He renacido de las tinieblas(?) y he traído el final de esta historia, espero que prontamente pueda subir los extras y todo eso, por ahora, me considero una Fanficker universitaria sin vida x'DDDDD Espero que les guste, fue un honor tocar con ustedes (una vez más).


Es normal que en una escuela se escuchen millones de ruidos, gritos de chiquillos jugando, risas de muchachas que no pueden aguantarse, o que ríen de estupideces y posteriormente deben correr al sanitario. Eso es lo común, lo que siempre pasa, lo que debería ocurrir, pero esta vez, no se sabía si era por el dolor interno de todos los alumnos, o porque el profesor de Ciencias Naturales no era el mismo, era un ser apagado y derrotado, que estaba preparando sus maletas donde guardaría los restos de su corazón, donde aquella mujer no entraba, a la que no se podía llevar, con la que no podía huir, porque no había nada que hiciera entender a su familia lo que debía hacer. No lo había.

Los susurros comenzaron a hacerse presentes, ¿qué ocurría con el profesor?, ¿por qué estaba tan triste y no era aquel hombre que hacía entender al alumno más flojo o desmotivado? No era secreto para nadie que la señorita Anya tenía que ver con su tristeza, y tampoco era secreto para los alumnos de la señorita Anya que ella tampoco se encontraba bien. Ni el joven Alfred que solía hacer bromas estúpidas en todas las clases se atrevía a subir un poco su tono de voz, mientras la rusa de tez extremadamente pálida, manos pequeñas y ojos violetas revisaba los exámenes en absoluto silencio.

─A ti te tiene cariño, ¿no deberías estar ahí? ─dijo Alfred en un tono muy bajo─. No puedes quedar mal ahora que se han hecho tan amigos, ¿o sí?

─Si ella quisiera que yo me entrometiera me lo diría… O al menos, eso es lo que quiero creer… ─musitó, bastante desanimado el joven canadiense.─

La noche en que Yao y Anya estuvieron juntos, se prometieron mutuamente que si nada podía hacer evitar lo cruel que es el destino, que si Yao finalmente debía irse, ellos jamás se olvidarían. Pero aquella promesa era un chiste de mal gusto, claramente jamás se olvidarían si llegaban a separarse. Pero, ¿qué tan despiadado es el destino? Claramente, algo en contra de ellos tenía. Tantos años separados, después de haberse unido de la forma más sincera que existía, a pesar de las propias mentiras. Y tanto que les había costado volver a encontrarse para ahora tener que abandonar todo lo que podrían haber formado. ¿Por qué aquella vida les jugaba en contra de manera tan atroz?

─Quédate.

─Anya… Si pudiera me quedaría, y no vería nunca más la cara de ella.

Fue lo último que se dijeron ese día, porque desde ahí no quisieron hablarse, no querían seguir abriendo sus heridas que de por sí ya estaban mal cerradas. Por eso el silencio, por eso el dolor, por eso el rostro sin vida. Los ojos sin brillo.

La eslava comenzó a sentirse mareada, concluyó que su estado se debía a que no había desayunado, y todavía no tenía la oportunidad de tomar café en la sala de juntas de los docentes. Se detuvo un poco y apoyó su cabeza en sus manos, no podía ser un día más desastroso, y lo tenía completamente asumido. Se colocó de pie, le hizo un gesto a Matthew, quien lo comprendió bastante bien, así que primero le respondió lo obvio.

─¿No quiere que la acompañe afuera, lady Anya?

Ella suspiró: ─No, quédate con ellos.

Se asomó por el balcón que estaba justo afuera de la sala donde estaba haciendo clases, no quería bajar al baño, sabía que si lo hacía probablemente iba a pasar algo no muy agradable. Siempre evitaba los mareos, consideraba que era horrible estar en un estado tan deplorable como ese. Dejó caer un par de lágrimas, mientras intentaba quitar de su cabeza todos los pensamientos que ahí abundaban. Cuando pensó que ya nada podía empeorar sintió los pasos del ser más tranquilo y apacible de toda esa escuela. Normalmente los directores suelen ser tiranos o personas muy ajenas a los lugares donde son directivos. Pero Heracles Karpusi se distinguía por dos cosas: quedarse dormido en las reuniones con los sostenedores de la escuela, y por preocuparse por cada una de las personas que estaban en aquella escuela.

─Pequeña señorita Anya, noto en su rostro un desconsuelo muy grande, el mismo que noté en otra persona hace un rato. ¿No gusta acompañarme?

─Señor Heracles… Yo… ─dijo, pero ya empezaba a dolerle la cabeza─. Yo… No se preocupe, no hay nada malo en mí.

