Disclaimer: (lo mismo de siempre) Todo es de Rowling exceptuando las personalidades de muchos personajes y los inventados por nosotras.

Que disfrutéis ^^


Capítulo 11: Enfrentándose a nuevas situaciones (II)

Paseaban por las calles transitadas por coches y escasas personas, viendo el pai saje tan verde de aquella zona. Albus caminaba por delante de sus amigos junto a Sandy, la que no paraba de hablarle y que de vez en cuando se giraba para mirar con una sonrisa a los chicos.

A la hora de irse a dormir, tanto Scorpius como Alan habían comentado lo simpá tica que era la chica con Albus, esas miraditas que se lanzaban, a lo que el chico se defendió desviando el centro de atención hacia el rubio, alegando que Rose también lo miraba así. Scorpius pareció confundido de verdad, pero las carcaja das de Alan le hicieron sonrojar a pesar de no entenderlo del todo y de que él no mostraba muy a menudo sus emociones.

Durante la cena estuvieron comentando los partidos de quidditch de Hog warts, logrando que Scorpius y James tuvieran una conversación civilizada. Tam bién hablaron un poco de lo más destacado del Ministerio, así como la búsqueda del cadáver exhumado de la fundadora de la casa Ravenclaw. Los aurores no tenían pistas, ni testigos, ni sabían por qué se había cometido tal atrocidad.

Por otro lado, también hablaron de la vecina amiga de Albus. Ginny se asustó al escuchar los gritos de Dorothy, la hermana de Sandy, llamándola de una casa a otra porque la bruja acababa de hechizar los cubiertos, llevándolos hasta la mesa del salón, sin percatarse de que la chica muggle estaba al otro lado de la puerta abierta del jardín. Albus, por su parte, se sonrojó ante el olvido, porque su madre siempre le decía que si Sandy iba a casa que lo dijera para estar prevenidos.

Llegaron a un parque dominado por altos árboles de hojas verdes, repleto de ban cos que distaban de unos cuatro metros entre ellos. También había fuentes repartidas por todos los rincones, pero ninguna comparada con la gran fuente que había en el centro del lugar, decorada con pequeñas figuras que representa ban diferentes criaturas mitológicas, tanto dioses como animales.

—Que bonito —murmuró Alan acercándose a Sandy que se apoyaba en la baran dilla de la fuente.

—¿A que sí? A mí siempre me gusta venir a descubrir nuevos detalles de las esta tuas —dijo la chica en el mismo tono que Alan.

Scorpius rodó los ojos al ver a su amigo tan fascinado mirando los trozos de pie dra que se repartían por toda la fuente. Se fijó en la pose de la chica que que daba de espaldas a él y a Albus y creyó estar viendo a Rose, a pesar del color rojo de su pelo, que siempre se emocionaba por pequeñas cosas junto a Alan.

—Es mejor que nos vayamos —dijo casi en un susurro el moreno de ojos ver des.

Los otros tres se voltearon para mirarlo, sin comprender. Miraba tras la es palda de Scorpius y todos siguieron esa dirección. Entonces vieron a un grupo de jóvenes de más o menos su misma edad acercarse a ellos. Dos chicos iguales iban en cabeza, siendo claramente gemelos, andando con altanería. Ese gesto puso en alerta a Scorpius que se llevó lentamente la mano al bolsillo trasero de su pan talón, dispuesto a protegerse de esos muggles. Pero Albus dio un paso hacia él y le agarró disimuladamente la muñeca para detenerlo. Entonces a Malfoy no le quedó más remedio que alzar la cabeza imitando el gesto de aquellos dos, porque a él no le ganaba nadie en altanería, bueno, tal vez James Potter.

—Vaya, vaya, el pequeño Potter ha vuelto a aparecer por su casa —comenzó el chico de chaqueta vaquera con una arrogancia mayor que la de Fray Sullivan—. ¿Tal vez tus padres por fin se han acordado de ti y de tus hermanos? Pensábamos que os querían encerrar para siempre en ese colegio para lelos.

La pandilla que lo seguía soltó alguna carcajada apoyando al chico. Sandy y Alan se habían acercado a los otros dos y ninguno se acobardó ante la voz prepo tente del chico de la chaqueta vaquera.

