Hora libre 4: Festival Escolar.

Después de quince minutos más, Farlan encontró la salida, la cual no estaba tan lejos de nosotros como pensábamos, la chica de la entrada dijo que este laberinto de espejos está diseñado para desorientar. Lo cual no dudo. Mis respetos al futuro arquitecto de laberintos con cristales reflejantes que tienen como objetivo hacer perder a las personas en su interior.

Siento cosquilleos dentro de mi vientre, no son demasiado cómodos, parecen retortijones, como los que suelen darme después de tomar leche del empaque rojo. Me hacen pensar que necesito ir al baño urgentemente. Solo espero no estar enfermando, es lo último que necesito y deseo en estos instantes.

Cuando todos han pasado la prueba de los espejos nos dirigimos a las fogatas que han puesto detrás de los edificios, montículos enormes de leña perfectamente ordenados. Los conserjes se encargan de prenderles fuego y ¡Zap! Todos quedan asombrados de lo bellas que se ven las fogatas al combinarse con el fin de la tarde. No son nada igual a las de una película.

— ¿Quieren bombones? — pregunta Hanji sacando una bolsa de plástico enorme llena de bombones de colores gigantes. Todos asentimos y tomamos cada quien uno de esos enormes malvaviscos para ensartarlos en los palillos de madera.

Una cosa que realmente detesto de las películas es lo bello, magnifico, armonioso y genial que te pintan algunas cosas, provocando que creas que así son en la vida real, cuando en realidad es una vil y cruel mentira cuando descubres lo contrario. Como lo son estas fogatas. Nos vemos tan ridículos. Nadie puede acercarse demasiado sin tener la sensación de estarse ahumando poco a poco o demasiado rápido, el calor que se desprende es realmente abrazador, tenemos que protegernos con las chamarras o algo para poder obtener aunque sea un solo malvavisco quemado. Así que todos estamos protegiéndonos las caras y estirando los brazos con los palillos con el propósito único de hacer que el bombón toque el fuego solo unos segundos antes de saltar hacia atrás porque no soportamos el calor. Nadie lo disfruta y todos estamos de acuerdo en que sería más fácil y cómodo quemarlos con un encendedor o en la estufa. Así nadie tendría quemaduras de primer grado por tratar de conseguir un bombón quemado.

—Estoy que ardo—exclama Hanji después de intentar quemar el tercer bombón.

—Yo no estoy mejor, sudo más que en verano, esto en verdad es un asco—se queja Farlan mientras se limpia la frente con el dorso de su mano.

Solo duramos un par de minutos delante de las fogatas antes de que todo el mundo se desespere y mande todo al diablo porque no pueden disfrutar de esta actividad a gusto sin tener que preocuparse por quemarse la piel.

Cuando todos estamos por terminar de recuperarnos de la repentina quemazón, los profesores programan todo para una búsqueda del tesoro, no tengo ni la más mínima idea de que será el tesoro, no creo que nos puedan complacer solo con dulces o juguetes... supongo también que el presupuesto de la escuela no permite tampoco para algo voluptuoso como un X-Box.

Esta vez participamos por binas para darle más emoción al asunto. Corremos, nos empujamos y hacemos lo imposible para encontrar el dichoso tesoro. Farlan, a mi lado, parece demasiado emocionado por encontrarlo. ¿Qué puede tener que no pueda comprar en una tienda? Mentalmente, me encojo de hombros. Aun así resulta muy divertido.

El maquillaje de la cara se nos derrite, el calor de las fogatas no fue de mucha ayuda y correr de un lado a otro menos, por lo que siento que en vez de maquillaje tengo una plasta de cera. Mikasa y Hanji tuvieron la idea de maquillarme para ir de acuerdo a mi disfraz, trate de evitarlo pero no funciono, prácticamente me ataron a una silla y de obligaron a estar quieto. No entiendo cómo es que las chicas soportan esto, todo el día, todos los días.

Dan casi las nueve de la noche cuando encontramos el tesoro, bueno nosotros no lo encontramos, fue el equipo de Hanji y Levi quienes dieron con él, no creí que en serio él participaría, no se ve que sea de ese tipo de gente a quien le emocione andar tras las pistas infantiles que dan los profesores. Supongo que cada quien tiene sus propios misterios de infantes.

—Son dulces—anuncia Hanji cuando se vuelven a juntar con nosotros.

