A/N: Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Por favor, quienes dejan reviews anónimas, DEJEN UN MAIL DE CONTACTO para que pueda responder sus comentarios con más agilidad… o de lo contrario no podré responderles. POR CIERTO, las reviews que me mandaron al capítulo anterior fueron respondidas, pero por un fallo de los servidores de dudo que lleguen… pues ni me han llegado ni las alertas de autor ni sus alertas de review… por lo que no me extrañaría que de golpe les llegasen un montón de emails de alertas en cuanto se solucione el problema.

¡MUCHAS GRACIAS A MI LECTORA DE PRUEBAS! Sonomi, eres un sol conmigo. Gracias por leer y corregir mis desvaríos.

"Saint Seiya", la trama y sus personajes pertenecen a Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. Lo mismo ocurre con los personajes del manga "Inuyasha: O–Togi Sengoku Zoushi", que pertenece a Rumiko Takahashi y que han sufrido leves modificaciones para beneficio de la trama. El personaje de Selene Ishikawa pertenece a Fanny Shadow y cuento con su autorización para usarlo. No estoy sacando beneficio económico de este escrito: nada más hago esto para relajarme y entretener a mi imaginación, eso es todo.

ADVERTENCIA.

Del Manual del Villano Para la Malvada Conquista de la Galaxia, Artículo 84: No tendré prisioneros de un sexo vigilados por guardias del sexo opuesto.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.

Capítulo 11:

Mi Miedo Más Profundo.

Cavernas.

¿En donde estaba Milo? No podía haberse alejado tanto por los túneles en esta oscuridad. Kanon apretó los dientes y continuó con su loca carrera. ¡Ese Koumori! Lo tenía hasta más arriba del paracaídas, si antes ya era un asunto personal, ahora no dejaría pasar la oportunidad de sacudirlo como el trapo viejo que era.

"¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"

Se detuvo por una mera fracción de segundo antes de echar a correr de nuevo. Esperaba recordar el camino de regreso, pues estaba doblando por recovecos nuevos y desconocidos. ¡Alisa estaba gritando! Debía ir por buen camino, dado que a medida que corría y avanzaba, más claro se oía a la chica. ¿Quién lo hubiera dicho de Alisa? Aunque tenía su carácter, nunca levantaba la voz más de lo necesario, a menos que la ocasión lo ameritase.

"¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA, SUÉLTAME, AUXILIOOOO!"

Y si esta ocasión no era digna para gritar, entonces no se le ocurría ninguna otra. Kanon apuró los pies, apretando los puños con fuerza. Tan concentrado iba que por poco se fue de bruces en una súbita y empinada pendiente, pero dicho traspié pudo sortearlo con dignidad y no caer en un doloroso suelazo con la cara como tren de aterrizaje.

"¡NO, NO, KYAAAAAAAAAAAA!"

"¡RESTRICCIÓN!"

Algo cayó al suelo y se deslizó por terreno pedregoso. Segundos después se sintió el cosmos de Milo encenderse y atacar. Luego… oyó un golpe seco y enfermizo contra la roca. Kanon dobló por un recoveco, y al salir, se llevó una gran sorpresa. Vio que a su izquierda había una empinada pared de 95 grados de inclinación, que mareaba un poco, y que a su derecha se abría una suerte de superficie inclinada en pendiente hacia abajo, que terminaba unos 50 metros más allá en forma abrupta. Allí se abría un nuevo precipicio.

El gemelo menor recorrió con la vista la escena, agradeciendo la escasa iluminación que brindaban unas antorchas que había allí puestas y que estaban por apagarse. Justo al frente suyo, a unos 10 metros, había un cuerpo inerte. Un murciélago estaba en el suelo, en un charco de su propia sangre, con las alas en una posición poco natural y su cuerpo lleno de agujeros. Kanon no podía ver que la criatura se había roto el cráneo producto del impacto… Al parecer Milo le había dado su merecido.

Mejor de ese modo. ¡Uno Menos Del Cuál Preocuparse!