—Seguro que si estuviera James aquí no tendrías tanto atrevimiento —dijo indife rente la pelirroja cruzándose de brazos.

—Já, seguro —comentó el gemelo con ironía—. Pero no está aquí, así que no te nemos motivos para temer a nadie que se junte con vosotros —añadió con un gesto de asco mirando a Albus y a Sandy.

—Tal vez deberías temerme a mí —amenazó Scorpius con una sonrisa tor cida en el rostro.

—¿Y eso por qué? —preguntó el chico de la chaqueta vaquera. No era mucho más alto que el rubio, ni más fuerte, así que lo único que podía temer era ese tono realmente amenazador en su voz, característica de los Malfoy.

—No creo que lo quieras descubrir.

Scorpius había calado a ese tipo desde el principio, así que no hizo caso de los avisos que Albus le daba golpeándole el brazo. El chico de la chaqueta avanzó un paso midiendo al rubio a lo que él se separó de sus amigos para enfrentarlo. Sus sombras se dibujaban a lo largo del parque, iluminado por las farolas al ser de noche.

Alan sintió una pequeña presión en el pecho y abrió los ojos mirando a derre dor, sintiendo el peligro cerca. La chica percibió el cambio en su posición y lo miró con interrogación. Entonces pasaron muchas cosas a la vez.

El cielo nocturno se cubrió de nubes, una luz alcanzó al grupo de jóvenes mug gles que cayeron inconscientes al acto, a la vez que los otros chicos se agacha ban por acto reflejo al identificar aquello como un hechizo. Pero como Sandy era muggle no tuvo el mismo instinto y no tardó mucho en ser alcanzada por otro rayo más leve y sus piernas se doblaron sin remedio, en dirección al suelo. Alan fue rápido y la cogió a tiempo, tumbándola a su lado y acto seguido sacaba su varita imitando a sus dos amigos. Buscaron en la oscuridad, pero no percibieron movimiento alguno. A pesar de eso, Alan no dejó de murmurar que se fueran de allí.

—Pero si alguien ha lanzado un hechizo contra los muggles que querían atacar nos, se supone que debemos sentirnos protegidos, no asustados —le decía Scorpius a su amigo.

Albus, de todas formas, quería irse a casa para atender a Sandy, así que se puso de pie y se acercó a su amiga para sentarla e intentar llevarla en brazos.

—Espera, yo la llevo —dijo el rubio con un suspiro siguiendo al chico.

Scorpius pudo él solo con la chica en brazos, para sorpresa de los otros dos. El rubio no quería que lo supieran, pero había estado durante muchos años co giendo a su hermana dormida en el sofá de la mansión para llevarla hasta su cama. Eso le había dado una fuerza en los brazos nada propia de su composición delgadu cha. La casa de los Potter no pillaba muy lejos, pero por si acaso llevaron las varitas en alto y observaban a su alrededor a cada paso.

Scorpius y Albus caminaban más o menos relajados a pesar del estado de Sandy; no sentían el miedo a ser atacados como Alan. Pero antes de llegar a desespe rarse pisaron el patio delantero de la casa de Albus y se apresuraron a abrir la puerta y cerrar con llave tras de sí. Alan los siguió pasillo adentro hasta el salón, donde los padres de Albus y sus hermanos veían la televisión tranquila mente, ajenos a lo sucedido en el parque. Pero no duró mucho ese momento rela jado porque los cuatro giraron sus cabezas hacia el chico que entraba con un cuerpo entre los brazos.

Harry fue el primero en levantarse y correr a ayudar a Scorpius a poner a Sandy en el sofá. Acto seguido James se hizo a un lado cogiendo a Lily por los hom bros para apartarla. Ginny se dirigió hacia la mesa para coger su varita al tiempo que Harry se inclinaba sobre la chica para comprobar su respiración.

—Sólo está inconsciente —dijo para calmarlos a todos.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Albus en un arrebato desesperado, sin pensar si quiera en lo que decía.

Su padre lo miró medio escondido tras Scorpius y vio en sus ojos ese miedo a per der a alguien querido que tantas veces él había experimentado en su juventud.

