Narcisa estaba al lado de Draco, no fue llevado a la enfermería sino a los aposentos que compartía con Harry.

Ahora estaba durmiendo, y ella no dejaba de pensar en el sufrimiento que estaba por venir. Severus y ella lo sabían, pero no habían esperado que fuera tan pronto.

Se sentía tan culpable, culpable por no proteger a su propio hijo como toda madre debía hacer. Culpable por aquellas medidas desesperadas que habían tomado. Culpable por ser la culpable de tanto sufrimiento. Culpable por estar allí y no poder dejar de pensar en dos chicos pelirrojos.

La habían interceptado cuando iba a su habitación a vestirse y empacar algunas cosas.

La habían acorralado entre los dos, solo unos niños pero una cabeza más altos que ella, dos pares de brazos que la acercaron a ellos y la besaron.

No era el momento, no cuando su hijo había sufrido una crisis en su magia.

Se sentía culpable porque se dejó besar, porque se aferró a ellos y eso estaba mal.

—Vuelve.—Le pidieron con una sola voz. Y su mente era incapaz de abandonarlos a pesar de no ser nada suyo.

Fuera de esa casa, fuera de su reclusión todo era tan absurdo, ¿es que se había vuelto loca?

—Harry—escuchó que susurraba en sueños su hijo mientras iba despertando poco a poco.

Harry se había ido con Severus por petición de este. El rostro del muchacho era de auténtica preocupación, la conversación que había mantenido con su hijo la noche anterior le dejó claro que Draco comenzaba a sentir algo muy fuerte por él.

Se alegraba por ello, a pesar de todo, de la rigidez en su educación, de su capa de frialdad, a pesar de haberse unido a él para protegerlo. Que el amor pudiera surgir entre ellos era algo que no habían barajado. Algo demasiado bueno en ese escenario tan desolador en el que se habían movido.

Pero también vio como la máscara que ella misma le había enseñado a armar a Draco caía. Mostrándole a un ser herido tan profundamente que se creía indigno de recibir cualquier tipo de amor.

Esa esperanza que había visto en el fondo de sus ojos cuando había hablado de Harry, pequeña pero constante, hoy había desaparecido. No sabía si había sido por el embarazo o algo más que hubiera sucedido. Pero Draco parecía completamente diferente a la noche anterior.

—Fue con Snape a elaborar una poción que pueda ayudarte con el bebé.—No iba a volver a mentir a su hijo. —¿Ha pasado algo?

La mirada esquiva le dejaba claro que sí, había pasado algo. Pero también que Draco no iba a hablar, cuando la puerta se abrió y apareció Harry, el ambiente se podía cortar con un cuchillo.

Era reacia a dejar a Draco solo, se le notaba incómodo en presencia de Harry. Algo había pasado, y la cara de culpabilidad, no solo de preocupación, era manifiesta en el moreno.

—Draco—susurró—, necesito hablar contigo.

Un leve temblor en el cuerpo de su hijo y Narcisa no pensaba moverse de allí.

—Madre, por favor, déjanos solos—pidió sin mirarla.

—Draco...—Preocupada acariciaba su hombro.

Pero su hijo no volvió a hablar solo se dedicó a alisar una y otra vez una pequeña porción de sus sábanas.

Ella se levantó de la silla que había ocupado desde que llegara. Y miró con recelo a Potter, pero él no la miraba, estaba completamente concentrado en Draco.

—Cuidado.—Fueron las palabras que susurró al estar a su lado, era una amenaza pero también era una súplica.

Cerró la puerta tras ella, Draco no solo necesitaba su magia, necesitaba quererse y que ese chico le correspondiera.

o0o

Severus estaba elaborando pociones para Draco, las había estudiado, las tenía clasificadas para cuando llegara el momento. Pero el momento se había adelantado demasiado. Sabía que el bebé tendría que ser prematuro, pero aquello era inviable. Tenía que aguantar dentro de Draco dos meses más, como mínimo.

Y necesitaba a Potter como fuente extra de magia.

Se había llevado al muchacho de allí, no solo porque iba a necesitar una muestra de su sangre, y de su magia. Sino porque el nivel de ansiedad dentro de la habitación era elevado, eso no iba a ayudar a Draco en nada.

Quizás otro motivo extra era que sin Potter de por medio la tensión en ese laboratorio podía acabar en sangre, no le cabía la más mínima duda.

Y temía que iba a ser la suya. Cuando Black le besó, o quizás fuera más preciso decir cuando le atacó con su boca, aquello ascendió a problema grave.

Severus odiaba a Black, por quién era, por quién había sido y por a quién tenía. Y esa persona estaba allí, más peligroso que los otros tres magos juntos.

Un hombre lobo marcando su territorio no era algo que desdeñar, y él lo había hecho, olvidando que con quien se había acostado era con su amor platónico. Una parte de él se había regocijado.

"Estúpido, ¿por qué me dejaste para ir a rondarle a él? ¿A alguien que nunca te valoró y te dará lo que yo puedo darte?"

