Pequeños Milagros
Autor: Quetzalli
Resumen: La crisis ha empezado y en medio de la tragedia surge la esperanza porque ahora Draco les ha dado una pista para encontrar el ingrediente secreto de Voldemort para la cura de La Fiebre Puzzle.
Parejas: Harry-Severus, Remus-Kingsley
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
N/A: Si, he tardado siglos en actualizar pero ¡ya regresé! Muchas gracias a Hermione, Drusila MARIANA, serena140186, Ale Snape Li, BISHOUJO HENTAI, gige, Morrigan K Blane y Kaito Seishiro por todos sus comentarios que me animan a continuar.
Capítulo 12
El Fénix negro
Severus Snape había sobrevivido a los merodeadores, al club del profesor Slughorn, el ser espía, dos guerras y un horrible internado para llegar a ser Maestro en Pociones y desde entonces siempre había controlado el laboratorio donde trabajaba.
Hasta ahora.
Más como penitencia que como favor personal, Severus se encontró bajo las órdenes de Harry y a pesar de que lo amaba, desde el primer momento supo que el joven había alumno de sus mismos maestros y lo que era peor, le constaba que él mismo no había sido un profesor condescendiente con él.
Harry era más aterrador que el mismo Señor Tenebroso, más intimidante que Dumbledore y más ágil que el mismo Maestro Guptill en medio de una práctica en San Mungo. Una verdadera pesadilla, brillante en todos sus movimientos, pero una pesadilla al fin.
—Si van a jugar con mis ingredientes que sea por lo menos con los que no son casi imposibles de conseguir —siseó como lo hiciera el mismo Voldemort cuando Draco pulverizó hueso de demiguise hasta dejarlo en estado inservible para esta poción en particular.
Lo más atemorizante era que ni siquiera estaba ahí todo el tiempo.
Harry pasaba más tiempo con los niños pero siempre tenía el buen tino de aparecer cuando alguno de los dos cometía un error y lo que era peor, ¡estaban cometiendo errores!
—Será mejor que descansen un momento —les recomendó Azalea.
Draco decidió que ese era el momento adecuado para tomar un respiro en de su propia culpa y enviarle un mensaje a su esposa.
—Vayan a las cocinas a comer algo y regresen por las escaleras —los instruyó Azalea empujándolos fuera del laboratorio.
—¿Quién dijo que tengo hambre y ganas de perder mi tiempo? —se quejó Severus encontrando demasiado difícil librarse de esa mujer.
—Nadie, pero la consigna es que todos tomemos los alimento fuera de la enfermería para tener un tiempo de descanso —se escuchó clara la orden en el tono sutil de Harry que llegó justo a tiempo para lanzarles su hechizo "sello distintivo" de esterilización y control de enfermedades.
—¿Y por qué nosotros? —encontró oportuno reclamar Draco para demostrar que quería seguir trabajando y que sólo aprovechaba la oportunidad para comunicarse con su familia.
—Draconiss y Azalea ya salieron, yo iré cuando regresen, así podré hablar con Minerva —respondió Harry alejándose de regreso a las camas más alejadas para renovar los hechizos.
—Hace que me sienta como un estudiante —refunfuño Draco mientras ambos se dirigían a las cocinas.
Los elfos estaban inusualmente callados, tan diligentes como siempre pero sin su usual modo alegre. Uno de ellos a quien Severus conocía como uno de los más ancianos los llevó hasta una mesa en donde fueron atendidos no como profesores o alumnos buscando golosinas, sino como verdaderos héroes.
—Harry Potter no dejará que mueran los niños —alcanzó a escuchar a un elfo extravagante, con sombrero de borlita y pantaloncillos de colores, hablar con otros que lo escuchaban como si fuera un experto en el asunto.
—¿Dobby?
—¿Señor Malfoy? —repitió el elfo con cierto temor, pero sin mover ni un párpado.
—Así que aquí estuviste todo este tiempo —rió Draco, mi padre lo dudaba pero yo siempre tuve la razón. Me alegra que estés en Hogwarts.
Después de eso el extraño elfo liberado de la esclavitud por Harry se les unió por un rato poniéndolos al corriente de las cuidadosas indicaciones del sanador, con lo que se enteraron del estricto pero variado menú con el que los niños eran alimentados en ese momento y las condiciones de higiene que alcanzaron a la cocina.