─Claro que no hay nada malo en usted, Anya, es una persona formidable… Pero no es eso lo que tengo que conversar con usted. Si baja, puede pasar al baño, tomar un poco de agua para sus mareos y sentarnos a hablar. Oferta limitada ─sonrió.─

─Está bien ─dijo, y fue hacia el ascensor con Heracles.─

─No permitiré que te acerques a una escalera con ese rostro que tienes ahora, estoy consciente de que tienes que tomarte tu tiempo en el baño, cualquier cosa que necesites debes comunicarme. Ahora mismo mandaré a Kiku a la sala donde estabas haciendo clases para que informe a tus alumnos que estás mal de salud, no puedes descuidarte. Con la tristeza que tienes, enfermarte no sería extraño ─dijo el griego mientras tomaba del brazo a la rusa en el ascensor.─

El ascensor se detuvo y las puertas de éste se abrieron, Heracles caminó con Anya del brazo, mientras informaba desde su celular a Kiku el favor que debía hacerle. Acompañó a la joven hacia la puerta del baño personal de los profesores y le pidió que hiciera lo que debía hacer. Finalmente Anya entró y estuvo mucho tiempo dentro del baño, aunque al salir se veía un poco mejor.

─Toma, es una bebida energética, te ayudará a recuperar todo lo que has perdido ─dijo el castaño de ojos verdes y la invitó a sentarse a su lado.─

─¿Por qué me está ayudando, Heracles? ─preguntó ella.─

─Siempre quise que estuvieras con Yao, creo que los veía como una pareja perfecta, y de hecho, supe desde el primer momento que algo ocurría entre ustedes. Hay cosas que son evidentes para una persona enamorada, puedo reconocerlo.

─¿Se ha enamorado?

─La persona que amo está muy cerca de aquí, la llamé hace un momento y le pedí que fuera a hablar con tus alumnos ─rió.─

Ella sonrió, se sentía alegre por alguna razón.

─Creo que Yao va a enfrentarse a lo que intentan imponerle, si actúa de esa forma es porque está asustado, pero eso no quiere decir que en el momento vaya a confesar lo que siente. Creo que sería muy bueno que estuvieras con él en ese momento.

─¿Estar con él? Ni hablar, nuestro último encuentro fue desastroso. Fue prácticamente una despedida.

─A veces hay que dejar de lado el orgullo. Primero que todo, vas a ir al médico para ver qué es lo que te pasa, y segundo, vas a ir a ver a ese chico. ¿Hoy no es que su madre va para su casa? ¡Qué estamos esperando! Yo te llevaré al doctor.

─¿Tú? ¿Doctor? Por supuesto que no, Heracles, no puedo permitirlo… ¡No ocurre nada malo conmigo! Te lo puedo jurar… ─claramente perdía el tiempo, porque si bien aquel hombre de carácter soñoliento y sonrisa eterna era comprensivo en algunas cosas no permitiría que una de sus mujeres profesoras sufriera algún inconveniente.─

El viaje al doctor fue rápido, pero la atención demoró un poco, lo normal a una hora donde hay demasiadas urgencias, y cosas por el estilo. Anya revisaba su teléfono a cada momento, veía los mensajes. Aún tenía las esperanzas de que el orgullo de Yao se rompiera y le pidiera que fuese esa noche. No pasaba, nada se desarrollaba como la rusa lo hubiese deseado. Y mientras pensaba cada vez más en aquel dolor, recordaba aspectos de su pasado y adolescencia.

─¿Qué piensas hacer? ─la que hablaba era Marianne, con una cara de preocupación que pocas veces aparecía en su temple tan risueño o picarón.─

─Debería decirle que me gusta mucho, no puedo seguir ocultándolo, hago tantas cosas a propósito para que se dé cuenta y no ocurre nada, ¿qué harías tú? A ti te gusta Arthur, pero aún no se lo dices, ¿por qué? ─dijo una adolescente Anya, hacia una Marianne que traía una falda corta y una blusa con un moño azul muy sugerente, mientras miraba a la pálida y acomplejada chiquilla, más ancha de caderas que su amiga y con un vestido rosa pastel que cubría sus rodillas.─

─Siempre he pensado que Yao te quiere, pero no te lo dice para no romper con su identidad… ¿No lo has pensado? A mí me resulta bastante obvio. Y sobre Arthur… No sé, a veces pienso que todo va genial y es tiempo de decirle las cosas, pero luego se molesta de repente, ¿qué será? Creo que es por su hermano, pero él no sabe que Scott significa un amigo y una ayuda importante para mí dentro del instituto. Mi situación es bastante diferente a la tuya, Anya.

─¿Anya?, ¿estás bien? ─dijo Heracles, mientras miraba a la Anya de la actualidad.─

─¿Ah? Claro ─asintió.─

─Entra y yo te espero aquí ─sonrió.─

Cuando Anya entró a la consulta del médico, tenía tantos recuerdos en la cabeza y pensamientos dispersos que no tomó demasiado en cuenta todo lo que comenzó a decir el doctor, únicamente recordó su nombre… Antonio.

