- Qué vamos a hacer, hermano mío?.- dijo Koumei, preocupado.
Kouen miró a su alrededor, en la habitación. Él estaba sentado en la amplia cama de la habitación que Sinbad le había ofrecido para hospedarse allí. Koumei estaba sentado a su lado, a la derecha, y Kougyoku a su izquierda. La cama era tan amplia que los tenia bastante lejos. Hakuei estaba sentada frente a él, en una amplia silla, mientras Kouha estaba sentado con las piernas cruzadas, a su lado, y Judal sentado con la espalda apoyada en las piernas de su hermana.
Suspiró, apesadumbrado.
Habían recibido un informe de Hakuryuu a través de magia de clarividencia a larga distancia, que estaba cumpliendo funciones de embajador en el Imperio de Reim. Les había comentado que todo había ido bien, las negociaciones- que beneficiaban más que nada a Kou- estaban yendo viento en popa, hasta que la gran sacerdotisa, la Magi de Reim, había fallecido al fin. Sabían que tarde o temprano sucedería, porque cuando había partido de Magnostadt a Reim, ya parecía bastante deteriorada.
Y allí las negociaciones se habían derrumbado. Era ella la que las mantenía, buscando la paz para su Imperio, y al no estar más físicamente entre ellos, sus candidatos a rey se habían obnubilado de dolor, desorientados, y habían decidido cortar relaciones con el Imperio Kou. Lo que para Kouen, significaba la guerra.
- Por lo pronto, lo correcto es que Hakuryuu salga de allí. No queremos que Reim tenga a uno de los nuestros y lo secuestre intentando doblegarnos.- Hakuei lo miró con horror.- No te preocupes, es solo por precaución. Reim no nos ha declarado la guerra.
- Aun.- dijo Judal desde el suelo. Parecía fuera de si de emoción.
- Esto no es un juego Judal-chan.- lo reprendió Kougyoku. El silencio se hizo de nuevo.
- En todo caso, qué debemos hacer nosotros?.- volvió a preguntar Koumei. Todos tenían rostros preocupados- menos Judal. La seguridad del Magi era lo único que impedía que en el rostro de Kouen también se asomara la preocupación.- Debemos quedarnos aquí, o debemos volver a Kou?
- No hemos decidido qué hacer con el nuevo enemigo que se nos presenta. No ha habido cambios desde que llegamos aquí, y la verdad, no seque es lo que esperábamos cuando aceptamos la invitación de Sinbad.- dijo Kouen, sin mirar a nadie en particular.
- Y si le pedimos que se una a nosotros, en caso de que Reim nos ataque? Seria justo, considerando que habíamos establecido un acuerdo de paz entre los tres reinos.- dijo Kouha, bamboleando la cuchilla gigante que representaba su contenedor metálico.
- Puede ser una posibilidad.- dijo Kouen, admirado por la capacidad mental de Kouha de querer sacar ventaja de la situación actual.
- No íbamos a invadir Sindria?.- dijo Judal, enojado.
- Judal-chan, basta!
- Cállate, vieja bruja!.- dijo el Magi, parándose.- Creo que hay otro problema peor encima.
- Asi es.- Kouen también se paró, haciendo que sus hermanos lo imitasen.- Aun tenemos que solucionar el tema de la sucesión de nuestro padre.
Hakuei bajó la mirada, apenada. Sabia que hablaban de su madre. Las palabras de Hakuryuu aun daban vueltas en su mente. No dudaba de su veracidad, confiaba ciegamente en su querido hermano, pero…el odio que lo consumía la asustaba. Tenia miedo que su hermano menor cometiera una locura.
- Hakuei…no queremos ponerte en una situación difícil.- dijo Koumei, de repente.- Pero entiende que fue una sucesión dudosa, y que la Organización está detrás.
Koumei tenia razón. La Organización. Al Sarmen.
Kouen siempre había sospechado del poder que mantenía Gyokuen, de como se había librado de la dudosa muerte de su esposo, del abandono de sus hijos, de como había contraído matrimonio con su difunto padre…y ahora había mostrado sus verdaderas intenciones, asumiendo en su lugar.
Ya había hablado con Judal a solas, horas antes. Aun dudaba un poco del Magi oscuro, pero parecía decidido a abandonar la Organización. No sabia si iba a ser tan fácil como Judal creía, pero por lo menos, por el momento, a Kouen le bastaba que lo intentara, y que lo apoyara a él en sus planes. Le pareció que el Magi oscuro ocultaba algo, pero no le dio demasiada importancia. Asumió que no tenia nada que ver con sus problemas actuales. Quizás se hubiese peleado con su hermana Kougyoku. No le importaba demasiado, realmente.
