- tengo mis momentos divertidos…, y mis momentos serios, como todo el mundo.

-No todas las personas son iguales, pequeño -comentó Harry sonriendo al niño, caminando hasta el sillón y sentándose en él al lado de Riddle y con Kilian encima de su regazo, éste todavía anclado a su cuello.

El niño sonrió un poquito y asintió, mirando de otra manera al hombre, que volvió a suavizar su expresión cuando los dos pelinegros lo miraron con una sonrisa.

-Pues…, sólo si papi te quiere…, acepto su noviazgo, pero tendrás que ganarte mi confianza. -Habló el niño seguro de sí mismo, sonriendo petulante y mostrando sus pequeños dientecitos blancos.

- ¡Kilian! -Exclamó Harry, sus mejillas llenándose de color.

- ¿Qué dices, papi? Sólo aceptaré si tu lo quieres -parpadeó el niño mirando al pelinegro.

-Sí, ¿qué dices, Potter?

El auror, con sus mejillas todavía encendidas, miró a su Señor. Tom sólo lo miraba fija e intensamente a los ojos y, cuando ya no pudo aguantar más esa intensa mirada, habló en un susurro:

-Err… Bueno…, sí, acepto. -Y agachó su rostro, encontrando interesantes los pequeños patrones de las baldosas blancas del suelo.

Al parecer, tanto el mayor como el niño no le hicieron mucho caso a sus palabras, porque los dos se estaban mirando entre ellos.

-Yo me llamo Kilian. -Se auto presentó el niño, sonriendo y extendiendo su pequeña mano hacia el apuesto hombre que la miró con una ceja alzada pero la estrechó sin perder aún su semi sonrisa.

-Un placer, Kilian, creo que tú y yo nos llevaremos bien. -Comentó Riddle, antes de acercarse un poco y revolverle los ensortijados cabellos al crío, que sonrió complaciente y con entusiasmo.

[…]

Una vez, alguien le había dicho que el amor a primera vista era una de las circunstancias más complicadas, que eso formaba parte de un sentimiento momentáneo y que, por supuesto, sólo te sentías atraído por esa persona sólo en lo físico, pero hasta que no la conocías realmente, no sabías si habías acertado con tus expectativas: si la persona que en un principio te había gustado hasta tal punto era buena, podrías considerar que habías acertado. En cambio, si su personalidad llegaba a ser detestable e indeseable, habías cometido un fatal error.

Algo así le había pasado con Harry Potter. A pesar de ser su mejor amigo, desde no se sabe cuantos años atrás, se interesó por él desde que lo vio por primera vez y, cuando finalmente pudo conocerle realmente, nunca más pudo salir de su cabeza. Sí, a pesar de ser sólo un niño, a pesar de tener tan sólo siete años. La realidad era más que clara, él, Neville Longbottom, llevaba muchos años enamorado de Harry Potter y, a pesar de que sabía que el chico era como él -gay-, nunca pudo reunir el coraje y las agallas para declarársele. Prefirió mil veces permanecer ahí como su mejor amigo…, total, Harry nunca se interesaría en él; estaba seguro que sólo lo veía como su mejor amigo.

Pero, un día, pensando más y más el tema, decidió hacer algo para salir de la situación en la que estaba. Le disgustaba estar cerca de él y no poder abrazarlo, besarlo. Siempre se imaginó cómo sabrían los besos de Harry. Pero simplemente no pudo más. Tuvo que reunir todo el maldito valor que tenía para hablar. Lo había decidido. Había decidido que se declararía esa misma noche. Pero no contó con que él se iría en medio de la reunión mensual que el departamento de aurores siempre organizaba a modo de diversión. Quería aprovechar que todos estuvieran entretenidos viendo a Anthony, para después sacarlo de allí y declararse al fin.

Pero Harry simplemente desapareció en medio de la noche.

Se preocupó bastante al ver que él se había marchado, pero algo le decía que eso había sido lo mejor; su corazón no podría reponerse ante un rechazo como aquel. Una vez pasado su alivio, la preocupación se volvió más y más evidente; pero no iba a aguantar a que todo terminara para poder irse y saber qué le había pasado a su amigo, no, tenía que moverse rápido. Salió de allí sin siquiera despedirse de los demás y se fue directamente a la casa de Harry en el Valle de Godric. Para su sorpresa nadie contestó y fue ahí donde recordó que él iba a llevar a Kilian a la Mansión Black. Así que se fue ahí directamente, sólo para que le abriera Kreacher y digiera que el amo Harry estaba con Kilian en el Hospital San Mungo.

