Disclaimer |Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Hajime "La llama en llamas que llama a las llamas del mal" Isayama. Titanic es de Century Fox y Paramount Pictures [Guionizada por James Cameron]. La trama es mía. Derechos reservados a ©Coorp. Charly.

Notas| Hola mis dulces diosas hermosas. ¡Feliz inicio de Año! Espero hayan disfrutado sus fiestas, si no es así, les envío un enorme abrazo acurrucador. Bueno mis amores, hemos llegado al final* de todo. Espero les guste. Muchas gracias por su infinito apoyo. Las adoro. Nos leemos abajo.

Advertencias| Ya se los había dicho antes, olvídense de la trama de Titanic aquí. Porque a como dirían las sabias palabras de una linda nena de mi corazón ¡ESTA MIERDA SE PRENDIÓ! \._./. Agárrense las bragas mujeres. Agárrenselas.

Ahora sin más.

Al Fic.


TITANIC

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Capitulo

11

[Parte 1]

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"Ellos te llaman bebé llorón, bebé llorón

Pero a ti te importa una mierda

Bebé llorón, bebé llorón

Así que te ríes a través de tus lágrimas"

—Melanie Martínez. CryBaby.

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La sonrisa amarga le nació instantáneamente, solo un segundo después de haber soltado aquellas palabras que eran para él un puñal que se enterraba en su corazón lentamente.

¿De verdad esto terminaría así?

En cuanto el sonido de la explosión perforó sus tímpanos, cerró los ojos, logró percibir el calor de la bala atravesando el aire, rozando su piel, y luego, vacío. Su rostro dando de lleno contra el agua templada mandándole pinchazos de dolor a todo el cuerpo a través de sus poros.

Dolía.

El dolor lo llenó por completo.

—¡Me mato!¡Por la puta madre, está congelada!

Y lo estaba, tanto que era como si lo hirieran mil veces. Profundamente.

A pesar de su estupor, tan solo tres segundos después de estar chapoteando para levantarse, se dio cuenta de la verdad. Su mente desconectándose y conectándose a la misma vez, el frio y la tibieza mezclándose en su pecho. Y justo cuando consiguió incorporarse sintió como el otro ser presente impactó contra su cuerpo en un abrazo asfixiante que lo envío nuevamente al suelo. Al frio. Al calor.

Todo junto en un beso arrebatador.

Las bocas se encontraron sin demoras y se devoraron con una naturalidad que rayaba en lo obscena. Besos que no le daban un instante para pensar; solo conseguía sentir. Lo dejaban sin aliento, pero le regalaba de su propio aire, solo significaba que sin él no podría respirar. Ni tampoco querría hacerlo.

Eren deslizó sus manos por debajo de la tela empapada. Sus dedos haciendo presión en la blanca y fría carne. Apretando con fuerza los muslos mientras su tacto subía y se deslizaba como una serpiente hasta el redondo trasero. El que estrujó con ahí boca de su contrincante ahogó un respingo excitado pero no consiguió que el beso acabara. Estaban perdiendo oxigeno cada vez más. Pero la necesidad era mucho mayor.

Porque el beso y las caricias no solo transmitían placer físico. También había respuestas en ellas.

Respuestas y disculpas.

Pero de un segundo a otro acabó.

Un golpe le llegó de lleno en el centro del pecho.

Golpes que no causaban daño.

Golpes que se repitieron uno tras otro, cada uno acompañado de sollozos. Sollozos de dolor y vergüenza.

—Júralo…—la voz atragantada por el llanto—…júralo...

—Lo juro— respondió de inmediato.

«Júrame que tú no me traicionarás. Que nunca me abandonarás». Esas eran las súplicas implícitas detrás de aquellas palabras tan aplastantes.

Y él no dudaría en cumplir.

Eren estrechó entre sus brazos el cuerpo tembloroso. Le acarició el pelo y siguió abrazándole. El ser entre sus brazos parecía contrariado…posiblemente porque le encantaba la sensación. Pese al frio que los consumía a cada segundo.

—¿Levi? — le llamó estrechándolo con más fuerza. Besando su coronilla—. No pasa nada.

Por fin remitieron los sollozos. Levi tenía los ojos hinchados y la nariz congestionada. Estaba completamente exhausto. Había hecho demasiado para llegar ahí. Su labio inferior estaba hinchado por los besos y por un golpe que había rasgado la piel, dejándola abierta.

Los dedos de Eren fueron a dar ahí para empezar una delicada caricia en la zona herida. Sus ojos la repasaron igualmente. Fue hecha con fuerza. Un puñetazo tal vez. Apretó los labios conteniéndose y elevó sus ojos. En el primer instante, algo se desgarró dentro de él. Sus riñones o su hígado. Al siguiente segundo y después de otro logró acostumbrarse, engranarse entre los filos de aquellos ojos de plata fundida para llegar más allá de esa mutación.

Todo era como una tormenta. Ira, vacío, confusión, reproche, dolor y arrepentimiento, juntos.

—¿Quién te hizo eso?

Y no solo se refería a la herida física, sino también a la emocional que convirtió sus ojos de infinito en ojos de aguja.

