DE NUEVO EN EL MAR
Por fin el Walrus volvía a navegar, sus velas desplegadas al viento lo hacían volar sobre las olas. Flint de pie en el puente mirada el horizonte, su rostro serio, las cejas levemente fruncidas, esperando ver en cualquier momento algún barco.
El ambiente general era bueno, los hombres se sentían optimistas, en el fondo aún esperaban poder hacerse con el oro del Urca, pero también se consolaban pensando que cualquier barco cargado de buena mercancía sería un buen botín.
Flint impartía ordenes que Billy repetía a la tripulación, junto a Flint sobre el castillo de popa estaba Elda, los dos hablaban animadamente mientras Billy de tanto en tanto los observaba de reojo. No habían vuelto a hablar desde la noche en que la besó y ella parecía evitarlo.
Elda parecía otra persona, o eso le pareció a Billy, allí de pie, vestida tan diferente a como la había conocido. Había cambiado sus calzas y camisa de algodón por unos pantalones de piel negros, una camisa blanca de anchas mangas y un corpiño también de piel que le cubría cintura y pecho a modo de coraza, unas botas altas por encima de la rodilla y un pañuelo cubriéndole la cabeza remataban el conjunto, el pelo que siempre lo llevaba recogido en una coleta, ahora lucia trenzado, y de un cinturón colgaban dos cuchillos y una espada curva que Billy jamas había visto. Con ese atuendo parecía una auténtica pirata.
Al verla allí de pie junto a Flint notó una punzada de celos, de nuevo, no es que fuera especialmente celoso o posesivo, pero en la isla había pasado más de un mes en su compañía, lejos de todo y de todos y se había sentido bien, olvidados los problemas, las traiciones y las intrigas por un tiempo, pero ahora, en el mundo real era como si se alejase de él. Y la ultima conversación que habían tenido los había distanciado, se maldijo a si mismo por su insistencia, se había comportado como un estúpido.
Cuando Flint y Elda estaban los dos juntos, Billy podía ver como a ambos se les iluminaba el rostro, como se relajaban disfrutando de su mutua compañía, veía la complicidad entre los dos y envidiaba esa intimidad, esa camaradería. Su vida como pirata no le dejaba mucho tiempo para el romanticismo o para cultivar amistades, tenia sus necesidades y las cubría, pero nunca se había enamorado ni había sentido lo que empezaba a sentir por Elda. El misterio que la envolvía, su inteligencia, su valentía, su humor, la hacían diferente a todas las otras mujeres que había conocido. Pensó que tenia que sacársela de la cabeza, tenia que concentrarse en su trabajo, pero sabía que le seria difícil, y mas cuando estaban los dos en un barco donde huir no era viable.
Llevaban dos días navegando cuando el vigía gritó:
- ¡Barco a la vista!
Flint con su catalejo miró hacia donde el vigía indicaba y en efecto vio un barco de bandera británica, no era un barco de guerra, parecía un mercante y no estaba lejos, si el viento acompañaba podían interceptarlo en poco tiempo.
- ¿Que hacemos capitán?- Preguntó Billy.
- Ir a por él contramaestre, los hombres quieren oro, y lo tendrán.- Billy asintió con una sonrisa.
Flint dio las ordenes pertinentes, enseguida se notó un cambio de humor en la tripulación, la promesa de un botín los excitaba y ponía nerviosos a partes iguales. La emoción de la captura, la incertidumbre a como se desarrollaría, pero ante todo y por encima de todo, el pensamiento de conseguir un buen botín los impulsaba a todos.
Elda subió a cubierta alertada por el grito del vigía y se unió a Flint.
- ¿Que te parece?.- Le preguntó el Capitán pasandole el catalejo, el barco estaba cada vez mas cerca.
- Tiene una linea de cañones, en cuanto viren seremos un blanco fácil.
- Si pudiésemos ponernos a su popa, no les dejaríamos espacio de maniobra para sus cañones. Elda asintió, algo dubitativa.- Lo alcanzaremos, mira su linea de flotación, va cargado.- Le indicó él.- Se nota que hace tiempo que no haces esto.- Le contestó Flint.
- Es la parte que menos me gusta.- Contestó ella seria- Estoy nerviosa la verdad.
- Tranquila, no estarás en primera línea.
Ella le miró sin entender.
