Ojos Grises (Black) (12/19)
Parejas Sirius/Oliver
Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner BROS. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
OJOS GRISES (BLACK)
Capítulo XII. Se tiende la red
Deshacerse de la vigilancia de la policía fue más fácil de lo que Mihail había previsto y se trasladaron en dos autos hacia donde Alekko afirmaba vivía el único pariente vivo de Oliver. Según sus investigaciones se trataba de una señora muy anciana que no les causaría ningún problema, pero que sería el instrumento para poder apoderarse del inglés. La casa era muy antigua y bella, pero lo que hizo que Mihail sonriera con satisfacción fue ver que estaba bastante alejada de sus vecinos y que si la mujer armaba algún escándalo, nadie la escucharía. Dejaron los autos en la posición exacta para poder emprender una rápida huída y se introdujeron en la casa sin ningún problema. Se dieron a la tarea de localizar a la tía abuela de Oliver y a cualquiera que se encontrara con ella en esa enorme casa y pronto localizaron a la mujer bordando tranquilamente en su recámara junto a una jovencita que le servía de dama de compañía.
Las dos mujeres gritaron y lucharon por escapar al verlos, pero no pudieron evitar ser capturadas. Con suma facilidad fueron inmovilizadas y amordazadas antes de ser arrojadas sobre la cama y la anciana rogó interiormente porque no las lastimaran. Su temor creció desmesuradamente cuando esos hombres comenzaron a hablar en un idioma que no entendía, pero un nombre era repetido sin parar y no tardó en advertir que hablaban de su Oliver. Tembló al advertir que ella era el señuelo para que su adorado sobrino se presentara y que ellos pudieran quizá lastimarlo. El que parecía ser el jefe repartió incomprensibles órdenes a todos sus cómplices y fueron dejadas sólo con uno de ellos que aseguró la ventana antes de sentarse en una silla para vigilarlas. Después de lo que le parecieron horas, se escucharon voces en la planta baja y la anciana reconoció la voz de su sobrino. Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando éste fue puesto frente a ella. Vio como Oliver luchaba contra el jefe para poder llegar a ella, pero dejó de hacerlo cuando el hombre que las cuidaba se acercó a la cama y puso una filosa daga sobre su garganta. Oliver permitió entonces que el jefe lo besara en la boca al amenazarlo de que le cortaría el cuello a ella si seguía luchando. Una misericordiosa inconciencia la envolvió cuando ese hombre se llevó a Oliver a otra recámara para hacerle cosas que en realidad no quería saber.
James miró con pena a su amigo que no había dejado de llorar desde que empezó a contarle todo lo que había sucedido con Oliver y le tomó una mano para reconfortarlo. Estaban solos ya que Lily tuvo que marcharse no sin antes maldecir su mala suerte por no poder quedarse y apoyar a Sirius que lucía realmente mal.
-Lucha por él, Sirius –fue el primer consejo que James le dio–. Si Oliver respondió a tus caricias es porque siente algo muy fuerte por ti.
-Le creí cuando me dijo que me amaba –una sonrisa muy triste afloró a sus labios–. Pero lo que no entiendes es que él no sería capaz de pararse frente a todo el mundo y decir 'Soy gay y ¿qué?' Oliver siente un genuino temor por lo que opinará la gente de él y nunca será feliz conmigo a la vista de todos ni escondiendo nuestro amor. La incertidumbre de ser descubierto lo irá destruyendo poco a poco.
-Pero tú serás desdichado –apretó un poco más su mano.
-Yo no intereso, aquí el único que importa es Oliver –suspiró profundamente–. Ya sufrió muchísimo en manos de ese tal Mihail para que ahora yo también le haga lo mismo y eso es algo que nunca voy a hacer. Prefiero dejarlo en libertad para que encuentre a alguien con quien pueda ser realmente feliz.
-Creo que estás tomando la decisión equivocada, pero sé que no cambiarás de opinión –lo miró con pesar.