Miró hacia abajo y a su derecha. Milo se deslizaba a toda velocidad hasta el borde, en donde se detuvo, pero al llegar allí, asomó medio cuerpo hacia abajo, buscando algo. Temiendo lo peor y sin meditarlo más, Kanon fue en su ayuda.

"¡MILO!" Exclamó urgente, pero el escorpión no le hizo caso. Miró hacia abajo. "¡ALISA!"

"¡Cállate Y Ayuda!" Gruñó Milo.

Alisa miraba hacia arriba llena de miedo y no se atrevía a moverse. El Murciélago que la llevaba, en vista de sus estridentes gritos, la había soltado harto de tanto escándalo, por lo que la chica había rodado sin control por la pendiente y caído al vacío. Para su fortuna, logró asirse de una saliente unos 3 metros más abajo y allí estaba, sujetándose con todas sus fuerzas. No, no había sido la oportuna rama que suele aparecer en estos casos, pero sí una saliente de piedra. Milo se dispuso a descolgarse.

"Bajaré por ella." Afirmó mientras comenzaba la escalada. Kanon lo detuvo. "¿Qué Pretendes?"

"Dile que se suelte."

"¿QUÉ? Kanon, TE OÍ. NO ME SOLTARÉ." Reclamó Alisa a medio morir del miedo y con fuerza en su voz. La cara de Milo era un violento poema.

"¡Abriré Un Portal Bajo Sus Pies!" Se apresuró en decir Kanon antes que el escorpión lo asesinase por sugerir tal burrada.

"¿De Qué Serviría? NO Puedes Sacarla De Estas Cavernas." Reclamó Milo.

"Pero Sí Puedo Traerla Hasta Aquí, Donde Estamos Nosotros." Protestó el Gemelo. Milo se lo pensó algunos segundos y tomó aire.

"Lis, ¿Preciosa? Ya Voy Por Ti, No Te Muevas."

"No Tengo Nada Más Que Hacer, Cuando Gustes, Bicho." Les dijo llena de sarcasmo.

Alisa apretó los ojos. Esa caída había sido muy fea, sentía sus manos hinchadas, al igual que sus pies. Debía ser por los nervios y la adrenalina. Ella misma podría escalar hacia arriba sin ningún problema, sabía como hacerlo, pero en esa ocasión apenas podía moverse. Era como si hubiera gastado todas sus energías… por lo que no le quedaba de otra que esperar a que Milo la ayudase.

"¡Piensa Algo Bonito, Piensa Algo Bonito!" Se repitió mentalmente. Tenía que estar calmada y pensar en algo bonito y positivo… como la vez en que Milo le había enseñado el camino hacia ciertas pozas termales entre los acantilados del Santuario, o la vez en que había recibido a Kyrus por primera vez en sus brazos. "MILO, ¿Por Qué Te Tardas Tanto?" Reclamó con fuerza.

"Suéltate, que ya te tengo."

Dos manos la asieron por la cintura y en seguida la rodearon por el torso. Alisa apenas abrió los ojos cuando Milo la aferró contra sí. La suave respiración del santo en su cuello la hizo suspirar de alivio y soltó la saliente de la cuál estaba sujeta, con total confianza. El Escorpión se impulsó hacia atrás y Alisa atravesó por el portal. Apareció arriba, junto a los dorados: de alguna manera Milo se las ingenió para alzarla en brazos y los tres iniciaron la molesta subida, que resultó ser bastante resbaladiza. Se regresaron al túnel por el que Kanon había llegado y Alisa fue sentada en el suelo.

"Alisa, ¿Estás bien?" Preguntó Kanon. Es que Milo se limitaba en silencio a buscar heridas.

"Kanon. ¡Se Llevaron A Isa Por Otro Túnel!" Exclamó la chica con los ojos grandes. "Fue Poco Antes De Que Me Soltaran."

"Se metieron por un túnel que está más allá." Le indicó Milo, con el brazo señalando hacia determinada dirección. "Pero…"

"Iré a revisar. Vuelvo en seguida." Kanon no lo dejó terminar antes de girar sobre sus talones y partir en la dirección señalada.