Levi captó sus pensamientos pero negó. En ese momento aquello era lo menos importante. Antes debía…

—Yo…

—Déjame que te abrace —le pidió él—. Por favor.

Levi se relajó ante aquella petición extraña, porque no podía hacer otra cosa. Estaba avergonzado, adolorido y confuso por sentimientos que lo embargaron para destrozarlo sin piedad. Le volvieron a picar los ojos y se tragó el nudo que empezaba a formarse en su garganta.

Eren pareció notarlo y colocó la mano en el cuello blanco. Estaba... ¿temblando?...era un temblor de llanto. Un llanto retenido. Pero antes de abrir su boca, Levi empezó a hablar, en un torrente de palabras que soltaba sin respirar.

—Te he hecho daño. Lo siento mucho. No sabes cuánto. He sido un imbécil…

—No lo eres—le cortó él contradiciéndolo.

—Pero…

—No lo eres—repitió con un decibel más elevado que el anterior para que se lo grabara en la cabeza.

—Lo soy, debí confiar en ti. Sin importar qué…

—No eres un imbécil, y jamás, jamás vuelvas a pensar eso de ti, júrame eso…—lo vio con ojos exigentes y el muchacho se acurró contra él.

—Bien— susurró sin convicción.

—Mírame Levi—le exigió. El muchacho esquivó sus ojos así que le atrapó el rostro con las palmas abiertas—. No me debes ninguna disculpa ¿sabes por qué?— Levi negó—. Nada, nada de lo que tú hagas contra mí me hace daño, ni aunque desearas matarme, porque viene de tu mano ¿Lo entiendes?

Y las lágrimas brotaron al fin, silenciosas.

—¿Cómo puedes ser así?

—Levi— sus dedos recogieron las lágrimas pero fueron retirados de inmediato. Los ojos de aguja atravesándolo con un extraño brillo bailando en ellos.

—Golpéame.

—¡¿Qué?!—sus ojos se abrieron como platos—. ¿Qué demonios me estás pidiendo?

—Haz eso Eren o…

—¿O qué?

—No podré permanecer a tu lado.

—Me reprochas como soy y tú te portas así de desgraciado conmigo…eres cruel Campanita, horriblemente cruel.

—Eres tú el que no entiende, me estoy muriendo de odio contra mi mismo, de la vergüenza por ser así de desgraciado como me llamas y tú te comportas como un príncipe barato haciéndome más miserable, debo suponer que entonces tú no me amas de verdad.

Plaff

Un golpe y una caída.

El sonido recorrió todo el lugar en un eco rudo, acuoso y furioso.

El cuerpo de Levi permaneció solo un instante en el agua completamente porque al siguiente era tirado con fuerza de los brazos para ser zarandeado una y muchas veces.

—¡Jamás, jamás vuelvas a subestimar mi amor por ti! ¡Mierda no!

Esta vez era Eren quien lloraba.

Las manos blancas, mojadas y frias le recorrieron el pecho y luego tenía los brazos enrollados a su cuello.

—No lo hago, pero si en verdad me amas, debes darme todo de ti, lo bueno y lo malo, no me des lo que creas que nos mantendrá unidos, debido a que lo has hecho estamos aquí, así.

—Campanita malvado, eres horriblemente cruel porque te sabes adorado—sus brazos también se enrollaron en el menudo cuerpo.

—¿Entonces?

No hubo respuesta, pero el abrazo se volvió más apretado durante un largo minuto hasta que Eren volvió a abrir la boca.

—Creo que debemos dejar todo claro, pero después, porque no sé tú, pero a mí ya se me congelaron los huevos, aunque si me echas una mano...

—¿Siempre cagas los momentos? Contigo no se puede, además no hace tanto frio, llorón.

—Ya, hablo en serio, me estoy congelando ¿Tú no sientes frio?

—Estoy acostumbrado.

Y Eren lo abrazó más fuerte por otro minuto aguantando el frio, luego lo cogió de la mano, entrelazando sus dedos.

—Yo borraré eso, pero primero salgamos de aquí. Esta mierda se está hundiendo.

—En una hora.

—¿Ah?

—En una hora se hundirá.

—Y me lo dices tan tranquilo.

—Es suficiente tiempo…—levantó los hombros restándole importancia a la premura en la voz del castaño.

—Y yo voy y te creo—sus ojos viajando por todo el pasillo—. ¿Sabes hacia dónde?

Levi asintió.

Apenas podían andar a través de los pasillos, todo estaba inundado, en algunas partes más que otras, a pesar de eso los recorrieron, la salida estaba en esa dirección. En cada paso que daban la temperatura del agua parecía descender un grado más, el vaho congelante se arremolinaba frente a sus caras enrojecidas en las mejillas y amoreteadas en los labios temblorosos. Era sumamente difícil caminar con tanta agua que además les hacía peso en las ropas. Subieron por unos escalones. El agua quedó atrás.

—Es por aquí—le soltó Levi mientras señalaba una entrada que se encontraba a poco del cruce de los tres pasillos.

Pero apenas lo dijo un rumor se escuchó junto con un ligero temblor que se propagaba en las paredes. Era como un silbido.

—¿Qué demonios?

Y explotó.

