Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen, todos pertenecen a Disney.


XI

El hielo no sólo estaba en su corazón, sino en todo su ser. Y tal parecía así, porque la Reina de Hielo no mostraba ni una sola emoción ante la ceremonia que tenía lugar frente a sus ojos.

Ocultándolo, no sintiéndolo. Por primera vez en su vida, estaba teniendo éxito en lograrlo. Porque sabía que si se permitía sentir y demostrarlo, el muro de hielo que había construido alrededor de su corazón, se derrumbaría estrepitosamente arrasando con todo su ser.

Le estaba resultando casi imposible contener todo el dolor y la tristeza. No había apartado la mano de su pecho ni un sólo segundo. Dolía como nunca antes.

Su fortaleza estaba llegando al límite, pero tenía que resistir. Tenía que hacerlo. No podía permitirse caer. Ese era el camino que había elegido y tenía que llegar hasta el final, así aquello la estuviera matando.

Y lo único que lograba distraer su mente del calvario por el cual estaba atravesando, era Anna. En ningún momento retiró su vista de aquella hermosa pelirroja que tanto amaba.

No dejaba de pensar en lo masoquista que era. Observar a la mujer que amaba más que a su vida, sabiendo que jamás la tendría, era lo único que le daba fuerza y paz, a la vez que una enorme tristeza y dolor.

Sin embargo, la rubia también se percató de que su pequeña hermana había tenido durante todo el tiempo la mirada perdida, como si sólo su cuerpo estuviera ahí, mientras su mente se encontraba muy lejos. Aunque Anna estaba de pie, frente a frente con Kristoff, la reina claramente veía que sus ojos no lo observaban a él. Y aquello no sólo era extraño, sino que tampoco era la forma en la que se comportaría una mujer enamorada. Pero en cambio y de vez en cuando, Anna miraba de reojo justo hacía donde Elsa se encontraba.

De repente, en una de esas tantas veces, sus miradas se cruzaron. Elsa no esperaba aquello, así que se sobresaltó ligeramente. Y después de la sorpresa inicial, la reina se asombró por lo que vio.

La mirada de su hermana estaba inundada de emociones, pero ninguna de ellas transmitía alegría, sino más bien todo lo contrario. Lo que Elsa pudo sentir a través de los ojos de la Anna fue tristeza, miedo, temor y una enorme súplica silenciosa. Parecía un cordero asustado frente a su depredador, incapaz de huir o correr, rogando por ser salvado.

Entonces recordó la pregunta que le había hecho a Anna minutos antes. ¿Acaso no deseas casarte? Y la ausencia de respuesta. Después de haber visto la callada súplica de su hermana, todo tuvo sentido.

Una epifanía cruzó los pensamientos de Elsa... Anna no deseaba todo ésto.

Ambas estaban cometiendo un terrible error.

Y tal verdad cayó con todo su peso sobre la reina. Sintió como su mundo y todas las cosas de las que creía estar segura y convencida se venían abajo, porque lentamente comprendió que más que velar por la felicidad de su hermana, estaba a punto de empujarla al error más grande que podría cometer en toda su vida. Y aquello solo haría a Anna profundamente infeliz, todo lo contrario a lo que Elsa deseaba para su amada hermana.

Mientras la reina se debatía emocionalmente ante ese descubrimiento tan inesperado, Anna simplemente estaba aprendiendo a lidiar con una nueva emoción en su vida, resignación. Y es que la pelirroja nunca se había rendido ante nada ni nadie, jamás se había dejado vencer por las circunstancias, pero ahora, sentía como si una gran loza, imposible de levantar, estuviera sobre sus hombros, como si toda esta situación fuera algo contra lo que no podía luchar. La insistencia de su hermana, la ilusión de Kirstoff, lo que todo Arendelle esperaba de ella. ¿Cómo ir contra todo eso? Pero lo que más la mantenía prácticamente atada a ese matrimonio, era el enorme deseo de Elsa por realizarlo. Anna había entendido que Elsa no quería todo esto, pero entonces... ¿Por qué lo estaba haciendo?

Ahí estaba de nuevo, pensando en su hermana. La única persona que en esos momentos se encontraba en sus pensamientos. No Kristoff. Elsa.

Y pensando en ella, una vez más, Anna trató de huir de aquel lugar, cerrando fuertemente los ojos, pero grande fue su sorpresa al abrirlos esta vez, ya que frente a ella y tan radiante como nunca, vio a la dueña de sus pensamientos. A Elsa.

A la pelirroja se le escapó la respiración, y entonces se dió cuenta que todo era una broma de su mente., porque quien en realidad estaba ahí en ese instante era Kristoff.

¿Por qué veía a Elsa frente a ella? Emociones mucho más intensas que las que había experimentado antes respecto a su hermana confundían aún más a la pelirroja.

Anna giró levemente el rostro y vio a Elsa, ahí, increíblemente hermosa. La adoraba, más que a nadie, de eso no le cabía la menor duda. Y quería estar por siempre junto a ella. Pero en el fondo de su corazón sabía que aquello simplemente no podía ser. No tendría nada de extraño que dos hermanas permanecieran para siempre juntas, pero Anna sentía que no solamente se trataba de eso, sino que había algo más, aunque seguía sin saber qué.

Y en aquel punto, ambas jóvenes luchaban contra emociones nuevas y desconocidas, sabiendo que era necesario tomar decisiones, pero sin conocer cuáles eran las correctas.