Totalmente desesperado, se apareció tan rápido que no escuchó lo que Kreacher estaba diciéndole más allá de las últimas palabras. Sólo escuchó San Mungo y no quiso oír más. Corriendo a través de los pasillos, pudo llegar rápidamente a la habitación de Kilian, que más tarde había sabido que había sido mordido por un doxy. En su afán por estar al lado de su mejor amigo y el pequeño, al que había cogido cariño por varias visitas que les había hecho, entró a la habitación sin siquiera llamar antes, preocupado por la salud de uno y el estado de ánimo del otro.

Pero sus ojos no estaban para nada preparados para lo que vio.

Kilian parecía que dormía tranquilamente, pero nada más lejos de la realidad: su pequeño rostro dejaba notar varias gotas de sudor y sus párpados estaban un poquito contraídos, como cuando cierras y aprietas los ojos después de un susto. Un poco más allá, en un sillón oscuro, Harry dormía entre los brazos de un hombre que nunca antes había visto. Lucía un tanto despeinado y quizás cansado por sus facciones duras, pero la semi sonrisa que sus labios tenían nunca la había visto antes.

Fue duro darse cuenta que había llegado tarde al corazón de Harry. Hasta se impresionó él mismo al darse cuenta de aquello sin siquiera ver sus ojos o escuchar una confirmación de su parte; él conocía a todas las personas que Harry podría llamar familia y amigos, el hecho de verlo abrazado a aquel apuesto hombre sólo podía significar una cosa…, y bastante dolorosa de aceptar, por cierto. Miró por última vez el cuerpecito de Kilian, después a Harry y por último al hombre antes girar y salir de aquella habitación justo como había llegado: en silencio. Un silencio doloroso y tóxico.

Nunca se percató de que, aquel misterioso hombre que tenía abrazado celosamente a Harry, abría los ojos sólo medio segundo después de que él girara y saliera por aquella blanca puerta.

Se apareció nuevamente, caminó y no supo ni cómo llegó a aquel lugar de mala muerte que lamentablemente ya conocía muy bien…, pero necesitaba beber unos tragos y olvidarse del mundo por varias horas, días quizá. Entre trago y trago, el dolor que sentía en el pecho se fue ampliando, y el pesar -lejos de desaparecer- se acrecentaba. A esas alturas, ya debería saber que el whisky de fuego no borraba el dolor, sólo lo aumentaba.

- ¿Bebiendo solo, guapo? -Escuchó una voz suave y gentil frente a él.

Subió un poco la cabeza y vio un rostro hermoso y joven; al igual que todos los que allí se exhibían como si fueran mercancía que, de hecho, eran. Su cabello rubio ceniza, ondulado y un poco largo, tapaban sus cejas pero dejaban ver el color marrón de sus ojos, cara fina y cuerpo delgado. Sonrió. El chico no era su tipo, pero el alcohol no hacía bien su trabajo y él tenía que pasar lo que le quedaba de noche tratando de borrar de su mente cierta imagen que se negaba a salir.

-Hasta ahora sí… ¿me quieres acompañar? -Preguntó, su mano derecha indicando el lado del sillón vacío que quedaba.

El chico sonrió y asintió, cantoneando las caderas mientras caminaba hacia él, sorteando la baja mesa que había al frente y sentándose directamente en el regazo del apuesto hombre.

-Soy de lo más caro que hay por aquí… ¿Te lo puedes permitir? -Preguntó el menor mirando con aversión a la mesa, donde una botella medio vacía de whisky descansaba; una de las botellas más baratas, por cierto.

Neville lo miró brevemente antes de desviar su mirada hasta el mismo punto que el joven chico observaba. Su cara se contrajo en disgusto y terminó con una de repulsión, después, llamó a una camarera que pasaba en ese instante por allí.

-Una botella del mejor whisky de fuego que tengas…, y rápido. -Ordenó mientras le agarraba una nalga al chico.

El menor sólo sonrió coquetamente antes de empezar a besar el cuello del auror a consciencia.

- ¿Por qué no subimos directamente a mi habitación? Nos la podemos beber toda mientras tomamos un relajante baño… -Invitó el joven, rozando la entrepierna del auror sin disimulo.

Neville sólo asintió antes de buscar los labios del chico y besarlo sin pudor.

[…]

- ¡Llegaron! -Chilló Kilian cuando el cuerpo de Remus apareció por el umbral de la puerta; Sirius detrás de él.

El pequeño saltó del regazo de Harry y fue corriendo -todavía descalzo- hasta donde estaban los hombres. Remus se agachó y arrulló al niño en sus brazos antes de tomar por la cintura a Sirius y acercarlo a él, los tres dándose un fuerte abrazo.

-Tremendo explorador nos saliste, pequeño -rió Remus revolviéndole los oscuros cabellos al niño.