Antes de que pudieran seguir interrogando a Dobby sobre las medidas de seguridad que se estaban llevando a cabo en Hogwarts, la pintura que era la puerta se abrió para dar paso a la última persona que Severus esperaba ver.
—¡Snape! Me alegra encontrarte —exclamó con una curiosa mezcla de alivio y alegría el mismo Sirius Black que años antes le causar tantos problemas.
—Necesito hablar contigo, bueno con ustedes y con Harry —dijo después de considerar la presencia de Draco—. Creo que sé cual es el ingrediente que falta.
—¿Y puedo saber cómo es que tú has triunfado donde los demás fracasamos? —preguntó Severus sin poder contenerse, a veces era imposible la prepotencia de Black.
—Fácil, Harry me enseñó la fórmula esa, la que tienen guardada dentro de una caja con el fénix negro. ¿Entienden? El fénix negro.
—¿Y qué con eso? —intervino Draco—, nadie ha visto nunca a un fénix negro.
—Yo sí —dijo Black y contrariamente a lo que esperaban, lo dijo con la mirada perdida y una infinita tristeza en su voz entrecortada.
° ° ° ° °
Sirius era un hombre impulsivo, siempre lo había sido y eso no cambiaría con unos cuántos libros infantiles y una experiencia cercana a la muerte. Iba a ayudar a Harry aunque tuviera que enfrentar una enfermedad mortal y varias maldiciones. Por eso fue a la enfermería dispuesto a todo.
Pero nadie le cerró el paso, ni encontró conjuros impidiéndole la entrada, sólo una barrera esterilizante que le dejó el cabello demasiado alaciado, y la curiosidad por preguntarle después a Harry por el conjuro completo, le ahorraría horas de alaciado.
—Sirius, me alegro que estés aquí —lo saludó Azalea llevándolo directo al laboratorio privado de Harry—, está muy mal, creo que empieza a deprimirse y no deja de culparse por haber permitido que todo esto sucediera de nuevo.
No necesitaba preguntar quien estaba deprimido, a estás alturas empezaba a creer que Harry tenía mayor temple que Dumbledore y eso era demasiado para cualquier persona.
—¡Harry! —corrió a abrazar a su ahijado que se encontraba sentado en su escritorio, al parecer revisando sin parpadear una caja negra con algo grabado— ¿Qué sucede? —repitió quitándole la caja de las manos para poder abrazarlo.
Entonces Harry dejó libre el llanto que estaba conteniendo y Sirius no dejó de abrazarlo porque sólo así podía sentir el rítmico ascender y descender de su pecho, ese era el único momento en que le permitiría consolarlo sin que se sintiera avergonzado por las lágrimas que surcaban sus mejillas.
Después de una eternidad se levantaron los brazos del cuerpo que sollozaba y Harry correspondió por fin al abrazo. Por fin después de tantos años, Sirius sentía que estaba haciendo un buen trabajo como padrino.
—Ahora sé porqué nunca me dijiste que Quejicus era el padre de Heather —le dijo a su ahijado pasándole el pañuelo que acostumbraba llevar porque se veía elegante y sofisticado.
—No quería que fueras a matar a Severus —aceptó Harry con una sonrisa triste.
—¡Yo! Me ofendes Harry —bromeó Sirius alcanzando a arrancar una risita del joven sanador— quizás sólo iba a maldecirlo un poco, por deporte, hace mucho que no practico la cacería de Snape… Remus lo sabía ¿cierto?
—Lo supo desde que me embaracé, es difícil ocultar ciertas cosas del olfato de un hombre lobo.
Todo lo que Sirius pensaba decir o reclamar murió ante esa sonrisa insegura que tanto le recordaba al bebé de un año que fuera Harry. ¿Cómo podía reclamar nada cuando Remus había estado más al pendiente de su ahijado que él mismo?
—¿Qué es esto? —preguntó estudiando la caja negra que tenía tan molesto a Harry— ¿Algún perverso conjuro de magia negra de Snape?
—No, era de Lucius Malfoy. Al parecer logró conseguir un poco de la cura para la Fiebre Puzzle antes de morir, sólo dejó tres dosis y una nota con la lista de ingredientes —dijo Harry entregándole a Sirius la nota escrita con una caligrafía capaz de rivalizar con las florituras de Gilderoy Lockhart.
—Parece complejo —comentó Sirius, la famosa fórmula era una larga lista de costosísimos y extravagantemente raros ingredientes.