Si Anna continuaba con aquello, pensaba que permitiría a Elsa vivir en paz, aunque la misma reina no deseara perder a su hermana, sin embargo por algo la rubia había decidido cerrarle las puertas otra vez. Quizás Anna había hecho algo terrible, sintiendo como si fuera su propia culpa el hecho de haber alejado a la reina. Sentía como si Elsa sufriera ante su cercanía y sólo había una manera de terminar con aquello, alejarse de la reina y estar con Kristoff, así la misma Anna fuera completamente infeliz.

Si Elsa dejaba continuar aquello, entregaría a su hermana a un matrimonio sin amor, y la pelirroja no merecía eso, la sola idea de su hermana viviendo una mentira, le rompía el corazón. Pero si no lo hacía, aquello signficaría que Anna permanecería junto a ella. Sí, quizás la pelirroja sería mucho más feliz, pero entonces... entonces... Elsa en cualquier momento podría hacer algo de lo que se arrepentiría para siempre... y sin lugar a dudas causaría un daño mucho mayor a su hermana.

Y ante la indecisión que las atormentaba, ambas pensaron que el mejor camino sería aquel en el que la otra no resultara herida.

El momento crucial se acercaba. La ceremonia estaba a punto de concluir. Era ahora o nunca.

Anna ya había tomado una decisión, haría un sacrificio con tal de hacer feliz a su hermana.

Elsa también ya había tomado una decisión. Y no dudaría en ejecutarla.

Sabía que Kristoff la odiaría, y no podría culpar al noble chico. Quizás la misma Anna también la odiaría, por jugar de esa forma tan cruel con ella. Sabía que las habladurías de los nobles no cesarían y que la noticia de que la propia reina había impedido la boda de su hermana se extendería por todos los reinos, inclusive los más lejanos, pero no importaba.

Ahora más que nunca, poco le importaba lo que la gente fuera a decir. Lo único que importaba era la felicidad de Anna y la misma Elsa no podía permitirse entregar a su hermana a un hombre que ella no amaba.

Sin embargo, la Reina de Hielo se sintió la peor persona del mundo cuando se percató de que la idea de impedir ese matrimonio le daba esperanzas. Esperanza de ser ella la que estuviera con Anna. Y el sentir aquello, el dolor en su pecho cedió un poco.

Entonces Elsa se preguntó si lo que hacía era por Anna o por su propio egoísmo. Una imagen mental de ella misma abrazando a Anna y poseyendo sus labios cruzó sin advertencia sus pensamientos. Y la simple idea la llenó de horror. Sus propios deseos, tan incontrolables como eran, le hacían sentir pánico. Aquellos sentimientos indebidos no hacían más que crecer y Elsa no dejaba de flagelarse emocionalmente por ello. La Reina de Hielo debía matarlos, destruirlos, arrancarlos de su ser. Y entonces tomó otra decisión.

Una vez concluido todo, Elsa se alejaría para siempre. Dedicaría su vida a gobernar Arendelle, a reuniones incesantes, largos viajes, horas de encierro en su estudio y nada más que a eso. Y aunque entendía que causaría una gran tristeza en Anna, sabía que esa era la única forma de mantenerla a salvo de ella misma, porque Elsa solo se veía como alguien capaz de causar un daño irreversible a su hermana. Su corazón gritó en agonía y el dolor volvió con mucha más dureza que antes. La Reina de Hielo contuvo un gemido de dolor, se llevó nuevamente la mano al pecho y la aferró con todas sus fuerzas, como si tratara de mantener en una sola pieza su ya destrozado corazón.

Pero aún así, ante las protestas de su propia alma, haría lo que tenía qué hacer.

"Bien, entonces, si hay alguien que se oponga a esta unión..."

Las palabras por fin fueron dichas. Y con toda la calma, la fortaleza y la templanza que pudo reunir, a pesar del dolor insoportable, la Reina de Hielo se puso lentamente de pie. Aquel movimiento totalmente inesperado de la rubia captó por completo la atención de Anna, que poco a poco giró su rostro hacia Elsa con una expresión sumamente atónita, por lo que sólo atinó a abrir de par en par los ojos al entender lo que su hermana estaba a punto de hacer. No podía creer lo que estaba viendo, era lo último que hubiera esperado presenciar aquel día. No sabía si era otra mala broma de su imaginación, así que cerró fuertemente los ojos y se obligó a mirar de nuevo, sin embargo esa imagen seguía ahí. No era su imaginación, aquello realmente estaba pasando.

Kristoff se percató de que algo muy importante había capturado la atención de Anna y lentamente había comenzado a girarse para ver lo que estaba ocurriendo. Uno a uno, los nobles que se encontraban más cerca de la reina igual comenzaban a percatarse de lo que estaba sucediendo.

Ya no había vuelta atrás.

Y una vez estuvo de pie, la reina reunió el suficiente aire en sus pulmones para que su voz fuera escuchada por absolutamente todos.

Sin embargo, las palabras jamás dejaron sus labios...

Un enorme estruendo se escuchó por todo el lugar, sacudiendo el templo hasta sus cimientos.

Y la expresión inicial de temor de todas las personas ante semejante explosión, fue transformada por una de horror cuando escucharon el repiqueteo de las campanas y los gritos de pánico de los guardias del palacio a lo lejos.

"¡Nos atacan! ¡Nos atacan!"

Continuará...


Bueno, he aquí el inicio del punto de quiebre, creo que no muchos se esperaban el final de capítulo, quizás se esperaba que Anna se arrepintiera, que Elsa lo impidiera, y al final terminó pasando algo completamente inesperado, pero bueno, así estaba planeado desde el principio.

Muchas gracias a todos por sus reviews, favs y follows, en verdad me animan a seguir.

¡Saludos!