La pareja observó como el gemelo menor se perdía en la oscuridad. Milo entonces se volvió hacia su esposa y cruzó miradas con ella. Estaba cubierta de raspones y moretes producto de la caída.

"¿Estás bien?" Le preguntó Milo, mientras la auscultaba con la mirada.

"Sólo muy asustada." Asintió Alisa, respirando profundo. "¿Nos vamos ya? Quisiera salir de aquí."

Milo se puso de pie y con cariño ayudó a su chica a levantarse. Pero ni bien Alisa apoyó su peso en sus pies, siseó de dolor y se dejó caer sentada.

AAAAY! Duele…" Gimió sujetándose el pie izquierdo. Milo en seguida se lo examinó, aunque no le quitó la zapatilla.

"¡ARGH!" Exclamó angustiado. "Creo que te lo dislocaste."

"Debió ser con la caída." Reconoció Alisa con los dientes apretados. "¿No podrías…?"

"Puedo hacer el intento, pero no prometo nada: no sé reparar este tipo de heridas." Milo le miró acongojado. "Veré que puedo hacer…"

El Escorpión sujetó el pie lastimado de Alisa y encendió su cosmos. Un calorcito agradable inundó la extremidad, que le hizo sentir mejor. Unos 3 minutos después, Milo apagó su cosmos y apretó los dientes.

"Algo hice, pero no mucho… tendría que dolerte menos." El dorado agachó la cabeza. "Lo lamento."

"No. Hiciste lo que mejor pudiste, Milito." Le dijo Alisa con ternura. "Al menos creo que puedo pisar… así que mejor me ayudas a salir de aquí."

Su marido le sonrió y la ayudó a levantarse. Alisa tentó un par de pasos y aunque su pie le dolía, no le impedía caminar, por lo que ambos comenzaron la marcha. Al poco andar, Kanon se apareció frente a ellos: no se veía contento.

"El rastro se pierde no lejos de aquí." Protestó angustiado. "No sé donde se la llevaron." Reconoció cabizbajo. Alisa se cubrió la boca con una mano y Milo frunció el ceño.

"No te desanimes… quizás Shiori puede tener alguna idea." Le dijo el dorado. "Regresemos."

Lugar de la Pelea.

Mientras tanto.

Máscara había semi arrastrado a Shiori a un lugar algo más a resguardo. Ahora la hanyou estaba sentada, recargada contra la pared, no lejos del túnel por donde habían desaparecido Milo y Kanon, masajeando sus orejas. El santo de Cáncer observaba a su ragazza con atención, aunque a buena distancia, muy vigilante de sus alrededores. Shiori parecía tener un intenso dolor de oídos que iba en disminución… había sangrado por las orejas, pero y por fortuna, parecía estar recuperándose.

Verla tratando de recuperarse del agudo dolor que había sentido cuando Koumori emitió ese chillido tan atroz, por alguna razón le hizo recordar a aquella chica a quien habían auxiliado en Plaka tras el ataque de Koumori, dado que a ella también le habían sangrado los oídos en dicha ocasión. El dorado y la hanyou cruzaron miradas por breves segundos: su ragazza bajó los ojos, sumisa, y él se fijó en sus pies. Hinchó el pecho y caminó hasta la muchacha.

Como que el enojo con ella no le había durado mucho. Sí, seguía resentido por las razones que todos podemos suponer, pero mientras más la miraba, más se convencía que podía dejar de lado sus resquemores. Es que esta fémina, aún con la nueva información que manejaba, se le hacía más apetecible que cuando la creía una simple, necia e intrigante maestra de latín. A ver como le iba en esta ocasión. Después de todo, no podía dejar pasar las oportunidades de hablar a solas con ella.

"En esta oscuridad, lo único que vale la pena ver son tus ojos." Le dijo jovial y tranquilo, mientras se sentaba a su lado.

"¿De qué habla?" Preguntó Shiori desconcertada. No esperaba que Máscara le hablase.

"Yo tenía razón." Anunció entonces Máscara en forma muy casual. "¿Te acuerdas cuando te decía que tus ojos debían ser muy lindos sin lentes de contacto?" Shiori le miró con ojos grandes.