-No, no lo haré –aceptó secándose las lágrimas con rudeza–. Ahora lo que urge es protegerlo a toda costa. Oliver se niega a denunciar a ese tipo ante las autoridades y sigue en gran riesgo. Ese idiota ha demostrado ser muy peligroso y no ha desistido en sus intentos de apoderarse de él. El desgraciado que le rompió el brazo se estuvo paseando frente a la otra clínica donde estaba internado y estoy seguro de que seguirá haciendo lo mismo en la de Hermione –se levantó de improviso de la silla donde estaba sentado–. ¡Ayúdame a encontrar una solución, James!
-¿Y si tú pones la denuncia? –sugirió después de unos segundos.
-¡No! –negó algo alarmado–. Oliver jamás me perdonaría que todo el mundo se enterara de que Mihail está obsesionado con él.
-Entonces lo único que se me ocurre es un ponerle una vigilancia privada… al menos por el momento.
-Creo que será la única solución que tendremos hasta que Oliver no se decida en denunciar a ese tipo –aceptó con tristeza–. ¡Y te juro que cuando lo tenga frente a mí lo estrangularé con mis propias manos! –sus ojos azules se llenaron de resentimiento.
-Esos deseos de venganza no te llevaran a ningún lado, Sirius –se levantó y abrazó a su amigo para tranquilizarlo–. Es mejor poner todo nuestro empeño en capturarlo y entregarlo a las autoridades lo más pronto posible.
-Tienes razón –le devolvió el abrazo–. Gracias por escucharme y entenderme, James.
-No digas eso, Sirius –se separó de su amigo–. Hemos sido amigos toda la vida y lo único que quiero es que seas feliz. En verdad creo que estás equivocado al pensar en alejarte de ese muchacho, pero respeto tu decisión –terminó deprisa para evitar la inminente protesta de Sirius–. Ahora vamos a mi despacho para hablarle al grupo de seguridad que me da servicio y contratarlos para Oliver.
-Está bien –y pasaron el resto de la mañana poniéndose de acuerdo con la seguridad.
Sirius quedó en entrevistarse con el gerente del grupo de seguridad en la noche de ese mismo día para que conociera a Oliver y así pudiera comenzar con su vigilancia lo más pronto posible. Ya sintiéndose un poco más tranquilo, Sirius salió de la casa de James hacia la de Hermione para cumplir con su promesa de llevar a comer a su joven amado.
Lucius regresó a su casa escasamente una hora después de que se había marchado y maldijo en voz alta al idiota que se había equivocado al mandar ese mensaje urgente pues había echado a perder todos los planes que tenía con su chico de ojos verdes. Ese llamado era para los altos funcionarios de justicia y él nada tenía que ver con eso. Le había pedido a su chofer que se diera prisa en volver a su hogar para ver si alcanzaba a los jóvenes antes de que se marcharan, pero no tuvo suerte. Estuvo tentando en hablarle a Harry para preguntarle donde se encontraba y alcanzarlo, pero decidió dejarlo pasar una mañana divertida con Draco y Cedric. Tomó un libro al azar de la estantería y se acomodó en la sala para leer un rato. A él le agradaba la lectura, pero últimamente no tenía tiempo para hacerlo y se desconectó del mundo hasta que su teléfono celular sonó después de varias horas.
Severus estaba bastante molesto con su editor y se lo dijo con palabras poco amables. Le parecía una completa incompetencia que hubiera extraviado su original cuando ya estaba a punto de entrar a impresión. Él no se vanagloriaba de ser un Premio Nóbel de literatura ni tampoco podía jactarse de publicar best sellers, pero lo desquiciaba la posibilidad de que su libro hubiera sido robado. Había invertido muchísimas horas en él y se había privado de la deliciosa compañía de su pareja para terminarlo en el tiempo que le había exigido el editor y ahora éste venía y le decía, con la mano en la cintura, que no lo encontraba por ningún lado y que se lo entregara nuevamente. Él tenía en su poder una copia, pero no le facilitaría las cosas. Exigió que lo buscaran hasta por debajo de las muelas de todos los empleados y declaró que no se movería de ese lugar hasta que lo encontraran. Ya casi era media tarde cuando por fin fue localizado y Severus salió ya más tranquilo de la editorial. Subió a su automóvil, pero antes de encender el motor su teléfono sonó y rogó porque fuera Draco pidiéndole que lo alcanzara en algún lado, pero no era así. Era uno de los guardias de su pareja y lo que le dijo hizo que la sangre se le helara en las venas.