Una ola de agua apareciendo, estrellándose contra las paredes, elevándose y llenando todo.

—La salida…—susurró Levi quedándose estático.

Eren lo cogió del brazo para arrastrarlo y entonces reaccionó, sus pies empezaron a andar, a la misma velocidad que la del castaño. A pesar de eso, no llegaron muy lejos, la ola de agua los alcanzó, arrastrándolos en una marejada que los golpeó contra muchas cosas, separándolos, la visión se volvió un cúmulo de burbujas sin aire que se filtraban a sus pulmones y les cortaba la respiración. Se buscaron entre la corriente. Sus dedos se rozaron por un instante, un solo instante que no dudaron en aprovechar. Sus dedos se entrelazaron como un nudo de hierro. Patalearon con fuerza aún en contra corriente. Salieron a flote.

No sabían dónde estaban.

Todo parecía igual.

Lleno de agua.

Sus ojos viajaron por todo el alrededor buscando una salida. No la encontraron, pero no les importó, nadaron a ciegas. Los miembros entumeciéndose en cada movimiento, el avance se volvió más lento. Las luces empezaron a fallar, la intermitencia propagándose.

Sus manos volvieron más férreo el agarre.

Siguieron nadando.

La misma corriente los succionó hacia un espacio más abierto.

La luz de las lámparas les eclipsó la visión por un segundo cuando emergieron del agua revuelta.

Habían llegado a un nuevo corredor.

Con esfuerzo subieron por las escaleras. El agua en sus ropas parecía una roca atada a sus pies. Cuando al fin salieron completamente, se dieron cuenta que aquella parte no estaba inundada. Pero el aire frio navegaba ya por esos lares. Pronto también se inundaría.

—De-bemos su-bir más—a Eren le castañeaban los dientes, las palabras salían entrecortadas—. Es-to se va al ca-rajo a cada instan-te.

—Creo que esta-mos en los pasillos de la se-gunda clase—murmuró Levi con los dientes apretado en un vano intento de retener el aliento que le robaba en cada exhalación un poco mas de calor a su cuerpo.

Eren asintió.

—Ya esta-mos cer-ca.

Sentían los músculos atrofiados pero eso no impidió que empezaran a correr en cuanto se vieron libres del agua. En algunas veces se tropezaron, en otras cayeron, todo… juntos. El frio ya había comido más que su carne. Estaba en sus huesos. Sentir la mano del otro los mantenía firmes. Cálidos.

En algún momento a Levi le pareció chistosa su situación.

Este frio era horrendo, pero no más que el de la soledad. Si muriera aquí, moriría feliz. Se rió ante su pensamiento, Eren apretó más el agarre y también sonrió.

Protestas, gritos y llantos llegaron a sus oídos.

Personas vitoreando 'salida'.

Doce pasos más y los vieron.

Un grupo de gente que empujaba sobre una puertecilla enrejada.

Y los que encabezaban aquel revuelto eran conocidos.

Eren se abrió camino hasta llegar a ellos.

—¡Chicos!—les llamó y ellos voltearon a ver.

—¡Ehh, Eren!

—¿Qué es lo que pasa?

—Estos imbéciles que no nos dejan salir— y señaló a dos hombres uniformados que trataban de calmar sus reclamos.

Eren los vio con cierta rabia.

—Abran la puerta, esto ya está por inundarse. Abran de una vez.

—Ya les dije que no abriremos, tenemos órdenes—le contraatacaron.

—¡Hijos de puta!—vociferó Reiner.

—Déjalos—soltó el castaño—. Vengan conmigo.

Y ellos obedecieron.

Empujando a las demás personas bajaron los escalones.

—Abriremos esa puerta quieran o no, malditos cerdos—siseó Eren—. Tomen esa banca—señaló—. La puerta se abrirá.

Sin perder el tiempo hicieron aquello para luego volver tras sus pasos.

La gente que se arremolinaba fue apartada por Levi con fuertes empujones.

Los hombres parecieron asustados cuando vieron sus intenciones pero ellos no se detuvieron. Con un impulso bestial destrozaron la rejilla que los separaba del otro lado llevándose consigo a los dos hombres que los habían detenido.

En cuanto se vieron libres, Eren tomó de la mano a Levi y echaron a correr junto con los otros.

Ya casi.

Ya casi.

Se repetía Eren.

Un poco más y tendrían la posibilidad de escapar de un fatídico destino.

Pero Levi sabía que no era así. O tal vez no de la manera que esperaba Eren.


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El corazón de Levi martilleaba a cada paso dado. La calidez envuelta por el frio en la mano de Eren era como su cable a tierra. El hielo del aire nocturno lo golpeó en cuanto subieron a cubierta. Ahí todo era un revoltijo.

Las personas corrían y se estrellaban unas contra otras.

Parecía una tragicomedia, acompañada por una melodía que lo hacía ver como una pesadilla sin fin.

Eren lo jaló con fuerza para que acelerara el paso hacia los botes.

—Ya estamos cerca, Campanita—dijo con alegría él.

Y Levi solo pudo asentir.

Sí, muy cerca.

Se entremezclaron con todo aquel mar de gente. Le pisaron los pies y se estrellaron contra sus temblorosos cuerpos una infinidad de veces.