"Sí. Me acuerdo."

"No me equivoqué entonces." Máscara le guiñó un ojo. Shiori se puso a jugar con sus dedos… sí, sentía las manos heladas… aunque el dorado percibía un extraño retorcijón de tripas. "¿Mejor de tu costado?"

"¿Costado?" Shiori abrió los ojos como platos. "¿Por qué preguntas sobre mi costado?" Quiso saber a la brevedad.

"¿Crees que no me di cuenta que te lastimaste de algún modo?" Resopló Máscara como aburrido. "No veo mucho en esta oscuridad, pero me di cuenta que protegías tu costado más de lo que deberías. ¿Estás herida?"

"No… al menos ya no. Fue un corte apenas: soy exagerada para sangrar, así como para curarme." Explicó Shiori con cautela y frialdad.

Máscara asintió. Se llevó ambas manos detrás de la nuca y se apoyó en la pared, con relajada arrogancia. Si hubiera estado al sol, sin la armadura y a torso desnudo, habría exhibido muy bien el fruto de su arduo entrenamiento. Shiori se sonrojó un poco al verlo asumir esa pose tan casualmente y miró hacia otro lado. ¿Recuerdan lo que les dije sobre las feromonas? Era en estas situaciones en que Shiori maldecía estar más alerta de ese tipo de aromas.

"¿Mejor de los oídos?" Preguntó casi como que no quiere la cosa.

"No." Shiori puso cara de circunstancias, se sopló el flequillo (su capucha había desaparecido en la pelea) y olvidó su momentánea pena. "Me zumbarán todo el mes. La vez pasada me pasó eso."

"Es verdad. Eres Mitad Murciélago." Razonó Máscara con lógica. Entonces esbozó una sonrisa de galán. "Con razón estabas tan molesta cuando chirrié la tiza en el pizarrón en aquella ocasión."

"Razones tenía para estarlo." Reclamó Shiori de mal humor… aunque enseguida esbozó una cómplice sonrisa, que ocultó con una de sus manos. "Aunque admito que esa idea tuya fue bastante original: me reí montones después. Hubiera pagado oro puro por verles la cara al 2º D entonces." Comentó algo más relajada. Suspiró y recargó la cabeza contra la pared. "Hai. Mis oídos son sensibles… Tiene sus ventajas."

"Seee." Máscara sacó sus brazos de detrás de su nuca y se uso a enumerar con los dedos, como repasando sus conocimientos sobre quirópteros. "Ecosonar, Ecolocación, buen olfato, alergia al sol… ¿Eres daltónica?"

"No. Veo a colores: lo heredé de mi lado materno." Explicó Shiori tranquila. La hanyou gruñó mentalmente para sí. ¿Por qué se sentía tan jovial? Sacudió ese pensamiento de su mente. Ya sabía la respuesta. ¡Maldito Italiano! En fin, giró su rostro hacia el dorado y le sonrió. "Okaa siempre se reía de mi Otou porque él no distinguía bien los colores."

"Es lindo verte sonreír." Comentó Máscara con los ojos muy abiertos. Este cumplido logró que Shiori se enrojeciera, y en vista que ya no tenía su máscara cubriéndole el rostro, se ocultó tras su flequillo. El dorado, con arrogancia, fijó la vista al frente.

"No digas tonterías, Máscara–san." Dijo Shiori fingiendo molestia.

"No más digo la verdad."

El santo de Cáncer suspiró y miró a Shiori por rabillo del ojo. La hanyou seguía mirando al suelo y apretaba los puños, como tratando de evitar jugar con sus dedos. Inspiró profundo y se permitió otra sonrisa. Al cabo que él mismo tenía corazón de pollo… no sabía qué tenía esta mujer que lo atraía tanto, y ya estaba harto de preguntárselo. Mejor dejaba de devanarse los sesos en preguntas a las que nunca obtendría respuestas. Prefería disfrutar de lo que sus sentidos le ofrecían.