Víktor examinaba con Gánies unos enormes planos de construcción y señalaba con terquedad los puntos con lo que no estaba conforme. El joven griego se estaba desesperando por la testaruda conducta del millonario. Había estado toda la mañana tratando de hacerle ver a su cliente que las modificaciones que solicitaba no podían hacerse sin alterar todo el conjunto que ya estaba casi finalizado y soltó algunas maldiciones en griego que Víktor entendió a la perfección, pero no le importó. Él sabía lo que quería y si eso significaba que el arquitecto debía derrumbar medio edificio para que quedara cabalmente a su gusto, pues que lo hiciera. Ése era un proyecto en el que había trabajado durante tanto tiempo y que le había acarreado tantos disgustos con Cedric así que un poco más de espera no lo afectaría.
-De acuerdo, Víktor… de acuerdo –ya Gánies no encontró palabras para hacer entrar en razón al búlgaro–. Lo haremos como quieres, pero te advierto que estas modificaciones te costarán una fortuna y el vestíbulo quedará…
-Exactamente como a mi Cedric le gusta –lo cortó sin miramientos–. ¿De cuánto tiempo estamos hablando para que lo termines?
-Mínimo dos semanas más –se masajeo las sienes… ya un tenía un tremendo dolor de cabeza.
-¡Perfecto! –dio una pequeña palmada de deleite sobre los planos–. Entonces comenzaré con los trámites para que las piezas se trasladen a Grecia en ese tiempo.
-Ese joven es muy afortunado al tenerte, Víktor –le sonrió con veracidad–. Ya quisiera yo que alguien me regalara un edificio tan hermoso como ése –señaló los planos.
-Al contrario, Gánies. Yo soy el afortunado por tener a Cedric a mi lado… es simplemente sensacional –su expresión de completo amor enterneció al griego–. Y no sabes cuánto me molesta ocultarle las cosas, pero quiero que sea una sorpresa. Así que si trata de averiguar sobre nuestra relación…
-¡Ya sé¡Ya sé! –rió de buena gana antes de guardar los planos–. No te preocupes. No le diré absolutamente nada, pero si me golpea te aseguro que tus costos subirán al triple.
-Es un trato –rió con él antes de mirar su reloj–. Voy a ir a mi casa a ver si tengo suerte y lo encuentro ahí.
-¿Cedric iba a salir?
-Salió por la mañana bastante molesto cuando le dije que no iba a comer con él –suspiró con tristeza–. Obviamente sospechó que me vería contigo y se marchó sin siquiera decirme adiós. Sólo espero que no esté tan molesto cómo para negarse a hacer el amor en la noche –se animó de pronto–. ¡Lo hubieras visto esta mañana! Se portó…
-¡No quiero saber más! –exclamó Gánies tapándose los oídos y tomó su saco apresuradamente–. Sabes que respeto tus gustos y los de todo el mundo, pero en verdad no deseo saber nada sobre sus demostraciones de amor –fingió un escalofrío–. Seguimos en contacto… adiós –y salió presuroso de la habitación.
Víktor rió con ganas ante la actitud de su amigo y también tomó su saco para irse a su casa. Un segundo antes de que abandonara su oficina, su teléfono sonó y el color se le fue del rostro cuando su guardia le informó que habían perdido de vista a Cedric y no tenían la menor idea de dónde se encontraba.