- Eres mi medico, no quiero perderte.- Se explicó él.-No lucharás, te encargarás de los heridos que no serán pocos.
- De ninguna manera, he aceptado ser parte de tu tripulación y no seré diferente al resto.- Dijo ella enfadada.- Sabes de sobra que se defenderme, y aunque ésta sea la parte que menos me gusta, lucharé a tu lado, te di mi palabra y pienso cumplirla.
- No hay discusión.-Contestó él serio.
- ¿Como pretendes que me gane su confianza y respeto si a la mínima muestra de peligro me escondo en la enfermería?.- Se quejó ella.
- Me da igual lo que piensen o lo que pienses tu, necesito a los hombres remendados y a punto para seguir luchando y solo tu puedes hacerlo. ¿De que me servirías si te matan?.- Los ojos de Flint se habían vuelto duros.
- Como ordene Capitán.- Contestó Elda furiosa y dándose la vuelta se fue hacia la enfermería
El Walrus no tardó en dar caza al Argo, como había vaticinado Flint iba demasiado cargado para maniobrar, tan pronto se pegaron a su popa Flint maniobró para poder disparar sus cañones dañando el palo mayor del Argo, a partir de ahí el abordaje se sucedió con rapidez. El capitán del barco mercante rindió el barco evitando así mas muertes inútiles.
El botín fue importante, telas holandesas, francesas e italianas, porcelana, vino y productos agrícolas.
Aunque hubo alguna baja, la alegría por haber encontrado semejante botín, apaciguaba el dolor a la perdida de vidas humanas.
Se tardaron varias horas en descargar al Argo, mientras el capitán y su tripulación eran vigilados por varios hombres de Flint. Luego retiraron cabos, redes y escaleras y se alejaron del Argo.
La bodega acogió el botín, Flint se sentía bien aunque aún anhelaba el oro del Urca, y los hombres estaban eufóricos, pues la mercancía robada era de primera calidad y sabían que sacarían provechosos beneficios.
Elda en la enfermería no tenía tiempo de aburrirse. Varios heridos esperaban ser atendidos, cortes de espada, balazos, contusiones.
El suelo de la enfermería estaba lleno de sangre, Elda se había puesto un delantal de cirujano que a esas alturas ya estaba salpicado, tenía a un herido de cierta gravedad sobre la mesa por una herida de bala en el pecho, la sangre que perdía le impedía poder ver bien la herida que cubrió con vendas y presionó intentando detener así la hemorragia, mientras controlaba el pulso del hombre. Una vez el flujo de sangre fue menor, se dispuso a sacar la bala con unas pinzas. El hombre gemía y se movía.
- Necesito que alguien lo sujete.- Gritó y uno de los marineros que esperaba ser atendido por una contusión se acercó.- Necesito a alguien mas.-Y en ese momento Billy entró en la enfermería
- ¿Que hacemos?.- Preguntó.- Tenía un corte en la ceja, y estaba sudado y lleno de sangre, por un momento Elda se alarmó, pero el la tranquilizó al ver su preocupación.- Tranquila, no es mía.
- Que uno le sujete las piernas y otro lo sujete por los hombros, tiene que estar quieto o no podré sacarle la bala.- Informó.
Los dos hombres la obedecieron. Al introducir las pinzas en la herida el hombre gritó, Elda no veía bien la bala debido a la sangre que cubría la herida.
- Billy necesito que eches un poco de agua en el orificio de entrada- Este obedeció- Gracias.- Le dijo sin mirarle pues tenia toda su atención en la sacarle el pequeño proyectil.
Tras rebuscar en la herida, hecho que provocó que el paciente se desmayara por el dolor, por fin pudo sacarlo.
- Tengo que encontrar el trozo que falta de la camisa, si se queda dentro se infectará.
Así que hurgó algo mas en la herida hasta que por fin sacó el pequeño trozo de tela. Luego volvió a presionar la herida,la desinfectó con vino y tras limpiar los restos de sangre la cosió, cubriéndola después con gasas.
- Podéis llevarlo con cuidado a su hamaca.- Les dijo, y Billy y el marinero así lo hicieron.
Otra herida importante que trató fue producida por una espada , el tajo no había afectado ningún órgano interno, así que Elda lo limpio y cosió. Los heridos fueron sucediéndose uno tras otro, entablilló un dedo, cosió varias heridas y aplicó ungüentos y cataplasmas en moratones.