Máscara recordó el motivo del porqué estaban todos ellos metidos en esas cavernas. Se puso serio y ceñudo, entrecerrando los ojos de tanto en tanto. Cierto. Tenían un problema qué solucionar… Koumori sería borrado del mapa, ya fuera por mano de Shiori o de sus compañeros. Volvió a mirar de reojo a su ragazza. Sabía que esta hanyou haría lo imposible por ser ella quien diera cuenta de la cabeza de su tío, y él no se lo impediría, pero… tenía sus aprehensiones.

"Eres buena peleando, ragazza. Pero ese tío tuyo… es más fuerte que tú." Le dijo sin ningún rodeo. Shiori asintió en silencio, muy seria. "Ya antes te habías enfrentado a él." No era una pregunta. Máscara giró la cabeza y se la quedó viendo. La chica volvió a asentir. "Bah. No dudo que le hayas plantado pelea. ¡Mamma Mía! Se la plantaste a Idril y eso ya es decir mucho." Acotó Máscara con algo de orgullo. Su hanyou era de armas tomar. "Dime una cosa, ¿Quién ganó su encuentro anterior?"

Pero la chica no respondió en lo inmediato. Tras masajearse un poco más las orejas, se abrazó las rodillas y suspiró largamente. Una ola de inseguridad le inundó la cabeza, lo cuál la tuvo callada un buen rato. El santo de Cáncer no presionó por respuestas, sino que esperó en silencio.

"Máscara–san. Dime ¿Cuál es tu mayor miedo?"

"¿Mi mayor miedo?" Máscara no se esperaba esta pregunta. Se puso muy serio. No tenía ganas de compartir ese tipo de información, lo hacía sentir incómodo. "Tengo muchos, ragazza." Gruñó con aspereza, pero… "Volver a algunas viejas mañas… quedarme solo…" Reconoció casi en susurros inaudibles, pero que Shiori captó con claridad. "¿Por?"

La hanyou tomó aire y sonrió sin darse cuenta. Si el hombre a su lado podía decirle eso… entonces ella podría continuar hablando, aunque lo suyo fuera un poco más rebuscado.

"… Ni mi abuelo ni mi tío alcanzaron el poder de mi Otou." Explicó con calma, como meditando como debía continuar. "Verás… Chichihue era un taiyoukai y por él heredé una línea sanguínea poderosa, que está templada por mi lado humano."

"Bah. Tienes más enredos familiares de los que tengo yo." Comentó Máscara con ironía. "¿Eso que me dices qué significa a la postre?" Preguntó.

"… a veces… cuando estoy en combate y estoy a punto de morir en forma violenta… mis instintos se salen de control… mi sangre salvaje se libera." Continuó Shiori en susurros, como esperando que Máscara saliera corriendo. La chica tragó saliva. "Cuando eso pasa… dejo de ser hanyou y me convierto en youkai… y… pierdo la razón por completo." La hanyou se tomó una larga pausa. Sentía frío, no le gustaba hablar del tema. "La vez pasada… pude controlarme, pero si me pasa otra vez no tendré tal suerte. Mataré todo lo que se mueva, sin discriminar entre amigos o enemigos… y puede que yo misma muera al final…"

"Berserker. Entrarás a un frenesí asesino." Afirmó Máscara, entrecerrando los ojos, sopesando la información. "¿Tienes miedo a que eso te ocurra en esta ocasión?"

"Sí. Y mucho." Balbuceó Shiori, encogiendo los hombros. "No es lindo despertarse de ese estado… además, a diferencia de otros hanyous, Otou no alcanzó a dejarme ningún sello que controlase mi sangre."

"Vaya. Sí que eres una caja de sorpresas." Dijo Máscara tras emitir un largo silbido. "¿Cómo te controlarás la próxima vez?"

"No podré hacerlo. Si me pasa de nuevo… Deben matarme." Aunque Shiori habló apenas en un susurro audible, Máscara la entendió muy bien.

"¿MATARTE?" El dorado pegó un brinco y gesticuló con los brazos. "Ragazza mía, ¿Estás loca?"

