Capítulo 12: Soñadores

La vida se había convertido en un maravilloso sueño del que nadie quería despertar.

Habían pasado pocos días desde la huída de la joven pareja, según se hablaba en las afueras, los habían visto partir hacia el norte, pero nadie estaba completamente seguro.

También se habían oído rumores de que el antiguo prometido de la joven había ofrecido una gran suma de dinero a cambio de cualquier información sobre el paradero de la pareja fugitiva, pero para suerte de los amantes, nadie quiso delatarlos.

Al pasar los días las ansias de Houyo por encontrar a Kagome iban aumentando, al igual que su odio por Inuyasha.

-¡malditos sean ambos!

Aun no podía creer que la mujer que mas amaba, por la cual habría hecho cualquier cosa se hubiese marchado con otro, por ella hubiese puesto el mundo a sus pies… y ella se había ido con un don nadie. Pero no se daría por vencido, por nada del mundo dejaría que su historia tuviera un final feliz, nada lo detendría para que Kagome fuera su esposa.

Vio en un rincón a su hermana Kikyo, y en sus ojos vio el miedo que le profesaba, de todas formas y a pesar de todo ya se estaba gestando un plan para separar definitivamente a la pareja.

Sin embargo sus maléficos planes fueron interrumpidos por la repentina aparición de su abuelo dentro de su tienda, con un ligero movimiento de cabeza hizo que Kikyo se retirara del lugar, al parecer esta iba a ser una seria conversación.

-¿sucede algo malo abuelo? ¿Acaso es su salud?

-no vengas con hipocresías, se qué esperas con todas tus fuerzas que yo muera para así poder tener el control sobre el clan

-no entiendo porque dice eso abuelo- pero era cierto, esperaba pacientemente desde hace tiempo, pero su paciencia se estaba acabando.

Sin más rodeos su abuelo le dio la noticia que pondría a su nieto como loco, pero… era por un bien mayor

-nos iremos- el color abandonó el rostro de Houyo, al igual que toda expresión, hubo un incómodo silencio y después el ya esperado inicio del conflicto

-¿Cómo que nos iremos? ¿A qué te refieres?

-permanecimos en este pueblo debido a tu matrimonio, y como la novia decidió marcharse con el hombre que verdaderamente amaba ya no tenemos motivos para seguir aquí, así que es mejor que empieces a empacar tus cosas ya que partiremos pronto- el anciano Myouga había dado su última palabra, pero de todas formas ya esperaba la respuesta que le iba a dar su nieto

-yo no iré a ninguna parte- si, justamente esa

-no seas terco muchacho y obedece, ya no tenemos nada que hacer aquí, nuestra gente es nómada y a menos que tengas un muy buen motivo nos iremos de aquí dentro de poco

-entonces se irán sin mí, yo me quedaré a esperar a Kagome, ella algún día tiene que volver, igual que el bastardo que se la llevó

-¿siquiera sabes quién es él?- claro que no lo sabía, pero Myouga pensó que así sería mejor, el saber la verdad solo le daría más razones para creer que debía separar a Kagome de Inuyasha.

-es solo un bastardo que me robó a la mujer que amo, un pobre diablo que no vale nada, es eso y nada más, no me iré de aquí sin Kagome

-solo una cosa te advierto Houyo, mientras estés en este pueblo dejas de ser mi nieto, cuando recapacites y vuelvas, serás de nuevo el príncipe heredero de nuestra gente

-como quieras, si así lo quieres entonces volveré cuando solucione el problema que tengo aquí

Dejando al anciano sorprendido Houyo salió de la tienda directo al pueblo, necesitaba mucha información y el tiempo era crucial.

Para los amantes fugitivos las cosas no podrían ir mejor, a pesar de que debían trabajar casi todo el día y terminaban exhaustos la recompensa venía en las largas noches que dormían abrazados y también haciendo otras cositas.

Ahora mismo acababan de hacer el amor, ambos ya estaban adormilados y empezaban a caer en la inconsciencia, pero en eso Kagome se recostó contra el pecho de su amado e Inuyasha la miró directamente a los ojos.

-¿Qué sucede Kagome? ¿Hay algo que te preocupe?

-no exactamente, al menos estoy más tranquila al saber noticias de mi hermano

-lo cuidarán bien en el lugar donde esta… pero… ¿no es eso verdad?- dijo mientras jugaba con uno de los mechones azabaches de su cabello

-la verdad es que tengo una rara sensación en la nuca, pero no sabría decir si es buena o mala, Inuyasha, ¿en verdad es seguro volver ahora?

La preocupación en sus ojos la conmovió, cuan hermosa era, ella se merecía lo mejor

-Sesshoumaru me dijo que los gitanos ya se fueron, ahora al fin es seguro volver, ya no tienes de que preocuparte

-gracias, necesitaba oír eso- se recostó en su pecho para comenzar a soñar con el largo día que les esperaba mañana, ya estadía lejos del caos le había servido para relajarse, pero ya era tiempo de volver a la realidad, y comenzar una nueva vida.

A la mañana siguiente, tal y como lo habían previsto partieron rumbo al que volvería a ser su hogar.

-Kaori ¿Cuántas veces te he dicho? Debes guardar reposo

La esposa de Zenki no estaba bien, hacía algunas semanas que debería haber dado a luz, pero por alguna razón el bebé aun no quería nacer, lo cual los tenía a ambos preocupados, pero en especial a Zenki que la cuidaba día y noche.

-cálmate amor, estoy bien… este bebé solo está tardando un poco más en nacer… recuerda que Totousai dijo que si en tres días no había señales de un parto me iban a practicar una cesárea… Zenki, sea como sea este bebé va a nacer y ambos estaremos bien, ya lo verás.

