DEVUELVEME MI CORAZON
Capítulo 12
Candy entro a la mansión y miro la hora, apenas eran la 7:45 así que le quedaban 15 minutos para refrescarse y bajar al comedor, pero antes entro a la cocina a tomar un vaso con agua y se encontró con Dorothy quien le dijo -
- Srita. Candy que gusto me da volver a verla, su habitación ya esta lista
- Gracias Dorothy, ¿Me acompañas por favor?
- Claro que si.
Cuando entraron en la habitación, Candy abrazo a Dorothy y le dijo -
- Dorothy, no sabes cuanto gusto me da volver a verte, por favor llámame solamente Candy ¿quieres? sabes que eres otra de mis mejores amigas
- Gracias Srita. Candy pero si la Sra. Elroy me escucha, tal vez me regañe
- Bueno entonces hagamos una cosa, cuando estemos a solas dime Candy ¿Te parece bien?
- Esta bien Candy
- Dorothy, quisiera hacerte una pregunta
- Dime ¿Qué quieres saber? - Decía Dorothy mientras ayudaba a Candy a arreglarse
- Bueno pues como te habrás dado cuenta la Sra. Elroy fue a buscarme a Chicago y se porto muy extraña conmigo, es como si fuera otra ¿Sabes? me pidió disculpas, fue idea suya el que cambiara mi imagen y pues para finalizar me invito a pasar una temporada aquí
- Bueno la gente cambia ¿Sabes Candy? pero en si, no se cual es la pregunta
- Tienes razón, ¿Qué me puedes decir sobre el comportamiento de Albert hace unos días?
- Pues… yo lo único que puedo decirte Candy es que se veía bastante afligido y se paso varios días encerrado en la biblioteca, casi no comía y después me pidió que le arreglara algunas cosas porque se iba quedar en la cabaña
- Gracias Dorothy ahora ¿Me ayudarías a escoger un vestido?
- Claro, mira ¿Qué te parece este azul?
- No, ese lo pienso llevar mañana porque Albert me invito a desayunar y va a pasar por mí
- ¿Y este color rosa?
- Si ese esta muy bien, gracias Dorothy
- Candy se hace tarde, debo bajar a indicarles a los demás criados que empiecen a servir
- Perdón por quitarte el tiempo Dorothy, anda ve yo termino de cambiarme.
Cuando termino de vestirse vio junto a la cama el sweater que Albert le había prestado, lo tomo entre sus brazos, no pudo evitar la tentación de llevarlo hasta su nariz y así poder olfatear el rico aroma a sándalo que despedía la prenda, para después frotarlo sobre su mejilla y decir - oh Albert como me gustaría estar entre tus brazos y olfatear tu piel… te mirabas tan bello desnudo…
Candy seguía soñando despierta cuando de repente alguien llamo a su puerta y escucho que decían -
- Candy ¿Puedo pasar? - Pregunto Archie
- Permíteme un momento – dijo Candy guardando la prenda en su cajón - Pasa por favor
- Me pidió la tía Elroy que pasara por ti para acompañarte al comedor, pero déjame decirte Candy que luces bellísima
- Gracias Archie
- Entonces vamos pues – Dijo Archie ofreciendo galantemente su brazo
- Archie… ¿Por qué le diste mi dirección a la Sra. Elroy?
- ¿Te molesta? - Dijo Archie un poco preocupado
- No, pero supongo que esa indiscreta de Annie fue quien te lo dijo ¿Verdad?
- La conoces bastante bien - Sonrió Archie entrando al comedor y ayudándola a sentarse.
Todavía no había nadie en el comedor, así que Candy pudo sentirse bastante tranquila por haber llegado a tiempo, claro eso porque la Sra. Elroy mando a que Archie la acompañara, porque si no quien sabe y seguiría abrazada al sweater de Albert dejando volar su imaginación.
