El gran baile

Emma observaba a su bella y amada morena dormir como una "princesa", tranquilamente, aferrada a sus brazos, mientras acariciaba sus cabellos negros.

«¡Buenos días, mi amor!» dijo la rubia al ver que su amada despertaba lenta y refunfuñando.

«¡Buenos días…!» respondió Regina alzando lentamente los ojos y apretando sus brazos todavía más alrededor de Emma.

«¿Dormiste bien?» preguntó la rubia besando su cuello suavemente. En respuesta recibió varios suspiros y una mano en sus cabellos que atrajo su cara hacia abajo para besarla apasionadamente.

«¡Como nunca había dormido…!» respondió la morena separándose para recuperar aliento «¡Oh, Dios mío, espera! ¿Ya amaneció?» preguntó mientras se levantaba y se sentaba mirando hacia fuera de la "tienda"

«¡No…todavía no, amor! No te preocupes…regresaremos antes de que el sol salga…»

«Pero ya casi está amaneciendo…tengo que irme…no puedo arriesgarme, Em…» dijo Regina mientras se levantaba para salir, pero sintió dos firmes manos en su cintura, empujándola de vuelta hacia abajo, y quedando encima de ella.

«No…quédate conmigo…solo un rato más…déjame sentir tu cuerpo pegado al mío solo unos minutos más…por favor…» suplicó Emma mirándola apasionadamente

«Em»

«¿Qué pasa, Re…?»

«¡Te amo…!» Al oír eso, la rubia la besó vorazmente, comenzando de nuevo el duelo entre sus lenguas, en mitad de apasionados suspiros. Rápidamente, Regina invirtió las posiciones, quedando encima y besó toda la extensión del cuello de su amada hasta llegar a sus pechos y devorarlos como lo hiciera horas atrás, haciendo que Emma gimiera intensamente. Después volvió a sus labios, y se quedaron devorándose sus bocas unos minutos más, hasta que la morena encajó sus cuerpos, y comenzó a moverse encima del sexo de su rubia, provocando que ambas gimieran alto y fundieran sus bocas mientras se movían en sincronía.

«¡Em…ma!» gimió Regina separándose escasos milímetros de su boca para recuperar aire «¡Sé solo mía!»

«¡Yo ya…soy…comple…tamente tuya!» respondió Emma en mitad de besos y sensaciones inmensurables «¡Te…amo!» dijo de nuevo mientras sintió sobrevenirle un intenso orgasmo, acompañada de su morena.

En seguida cayeron sobre las sábanas, sudadas y agarradas, una encima de la otra.

«Mi amor…tengo que irme…» dijo Regina mientras recobraba su respiración

«Está bien…ahora puedes irte…» dijo Emma en tono guasón

En respuesta, la morena sonrió, se levantó y comenzó a vestirse, mientras, su rubia observaba toda la escena con mirada encantada. Después, ella también se vistió y salieron de la "tienda" de manos dadas, sin dejar de sonreír un minuto. Al llegar a las cercanías del riachuelo, se miraron apasionadamente y se abrazaron con todas sus fuerzas.

«¡Anoche fue el mejor momento de mi vida…mi amor!» dijo Regina apretando más el abrazo

«¡Aunque pasasen un millón de años, también diría que fue el mejor momento de mi vida…amor!» respondió Emma separándose un poco, solo para encontrar los labios de la amada y besarlos apasionadamente.

«¿Estarás aquí mañana, verdad?» preguntó la morena separándose unos centímetros

«¡Siempre!» respondió y ambas enseguida sonrieron ante la ironía.

«Hasta mañana, rubia linda…» dijo Regina besándola de nuevo y subiendo a su caballo

«Hasta mañana, morena perfecta…» respondió Emma sonriendo y viendo a su amor desapareciendo sobre su caballo rumbo a su casa. Rápidamente ella hizo lo mismo.

No podían sentirse más felices, más amadas, más enamoradas, tan seguras de que se amaban incondicional e intensamente con el más ferviente amor verdadero. Durante todo el camino pensaron en la noche que acababan de tener y sonreían recordando cuánto se amaban, y eso solo sería el comienzo. Tan pronto como Emma llegó a casa, vio que todos todavía dormían, ya que solo ahora estaba empezando a amanecer, entonces se dirigió lentamente a su cuarto y se acostó en su cama sin parar de pensar un minuto en su amada. Sus cabellos, sus curvas, sus besos, su nuca, su cuerpo entero, sus gemidos, su sudor mezclándose con el suyo, las salivas haciendo lo mismo…resumiendo, no conseguía dejar de pensar en cada detalle de su morena mientras intentaba dormir para recuperarse del maravilloso cansancio que le dejó la noche, y solo un rato después, consiguió dormirse por unas horas.