─Según lo que me dice, tengo una idea, pero no estoy completamente seguro… Lo siento, mi inglés es bastante malo, así que espero no te incomode eso ─sonrió.─

Ahora que lo pensaba con más tranquilidad, ese hombre era el doctor de Marianne, y no sólo de ella, de Britannia también.

─¿Usted es médico de Marianne Bonnefoy? ─dijo de repente, algo aturdida, de hecho no comprendía por qué había empezado a hablar de Marianne.─

─Ah, la señorita Mariana ─rió, y dijo algunas cosas en español muy animado─. Es una gran persona, siempre me hace reír… Su suegra también, son las dos muy bellas además. ¿Es amiga suya? Qué maravilla. Yo soy médico general y ginecólogo, si mis sospechas son ciertas la invito a atender el nuevo proceso conmigo. Pero, debo preguntarle, con algo de vergüenza… ¿Tiene usted pareja?, ¿el hombre que la acompaña es su pareja?

Anya rió─. Heracles es mi jefe… Yo, yo actualmente estoy pasando por una relación amorosa bastante complicada ─suspiró.─

─Ve a la farmacia, cómprate una prueba de embarazo y medítalo. Aunque, si tomaras la peor decisión sería una pena, estoy seguro de teniendo una madre como tú tendrías un hijo muy bello y sano ─sonrió.─

Anya abrió los ojos como platos, ¿qué había dicho? Comenzó a asustarse y las nauseas volvieron. Pero ahora era una mezcla de terror con impresión. Tomó la decisión de ir a hacer lo que Antonio le había propuesto, y le pidió a Heracles que la acompañara a la farmacia. Estaba bastante aturdida, porque si ella iba a tener un hijo, el padre era Yao. Y si Yao se iba, ¿qué ocurriría con su hijo? Antes de marcharse el doctor le dijo que podía tomar la decisión de no hacerlo, pero que no se lo recomendaba. Ella meditó, y luego de comprar lo que había ido a buscar le pidió al griego que la llevara a casa.

─Tienes que avisarme, para acompañarte en lo que sea que decidas, ¿está bien?

─Eres un gran amigo, Heracles ─sonrió la rusa.─

─Estaré donde Kiku, así que si tienes algún problema y no te atiendo, llámalo, ¿está bien? ─rió─. Suelo decir esas cosas, pero en fin… Nos vemos pronto, Anya. Estaré rezándole a mi querida madre para que todo te salga bien.

La madre de Heracles se llamaba Atenea, y según Kiku le contó alguna vez a Anya, falleció cuando él tenía 18 años, por lo cual siempre conversaba con ella en voz alta mientras paseaba por los rincones del instituto acariciando a todos los gatos que andaban por ahí. A su madre le encantaban los gatos tanto como a él.

─Nos vemos pronto, Heracles.

Anya entró a su casa, se sentó en el sofá y miró el reloj… Iban a ser las cinco de la tarde y por lo que lograba recordar a las siete de ese mismo día la madre de Yao y su prima estarían ahí, conversando cómo y cuándo viajarían, y cuándo ellos dos se iban a casar. La rusa lloró, pero luego pensó que eso no le haría bien al hijo. Súbitamente lo recordó, por estar añorando al chino había olvidado. Debía ir a hacer eso, y tomar una decisión.

La realidad de Yao Wang era que éste se estaba cuestionando un montón de cosas a la vez, iba de un lado para el otro y sus alumnos de la Universidad estaban pagando los platos rotos de la tristeza e indecisión del chino. Cuando terminó su trabajo se fue a tomar algo con Arthur, a quien se encontró afuera de la Facultad.

─He estado muy preocupado por ti, Yao ─asumió, como nunca asumía cosas con respecto a su preocupación o afecto por el chino.─

─Sé que he estado haciendo las cosas muy mal y que no debería sentirme tan basura como me siento, porque la persona más importante debe estar mucho peor que yo… No tienes que decirme nada, no sé cómo voy a mirar a la cara a mi madre esta noche… No podría sentirme más defraudado de mi mismo.

─¿Hablaste con Anya en la escuela? ─preguntó el inglés mientras tomaba un sorbo de té.─

─Claro que no, además, cuando quise buscarla no estaba. Aún me considero preocupado por ella…

─¿Eres imbécil? Oh God… I can't believe, Yao.

El inglés sacó su teléfono móvil de la chaqueta y marcó a Marianne rápidamente, mientras el chino lo miraba perplejo.

─Eh… Little doll… ─dijo sonrojándose un poco─, de casualidad no has sabido nada sobre Anya? Me siento muy preocupado por ella, y Yao no tiene idea, porque el idiota no se topó con ella en el trabajo.