Albert iba llegando a la cabaña y todavía traía el perfume de Candy impregnado en la nariz y suspirando decía - ¡Dios! No se como pude contenerme, se veía tan hermosa y tan sensual que yo moría de ganas por comerla a besos y acariciar su tersa y blanca piel, jamás había mirado lo bellos y suaves que son sus hombros ¡Por Dios que suaves son! Y yo los roce con mis labios, que locura, si antes estaba enamorado de ella, ahora estoy enfermo de ella., ahora si que no podre curarme jamás, debo intentar acercarme a ella tratar de que me vea diferente y así poder pedirle una oportunidad, de cualquier manera aunque ella diga que somos los mismos amigos de antes, eso es mentira, ella jamás me hubiera permitido antes rozar sus hombros con mis labios, en cambio no hizo nada por apartarse, hubiera jurado que deseaba que la besara.
Mientras en la mansión ya tanto la Sra. Elroy como George estaban también en el comedor, mientras servían la cena Elroy le pregunto a Candy.-
- Y bien Candy ¿Como viste a William?
- Pues la verdad lo vi bastante bien, un poco sorprendido y extrañado por mi visita, pero su ánimo esta bien, ah y tiene una herida en la mano que me encargue el día de hoy de curarla
- ¿Pero como es eso de que William esta herido?
- Pues me dijo que se golpeo los nudillos acomodando unos muebles, pero le repito no es nada de gravedad, además mañana lo voy a curar de nuevo, porque me invito a desayunar
- Candy por favor cuida mucho de William – Suplico Elroy
- Pierda cuidado Sra. Elroy.
La cena transcurrió tranquila, Candy por momentos estuvo ausente y tanto la Sra. Elroy , George y Archie se percataron de ello, así que cuando terminaron de cenar Elroy le pregunto a Candy que si quería tomar el té con George y con ella, ya que Archie iría a ver a Annie, pero Candy dijo -
- ¿Les molesta si mejor me retiro a descansar? Es que el día de hoy fue de bastante movimiento
- De ninguna manera Candy, anda ve a descansar ¿A que hora iras a desayunar mañana con William?
- Quedo de pasar por mi a las 9:00
- Candy ¿Y William no pregunto por mi? - Menciono Elroy con algo de melancolía
- Bueno le sorprendió mucho saber que Ud. me había invitado a quedarme aquí en la mansión, pero si, si me pregunto que como se encontraba Ud. - Mintió
- Eres una pésima mentirosa ¿Lo sabias Candy? - Le dijo Elroy sonriendo nostálgica
- De verdad que me pregunto por Ud.
- Esta bien Candy, te creo
- Entonces que pasen buenas noches, con su permiso.
Candy se despidió de los tres y se dirigió a su habitación, se fue a lavar la cara y los dientes para luego ponerse un hermoso baby doll color carmesí, enseguida saco del cajón el sweater de Albert y se lo puso encima, quería que su aroma se impregnara en su cuerpo, así que decidió que dormiría con el, se permitiría fantasear un poco con el, imaginar que estaba perdida entre sus brazos.
De pronto miro que arriba de la tocador estaba el cofrecito que había cargado desde Chicago, saco la llave de su bolso y lo abrió, quería mirar de nuevo la insignia que era de Albert y después saco la carta para volver a leerla, cuando la termino pensaba – Estoy segura de que sientes algo por mi, aún no se me olvida la manera en que me abrazabas cuando convivíamos en el apartamento y el día de hoy te comportaste bastante extraño conmigo cuando íbamos en el caballo y además posaste tus labios sobre mis hombros, te sentí como mas… ¿Atrevido? ¡Dios mío! ¿Qué debo hacer? - Se preguntaba mientras guardaba la insignia y la carta dentro del bolso que casi nunca usaba y lo puso encima del tocador.
Luego se recostó y aunque tardo un poco en dormir por la emoción de que lo vería al día siguiente, por fin la venció el cansancio.