Cuando salió de la enfermería ofrecía un aspecto cansado, intentaba limpiarse la sangre seca de las manos, tenia salpicaduras en la cara y cuello, pero estaba satisfecha, aquel día no se le había muerto ningún paciente, pero sabía que tarde o temprano perdería a alguno, la vida de pirata era peligrosa y la mayoría no llegaban a viejos.
En la cubierta había mucha actividad, aún se estaban trasladando fardos y toneles a la bodega de carga y cuando Flint, desde lo alto del puente la vio salir, simplemente asintió. Ella le devolvió el saludo y se acercó a los toneles de agua, se sentía sucia y sedienta.
Uno de los marineros a los que había atendido y la había ayudado con la herida de bala se le adelanto y llenando el cuenco de agua se lo acercó.
- Muchas gracias.- Le dijo ella sorprendida y el hombre se llevó la mano cerrada hasta la frente a modo de saludo.
- A usted señora.- Le contestó el hombre y se alejó.
Cuando se volvió, se dio cuenta de que toda la tripulación la miraba, ya no había recelo o menosprecio en sus miradas, algunos movieron levemente la cabeza, otros hicieron el mismo gesto que el marinero del agua, otros mostraron una pequeña sonrisa, cada uno a su manera le estaba dando las gracias. Ella se quedó algo cohibida y abrumada por la respuesta generalizada de la tripulación.
- Ves, ya te los has ganado.- Le dijo un John Silver sonriente a su lado.- El hombre al que le has sacado la bala es Bob Nueve Dedos, y parece que por aquí es muy apreciado.- Le guiñó un ojo.- Tenemos suerte de que el capitán te haya traído.- Y tras mostrarle sus blancos dientes en una amplia sonrisa, volvió a la cocina llevando consigo un cubo de agua.
Elda volvió a la enfermería, tenia que limpiar el suelo y la mesa empapados de sangre y limpiar y hervir el instrumental medico. Cogió un cubo que pretendía llenar echándolo por la borda cuando dos hombres de la tripulación se le adelantaron, uno apenas era un hombre, era un joven de unos 17 años, el ayudante de Silver en la cocina, y se mostró muy solicito con ella, el otro era un hombre de unos 50 años al que le faltaban casi todos los dientes.
- Nosotros lo haremos señora.- Dijo el más joven.
- No me llames señora, tan solo Elda.- El chico asintió y junto con el hombre de mayor edad fueron hacia la enfermería.
Elda miró a Flint que había observado la escena sin intervenir y éste le sonrió,ella se encogió de hombros y siguió al muchacho y al hombre bajo cubierta.
Aquella noche el ambiente era distendido, toda tensión había desaparecido y los hombres estaban contentos pues habían conseguido un buena mercancía que una vez vendida, daría buenos beneficios y todos esperaban encontrar más barcos a los que abordar. Así que los hombres eran optimistas y todo recelo o inquina hacia su capitán parecía haberse olvidado.
También había ayudado que con la mediación del contramaestre, todos los hombres tuvieran esa noche un vaso de ron, así que el ambiente en la cubierta de los marineros era casi festiva, algunos tocaban la armónica y otros el violín cantando viejas canciones de taberna, algunas obscenas y otras de amores perdidos.
Elda estaba en el camarote del capitán, dando el parte de los heridos y su evolución.
- Hemos tenido suerte.- Dijo un serio capitán.- Son heridas sin importancia,este abordaje no ha sido demasiado violento, pero no siempre va a ser así.- Le advirtió.
- Lo se, pero no te preocupes, estoy preparada.- Aseveró ella.- Te lo he dicho.
- ¿De verdad lo estás?.- Le preguntó, su rostro seguía serio.- No quiero que intervengas en los abordajes, ya te lo he dicho, tu trabajo a bordo del Walrus es muy importante, pero ¿de verdad lucharías?, ¿de verdad lo harías? ¿por mi?
Elda lo miró con seriedad, y con vehemencia le dijo:
- Desde luego James, si esta en riesgo mi vida o la vida de algún miembro de esta tripulación seré capaz de matar, si eso lo que me preguntas. Me has visto en acción, me has visto luchar contra los piratas japoneses,los wako, que asediaban las costas chinas.