"Petit lapin… No he sabido sobre Anya, pero la llamaré en un momento y te devolveré la llamada, ¿está bien?"

─Thank you, froggy, estaré esperando tu llamada.

Las cosas pasaron con bastante rapidez, la llamada de Marianne demoró y Yao debía marcharse, cuando el chino se puso de pie el teléfono de Arthur sonó. Y ahí Marianne le explicó que Anya no atendía, así que había buscado el número de Kiku y Heracles, suponiendo que si ella se había retirado más temprano ellos sabrían. El japonés le contestó y explicó lo que había ocurrido, obviando ciertos detalles para no asustar ni preocupar demasiado a nadie. Para todos los efectos, Anya se había ido por estar indispuesta. Yao se fue a casa pensativo, creyendo que lo mejor era en efecto ir a verla en vez de complicarse por lo que los demás iban a pensar de él, así que pidió al taxista ir a la casa de la rusa, siendo las siete y media de la noche llegó a la puerta de ella.

Anya se encontraba sentada sobre el baño, el resultado se le había presentado frente a sus ojos, no podía estar triste porque no era como si de verdad estuviera esperando algo que cambiara su vida a grandes rasgos, se puso de pie y caminó hacia la sala de su hogar, sentándose en el sillón, y ahí, escuchó, la puerta sonaba con una fuerza indescriptible, se asustó, pensando que además de ser algo importante, eso podía incomodar a sus vecinos. Se apresuró y cuando abrió, ahí estaba. Un Yao perplejo, trémulo, temblando y todo mojado, porque los que bien entienden lo saben, en Inglaterra llovía de repente, cuando uno menos lo esperaba. Anya lo dejó pasar y cerró la puerta, un pálpito vertiginoso la invadía, eran demasiadas cosas a la vez.

─No deberías estar aquí ─dijo ella.─

─Créeme que a estas alturas no me interesa nada de eso. Y te equivocas rotundamente, es justo aquí de donde no debería haberme movido nunca.

─¿Qué crees que pasará ahora? Tu familia jamás me aceptará, jamás te perdonará por dar la espalda a tus raíces y modos de vida. Por haberte quedado conmigo y no con ella.

─¿Realmente te interesa? Creo que no debería importarte. No es tu responsabilidad, es mía, y si doy vuelta la cara a ella, tú solamente debes hacer una cosa: deja que me quede aquí.

─Si con lo que debo decirte sigues queriendo estar aquí, no puedo obligarte a que te vayas. Hoy tuve mucho miedo por un momento, no podía contener las ganas de salir corriendo y no regresar jamás… Pero, cuando Heracles me llevó al médico supe una cosa que pensé que jamás comprendería, y tomé una decisión.

─¿Cuál? ─dijo él.─

─Si tengo la oportunidad de traer a este hijo a este mundo lleno de complejidad, mentiras, caminos difíciles, esfuerzo y sacrificio, quiero que sea contigo. Si no estás dispuesto a quedarte, lo entenderé y me quedaré con él de igual forma…

Petrificado, incrédulo y con un montón de sensaciones distintas que recorrían salvajemente su ser, el hombre comenzó a temblar, ¿qué es todo eso que estaba escuchando? ¿Realmente estaba al frente de aquella criatura maravillosa que además traería a otra aún más maravillosa?, ¿qué le había hecho creer que le diría que no en algún momento? Si bien pareciera que se demoró demasiado en pensar todo esto, fue menos de un segundo, en menos de eso ya tenía a la de cabellos cenizas agarrada a sí, apretándola con todas sus fuerzas, mientras intentaba comprender lo que estaba ocurriendo.

─Apostaría demasiado porque ninguna pareja lo dice de una forma tan compleja, ¿eh? ─rió la rusa, mientras miraba atentamente el rostro gentil de Yao.─

─¿Qué hacemos ahora? ─preguntó él.─

─Claramente deberíamos avisarle a los demás que ya estamos bien, decirle a tu madre que hay una razón para que renuncie a querer llevarte lejos y comer alguna cosa mientras hacemos todo eso… ¿No lo consideras correcto para este momento?

Yao reía, mientras Anya tomaba sus manos y entrelazaba sus dedos a los suyos, pensando una y mil cosas mientras se perdía en el oscuro marrón de aquellos ojos, y mientras él consideraba la propuesta que le había hecho.

Las cosas que pasaron luego de eso son bastantes, y probablemente serán tratadas en unfuturo próximo. Por ahora, dejaremos a estos dos tranquilos por un tiempo, que harta falta les hace.


¡ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO!
Nos veremos en los próximos proyectos a realizar, espero que podamos estar leyéndonos pronto.
Abrazos fraternos.
Dulcis Insania.-