—Lo es —suspiró Harry derrotado—, pero nada nuevo. Logré desentrañar esa fórmula hace años, pero algo falta, un ingrediente que logre aliviar a los que están a punto de fallecer… Voldemort parece llamarle "lágrimas del Fénix negro", lo que sea que eso signifique porque no existe ningún fénix de ese color. ¿Sirius te sientes bien?
Su padrino tenía una palidez que capaz de rivalizar con los Malfoy, acababa de sostenerse con la mesa para no perder el balance y lo miraba como si estuviera rodeado por dementores.
—Espera un momento, necesito a tus dos serpientes ayudantes para… explicar algo —comentó temblando Sirius, saliendo de la enfermería con paso titubeante.
—¿Qué sucede Sirius? —lo abordó Remus, obviamente pensando lo peor al verlo salir tan pálido como un fantasma.
—¿Has visto a Snape y Malfoy? —preguntó Sirius a su amigo, aferrándose a los brazos del hombre lobo como si su vida dependiera de ello.
—Los mandamos a comer a las cocinas —dijo Draconiss que al parecer lo iba siguiendo preocupada por su actitud ausente.
—Espérenos en la enfermería, iré por ellos…
Y dejando tras de sí las miradas atónitas se transformó en el enorme perro negro que podía llegar a la enfermería en menor tiempo que el hombre. Convencer a Snape y a Malfoy de la importancia de su descubrimiento no fue tan difícil como pensó después de todo ¿cuántas veces era él quien se ponía serio?
Ahora que regresaban a la enfermería a la mayor velocidad, Sirius se encontró absurdamente deseando que el camino fuera más largo o que despertara en ese momento de un mal sueño. Pero la realidad era apabullante y había llegado el momento de revelar lo que había callado por tanto tiempo.
—¡Sirius! ¿Quieres dejar de asustarnos y decirnos que pasa? —lo recibió Harry con un tono preocupado que rivalizaba con la misma Molly Weasley. Era asombrosa la fortaleza de ese hombre que llamaba ahijado. Orgulloso Sirius inhaló una bocanada de aire antes de comenzar su relato.
—Sé cómo encontrar el Fénix negro, lo he visto.
—¿Dónde? —exigió Remus obviamente tomándolo por un loco— ¿En uno de tus viajes?.
—No, fue cuando logré escapar del velo…
Harry dejo libre un gemido callado, como si esperara que el espectro de Voldemort apareciera en cualquier momento.
—¿Podrías ser más claro Black? —lo reprendió Snape—¿Acaso quieres que nos lancemos del velo para buscar a ese Fénix?
—El Fénix negro no está en el reino detrás del velo —musitó Sirius recordando brevemente la frialdad de aquel sitio donde el tiempo no existía y una bruma adormecía todo pensamiento.
—¿Puedes ser más claro? —dijo Harry en un hilo de voz y Sirius entendió que le estaba permitiendo revelar todo lo que había pasado.
—Detrás del velo no hay nada, estaba en el reino de la muerte sin haber muerto, entre la vida y la muerte vagué buscando una salida sin saber lo que hacía. Entonces lo escuché… el precioso canto de un fénix agitando la bruma que lo envolvía todo, pero no había ningún fénix cerca. Aún así sentí en mi corazón que debía ir a ese sitio de donde venía no un canto, sino algo más, algo parecido a una súplica que no entendía porqué me desgarraba más que la frialdad de los dementores.
Un escalofrío recorrió a Sirius al recordar exactamente el dolor en los trinos del fénix que lo llamaban con urgencia, suplicando por un auxilio que sentía perdido.
—Repentinamente encontré sobre mi cabeza lo que parecía la superficie de un lago agitado, aquellas aguas que se estremecían reflejaban la silueta de un fénix tan negro como la obsidiana, su escaso plumaje resplandecía con los efectos de la maldición a la que Voldemort lo sometía, cruciatus —continuó Sirius sintiendo un nudo en la garganta—. Quise alejarme de aquella crueldad, buscar otro camino de regreso sin tantos obstáculos, pero en ese momento el fénix emitió un sonido angustiado que me hizo comprender que era él quien estaba abriendo ese camino de agua, sólo para que lo salvara. Decidí que morir salvando a esa criatura era mil veces mejor que continuar vagando como menos que un recuerdo y me acerqué más a la superficie. El fénix estaba llorando… un par de lágrimas por sus ojos pálidos, opacos a pesar del llanto… y Malfoy recogió las preciadas lágrimas en un frasco.