Albert por su parte estaba recostado en su recamara, repasando la linda imagen de una hermosa rubia mientras decía - Candy te voy a conquistar, no quiero seguir preguntándome ¿Y si hubiera? Esa palabra la voy a borrar de mi vocabulario, esa palabra de hoy en adelante no existirá mas para mi, ya no nos separa mas el recuerdo de Terry, además ya no soy mas tu tutor, dices que tu único y verdadero amor es tu profesión, así que voy a luchar por conquistarte.
Finalmente se quedo profundamente dormido con la decisión marcada en el rostro.
Al día siguiente Candy ya estaba despierta desde las 5:30 para comenzar a arreglarse, en eso escucho que llamaban a la puerta muy despacito y se puso una bata encima para ver quien podría ser tan temprano.
- Dorothy ¿pero que haces levantada a estas horas?
- Ay Candy, pues siempre nos levantamos a esta hora los demás criados y yo para que cuando se despierte la Sra. Elroy y los demás, el desayuno y la casa estén listos, me atreví a tocar porque vi la luz encendida pero, ¿Qué haces levantada tan temprano?
- Pues me tengo que arreglar, recuerda que Albert me invito a desayunar y quiero verme bien
- Ahora entiendo, ¿Quieres que te ayude?
- Bueno, pues ya que lo mencionas, si quisiera que me ayudaras con un favor especial
- ¿Qué favor?
- ¿Me podrías preparar una tarta de chocolate? Es que quiero compartirla con Albert
- Claro que si Candy, cuando bajes ya estará lista, pero ¿No deseas que te ayude a arreglarte?
- No gracias Dorothy, creo que después de todo ayer no me veía tan mal, además quiero seguir practicando para peinarme mas rápido, sabes que no me gusta depender de nadie
- Eso es muy cierto, entonces me retiro, de cualquier forma si se te ofrece algo mas no dudes en llamarme – dijo Dorothy retirándose.
Entonces Candy se metió al cuarto de baño a ducharse y cuando salió empezó a arreglarse, estaba muy emocionada, saco un hermoso vestido azul cielo, con escote en V tanto de la espalda como de adelante muy entallado hasta las caderas y con vuelo hasta debajo de la rodilla, lo había decidido la noche anterior, se llevaría ese y también saco un bolso azul fuerte, que dejo encima de la cama.
También Albert se había despertado muy temprano para ir a nadar y luego regresaría a preparar el desayuno, estaba mas que emocionado por la visita de Candy y mucho más por la decisión que había tomado la noche anterior, se había propuesto conquistarla y no descansaría hasta lograrlo.
Cuando termino de nadar, se seco se vistió y monto su caballo y fue directamente a la cabaña a preparar el desayuno, miro en la despensa y se dispuso a prepararlo todo, todavía faltaba 1 hora para pasar por Candy cuando termino de poner la mesa, miro con satisfacción que todo había quedado perfecto.
Así que decidió ducharse y se dio cuenta que solamente había llevado ropa demasiado informal – se dijo para si - diablos ¿Cómo iba yo a imaginar que Candy vendría? Ni modo.
Tomo unos jeans blancos y una playera con cuello pico de gallo color azul fuerte que contrastaba con sus hermosos ojos azul cielo, había adelgazado, pero no lo suficiente para que la playera no se ajustara bien a su cuerpo, se puso también unos zapatos cómodos y por último la loción con aroma a sándalo que había en el mueble junto a su cama y se miro en el espejo, tenia el cabello demasiado largo, así que decidió atarlo con una cinta, bajo de las escaleras y salió de la cabaña para enseguida subir al coche.
Candy por fin estaba terminando de arreglarse, se había desbaratado tres veces el peinado, pues no le gustaba como quedaba, se puso la mascara para pestañas, un poco de rubor y para finalizar un poco de labial, tomo unas zapatillas color plata con el tacón bajito, después se puso su perfume favorito con aroma a frutas, metió algunos artículos personales en el bolso azul y lo volvió a colocar encima de la cama y después iba a tomar el bolso color plata donde había guardado la carta y la insignia de Albert para guardarlo en el cajón, cuando de repente tocaron a la puerta y lo volvió a colocar encima del tocador.
