Inuyasha pertenece a Rumiko Takahashi
Cambiando el destino
Capítulo 11: El ataque de Semeku
Pasaban las horas y Kagome seguía sin ser capaz de liberar su poder, intentaba lo mejor que podía con las indicaciones de Kikyo pero se sentía insegura, no sabía cuándo volvería a aparecer Semeku y no podía relajarse completamente, ese hanyou se traía algo entre manos y ninguna de las dos chicas podía evitar el tinte de temor en sus corazones.
Kikyo recordaba entre enojo y cansancio los sucesos de los días anteriores.
-inicia recuerdo-
Había salido la luna nueva y la noche era aún más oscura y ventosa de lo normal. La joven sacerdotisa de barro caminaba por el bosque con calma, buscando almas con sus serpientes, sabía que su amado hanyou debía sentirse más seguro en la cabaña de Kaede y por este único motivo no le había mencionada que saldría y se había ido a escondidas.
Era casi media noche, caminaba suavemente en los árboles que rodeaban el claro del pozo cuando vio la silueta de su reencarnación salía del mismo, la chica mencionó algo de buscar medicinas y vendajes y volver, era un viaje rápido que decidió hacer mientras Sesshomaru no estaba y todos los demás del grupo estuvieron de acuerdo puesto que siempre es mejor que sobre a que falte.
Kikyo no dijo nada, se limitó a observar cómo Kagome se acomodaba su mochila y caminaba, justo en el momento en el que entraba en el bosque era atacada por algo que la aprisionó contra un árbol; la chica de barro corrió en silencio para usar un ataque sorpresa y se detuvo en seco ordenando a sus serpientes alejarse tanto como podían para ella no ser detectada. Sintió un amargo subir por su laringe y sintió mucho asco. Ahí frente a ella estaba su pareja hecha humano, apresando a su reencarnación y forzándola en un beso.
Kagome estaba en shock, sabía que era Inuyasha el que la besaba por la fuerza, pero no entendía nada de lo que estaba pasándole al chico por la mente. En cuestión de segundos sintió las garras acariciar suavemente sus brazos generándole un cosquilleo, su mano derecha la tomó por la cadera y la presionó aún más contra el árbol, apretando también su cadera y su muy marcada erección provocando un sonrojo y un forcejeo por parte de Kagome. Kikyo sentía una furia incontrolable crecer en su interior, sabía que su reencarnación no había hecho nada para provocarlo, esto era puramente, su deseo humano de poseerla.
- Sé... que... me deseas... mucho... Kagome - su voz se entrecortaba con los besos tanto en los labios como en el cuello de la chica, pero por una vez en su vida el hanyou fue lo suficientemente inteligente para tapar la boca de la chica con su mano y evitar que dijera el conjuro que le haría caer - Igual... que yo... a ti... -
La peli negro-azulado sintió la mano izquierda del chico pasar de su brazo hacia su muslo y subir por debajo de su falda, no podía creer que él estuviera haciendo esto, jamás lo había visto así, siempre era tan tierno cuando se volvía humano y compartían momentos tan lindos y únicos ¿qué le estaba sucediendo?
- ¡MALDITO! - garras llenas de veneno atravesaron la espalda del ahora pelinegro - ¡DÉJALA! -
Kikyo estaba a punto de enviar a sus serpientes a atacar a Inuyasha cuando el daiyoukai apareció y desgarró la espalda de su medio hermano con su brazo izquierdo completamente recuperado, la chica de barro miró asombrada ¿no le hacía falta? ¿de dónde salió?
El ataque hizo que Inuyasha cayera de rodillas por el dolor y gruñendo, dejando a Kagome libre para gritar en repetidas ocasiones y sin tomar mucho aire "¡ABAJO!", el mismo Sesshomaru sintió un poco de temor cuando ella terminó de decirlo por veinteava vez y su hermano tenía sangre saliendo de su frente, definitivamente no era buena idea hacer enojar a Kagome.
La sacerdotisa de barro sintió un nudo en su garganta, quería llorar y gritar, quería pegarle al hanyou y al mismo tiempo quería cuidarlo, detestaba sus sentimientos humanos, debía haberse quedado como la sacerdotisa fría que siempre había sido (o aparentado ser). Caminó lentamente hacia los demás, el daiyoukai la miró serio e irritado.
