Capítulo 12
"Latidos"
Emma despertó de un salto al percibir la mirada aceituna y los dedos sobre su pecho de la pelirroja, la frase que la esbelta mujer repetía, "tu corazón es mío" retumbaba por toda la habitación, Swan se hiperventilaba, temblaba, aquella sensación lejos de haberle producido placer, la había inundado de terror, el hecho de que sólo se hubiera tratado de una pesadilla la tranquilizaba, desnuda y cubriéndose con las cobijas, las cuales apretaba con fuerza en su pecho, recordó a Regina. No podía explicarse cómo pudo haberse quedado dormida y olvidarse de la cita que tenía con ella en su habitación; se colocó su camisón blanco que dejaba ver sus torneadas piernas y se dirigió lo más rápido que pudo al cuarto de Regina, esperando que esta no se hubiera molestado por su tardanza o peor aún que hubiera pensado que la plantó y ya estuviera dormida. Abrió la puerta con mucho cuidado, al asomarse observó a Regina arreglando todo para la cita, Emma no cabía de la sorpresa, sus ojos se abrieron como platos y sus grandes cuencas verdes observaban con asombro.
-Swan, le dije que no llegara hasta las 11:00, apenas son las 10:30 todavía no tengo todo listo, yo que le quería dar una sorpresa, pero creo que su cerebro como de costumbre no lo procesó.
Emma estaba atónita, para ella habían pasado horas, se había quedado dormida y había tenido ese horrible sueño, o al menos es lo que creía y lo que recordaba.
-¡Swan! ¡Cierre la boca! Esa manía que tiene usted de tenerla siempre abierta.
Emma continuaba sin responder, Regina lo encontró bastante extraño y comenzó a preocuparse, dejó su sarcasmo y se acercó sensual y tiernamente a la rubia.
-¿Qué tiene? ¿Se encuentra bien?- le preguntó la morena con una hermosa sonrisa, a la cual Emma correspondió.
-Sí, estoy perfectamente, es que todo esto, es tan hermoso, que, me ha dejado sin palabras.
Sin pensarlo dos veces Regina cerró la puerta con un movimiento de mano, mientras que un giro encendió todas las velas, de nuevo la luna llena era la única testigo de los besos que Regina comenzó a darle a Emma, Swan continuó con aquel hermoso juego, sus cabelleras se enredaron, los ojos de fuego de Regina quemaban la piel de Emma al mismo tiempo que recorrían con tiernas caricias los cuerpos de cada una, el momento se fue intensificando, ambas se dejaron caer sobre la cama, Emma se puso sobre Regina y comenzó a llenarla de pasión, la respiración de la morena se aceleraba cada vez más, gotas de sudor corrían sensualmente por las figuras de ambas, revolvían las sábanas, deshacían la cama con cada movimiento, Regina tomó la cabeza de Emma y acercó su boca a su oído, "tu corazón es mío" susurró al momento que dejaba salir una risita pícara, Emma se paralizó, unos dedos deslizándose sobre su pecho provocaron que bajara la mirada al rostro de la mujer con la que estaba, los ojos moca de Regina dejaron salir un brillo esmeralda y en los cabellos color ébano, el rojizo empezó a resaltar, en un parpadeo, Emma pudo ver a Zelena quien le sonreía al tiempo que proseguía con aquel encuentro carnal, Swan palideció, un guiño de Zelena la hizo retirarse, una mano volvió a acercarla.
-¿Pasó algo Swan?- Emma focalizó sus ojos, la morena le sonreía recostada. Emma exhalaba profundo, dio un vistazo a la recámara, estaba sin duda en el cuarto de Regina, y era a la morena a la que tenía en frente, Emma confundida prefirió borrar de su mente por un tiempo lo sucedido y continuar con aquel amor que tanto la llenaba.
A la mañana siguiente, Emma observaba a Regina dormida con su espalda desnuda y sus cabellos revueltos, ambos la prueba de lo sucedido la noche anterior, Swan no podía explicarse por qué al estar haciendo el amor con la morena había alucinado con Zelena, porque había sido eso, su imaginación, ¿y el sueño? Pensaba también, aquel lapso de tiempo que a ella le pareció eterno y resultó ser efímero, y la frase, aquellas palabras, "tu corazón es mío" le provocaban escalofríos. Emma tocó su pecho para sentir el latir de ese órgano tan importante, ¿sería posible que su corazón deseara a ambas hermanas todavía? ¿Qué era lo que le estaba sucediendo?
Una mano acariciando su pelo la sacó de sus cavilaciones, Regina la miraba tiernamente y con un brillo en los ojos que hizo olvidar a Emma su confusión.
-¿Ha dormido bien señorita Swan?
-¡De maravilla!