Ron miraba la puerta del despacho de su casa cada vez con más insistencia. Hermione llevaba horas encerrada con ese atractivo muchacho y apenas se aguantaba las ganas de entrar y ver lo que estaban haciendo. Le había causado mucha gracia ver a su esposa gritarle a Sirius echa una furia cuando le reclamó no haber llevado a su paciente a la clínica, pero cuando conoció a Oliver se preguntó si su preocupación no sería porque ese chico le gustaba… nadie podía negar que era muy atractivo. Se sorprendió mucho cuando su pareja se colgó del cuello del joven en cuanto éste puso un pie dentro de su casa y le preguntó con sedosidad si se encontraba bien, pero lo que definitivamente despertó sus celos fue cuando él depositó un suave beso en la blanca mejilla de su esposa y le contestaba que sí. Le parecieron eternos esos segundos que permanecieron abrazados y no le obsequió a Oliver una sonrisa cuando le fue presentado. Su antipatía creció aún más cuando el joven se deshizo en palabras cariñosas hacia Lisa que estaba en su andadera. Sabía que si alguien quería conquistar a una mujer con hijos, el primer paso era alabar a sus niños.
Hermione no notó la molestia de su esposo y los tres desayunaron sin intercambiar muchas palabras, pero Ron se dio cuenta de que su chica se sentía estupendamente bien con Oliver y cuando los dos desaparecieron en el despacho fue cuando sus celos se encendieron en sumo grado. Ya estaba a punto de interrumpirlos cuando la llegada de Sirius le dio el pretexto perfecto para alejar a ese guapo muchacho de su esposa. Después de una ligera llamada a la puerta entró sin esperar invitación. Como su mente había estado pensando tontería y media durante toda la mañana esperaba encontrar a Hermione en los brazos de Oliver, pero no era así. Hermione estaba sentada detrás de su escritorio con una actitud plenamente profesional mientras que Oliver miraba por una ventana hacia el jardín dándole la espalda. De pronto se sintió muy estúpido por haber pensando mal y más al recordar la hermosa noche de pasión que había compartido con su esposa.
-Eh… disculpen que los interrumpa, pero… pero –su rostro estaba del mismo color que su cabello–. Sirius ya llegó y… y… busca a Oliver.
-Ya casi terminamos, mi amor –Hermione le regaló una dulce sonrisa que hizo que se pusiera aún más rojo–. Dile que nos espere un par de minutos más, por favor.
-Lo haré. Perdón de nuevo –y cerró la puerta mientras se pateaba mentalmente.
-Me alegro que ya las cosas estén bien entre usted y su esposo, doctora –Oliver abandonó la ventana y se sentó frente a Hermione.
-Sí. Anoche tuvimos una reconciliación perfecta –sonrió con felicidad–. Gracias por ayudarme.
-No fue nada –también sonrió.
-Y volviendo con lo tuyo… –volvió a ponerse seria–. … pienso que estás actuando en forma equivocada. El hecho de que sea un hombre el que te está persiguiendo no es lo importante, Oliver. Aquí lo que está claro es que ese muchacho es un desquiciado y no lo digo por sus gustos homosexuales –le aclaró con rapidez–. Tengo a mi alrededor suficientes hombres gay para decirte, sin temor a equivocarme, que sus relaciones amorosas son tan normales como los de cualquier pareja heterosexual. Su relación se basa en la confianza, en el respeto mutuo, en la tolerancia y en el gran amor que se profesan.
-¿Entonces usted no piensa que ese tipo de relaciones son… pervertidas y asquerosas? –preguntó casi con temor… no se había atrevido a confesarle como había pasado la noche con Sirius.
-Oliver, Oliver –casi rió de su expresión–. Mi hermano se enamoró de un chico cuando tenía 18 años y luego perdió totalmente la razón por Lucius en cuanto lo conoció. Te juro que no hay muchacho más noble y decente que Harry en todo el mundo entero y el hecho de que ame a otro hombre con toda su alma, no lo convierte en un maniático pervertido y asqueroso.
-Yo… yo… –casi le confiesa lo que había pasado con Sirius, pero cambió de opinión… aún no estaba preparado para decírselo–. … le agradezco mucho que me haya escuchado y también que me permita seguir en la clínica hasta que encuentre una solución para mi problema con Mihail –se levantó y caminó hacia la puerta.