- Mujer, deberías controlar a esta bestia - su voz fue tajante y fría, con su nuevo brazo tomó a Kagome de la cintura, la abrazó contra su cuerpo y salió volando. Kikyo se agachó junto a Inuyasha que estaba inconsciente y sangrando.
- Eres un maldito idiota - balbuceó por lo bajo mientras lo volteaba y revisaba sus heridas.
A la mañana siguiente Inuyasha despertó con vendajes y moretones, le dolía la espalda y la cara, no recordaba exactamente qué había pasado pero la mirada fría y molesta de Kikyo le provocó varias ideas.
- Buenos días Kikyo - sonrió levemente tratando de averiguar qué había sucedido exactamente
- Te desmayaste por los golpes y el veneno - ¿le leyó la mente?
- Recuerdo que salí de la cabaña a buscarte, recuerdo a Kagome gritando "abajo" muy enojada, muchas veces - el chico tenía cara de tratar de recordar lo que había sucedido
- ¿Recuerdas que casi violas a Kagome en medio del bosque? - la voz era cortante y llena de ira pero sin gritar. Inuyasha recordó breve y borrosamente besar a Kagome en sus labios y su cuello, recordó el ardor en su espalda, pero lo que definitivamente quedó grabado y recordaba perfectamente era el dulce aroma de la sacerdotisa cuando acarició bajo su falda. Se sonrojó abruptamente - Veo que lo recuerdas - la voz denotaba rabia
- Lo lamento Kikyo, no sé qué me pasó - el chico estaba claramente confundido pero altamente sonrojado, pensaba en Kagome y su corazón latía con fuerza ¿la seguía amando? La sacerdotisa de barro pareció leerle la mente de nuevo ya que simplemente se levantó y salió de la cabaña.
Por la tarde el humor de Kikyo había cambiado, Inuyasha se había recuperado casi en un 100% y había decidido pedirle disculpas de muchas formas: conseguiendo un par de almas, plantas medicinales, agua fresca, setas y raíces, pescado, etc. Todo lo que podía pensar que servía como un regalo útil para la sacerdotisa peli negro, era entregado a ella junto con una sincera disculpa.
En la noche Kagome apareció con Sesshomaru, el hanyou se sonrojó al verla y sentir su corazón latir fuertemente de nuevo, Kikyo seguía molesta pero sabía que pronto se enfrentarían a Semeku y jamás es buena idea estar molesta con tus compañeros de equipo ante una batalla como la que se avecinaba. Mantenía su calma.
-fin recuerdo-
Kikyo recordaba amargamente como su supuesta pareja prefería a Kagome aunque recordaba que antes de ser capturadas, él mismo había pedido disculpas y por primera vez se notaba que realmente las pedía. Lo había perdonado más por ella que por él.
Mientras tanto Kagome intentaba concentrarse era tremendamente complicado abrir una perla nacarada, después de todo ¿cómo se abre una perla? Kikyo había dicho algo de encontrar la paz en su interior pero no le explicó nada más. Pronto se vio sumida en sus pensamientos mientras sostenía la perla en la palma de su mano.
Recordó a Inuyasha y todo el dolor que le había hecho sentir, lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos al recordar que había intentado tomarla por la fuerza, no entendía qué había sucedido él no era así. Recordó que la última vez que había ido a su casa le había dado un fuerte abrazo a su mamá y le había pedido consejo con Sesshomaru, recordó que le dijo que la amaba y su madre le contestó que además de amarla aceptaba cualquier decisión que tomara, ella era lo suficientemente madura aunque le gustaba la idea de que terminara la secundaria.
De igual forma se acordó de sus amigas, su hermano, su abuelo, Shippo, Rin, Kohaku, Kaede,... recordó cómo es la vida en la aldea y cómo es su vida normal, su vida antes del pozo y ahora. Las lágrimas se acumularon aún más en sus ojos y no pudo contenerlas por mucho tiempo cuando el temor se apoderó de ella nuevamente ¿volvería a verlos? ¿volvería a su vida? ¿terminaría la secundaria? ¿estaría de nuevo con su madre tomando una taza de té? ¿saldría de ahí?