Los gritos de los marines eran más fuertes que los reclamos de las demás personas. Pedían a viva voz que se respetara que las mujeres y niños iban primero. Pero la desesperación estaba ya en su límite y a nadie le importaba eso, todos querían salvar sus vidas.

Los ojos de Levi viajaron por todo el lugar. Entonces los vio. El corazón se le aceleró más. Las palabras resonaron en su cabeza. Palabras salidas de aquellos labios cuya dueña lo veía con desprecio.

«Tú no te mereces a Eren. Pero jamás lo había visto tan feliz como cuando estás a su lado. Te daré veinte minutos para que vayas por él, si en ese tiempo no has aparecido en cubierta a su lado, iré yo por él y me importa una mierda si me tendré que aguantar su moquera»

Sonrió con amargura al contemplar el perfil alegre del muchacho mientras se abría paso entre las gentes. Por él era capaz de todo. Lo amaba más allá de si mismo.

El murmullo que envolvía su nombre se le hizo cercano.

—No te preocupes Campanita, tú irás primero, no creas que tu futuro esposo es tan idiota, te aseguro que en el próximo bote iré yo. Nos veremos del otro lado—y rio.

Levi amó esa risa.

En verdad estaban cerca.

Se palpó el arma que había guardado entre sus ropas. La sacó y se la pegó al pecho.

—Eren, cuando te digo que corras, corres.

—¿Qué?

Los ojos color mar lo vieron con extrañeza.

—¡Ahora!

Y sin darle más explicaciones empuñó el arma con determinación, sus ojos de aguja se clavaron en los dos que también le veían desde el otro lado —cuatro sujetos en total—y antes de que ellos pudieran activar sus armas, disparó. Dos cuerpos cayeron. Dos quedaban en pie. Venían a por él.

«Solo los muertos son libres»

El sonido de las detonaciones causó un mayor revuelo entre las personas desesperadas por salvarse.

—¡Corre maldita sea!¡¿A qué esperas?!

—¡¿Qué mierdas es esto, Levi?!

—Mi dote para casarme contigo—una broma cruel acompañada de una sonrisa rota—. Lo siento, Eren.

—¡No te entiendo ni un carajo! ¿Por qué me estás diciendo esto? ¿Qué está pasando?

Su voz alterada le causaba dolor.

—Eren confía en mi—le suplicó—. ¡Corre!

—No, no voy a dejarte aquí.

—Eren, hazme ca…—no pudo terminar, una bala silbó cerca de su oído.

Y Eren lo empujó hacia abajo cubriéndolo de tal cosa, un segundo estuvo ahí, al otro se había echado sobre uno de los tipos descargando en él una furia asesina a través de golpes.

El otro hombre se fue sobre Levi, empezaron a forcejar.

—Sabemos que tu cornudo prometido carga una caja fuerte, tú debes saber la contraseña, pequeña rata, ni creas que nos iremos con las manos vacías.

—Y una mierda, él ya de seguro sacó todo de ahí.

—Entonces tú te mueres porque a nosotros nadie nos ve la cara, menos un afeminado como tú. Asqueroso—el arma brilló directo a su cabeza—. ¡Muere inmundo!

—No en tus sucias manos—le pegó un puñetazo a la quijada del hombre mandándolo hacía atrás pero él soportó su fuerza y se levantó para darle una patada en el estómago que le sacó todo el aire de los pulmones, ni siquiera le dio tiempo de quejarse cuando un golpe a su sien lo terminó de enviar al suelo.

Algunos hombres en medio de la conmoción fueron a por su ayuda. Vestido así, aún parecía una chica.

Menuda estúpida ventaja para él.

Aprovechando aquella distracción se arrastró para alejarse del lugar. Debía alejarse, alejarlos de Eren.

El hombre forcejó contra los otros y al final sus balas los hicieron caer. Liberado de ellos fue tras Levi. Lo alcanzó. Apuntó mientras sonría con maldad.

—Nadie juega con nosotros, mocoso.

Un nuevo sonido de explosión. Una detonación de arma. Una bala viajando en línea recta, directo a su objetivo. Lo atravesó. La sangre empapó la ropa.

El gritó de Eren perforó el aire acompañado el aullido de dolor y el caer del cuerpo.


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Farlan Churchs sentía que tenía más odio que amor a aquel que lo había humillado con tal de ir detrás de un bastardo que no tenía donde caerse muerto. Le ardía profundamente el desprecio de su amor. Mucho más porque había entregado todo. Pero ya no importaba.

—¡Aurou!—llamó con potencia con los ojos clavados en la espalda menuda de Levi que se alejaba hasta desaparecer entre la multitud—. Déjalo ya. Ven, hay cosas que hacer.

El hombre asintió y le siguió el paso.

—Si quieres morirte Levi, bien. Ya no me importas—era una mentira que se quería tragar porque lo que sentía lo estaba pudriendo por dentro.

Regresó a las habitaciones, tenía que sacar todo lo que tenía en la caja fuerte.