"No." Shiori abrió mucho los ojos y le miró expectante. Entonces se mordió el labio inferior. "Créeme… La última vez que me enfrenté a mi tío, me pasó esto, me convertí en un monstruo. Apenas me daba cuenta de lo que pasaba… no era yo quien estaba al mando… Hasta me lastimé a mi misma para controlarme y evitar destazar a quienes intentaban ayudarme… para calmarme, tuvieron que pegarme en la cabeza con una viga. Sólo así me detuvieron…" Shiori miró al piso insegura, con un tremendo nudo en la garganta. "Máscara–san, no seré capaz de controlarme otra vez, LO SÉ… Una miko me advirtió que si me volvía a pasar… tendrían que matarme."

Máscara agitó los brazos exasperados. No le gustó recibir este tipo de información, pero en vista que a Shiori le costó irse de lengua, agradeció saberlo. Vaya que se había prendado de una chica curiosa… pero eso como que no le molestaba. Frunció el ceño molesto: seguro habría otras maneras de controlar a Shiori en caso que perdiera la noción de la realidad, aparte de un asesinato. ¿Quién era esa miko que hablaba tanto sinsentido junto?

"Ma, ¿Por Qué deberíamos matarte? Tiene que haber otra solución." Siseó enojado.

"No la hay: mataré todo hasta caer exhausta o muerta." Reclamó Shiori, con una vena en la frente. ¿Acaso Máscara no le había prestado atención? Entonces se puso a jugar con sus dedos. "… Y… en serio prefiero que me maten." Dijo con un suspiro, fijando la vista hacia el fondo de la caverna.

"¿ESTÁS LOCA?"

"¡No! Es que… en serio prefiero que me maten a…" Shiori se abrazó las rodillas, temblando de miedo. "… a… despertar bañada en sangre, rodeada de los destrozados cadáveres de mis personas más queridas, enemigos e inocentes, sin saber qué pasó. Eso me aterra como no tienes idea…"

"¿Por eso no querías que viniéramos? Bah." Máscara se cruzó de brazos. Sus tripas se retorcieron en su interior en forma molesta… como que tenía ganas de… ¡Argh! Shiori le ignoró.

"Entre otras cosas." Afirmó la hanyou, apretando los puños. "En esta ocasión me enfrentaré a muerte con mi tío… no quiero preocuparme por daños colaterales. ¡Esta Vez Lo Mato, Aunque Me Cueste La Vida!"

"Se lo merece por haber matado a tu mamá." Máscara asintió en total acuerdo con su ragazza. "No me digas que el tipo este también tuvo algo que ver con la muerte de tu padre…"

Los ojos de Shiori se llenaron de lágrimas, que la chica atajó con el revés de su manga. Entonces se puso seria y muy ceñuda, apretó los dientes y los puños. Gruñó con saña antes de calmarse y dejar caer los brazos. Suspiró, amenazando llanto.

"Sí…" Reconoció, reprimiendo un sollozo. "Mi abuelo Taigokumaru mató a mi Otou, atacándolo por la espalda, dado que insistía en protegernos a mi Okaa y a mi… pero no lo hizo solo, como nos hizo creer…" Shiori atajó algunas lágrimas fugitivas que rodaban por sus mejillas.

"…"

"Nunca habría podido derrotarle solo, Chichihue era MUY poderoso… Fueron mi abuelo y mi tío quienes le asesinaron a traición… le atacaron en bola…" Shiori alzó la cabeza y la dejó caer hacia atrás. "Todo por mi culpa. Porque yo nací… todo por mi…"

Obedeciendo quizás a qué instinto, Máscara la sujetó del mentón y con brusca delicadeza la obligó a mirarle a los ojos. Hacía menos de 5 nano segundos el santo de Cáncer había tomado una decisión: DETESTABA que Shiori llorase. Prefería que le gritase con toda su alma, pero que NO LLORASE frente a él. A ver si con este trato tan rudo lograba hacerla enojar y de ese modo que dejara de llorar.