—¿Y si le han lanzado un Avada Kedavra? —controló su voz para que no se que brase, pero todos percibieron el temblor.

—¿De qué color era el rayo que la alcanzó? —preguntó seriamente el auror.

—Azul —contestó Alan ante la mudez del chico—. Un Avada Kedavra es verde.

Albus miró a su amigo y después vio el asentimiento de su padre, y pareció cal marse un poco más.

—Contadme lo que ha pasado antes de hacer nada con Sandy.

Pasados unos minutos, después de relatar lo que había pasado, el ambiente en el salón de los Potter era más relajado. Mientras, Harry pensaba en la mejor manera de actuar puesto que la chica muggle había visto cómo un rayo alcanzaba a los otros jóvenes.

—Lo mejor es desmemorizarla —concluyó entre el silencio de los demás.

Casi todos aceptaron la solución del mago. Menos Albus que se puso en pie y parecía enfrentar a su padre.

—No.

—¿No? ¿Y qué pretendes que hagamos? —preguntó su madre un poco enfa dada por la actitud de su hijo. El chico bajó los hombros visiblemente.

—No quiero que le hagas el mismo proceso que se le hace a todos los mug gles… cuando presencian la magia —contestó mirando solamente a su padre.

Harry sabía que Sandy no era una muggle cualquiera para su hijo, era su amiga de la infancia entre otras cosas, y por eso sabía por qué había reaccionado así.

—No creo que debamos tratarla de un modo especial. —Albus se giró para mirar a Scorpius sin cambiar su expresión—. De todas formas es muggle.

El rubio estuvo a punto de decir que "era una muggle cualquiera" pero sabía que no era así, lo había comprobado pasando unas pocas horas con ella. Y menos mal que Albus supo ver ese sentimiento en sus ojos porque podía interpretar su comentario de otra manera.

—¿Y si… la despertamos y hacemos como que se ha desmayado? —sugirió Lily desde su posición, pegada al cuerpo de James con una mano sobre la que su hermano tenía en su hombro.

Harry miró a Albus y asintió cuando su hijo pareció aliviado.


Iban en coche de nuevo, ahora de camino al pueblo donde vivían los abuelos Weasley. Habían pasado unos escasos tres días desde aquel incidente en el parque y habían comprobado con satisfacción que el plan había salido a la perfección. Sandy se había creído la historia que le contaron los tres chicos, en donde Teddy aparecía con una moto y cruzaba el parque cegándolos a todos con las luces; y que acto seguido el grupo de amigos de los gemelos Schupert (así había dicho Albus que se llamaban) y ellos mismos salieron asustados al ver al joven ir a por ellos. Le dijeron además que ella se había desmayado porque creían que la moto los iba a pillar.

Los días siguientes fueron normales y por eso Albus parecía tan feliz y relajado, porque había pensado que podía descubrirlos. Así que iban a celebrar los cumpleaños atrasados y por llegar de los tres chicos en compañía de los abuelos y algunos familiares más sin nada por lo que preocuparse.

Harry aparcó el coche en el solitario jardín de la Madriguera y después lo siguieron recorriendo el camino que llegaba hasta la puerta de la entrada de sus suegros.

—Así que esto es la madriguera —afirmó más que preguntó Scorpius mirando a su alrededor. Albus lo miró con extrañeza por ese tono y los otros Potter lo miraron de reojo—. Mi abuelo me ha hablado mucho de este lugar. —Desvió su mirada entre la familia antes de llegar a la puerta y añadió: —Dudo que os gustara oír sus palabras exactas.

—No sé lo que dirá tu abuelo, pero aquí nos hemos criado toda mi familia y hemos sido más felices que en cualquier otro lado.

El rubio sonrió ligeramente y siguió a su amigo hasta el interior de la gran casa.

Molly Weasley había preparado una gran tarta decorada desde los cimientos hasta la punta más alta. Se distinguían snitchs, escobas, gnomos de jardín, lechuzas, incluso leones, pero lo que más destacaba era el color rojo y dorado que caracterizaba cada figura.