—Yo no moriré aquí, labraré mi destino y desde el me reiré de ti maldito—una lágrima brotó cuando sus dedos alcanzaron el collar y el dibujo. Sus ojos viajaron a los dos objetos—. No vales lo que él, pero a ti si te tendré—metió la joya en el bolsillo de su abrigo no sin antes darle una última mirada al dibujo—. Adiós para siempre, Levi.

Y pensó cumplir aquella despedida hasta que lo vio corriendo junto a ese miserable. Tomados de las manos. Unidos más allá de todo. Les dio la espalda deseándoles la muerte, luego se arrepintió. El sonido de detonaciones le detuvo el corazón.

¿Qué demonios estaba pasando?

Sus ojos buscaron contra quienes combatía Levi. Los encontró y reconoció.

¿Ellos?

No podía ser cierto.

Tenía que ser una maldición, una de muy poca y ridícula monta.

Pero supo que no era broma cuando la vio…ahí, en una esquina apartada.

Mikasa, la muchachita con la que jugó para aumentar su fortuna, la que dio todo por él. Su antigua amante. La que juró destruirlo por haberla traicionado, por haberla cambiado por quien solo iba ser un juguete en su gran maniobra de éxito.

Apretó los puños y sus labios formaron un rictus de furia y temor.

Porque cerca y a la vez alejada se encontraba aquella rubia que según Aurou tenía 'algo que ver' con el bastardito castaño.

—¡Putos!—todo en su cabeza encajó como un perfecto puzzle. Aunque no era así de maliciosamente perfecto—. ¡Aurou, corre, maldita sea!—y le señaló la escena que abajo se desarrollaba. El hombre obedeció y él también corrió.

A pesar de todo seguía amando a ese pequeño traidor y si debía morir era por su decisión no por otros. Mucho menos por unos mafiosos de pacotilla que le querían cobrar la deuda del vejete de su seguramente agusanado padre.

Pero llegó tarde.

Sus ojos vieron esos últimos instantes como el absurdo final de una vida de mentiras y jugadas tramposas.

Aurou había llegado a tiempo para disparar contra el hombre que apuntaba a Levi pero solo lo había visto a él, sus ojos no vieron a la chica que también apuntaba.

Los sonidos de las explosiones se camuflaron en uno solo. Porque sí, eran dos balas las recorrieron el aire.

Una atravesó la mano del hombre obligándolo a soltar el arma. La otra se estampó en el estómago de Levi.

La sangre emanó, en un cuerpo de manera más rauda que en el otro.

El rugido de dolor y odio de Eren le atravesó los tímpanos y él también gritó.

Corrió hacia Levi evitando que su cuerpo se desplomara contra el suelo. Eren fue tras el hombre que había apuntado a Levi y la mujer que había disparado. El aura que emanaba era terrorífica. Lo perdió de vista. Escuchó unos gritos a los lejos.

En sus brazos el cuerpo helado y tembloroso de Levi se desangraba.

—Eren…Er-en.

—No hables Levi—había empezado a llorar—. No hables, conserva tus fuerzas, te llevaré a un bote, te sacaré de ahí, no morirás.

—No, Er-en, llama a…Er-en…

—No, olvídalo, él debió venir por ti, pero fue tras ellos, te está dejando morir y sigues pensando en él, basta ya Levi.

—No, no lo entiendes, y-o…déjame ir—un hilo de sangre se escurrió por la comisura de los finos labios—. Eren, tengo que ir con Eren…déjame ir.

—¡No maldita sea! ¡No!—le colocó el abrigo para evitar que el frio entrara a la herida para luego cargarlo en vilo—. Te sacaré de aquí. Olvídalo ya, Levi. No te merece. Yo te protegeré.

Levi se agitó entre sus brazos.

—Te dije que me dejaras ir—un nuevo aliento de fuerza se reunió en su cuerpo y su mano se elevó en un puñetazo que derribó a Farlan. Cayeron a la vez. El impacto le envió nuevos pinchazos de dolor pero se arrastró lejos del hombre—. Tú no entiendes nada, tengo que ir por él…— se levantó a como pudo y empezó a alejarse de él pero no fue muy lejos, los brazos de Farlan lo volvieron a atrapar.

—¡Y yo te dije que lo olvidaras! ¡Olvida a esa basura!—estaba llorando como también lo estaba haciendo Levi—. ¿Por qué haces esto? Él no lo vale. Yo puedo amarte más que él, puedo dártelo todo.

—No quiero. ¡Quiero a Eren! ¡Lo quiero solo a él!— y forcejó con más fuerza sin importarle que eso le causara que la sangre brotara de su cuerpo con más fuerza—. ¡Eren! ¡Eren!

—¡Basta ya!—gritó con más fuerza Farlan eclipsando la voz desesperada del muchacho mientras apretaba su menudo cuerpo contra el suyo para lastimar el área afectada con sus dedos. Levi convulsionó entre sus brazos. El dolor ahogándolo—. Irás conmigo, quieras o no—y el rostro se le ensombreció de tristeza y furia—. Has sido terriblemente cruel y desagradecido conmigo, pero no importa, te perdono. Volveremos a intentarlo, te haré feliz.

Y cada palabra era un juramento que quería cumplir, desde el fondo de su alma por primera vez todas sus acciones no eran producto de una meticulosa farsa para beneficiarse, no, esta vez todo era por el impulso de sus sentimientos. El verdadero deseo de su corazón.