- Lo sé.- dijo Hakuei, sacando a Kouen de sus pensamientos.- Y lo sé todo, Hakuryuu me lo comentó.- le tembló un poco la voz.- Cuenten conmigo.- sus ojos brillaban de determinación.
- Gracias.- dijo Kouen. Estaba genuinamente agradecido.- Por el momento, no veo alarma para que nos movamos. No creo que ataquen directamente, sin declarar la guerra primero.
- Yo notaré si entran a Kou por la fuerza.- dijo Judal, serio. Todos lo miraron.- Si los infelices de Reim deciden su sentencia de muerte, se los hare saber.
- Bien.- Kouen estaba mas tranquilo. Comenzaba a agradecer la presencia del Magi oscuro allí.
Sus palabras daban por concluida la reunión secreta. Esperaba que hubiese sido secreta.
Sinbad estaba empezando a tener problemas. Serios problemas.
Graves.
Y eran varios.
Luego de haber repetido otra sesión de sexo maravilloso con Judal, había vuelto a la realidad, recordando que había decidido hablar con Kouen sobre la situación actual de la guerra que se les avecinaba. Estaba decidido a forjar algún tipo de alianza con Kou, cuando el momento llegara. Francamente no deseaba entrar en guerra contra ningún imperio ni reino, por lo que haría todo lo posible por evitarlo. Odiaba el sólo pensar que su pueblo sufriera las sangrientas consecuencias.
Por lo que le había tenido que pedir a Judal que se fuera, para poder alistarse para su reunión. Cosa que fue bastante difícil, porque el Magi se había encaprichado y parecía decidido a quedarse el resto de su vida en sus aposentos, desnudo sobre la gran cama. Había intentado seducirlo de vuelta, había gemido, incluso se había tocado a si mismo, y casi, casi lo había convencido. Estuvo a escasos milímetros de ceder y tirarse sobre Judal otra vez.
Pero recordó que, antes que un hombre con necesidades, era el Rey de Sindria. Y había tenido que insistir. Judal se había enfurecido, al no obtener lo que quería. Había vuelto a ser el odioso Magi que él conocía. Suspiró, apesadumbrado al recordarlo. Le había prometido que esa noche se verían de vuelta, y Judal había cedido, a regañadientes.
Aunque no sabía si iba a poder cumplir su promesa.
Desde que Judal había abandonado su habitación-por la ventana- y él se había alistado, y salido por la puerta, Ja'far se había convertido en su sombra. La culpa lo carcomía, ahora que había vuelto a la realidad, y temía que su visir lo notara en sus ojos; temía sentirse descubierto.
No se arrepentía de nada. Y eso es lo que más culpa le daba.
Durante su reunión con Kouen- en donde no había podido sacar nada en limpio, pues el estúpido de su hermano Koumei lo había interrumpido constantemente, casi logrando que Ja'far lo asesinara allí mismo- su subconsciente le recordaba una y otra vez los sonidos, las sensaciones, el placer que había sentido. Se sentía drogado.
Luego había tenido que, pese a querer afrontarlo, trabajar. Ja'far lo había seguido, por supuesto. Sinbad había sudado frío al entrar juntos en su despacho. Parecía que en su escritorio había pasado un tornado. Su visir lo había reprendido por dejar la ventana abierta de par en par. Otra vez la culpa lo atenazaba.
No había logrado concentrarse, pensando en lo que le esperaba esa noche. Sonrió pensando que las horas le harían crear más ansiedad a Judal, tanto como a él, y que estaría deseoso y receptivo. Y luego pensó…en Ja'far.
Cómo haría para evitar que su general fuese a su habitación esa noche? Le había dicho que luego arreglarían…sus cuestiones.
No quería caer en la comparación, realmente no quería hacerlo, porque el cariño que lo unía a Ja'far era de años de amistad, de aventuras que habían vivido juntos cuando el ex asesino había aceptado la proposición de formar un nuevo mundo para todos junto a él, y por qué no, de años como amantes. Ja'far siempre había sido incondicional con él, pese a lo gruñón y estricto que podía llegar a ser.
Se removió incomodo, otra vez, en su asiento en el gran comedor. Ya había caído la noche, y estaban sirviendo la cena.
No quería caer en la comparación, realmente no quería hacerlo. Pero era imposible. Más al ver como Judal comía de forma provocativa un trozo de tarta; no sabía como podía convertirlo en provocativo, pero tomaba la porción suavemente con los labios, para después lamerlos. Todo mientras lo observaba a él.