-Puedes permanecer ahí todo el tiempo que quieras, pero también debes estar conciente de que no puedes ocultarte toda la vida, Oliver –lo tomó de los hombros–. Esconderte de Mihail no es la solución y lo sabes perfectamente. Lo que debes hacer es denunciarlo a las autoridades. Lo que piense la gente de esa situación es lo de menos… tu tranquilidad es lo único que importa. Tú más que nadie debes saber que hagas lo que hagas, siempre existirá gente que te critique y si lo que quieres es darle gusto a todos, simplemente nunca serás feliz.
-Pensaré en lo de la denuncia –abrió la puerta… las palabras de Hermione habían hecho temblar su interior.
-Hazlo –y salieron juntos del despacho.
Sirius avanzó sonriente y con los brazos extendidos hacia Oliver en cuanto lo vio, pero se detuvo al instante al ver cómo el joven se detenía para luego dar dos pasos hacia atrás rechazando su gesto amoroso. Su corazón sangró al darse cuenta de que el joven ya había levantado entre ellos la tan temida barrera y dejó caer los brazos. Mantuvo la sonrisa en los labios con mucho esfuerzo y apenas contuvo las lágrimas. Un par de minutos después salieron de la casa de Hermione y de Ron y Sirius se concentró en no voltear a ver a su joven amado… se soltaría a llorar inconteniblemente sí lo hacía. Oliver por su parte se estaba preguntando lo que iba a suceder entre Sirius y él. Se le antojaba muy lejana la noche anterior cuando bailó muy pegado a él en la discoteca y su total desinhibición cuando hicieron el amor. Estaba seguro de que fue la sensual actitud de Draco la que le dio la suficiente confianza para comportarse de esa manera, pero ahora que había regresado al mundo real, en la que estaba rodeado de personas que lo crucificarían cuando se enteraran de que sostenía una relación homosexual, el valor le falló. Se preguntó si sería capaz de soportar el repudio y la burla que se desatarían al dar a conocer su condición gay y no tardó mucho en saber la respuesta. No. No soportaría ver que la gente se reía a sus espaldas y lo llamaran mariquita o de alguna otra forma más humillante.
Miró de reojo a Sirius y se estremeció al contemplar su belleza. El gran amor que sentía por él llenó todos y cada uno de los poros de su piel, pero ni aún así pudo adelantar la mano y tocar la que se aferraba con fuerza a la palanca de velocidades por el temor de que alguien se diera cuenta de que le tomaba la mano a un hombre. Cerró los ojos al preguntarse con desesperación qué iba a hacer. No podría vivir con el desprecio de la gente, pero tampoco sin Sirius. '¿Y si lo ocultaban¿Y si mantenían su amor en secreto?', preguntó una vocecita en una cabeza. Oliver abrió los ojos y sonrió al imaginarse la situación. Nadie se enteraría de que estaba enamorado de un hombre porque jamás vería a Sirius en lugares públicos y si en algún momento se veía en la necesidad de sofocar algún chisme, sostendría uno que otro efímero romance con alguna chica. ¡Era una magnífica solución! Se volvió hacia Sirius para preguntarle si consentiría en que se vieran a escondidas, pero el hombre se bajó del auto antes de que pudiera abrir la boca. Suspiró con pesar y se dijo que ya habría tiempo para platicar con él. Se bajó del auto y siguió a Sirius que ya había entrado a un restaurante.
Sirius suspiró con alivio cuando se bajó del auto y puso más espacio entre Oliver y él… era una verdadera tortura tenerlo tan cerca y no poder tocarlo. Un atento mesero los recibió y se mantuvo a su lado hasta que Sirius escogió una amplia mesa para que no existiera la menor posibilidad de contacto entre ellos. Decidió dejar de observar a Oliver porque todas y cada una de las expresiones de alivio que hacía era un cuchillo que se le clavaba en el corazón. Sintió la tranquilidad del muchacho cuando no intentó entablar una plática y mucho menos tocarlo en el interior del auto. Ahora esa faz serena se debía al hecho de que había puesto tres metros de distancia entre ellos cuando entraron al restaurante. Ya sin voltear a verlo, Sirius ordenó un aperitivo para los dos. El mesero ya se alejaba con la orden cuando tres ruidosos muchachos se acercaron a su mesa.