— ¿Qué esperabas? —pregunto con algo de burla. Ella se encoge de hombros.

—No lo sé, quizá algo que me ayudara a exentar matemáticas.

Todos estamos de acuerdo en que ese hubiera sido un tesoro que realmente valdría la pena buscar, aun así los dulces no están mal, chocolates y golosinas que solo provocan caries, eso es como volver a la infancia. Claro. Como si ya fuera un adulto.

La mayoría tiene el mismo problema que yo con el maquillaje, por lo que todos vamos directos a los baños a limpiarnos y a ponernos el pijama, no es demasiado tarde, aún falta la cena y dos actividades más antes de irnos a dormir, pero estaríamos más cómodos que estar con esto puesto.

De mi maleta saco los perfectos dobleces que mi madre hizo con mi pijama y salgo al baño, tomo una de las botellas de jabón líquido antes de irme. El jabón es de color rojo, no sé si sea por la fecha o por qué. Me mojo las manos y lo esparzo por toda mi cara para restregarme con las uñas y quitarme cualquier exceso de maquillaje que tenga. Parece que estoy sangrando. Miro mi reflejo después de que creo que ya me he desecho de todo lo que no deseo que este en mi rostro. Presiono el botón y un chorro de agua me salpica de forma refrescante.

— ¿Estas molesto aun conmigo?

Doy un pequeño salto y abro los ojos provocando que restos del jabón invadan mis ojos.

—Rayos—me quejo tallándome en un buen intento de quitarme el jabón. —Podrías por lo menos avisar que estas aquí.

—Lo siento, olvide que te asustas con facilidad—se disculpa Levi entrando por completo al baño.

—Que chistoso. Y... ¿Hay alguna razón por la que debería estar molesto? —digo en respuesta a su pregunta anterior. Él se lo piensa antes de contestar.

—Si no lo estas, supongo que no—se encoje de hombros y con cuidado también se lava la cara.

Él no se ha maquillado no entiendo porque lo hace entonces. Arqueo una ceja y suspiro, vuelvo a mi labor de lavarme la cara, checo que no quede espuma en ningún lado y entro a uno de los cubículos para cambiarme.

— ¿Te diviertes? —pregunta él.

—Sí, no me puedo quejar, tus hermanos son realmente divertidos y Hanji es bastante... ocurrente.

Me quito la capa y la camisa blanca con holanes, doblándolos con cuidado y poniéndolos a un lado.

—Así son ellos, nada normales.

Con cuidado de no pisarlo me quito los pantalones.

—Lo dices como si tú fueras demasiado normal, no estuviste con nosotros en casi la mayoría del evento.

Me quito la camiseta interior y los calcetines.

—Creí que no deseabas tenerme demasiado cerca.

Doy saltitos para subirme los pantalones del pijama.

—Ja, ¿Por qué creías eso? Después de todo... eres mi asesorado.

—Eso significa ¿Que no me odias?

Alzo la vista y me encuentro con un Levi colgándose de una de las paredes del cubículo mirando hacia mi propio cubículo.

— ¿Odiar? Yo no odio a la gente, hace mucho que deje de sentir odio hacia alguien externo.

— ¿Eres pacifista o algo por el estilo?

Me pongo la camiseta del pijama.

—No, simplemente... yo no soy capaz de odiar a alguien.

Por ultimo me pongo mis pantuflas y salgo del cubículo con mi disfraz doblado.

— ¿Puedo preguntar por qué? —Levi también sale de su propio cubículo con un pijama bastante sencillo y elegante puesto.

—Simplemente no puedo odiar a alguien, no lo entenderías ni aunque te lo explicara.

Dos alumnos de quinto año nos dirigen para formarnos y empezar el recorrido de la casa de los sustos, lo más típico. No estoy demasiado asustado, es decir, ¿Qué se puede esperar de algo hecho por alumnos?

— ¿Tienes miedo? —pregunta Farlan mientras se aferra a mi brazo.

—La verdad, no demasiado—digo encogiéndome de hombros.

En efecto, a pesar de estar todo a obscuras en realidad esto no da demasiado miedo, aunque de vez en cuando hay efectos que provocan que saltemos por la impresión o los ruidos extraños pero de ahí en fuera no es demasiado terrorífico este recorrido. Tal vez con algo de música de fondo de alguna película como Saw, Silent Hill, El títere o ese tipo de películas de terror, el miedo infundido sería más eficiente.