-Sí, y del castigo no se librará… Que susto nos diste, por Merlín. -Habló Sirius esta vez, borrando la sonrisa y reemplazándola por una cara de reproche.

Kilian frunció el ceño y agachó su mirada realmente arrepentido. Ya se había sentido muy mal porque su papi le había regañado, no quería que sus abuelos también lo hicieran.

-Ya ha pedido disculpas, papá, por ello le he levantado el castigo…, pero si lo vuelve a hacer… -Habló Harry, pero el pequeño lo interrumpió.

-No lo volveré a hacer, lo prometo. -Señaló, sus ojitos volviéndose tristes.

Remus y Harry rieron mientras negaban con la cabeza. Sirius permanecía un poco más serio.

-Más te vale, porque si no…, te quedarás un mes sin pisar la habitación de juegos -amenazó Sirius.

- ¡Abuelo! -Chilló Kilian asustado, provocando que Sirius riera esta vez.

-Bueno, bueno, acabamos de ver al sanador Truman y nos dijo que este precioso niño ya a sido dado de alta, así que podemos irnos de aquí ya mismo…, no me gustan los hospitales -concluyó el pelinegro mayor.

-Sí, te trajimos ropa Kilian, así que cámbiate rápido mientras Harry baja a firmar -habló Remus esta vez.

El niño asintió y tomó la bolsa que le pasaba Sirius; Remus lo dejó en la camilla para que se cambiara. Cuando Harry entró nuevamente por la puerta, los tres les estaban esperando sentados en el sillón.

-Ya está todo, podemos irnos. -Informó el auror, y los cuatro salieron de allí; Kilian en los brazos de Harry.

[…]

Los días pasan lentos cuando tu corazón está hecho pedazos. Si bien es cierto que Tom nunca había sido el mismo desde que Potter había llegado a sus vidas, el cambio radical llegó después de aquella última reunión donde todas las máscaras habían sido retiradas: Tom nunca lo volvió a llamar, para ninguna cosa. Nada. Se podría decir que llevaba tiempo calentando la cama de su Señor y no poder seguir haciéndolo le irritaba mucho. Sabía que tarde o temprano tenía que hacerse a la idea, pero no pensaba que fuera tan de repente.

Lamentablemente se había acostumbrado tanto a ello que terminó por enamorarse…, y de un imposible. Severus le había aconsejado -en más de una ocasión- que dejara los sentimientos a parte, pero nunca le escuchó. Ahora se tenía que atener a las consecuencias. Finalmente, cuando Tom lo volvió a llamar de nuevo, su subconsciente le jugó una mala pasada: pensó que su Señor había vuelto a él, a necesitar su cuerpo, que algo había ocurrido con Potter y que éste no había sabido satisfacerle, pero no era así, nada más lejos de la realidad: le había encomendado una nueva misión, y su misión era extraña; Tom no quería que nadie más que no fuera él la hiciera y hasta hace poco no entendía muy bien el por qué, pero nada mejor que una buena investigación para subsanar las dudas…

Neville Longbottom, el otro auror amigo de Harry.

Amigo. Estaba claro, sólo tenía que sumar dos más uno. Si Tom quería que él se encargara del auror personalmente, es porque no lo quería cerca de Harry. ¿Y qué mejor que utilizar a su doble para ello? Total, no era la primera vez. Ya había usado su cuerpo como reemplazo temporal, ¿por qué no utilizarlo como carnada para otro más y así quitarse del medio a un posible estorbo?

La mente de Tom funcionaba así, así que fue fácil llegar a esa conclusión rápidamente. Sólo tenía que evitar que el otro auror se interponga entre él y Potter, y para ello tenía que hacer lo que sea, cualquier cosa…

"-Le gusta frecuentar el club nocturno The White Wyvern…, ya sabes lo que tienes que hacer". Había dicho Él. Le causaba dolor hasta escucharlo, pero nada podía hacer, sólo prepararse para su nueva misión: mantener entretenido al tal Longbottom, el cual podría estar tan enamorado de Potter como él mismo lo estaba de Tom.

[…]

Si hay una cosa que odiaba Rodolphus Lestrange era salir del país, pero por Narcisa él haría lo que sea. Llevaba muchos años enamorado de aquella mujer, desde Hogwarts de hecho, pero, mientras él había puesto sus ojos en ella, ella se enamoraba perdidamente de su gran amigo Lucius, algo con lo que él simplemente no podía competir. El chico era el heredero de la familia Malfoy, poseería una gran fortuna y un poder incalculable… Él, sin embargo, no tenía nada. Vivió y creció en la calle hasta que Albus Dumbledore dio con él y lo instruyó como su pupilo junto a Tom y Severus. En pocas palabras: él no era más que un recogido que ni siquiera conocía a su propia familia ni sabía sus orígenes. Lo bueno de todo es que Lucius sabía de sus sentimientos y nunca le odio por ello, ni siquiera le prohibió su amistad con Narcisa -y eso lo agradeció mucho- pero, finalmente, vio conveniente el mantenerse alejado de los dos ya que, el dolor lo estaba matando.