Ja'far era tan sumiso, tan tímido, tan indulgente con él…Judal era como la antítesis, siendo caprichoso, salvaje, tan desinhibido…tan erótico…
El fuego que recorría sus venas de solo pensar en lo poco que había hecho con el Magi no podía compararse con nada que hubiese vivido antes, y no entendía como- como había dicho Judal- el encuentro no se había dado antes. Se lamentó por el tiempo perdido.
- Estás bien, Sin?.- preguntó Ja'far, a su lado, en tono suave.
- Si, lo siento, estoy un poco distraído, es todo.- trató de sonar jovial, y que no se le notara la ansiedad. Se odiaba a si mismo.
- Seguro?
Ja'far posó una de sus manos en uno de los muslos de Sinbad, por debajo de la mesa. No era la primera vez que lo hacía, pero en esa ocasión, el tacto lo incomodó un poco. Sintió que subía la mano, acercándose peligrosamente a algo que comenzaba a crecer…otra vez. Movió la pierna, inquieto. Se sentía incomodo con Ja'far intentando seducirlo; no porque le molestara realmente, sino porque la dureza entre sus piernas tenia otro nombre.
Finalmente la mano dio con su entrepierna, rozándolo suavemente. Disimuladamente, Sinbad vio como Ja'far se sonrojaba, avergonzado. Hasta el rubor de sus rostros era diferente…
- Sin, esto es innecesario.- le reprochó.- Mira si alguien lo nota…
- Quién va a notarlo? Además, fuiste tú quien me tocó en primer lugar.- dijo fingiendo indignación. Sintió como la mano se retiraba.
- Qué indecoroso.
- Qué rígido.- rió quedamente.
Sinbad miró hacia Judal. Se había quedado quieto, derecho en su asiento, mirando la escena con atención. Rayos, quizás había notado que Ja'far lo había acariciado…no, estaba delirando. No podría haberlo visto. Pero su inseguridad creció cuando la mirada carmesí iba de él hacia Ja'far, y de vuelta hacia él. Entrecerró los ojos, y desvió la mirada hacia Kouha, que parecía llamarlo.
Soltó el aire que había estado reteniendo. Esperaba que no se hubiese percatado, sino…
Sino, qué? Se sorprendió a si mismo pensando. Si Judal se enojaba, y él rechazaba sus celos, no sería lo mejor para todos? No seria conveniente? Qué esperaba de todo aquello? Esperaba borrar el pasado, el rencor que todos sentían hacia el Magi, y que éste sentía hacia ellos, solo con sexo? Pensaba acaso que podrían convivir? Y qué pasaba con Ja'far?
- Sin.- Ja'far lo había estado llamando. Le prestó atención.- No se qué te pasa, pero te he estado llamando.
- Lo siento…
- Kouen te esta mirando, otra vez.- ese tonito de rencor…
Miró y efectivamente Kouen lo miraba. Alzó la copa en su dirección, haciéndole una seña con la cabeza, y posteriormente se levantó, dirigiéndose a uno de los patios del palacio. Entendiendo el mensaje, Sinbad también se incorporó, siguiéndolo. Todos estaban entretenidos en la comida, y a nadie pareció preocuparle ese hecho. Excepto a dos personas, por supuesto.
Ja'far hizo el amago de incorporarse, pero Sinbad lo detuvo suavemente.
- No es necesario, no creo que quiera atacarme.
- Pero….
- Quizás quiera hablar conmigo a solas, Ja.- la mirada de Sinbad no daba lugar a otra cosa. La discusión estaba acabada.
- Esta bien, pero ten cuidado.
- Lo tendré.
Había visto un pequeño franeleo extraño, y luego, ese pecoso estúpido se había sonrojado, tal y como lo estaba haciendo él últimamente. Maldito fuera, Sinbad le había hecho algo. Estaba seguro.
Judal comenzó a mover una pierna insistentemente, nervioso. En realidad, estaba furioso. No podía pararse para encararlos, porque quedaría al descubierto. Además, si mataba a su perrito, seguro Sinbad se molestaría con él, y querría hacerle más de esas cosas geniales que le había hecho a la tarde.
Se acomodó en su asiento, sintiendo una pequeña punzada de dolor en su trasero. Frunció el ceño, más molesto aun. Después sintió como Kouen se levantaba de su asiento, y se iba caminando solo hacia los jardines. Curioso, iba a seguirlo, cuando notó que el rey idiota también se levantaba y tenia una pequeña discusión con el peliblanco. A continuación, éste ultimo se había quedado en el lugar, y Sinbad había salido.