Hasta que su madre llegó invadiendo su cuarto diciendo que necesitaban levantarse más temprano para prepararse, y estar perfectas en el gran baile. Después de remolonear, se levantó y fue a ayudar a Snow con los vestidos y accesorios que iban a usar.


En cuanto a Regina, ella llegaba discretamente a la puerta del castillo y se asustó al ver la escena que tenía delante. Todo el castillo estaba arreglado y adornado, centenares de empleados corriendo de aquí para allá, y su madre caminando en su dirección con una mirada nada amable.

«¿Regina? ¿Dónde estabas?» dijo y en ese momento Regina se quedó petrificada «¡Respóndeme!» ordenó de nuevo

«Yo…yo estaba en el establo…cuidando de los cabellos…no pasé buena noche…así que me levanté antes y fui a cuidarlos…» respondió nerviosa, ya que durmió sí, y perfectamente bien.

«Ya entiendo…estás nerviosa por el baile, querida»

«¡Sí! ¡Es eso mismo! Estoy…nerviosísima…» dijo falsamente

«No te preocupes…le vas a encantar»

«¿A quién le voy a encantar, mamá?»

«¡Al príncipe, claro!»

«Pero, ¿qué príncipe?»

«Oh…¿No te lo he dicho…? ¡El hijo mayor de los Charming! ¡Estoy haciendo esto para que se conozcan!»

«Pero, mamá…¿y si a mí no me gusta él?»

«¿Y quién dice que te tiene que gustar, Regina? ¡Amor es debilidad! Lo importante es el poder que tienen»

«Nunca me casaré por poder, mamá»

«¡Eso no está en tus manos! ¡Ahora ve a lavarte y después pruébate tu vestido!»

Y Regina obedeció. No adelantaría nada discutir con su madre, pero después de eso, su día fue triste, no alegre y maravilloso como había comenzado con Emma, sino con angustia por haberle dicho Cora, aunque con otras palabras, que estaba obligada a que le gustase el príncipe que nunca había visto en su vida, pero ella sabía que jamás iba a gustarle nadie, ya que estaba locamente enamorada de una extraordinaria y hermosa rubia.


«¿Emma? ¡Vamos! ¡Ya es la hora, el carruaje nos espera!» gritó Snow desde la primera planta del castillo

«¡Ya estoy bajando, mamá!» respondió ella, mientras bajaba por las escaleras

«¡Vaya, estás hermosa, hija mía!» dijo ella, maravillada ante Emma

La rubia llevaba un vestido rojo entallado hasta la cintura y de ahí hasta abajo la falda se abría con gran vuelo, sus cabellos recogidos en un moño muy bien hecho, con una raya al lado y algunos mechones caídos, y un labial rojo sangre, del mismo color que el vestido.

«¡Los otros príncipes no van a apartar los ojos de ti!» continuó ella

"Yo solo querría que una persona estuviese allí, y no apartase los ojos de mí…" pensó Emma inmediatamente

«Vamos, vamos, ya es hora…¡estás hermosa, hija!» dijo Charming entrando en el carruaje

«¡Gracias, papá!» respondió ella mientras entraba seguida de Snow y Graham

«Apuesto que en este baile, alguien te pide en matrimonio, Emma, a no ser que ya estés enamorada de otra persona…» comentó Graham

«¿De…de dónde has sacado eso, Graham? ¡Solo voy para ver cómo mi "hermanito" conoce a una hermosa muchacha, y quién sabe, cómo TE casas!» respondió ella en tono irónico, dejando a Graham irritado solo por escuchar la palabra "casar" dirigida a él. Como respuesta, él se calló, solo puso su famosa cara refunfuñada. Emma no hizo caso, como siempre. Solo se quedó mirando la ventana durante todo el viaje y pensando en Regina.

«¡Llegamos!» dijo Charming al cabo de un tiempo. Al mirar por la ventana el camino hasta el castillo, todos quedaron con la boca abierta con la escena. Toda la fachada del castillo estaba decorada, y no hacían sino entrar invitados, como príncipes y princesas, reyes y reinas. Pensaban que iba a ser algo más íntimo, pero parecía que todo el reino estaba allí, esperándolos. Mientras el carruaje avanzaba hasta la entrada, todos miraban y les sonreían, como si fuesen los invitados de honor. Al llegar a la entrada, bajaron y un hombre muy bien vestido avanzó hasta ellos.