Esa había sido la idea, pero un sentimiento de culpa, tan diferente al que había cargado por años, llenó ese regocijo inicial.

Severus no deseaba ningún mal a Remus, nunca se lo había deseado.

Remus lo sabía, no le cabía la más mínima duda, y aunque ahora parecía calmado, no había sido así cuando Sirius había estado en la habitación.

Ahora Remus y él estaban solos, trabajando en la poción. Harry se acababa de marchar y parte de la tensión había vuelto.

Ningún momento iba a ser bueno, pensó. Quería sacarlo, solo centrarse en Draco.

—Remus—inició una de las conversaciones más complicadas de su vida. Era un espía, el doble juego era su arte, la ambigüedad. Por lo que una verdad completa era más difícil de sacar.

—Lo sé.—Fue la contestación escueta del castaño—Hueles a él... sigamos con la poción, todo está bien.

Hubiera sido creíble si el cuchillo en su mano no estuviera clavándose en la tabla, si le estuviera mirando y si alguna de esas palabras hubieran sido ciertas.

Remus tendría olfato pero él tenía talento para detectar mentiras. Dejó lo que estaba haciendo lanzando un hechizo para que la poción se removiera sola.

—No volverá a pasar—aseguró, pero lo que menos esperaba era aquella sonrisa torcida, no en Remus.

—Pasará, créeme.—Y siguió cortando, más tranquilo de lo que lo estaba Severus.

No pasaría, nunca más. Aquello no había sido nada, un tipo diferente de discutir, pero no diferenciaba algo entre ellos.

—No...

No pudo acabar su frase cuando la puerta se abrió, Black entró más rápido de lo esperado.

—Harry se ha ido—dijo molesto Severus, no lo quería allí. No valía de nada allí. Y Remus volvía a estar tenso—. Vete.

—Está con Draco, y no voy a ir a ningún sitio.—Siempre desafiando, siempre queriendo imponer su opinión como si a alguien le importara.

—Fuera de mi laboratorio—dijo tan enfadado que el caldero dejó de ser removido por su magia.

—Si él se queda, yo me quedo—desafió, pero ya no le miraba a él sino a Remus. Era del todo incomprensible y Severus no estaba para chiquilladas.

—Black, eres imbécil, esto es importante...

—Me iré—dijo a su espalda Remus—. Lo que queda por hacer no necesita de mi presencia.

Severus ya no sabía de qué estaban hablando, pero no quería que se fuera. Prefería a un hombre lobo furioso, que a Sirius Black de nuevo.

Cuando ambos amigos ocuparon el mismo lugar, Severus, por primera vez se dio cuenta que la tensión no era para con él. Era entre ellos, era algo de lo que estaban hablando sin palabras. Y Remus perdió, aquello le molestó.

Remus no merecía perder ante Black, fuera lo que ambos estuvieran luchándose.

Cuando se fue por primera vez vio algo que nunca había visto en el moreno. Arrepentimiento, incluso dolor. Pensó que iría tras su único amigo vivo. Pero el hombre se recompuso y volvió a mirarle.

Le sostuvo la mirada largo rato. Pensó que le diría algo, podía notar cómo las palabras estaban en sus labios contenidos. Pero se giró y se fue.

Severus respiró aliviado, un único pensamiento cruzó su mente. Si se hubiera acercado hubieran sido sus labios y no sus palabras las que le hubieran atacado. Y eso empezaba a ser peor que cualquier enfrentamiento que hubieran tenido antes. Porque Severus lo deseó.

Volvió a sus pociones, a Draco y a su soledad. Fuera de Black, fuera de Lupin, fuera de todos.

o0o

Harry le estaba mirando y Draco aunque este estuviera más pendiente del doblez de la sábana notaba sus ojos sobre él.

El silencio era espeso, quería verle y a la vez ojalá no tuviera que verlo más.

Pero estaba allí, y por lo que él llevaba dentro no iba a irse de su vida con facilidad.

—Lo siento.—Fueron las palabras que escuchó, pero no fueron suficientes para que levantara la mirada.

Era estúpido, tendría que volver a mirarle cuando le diera su magia. Cuando quisiera de él lo que le había dejado claro la noche anterior.

Sus manos temblaron sobre la tela blanca.

—Draco, lo siento—volvió a repetir. Oía la culpabilidad en su voz, pero Draco era incapaz de alzar los ojos, perdido en un recuerdo, uno que le hizo sentir insignificante. Una brizna de esperanza destrozada entre los dedos de otra persona.

Una y otra vez, entre los dedos de su padre cuando abrió la puerta de los aposentos de Voldemort, cuando este lo acarició haciéndolo sentir sucio como nunca antes. Cuando su padre no escuchó sus súplicas, cuando desesperado cedió al plan que ahora le hacía llevar a un ser dentro de sí. Cuando Harry Potter, ese que ahora le pedía perdón, le había hecho comprender que nada cambiaría y él lo había aceptado.

Y aquella aceptación quemaba en su interior, roto y sujetando los pedazos que quedaban. No quería mirarle pues no es que no confiara en Harry, es que no confiaba en que sus ojos no le traicionaran y mostrara todo el dolor que traía dentro.

