CUARENTENA
XII
"La rueda de Stripes"
by yesterdayForgetful
Una camioneta sin cofre echando humo del motor transitaba por la carretera acercándose a la ciudad. Desde el asiento del conductor se podían visualizar los grandes edificios y una nube gris sobre estos. La tarde anaranjada caía deprimente anunciado la noche estrellada.
El estado del vehículo era muy malo y tenía poca gasolina. Haciendo cálculos, la camioneta solo llegaría a la entrada de la ciudad. Damien lo sabía, pero solo apretaba el volante y pisaba el acelerador disimulando que no le importaba.
Pip estaba algo angustiado de entrar a la ciudad. No la conocía bien y temía a los peligros que podrían correr ya adentrados entre los altos edificios. Previamente, el pelinegro Damien había hablado con Token por teléfono y quedarían de verse en una parte segura del hotel. Luego ahí se arreglarían las cosas, pero con lo que no contaba el pelinegro era con Pip y los otros dos chicos de atrás.
Quienes estaban al aire libre en la caja de la camioneta sufriendo del viento frío y cortante. Tweek pegado a la ventana evitando el viento en su cara y Craig al lado de él sentado en la orilla de la caja, viendo los edificios. Sus ojos azul marino sumidos en los pensamientos de que hacer ahora… Él ya tenía un plan, el cual era muy exacto y perfecto, pero pasaron muchas cosas que desviaron a otras y terminó así.
"¿Cómo se supone que solucione esto...? Después de lo que pasó hace poco, somos cuatro. No estoy seguro si el chico de ojos rojos y el de gorro café vayan a hacer equipo con Tweekers y yo… sin embargo, yo ya tenía un plan. Creo que dejaré a Tweek con ellos y seguiré mi camino. No puedo dejar a Stripes atrás… aunque me arriesgo demasiado, podría morir en el acto. Pero Stripes debe estar llorando por mi y por ningún motivo quiero poner a Tweekers en peligro"
—C-Craig… ¿Qué vamos a hacer? ¡N-no los conocemos!— Le miró con angustia mientras frotaba sus brazos, el frío era insoportable. La ventanita que conectaba a la caja con la parte delantera estaba cerrada y debido al viento no se oían sus voces muy bien. Craig se sentó al lado de Tweek para tener una mejor charla.
—No lo sé, Tweekers. Pero si ellos tienen un vehículo y se dirigen a la ciudad, deben de tener un plan muy bueno. Lo mejor será que vayas con ellos y sobrevivan juntos a la epidemia.
—¿Q-Qué yo va-vaya con ellos? ¿Y qué hay de ti?— Volteó preocupado su rostro al de Craig mientras los cabellos negros le revoloteaban.
—Yo tengo algo que debo hacer… Será mejor que nos separemos— Ya habían entrado a la ciudad de South Park, un ambiente peligroso y enfermizo estaba por todas partes pintado. Damien no dejaba de ver la aguja indicando que tenían poca gasolina. Dio vuelta detrás de un edificio viejo donde no llamarían la atención.
—Bájense. No tenemos gasolina. De aquí a pie, Pip. Ustedes sigan su camino y no nos sigan— Abrió la puerta y salió azotándola mientras les ordenaba a Craig y Tweek sin siquiera mirarles a la cara.
El otro pelinegro, se bajó por un lado con su mochila y escopeta encontrándose cara a cara con Damien. Tweek bajando torpemente por la parte delantera de la caja con el rifle, encontrándose con Pip al tocar pavimento.
—Gracias por todo...— Le sonrió nervioso mientras trataba se sostener bien el rifle.
—No es nada— Le sonrió con ternura mientras le ayudaba a sostener bien el arma. Pip siempre había sido un ángel con las personas que conocía y no conocía.
Los dos rubios se vieron sonriendo nerviosos pero tranquilos mientras los dos pelinegros se miraban fijo y serios, sin bajar la guardia.
—Yo seguiré de aquí en adelante… Soy fuerte pero él no, te pediría que lo dejes ir contigo y con tu amigo— Aunque Craig no quisiera admitirlo, odiaba pedir cosas y favores, pero se tragó todo su orgullo para salvar la vida de Tweek y pedirle el encargo a Damien.
—¿Y yo qué gano con todo esto?— Le retó con una sonrisa de insolencia haciendo que Craig se incómodara. Dos completos extraños negociaban una vida.
—Te daré esto y espero que te sirva. Tómalo y acepta el trato— Le extiende la escopeta con todas las balas que tenía en la mochila. Dos cajas semi-llenas de cartón con balas color rojo eléctrico dentro de ellas.
Damien miró a Pip conversar con Tweek y regresó la mirada al arma. La tomó casi arrebatándosela de las manos junto con las dos pequeñas cajas de cartón con la munición de la escopeta.
—Trato hecho. Ahora lárgate.