El asintió, recordando.
- Es cierto, pero ha pasado mucho tiempo desde entonces y has estado 10 años viviendo una vida de paz, ejerciendo de matasanos.
- Entiendo tu preocupación, pero no te defraudaré si llegase el caso, he tomado una decisión, estoy aquí con todas sus consecuencias.- Dijo con determinación.
Flint la miró con orgullo y admiración, siempre había sentido un gran afecto por ella, desde que se habían conocido siendo él oficial de la Royal Navy y ella la guía que había conducido a su barco por oriente habían sentido un cariño mutuo, y aunque sabía de sus habilidades, no quería ponerla en peligro, no quería perderla de nuevo.
- Anda, ve a divertirte un poco, te lo has ganado.- Le dijo él.
- ¿Tu no vienes capitán?
El rió y ello lo miró sorprendida.
- Tengo que dar una imagen.-Le dijo guiñándole el ojo.
- Es cierto, eres el temible Flint, tus hombres no pueden verte de buen humor.- Le contestó ella con ironía, y salió del camarote.
Fuera la noche era estrellada, una brisa suave hacia avanzar al Walrus, Elda se acercó a la barandilla de estribor y se apoyó mirando el oscuro oleaje, en el cielo se veía con claridad la estrella polar, guía de todo marinero, y la brisa era agradable y vivificante. El viento hinchaba las velas y el ruido de los aparejos y los cabos era casi adormecedor, o lo habría sido a no ser por el ruido que venía desde la cubierta inferior donde los marineros que no estaban de guardia festejaban el botín.
Su pecho estaba henchido de felicidad, notar el viento en la cara, oír las velas al hincharse con el aire, el entrechocar de los aparejos, el vaivén del barco sobre las olas, las salpicaduras del agua en su rostro, todo su entorno la hacía sentir libre como no lo había sido en años, no le importaba servir en una tripulación pirata ni considerarse una de ellos, ante este pensamiento no pudo evitar sonreír, se sentía feliz, feliz de verdad. Estaba tan absorta con semejante revelación que no oyó que alguien se le acercaba.
- Pareces contenta-. La voz de Billy interrumpió sus pensamientos, giró levemente la cabeza para ver como el chico se apoyaba en la barandilla a su lado.
- Si, es verdad, lo estoy.- Admitió ella, se hizo un silencio incomodo entre los dos.
- Y tienes motivos para estarlo, hoy lo has hecho muy bien, los hombres están muy contentos.- Le aseguró él.
- Me alegro.- Fue lo único que contestó sin mirarle.
Billy quería romper el hielo, disculparse, pero no sabia por donde empezar.
- Elda por favor mírame.- Ella se giró hacia él de mala gana.- Lo siento.- Fue lo único que acertó a decir. Ella se mordió el labio superior, pensativa, pero siguió en silencio.- No tenia derecho a interrogarte, me he comportado como un gilipollas, no tienes que darme explicaciones y yo no tengo ningún derecho a pedírtelas.
Ella lo miro de lado sin decir nada. Billy continuó.
- No me arrepiento de haberte besado en la playa, y mantendré mi promesa, ni interrogatorios ni presiones,pero estamos en un barco, no podemos ignorarnos.- Ella iba a contestarle pero él continuó.- Entiendo la lealtad que tienes hacia Flint, el cariño y una vida pasada os une, no puedo luchar contra eso ni voy a hacerlo.
- Te agradezco tu sinceridad.- Le contestó ella.- Y yo te seré igual de sincera. Hacía mucho tiempo que nadie me besaba, he vivido una vida apartada, ya lo viste, no he dejado que nadie se acerque a mí por pura autoprotección.- Hizo una pausa, ella mirando al mar, él mirándola a ella.- En toda mi vida he tenido la sensación de abandono, de perdida, mi madre, luego mi padre que me dejó en el orfanato, sin entender porque lo hacía, no podía entender como nos había abandonado, y como había permitido que me criara 3 años en ese maldito hospicio.- Hizo un pausa, Billy la observaba con atención.- Cuando por fin vino a buscarme no todo fue alegría, estaba dolía, era una niña.- Se encogió de hombros.- A mi padre le costó ganarse mi confianza, no se lo puse fácil.- Sonrió con melancolía.- Pero acabó siendo un buen padre, para nada convencional la verdad, pero un buen padre, y le agradezco todo lo que me enseñó y la oportunidad que me dio de viajar y de conocer lugares increibles. - Sin darse cuenta emitió un suspiro de añoranza.- Conocí a gente interesante, hice amigos y perdí a algunos de ellos, las culturas orientales son muy distintas a las nuestras, sus costumbres y su manera de ver la vida te sorprenderían-. Miró a Billy, mientras sus ojos se iluminaban, y el sintió más que vio la emoción de ella, en su pose, en sus palabras.