¿Perdonarle? ¿Qué se suponía qué debía perdonarle? Harry había dicho en voz alta lo que él había imaginado, ni más ni menos. Pero aún así, dolía, mierda. Draco quería más, y no era algo que en su pasado hubiera ansiado. No era su poder, incluso su respeto. Era esa otra cosa que llevaba días sintiendo cada vez más fuerte.

Cuando decidió mirar a Harry, su rostro era de completa angustia.

—Lo que dije anoche, lo dije movido por la estupidez, por querer algo de ti que quizás no puedas darme. Fui cruel, fui mezquino y disfruté siéndolo.—Harry no hablaba, Harry vomitaba desde su interior—Y me di asco a mí mismo. Nunca imaginé que pudiera ser capaz de eso, no tenía derecho, Draco. Nunca más haré algo así.

¿Asco de sí mismo? Conocía esa sensación a la perfección.

Le miraba cada vez más cerca, Harry tenía unos ojos verdes tan expresivos que la angustia los transformaba, era sincero.

—¿Qué es lo que quieres de mí?—Una idea, un cabo suelto al que agarrarse.

Las mejillas de Harry enrojecieron y Draco, a pesar de todo se sorprendió. Lidiar con todo esto le estaba costando. Se sentía agotado, triste y esperanzado.

—Más.

—¿Más qué?

—Más de ti.

Draco desvió la mirada, quizás no quisiera escuchar a qué se refería. Pero Harry no se iba a ir, esa había sido la idea desde el inicio. ¿Su trampa iba a ser su condena?

—¿Podríamos empezar de nuevo? ¿Podríamos tratar de ser amigos?—pidió el moreno.

¿Amigos? ¿Por qué lo sintió como un golpe? Recordaba cuando quiso ser su amigo, pero ahora se dio cuenta de que eso no bastaba.

Harry estaba a su lado y él de nuevo enfocado en las sábanas.

¿Amigos?

—Te usé—se sorprendió diciendo. Pero odiaba la situación, ¿amigos? Él había engañado a Harry desde un inicio y este le ofrecía su amistad. Ese era uno de los puntos que le hacían saberse indigno de él.

—Lo sé.—Se sentó al borde de la cama.

—¿Y ya está?—Draco no era bueno disculpándose, solo había aprendido a atacar en su vida.

—No podemos cambiar el pasado.—Se encogió de hombros.

—Eres imbécil—bufó molesto.

—Bastante—sonrió cabizbajo Harry.

—¿Yo te engaño, te hago casarte, ser padre contra tu voluntad... te uso para protegerme... y tú ¿me perdonas?

Draco no podía entenderlo, pero no significaba que no quisiera que Harry dijera a todo que sí.

Este lo miraba, parecía triste pero aún decidido. Un mundo entre ellos, un mundo entre su mente y la de Harry. Un mundo de incomprensión.

—¿Por qué?—Esa era la pregunta que se había hecho desde el principio. Más allá del deseo que vio aquella primera noche es su mirada, en sus manos. Más allá de las noches que habían compartido desde entonces. ¿Solo era su famosa nobleza? ¿Solo Harry Potter salvando a alguien como siempre hacía?

En ese ¿por qué? Habían implícitos más sentimientos de los que era capaz de preguntar.

—No puedo culparte—contestó Harry—. No digo que yo lo hubiera hecho así—Alzó una ceja—, pero sí, conozco la desesperación por huir de algo, sé el dolor de ser usado y denigrado a algo que no crees merecer. ¿No suele decirse que las cosas no son como empiezan sino como acaban?

Draco le miraba, en sus palabras había dolor, un recuerdo del pasado. Se dio cuenta que en realidad conocía poco de esa persona de la que había estado obsesionado desde antes de conocerse.

—¿Crees que podríamos ser amigos? Ser desde este momento sinceros el uno con el otro—pidió de nuevo.

Sinceros, si tuviera que ser sincero tendría que abrir su corazón, su alma, y esta estaba tan rota que temía ponerla en otras manos. ¿Pero, qué opciones tenía? ¿Qué opciones quería? Aquel chico que salvo la noche anterior solo le había ayudado desde que todo aquello empezó, que le pedía algo que siempre había anhelado. ¿Sería suficiente? Algo le decía que no, pero que de momento era algo que podía manejar.

Asintió, un sí que no había llegado a dar en toda su vida, tan distinto a aquel en el que habían comprometido sus vidas y sus magias. Un sí diferente y lleno de un nuevo significado.

En ese momento llamaron a la puerta rompiendo la atmósfera íntima que se había creado.

Antes de abrir, Harry se acercó a él y besó su mejilla. Un gesto pequeño, nada comparado a lo que habían compartido antes, un gesto de cariño, un gesto de perdón. ¿Amigos? Sí, quería ser amigo de Harry Potter.

o0o0o0o0o0o

Me hace tan feliz que sea miércoles y que haya actualización ^^

Hasta la semana que viene.

Shimi.