«¡Buenas noches, Sus Majestades! Mi nombre es Alfred, soy el jefe de los empleados y estoy aquí para recibirlos» dijo el hombre haciendo una reverencia.

«Gracias, Alfred…estos son mi esposa, Snow White, mi hija Emma, y mi hijo Graham. Yo soy el príncipe James, y estamos aquí para ver a Cora y su familia»

«Por supuesto que sí…es un placer conocerlos. Ahora, síganme…los llevaré hasta ellos»

Y así lo hicieron. Cuando entraron en el castillo, había centenares de personas, todas en traje de fiesta, conversando entre ellos, y la mayoría pararon lo que estaban haciendo para admirar a la especial familia que pasaba. Los Charming eran muy conocidos por todos, desde que el padre adoptivo de Charming y su esposa quisieron arruinar la relación amorosa con Snow, que era una ladrona porque había huido de su malvada madrastra, para casarlo con la princesa Abigail, cuyo padre era el rey Midas, que poseía mucho oro. Pero él no sentía amor por ella y escogió arriesgarse y amar a Snow independientemente de la opinión de sus padres adoptivos, y a cambio su "madre" adoptiva realizó una poción que metió en una manzana que ofreció a Snow. Esta, ingenua, la aceptó y al morderla, cayó en un sueño profundo, que solo se rompió cuando James la besó con un beso de amor verdadero. Y así juntos, destronaron al Rey George y su esposa, y se pusieron al frente del reino, librándolo de las manos maliciosas de los reyes destronados, quedando como héroes.

«Les presento…la Reina Cora, su marido Henry y su adorable hija Regina» dijo dirigiéndose a Charming y Snow que estaban más adelantados, mientras que sus hijos estaban distraídos saludando a los otros invitados.

«¡Es un honor conocerlos!» dijo Cora levantándose de su trono, Henry a un lado y Regina al otro, y caminando hacia ellos.

«¡El placer es todo nuestro!» se pronunció Charming sonriendo acompañado de Snow «Sin duda es mucho mejor conocerlos personalmente que por palomas mensajeras» dijo. Como respuesta, Cora soltó una ligera risa, que pareció más estremecedora que divertida, y fue hasta ellos para saludar a Charming con la mano y a Snow con dos besos en las mejillas.

«¡Muy bello este baile, reina Cora!» dijo Snow después de saludarla

«¡Gracias, querida! ¡Todo esto es en honor a ustedes!» dijo extendiendo la mano, para que observaran «Estos son mi marido, Henry» dijo señalando hacia él, que enseguida se levantó para saludarlos

«¡Es un placer!» dijo él, calmo y sonriente

«Y esta es mi hija, Regina» continuó Cora extendiendo la mano hacia ella, esta enseguida se levantó y fue hasta ellos.

«¡Es un honor, majestades!» dijo ella inclinándose

«El honor es todo nuestro!» se pronunció Snow sonriendo ampliamente mientras avanzaba hacia Regina para abrazarla. La morena se asustó un poco ante el gesto, pero enseguida se lo devolvió «¡Eres mucho más bonita de lo que imaginé!» continuó Snow soltando el abrazo y sonriéndole todavía más. En respuesta, Regina se sonrojó.

«Gracias, Reina Snow»

«Por favor, llámame solo Snow» dijo sonriendo y mirándola con orgullo

«¿Y dónde están sus hijos?» preguntó Cora, curiosa

«Están saludando a los otros invitados…¡Ah, aquí están!» dijo Charming mirando hacia atrás y viendo que se acercaban.

En cuanto se acercan, Emma se quedó petrificada, y abrió los ojos, llena de espanto, al ver a Regina al lado de sus padres y la morena sintió lo mismo, más espantada todavía. Graham viendo y reconociendo que aquella morena era la misma que estaba con su hermana, también se quedó asombrado, y más aún al ver que era la hija de la reina, que hizo todo eso, para que él la conociera.

«¡Es un…un placer conocerlos! ¡Soy el príncipe Graham!» dijo él saludando a Henry y a Cora, y enseguida agarrando la mano de Regina y dándole un ligero beso en la misma, solo para provocar a su hermana. Mientras tanto, una rubia extremadamente furiosa, confusa y asustada, lo observaba todo.