Las lágrimas recorrieron sus mejillas, parecía una suave cascada que no parecía detenerse, tenía miedo y estaba bien llorar. Kikyo la observaba en silencio, parecía que por fin comprendía la situación, la veía llorar y sabía que en su interior también lo hacía, al igual que ella tenía miedo pero temer era bueno. En el interior de Kagome las lágrimas alcanzaron la perla nacarada e iniciaron una erosión que fue descubierta por la sacerdotisa hasta que una luz celeste amarillenta salió.
La luz brillaba con fuerza y la perla terminó deshaciéndose en sus manos debido a las lágrimas. La misma luz comenzó a flotar hacia el pecho de la joven, ella miraba perpleja aún con los ojos humedecidos. El brillo se adentró y calentó el corazón de la chica llenándola de seguridad y fuerza, de comprensión y entendimiento, de valentía aunque el temor persistía; la luz le trajo paz y determinación para luchar.
Su antepasado le había dicho que una vez abierta la perla no demostrara que tenía el poder completo, la joven le había dicho con vehemencia que era imperativo que Semeku creyera que aún seguía igual que antes y que nada podrían hacer de forma que mantuviera su guardia baja. Kagome más tranquila y cansada quedó dormida donde estaba mientras Kikyo sonreía con satisfacción, podrían salir de ahí aún si los chicos no las encontraban, lo importante era tener el momento adecuado.
Sesshomaru, Inuyasha y los demás corrían en busca del sitio al que Semeku había llevado a las chicas. El daiyoukai podía detectar hasta cierto punto el aroma de su mujer pero sabía que estaba rodeada de miasma y que no era bueno para ella. Siguieron avanzando hasta que encontraron la montaña, estaba rodeada de un miasma que incluso hacía que el mismo demonio hiciera lo imposible por querer entrar, algo estaba mal, esta nube tóxica realmente podría lastimarlo. Se reunieron para determinar qué harían para llegar al lugar.
Pasaron las horas y Semeku decidió entrar de nuevo donde tenía cautivas a las sacerdotisas. Las encontró dormidas, mayormente por la toxina en el ambiente, su miasma había sido perfeccionado a tal punto que podía determinar cómo era en cada habitación para causar daño o simplemente provocar sueño y cansancio, a las chicas le había agregado un toque de "harán lo que quiera" aunque sabía que ellas no caerían sencillamente en ese debido a su gran poder espiritual.
Odiaba que Kagome le perteneciera a Sesshomaru, no lo soportaba porque sabía que en el momento en que quisiera poseerla olería más que todo al daiyoukai y era más que probable que él supiera lo que le hacía a la chica. Eso de las marcas de youkai era aún algo misterioso para él, nunca lo había intentado pero debía probar y su presa estaba justo delante de él aún si no estaba seguro de que pudiera marcar un cadáver de barro andante.
Decidió que se llevaría a ambas, después de todo Kagome podría ser parte del experimento, a estaba marcada. Tomó a ambas, una en cada hombro, y las trasladó a una habitación mucho más grande y cómoda. El miasma era distinto aquí, estaba hecho para que obedecieran sus órdenes y estuvieran confundidas más que dormidas.
Kikyo fue la primera en abrir los ojos, estaba extrañamente atada, tanto ella como Kagome estaban de rodillas en posición de cuatro patas pero con las piernas encadenadas a lo que parecían unas pesadas rocas y los brazos amarrados al techo de forma que estaban suspendidas parcialmente. El cabello de ambas había sido trenzado hacia un costado y usaban únicamente una yukata de tela muy ligera. Kikyo entró en pánico, sabía que no le habían hecho nada aún pero esto sinceramente parecía una violación que muy probablemente incluía una marca.