-¡Se los dije! –dijo Draco triunfalmente y se sentó al lado de Sirius–. Eran ellos lo que estaban entrando –miró con adoración al médico–. Tus anchos hombros son inconfundibles, cariño.
-Y también mis enormes y preciosos ojos azules, lo sé –Sirius rió a duras penas–. Me lo has dicho miles de veces, Draco.
Sirius se sorprendió, al igual que Oliver, de ver a los tres muchachos acomodarse con total confianza en su mesa, pero pronto se recuperó y decidió seguirle el juego al rubio para tratar de distraer el dolor que sentía y no romper en llanto.
-Y lo seguiré diciendo hasta que al fin pueda meterte en mi cama, guapo –se recargó sobre su hombro con descaro.
-Pero antes necesitas deshacerte de Severus, dulzura –tocó con suavidad su barbilla– No creo que a él le entusiasme la idea de compartirte conmigo y francamente no quiero desatar su furia.
-Buen punto –rió con elegancia y entonces se acercó para hablarle al oído–. ¿Estuviste llorando, Sirius? –le preguntó preocupado.
-Sólo un poco, pero no te preocupes –le contestó de la misma forma.
-¿Por qué?
-Se me metió una basura en los ojos –trató de alejarse, pero Draco lo sujetó de la nuca para impedirlo.
-No me mientas. Seguro te enojaste con Oliver¿verdad?
-Draco… no quiero hablar de eso –dijo con voz quebrada y el rubio lo dejó ir sorprendido al saber que estaba a punto de romper en llanto.
Hizo volar sus dorados cabellos con el único propósito de golpear con ellos a Sirius en la cara y recomenzar un nuevo juego para darle la oportunidad de recuperarse. Miró con discreción a Oliver y supo que estaba a punto de ser asesinado. Eso le confirmó lo que había estado platicando con Severus la noche anterior sobre lo enamorados que se veían Sirius y Oliver y se preguntó qué era lo que había sucedido entre ellos. Luego se dirigió al mesero que sólo esperaba su orden para marcharse y pidió un coñac antes de seguir con su labor de levantarle el ánimo al padrino de Harry.
Oliver de nuevo sintió correr por sus venas esas terribles ganas de estrangular al rubio, pero no se atrevió a abrir la boca porque sabía que si le decía a Draco que se alejara de Sirius, éste lo involucraría en sus estúpidas bromas y no quería que nadie lo identificara como homosexual. Estaba conciente de que la desinhibida actitud del rubio llamaba la atención de los demás comensales y se preguntó cómo era posible que soportara esas oscuras miradas ante su condición gay… él definitivamente no las aguantaría. Así que ahogó sus terribles celos y desvió la mirada hacia Cedric que se había sentado junto a él.
Sirius se llenó de regocijo al ver la mirada llena de celos de Oliver ante la actitud cariñosa de Draco, pero volvió a sentirse desdichado cuando los dos fueron ignorados olímpicamente después de dos segundos. Pronto se inició una amena plática sobre lo que habían hecho los tres jóvenes durante la mañana.
-¿Y cómo es posible que estén desocupados? –les preguntó Sirius a sus inesperados acompañantes cuando ya comían–. Me parece increíble que sus ogros los hayan dejado salir en sábado.
-Tenían cosas más importantes que hacer –declaró Cedric enojado y haciendo pucheros.
-Lucius tuvo que ir al Parlamento y Severus a la editorial –explicó Harry divertido y abrazó a Cedric para que se tranquilizara–. Víktor tenía una junta con unos extranjeros.
-Con un estúpido griego para ser exactos –se tomó de un solo trago su bebida.
-Ya no pienses más en eso, Cedric –le recomendó Draco–. De nada te sirve enojarte y pasar un mal rato. No por romperte el hígado vas a hacer que Víktor aparezca a tu lado y deje a ese Nikolakakos.
-¿Nikolakakos? –preguntó Sirius interesado.