¡Esos ojos! Era muy linda, él la encontraba preciosa. ¿Cómo se atrevía una criatura tan horrible a querer eliminar este ángel de noche? Koumori no sabía nada sobre cánones de belleza clásica… ¿Cómo era capaz de decirle abominación a su ragazza? Mascara estaba convencido que a Shiori la había bendecido la misma diosa Afrodita al nacer: no le encontraba otra respuesta. No tenía tan mal gusto, nunca lo tuvo. El que tenía mal gusto con las mujeres era Milo, no él. ¡AGRADECIDO a los dioses debería estar el Escorpión por haber cruzado caminos con Alisa!

¿Qué era ese brillo en los ojos del santo? Shiori se sintió como hipnotizada. ¡Este tipo era un asesino! Pero no podía ser tan malo. Gritaba más de la cuenta, era un bruto redomado, además de brusco que carecía de toda delicadeza. Pero era lindo, sus ojos eran lindos, olía bien y le hacía sentir rara… sus manos se helaban cuando le hablaba y se portaba incluso torpe… le había robado un beso… y… se preocupaba por ella, muy a su bruta y machista manera, pero algo es algo y peor es nada. ¿Era posible que ella, una hanyou, tuviera tanta suerte? Entró en pánico… no, seguro era una broma.

Sí… lo quería. Lo quería mucho… y quizás como puso los ojos, que Máscara se dio cuenta de esto. Su estómago le dio un vuelco. ¿Acaso la hanyou le correspondía? Tenía ganas de sonreír, y de darse una paliza, pero principalmente de sonreír. ¡Su Corazón De Pollo Dio Un Feliz Latido! Si, le correspondían. Claro… ninguno le había reconocido al otro este mutuo sentir en sus tripas, pero con esta mirada, para Máscara fue suficiente…

"Máscara–san… me duele la quijada." Balbuceó Shiori muy ceñuda. El dorado la soltó.

"Lo siento, ragazza." Le dijo Máscara travieso… para rodear de improviso a la chica con sus brazos y envolverla en un abrazo. "Todo es por ti." Le dijo al oído en italiano, tomando una nueva decisión. "Ragazza, todo es por ti. No te dejaré sola. Te guste o no, voy contigo. Nada de lo que digas me hará cambiar de opinión." Aseguró muy necio y decidido. "¡Ni aunque me succiones la sangre!"

Shiori, quien se había dejado abrazar, de hecho había caído como en un alelado estado catatónico inducido por la cercanía del dorado, reaccionó indignada con esta última aseveración, por lo que de un empujón alejó a Máscara de sí, sujetándole por la solapa. ¿ELLA un vampiro? NI HABLAR.

"No Soy De Esa Clase De Murciélagos." Gruñó enseñándole los dientes. "La Especie A La Que Pertenezco Es Frugívora. ¡No Soy Vampiresa!"

"¿Frugívora? Aah. Por Eso Eres Vegetariana." Se burló Máscara de ella. "Pero tu mamá te obligaba a comer carne." Añadió travieso, apretándole la nariz.

Shiori lo soltó molesta y se puso de pie, alejándose a pisotones hacia el túnel por el cuál habían desaparecido Kanon y Milo. Se la veía más recuperada, más alerta… y contoneaba las caderas. Ahora que Máscara sabía que era una hanyou y que en verdad tenía un lado animal bastante peculiar, se explicó mucha de sus actitudes. El dorado sonrió coqueto y se levantó. Iba a decir algo, cuando vio que su ragazza se ponía en guardia.

Milo, ayudando a Alisa a caminar, y Kanon, aparecieron por el túnel con cara de pocos amigos. Se habían extraviado al volver, por eso la demora en llegar, y para colmo, los portales que el gemelo menor abría, no podían ser utilizados fuera del rango de los siete metros. Kanon se acercó a Shiori y, suavizando el semblante, le dijo.

"Shiori–san, ¿Serías Tan Amable De Llevarnos Hasta Koumori?" Le preguntó con una calma asesina que les hizo tragar saliva a ambos. "Porque Tengo Asuntos Que Arreglar Con Él."

"No Es El Único." Gruñó Milo con el rostro sombrío.

"Entonces andando." Asintió la hanyou. Cruzó miradas con Máscara una vez más y luego se fijó en la dirección contraria. "Es por aquí. NO debería estar muy lejos."