- Ese maldito - masculló la sacerdotisa pelinegra al recordar que sin duda era mitad bestia pero más bestia que otra cosa
- Jajaja veo que despertaste - una risa malvada y suave se escuchó en la oscuridad, el cuarto estaba apenas iluminado con velas - Querida Kikyo, aunque me das algo de asco por ser un cadáver de barro y huesos que sobrevive de almas, deseo fervientemente ver a Inuyasha sufrir porque te hice mía antes que él -
- Suéltame maldito - levantó la cabeza intentando encontrarlo pero la penumbra era grande y el miasma fuerte, se sentía mareada
- Descuida, el miasma no te matará, pero pronto harás lo que quiera - aún sin verlo la joven sabía que sonreía malvadamente y que era necesario que su compañera se despertara, no estaban en la mejor posición ni en el mejor momento pero aún podían luchar
Semeku se levantó de donde estaba, comenzó a reír malvadamente, se aproximó a Kikyo y le acarició la espalda con uno de sus tentáculos, ella se estremeció del asco.
- Veo que te emociona - río un poco más - una vez que ponga mi marca en ti Inuyasha no podrá tenerte para sí - siguió riendo mientras la joven trataba de mantener la calma - lo mejor será que te despojaré de tus poderes mientras te marco pero descuida, no te mataré, quiero que él te vea como lo que realmente eres, una mujer débil y con dueño -
- Eres detestable y aunque sea lo último que haga te mataré - la voz de la pelinegra era suave pero llena de ira
- Veremos si cumples - agregó él al tiempo quedaba frente a la chica y se abría la ropa provocando un estremecimiento más en ella y una expresión llena de repugnancia hacia él.
- Me das asco maldito - masculló Kikyo intentando alejarse tanto como podía sin éxito
- ¡KIKYO! - Kagome gritó en terror al despertar y ver cómo su ¿amiga? era acariciada por unos tentáculos y al ver los ojos de Semeku brillar con la poca luz de las velas sintió temor
- ¡NO PIERDAS TIEMPO Y HAZLO! - gritó la joven de barro mientras un tentáculo estrujaba su seno derecho. Kagome asintió. En menos de un parpadeo una luz celeste amarillenta rodeó el cuerpo de la peli negro azulado, el haz de luz se agrandó purificando el aire e iluminando toda la habitación. Semeku se sorprendió pero no intentó moverse, consideraba que era mucho más fuerte que ellas.
Medio segundo después Kikyo generó una luz similar pero rosa lila al tiempo que le daba un cabezazo a Semeku en el estómago descubierto sacándole el aire. La luz de Kagome purificaba mientras que la de Kikyo quemaba el cuerpo del enemigo. Semeku saltó hacia atrás y salió de la habitación, las cosas definitivamente no habían salido como pensó y necesitaba una pequeña retirada para recuperarse, después de todo no podrían salir de donde estaban amarradas.
- Escúchame con atención Kagome - su voz determinante hizo que la otra chica la mirara con seriedad - No dejes que la luz se apague, sino estaremos en problemas, en este momento es tu brillo lo que evita que entre de nuevo, yo puedo quemar su cuerpo pero tú puedes hacer que el miasma se extinga y con eso él pierde el poder que tenía sobre nosotras - la chica de ojos miel asintió con determinación
Kagome no supo exactamente en qué momento hizo lo que hizo, cuando despertó se sentía mareadas y sentía que debía hacer lo que su enemigo le ordenara mas cuando se vio a sí misma vestida con esa ropa, amarrada y volteó a ver a su compañera solo para encontrarla en el mismo estado se sobresaltó, fue como una sacudida. Ahora intentaba mantenerse tranquila y positiva, por supuesto que no le era fácil, aún no entendía bien de qué le servía a Semeku hacerles esas cosas, para ella él estaba bastante desquiciado y pervertido.
Mientras las sacerdotisas intentaban idear un plan para salir de su prisión, Semeku se refugió en su habitación, esa maldita mujer le había quemado y purificado el estómago profundamente y le dolía por lo que debía reponerse y atacar con un miasma mucho más potente. Su última opción, por supuesto, era ponerlas a dormir y hacerlo todo mientras dormían, aunque eso le quitaba la diversión.