—Si me entero de que le pasó algo a ese chico, aunque sea regresaré del infierno y te mataré con mis propias manos, ¿oíste?— Le amenazó con la mirada a lo cual Damien rió descaradamente. Él era el hijo de Satán. No le temía a nada, ni siquiera a Craig, un simple humano.
El azabache ignoró las risas de Damien y se dirigió con el chico rubio que parecía ser electrocutado cruelmente por sus violentos temblores sin control.
—Tweek, aquí ha acabado.
—¿Eh?— El rubiecito que estaba hablando tranquilamente con Pip se voltea para ver los ojos serios de Craig.
—Lo que oíste. Ahora ve con ellos, es lo mejor.
—¿¡QUÉ!?— Su mente trataba de procesar la información que Tucker le había dado, pero su cara sorprendida demostraba lo contrario. Apenas y había tenido un poco de paz con Craig, y ahora éste le mandaba irse con unos meros extraños a quien sabe dónde.
—Hasta la otra, Tweekers— Sonríe con algo de tristeza por la confusión del pobre Tweek y acerca una mano hasta su cabeza y lo acaricia algo brusco, despeinándolo más de lo que estaba. El rubio se quedó estático mientras que Craig pasaba por un lado de él y se alejaba por una zona que se veía peligrosa, pero a cualquier precio, Craig Tucker estaba más que decidido a ir por Stripes.
—Pip, vamos— Carga la escopeta y toma las maletas que estaban en la caja de la camioneta. Entre más rápido salieran de ahí y encontraran un refugio para aguardar a la noche, mejor.
—¡Sí! Oye, chico— Le jala la manga pero Tweek no deja de ver en la dirección donde Craig se había ido, y se alejaba más y cada vez más de su alcance, dejándole un mal sabor de boca y una preocupación que se desbordaba como sudor.
—M-me llamo… Tweek— Su voz salía automáticamente. Su mirada sin tiempo, su corazón temeroso, unos impulsos indescriptibles de hacer algo rápido o morir ahí mismo. Ir detrás de ese llamativo chico que dio vuelta en la esquina y se perdió de su vista.
—Muévanse o va a anochecer y estaremos en problemas— El pelinegro volteó a ver a los dos rubios y Pip obedeció de inmediato, poniéndose a su lado. Más Tweek no movió ni un dedo. Se veía calmado pero por dentro, el corazón le latía acelerado cada vez que el tiempo transcurría.
Más sin embargo… en un lugar algo cercas de ahí, en un edificio de renta, había una vieja habitación donde la oscuridad reinaba. De vez en cuando, se escuchaban unos ruidos misteriosos por las escaleras, por los pasillos opacados por polvo y en las calles, que ponían al niño tembloroso de nervios.
Estaba en una esquina de la habitación, encogido y con el labio temblando. Unos jeans azules y una sudadera naranja con un notorio diseño de una mancha blanca por la parte del hombro. Trataba de ver entre la obscuridad pero el miedo a los "monstruos" le impedían moverse de ahí y respirar lentamente.
Un pequeño de pestañas largas y finos cabellos naranjas, cerraba sus ojos color negro tratando de despejar su mente y tranquilizarse con cualquier otro pensamiento. Fundió su cabeza entre sus piernas y temblaba a causa del frío.
—Hermanito… Craig… Ven p-por mí, por f-favor— El pequeño Stripes temblaba de miedo y unos lágrimones bajaban por sus mejillas. El hermano menor de Craig, ya a sus nueve años, lloraba por su hermano mayor. Quien ya estaba a unos cuantos edificios de llegar hacia él.
Craig caminaba algo precavido por una estrecha calle. Había dado su arma a Damien y ahora estaba sin nada que pudiera usar como arma más que sus puños y piernas.
Se dirigía a su antiguo departamento donde tenía un cuarto rentado. Vivía la mala vida pero, daba lo mejor de sí para mantener sano y feliz a lo que más amaba. A su hermano Stripes. Quien sufrió demasiado por parte de sus padres, quienes en realidad solo eran los padres de Craig. Stripes había sido adoptado sin saber absolutamente nada sobre su antigua familia.
Pero pasó un día en que Craig no soportó más la situación y en cuanto cumplió la mayoría de edad, se largó de esa casa llena de abusos y odio junto con Stripes y terminó en un cuarto rentado de la parte baja de la ciudad, muy pero muy lejos de los malos recuerdos.
Su economía era baja, pero Stripes amaba estar al lado de su hermano mayor. Ambos chicos habían tenido siempre un fuerte lazo de hermandad, aunque no eran familia de sangre eran familia de corazón, porque para ser familia no se necesita tener la misma sangre corriendo en las venas.
Con cuidado y los sentidos alertas, abrió la puerta de madera y entró al edificio sin levantar sospecha alguna. Pronto se encontró en una recepción de aspecto barato y pobre donde se encontraban colgadas algunas llaves.