Pero no pudo seguir haciéndolo cuando se enteró de la muerte del hombre.

En el mundo mágico el duelo solía durar al menos siete años, pero los encontró insuficiente para ella, que amaba profundamente a Lucius y hasta había engendrado un hijo con él. No podía llegar y simplemente pedirle una oportunidad, tenía que estar ahí, mostrarle su dolor y acompañarla en su sentimiento. Pasaron muchos años hasta que por fin se decidió y le pidió una oportunidad. Pero para eso, pidió consejo a Severus, habló con Draco y él no se negó a ello -pero tampoco lo aceptó abiertamente-. Narcisa, después de un tiempo donde estuvo meditando la propuesta, terminó por aceptarlo. Sabía que ella no amaría a otro hombre que no fuera Lucius, pero estar cerca de ella y demostrarle sus sentimientos era más que suficiente.

- ¿En dónde demonios se ha metido Avery? -Preguntó Rodolphus a Narcisa.

La rubia sólo lo miró por dos segundos antes de seguir caminando.

- ¿De verdad lo preguntas? -Rió sarcásticamente la mujer-. Debe de estar metido entre los pantalones de algún francés…, ya lo conoces.

El alto hombre bufó.

-Eso ya lo sé, pero ese maldito ninfómano* sabía perfectamente que esta noche íbamos a ir al Ministerio. -Terminó, frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.

-Hablas como si tú no fueras un adicto al sexo, Rod -acosó la mujer, riendo entre dientes.

El hombre sonrió y alzó una ceja, petulante, descruzándose de brazos y aligerando el paso.

-Cómo no serlo con semejante amazona.

El hombre se mordió los labios y se puso detrás de la mujer, pegándose lo más posible a su trasero. Ella, al notar la gran erección del hombre, sonrió y siguió caminando.

-Vas a tener que esperar a que terminemos aquí, semental, ya hemos llegado. -Rodolphus bufó y miró la gran fachada del edificio donde se encontraban.

Se parecía al banco Gringotts, sólo que este edificio era más antiguo. Al lado de la puerta de hierro había un puestecito de bebidas calientes, cosa que era ilógica, ya que nadie pasaba por allí a semejante hora -no por nada eran las tres de la mañana-. La rubia frunció el ceño en disgusto, algo no cuadraba.

-Eso no debería estar ahí -habló la mujer, atrayendo al hombre detrás de un árbol cercano y escondiéndose tras él.

-Salgamos de aquí, esto me da mala espina -le cuchicheó Rodolphus a Narcisa en el oído izquierdo.

La mujer asintió quedamente.

-Sí, busquemos a Avery y vengamos otro día -susurró la mujer, pero justo cuando iba a tomar a Rodolphus del brazo y desaparecer con él, un hechizo le dio de lleno en la espalda.

[…]


N/A:

*Sé que la palabra 'ninfómano' como tal no existe y que el término correcto sería 'sátiro'… pero no me gusta mucho esa palabra así que lo dejé así. Y, cuando vean el pronombre 'Él' en mayúscula, a la persona a la que me estoy refiriendo es Tom, por supuesto :)

¿Me extrañaron? ¡Este mes ha sido un completo caos y eso que ni siquiera a llegado la navidad! Madre miaaaa xD Bueno, Tormenta Eléctrica vuelve al ataque con este nuevo capítulo cargadito de cosas random xD La verdad es que estaba muy descolocada, no había dejado nada preparado antes de irme y me tuve que volver a leer toda la historia para poder continuarla con las notas que tengo escritas de cada capítulo; alv ó.Ó) No recordaba lo difícil que era esto, joder… Pero en fin, yo he vuelto, la historia ha vuelto y viene pisando fuerte… Así que necesito sus pronósticos para los siguientes capítulos y lo que creen que pasara! ¿Wayne logrará distraer a Neville? ¿Se aliarán los dos para separar a Harry y a Tom? ¿O de plano se enamorarán el uno del otro? JAJAJAJ Ustedes deciden su destino, pero no sean malas/os.

Próximo capítulo la semana que viene…, y prepárense que viene con mucho hard y demasiada zuculenciaa e.e

Ahora sí, nos vemos en el próx cap.

Yara Riddle Black.