Sin pensarlo dos veces la acercó hasta si la aprisionó en un cálido abrazos el cual lo ayudó a deshacerse de todos sus miedos. Pero de todas formas no iba a permitir que nada malo le pasara, y si era necesario la vigilaría día y noche para evitar que se levantara de la cama.

También pensó en su hermano Inuyasha, quien hasta ahora no había dado señales de vida, pero como ya tenía entendido regresaría dentro de los siguientes días.

-por favor descansa amor- le rogó a su esposa.

¿Quién era ella para no dar atención a esa muestra de amor? Siguió abrazada a él, y con sus manos comenzó a acariciar su espalda para luego dejar un tierno beso en su mejilla.

-si te hace feliz entonces lo haré

-gracias- la acompañó hasta la cama, y ahí la mantuvo abrazada hasta que se quedó profundamente dormida, y mientras lo hacía envió en voz baja al cielo una plegaria-… por favor Inuyasha… vuelve pronto… todo va mal sin ti aquí.

Más allá de las fronteras de los mundos, un lugar donde solo aquellos inmortales pueden habitar es donde ahora se encontraban los avatares, ambos, ahora únicos regentes del destino luego de que Inuyasha desertara.

-las cosas no están saliendo bien, los dioses empiezan a sospechar- dijo Kouga, quien ya empezaba a impacientarse, miró al anciano que se encontraba a su lado, esperando que hiciera algo para ayudar a solucionar este problema, pero conociéndolo de tanto tiempo lo dudaba

-ten fe Kouga, el muchacho lo logrará, ya solo faltan unos días y estará a salvo definitivamente.

-más le vale, nos estamos arriesgando demasiado por él, además… debe saber apreciar el gran regalo que le diste

-no sé de qué me hablas Kouga- el anciano le dio la espalda al muchacho, dando por terminada la conversación… pero Kouga no, no se daría por vencido, quería que él reconociera el peligro en el que se estaban viendo envueltos.

-lo sabes muy bien… vamos… hemos sido amigos desde hace mucho tiempo, puedes confiar en mi… tienes que decirme si le diste a Inuyasha tu pase de libertad

-Inuyasha solo sabe lo que tiene que saber, el plazo se cumplirá dentro de pocos días

Correcto, aquello le decía a Kouga todo lo que necesitaba saber, vio a su antiguo amigo y no supo que decir, era algo muy noble lo que había hecho, noble y también estúpido, lo que había entregado era por lo que había luchado toda una vida.

-no puede ser… ese era tu pase de salida de aquí

-lo sé Kouga, pero si volviera lo haría como un anciano, además allá afuera no hay nada para mi, todo lo que tenía lo cambié por esto hace miles de años.

-no lo puedo creer Inu, sabes que siempre has sido mi mejor amigo, y si Inuyasha supiera lo que su tátara… varias veces abuelo ha hecho por él también te lo agradecería… amigo mío lo único que espero es que el tiempo pase rápido e Inuyasha logre quedarse para siempre allá, sino… no quiero pensar en las consecuencias si llegan a descubrirnos antes de que se cumpla el plazo.

-la muchacha que Inuyasha escogió como compañera tiene un gran corazón, si las cosas se dan como hasta ahora, dentro de unos días ya no tendremos de que preocuparnos

-más nos vale que tengas razón…

-la tengo, al final ellos terminarán juntos, e Inuyasha será libre.

Al día siguiente, para cuando dieron las tres de la tarde Inuyasha y Kagome ya estaban de vuelta en el pueblo, y ambos fueron informados de lo sucedido durante su ausencia. Pero fue Miroku quien le dio la peor de todas estas.

-Houyo aún sigue aquí, al parecer ese sujeto nunca se da por vencido

-las cosas no podrían ir mejor- dijo Inuyasha con sarcasmo, sinceramente esta no era la mejor noticia con la cual ser recibido, miró a Kagome, en si no lo demostraba, pero él sabía que en el fondo tenía miedo, y el estaba dispuesto a acabar con todo eso- no… esto se acabó, iré a buscar a ese tipo y dejaré las cosas en claro ¿alguien sabe donde esta?

-¿dejar las cosas en claro? –Dijo Sango con asombro- tú no eres alguien de palabras

-en el lenguaje de Inuyasha significa que lo golpeará hasta hacerlo entender

-¿alguien siquiera me está escuchando?- mencionó de pronto Inuyasha, sintiéndose algo invisible

-bien… por lo que sé- comenzó a decir Sango- él y su hermana Kikyo se están quedando en las afueras, en esas casas que están abandonadas, no muy lejos de aquí en realidad.

-muy bien, iré ahora mismo… y les pido que cuiden a Kagome

-por mí no te preocupes Inuyasha, yo estaré bien, necesito ir a ver a Zenki y me gustaría que Sango me acompañara

-¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?

-no Inuyasha, es solo que necesito hacerle un par de preguntas, no tienes de que preocuparte

-entonces está decidido Inuyasha, y para que no tengas de que preocuparte, yo también las acompañaré

-gracias, entonces nos veremos más tarde.

Kagome vio como se marchaba, al fin habían vuelto a casa, y muy pronto toda su familia estaría reunida, volverían a estar juntos.

Con una gran sonrisa en el rostro partió rumbo al pequeño hospital del pueblo, esperaba que este fuera el día más feliz de su vida.

Unas horas más tarde el que creía como su mejor día se convirtió en su peor pesadilla… allí en frente de sus ojos estaba el hombre que había amado más que nada en todo el mundo besándose apasionadamente con otra.

-Inuyasha y… Kikyo

Dándole a ella los besos que habían sido su perdición… una vez más todo en su vida se derrumbaba, pero ahora el golpe había sido más duro.