- Te expliqué de mi relación con Flint, pero mucho antes de conocerle a él, hubo alguien en mi vida. Se llamaba Hideaki, era japonés y nos enamoramos. Me enseñó muchas cosas de su cultura, fue un sensei para mí.- Al ver la expresión de desconcierto le sonrió.- Perdona, un sensei es un maestro, pero no solo un maestro de armas o de técnicas de lucha, sino un maestro del alma, las culturas orientales cultivan no solo el cuerpo, si no el alma y el espíritu, su manera de vivir es muy distinta a la nuestra.- Se explicó.- Me enseñó sus costumbres, su forma de lucha, su filosofía.- Sonrió con tristeza.
Billy la observaba con atención, su rostro segundos antes emocionado y radiante por recordar momentos felices se había entristecido.
- ¿Que paso? .- Se aventuró a preguntar Billy
- Los piratas japoneses son muy violentos y crueles.- Billy frunció el ceño.- Si, mucho más que los de aquí.- Aseveró ella.- Nos atacaron, y nos defendimos, ganamos, pero hubo muchas bajas.- Billy asintió, comprendiendo.- Después de aquello, volvimos a casa y mi padre decidió que ir a Oriente se había vuelto demasiado peligroso, así que empezó a negociar aquí en las Indias Occidentales, había buen comercio y buenas oportunidades transportando algodón y tabaco, pero aquí también había peligros y esta vez a quien perdí fue a mi padre, esta vez para siempre.- Su voz estaba cargada de tristeza.- La vida con Barbanegra aunque desagradable y forzada al principio acabo siendo llevadera,si, ahora lo admito en voz alta.- Miró a Billy directamente a los ojos.- Y si, me siento culpable por ello, pero no puedo evitar sentirlo así, aprendí de ese maldito pirata, pero mi vida en el Queen Anne's Revenge era bastante aislada, no me relacionaba mucho con la tripulación, después de 3 años navegando con Barbanegra volví a Londres, por mediación de un amigo, acabe siendo guía de un barco la Royal Navy que escoltaba a un barco mercante a Oriente, necesitaban a alguien que conociera esos mares y esas tierras.
- ¿Entonces, es allí donde conociste a Flint?-. Aventuró el chico con curiosidad, por saber más detalles.
Elda sonrió mientras asentía con la cabeza.
- Si. Fui su guía, lógicamente no sabían nada de mi periplo con los piratas, aunque esas tierras me recordaban la perdida de mi querido sensei Hideaki quería volver, tenía ganas de volver a Oriente, viajar por el Mar de la China, oler de nuevo sus perfumes y ver sus increíbles paisajes, y ellos necesitaban una guía, no hay muchos que conozcan tan bien esa parte de mundo.- Sonrió con cierto orgullo.- Así que finalmente me contrataron y si, fue en ese viaje donde conocí a Flint.
- Vaya.- Le dijo sin salir de su asombro
- Si, vaya, y me siento muy orgullosa de la vida que he vivido.- Dijo ella con sinceridad.- Pero el viaje con la Royal Navy para nada fue agradable, por mucho que me pese, eran más amables los piratas de Barbanegra que esos malditos oficiales y sus normas, nunca más me volveré a subir a un barco de guerra británico.
- Te entiendo.- Dijo el con vehemencia al recordar por un momento su propia experiencia.
- Volvimos a Londres tras 3 años de viaje cargados de te, de sedas y de muchas otras mercancías valiosas que serían la envidia de cualquier pirata.- Sonrió y Billy le devolvió la sonrisa.- Estuve un tiempo en Londres pero no me adaptaba a esa ciudad gris y deprimente, las cosas se pusieron feas, se hablaba de dar caza a los piratas y dado mi pasado pensé que seria mejor desaparecer, tenia buenos amigos en el gobierno y por suerte seguí sus consejos, busque una isla pequeña y apartada, invente una historia bastante creíble y allí me quede, hasta que tu me encontraste. Esta es mi historia.