Habían agrandado el salón y ahora se sentaban todos alrededor de una mesa enorme jamás vista. Al llegar los Potter se habían encontrado con unos cuantos familiares más, aunque todavía faltaban algunos tíos y primos. Lo importante, para Scorpius, era que habían recibido a un Malfoy como si fuera un Weasley más. El chico se preguntaba si es que no se habían enterado quien era él realmente, pues no podía comparar las palabras de su abuelo al describir las relaciones Weasley-Malfoy con su recibimiento.

—¿Y ese codazo que le dio Scor al cazador de Slytherin en el primer partido? —seguía comentando Fred sin parar de reír mirando a los jóvenes que se sentaban todos en la misma zona de la mesa.

—Pero lo mejor de ese partido fue el giro que dio Rose cerca del suelo —dijo ahora el rubio mirando a la chica.

Ella se sonrojó ante los efusivos asentimientos de su primo. Junto a éste estaba Lucy Weasley, la capitana del equipo de Hufflepuff, que acompañaba a sus primos con carcajadas. A pesar de ser rivales en el campo, eran primos y se gastaban bromas entre ellos sobre todos los momentos en los partidos.

—Pero admite que nos lo dejaste muy fácil en febrero con ese guardián de pacotilla —le restregó James a Lucy, quien hizo girar su cabeza muy rápido, dándole con la melena negra en la cara a Fred que rió por su reacción.

—No te metas con mi guardián porque al menos es mejor que el de Slytherin —dijo muy altanera pero con una sonrisa en la cara—. Bueno, en general, el equipo de McLaggen es malo.

—No creo que Lorcan Scamander sea mejor que Matthew Green, sin querer favorecer a la serpiente —añadió James negando con la cabeza.

Scorpius asintió de acuerdo con el hermano mayor de Albus.

—Eso lo dices porque te cae mal —dijo Rose mirando a su primo y también al rubio.

Desde el otro lado de la mesa, los mayores miraban a los más jóvenes sonriendo, viendo las risas que se echaban y las miradas cómplices. En especial, Harry, Ron y Hermione se fijaban en la extraña relación que mantenían sus hijos con un Malfoy, con ese chico que tanto les recordaba a Draco Malfoy.

—Con que ese es el amiguito de Rosie, el tal Alan —comentó Ron ante el silencio de los adultos.

Al parecer sus pensamientos se habían centrado más en aquello que Harry le contó hacía unas semanas. Al relatarles a sus amigos y a su mujer cómo fue la clase que les dio a los jóvenes no pudo omitir el pequeño detalle que supuso ver a la pequeña Rose muy pegada al chico de ojos negros, aunque decidió eliminar de su relato la mano que había puesta en el hombro del chico.

—Es muy buen chico —dijo Ginny para calmar cualquier mal pensamiento de su hermano.

—Y también parece muy amiga del chico Malfoy —siguió el pelirrojo ignorando a Ginny.

—Estos días lo hemos podido conocer mejor —interrumpió Harry los pensamientos de su amigo—. Es amable, simpático y parece maduro para su edad.

Harry estaba recordando, entre otras cosas, el momento en que lo vio entrando por la puerta del salón con Sandy en brazos. Pasado el susto, recapacitó sobre lo que había sucedido y pensó que un Malfoy no habría ayudado a un muggle ni aunque fuera su vecino de verdad.

—Lily conoce a su hermana —dijo Ginny mirando a sus amigos y marido—. Dice que es muy callada, introvertida, y que pocas veces le ha visto demostrar afecto por los demás. Sólo esa vez en que Albus la defendió del Slytherin que tantos males de cabeza nos ha dado. Me dijo que la chica parecía enfadada porque su amiga había recibido un hechizo.

—Hugo también me ha contado algunas cosas de ella. Helen, se llama. —Ginny asintió hacia Hermione.

—Pero a quien sí quiere y mucho, según Lily, es a su hermano. —Volvieron a mirar al chico.

Cada vez veían ese reflejo de Draco Malfoy en Scorpius más lejano, en parte porque lo estaban conociendo más, pero también porque su padre no se habría reído de esa forma estando ellos cerca, ni había mirado a un Weasley como lo hacía el chico.

Esa tarde la pasaron en el patio jugando a quidditch con las viejas escobas que quedaban en el trastero de la Madriguera y con algunas bludgers desvencijadas que eran utilizadas por los más jóvenes después de haberles servido durante muchos años a los ahora adultos.