Le besó el cuello y refugió su cara ahí durante unos segundos, sintiendo el errático palpitar y el llanto. Él también estaba sufriendo. Pero Levi debía entender que lo hacía por su bien. Un minuto después lo cargó en brazos cuidando de mantener sus manos prisioneras.

—Ya lo verás, seremos felices. No te volveré a forzar a nada, te cuidaré, esto solo será un mal recuerdo.

—Por favor no, Farlan—a ese punto, debilitado como estaba solo le quedaba rogar—. No me hagas esto, te lo suplico, por favor, sin él moriré.

Pero Farlan ya no quería escucharlo.

Llamó a gritos a Aurou para que les abriera camino y por fin llegar a un bote. El hombre obedeció como siempre.

Alcanzaron uno ya casi lleno. Y no le importó suplicar, porque lo estaba haciendo por quien amaba.

—Déjenos subir, es una emergencia, ella está muriendo. Nos necesita a ambos.

El hombre los vio durante tres segundos, luego los dejó subir.

En cuanto lo hicieron, obligó a Levi hacerse una bolita mientras él hacía presión sobre la herida para detener el sangrado. Sus manos se llenaron del preciado líquido, vivo, tibio y agonizante. Levi le enterró las uñas en la mano para que él aflojará la presión y dejará que la sangre fluyera.

—Deja de hacer eso, Levi.

Levi no obedeció, incrustó más las uñas mientras sus ojos afilados lo veían con odio.

—No sin él.

Pero Farlan no se daría por vencido. Aunque después le costará su desprecio lo salvaría, con él tiempo tendría que entender.

—Lo harás. Así como también lo olvidarás.

Las luces de bengala estallaron en el cielo iluminando sus rostros mientras sus miradas se confrontaban en un remolino fragoso de veneno.

—¿Cuántos años, cuántos meses, cuántos días, cuántas horas y cuántos segundos antes de que siquiera lo pueda intentar? Te arrepentirás.

—Lo soportaré.

El bote empezó a descender. Listo para alejarse de aquella desgracia.

Vidas fragmentándose y hundiéndose en un mar de hielo y lágrimas.


.


El mundo de Eren se detuvo y se destruyó en un solo instante. Su corazón cayéndose a pedazos al suelo igual que el cuerpo de Levi que se empapaba en su propia sangre. Las lágrimas brotaron en una sinfonía de dolor. Una tras otras a la misma velocidad en la que él estaba muriendo. Así sentía…moribundo. Le temblaron las manos. Su mente se desconectó del mundo físico, yéndose al infierno, llenándose de una sustancia tan espesa y oscura como el alquitrán. El odio y el deseo de venganza. Su ojos abandonaron la imagen de Levi y pasaron al hombre que trataba de escapar…corría hacia…

¿Ella?

Entonces lo comprendió. La culpable era ella. Y ahí estaba con el temple sereno, los ojos fijos, un intento de sonrisa de victoria en los labios y el arma aún apuntado.

El grito de ira que emergió de su garganta fue el último suspiro de lo que había sido él.

Todo se fue al diablo.

Su sangre se calentó hasta que se volvió lava y fundió su sistema dejando libre la esencia oscura que ahora había dentro y fuera de él ordenándole los siguientes pasos.

Asesina.

Mutila.

Destroza.

Corrió tras el hombre que escapaba, empujó con furia a todo el que le impedía alcanzarlo y en cuatro zancadas lo logró, en cuanto lo hizo se lanzó sobre él derribándolo y estrellándole el cráneo contra el piso, un sonido crujiente le reveló que le había destrozado la mandíbula al tipo. No se detuvo ahí. Le metió las manos en la boca ensangrentada y tiró de los dos maxilares estirándolos en sentido contrario. El hombre se revolvió desesperado, el dolor y el terror inundándole cada célula. Eren no prestó atención a ninguno de aquellos gorgoteos suplicantes. Él solo escuchaba:

Asesina.

Mutila.

Destroza.

Y él obedeció.

Tiró con mayor fuerza desgarrando la carne, abriéndola en dos hasta que el hombre se dejó de mover. Pero su ira no estaba saciada. Le volvió a estrellar el cráneo contra el suelo. Una, dos, tres, cuatro, cinco veces hasta que lo abrió. Lo abrió para sacarle todo lo malo dentro de él. La materia gris y la sangre emergieron revueltos formando un charco grotesco de sustancia que le manchó la ropa.

A unos pasos, los ojos oscuros, aterrados de la mujer le contemplaron y cuando levantó la mirada ella pareció temblar.

Asesina.

Mutila.

Destroza.

Y fue por ella, quien dio un chillido espantado para echar a correr en el mismo instante, alejándose de él.

Él no le dejaría escapar. Corrió detrás. En su cabeza repitiéndose las mismas palabras, todo el tiempo como un disco rayado, algo que perforaba en su interior y exigía ser obedecido. Un disparo alcanzó su brazo. No lo detuvo.

Eren ya no era Eren. Era odio, ira y violencia en su estado más puro. Imparable.

Pegó un brinco, sus manos como garras casi alcanzando a la mujer. No sucedió.