Había un rastro de sangre por el suelo alfombrado y la madera tronaba por el clima. El aspecto era tranquilo y misterioso y Craig entrecerraba los ojos para encontrar las escaleras que llevaban al segundo piso.
El joven se sentía asfixiado con tanto polvo y suciedad. Se tapó la nariz con la manga de la mano y tosió un poco. Un último rayo de sol que entraba por la ventana rota era el único que alumbraba el paisaje espeluznante lleno de ruidos sin motivo.
Craig, después de encontrar las escaleras de madera, subió apoyándose en la barda mientras tapaba su respiración con la otra mano. La madera débil y vieja chillaba por las pisadas del pelinegro. Parecía que advertían romperse en cualquier momento.
La vista que tenían sus ojos azul marino era tenue. Estaba casi a ciegas, pero las ventanas del pasillo del segundo piso le dejaban ver un poco hacia donde iba.
—¡Oye! No tengo todo tu maldito tiempo. Avanza o nos iremos sin ti— Damien ya se estaba desesperando por la actitud del tembloroso rubio que tenía la vista perdida en quién sabe dónde.
Tweek no respondió y Damien se dirigió hacia él con paso apresurado, la mirada rojiza ardiendo en llamas y malas intenciones hacia el adicto al café.
Le toma del brazo de un tirón y lo sacude con violencia para volverlo en sí. El chico se sobresalta al instante y asustado trata de zafarse del agarre. Damien decía vulgaridades hacia Tweek mientras lo sacudía enojado, y éste solo decía cosas como "¡Me lastimas!" "¡S-Suéltame!". Parecía que la mirada de aquel par de ojos rojos le lastimaban sus ojos verdes con tan solo verle.
—¡Damien, no lo lastimes!— Llega Pip y lo toma del brazo, evitando que dañe a Tweak. El pelinegro se distrae por la acción de Pip y Tweek logra zafarse exitosamente. Asustado de lo que pudiera pasar enseguida, pega carrera hacia donde había ido Craig sin pensarlo.
Las piernas de Tweek corrían desesperadas cuando el anticristo le gritaba que volviese enseguida. Pip le detenía de los brazos fallando varias veces para impedir que Damien le disparara al chico de cabellos electrizantes.
—Genial… Ahora morirá por no obedecerme— Se separó de Pip y se sacudió las ropas con el ceño fruncido y tremendo enojo en la cara.
Craig caminaba con cuidado y a ciegas. Se dirigía toqueteando las paredes para guiarse y entonces, tocó algo redondo y frio. La perilla de una puerta. La tomó y la giró… pero pasó que algo obstruía el paso del otro lado.
—¿Q-Quién está ahí?— Alza sus ojos negros hacia la puerta con algo de temor.
—¡Stripes! ¡Soy yo, Craig! ¡Abre!
—¡Hermano!— El pequeño corre hacia las sillas y muebles amontonados en la puerta y empieza a quitarlos con desespero y ansiedad, del otro lado Craig también estaba ansioso y empujaba leve para tratar de ver esa cara tan familiar que tanto le tenía preocupado.
—¡Abre, Stripes!— El pelinegro no pudo mantener la espera y embistió la puerta tirando algunas cosas, corrió hacia su hermano menor y lo atrapó en sus brazos, abrazándolo con preocupación.
—¿Estás bien? ¿No estás herido?— Lo separa y lo revisa con la vista y frotándole los bracitos angustiado.
—Sí, estoy bien no te preocupes. Pero me hacías falta… qué bueno que estas aquí— Se le tira encima abrazándolo con el cariño más grande que jamás le pudo tener a alguien y Craig corresponde sonriendo.
—Te extrañe, Stripes. No sabes cuánto me hacías falta tu también— Le acaricia la espalda y lo apapacha con dulzura, sacándole una risitas al menor.
Cercas de ahí, unas pisadas se aproximaban ante la conmovedora escena. Unas pisadas desconocidas… La puerta estaba abierta y ambos chicos dentro estaban indefensos. Craig había perdido su escopeta, el cuarto no tenía ninguna salida más que la puerta misma que estaba abierta… De pronto, una silueta se hace presente.
N/A: Debido a las preguntas sin respuestas de tantas lectoras, déjenme agregar que alargare un poco más la historia, no sé si llegare a los 25 capítulos… o quizá más que eso, pero lo que sí es claro es que antes de cerrar con esta historia dejare todo en claro.
Por otra parte, me mencionaban sobre Wendy y Bebe. Ellas saldrán, tengo planeado que salgan pero a su debido momento.
Sobre lo de Clyde y Token… Lo pensaré.
Ah. Y por si acaso, Craig no usaba ropa militar, dije que sus botas y los zippers de su mochila le daban un toque militar, más que nada quería hacer notar las armas.
Que pasen buen día ^^