-Gánies Nikolakakos –él que le contestó fue Cedric–. ¿Lo conoces? –preguntó con expectación, pero no recibió contestación pues el teléfono celular de Sirius sonó en ese momento.
-¿Diga? –contestó el hombre enseguida–. Sí, soy yo –le escucharon decir–. Enseguida se lo comunico –le tendió el teléfono a Oliver que lo miró asombrado–. Es para ti.
-¡Para mí? –Sirius asintió con la cabeza–. ¿Hola? –contestó el joven y luego todos vieron como el color huía de su rostro–. ¡Qué haces ahí, Mihail¡Te juro que si te atreves a tocarle un solo cabello…! –Sirius se sobresaltó al saber quién llamaba y apenas se contuvo para no arrebatarle el teléfono a Oliver y gritarle a ese imbécil que dejara a su amado en paz de una buena vez–. ¡Eres una miserable rata! –ya temblaba visiblemente en la silla–. Haré todo lo que me digas, pero no le hagas daño –sus ojos se llenaron de lágrimas–. Salgo para allá enseguida, pero no le hagas nada a mi tía abuela –suplicó antes de colgar el teléfono y levantarse para luego correr hacia la salida.
Sirius se levantó y se fue detrás de él dejando atrás a tres desconcertados muchachos que no entendían lo que acababa de pasar.
-¡Qué sucede? –preguntó Harry impactado.
-Pues me parece que ese tal Mihail secuestró a la tía abuela de Oliver y le exigió que fuera a verlo seguramente para arreglar lo del rescate –Cedric explicó lo que entendió.
-¡Eso es muy grave! –Draco se levantó y dejó varios billetes sobre la mesa–. ¡Vamos! –y los tres salieron corriendo del restaurante y llegaron donde Sirius discutía con Oliver.
El único pensamiento que llevaba Oliver en la mente era ir a casa de su pariente y evitar que ese desequilibrado muchacho le hiciera daño a la anciana mujer. Sabía que era prácticamente entregarse a los lobos, pero no tenía otra opción. Ese loco le había dicho que la mataría sin miramientos sino se presentaba en media hora en su casa y debía hacerlo solo.
-¡No, Sirius¡No! –Oliver se revolvía con fiereza entre los brazos del médico–. ¡Tengo que ir solo¡Mihail va a matarla si lo desobedezco!
-No puedo dejarte ir sólo. ¡Entiéndelo! –lo zarandeó con fuerza para hacerse escuchar–. Te hará daño.
-¡No me importa! –logró zafarse de sus manos y se recargó sobre un auto jalando aire con desesperación–. ¡Necesito ir a ayudarla!
-Nosotros los acompañaremos –dijo Harry llegando a su lado.
-¡Pero estás demente? –Oliver lo miró como si en verdad lo creyera–. Me dijo que la descuartizaría si me atrevía a avisarle a la policía.
-¡Pues no le avisaremos a la policía! –intervino Draco–. Sólo iremos nosotros cinco. Te presentarás solo, pero te cubriremos las espaldas y te ayudaremos a rescatar a tu tía abuela de ese secuestrador.
-¡No! –volvió a repetir con fuerza–. ¡Debo ir solo!
-Iremos contigo quieras o no, Oliver –dijo Cedric–. No acostumbramos abandonar a nuestros amigos a su suerte.
-Yo no soy su amigo –gruesas lágrimas resbalaron por sus mejillas.
-Por supuesto que lo eres, Oliver –Harry se adelantó y lo abrazó–. Te ganaste nuestra amistad el día de ayer, te lo aseguro –miró a Sirius que le agradeció sus palabras con una pequeña sonrisa–. Así que más vale ya no perder el tiempo y planeemos las cosas para sorprender a esa sabandija.
Oliver se aferró a Harry mientras lloraban sin parar. Un pequeño movimiento a sus espaldas llamó la atención de Sirius y jaló a Draco a su lado para luego hablarle en voz baja.