- Adelante
- Candy, se acerca el coche del Sr. William – le dijo Dorothy algo apurada
- ¿Y ya esta lista la tarta?
- Si Candy, anda vamos
- Espera Dorothy ¿Donde esta la Sra. Elroy, Archie y George?
- Bueno, todos ya desayunaron, el joven Archie y George están trabajando en la biblioteca y la Sra. Elroy esta en la sala tomando el té y leyendo
- Voy a avisarle que ya me voy – Dijo Candy sin guardar el bolso color plata y dejándolo encima del tocador
- Esta bien Candy, pero apúrate por favor.
Candy entro en la sala y se despidió de Elroy.
- Nos vemos mas tarde Sra. Elroy
- Claro Candy, ve con cuidado y por favor cuida mucho de William
- Pierda cuidado, hoy me encargare de curar nuevamente su herida.
Candy fue directo a la cocina por la tarta de chocolate y dijo -
- Mmm huele deliciosa
- ¡Esta deliciosa Candy! de eso no te quepa la menor duda, la cocinamos entre Henry y yo
- Oh y además la decoraste con fresas, muero por probarla – Dijo Candy haciendo un ademan para probar un poco con su dedo índice
- Ni se te ocurra – La reto Dorothy
- Esta bien esperare hasta el postre – Dijo Candy haciendo un chistoso puchero
- Ay Candy tu no cambias jajajajaja.
En eso se escucho el claxon del auto, por fin Albert había llegado, Candy rápidamente tomo la tarta y le dijo a Dorothy que le ayudara a abrir la puerta de la mansión para salir a recibir a Albert.
Cuando salió, Albert no dejaba de admirarla y sonriendo muy coqueto dijo –
- ¡Estas preciosa! ¿Y Esta tarta?
- Le dije a Dorothy que si me hacia el favor de prepararla para comerla como postre – menciono Candy sonriéndole
- Pues muchas gracias Dorothy, se ve deliciosa – Agradeció Albert
- De nada Sr. Andrew
- Bien, pues vámonos Candy que se hace tarde para desayunar, hasta luego Dorothy – se despidió Albert
- Oh espera un momento Albert, olvide mi bolso en la recamara
- No te preocupes Candy yo voy por el - Se ofreció Dorothy - ¿En que lugar lo dejaste?
- Creo que esta encima del tocador – Dijo Candy no muy segura de ello
- Enseguida te lo traigo.
Mientras en la sala unos ojos color marrón, miraban con agrado como Albert volvía a sonreír y pensaba - Yo lo sabia William, sabia que si Candy venia a verte volvería a verte sonreír, estas enamorado como un adolescente de esa chiquilla y no voy a ser yo quien se oponga a tu felicidad.
Dorothy entro en la recamara de Candy y vio que había 2 bolsos uno en la cama y otro en el tocador, pero sin dudarlo tomo el que estaba en el tocador, Dorothy bajo y entrego el bolso a Candy.
- Este no era Dorothy ¿No viste uno color azul? – Decia Candy algo nerviosa
- Ah si, enseguida te lo traigo
- Oh vamos Candy, muero de hambre anda ¿Que mas da un bolso que otro? – decía Albert algo desesperado
- Pero, pero es que el otro combina perfecto con mi vestido – decía Candy tratando de convencerlo
- Y este combina perfecto con tus zapatos, así que no se hable más y vámonos ¿quieres?
- Esta bien Albert tienes razón – decía Candy tragando saliva
Candy iba algo callada y no se dio cuenta que iba sujetando el bolso con demasiada fuerza, pero Albert si lo noto y sonriendo le pregunto -
- ¿Acaso guardas algún tesoro en ese bolso Candy?
- Oh no nada de importancia, solo algunos objetos personales, cosas que cargamos las mujeres – sonrió
- ¡Vaya! Nunca pensé que fueras vanidosa
- Y no lo soy Albert, lo que pasa es que pues, un peine siempre hace falta ¿No crees?
- Si tu lo dices… bueno por fin hemos llegado – decía Albert deteniendo el auto
- Bueno entonces vamos.