Años atrás siendo Naraku y después de que Kikyo muriera había buscado la manera de conseguir el poder de la sacerdotisa, pensaba que si lo obtenía podría conseguir la perla de Shikon. En ese momento descubrió muchas formas de obtenerlos pero la gran mayoría requería que ella estuviera viva (ya saben eso de sacrificar para obtener poder) pero habían dos o tres opciones que involucraban sus cenizas y de ahí fue de donde Naraku sacó la idea de volverla un cadáver de barro. Aunque sus opciones se habían reducido con todos los acontecimientos y la rebeldía de la joven, le quedaba una opción (particularmente pensaba que sería la mejor por ser la más despiadada), las leyendas decían que una daga de cuarzo con filamentos dorados en su interior (N.A.: cuarzo rutilado) era capaz de drenar cualquier poder de la persona o demonio en la que fuera enterrada, sin importar qué parte de su cuerpo fuera la atacada.
Afuera del pequeño castillo el grupo no había conseguido llegar pero inesperadamente Koga apareció, venía solo pero con muchísima seguridad, trayendo el arma ancestral Goraishi consigo. Miroku lo miró con sorpresa y le preguntó sobre su desaparición de la aldea, a lo que el lobo contestó que además de Goraishi había otra armar que podía usar y mostró en su mano izquierda una garra oscura, tan negra como la luna nueva, la llamó Kuraitsume, aclaró que esta garra tenía el poder de cortar el aire; esta garra la buscó cerca de la tumba de un lobo oscuro que era prácticamente una leyenda pero al no tener los fragmentos debía ver si algo de esa leyenda era verdad. Con un rápido movimiento de su mano izquierda cortó el aire y con él, el miasma, formando una especie de camino por donde el grupo podía moverse. Los hermanos perro jamás habían estado agradecidos con un lobo hasta ese momento, aunque ambos se mantuvieron su agradecimiento en silencio.
Koga siguió los movimientos haciendo un camino para llegar al castillo. Con un movimiento rápido de su espada Inuyasha abrió un agujero en las paredes del mismo y pudieron atravesar, notando que en cada sector habían miasmas no solo de distinto color, sino también de distinto espesor y aroma. Sango optó por darle a Koga un máscara con anti-veneno ya que era él el que debía llegar primero a las habitaciones.
Semeku notó el golpe, por suerte sus poderes de recuperación eran altos y ya se había recuperado casi en su totalidad, por lo que decidió terminar su plan, sabía que aunque el castillo era un laberinto y sus enemigos se retrasarían en llegar no necesariamente tendría suficiente tiempo, debía acelerar las cosas. Corrió a donde estaban las sacerdotisas, el poder de Kagome seguía actuando por lo que decidió actuar por la fuerza; entró abruptamente y le lanzó a ambas un ataque con sus tentáculos, a pesar de quemarse al tocar a Kikyo consiguió que la otra chica se sobresaltara al punto que ella perdió la concentración y su luz se desvaneció. Lo cual fue suficiente para que Kikyo también se desconcentrara y dejara de quemarle.
Con un movimiento veloz se posicionó detrás de Kikyo; la chica de ojos miel intentó concentrarse de nuevo para sacar su luz pero no lo consiguió ya que pudo observar una daga de cuarzo en la mano izquierda de Semeku quien a su vez se preparaba para violar y marcar a la chica de pelo negro.
- ¡DÉJAME EN PAZ MALDITO! ¡NO ERES MÁS QUE UNA MALA VERSIÓN DE NARAKU! - gritaba Kikyo
- Grita cuanto quieras maldita miko - estaba a punto de entrar en ella cuando sintió sus manos y tentáculos arder nuevamente, por lo que clavó la daga en su muslo, ella gritó con dolor. Una luz rosada similar a la de shikon brilló en la herida y la daga de cuarzo comenzó a cambiar de color. Apenas habían pasado unos segundos pero Semeku sabía que no había más tiempo, sus enemigos estaban muy cerca. A pesar de que la daba apenas había cambiado en un veinticinco porciento la sacó del muslo de la chica y lo enterró en el suyo - Nos volveremos a ver Kikyo - estaba dispuesto a salir por la puerta cuando se volvió - A ti también Kagome - sonrió y usó sus tentáculos para cortar las amarras de que sostenían a ambas chicas del techo haciéndolas caer de cara contra el suelo.