-Ese idiota de Mihail es muy peligroso y no dudo ni un segundo que llegué a asesinar. Es más, esa mujer ya hasta podría estar muerta –al rubio se le fue el color del rostro–. Si ese imbécil no quiere a la policía cerca no creo que le agrade la idea de verse rodeado de agentes –señaló con la cabeza a los guardaespaldas–. Esos hombres no se despegarán de ustedes ni un segundo y no quiero exponer a esa señora más de lo necesario. Tendrán que quedarse.
-Ni lo sueñes, Sirius –negó Draco con fervor–. ¿Acaso crees que alguno de nosotros nos quedaríamos tranquilos al saber que van a enfrentarse a un criminal? Ya encontraremos la forma de deshacernos de ellos.
-¡Entiéndeme, Draco! –lo tomó de los hombros y lo miró con fijeza–. Es que no es sólo eso. Lucius y James jamás me perdonarían si pusiera a Harry, a Cedric o a ti en peligro y ya ni que decir de Severus o Víktor. Me despellejarían vivo si alguno de ustedes saliera lastimado.
-Puedes decir todo lo que quieras, pero al menos yo no voy a abandonarlos –declaró el rubio con firmeza y miró a Cedric que no les quitaba la vista de encima–. Sirius no quiere exponerte al peligro Cedric, así que…
-Voy con ustedes –declaró con firmeza y se cruzó de brazos dando a entender que era el fin de la discusión.
-¿Dónde te citó ese hombre, Oliver? –le preguntó Harry al chico cuando se tranquilizó.
-En la casa de mi tía abuela –y les dijo tartamudeante la dirección–. Y debo estar ahí en menos de media hora.
-De acuerdo –se separó de Oliver–. Nos veremos en 10 minutos en Chelsea frente al Banco Internacional. Ese tiempo es más que suficiente para perder a nuestras guardias.
-¡Pero tú estás loco o qué? –protestó Cedric de inmediato–. ¡Todo el mundo me conoce ahí!
-Entonces nos veremos frente al Museo Británico –dijo Draco y Cedric rodó los ojos–. ¡Oh, Cedric¡No seas tonto! Ese lugar está lleno de gente en este momento y nadie va a fijarse en nosotros. Es más, ni siquiera tendremos que bajarnos del auto. Nos reunimos y nos vamos de inmediato a nuestro destino. Nosotros nos estacionamos una cuadra antes y luego nos acercamos en cuanto Oliver haya entrado a reunirse con ese desgraciado.
-De acuerdo –accedió Cedric de mala gana.
-¡Pues ya vámonos! –dio Oliver y se subió deprisa en el auto de Sirius que salió del estacionamiento segundos después.
Cedric se acercó a sus guardaespaldas.
-Vamos al departamento de Draco –les informó con una sonrisa–. Alcáncenme ahí.
-Los seguiremos, señor –le contestó uno de los hombres con seriedad… sabía que si lo perdía de vista, su patrón lo descuartizaría.
-Como quieras –se encogió de hombros antes de regresar con sus amigos y se subió al auto de Harry suspirando pesadamente–. Bueno, tenía que hacer el intento.
-No te preocupes, de todas formas los perderemos –Harry le guiñó un ojo por el espejo retrovisor–. ¿Ya localizaste a tu guardia? –le preguntó a Draco.
-Sí. Son estos tipos que están en la acera de enfrente –vieron a tres fornidos hombres que no les quitaban la vista de encima–. ¿Y qué harás con la tuya, Harry?
-Simple –el moreno sacó su teléfono y marcó un número–. El departamento de Draco… 10 minutos –fue todo lo que dijo y colgó.
Vieron como el auto que estaba estacionado detrás de la guardia de Draco arrancaba y se incorporaba a la circulación.
-Bien, señores… ahí va mi guardia –Harry sonrió con picardía–. Apaguen sus teléfonos y pónganse los cinturones de seguridad… comienza la carrera.
Hizo rugir el motor de su convertible varias veces antes de salir hecho un bólido a las calles londinenses. Vio como los hombres de los dos autos se apresuraban a seguirlo y sonrió aún más ampliamente… eso iba a ser muy divertido.