Regina rio y se levantó
-¡Vamos señorita Swan! Que de seguro el desayuno ya está listo- Emma tomó a Regina del brazo, pues son las siete y el desayuno lo sirven hasta las nueve, ¿no es así?, creo que tenemos tiempo. La morena le devolvió la sonrisa y la mirada coqueta y ambas se envolvieron de nuevo en las sábanas.
Para las nueve de la mañana, Emma bajó puntual al comedor más rozagante que nunca, habían decidido bajar una por una, para evitar sospechas de que habían pasado la noche juntas, ni Regina ni ella se sentían todavía preparadas para anunciarlo formalmente.
-¡Buenos días Emma! ¡Qué contenta amaneció usted hoy! Se ve que ha tenido una buena noche, me alegro que haya podido descansar- dijo Zelena al momento que le sonreía tiernamente a Emma, aquel gesto le hizo recordar las visiones de la noche anterior, pero aquella mañana en la mirada de Zelena no había más que dulzura, una dulzura que no había descubierto Emma hasta el día en que la pelirroja le regaló la flor verde que aun guardaba en su recámara, y que volvía a hacerla pensar en el lío sentimental en el que se encontraba. Para su sorpresa, Zelena le sirvió el desayuno y comenzó con ella una charla amena, Emma no podía negar que disfrutaba de aquella compañía, aunque sentía algo diferente, extraño, algo que ni ella misma se podía explicar, pero que mezclaba el goce del momento con miedo, Swan no tenía idea de dónde podría provenir aquel temor y por qué se presentaba hasta ahora, sólo lo sentía. Zelena colocó su mano sobre el brazo de mano y le dio un afectuoso apretón, ambas se percataron de la llegada de Regina, Zelena quitó rápidamente su palma, sonrió y se levantó de la mesa.
-Bueno, yo ya he terminado, las dejo…- Una alegre voz interrumpió a Zelena.
-¡Buenos días Pongo! ¡Buenos días pececitos! ¡Buenos días pajaritos! ¡Buenos días hijitas¡ ¡Buenos días…! ¿Cómo dijo que se llama?
-Swan, señora, Emma Swan.
-¡Ah claro! ¡Emma! ¡Qué bonito nombre! ¿Pero Zelena, ya te vas hijita?
-Sí mamá, ya terminé, iré a leer un poco al jardín, pero estaba pensando que podríamos ir al pueblo, yo tengo que hacer unas compras, podríamos ir todas, ¿qué opinan?
-¡Ay sí! ¿Qué dices hijita, nos acompañas?- Cora volteó a ver a Regina con una dulce sonrisa, Regina sonrió incrédula ante la idea de su hermana.
-¿En verdad quieres que vayamos todas hermanita? Pensé que ahora me odiabas más que antes- dijo Regina en tono sarcástico.
-¿Odiarte yo? Jajajaja pero ¿cómo crees? ¡si somos hermanas! En verdad me encantaría que fuéramos todas, será una salida familiar, por supuesto que usted está incluida Swan- Emma no daba crédito ante tanta amabilidad por parte de Zelena, por un lado le daba ternura, despertaba algo en ella, por el otro, sentía desconfianza y miedo, aquel miedo que había penetrado en ella desde que comenzó con aquellas visiones, su mente era un caos, y salir con las dos hermanas no lo iba a mejorar en nada, si seguía deseando a las dos, esta salida podría empeorarlo todo. La voz de Cora detuvo sus pensamientos.
-¡Ay! ¡Pero no tenemos como irnos! ¡Ya no tenemos chofer! ¿O ya llegó un nuevo vagabundo?
-¡Ay Mamá!- respondió Regina- pero si Emma es la chofer, acuérdate.
-Yo diría que algo más- respondió Zelena coqueta pero sutilmente- No le haga caso a mi madre Swan, ya sabe que se le olvidan las cosas. Nos vamos entonces. A Emma no le quedó más remedio que aceptar, fue inútil intentar zafarse, las tres mujeres se arreglaron en un dos por tres con su magia, mientras Zelena envolvía a Emma en una nube color hierba para dejarla modelando el vestido blanco de encaje que tanto le gustaba a las hermanas.
-Yo lo preferiría verde Swan, verde como usted, que es el color de la vida- afirmó Zelena al momento que acariciaba suavemente la mejilla de Emma y salía por la puerta para dirigirse al auto. Aquella caricia penetró en Emma pero no tanto como los ojos ámbar y la sonrisa de perlas que enmarcaba el carmín que se encontraban frente a ella. Eso le llegó al alma. Regina la tomó de la mano y ambas fueron al auto.