Fue a dar de cara al suelo.

Lo habían tacleado.

Y se fue tras su atacante. Su puño estrellándose contra el rostro blanco. Un aullido de dolor femenino seguido de un:

—¡Cálmate ya bastardo! ¡La estás cagando!

Era Annie.

Eren no obedeció. La ira terminó de consumirlo. Sus ojos irritados por el llanto, apagados por el quiebre de su alma misma y sedientos de venganza, infinitamente destructivos, crueles y nocivos se clavaron en ella aplastándola.

—¡Así que tú también!¡Tú también!

A Annie apenas le dio tiempo de defenderse.

Los golpes se cruzaron estrellándose en los cuerpos contrarios.

—¡Hija de perra tú estás en esto! ¡Yo te mato, te mato, te abriré como un maldito cerdo!—su voz sádica como un torrente oscuro.

—¡Cierra la puta boca, Eren! ¡No sabes nada! ¡Estás jodiendo todo! ¡Para ya!

—¡NO!—rugió él y le dio un golpe en el vientre que la dobló de dolor enviándola al suelo—. Esta es tu venganza, la venganza porque no te ayudé aquella vez, esa vez que te….

Annie se levantó como un huracán y le asestó un golpe en la mandíbula. Eren trastabilló pero no cayó.

—Te dije que si volvías a mencionar eso te rebanaría el cuello—a ese punto estaba jadeando, adolorida con apenas fuerzas para mantenerse en pie. Podía comprender hasta cierto punto la reacción de Eren, pero eso no lo justificaba a que actuara tan irracionalmente—. Por esta vez te la dejo pasar, pero cálmate ya.

—No, esta me la pagas, te voy a enseñar…

—¡QUE TE CALLES!—explotó Annie—. Esto es un montaje pero tú lo has jodido. Esto era para ayudarlos a ambos. Levi no está en peligro de muerte, pero si de que nunca lo vuelvas a ver.

—No te creo una puta palabra, maldita zorra traidora—el siseó que se escurrió de entre sus dientes apretados era letal. Su mente aún seguía gritando…Asesina…Mutila…Destroza.

—No te he traicionado Eren, esto es una fachada. Solo los muertos son libres. Entiende, ¿o es que acaso él no te contó que debe hasta el alma y se iba a casar para pagar esa deuda, una deuda que es un jodido círculo vicioso que no le pertenecía? Es un desquite, Eren. Esos hombres son a los que les debe Levi. Y solo si está muerto lo dejarán en paz. ¿Eres tan idiota que no puedes ver eso?

—Te lo creeré cuando mate a aquella puta, en serio que luego te creeré—una sonrisa lobuna se resbaló entre sus labios mostrando sus colmillos como una bestia hambrienta—. O mejor te mato primero y luego a ello.

—Pero entonces ya habrás perdido todo realmente. Deja de portarte como un pendejo que no piensa con la cabeza. Ve por Levi, ve por él, si lo haces ahora habrá salvación, pero si me matas y vas tras ella, todo habrá acabado y ni siquiera en la muerte lo tendrás.

A Eren le temblaron los labios, sus ojos aún inyectados por la furia la vieron tan solo un instante más, tratando de ver alguna clase de trampa. No la encontró. Pero seguía dudando.

—Tienes que creerme Eren, ve por él, se nos está acabando el tiempo.

El castaño apretó los puños.

Su mente demasiado jodida por todas las conmociones no podía pensar en nada. Ya no sabía como seguir.

La voz de Levi estallando en un llamado hacia él determinó todo.

El mundo volvió a desvanecerse, iniciando una nueva carrera, dejando todo atrás. Sus pies se movieron solos, directo y en pos de aquel clamor.

La voz de Annie le llegó unos segundos después.

—¡Al otro lado te estaré esperando, apresúrate!

Eren apenas le escuchó, sus oídos trataba de encontrar esa otra voz. Pero ahora solo era un eco en su cabeza.

Se metió entre el barullo de personas y sus ojos buscaron por entre todos los rostros. No estaba ahí. Su corazón se aceleró al girar en dirección al mar abierto. Algunos botes se alejaban. Su corazón latía a toda su velocidad.

Todavía no.

Todavía no.

Debe estar aquí.

Debe estar aquí.

Se abrió paso a punta de golpes hasta la orilla. Pero…

Nada.

No estaba.

Siguió buscando, una y otra vez entre las personas.

Fue entonces que se asomó. Y los vio. En un barco descendente, atiborrado de pasajeros. Pero esas figuras estaban grabadas en su ser a fuego. No había manera de equivocarse.

Eran ellos.

Ahí estaba él.

El cuerpo de Farlan escondiéndolo entre sus brazos.

Gritó con todas sus fuerzas.

—¡LEVI!

Y él emergió. Con el rostro bañado por las luces de bengala y las lágrimas, pálido pero glorioso.

—¡Eren! ¡Eren!

Lo vio revolverse buscando zafarse de los brazos que lo mantenían cautivo. Estirando su mano en una súplica muda y ahogada.

La voz de Farlan se elevó por sobre las suyas.