Estaba decidido, tenia que seguirlos.
Pero cómo demonios iba a pararse sin que nadie lo notara? Todos lo estaban vigilando, incluso los estúpidos de sus conquistadores de laberinto, vieja incluida. Seguro que ante el mas mínimo movimiento alguien lo seguiría, y le impediría escuchar.
Comenzaba a impacientarse.
Quizás, si causaba una gran explosión…no, seguro se darían cuenta enseguida que él había sido el responsable. Sonrió ante la idea de escuchar un poco de gritos de horror, en vez de esas risas tontas y aburridas que ya lo torturaban de aburrimiento. Había prometido comportarse, pero estaba resultando tan difícil…
Metió la mano en su ropa, rebuscando su varita, mientras una sonrisa traviesa se dejaba ver en su rostro; cuando su mano dio con el frío metal, iba a sacarla, cuando sintió una mano cálida en el hombro.
Se volteó rápidamente, sorprendido.
Era el Magi llorón, que le sonreía, parado detrás suyo.
Miró por el rabillo del ojo; como lo pensó, todos los estaban mirando.
- Me gustaría hablar contigo unas palabras, podría ser posible?.- le sonrió cálidamente. Judal estaba por insultarlo, sino atacarlo, cuando notó, casi imperceptiblemente, como el rubio le guiñaba un ojo.
- No me quites mucho tiempo.
Se incorporó. Sintió a Kougyoku removerse a su lado, inquieta. Los demás también parecían estarlo. Y seguro que los estúpidos esclavos de Sinbad también.
- En ese caso, yo también quiero ir.- maldición, el enano había interferido.
- Esta bien, no hay problema.- Judal miró a Yunnan con molestia, exasperado.
Fue él quien lideró la marcha, seguido por los demás Magis. El pequeñito se había atrasado bastante.
- Lo siento, Ali baba- kun estaba preocupado.- dijo agitado. Había corrido desde el comedor a uno de los pasillos laterales, que se encontraba a oscuras.
- Pesado, querrás decir.- Judal estaba con los brazos cruzados, impaciente por saber que quería el infeliz llorón ese.
- Bien, vamos.- dijo Yunnan, feliz, mientras caminaba hacia los jardines.
- Adonde vamos?.- preguntaron a la vez los otros dos Magis.
- A donde más? A espirar a Sinbad, por supuesto.- lo dijo como si fuera lo mas normal del mundo.
- Genial.
- Eso esta mal!.- decía Aladdin, nervioso.
- No lo está. Hay que saber las cosas que pasan por aquí, recuerda que estamos en guerra.- dijo Yunnan alegremente, quitándole importancia.
Y ahí fue cuando Judal lo notó. Después de decir eso, el Magi errante lo había mirado, y su expresión se había vuelto seria de pronto. Fueron solo unos segundos, pero sintió que lo atravesaba con la mirada. Y se sintió nervioso, expuesto.
Ese tipo sabia algo. Lo sabía.
Sabia lo que había pasado con Sinbad.
El gesto fue tan rápido, que cuando Judal reaccionó, ya estaba sonriendo de vuelta. Aladdin no lo había notado.
- Qué quieres decir con una alianza? Explícate.- decía Sinbad en los jardines.
La posición era incomoda, pero oían bien. Judal y Aladdin se asomaban detrás de una columna, mientras Yunnan estaba recostado sobre ella, sin mirar la escena del patio. Seguía sonriendo.
- La guerra con Reim es inminente, y debo proteger a mi familia. A mi Imperio. Creo que lo comprendes, verdad?.- dijo Kouen, serio como un muerto.
- Por qué Reim les declararía la guerra? Judal está aquí, asi que no veo otro motivo para que se sientan provocados.
Por poco y no los vieron.
- Maldito infeliz.- Yunnan tomó de la trenza a Judal, mientras Aladdin se había prendido de una de sus piernas, intentando que los otros dos no notaran su presencia.- Voy a matarlo…
- Cállate.- dijo Yunnan.- No me dejas oír.- a continuación, se rió solo, como si disfrutara de una broma privada.
Siguieron oyendo.
- La Magi de Reim ha muerto.
Tanto Judal como Aladdin se sorprendieron ante la noticia, uno por curiosidad, y el otro con dolor; Yunnan no parecía nada sorprendido.