Más tarde, a la hora de cenar, entraron cansados directos a sentarse a la mesa a esperar la próxima comida. Entre los primos que habían ido al pequeño cumpleaños formaron dos equipos, consiguiendo la victoria el equipo de James. Es por eso que Fred, así como Scorpius, Lily, Hugo y Roxanne, había entrado en la casa alegando que aunque fueran uno más no era justo porque tenían a tres jugadores muy pequeños e inexpertos. Ante eso, Scorpius asentía y Lily y Roxanne protestaban por haberlas llamado pequeñas.

—Sólo tengo un año menos que ellos —le decía Roxanne a su hermano señalando a Albus, Scorpius y Rose.

—Pero ellos saben jugar y tú no —la aguijoneaba Fred para hacerla rabiar.

—Y también hay que contar esa falta que os hemos concedido a pesar de ser una falta en toda regla —añadió Scorpius mirando a Lucy, porque aunque la relación con James iba mejorando no se atrevía a enfrentarlo allí, frente a toda su familia, por si acaso.

—Disculpa, Scor, pero sé que has fingido porque no te he hecho tanto daño —discrepó Rose, la culpable del moratón que ya empezaba a oscurecerse en su hombro izquierdo.

Seguían discutiendo, mientras el rubio le mostraba el moratón a la castaña, mientras Lily los observaba y mientras Ginny le preguntaba a Audrey sobre su hija Molly que no había acompañado a sus padres y a Lucy a ver a sus abuelos, se abrió la puerta de la casa y aparecieron dos personas. Ted Lupin y Victoire Weasley, con una enorme sonrisa en el rostro, mirando a su familia.

—Por fin apareces —dijo Harry a la vez que saludaba a su ahijado.

El chico lo abrazó con unos golpes en la espalda y después fue a saludar a sus hermanos, porque no había otra forma de definir su relación con los hijos de su padrino. Habían crecido en la misma casa, bajo la protección de Harry y el amor de Ginny, y habían compartido los mismos momentos que comparten los hermanos.

James y Albus lo abrazaron y Lily se enganchó a su cuerpo, demostrando cuánto lo había echado de menos. Después se dirigió hacia Victoire, su prima favorita, y la abrazó de igual modo o incluso con más fuerza. Ante eso, Ted, que ya no llevaba el pelo azul sino dorado como sus ojos, le indicó que aflojara un poco y la sostuvo por una mano a su lado.

—Tenemos noticias para daros —anunció después de saludar a todos, inclusive a Scorpius y a Alan.

Había creado expectación y veía muchos ojos puestos en él. Nunca había sido muy elocuente a la hora de hablar delante de mucha gente y en esos momentos era cuando más se notaba su torpeza. Acababa de darle un codazo a Lily sin querer en el hombro cuando soltó lo que quería decir.

—Nos vamos a casar. —Las caras empezaron a mostrar la felicidad por aquella noticia cuando los detuvo a todos alzando las manos, pues todos querían felicitarlos—. Pero hay otra cosa…

—Estoy embarazada —acabó diciendo Victoire, desesperada por la lentitud de su futuro marido en contarles todo.

Entonces se desató el escándalo. Molly soltó un chillido y corrió a abrazar a su nieta y a Ted, que en cierto modo también lo consideraba otro nieto más, mientras lloraba y los felicitaba una y mil veces. Arthur la detuvo y los felicitó entonces él. Ginny contuvo las lágrimas pero fue a felicitar a la pareja, aunque Hermione no pudo soportar la emoción. Lily se había vuelto a enganchar a Victoire pero sin apretarla como antes por no hacer daño al bebé. Angelina, la mujer de George, y Audrey, la de Percy, se acercaron a felicitarlos como todos los primos de la chica.

—Hemos estado en El Refugio esta semana, hablando sobre los preparativos de la boda y esas cosas —le contó Ted a Harry ya sentados en la mesa, cenando.

No era el único que lo escuchaba, así que no fue extraño ver un brillo ilusionado en los ojos de Molly, quien no se detendría hasta preparar toda la boda.

—Le pidió mi mano a mi padre —comentó Victoire sin venir a cuento, como si hiciera tiempo que quería soltarlo.