—¡Basta Levi y tú también bastardo! —afianzó el agarre en el cuerpo de Levi. Sus ojos elevándose hacia Eren. Sus ojos encontrándose en una explosión corrosiva—. ¿No ves la situación? ¿Acaso quieres que se muera? ¿Eso es lo que buscas?

La gente alrededor y en el bote solo los observaba con pasmo.

Los dientes de Eren crujieron al apretarlos.

—Y a ti te importa una mierda. ¡Devuélveme a Levi!

—¡No!—gritó Farlan—. ¡Aurou corta las cuerdas!

Las personas gritaron al ver como el hombre lo hacía. Los marines también gritaron.

—¡Deténgase señor, es peligroso!

—¡Córtalas de una vez!

En sus brazos Levi forcejó más fuerte, pero estaba cansado, débil por la pérdida de sangre, pero no se quedaría ahí, si iba a morir, ya tenía lugar donde hacerlo. Cogió al rubio de las solapas de su traje y lo jaló hacia él y antes de que él hiciera algún movimiento, enterró sus dientes en uno de sus pómulos hasta hacer brotar la sangre. Farlan abrió los brazos soltándole mientras gritaba de dolor y se tocaba la zona afectada. El azabache aprovechó aquel instante. Ese preciso instante en que se sintió liberado de aquellos brazos opresores para dar brinco mientras estiraba los brazos para alcanzar a Eren. La sonrisa le nació fluida mientras veía como Eren abría los suyos para recibirlo.

Farlan hizo amago de querer sujetarlo nuevamente, pero Aurou terminaba de cortar las cuerdas y el bote se precipitó. Un grito brotó de su garganta. Un grito mezclado con el llanto. Mientras el bote caía pudo ver como Levi había logrado llegar hasta la mano de Eren y se quedaba colgando…lejos de su alcance.

Distante, inmensamente Distante. Igual que el cielo, las estrellas y la luna…el paraíso que no era para pecadores. Inalcanzable. Como siempre lo había sido.

El sonido horrendo del bote estrellándose contra el agua, los gritos de los pasajeros medio alegría medio susto, el frio calándole la piel, la sangre escurriéndose de su rostro, los labios temblorosos, los ojos inundados de lágrimas, el corazón en mil pedazos y el barco inmenso perdiendo toda luz, crujiendo, torciéndose, hundido, todo eso formando en escenario sin color sería la última imagen de lo que hubo entre ellos dos.

El viento le acarició el rostro húmedo llevándose no solo sus lágrimas si no también su corazón, o las cenizas que quedaban de el.

Arrodillado, con la sensación brusca de la madera atravesando su ropa ocultó el rostro entre las manos. Lloró con más fuerza.

Era el final para su amor.

El bote empezó a alejarse en un suave vaivén lento y cruel.

Allá…arriba, los ojos de Levi y Eren se volvían a encontrar. La tormenta menguando cada vez más.

—Parece que nuestros encuentros siempre serán así, ¿A que sí, Campanita?…al borde del precipicio.

—Sí—murmuró debilitado el de cabello negro—. Has vuelto por mí.

—Todo por ti—soltó Eren mientras afianzaba más el agarre para impulsarlo a subir y de un tirón lo logró y en cuanto estuvo cobijado por su pecho todo se calmó dentro de él. Unió sus labios a los de su amor, siendo correspondido al instante. Ligera, suavemente. Entregado completamente.

—Gracias por haber vuelto por mí—su voz hecho un hilito—. Gracias por todo Eren, te amo.

Y para él, el mundo se volvió una telaraña de sombras, que crecía y crecía, tejiéndose, llevándoselo sin retorno. La voz devastada de Eren que lo llamaba se fue volviendo un sonido lejano. El frio se esparció por todo su cuerpo, dejándolo sin sentir nada más allá de la tibieza del muchacho y la de su sangre que seguía escurriéndose fuera de él.

El barco emitió un crujido horrendo, una sacudida que enunciaba el final.

Pero él ya no podía ser parte de eso.

Todo despareció.


Notas Finales:

¡Buijiii! Se los había advertido, se los había advertido, no pueden maldecirme por esto. Antes que me maten o me quemen quiero decirles algo, esto es DRAMA, no TRAGEDIA. Ya lo dije no lo vuelvo a repetir. Demasiado spoiler por hoy.

Espero hayan llorado un poquito, como yo lo hice, bueno, aunque hay algunas muy fuertes y no lloran ni con cebolla. ¡DENME SU FUERZA! Sí, bueno, soy muy llorona.

Y ahora sí, la sensual pizarra de honor de las popotías hermosas:

Emely

NanaBusujim

MagiAllie

YoshiUchiha

ElisaM2331

Gabii-chan

L. Middford

Voice-L (-pega grito y la abraza- ¡Has vuelto! Te amo.)

Ola-chan

Akane Miyazaki (-beso, beso y un abrazo gigante- Bienvenida al club señorita hermosa)

Nenas, nos leemos en el siguiente capitulo, que es la segunda y última parte. No me dejen por fa. Y si les ha gustado este capitulo no olviden dejar su comentario, sus palabras y consejos siempre me ayudan. Gracias por todo. Las amo y les envió pastelitos de chocolates de consuelo.

Con amor

Charly*