- Fuiste tu quien me encontró a mi tirado en la playa y medio muerto.- Le corrigió el.
- No Billy, si no hubiese sido por ti, yo seguiría consumiéndome en ese lugar, ya te lo dije la otra noche, tu también me has salvado y te estaré eternamente agradecida.
Los dos se miraron sintiéndose comprendidos.
- ¿Y que hay de Flint?.- Billy le sonrió.
- Desde luego eres muy perseverante.- El asintió sin dejar de sonreír
- Nos carteamos un par de veces, pero luego perdimos el contacto y no he sabido nada más de él hasta que tu me llevaste al Walrus.
Billy asintió, le hubiese gustado preguntar más, pero no quería abusar de su confianza.
- Me cuesta confiar en la gente, crear lazos, tu beso me sorprendió y me asustó.
- Quizá me precipité, pero me encontraba a gusto contigo.- Fue la simple respuesta de él.- Pero el caso es que te gustó .- Dijo con una ancha sonrisa en los labios.- Así que si algún día vuelvo a besarte, primero me aseguraré de que quieres que lo haga.
- Quizá te lo pida yo- Apuntó ella sonriéndole.
- Me parece un buen trato.- Y diciendo esto le tendió la mano y los dos se pusieron a reír.
- ¿Que te parece si vamos a beber con la tripulación?.- Le preguntó él y ella lo siguió.
Sin proponerselo, Flint había oído la conversación de su contramaestre con su médico,había salido como era su costumbre a fumarse una pipa, apoyado contra el palo de la vela mayor y no había osado delatar su presencia, tras oírles hablar sus labios se curvaron en una sonrisa. De hecho él conocía la vida que había llevado Elda, sabia lo que le costaba confiar en las personas, pero de igual modo sabía que una vez entregaba su confianza y su amistad, era leal hasta sus ultimas consecuencias, así se lo había demostrado en Londres apoyándole a él y a Thomas hasta que la situación fue insostenible y tubo que desaparecer y se lo estaba demostrando de nuevo.
Ahora , allí apoyado pensaba en como había podido estar todos esos años sin ella, al principio la había añorado, guardaba las cartas que le había enviado informándole de que estaba bien, pero él mismo había caído en una espiral de dolor y amargura, de violencia y venganza que había roto con toda la vida anterior al Capitán Flint.
Y ahora ahí estaba, se habían reencontrado, tenia suerte de que formara parte de la tripulación del Walrus, y en parte tenía que agradecérselo a su contramaestre.
Volvió a sonreír, Billy era un buen hombre,aunque discrepasen en muchas cosas, era un buen hombre y seria una buena elección si ella así lo decidía. Era competente, valiente y leal, y aunque a veces podía ser un poco impulsivo, algún día sería un buen capitán. Sonrió de nuevo al pensar en los dos.
Dio un par de chupadas a la pipa y luego se acercó al lado de babor, vació el contenido de la pipa al mar, el segundo turno de guardia subía de la cubierta inferior, saludaron a su capitán y se dirigieron a sus puestos. La música de los violines seguía alegre, calculó que en una hora todos estarían descansando en sus hamacas, de eso sabía que se ocuparía su contramaestre.
Subió al castillo de popa, sus ojos fijos en el negro horizonte, como si esperase ver algo o a alguien. Tras oír la conversación de Elda con Billy lejanos recuerdos acudieron a su mente, recuerdos de tiempos más felices que le hicieron sonreír con tristeza, apretó la mandíbula, desterrando de su mente semejantes pensamientos. Cuando se giró dispuesto a bajar las escaleras para ir a su camarote se encontró con Elda en lo alto de la escalera, no la había oído acercarse. Ella percibió el desasosiego en su rostro aunque el se había girado de nuevo mirando el basto océano.
No le dijo nada, apoyados en la barandilla superior de babor los dos miraban el oscuro horizonte, mientras ella le cogía de la mano con fuerza y apoyaba con suavidad su cabeza en su hombro por un breve momento. Luego bajó las escaleras y volvió a la fiesta que estaba ya en su punto final.
CONTINUARÁ...