Sólo dos gotas le dijo al monstruo que seguía agitando su varita entre sus dedos.
Lo suficiente para obsequiarte una dosis más Lucius siseó Voldemort.
Gracias Milord.
Mi único temor es que muera antes de llorar lo suficiente, a menos claro que aprendas a quemarte y renacer de tus cenizas se mofó Voldemort golpeando al fénix con un nuevo conjuro, a este paso sólo los más leales se beneficiarán con la vida. ¿Quién diría que lo único que te hace llorar es el dolor? agregó mofándose de la pobre ave, levantando la varita con el cruciatus en los labios.
—No pude resistirlo más —continuó Sirius, la voz rasposa por el dolor que sentía—, me lancé hacia arriba, emergiendo de una fuente que Voldemort tenía en su laboratorio. Tan sólo respiré de nuevo el aire, recordé que era un animago y sin más me transformé, tomé al fénix entre mi hocico y corrí esquivando las maldiciones hasta encontrar a Peter. Esa rata intentó detenerme, pudo matarnos pero la maldición que nos lanzó apenas viajó unos centímetros antes de regresar con toda su fuerza hacia la varita de la que salió haciéndola estallar y matando a su dueño.
—¿Cuántas probabilidades hay de que suceda eso? —desdeñó Malfoy.
—Sólo una —dijo Sirius con solemnidad manteniendo la mirada sobre Harry—. Cuando el dueño le debe su vida a quien intenta atacar y ha llegado el momento de cobrar una deuda mágica.
Harry no dijo nada, el cuerpo rígido y el gesto serio lo hacían parecer más severo que el mismo Snape quien tuvo la gentileza de guardar silencio.
—Logramos escapar sólo por eso. Éramos demasiado oscuros para que nos encontraran en la noche, no sé por cuánto tiempo huimos pero el amanecer nos alcanzó lo suficiente lejos del alcance mortífago. Cuando nos creí a salvo me detuve, solté al fénix y creyéndolo muerto levanté esa criatura única entre mis brazos y lloré sin saber porqué me dolía tanto. Entonces el fénix soltó un leve trino antes de aumentar su peso y tamaño hasta abandonar la forma de un ave por la de un muchacho.
Sirius habló despacio, remarcando las palabras de aquello que nunca había sido capaz de confesar antes.
—Tú eres el fénix negro —le dijo a Harry.
—Imposible —negó Harry en un murmullo—, nunca logré convertirme en animago —añadió con creciente angustia—, si lo fuera lo sabría.
—Nunca fuiste capaz de recordar el rescate, recuperaste la conciencia en la enfermería de Hogwarts y nunca más reanudamos las lecciones de animagia porque Severus empezó a entrenarte —comentó Remus recordando, la pena audible, casi palpable.
—No puede ser… —repetía Harry mientras el color desaparecía de su rostro al perder el conocimiento en brazos de su padrino y Sirus pudo ver de nuevo la mirada perdida que tenía cuando era un fénix.
° ° ° ° °
La oscuridad lo consumió.
A través de las palabras de Sirius lo alcanzó y lo trajo de nuevo a aquel momento en que sólo existía el dolor y ni siquiera podía morir.
Voldemort se estaba divirtiendo demasiado torturándolo para dejar que la diversión terminara muy pronto, por intervalos indiscernibles de tiempo lo hacían beber pociones que se encargaban de mantenerlo con vida, cuando todo lo que quería era morir.
Entonces llegaron los dementores y sintió que no podía más, su cuerpo estaba al límite y su mente sólo vagaba al momento en que los mortífagos atacaron el Expreso de Hogwarts, mientras intentaban en vano evitar que tomaran el tren. El ED peleó con valentía e incluso tuvieron la suerte de soltar un vagón con los menores de quince años y protegido por Luna, Ginny y Neville.
Pero no fue suficiente.
No eran los niños a los que querían y mientras más se preocupaba por los otros, menos protegido estaba hasta que lo acorralaron cinco mortífagos encabezados por Malfoy y Lestrange.
—Hora de dormir, bebé Potty —chilló Lestrange y fue lo último que escuchó antes de despertar en su prisión.