- Sus candidatos a rey no parecen querer formar una alianza con Kou, y lo mas probable es que en algún momento nos declaren la guerra. Solo quiero saber si cuento contigo.
- Por qué piensas que yo te ayudare?.- dijo Sinbad, serio.
- Porque se que tu respetas el tratado de paz que juramos mantener hasta acabar con la amenaza. Si Reim no la cumple, seremos nosotros los expuestos.
Judal se sorprendió de que Kouen usara el argumento de Kouha.
- Interesante.- musitó Yunnan. Parecía en otro mundo.
- Si eso sucede, primero está el dialogo. No iras a la guerra asi como asi.- Judal resopló, mientras los otros dos suspiraban aliviados.
- Y si el dialogo falla, cuento contigo como aliado, rey de los 7 mares?
- No fallará.
- No evadas mi pregunta.
- Déjame pensarlo. No es algo que pueda decidir por mi cuenta. Tengo gente en la cual confío y con la cual he levantado este reino, que tienen derecho a opinar.
- Como gustes.- sintiendo pasos, los tres Magis rápidamente levitaron, quedando casi pegados al techo.- Cuando tengas una respuesta, házmela saber.
Era Kouen. Entró con paso decidido hacia el pasillo, perdiéndose en la oscuridad. A continuación, lo siguió Sinbad, minutos después. Cuando dejaron de oír los pasos, bajaron a tierra.
- Asi que…- musitó Aladdin, apenado.
- Asi es, murió hace un par de días.- dijo Yunnan, también apenado. Odiaba la muerte, y todo lo que esta traía.
- Acaso no escucharon?! Habrá guerra!.- decía Judal, emocionado. Ambos lo observaron con cierto asco.
- Es en lo único que piensas, verdad?.- dijo Aladdin molesto. No podía olvidar los problemas que el Magi oscuro les había causado.
- Por supuesto.- dijo Judal, desafiante. Iba a sacar su varita.
- Suficiente.
Yunnan los miró a ambos, serio. Aladdin bajó la cabeza, apenado. Judal, en cambio, sacó la varita y lo apuntó.
- Vas a atacarme? Prometiste no armar jaleo aquí, si mal no recuerdo.- Judal abrió los ojos todo lo que pudo, quedándose repentinamente mudo.
- Cómo…
- Aladdin?
Una cuarta voz los alertó. Era Ali baba, que miraba desde la distancia, preocupado.
- Ah, Ali baba-kun!.- Aladdin corrió hacia él, despidiéndose con la mano de los otros dos.
Se quedaron solos.
- Que cómo lo se? Porque te oí hablar con Kouen.- dijo Yunnan, sonriéndole.
- Eso es imposible! Estoy seguro que nadie nos estaba espiando.- dijo Judal indignado y confundido.
- Yo no estaba espiando. Los oí desde mi habitación.
La confesión dejó momentáneamente mudo a Judal. Su habitación? Sabia que su habitación no estaba pegada a la de Kouen…
- Pusiste algún artilugio raro en su habitación?
- No, lo oí desde mi habitación. Literalmente.- sonrió.
- Eso es imposible.- repitió.
- No lo es. Puedo oír todo los sonidos a un radio de varios kilómetros a la redonda, asi que puedo discriminar qué quiero y qué no quiero escuchar.
- Eso quiere decir…
- Asi es. Los escuché.- su mirada volvió a cambiar, como antes.- En realidad quería hablar contigo desde un principio, pero aproveche la oportunidad para que Aladdin y tú pudiesen escuchar a esos dos. Quiero saber qué pretendes.
- Y a ti que te importa! Métete en tus asuntos.- estaba furioso. Se había puesto rojo al saberse descubierto en todo lo que había hecho allí. Ese idiota sabia absolutamente todo.
- Si me importa. Sinbad es un antiguo amigo, sino el mas viejo que tengo con vida. Sólo quiero saber tus sentimientos por él.
- Sentimientos? Qué sentimientos? No me hagas reír.- Yunnan desvió la mirada.
Nuevamente pasos. Judal se puso alerta al instante, y enojado, comprobó que Yunnan los había oído mucho antes que él.
La oscuridad dejó ver a dos figuras.
Eran Sinbad y su perrito faldero.
- Ah, Sinbad!.- gritó feliz Yunnan.- Justo estábamos hablando de ti!
Holaa!
Perdon por la tardanza! Muchisimas gracias por sus comentarios, realmente los aprecio :D
espero que les haya gustado este capitulo, haganmelo saber! jajaja
Nos leemos prontito!