—Bien, jóvenes, vamos a las cocinas a cenar—la profesora de Química ordena a los grupos.

De nuevo somos divididos entre grados, turnos y sexo.

—Hola de nuevo—Levi se para a mi lado mientras caminamos hacia nuestro lugar para cenar.

— ¿Es necesario un saludo? —pongo cara de pocos amigos.

—A ti nada te parece, si llego a hacerte platica me pides que anuncie mi presencia, si llego y te saludo me cuestionas.

—Lo siento por ser tan inestable en cuanto a mis decisiones.

La cena solo se trata de pizza, papas, refresco y hamburguesas. Algo tan saludable.

—Eres un asco, mira te has vuelto a manchar de cátsup—es la tercera vez que Levi se dedica a limpiarme las mejillas con una servilleta.

— ¿Podrías dejar de hacer eso? Es para más tarde—me quejo.

— ¿Acumulas las manchas de comida en tus mejillas para más tarde? Qué asco.

—Obviamente no, simplemente deja que se acumulen, luego las limpio cuando termine— le doy un mordisco a mi pizza de champiñones.

—En verdad... que asco.

—Deja de quejarte, bien pudiste estar con otras personas en vez de estar aquí conmigo, ahora te aguantas ya que no hay más mesas.

—Quería estar contigo, ¿Tiene eso algo de malo? —bebe de su refresco como si lo que hubiera dicho fuera algo demasiado vago.

—Si—susurro mientras agacho la vista hacia mi comida.

— ¿Cuál crees que sea la siguiente actividad? — y entonces cambia de tema.

—Tú deberías saberlo, llevas viniendo a este evento más tiempo que yo.

—Cierto.

Cuando la cena termina nos dan un tiempo para reponernos, dar un paseo por la escuela y en si para dejar que los profesores descansen de nosotros por un rato.

— ¿Cuál es el aula que va a ocupar tu grupo?

—La A-301. ¿Y el tuyo?

—La A-004

—Qué lejos.

Camino a lado de Levi por detrás del edificio D, al parecer las chicas tenían otro tipo de actividad que terminar y Farlan ha tenido que ir a la enfermería por haberse tragado un cacahuate entero. Espero que este bien.

El aire es algo frío, no lo suficiente como para necesitar una chamarra, pero si al menos para usar una blusa de manga más larga, la luna está demasiado brillante, el cielo está despejado y de un color morado obscuro, es una muy bonita noche, hay unas cuantas estrellas perdidas en todo la bóveda celeste. Sería perfecto si estuviera solo, divagaría y pensaría, quizá, en voz alta, haría algún tipo de tontería que solo me divirtiera a mí y ya. Pero estoy acompañado y nada más y nada menos que del chico que me provoca dolores de cabeza en algunas ocasiones y en otras... bueno, no exactamente dolores de cabeza. Aún estoy confundido por ese lado de las cosas.

Fueron Farlan y Hanji quienes interrumpieron nuestra linda interacción dentro del laberinto de espejos, al salir, ninguno menciono nada, era algo demasiado vergonzoso como para decirlo en voz alta. Ahora verlo, a mi lado y analizar con cuidado todo lo que pasa por mi cabeza y cuerpo... no lo comprendo. Solo una vez me sentí así y obviamente fue por una chica. Todo salió mal en aquel entonces, un pésimo recuerdo que prefiero tirar en algún basurero o quemarlo que es más efectivo. Sentir lo mismo me confunde, más si es por alguien de mí mismo sexo. Claro lo estoy viendo más del modo científico, algo que no me haga más nudos dentro de mi cabeza. Tal vez es una fase de mi crecimiento. Tal vez es un ciclo por el que tengo que pasar. Tal vez es una prueba de alguien allá arriba, si es que hay alguien que maneje la forma de mover el universo. No tengo idea. Pero de que las emociones y sentimientos que esta persona me provocan están presentes, están presentes, digan lo que digan. Allí están naciendo dentro de cada pequeña célula que compone mi organismo. ¿Cuándo paso? ¿Cuándo fue que esas semillas de emociones se sembraron allí? Tampoco tengo idea.