- ¡¿Kikyo?! - la voz de Kagome incluía dolor y algo de alegría, hacía poco habían escuchado un golpe pero no sabían qué era, tal vez sus amigos las iban a rescatar, pero su leve alegría cambió al ver luz brotando del muslo de la chica ¿no que era de barro? - ¡¿KIKYO ESTÁS BIEN?! -
- No te... preocupes... Kagome,... estaré bien,... esto es porque... esa daga... absorbe... mi poder espiritual - la voz entrecortada de la otra chica apenas era audible
Kagome se movió como pudo, sus brazos temblaban, podía ver que los de Kikyo también. Tiró de las piedras tan fuerte como pudo una por una. Se acercó a su compañera y la ayudó a sentarse, la luz había desaparecido de su muslo y sólo quedaba la marca. Escucharon pasos corriendo hacia ellas. De pronto la puerta de abrió y vieron a Sango y Miroku entrar.
- Señorita Kagome, señorita Kikyo - la voz del monje era calma pero claramente tenía signos de alerta - ¿Se encuentran bien? - se arrodilló junto a ellas para examinar las cadenas, Sango se arrodilló junto a él sacando una botella de ácido, ambos traían máscaras.
- Descuiden, con esto las liberaré - la exterminadora derramó ácido sobre las cadenas que se disolvieron fácilmente, aún quedaba el grillete al rededor de sus tobillos pero eso podía esperar a tener una herramienta más segura.
- Gracias - Kagome habló primero, su antecesora estaba muy débil para hablar - Estamos casi bien, Semeku tenía cosas horribles planeadas para nosotras pero llegaron a tiempo, únicamente enterró en Kikyo una extraña daga -
- ¿Con que una daga eh? - susurró pensativo el monje observando atentamente la herida de Kikyo
- ¡MIROKU! ¡SANGO! - Inuyasha los llamaba con algo de desesperación - ¿Dónde se metieron? -
- ¡Aquí! - le contestó Sango, segundos después entraron los demás en la habitación
- Debemos salir de aquí antes de que el miasma empeore - Inuyasha de nuevo hablaba pero esta vez tomaba a Kikyo en brazos, Sesshomaru hizo lo mismo con Kagome
- Los guiaré - Koga aún tenía su máscara puesta, se volteó, arañó el aire y corrió. Todos lo siguieron
Lograron salir del castillo y bajar la montaña, se alejaron hasta el arroyo más cercano en donde pudieron sentarse a descansar. Nadie había dicho nada. Todos estaban asimilando los hechos recientes hasta que la voz del lobo cortó el silencio.
- Ese malnacido de Semeku se escapó pero logré lastimar su hombro - sonrió levemente algo orgulloso de sí, los demás asintieron
- Podremos rastrearlo si aún tienes su sangre en tu garra - añadió Miroku y el lobo asintió envolviendo dicha garra en un pedazo de tela que le tenía el monje
Una serpiente caza almas se acercó a Kikyo que yacía dormida en los brazos del hanyou, depositó un alma y fue en busca de más. El viento sopló fuertemente moviendo el cabello de todos. Se había hecho de noche nuevamente. Kikyo abrió los ojos y se quedó mirando al cielo en silencio, Kagome miraba la hierba sentada junto a Sesshomaru. Sango entonces se levantó, tomó algunas cosas y se acercó a Kagome.
- ¿Te parece si nos damos un baño? - la exterminadora extendió su mano frente a la sacerdotisa quien a su vez la tomó y se levantó - ¿Kikyo quieres venir con nosotras? - la otra sacerdotisa se sentó sin decir palabra y tomó la otra mano que Sango había extendido para ella. Las tres chicas salieron arroyo abajo buscando una poza.
-o-o-
N/A:
¡Hola a todos!
Ha sido más de un mes, lo sé, no me regañen. He tenido una ardua lucha con este capítulo, al principio había escrito algo pero me parece que había quedado demasiado fuerte y con aguejos en la trama, entonces respiré hondo y me aseguré de que ninguna de esas dos condiciones sucediera (al menos eso creo). Tengo la impresión de que este cap es un poco exagerado (jejeje) pero quería meterle emoción (y bastante locura), entonces esto salió.
Espero poder subir el próximo capítulo pronto (también está en revisión)
No olviden dejar sus dudas, comentarios, etc... Espero que les guste y nos vemos pronto :D