El grupo entonces se puso en marcha una vez más.

Continuará…

Por

Manquehuito (Misao–CG)

Próximo Capítulo: Manitas.

"¿Raro? NAAAH." Respondió a Milo casual. "Es su idioma natal, no es tan raro… a menos que nunca lo hayas escuchado hablando así."

"Da la casualidad que es la primera vez que le oigo hablando así." Reconoció Alisa pensativa. "Me he fijado… que todos ustedes hablan más de un idioma." Añadió.

PS: Creo que ya me rindo. Llego a las 13 páginas me guste o no. Menos mal que no soy supersticiosa o de lo contrario estaría en problemas. Isabella esta perdida, Máscara tuvo un momento Kodak con Shiori, quien se desahogó un poco, Milo y Kanon juntan coraje… todo eso va a la coctelera y tenemos una buena bomba molotov. Por cierto, sería importante que se dieran una vuelta por el blog, sobre todo los que no han leído el manga de Inuyasha, para que ciertas cosas se les aclaren. Jejeje, a ver qué pasa. Faltas de ortografía, de gramática, tipeo y redacción (excepto en el caso de los diálogos de Niké) no son intencionales y si descubren alguna, por favor, sean buena leche y avísenme para poder corregirla, lo mismo si tienen quejas o críticas respecto de la historia, para poder ver como lo soluciono (en tanto sean educadas y civilizadas) ¡GRACIAS POR HABER LEÍDO EL CAPÍTULO!

Brújula Cultural.

Frugívoros: Comedores de fruta. El principal alimento de los animales frugívoros, como algunas especies de murciélagos y aves, es, como podrán suponer, las frutas.

Otousan: Es del japonés y tengo entendido que significa 'papá'

Taiyoukai: Un youkai, como ya dijimos en capítulos anteriores, pertenece a la mitología japonesa y es una suerte de espíritu sobrenatural con rasgos animales, extremadamente fuerte y que puede optar por querer u odiar a los humanos. Ahora… el que un youkai sea un taiyoukai… quiere decir que es de los más fuertes que existen y dentro de la sociedad youkai, son la clase superior, los nobles. Para más información acceder al blog.

Miko: En la religión Sinto (o Shinto), uno de los principales credos en Japón y de las más tradicionales, una miko es una sirviente de un templo Shinto desde el comienzo del Período Sengoku. Disfrutan de una alta posición social y proceden, en muchos casos, de las mismas familias de los sacerdotes. Antiguamente, las mujeres que tenían trances y transmitían las palabras de un dios eran llamadas miko. Con el tiempo, Después, las miko fueron mujeres jóvenes que atendían los templos. Entre sus roles se incluyen llevar a cabo danzas ceremoniales (miko-mai) y asistir a los monjes en las ceremonias de matrimonio. Actualmente se pueden encontrar a las miko en muchos templos Shinto. Entre sus tareas están asistir a los eventos del templo, realizar bailes, rituales y la adivinación. Su traje tradicional es la chihaya, que consiste en una hakama (falda dividida) de color rojo escarlata, una camisa blanca con hombros sueltos y un tabi. Para más información acceder al blog.

Berserker: Un Berserker era un guerrero vikingo, que combatía semidesnudo, cubierto de pieles. Durante los combates, estos sujetos entraban en trance de batalla, una suerte de frenesí asesino en los que, poseídos por el odio, se convertían en guerreros temidos hasta por sus compañeros, pues no discriminaban entre amigos y enemigos a la hora de matar. Eran insensibles al dolor, e incluso los muy bestia llegaban a morder sus escudos y a echar espuma por la boca (de hecho, se ha dicho que padecían epilepsia). Se lanzaban al combate con furia ciega, incluso sin armadura ni protección alguna… hasta se daba el caso que en sus ansias de entrar en batalla, se lanzaban al agua desde los barcos, ahogándose sin remedio. Se cree que su resistencia e indiferencia al dolor se debían al consumo de hongos alucinógenos. Para más información acceder al blog.