«Es un honor…¡Soy la princesa Emma!» se pronunció la rubia, intentando esconder todos los nervios por ver a su amor ahí delante de ella…¡y lo que es peor! Ella estaba destinada a conocer a su hermano y que se gustaran en aquel baile. Solo de pensar en ello, la sangre de Emma hervía de celos. Saludó a Henry, a Cora, y su corazón disparó cuando quedó frente a Regina, ambas se miraron con un visible asombro en sus miradas. Pero después de unos segundos, la morena la saludó con dos besos en sus mejillas, sin casi prestar atención, ya que ni sentía sus piernas de los nervios que tenía y por miedo a que su madre sospechase algo. Se separaron y entonces Cora habló.

«Espero que les guste mi sorpresa y ¡aprovechen! Después conversamos de "negocios"»

«¡Muy bien, sin problemas! ¡A todos nos encanta! Muy amable por su parte…¡Gracias!» dijo Charming y avanzó hacia los otros invitados, sonriendo y acompañado de Snow.

En medio del gran castillo, había una puerta abierta a través de la cual se veía a varias parejas bailando alegremente, y en cada esquina había mesas con comida, empleados caminando sin parar, de aquí para allá, con prisa, sirviendo a los invitados. Graham, al ver que Regina regresaba al trono, acompañada de sus padres, fue en esa dirección.

«¿Me concedería el honor de este baile?» le preguntó a la morena mientras extendía su mano. Emma lo observaba todo por el rabillo del ojo mientras conversaba con otra princesa invitada, algo separada de allí.

Regina miró a su madre, esperando su "aprobación", y Cora asintió con la cabeza. La morena puso su mano encima de la del príncipe y él la guio hasta el salón principal de baile. Rápidamente Regina se giró para ver donde estaba su rubia, y al mismo tiempo Emma hizo lo mismo. Regina puso cara de "sálvame" y Emma de "¡Si él hace algo, lo mato!"

«¿Está todo bien?» preguntó Graham falsamente, ya que veía a su hermana enfurecida de celos, y a él todo eso le divertía.

«S…sí…» respondió la morena mirándolo y dándole una débil sonrisa.

Rápidamente se colocaron para bailar y Graham comenzó a guiarla junto con las otras parejas que allí bailaban. Regina lo acompañó, recordando lo que Emma le había enseñado y sonriendo interiormente al recordar el primer beso que se dieron.

«¿Le gusta?» preguntó Graham mientras bailaban

«¿La fiesta? ¿O el baile?»

«Los dos…»

«Sí, me está gustando…¿y a vos?»

«¡Sin duda! ¡Sois muy bella!» dijo él llevándola de un lado para otro

«Gracias» respondió con una sonrisa torcida

Mientras, Emma ya se había sentado en una de las mesas que había repartidas por todo el salón, observando cada movimiento que hacían y casi matando a su hermano con la mirada. Se quedó ahí varios minutos mirando cómo movían la boca y se preguntaba qué estarían hablando. Algunas…o mejor, varias veces, Regina la miraba con la misma mirada de antes.

"¡Lo que no daría por ir hasta allí, empujar a ese estúpido, coger a mi amor y huir rápidamente de aquí!"

Pensó, y en ese momento vio a su madre caminando hacia ella.

«Emma…¿qué estás haciendo aquí sola?»

«Estoy bien, mamá»

«¡No, no! ¡Una hija mía no está sola en un baile como este! Ven…voy a presentarte a varios príncipes apuestos que han venido solo para conocerte» dijo cogiendo a su hija del brazo y sacándola de allí.

Después de algún tiempo saludando a varios príncipes, y viendo a su madre lanzándole varias indirectas que pasó por alto, Emma vio que Regina había vuelto a sentarse en el trono, y fue hasta ella enseguida.

«¿Podría robar a mi futura "cuñada" un rato para dar un paseo?» preguntó la rubia sonriendo falsamente, pero solo al decir la palabra "cuñada", tuvo que calmarse para no apretar los dientes.

«¡Por supuesto, querida!» respondió Cora sonriendo ampliamente al escuchar eso. Y enseguida Regina avanzó hacia ella y salieron al jardín, en el que también había otros invitados. En cuanto salieron del campo de visión de Cora, Emma agarró a Regina del brazo y la llevó hasta los arbustos, mirando hacia los lados para ver que nadie estaba cerca.