Albert bajo primero para después ayudar a Candy, cada que sus manos se encontraban la piel se les erizaba, entonces Candy dijo -
- ¿Que te parece si primero reviso tu herida?
- No, mejor desayunamos primero
- Esta bien como tu digas Albert, wow pero que bonita arreglaste la mesa, tu siempre tan detallista
- Y espera a probar el delicioso desayuno que prepare.
Albert se dirigió a la cocina y Candy quiso seguirlo pero Albert la detuvo y le dijo –
- No Candy, tú eres mi invitada y me vas a permitir consentirte, así que por favor ven, la tomo de la mano y la ayudo a sentarse, no te muevas ¿Quieres Candy? – menciono Albert susurrándole al oído y acariciando un poco sus suaves hombros, Candy no pudo evitar estremecerse y decir -
- Pero… yo quiero ayudar Albert
- No Candy , ya te dije que eres mi invitada y quiero consentirte
- Esta bien – Dijo dándose por vencida.
Albert había preparado una deliciosa ensalada fresca con trozos de pavo y queso fresco, también había picado algo de frutas, había tostado pan y también hizo un delicioso jugo de tomate y también había preparado un poco de café.
Albert tomo en una de sus manos el recipiente donde estaba la ensalada y con la otra mano donde estaba la fruta, se dirigió entonces al comedor y los dejo sobre la mesa y dijo en tono por demás amable -
- Ahora vuelvo con lo demás
- Albert déjame ayudarte ¿Quieres?
- Esta bien pequeña, me lo pides de una manera que nada podría negarte en estos momentos.
Candy se dirigió hasta la cocina y Albert iba detrás de ella, admirando su linda espalda y ¿Por qué no? También sus finas y hermosas caderas, Candy se detuvo y apenas iba a tomar la jarra con el jugo de tomate, cuando sintió el aliento de Albert detrás de su cuello, el estaba muy cerca y Candy no se atrevía a voltear y Albert empezó a acariciar el fino cuello de ella con sus dedos mientras le susurraba al oído con voz ronca -
- Tienes un muy hermoso cuello ¿Sabes Candy?
- ¿Ahhh si? – Pregunto Candy con voz temblorosa
- Si Candy es muy suave, al igual que tu hermoso cabello - Albert no pudo evitar tomar la punta de su cabello y depositar un suave beso.
Candy sintió como su sangre empezaba a arder, pero al mismo tiempo sentía que iba a desmayarse en ese preciso instante y solo atino a decir –
- Tengo hambre
- Yo también, pero no precisamente de comida - Decía Albert acercándose todavíamás y con la voz bastante enronquecida
- Albert por favor el desayuno se va enfriar – Decía Candy con la voz aún mas temblorosa
- Eso no puede ser porque es ensalada - Le dijo al oído y rozando con la punta de su lengua el lóbulo de la oreja de Candy
- ¿Por favor vamos si? - Suplico Candy
- Esta bien, vamos - Dijo apartándose de ella.
Albert miro que ella estaba totalmente sonrojada y con los ojos de un verde más intenso de lo normal, Candy tomo la jarra de jugo con las manos temblorosas, medio se sonrió y se agacho.
Albert espero un momento en la cocina y miro de nuevo que su pantalón estaba mucho mas apretado que la vez pasada, entonces se dijo - Piensa Albert piensa - Miro un pequeño delantal que había colgado y decidió ponérselo, pero su gran problema no se escondía tan fácilmente así que se mojo un poco la cara y el cuello, después respiro hondo, cuando ya mas o menos se tranquilizo, tomo la tetera con café y también llevo el pan tostado.
Mientras Candy no dejaba de temblar, era muy extraño pero tenia unas ganas enormes de reírse a carcajadas, estaba muy nerviosa cuando vio que Albert venia con el pan y con el café ni siquiera se levanto para ayudarlo y escucho a Albert decir -
- Hey preciosa ¿No me vas a ayudar?
- Claro, disculpa es que…
- ¿Si?