En el pueblo las mujeres visitaron varias tiendas, Regina y Emma se separaron de Zelena y Cora para entrar en una joyería, que más bien parecía tienda de antigüedades, por las piezas tan exquisitas que vendían y con acabados que según Emma ya no se veían en estos tiempos. Regina pidió le mostraran una cadena de plata de la cual colgaba un hermoso rubí en forma de corazón. El brillo del metal combinado con el de la piedra preciosa deslumbraban a Emma, jamás había visto algo así, parecía una estrella, Regina lo puso alrededor del cuello de la rubia, Swan acarició la piedra con sus manos, la tomó entre sus dedos para observarla bien, , mientras Swan acariciaba aquella joya, una susurró llegó a sus oíos "Tu corazón es mío", Emma se paralizó, de reojo, pudo ver un rizo rojizo que caía sobre su hombro, cerró sus ojos un momento, volvió a abrirlos y giró la mirada, Regina la veía encantada.
-Se le ve hermoso Swan, es perfecto para usted, ¿le gusta?
-Sí, mucho- dijo Emma temblando un poco por el delirio que acababa de tener, podría jurar que la que estaba detrás de ella, probándole la cadena era Zelena, había escuchado su voz, había alcanzado a ver un mechón de su cabello, pero por más que ojeaba por todas partes, Zelena no estaba, sólo eran Regina y ella en aquella tienda.
-Vamos Swan, ya nos hemos tardado mucho, seguro mi hermana y mi madre ya nos esperan.
Emma salió junto con Regina de la tienda envuelta en el resplandor del rubí que colgaba de su cuello, Zelena y Cora se acercaron, Emma no pudo evitar alejarse un poco y recordar lo sucedido, el temor y la confusión la cubrían con la misma fuerza que el brillo de la piedra.
-¡Vaya! Hasta que aparecen- apunto Zelena sonriendo.
-Nos entretuvimos un poco, no creo que haya problema por eso ¿o sí hermanita?
-Por supuesto que no, ¡pero Emma que hermoso colgante! Luce bellísimo en su cuello, que espléndida eres hermanita- añadió sonriendo y mirando a Regina quien correspondió bajando un poco la mirada y con una sonrisa discreta- Ya veo porque se tardaron tanto. Zelena se fue con su madre y ambas ingresaron en el automóvil, Regina y Emma se sonrieron a modo de complicidad y siguieron a las primeras.
Durante el regreso Swan sólo pudo escuchar la plática de las mujeres como ecos, sumida en sus pensamientos, no dejaba de darle vueltas a lo que le estaba ocurriendo, por un momento, sus ojos se cruzaron con la mirada aceituna de Zelena por el retrovisor, aquellas esmeraldas eran tan filosas que Emma se vio obligada a desviar sus ojos, la mano de Regina que acariciaba suavemente la suya la tranquilizó.
Llegaron a la mansión y Emma subió a su habitación para descansar un poco, se dejó caer sobre la cama y cerró sus ojos, unos minutos después una risa pícara y un aire helado la hizo incorporarse, pudo ver que su cuarto se había pintado de verde, extrañada giró para ver las flores que aún conservaba en su buró, una roja y la otra verde, la verde comenzó a brillar intensamente y a aumentar su tamaño, era como si estuviera floreciendo de nuevo, volteó lentamente su cabeza para ver de dónde provenía aquella risa, frente a ella, estaba Zelena, sosteniendo lo que parecía ser un corazón que latía sobre su mano, Zelena lo acarició y se lo llevó a los labios, luego volteó para mirar a Swan quien observaba congelada la escena,. Los ojos de Emma se abrieron, todavía acostada, le echó una ojeada a toda la habitación, Swan sudaba, se hiperventilaba, se incorporó de inmediato, todo parecía normal, miró las flores, no había nada extraño en ellas, el cuarto estaba solo, Emma no podía dejar de temblar, salió de su habitación de inmediato, quizás el aire fresco del jardín le ayudaría, pensó. Caminaba por el pasillo cuando escuchó un extraño sonido proveniente de la recámara de Zelena, Emma tragó saliva, se acercó poco a poco hasta que logró distinguir aquel ruido que se hacía cada vez más fuerte, era un latido, sí, un latido, Swan abrió la puerta de manera torpe y silenciosa, Zelena yacía sentada sobre su cama mirando hacia la ventana, unos parpadeos rojos y tintos coloreaban la mano de Zelena, la ojiverde bajó los ojos, acarició aquel objeto y lo alzó un poco permitiendo que Emma descubriera lo que sostenía. La rubia palideció al darse cuenta que sobre la palma de Zelena latía un corazón, un fuerte dolor en el pecho aquejó a Emma, el sonido de aquel órgano era tan fuerte que taladraba sus oídos, las palabras "tu corazón es mío" se mezclaban con los latidos, horrorizada vio como Zelena se ponía de pie y comenzaba a girarse, se había percatado de su presencia.
Continuará…