Los que la escucharon se imaginaron a Ted frente a Bill con la cabeza inclinada como muestra de respeto y pidiéndole la mano de su hija mayor. Sonrieron ante la idea, ya que en aquellos tiempos, y en los de la adolescencia de Harry y compañía, no se seguían esas tradiciones ni se era tan caballero.

Se vio el efecto que quería conseguir la joven porque Ted había enrojecido y su pelo había pasado a ser de un tono más claro. Eso hizo sonreír a su novia y ella lo besó en los labios.


Ya en la casa de los Potter, alguien se asomó por la puerta abierta del baño del piso de arriba, sabiendo de antemano quién había allí dentro. El chico se estaba mirando la espalda en el espejo, intentando ver ese moratón que ya se mostraba en todo su esplendor.

—Si quieres te lo curo —dijo Lily desde el marco de la puerta. Scorpius la miró con una ceja alzada—. Tengo un bálsamo que me dio Victoire; está estudiando para medimaga —añadió para explicarle la segura procedencia.

El chico se alejó del espejo y abrió la boca para preguntarle dónde estaba pero ella se adelantó:

—Lo tengo en mi habitación.

Y se marchó hacia allí seguida por el rubio que acababa de recoger su camiseta del pijama de encima del baño. Entró a la habitación de la hermana de Albus y caminó con lentitud hasta llegar al escritorio donde Lily rebuscaba en sus cajones. Se fijó en la cama con las sábanas doradas y un león en el centro, en los posters de chicos muggles que le hicieron sonreír, en las fotos de su familia de las estanterías y en las estrellas que colgaban de la luz del techo.

—¿Qué es eso? —preguntó Scorpius cuando vio un tarro con algo verde y espeso en la mano de la pelirroja.

Lily sonrió por su cara de asco y después le indicó que se sentara en la silla del escritorio. Entonces aplicó el bálsamo con sus dedos sobre la zona amoratada y alrededores, poniéndole la carne de gallina al chico ante la temperatura de la poción.

—Tu hermana es muy guapa —comentó Lily para romper el silencio. Él alzó una ceja, pero de inmediato se le ocurrió una idea, como si estuviera esperando algo para solucionar ese problema que tenía desde que empezó el curso.

—Lily, tú la conoces. Quiero decir que vas a clases con ella y eso.

Ella asintió mientras separaba los dedos de la piel del chico y buscaba algo para limpiarse. Scorpius le ofreció su camisa y ella no prestó atención a lo que cogía.

—¿Te podría pedir algo? —preguntó girándose en la silla para mirarla a los ojos.

Lily volvió a asentir.

—Me gustaría que… que te hicieras su amiga. —Lily seguía mirándolo pero ahora había un tono irónico en sus ojos marrones—. Sé que es difícil pero necesito saber si está bien cuando no puedo verla o si la tratan mal…

—Yo creo que ella sola se puede defender —dijo tratando de aliviar su preocupación. Los ojos grises mostraron ahora ese mismo tono irónico que había usado ella—. Lo puedo intentar, además me cae bien, pero yo de ti no la agobiaría mucho.

—Gracias, Lily —le dijo el rubio presionándole un hombro antes de irse a la habitación de enfrente.


—Me encanta tu familia —comentó Alan en un momento de silencio.

Se estaban acomodando ya en sus camas esa última noche antes de volver a sus hogares. El chico no había participado mucho de las conversaciones sobre quidditch, como tampoco había jugado con ellos en el patio, pero él, que era muy detallista, se había fijado en cada uno de los miembros de la familia de su amigo, viendo cosas que a simple vista no se veían. Lo más importante que había descubierto era que, aunque unos fueran a Gryffindor y otros a Hufflepuff como Lucy, o a Slytherin como Roxanne, compitieran entre ellos en quidditch o tuvieran personalidades completamente opuestas como Lucy y Lily, todos compartían la felicidad de otros, como el embarazo y la boda de Victoire y Ted, mostrando, aunque fuera muy poco, su propia felicidad ante ello. Estaban unidos mediante lazos invisibles, unos más gruesos que otros, pero al fin y al cabo dando el mismo resultado: mantenerlos unidos.