Pero el dulce olvido de la inconsciencia no le fue concedido de nuevo. Pronto el mundo de Harry quedó reducido a dolor a tal grado que no tenía otro parámetro que no fuera intensidad y tiempo, acompañado por la risa estridente de mortífagos como Lestrange que no era nada comparada con las carcajadas de Voldemort.
En verdad se estaba divirtiendo.
Y todo lo que Harry deseaba era morir para lograr escapar.
—Incendio —repitió Voldemort por tercera vez sobre sus piernas y brazos, le divertía tanto verlo retorcerse de dolor.
Ese fue su último recuerdo coherente que tuvo hasta que despertó en la enfermería después del rescate de Sirius, ahora sin embargo recordaba, el fuego que consumía su piel, las heridas abiertas que dejaban ver los músculos sus manos encogiéndose… y una llama que surgió de su interior junto con un grito que terminó en chillido.
El chillido de un fénix que acababa de surgir de la quema.
Una criatura pequeña que alcanzó a sorprender a Voldemort lo suficiente para que le permitiera vivir hasta crecer o hasta que terminara la realización de su maldita poción. En ese momento lo entendió Harry.
Él era el ingrediente secreto.
° ° ° ° °
En todo el tiempo que Severus tenía conociendo a Harry jamás lo había visto perder el conocimiento ahora sin embargo le sorprendía que hubiera soportado tanto, entre la crisis que estaban enfrentando y la nueva noticia no era para menos.
Entendía perfectamente el motivo que había impulsado a Sirius a guardar silencio y le dolía aún más no haber sido capaz de localizarlo cuando estuvo prisionero, entonces sentía que lo detestaba, pero lo último que quería era que sufriera a manos de ese monstruo.
—¡Ya despertó! —les avisó Azalea denotando el alivio que sentía, rompiendo la cadena de pensamientos que amenazaba con consumirlo.
Antes de que nadie lograra acercarse Remus ya estaba ayudando a Harry a beber una poción calmante. El pequeño grupo rodeó al joven sanador e incluso Draco se acercó con cuidado, la pena reflejada en su rostro, habían encontrado el Fénix negro y aunque todos sabían lo que se necesitaba, nadie quería decirlo en voz alta.
—Deben convertirme en fénix —exigió Harry a su perro padrino.
—No es tan fácil Harry…
—¡Claro que sí! Hay un conjuro para obligar a alguien a que regrese a su forma humana y uno para obligarlo a transformarse. Leí mucho sobre el tema —masculló Harry frustrado seguramente por no poder transformarse por sí mismo.
—Esta sería tu segunda transformación Harry —explicó Remus con su calma característica—. Si te obligamos a transformarte podrías quedar estancado en tu forma animaga o perder por completo el control de las transformaciones.
—¡No podemos esperar a que domine la animagia!
—Si podemos —intervino Draconiss—. Vamos Harry no me mires así, haz logrado estabilizar a Josie, tienes dos semanas antes de que entre en crisis. Si logras dominar esa transformación…
Una esperanza.
Hace mucho tiempo Severus se había prometido no dejarse llevar por ridículas esperanzas que podían resultar en vano y sin embargo ahora era todo lo que tenía. No estaba dispuesto a perderla pero tampoco podía pedirle a Harry que perdiera el control de una habilidad tan preciosa que podría salvar muchas vidas en el futuro y no sólo la de su pequeña.
—Has logrado transformarte en una situación de crisis extrema, puedes dominar tu forma animaga en una semana cuando mucho —comentó Remus después de intercambiar significativas miradas con Sirius.
—Consumirá todo tu tiempo —advirtió Sirius antes de que Harry abriera la boca.
—Lo peor ha pasado —dijo Azalea—, nosotras podemos controlar lo que sigue y si es necesario te llamaremos Harry.
No era necesario entrar en su mente para saber lo que Harry pensando, debatiéndose entre su deber con los pacientes y la necesidad de conseguir esas preciosas gotas que salvarían la vida de su preciosa Josie.
—¿Cuándo empezamos?
—Cuando despiertes —ordenó Remus entregándole a Harry un frasco de poción para dormir sin sueños que previamente le había pedido a Draconiss—. No vas a poder dominar la transformación si no estás descansado.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: Bueno he aquí otro capítulo terminado, a que no esperaban todo esto ¿verdad? Bueno ahora entienden porque no podía contestarles como había regresado Sirius del velo antes.