- Nada olvídalo – Dijo Candy
- ¿Te molestaría traer un frasco de mermelada de chabacano que olvide sacar de la despensa? - Pregunto Albert
- Enseguida voy por el, pero déjame ayudarte.
Cuando Candy quiso ayudar a Albert este ya había puesto las cosas sobre la mesa y Candy miro que este traía puesto un delantal que no cubría al 100% el porque se lo había puesto, quiso soltar una risilla pero se contuvo y se dirigió a la cocina para buscar el frasco con la mermelada, cuando escucho que Albert se acercaba su corazón empezó a latir desbocado y grito –
- ¡Ya la encontré! voy para allá.
Entonces escucho que Albert se devolvía de nuevo al comedor, siguió buscando como desesperada hasta que por fin la encontró y regreso con ella, mostrándose lo mas tranquila posible y Albert se levanto para ayudarle a tomar asiento.
- Pues empecemos antes de que el desayuno se enfrié – dijo Albert mirando fijamente a Candy.
Candy estaba mas roja que el jugo de tomate que había preparado Albert, pero le sostuvo la mirada y vio que los ojos de el estaban de un azul mas obscuro y decidió preguntar -
- Albert ¿Por qué decidiste ponerte delantal para desayunar?
- Pues… para no ensuciarme – Contesto sintiendo que la cara le cambiaba de un color a otro
- ¿Y para que pusiste las servilletas entonces?
- Tienes razón soy un tonto, enseguida me lo quito.
Candy sonrió un poco y comenzaron a desayunar, entonces Candy decidió que era hora de que el ambiente se sintiera mas ligero y empezó a platicarle de su trabajo, de sus pacientes, de que había olvidado despedirse de uno muy especial llamado Jimmy, Albert la escuchaba muy atento y le pregunto que si aun conservaba aquella planta que le había regalado llamada labios de mujer, Candy le dijo que si, pero que desde hacia varios meses no daba flores, desayunaron tanto que decidieron dejar el pastel para mas tarde.
Lavaron todos los trastos y cuando terminaron, Albert la invito a caminar y ella gustosa accedió, tomo su bolso por inercia y salieron a caminar, seguían platicando de muchas cosas hasta que sin darse cuenta llegaron junto al rio.
Albert decidió quitarse lo zapatos y enrollar su pantalón un poco e invito a Candy a meter los pies en el rio con el, ella dudo un poco porque se le vino a la mente la imagen de el desnudo, pero accedió y dejo su bolso junto a los zapatos, juguetearon un poco con el agua, hasta que Candy dijo que estaba algo cansada y decidió salir para recostarse sobre la hierba y mirar la figuras que formaban las nubes.
Albert la miraba fascinado así que decidió recostarse a su lado y pregunto –
- ¿Qué es lo que miras con tanto interés? - Interrogo Albert con lo brazos cruzados encima de la nuca
- Las nubes, me gusta mirar las figuras que se forman, mira por ejemplo esa tiene forma de corazón
- Tienes razón Candy y aquella tiene la forma de unos labios.
Así siguieron por mucho rato hasta que Candy se quedo profundamente dormida, y Albert pensaba que no podía haber mujer más increíble que ella.
Se levanto con cuidado y vio que los zapatos y el bolso de Candy estaban a un lado suyo y decidió abrir el bolso para tomar prestado el peine de Candy., pero se sorprendió mucho al ver que el bolso contenía otra cosa y se dijo - ¿Pero que es esto? - Se alejo un poco con el bolso, cuidando de no despertar a Candy - Pero es mi insignia ¿Y esta carta?
Por un momento se sintió miserable por querer leer aquella carta que Candy traía en su bolso, pero recordó que cuando iban en el auto ella iba bastante aferrada a el como si llevara un tesoro, además de que momentos antes le había dicho a Dorothy que ese no era el bolso que ella deseaba llevar, así que Albert sintió mucha curiosidad por leer aquella carta, no aguanto mas las ganas y comenzó a leerla.
CONTINUARA…