Se por los libros, las películas y series que este tipo de cosas suelen suceder sin que te des cuenta, así, puff de la nada llegan y te arruinan la existencia. Por supuesto, siempre lo hacen, crees que todo es hermoso hasta que algo llega de ningún lugar a romper tu momento y a decirte de forma grosera que, no, eso no es para ti, te lo arrebata y tú solo te quedas hecho trizas llorando como un bebé al que le han quitado su dulce. No lo sé. Jamás me he enamo...

Mientras caminamos me detengo de golpe, abro demasiado los ojos y estoy a punto de gritar.

Lo bueno de mi mente es que muchas veces el sentido común es demasiado puntual para aparecer en las situaciones que más le necesito. Gracias, sentido común, te debo una.

— ¿Pasa algo? —pregunta Levi al verme pararme de repente.

—N...nada—susurro al caer en la cuenta de que no puedo ponerme paranoico en esta situación. No ahora. No frente a esta persona. Trago saliva y continúo caminando.

¿En serio? ¿Él? ¿Ahora? ¿Por qué?

Ese tipo de preguntas me estrellan en la mente mientras la caminata prosigue. Por un momento me siento asustado, muy asustado. Si mis suposiciones son reales... ya estoy muerto. No hay otra forma de definirlo. No. Me niego. No lo acepto. No. No. No. Y no. De ninguna forma. Decidí que no volvería a caer en ese juego sucio. Lo pienso prometer.

Además ¿Por qué él? ¿Un chico? ¿Por qué? Si cupido existe... maldito seas, tú y todos tus descendientes y ancestros. En serio.

Pensarlo de esa forma es de lo más... caótico. Soy un chico... que de alguna extraña, retorcida y para nada normal, se ha fijado en otro chico. ¿Por qué? No hay respuesta para eso. Hasta hace solo unos segundos mi camino sexual era ser hetero... supongo que todo cambia en un abrir y cerrar de ojos, de la noche a la mañana... vaya sarta de estupideces.

Pateo una piedra y esta sale volando demasiado lejos, guiada por mi enojo, mi ira y también mi confusión. Me niego a aceptar esto... No es posible. No lo es.

Pateo otra piedra y esta choca contra un árbol y rebota.

— ¿Te molesta algo? —pregunta Levi al ver que pateo la tercera piedra.

—Bastantes cosas diría yo, pero ninguna que te interese—sueno molesto, enfadado. Claro, ahora lo estoy.

—Podrías desahogarte conmigo.

— ¿Por qué haría algo como eso? Es demasiado infantil.

—Las personas normales hacen eso, desahogarse.

— ¿Tengo cara de ser normal?

Con eso pongo mi cara más antipática y molesta que puedo tener ahora. Que no me cuesta demasiado. Él sonríe y suelta una risita adorable. Demonios. Es como aquella sonrisa que le cache cuando hurgaba entre mis fotos infantiles. Decido que es una de las que odio, en demasía.

—Hay que volver.

Doy media vuelta para regresar al centro de los edificios. Excelente elección porque ya están empezando a llamar para la última actividad de la noche. La prueba de valor. El simple hecho de escucharla me harta. Tal vez porque ahora solo estoy molesto por mi reciente descubrimiento que posiblemente me arruine mi noche y algunos días que le sigan. Para este tipo de situaciones solo hay una forma de salir adelante.

Leer.

Comer helado hasta hartarse.

Ver caricaturas.

Leer.

Quejarse.

Rodar por la cama.

Hacer yoga. (O un intento)

Golpear cosas.

Relajarse.

Dejar que las ideas fluyan poco a poco del cerebro.

Olvidar.

Volver a la vida normal.

Eso hare una vez que todo esto termine, una vez que vuelva a mi salvación. Mi casa, mi privado cuarto dentro del ropero. Mis pensamientos están absorbiendo toda mi atención que ni siquiera sé que es lo que ha pasado realmente durante la última hora y media, solo sé que he vuelto a la realidad cuando el profesor de Derecho anuncia que es hora de irse a dormir.

—Estás distraído ¿Te paso algo? —pregunta Levi mientras nos dirigimos hacia nuestras aulas.

—Nada, solo no deseo dormir con todos mis compañeros, no ahora, siento que me asfixiara su sola presencia.

El tuerce los labios y entra a mi aula y saca mis cosas.

—Anda, mueve tu trasero, nos mudamos a otra aula.

Gracias por leer.

Parlev.