«¡Tú…eres…solo MÍA! ¿Entendiste? ¡De nadie más!» dijo la rubia susurrando alteradamente desde detrás de las hojas, mirando con furia a Regina «¡No sabes las ganas que tengo de ir allí y darle una paliza a mi hermano por tocarte! ¡No imaginas cuánto quería ser Yo la que estuviera bailando contigo en aquel salón! ¡Esto no es justo! Podría ser cualquiera…¿por qué tenías que ser tú? ¿Por qué tenía que ser la mujer que yo am…»

No consiguió acabar de hablar, ya que fue agarrada con fuerza por la cintura y sintió sus labios siendo aplastados posesivamente por los carnosos de su morena. En respuesta, ella lo profundizó aún más y llevó su mano a la nuca de Regina. Se quedaron así durante minutos, haciendo breves pausas para respirar, solo para volver desesperadamente a unir sus labios.

«¡Yo soy…hoy…y siempre…solamente tuya!» pronunció Regina en medio de los mojados besos «No tengo palabras para describir cuánto te amo y solo querría estar bailando contigo, y gritarles a todos en esta fiesta que eres mía…» hizo una breve pausa «pero…sabes que el problema es mi madre…la conozco…y sé que si lo descubriese, arruinaría tu vida y a tu familia…créeme…y yo no puedo imaginar eso sin ponerme a llorar» continuó ella con los ojos ya empezando a humedecerse. Mientras hablaba, Emma tristemente prestaba atención.

«Regina…» dijo la rubia enjugando una lágrima que se escapa de los ojos de la morena «Podemos buscar un modo…podemos derrotarla, con mi familia de nuestro lado…ellos, si se lo contamos, van a aceptarlo»

«No, Em…no entiendes…cuando Cora desea algo…no hay nada que le impida conseguirlo…y tu familia…por lo que vi aprueba lo mío con tu hermano…y si dices la verdad…puede que no lo acepten y se pongan del lado de Cora»

«No harían eso»

«No puedes estar segura…van a pensar que no eres lo suficientemente madura para tomar tus propias decisiones y que ellos saben lo que es mejor para ti y tu hermano…créeme…va a ser exactamente así…» dijo Regina, con tristeza

«Pero…yo…yo te amo tanto Regina…» dijo Emma colocando sus manos en el rostro de su amada y mirándola «No soporto verte con otra persona…»

Regina enseguida la besó de nuevo entre lágrimas, y así se quedaron un tiempo hasta que la morena se separó un poco

«Tenemos que volver…o van a desconfiar…» dijo la morena mirándola dulcemente

«Lo sé»

«¡Mañana hablamos! Cuando vayas al riachuelo, mi amor…»

«Sí…está bien…» dijo Emma y tras eso se enjugaron las lágrimas, se dieron otro apasionado beso y a través del jardín se dirigieron hasta el castillo.

«A propósito…¡estás hermosa!» dijo Regina caminando al lado de la rubia

«¡No más que tú!» sonrieron débilmente, y entraron en el castillo

La mitad de los invitados ya se habían ido, y el resto se estaba despidiendo y agradeciendo por la agradable fiesta. Snow todavía conversaba con las reinas, y Charming con los reyes y príncipes, acompañado de Graham, que tan pronto como las dos entraron por la puerta, no dejó de mirarlas.

Al cabo de un tiempo, todos se marcharon, quedando solo los Charming.

«Entonces…¿vamos a resolver los negocios?» preguntó Charming a Cora

«No será necesario…solo vengan la semana que viene para conocernos mejor» respondió ella mirando a Regina y después a Graham.

«¡Ah, sí, por supuesto! ¡Vendremos! ¡Necesitamos conocernos mejor!» dijo Snow percibiendo la indirecta de Cora y haciendo lo mismo. Adoró a Regina y sin la mejor duda quería ser su suegra y haría de todo para que Graham y la morena se enamorasen el uno del otro.

Y empezaron a despedirse. Emma y Regina no dejaban de mirarse un segundo, hasta que se despidieron y regresaron a casa.

Durante el viaje, Emma pensaba tristemente en qué harían Regina y ella para estar juntas, pero mañana hablaría de ello con ella cuando se encontrasen. Lo mismo pensaba Regina, que veía a su madre, alegre, dejando todo el mal humor de antes y sonriendo maliciosamente, mientras regresaba a su cuarto. Se preparó para dormir, pero ni dormir logró, solo pensaba en una manera de que su amor verdadero y ella pudiesen estar juntas y el único modo que se le ocurrió fue…"huir"